lunes, 22 de agosto de 2016

NULIDAD MATRIMONIAL, REFORMA ESTABLECIDAS POR EL PAPA FRANCISCO


Nulidad matrimonial: Así será la reforma establecida por el Papa Francisco
Por Elise Harris

 (ACI/EWTN Noticias).- El Papa Francisco ha establecido una reforma para el proceso de nulidad matrimonial. Entre las características más saltantes están la mayor participación de los obispos, la mayor brevedad para la resolución de los casos y la declaración de la gratuidad de los mismos.

Este nuevo proceso, anunciado hoy, busca mejorar el sistema de declaración de nulidad “por la salvación de las almas” mientras se reafirma la enseñanza católica de la indisolubilidad del matrimonio.

Los cambios han sido publicados en dos documentos llamados motu proprio: Mitis Iudex Dominus Iesus (El Señor Jesús, un juez manso), que establece la reforma en el Código de Derecho Canónico del Rito Latino; y Mitis et misericors Iesus (Jesús, manso y misericordioso), que establece los cambios para las 23 Iglesias Orientales católicas que están en comunión con Roma.

Ambos documentos son prácticamente iguales con la diferencia fundamental de que en el segundo texto, en vez de hablar de los obispos se hace referencia a los patriarcas y las eparquías.

En la introducción, el Papa Francisco resaltó que estos ajustes “no favorecen la nulidad de los matrimonios sino la prontitud en el proceso”.

El Santo Padre señala además que han decidido esta reforma siguiendo la reflexión de sus hermanos obispos que en el Sínodo Extraordinario sobre la Familia del año pasado solicitaron que el proceso de nulidad sea “más rápido y más accesible”.

Muchos han criticado el actual proceso al que consideran demasiado largo, complicado y, en algunos lugares, muy caro.

La reforma también responde a “una gran cantidad de fieles que… con mucha frecuencia se alejan de las estructuras jurídicas de la Iglesia debido a la distancia física o moral”, señala el Pontífice. Para él, “la caridad y la misericordia” requieren que la Iglesia como madre acerque a sus hijos que se consideran también lejos de ella.

Entre los cambios más significativos el Papa ha decidido retirar la apelación automática que se generaba luego de que se tomaba la decisión de nulidad; y darles a los obispos la potestad de decidir directamente cuando los casos de nulidad son “particularmente evidentes”.

Hasta ahora, una vez que se decidía la nulidad de un caso, este debía pasar a otro tribunal, una práctica que muchos consideraban como una innecesaria postergación del proceso, particularmente cuando nadie contestaba esos resultados.

Con la reforma de Francisco solo se necesitará una sentencia, a menos que se haga una apelación. Si hay apelación, el Papa señala que ahora se podrá hacer en la arquidiócesis más cercana, conocida como la “sede metropolitana”, y ya no habrá necesidad de dirigirse a Roma.

El Pontífice también ha establecido que cada diócesis en el mundo nombre a un juez o un tribunal de la Iglesia para procesar los casos.

Cada obispo local puede ser el único juez o puede establecer un tribunal de tres miembros. De ser así, al menos uno de ellos debe ser del clero y los otros dos pueden ser laicos.

El Papa también ha declarado que el proceso de nulidad será gratuito; una práctica que ya se realizaba en muchas diócesis. La reforma hace que la gratuidad sea ahora universal.

En su introducción, el Papa reconoce que esta reforma, particularmente los nuevos procedimientos en relación a las decisiones tomadas por los obispos, puede generar preocupación sobre la enseñanza de la Iglesia en cuanto a la indisolubilidad del matrimonio.

“No he dejado de percatarme de que un juicio abreviado puede poner en riesgo la indisolubilidad del matrimonio”, afirma.

“De hecho, por esta razón he querido que en este proceso el juez sea el Obispo porque la fuerza de su ministerio pastoral es, con Pedro, la mejor garantía de la unidad católica en la fe y la disciplina”.

El Papa también explicó que ha querido ofrecer este nuevo proceso a los obispos para que “sea aplicado en casos en los que la nulidad matrimonial es particularmente evidente”.

Entre estos casos, señala el documento, están por ejemplo el aborto procurado para impedir la procreación, la obstinada permanencia en una relación extraconyugal durante el tiempo de las nupcias, el ocultamiento doloso de la esterilidad o de una grave enfermedad contagiosa o de hijos nacidos de una relación anterior o de una encarcelación.

Los miembros de la Comisión Especial para la reforma del proceso matrimonial católico que explicaron los documentos han sido: el decano de la Rota Romana, Mons. Pio Vito Pinto; y el Cardenal Francesco Coccopalmerio, Presidente del Pontificio Consejo de los Textos Legislativos.

Los otros participantes de la presentación fueron el exarca apostólico de Atenas para los católicos griegos de rito bizantino; Mons. Dimitrios Salachas; Mons. Luis Ladaria Ferrer, Secretario de la Congregación para la Doctrina de la Fe; Mons. Alejandro W. Bunge, Prelado auditor de la Rota Romana; y el P. Nikolaus Schoch, Promotor de Justicia Sustituto del Supremo Tribunal de la Signatura Apostólica.

Esta reforma ha sido establecida por el Papa el 15 de agosto, en la fiesta de la Asunción de la Virgen María, y entrará en vigor el 8 de diciembre, en la Solemnidad de la Inmaculada Concepción, coincidiendo con el inicio del Año Santo de la Misericordia y con el 50 aniversario de la clausura del Concilio Vaticano II.

CONFUSIÓN Y CRISIS DE FE EN EL CATOLICISMO ACTUAL

Confusión y crisis de fe en el catolicismo actual
No quisiera pecar de pesimismo, pero sí de denunciar como muy grave la situación actual 


Por: Miguel Rivilla San Martín. Pbro | Fuente: Catholic.net 



Seguro que no soy la persona más indicada para abordar el tema. Sólo soy un pobre sacerdote de pueblo, sin más títulos académicos ni eclesiásticos que mi amor a Cristo y a su Iglesia, pero que no puedo ni quiero quedar indiferente ante el panorama que contemplo dentro y fuera de mi entorno.

Millares de almas sencillas están "como ovejas sin pastor", sumergidas en un confusionismo galopante, que les afecta seriamente a su vida de fe y les lleva al abandono de su práctica cristiana o al indiferentismo religioso. Me quema el alma el ver y constatar la situación de grave crisis de fe, que atraviesa la Iglesia en general, a nivel de casi todos los estamentos de la misma, ante la pasividad de muchos, el silencio de otros y la inhibición de bastantes responsables.

De antemano pido perdón, si este escrito puede herir - no es mi intención - la sensibilidad de algún lector. Mi única pretensión es concienciar a quien me lea y poner remedio, entre todos, en la medida de nuestras posibilidades, a la avalancha de increencia, indiferentismo y materialismo, que amenaza anegarnos a todos. No quisiera pecar de pesimismo, pero sí de denunciar como muy grave la situación actual.


I. Situación anterior al Concilio Vaticano II

En breves notas resaltaré:

1- El Magisterio de todos los papas, hasta Pío XII, refrendado por la Sagrada Escritura y la Tradición de los santos Padres, había sido rectilíneo y unánime en cuestiones fundamentales de fe y de moral. Era como un faro luminoso que iluminaba la oscuridad, y sombras que aparecían en la vida de los pastores y fieles católicos.

2- Todos sabían bien a qué atenerse en cuestiones dudosas y problemáticas, teniendo seguridad y certezas en el campo de la fe y de la moral. La autoridad del romano Pontífice era indiscutible y aceptada plena y unánimemente, sin contestación ni divergencias de ninguna clase.

3- Había en los fieles un sentido reverencial y obediencia fiel y filial a todo cuanto el Papa enseñaba o proponía, tanto en su magisterio ordinario, como extraordinario. Dígase otro tanto respecto de la Jerarquía eclesial: Obispos y sacerdotes.

4-Se ejercía con naturalidad la autoridad a todos los niveles, enseñando, amonestando y corrigiendo las desviaciones o comportamientos no conformes al Evangelio o a la praxis establecida.


II. Situación después del Concilio Vaticano II

Al abrirse de par en par las ventanas de la Iglesia a los aires seculares, nuevas corrientes de pensamiento, contestación y crítica, penetraron en la misma, inficionando a multitud de sus miembros con el virus de la rebeldía, la autosuficiencia y desobediencia. Consecuencias de esto:

1- Se empezó a cuestionar casi todo lo referente a la fe y la moral

2- La Biblia, por influjo del "libre exámen" del protestantismo centroeuropeo, se empezó a interpretar liberalmente y su mayor influjo se hizo notar en la génesis y desarrollo del mismo Concilio con los llamados observadores y teólogos protestantes.

3- El Magisterio oficial de Papas anteriores, fue cuestionado, preterido, mutilado, ignorado y contestado abiertamente por coyuntural y no conforme a los tiempos actuales.

4- Se empezó a reformular los dogmas y el depósito de la Revelación bajo claras influencias modernistas.

5- La jerarquía dejó de orientar, corregir y ejercer su deber de autoridad, dando pie a incontables abusos.

6- Los teólogos cobraron un relieve inusitado en la Iglesia, ocupando y supliendo el papel de los obispos, como "maestros de la fe".

7- Tanto el clero como los fieles se dividieron entre "progresistas" y "conservadores".

8- Se arrinconó, como algo caduco, el gregoriano, el latín, -la lengua universal de la Iglesia-, la sotana. Otro tanto pasó con la escolástica y el tomismo.

9- La reforma litúrgica dió pie a arbitrariedades sin cuento, y el Novus Ordo Missae de Pablo VI, suplantó a la misa tradicional de S. Pío V, con consecuencias serias para la espiritualidad de ministros y fieles.


III. Panorama actual

Tras el Concilio, se ha obrado en todo el catolicismo una revolución de ideas, actitudes y comportamientos, cuyos efectos, como fuerte seísmo, han repercutido en toda la Iglesia y aún perduran. Para ser justos hay que señalar que el epicentro de esta convulsión ha sido el progresismo centroeuropeo de claras influencias protestantes. Se puede afirmar, sin exageración y no siempre para bien, que la subversión ha sido casi total en los campos de las ideas, criterios y comportamientos.

El campo de las certezas ha sufrido un vuelco total, dando origen a las dudas, inseguridad y a toda clase de perplejidades. He aquí sin afán exhaustivo, algunas muestras.

1- El teocentrismo ha sido suplantado, en múltiples aspectos, por el antropocentrismo; es decir, Dios por el hombre; la trascendencia por la inmanencia; la fe por la razón.

2- La verdad objetiva ha sido reemplazada por el relativismo y el subjetivismo.

3- La fe en Cristo, como único Salvador del hombre, ha sido cuestionada y atacada por el agnosticismo, por el racionalismo y por el indiferentismo.

4- El monolitismo doctrinal y dogmático, así como la unidad de fe intraeclesial, se ha cuarteado, cuando no desaparecido. Se ha obrado en la Iglesia una división manifiesta entre progresistas y conservadores, entre tradicionalistas y conciliares, fenómeno que algunos han calificado de "cisma sumergido".

5- Respecto a la moral, han desaparecido las barreras entre el bien y el mal. Para muchos, el concepto de pecado y hasta de redención vicaria de Cristo ha quedado obsoleto y lo que es más grave, se llama bien al mal, sin tener ideas claras ni criterios nítidos, ni principios seguros de referencia. Parece que vale todo y la única norma aceptable, es la propia conciencia y el propio criterio.

6- Respecto a la valoración de las distintas religiones el confusionismo es mayúsculo y cada día más grande. La gente sencilla se cuestiona: ¿Es la católica la única religión verdadera? ¿Son válidas las demás religiones no cristianas, en orden a la salvación? ¿Siguen en vigencia las misiones católicas? ¿Tienen parte de verdad-reveladas- las religiones monoteístas (judaísmo e islamismo)? ¿Son caminos de salvación las religiones orientales (budismo, hinduismo, confucionismo, sintoísmo, etc.) ¿Qué decir de las demás religiones animistas, tribales? ¿Hay o no salvación fuera de la Iglesia católica? ¿Los ortodoxos han aceptado el primado del Papa? ¿Los protestantes (luteranos, calvinistas, episcopalianos etc.) cómo y cuándo han abjurado de sus pertinaces errores, llamados "herejías"? ¿Qué decir de los anglicanos, aceptando el sacerdocio femenino y la homosexualidad entre el clero? ¿Qué se entiende por verdadero y falso ecumenismo?

7- Pocas, por no decir ninguna de las verdades que constituían el depósito de la fe, han permanecido incólumes e inmutables. Desde la divinidad de Jesucristo, la existencia del más allá, de los ángeles y demonios, el pecado original, la encarnación del Verbo, la Sma. Trinidad, la concepción virginal de Jesús, sus milagros, su muerte, la redención universal, su resurrección, la presencia real en la eucaristía, la fundación de su Iglesia, el infierno etc .. todo ha sido cuestionado, cuando no negado abiertamente, sin que haya habido una contundente reacción por parte de la autoridad de la Iglesia, de pública condena de tales "herejías" tanto en en el contexto intra como extraeclesial.

TODO ESTE DESOLADOR PANORAMA HA DADO ORIGEN A UN TERRIBLE CONFUSIONISMO. 



IV. Causas principales

Sería interminable pretender enunciar y explicar todas y cada una de las múltiples y variadas causas que han producido esta situación, ya que, me atrevería a decir, que el cuerpo entero de la Iglesia ha sido contaminado e infeccionado POR LA MORTAL ENFERMEDAD DEL MODERNISMO.

Bajo capa de libertad de expresión, de tolerancia con el error, de pluralismo, de los derechos humanos, del liberalismo, del ateismo, del racionalismo, del progresismo; del marxismo, del laicismo, del secularismo, del materialismo, del relativismo etcétera.., se han hecho presentes en la Iglesia toda clase de "herejías",que han mermado la salud y vitalidad de la misma.

Si a esto añadimos la influencia cierta y perversa del Maligno, los ataques del judaísmo y de la masonería, bien organizados y programados, en tarea de zapa, desprestigio y calumnias contra Iglesia, obra de Cristo, la labor de destrucción ha sido terrible. El enemigo peor ha permanecido DENTRO DE LA PROPIA IGLESIA, tratando por todos los medios y personas aliadas la auto-demolición de la Iglesia.


V. Efectos desastrosos

Puestas las causas antes mencionadas los efectos no se han hecho esperar. Se han producido lógica e imparablemente. Por enumerar sólo algunos, reiterativamente, que están a la vista de todos:

1- Confusionismo generalizado a todos los niveles: fieles, presbíteros, teólogos, obispos, cardenales.

2- Ambigüedad en doctrina, posturas y comportamientos. Verdades a medias, ideas poco claras, contestación a la autoridad legítima, enseñanzas acatólicas en escritos y cátedras eclesiales etc.

3- Relativismo galopante en todas las materias dogmáticas, morales, litúrgicas etc.

4- Sincretismo entre diversas religiones. Un coltail religioso y aparición de una extraña religión "universal",a base de elementos eclécticos, apropiados y aportados por unas y otras.

5- Aparición y multiplicación alarmante y por doquier de SECTAS DE TODO TIPO, que van minando la influencia de la Iglesia católica. Sólo en Hispanoamérica-esperanza del futuro eclesial- abandonan la fe católica cerca del millón de fieles cada año, que engrosan las sectas.

6- Sangría alarmante de vocaciones sacerdotales, religiosas, con millares de secularizaciones y exclaustraciones, con esterilidad en bastantes institutos y órdenes religiosas, obligadas a cerrar sus casas y conventos.

7- Disminución en casi todas partes de la práctica religiosa-las estadísticas cantan- del pueblo fiel.

8- Abandono generalizado del sacramento de la reconciliación. Práctica casi normal de relaciones prematrimoniales entre jóvenes. Aumento escandaloso del número de abortos, divorcios, eutanasia, ensayos con embriones y ­en general -desprecio de la vida en países de raíces cristianas, con leyes laicas, permisivas y acatólicas.

9- Disminución del celo evangelizador misionero, suplido por tareas sociales e inmanentes màs bien propias de O.N.Gs.

10- ¿Dónde están los modelos de identificación cristiana de hoy día y dónde los profetas actuales?

11- Desplazamiento del "reinado social de Jesucristo" en casi todo el mundo.

12- Falta notabilísima de coherencia entre fe y vida.

N.b. La relación sería interminable. Cada uno -sin pecar de pesimismo ni cargar las tintas- puede añadir sus propias constataciones


VI. Todo revelado y anunciado con anterioridad

1- Esta lamentable situación (pérdida de la fe, apostasía generalizada, aparición de falsos profetas etc) estaba anunciada, siglos antes en la S.Escritura, tanto en el A.T, como en el N.T. antes del final.

2- Santos y Santas de la Iglesia anunciaron estos tiempos postreros de confusión y perdición.

3- Algunos Papas como Pío IX y Pío XII, con larga mirada previsora de fe, anunciaron en sus Encíclicas las consecuencias fatales del mal, que acarrearían a la Iglesia de Cristo, las doctrinas por ellos condenadas.

4- S.S.el Papa Pablo VI, habló claramente, tras el Concilio, del "humo de Satanás, introducido en la Iglesia" y la frase "autodemolición de la Iglesia" es propia suya.

5- El Papa Juan Pablo II en otras ocasiones habló de "negros nubarrones" en el cielo de la Iglesia.

6- Algunas apariciones de la Sma. Virgen María, reconocidas oficialmente por la Iglesia, como las de Fátima y otras aceptadas no oficialmente como las de la Salette etc. anunciaron esta triste situación eclesial y mundial. También en múltiples partes del mundo, en diversas lenguas, a personas de distinto estado y cultura pero con idénticos y coincidentes mensajes, desconocidos unos de otros, la Sma. Virgen anunció lo que está ahora pasando con todo detalle.

7- El mismo Señor en el Evangelio pronunció una frase terrible, al anunciar su segunda venida: "Cuando venga de nuevo el Hijo del Hombre, ¿encontrará fe en la tierra?"


VII. Hechos constatados

Sabido es que los hechos son más convincentes que las palabras. Donde se dan hechos sobran los argumentos. Los hechos son el lenguaje más elocuente. Cualquier católico, interesado en el tema, podrá por sí mismo constatar la veracidad de lo que, sucintamente, expongo a continuación o recabar la pertinente información de los siguientes hechos:

1- En muchos ambientes intraeclesiales se hace clara oposición de un Concilio a otro.,de un papa a otro.

Para muchos, parece no haber existido otro concilio ecuménico que el Concilio Vaticano II, ignorando los demás. No es correcto oponer un Papa a otro, como si uno fuera bueno y otro menos bueno; como tampoco aceptar lo que conviene a cada cual y rechazar lo que no conviene.

2- Aceptación indiscriminada de criterios acatólicos por lo novedoso o por congraciarse con los autores de doctrinas no católicas, en un indignante y vergonzoso pasteleo.

3- Adaptación de criterios y comportamientos mundanos o teorías modernas en oposición al dogma y moral de siempre.

4- Copia de religiones orientales-(budismo, hinduismo, brahamanismo etc ),despreciando la ascética y mística de la Iglesia católica, experimentada a lo largo de 20 siglos.

5- Cambio de la teología escolástica ,tomista, de principios universales.. por otra imprecisa y distinta,llamada nueva teología.

6- Cambio descarado de la moral tradicional por otra moral de consenso, humanista, subjetiva y variable.

7- Indefinición teórica y práctica en lo referente al ECUMENISMO, sin conversión y no centrado en la VERDAD REVELADA.

8- Abandono de medios válidos y experimentados para la santificación personal de los católicos en la praxis milenaria de la historia de la Iglesia en el campo de la liturgia, la ascética ,la oración etc..

9- Menosprecio del hábito religioso, sacerdotal, del breviario, de los Ejercicios Ignacianos etc.


IX. Unas preguntas comprometidas

1- ¿Tiene futuro el catolicismo, y con él la Iglesia, tal como se vive y presenta hoy día, o necesitará una purificación, una clarificación a todos los niveles o quizás otra reforma u otro Concilio?

2- ¿Existe verdadera unidad dentro de la misma Iglesia, presidida por el Papa?

3- ¿Es un obstáculo o un medio providencial el Primado de Pedro, para la unión de todas las confesiones cristianas?

4- ¿El gobierno de la Iglesia adolece de centralismo, u es objeto de modificación?

5- ¿Las conferencias episcopales, lo mismo que los Sínodos convocados hasta la fecha, influyen positivamente en la marcha de la Iglesia?

6- ¿Pueden y deben ser planteadas dentro de la Iglesia, cuestiones fronterizas: métodos anticonceptivos, sacerdocio femenino, celibato opcional, homosexualidad, etc.?

7- ¿Todo lo que acontece en la Iglesia de negativo, es casual o por el contrario obedece a un plan concreto y detallado de desprestigio de la misma Institución por parte de poderes extraños?

8- ¿Qué remedios se echan de menos para atajar algunos de los males que aquejan a la Iglesia actual?


X. A modo de conclusión

1- Reconociendo mis limitaciones personales, la tendencia a cargar las tintas en algunos hechos o apreciaciones, la falta de objetividad en algunas cosas y cierta subjetividad ,no quisiera que algún lector dudase de mi sinceridad y buena voluntad en la exposición que he realizado.

2- Aunque no debería nadie asustarse por lo leído, sí pienso que TODOS LOS CATÓLICOS DEBERÍAMOS COBRAR CONCIENCIA DE LA GRAVEDAD DE LA SITUACIÓN QUE ATRAVESAMOS.

3- Como sacerdote y hombre de fe, me es totalmente imposible SER PESIMISTA. Me fío totalmente de la palabra, la persona y las promesas de Jesucristo, que ha comprometido la especial presencia y asistencia de su Espíritu a su Iglesia hasta el final de los tiempos."Yo estaré con vosotros todos los días, hasta la consumación de los siglos.."

4- Está, pues, clarísimo y fuera de toda duda que la victoria final está asegurada. Lo que nadie podrá afirmar con certeza es que no se perderán muchas batallas y que muchos tendrán que sufrir también muchísimo.

5- Una última petición a todos los católicos. Mayor exigencia personal deCOHERENCIA Y SANTIDAD.

6- La garantía del triunfo final de la Iglesia católica vendrà asegurada con estos tres pilares, testamento de S.Juan Bosco en una de sus visiones:
-AMOR A LA SANTÍSIMA VIRGEN
-AMOR A LA EUCARISTÍA Y
-OBEDIENCIA AL SUMO PONTÍFICE.



 
, el padre Miguel Rivilla San Martín

 
 
Si tienes alguna duda, conoces algún caso que quieras compartir, o quieres darnos tu opinión, te esperamos en los foros de Catholic.net donde siempre encontrarás a alguien al otro lado de la pantalla, que agradecerá tus comentarios y los enriquecerá con su propia experiencia.

LA DIRECCIÓN ESPIRITUAL DE LOS ADOLESCENTES Y JÓVENES

La Dirección Espiritual de los Adolescentes y Jóvenes.
Son críticos y rechazan cuanto les parece mal en sus mayores, aman y admiran a sus formadores auténticos


Por: Guadalupe Magaña | Fuente: Escuela de la fe 



Dentro de las tareas de la mujer consagrada, especialmente de la que tiene como misión pastoral atender a las adolescentes y jóvenes, pueden servirle las siguientes reflexiones.


Si se ha dado una formación espiritual adecuada y permanente en la niñez y en la pre-adolescencia, por lo general nos encontraremos con adolescentes o jóvenes deseosos de conocer los medios que le pueden llevar a la autenticidad y a la vivencia coherente de su fe. Si por el contrario, no han tenido esta formación, deberemos estimar en su justo valor las ventajas y desventajas ofrecidas por estas etapas para llevarles a encontrar el sentido de su vida a la luz de la fe.


Por una parte, su juventud les propone ideales y deseos de transformar la sociedad. Buscan y necesitan modelos, y el mayor que podemos presentarles es Cristo. Son críticos y rechazan cuanto les parece mal en sus mayores, aman y admiran a sus formadores auténticos. Necesitan ser vistos con esperanza y sentir que se confía en ellos.


Por otro lado, los medios de comunicación social no dejan de bombardearlos continuamente con anti-valores, y ello se refleja en:

1) Frialdad e inmadurez en la vivencia religiosa, a lo cual sigue la huida de todo compromiso y esfuerzo espiritual.

2) Deseo y búsqueda de una libertad mal entendida.


Cuántas mentes juveniles vegetan en la penumbra, en el crepúsculo, en una incertidumbre penosa. Se creen libres, porque no están sujetos a nada; se creen inteligentes porque someten todo a discusión; se creen grandes, porque tienen la enfermedad de la duda que les desvincula de toda solidaridad en el diálogo con los demás y con sus propias certezas, y todo porque no conocen ni tienen a Cristo

3) Poner el valor personal en lo que se tiene, o en lo que se hace, y no en lo que se es.


Hemos visto con pena cómo otros muchos no encontraban el sentido de sus vidas. Optaban y siguen optando por otros caminos fáciles que no conducen ni a la realización completa del hombre ni a su eterna salvación: acumular riquezas, dejarse arrastrar por placeres efímeros o vanidades mundanas, adquirir prestigio o poder. Por desgracia, un buen número de jóvenes, se siente como encandilado por todos estos ofrecimientos de una sociedad cada vez más materialista. Muchos de ellos, desengañados de todo, emprenden la fuga hacia la droga, el sexo o el alcohol arruinando su existencia y vendiendo su felicidad por un plato de lentejas.

4) Sed espiritual pero, miedo al compromiso. Pueden sentirse atraídos a sectas y modas pasajeras.

5) Conciencia poco formada o deformada.


Comenta un conocido teólogo suizo: “El joven quiere ser distinto de los demás, aspira a lo sublime y a una mayor libertad, pero se viene abajo, se queda rezagado por detrás de su ideal y poco a poco se resigna también a ser “uno más”.( Hans Urs von Balthasar, Tu coronas el año con tu gracia. Encuentro Ediciones. 1997, p. 235).



Puntos claves en la dirección de los adolescentes y jóvenes

a) El orientador debe tener liderazgo humano y espiritual; así será admirado y aceptado por el adolescente.

b) El orientador debe volverse un amigo para el adolescente o el joven, mostrando verdadero interés por su persona. Debe «hablar su idioma»; no comportarse como adolescente porque perdería ascendencia, pero sí mantenerse cercano, compartiendo sus intereses, sus problemas, sus inquietudes, sus dificultades.

c) Formar su conciencia, su voluntad, sus sentimientos. Darles las herramientas necesarias para transformarse en adultos maduros y coherentes.


Nos toca vivir en una época en la que es muy fácil la desorientación de los criterios morales y éticos. En efecto, estamos asistiendo a una desorientación gigantesca de la conciencia individual y social, hasta el punto de que a muchos les resulta difícil distinguir los límites de lo bueno y lo malo... Por ejemplo, nunca como hoy ha sido el hombre tan sensible a su libertad y nunca ha hecho peor uso de ella: así por un lado escribe una carta de los derechos humanos, y, por otro los suprime de raíz por el aborto, la eutanasia... Por un lado proclama a los cuatro vientos la propia madurez, y, por otro, adopta como pauta de comportamiento normas tan volubles como la opinión pública, los eslogans de moda y los modelos culturales y sociales del momento

d) Presentarles ideales altos, proponerles retos adecuados pero exigentes a la vez, siempre motivando y acompañando. Darles metas concretas a corto, mediano y largo plazo para que ellos puedan observar los logros y avances.

e) Salir al paso cuando no puede o no sabe abrirse por sí mismo. Hacerse el encontradizo, buscarlo. No podemos conformarnos y esperar sentados a que vengan por sí mismos.


Aquí sería bueno preguntarnos: ¿conocemos "por su propio nombre" a cada joven que nos ha sido confiada? ¿Ha llegado a establecerse un diálogo cordial, ha tenido lugar una apertura total por parte de ella? ¿O el que no haya quitado todas las barreras que celan su intimidad no se deberá a alguna desatención por parte nuestra? ¿Hemos sabido crear una atmósfera de confianza en torno a ellas? ¿No se habrán sentido rechazadas y heridas jóvenes dotadas positivamente de sensibilidad fina y de aspiraciones espirituales elevadas, ante nuestro modo de ser quizá desatento, falto de tacto, no siempre equitativo o auténtico en nuestras funciones como formadoras? Antes de apelar al sentido de fe, facilitémosles las cosas esforzándonos sinceramente por vivir nuestro estatuto de cortesía, delicadeza, deferencia, atención, sentido de justicia, equidad y objetividad en nuestros juicios y de serenidad en nuestras decisiones. La directora espiritual es a la vez mujer de Dios, maestra, madre, amiga y hermana que sabe acoger, escuchar, comprender y, sobre todo, al caso, salir al paso y ofrecer ocasión para el encuentro cuando el alma atribulada no puede, no sabe o no se atreve a abrirse por sí misma.

f) Ayudarle a hacerse independiente del grupo o la presión social, a tener sus propios valores y normas de conducta y a ser coherente cueste lo que cueste para no resignarse a ser uno más.

g) Motivar constantemente.

h) Fomentar la amistad con Cristo. Un punto esencial en la dirección espiritual de la joven se dirige a llevarle al descubrimiento de un Dios personal, Creador y Padre; a Jesucristo, Redentor y Amigo; y al Espíritu Santo, el mejor Socio en la lucha por ser santas. Lograr en ella una opción por Cristo como centro, criterio y modelo de su vida, y una actuación en su vida de acuerdo a sus convicciones. La meta será buscar alcanzar el amor a la vida de gracia, el cultivo y la defensa de la misma como expresión de su relación de amistad con Cristo. También la orientadora debe despertar y orientar una sana y fervorosa devoción a la Santísima Virgen María. Entre la adolescente o joven y María debe existir una relación llena de detalles, de ternura, de admiración, de oración; en una palabra, el amor y la confianza de una hija para con su madre. Esta espiritualidad Mariana, si es verdadera, conducirá a la imitación de sus virtudes.

i) Llevarles a entender la verdadera libertad y su correcto uso. Confrontarlos con modelos atractivos de los hombres más libres: los santos.


Necesitan claridad ante la confusión que les provoca la aparición de nuevas tendencias. Necesitan explicaciones que les ayuden a entenderse a sí mismas y los cambios que se van operando en su personalidad. Necesitan el acompañamiento de la educadora que les corrija y advierta de los peligros con suficiente anticipación. Y necesitan estar cerca de Jesús por medio de la frecuencia de los sacramentos y de experiencias fuertes que les motiven y les refuercen la vivencia de la fe cristiana.


Algunos de los puntos prácticos sobre los cuales debemos trabajar para apoyar un correcto uso de la libertad, quedan mencionados a continuación

• Acostumbrarlos a proceder por razones fundadas, no por imitación o comparación.
• Enseñarles a distinguir entre el bien y el mal, basándose en la moral cristiana, en el ejemplo y doctrina de Jesucristo, tal y como se encuentra en el Evangelio interpretado por el Magisterio.
• Hacerles reflexionar sobre sus propias decisiones, acostumbrándoles a asumir las responsabilidades y consecuencias derivadas de sus opciones.
• Provocar en ellas un modo de actuar libre, por cuenta propia, y no como fruto de una conducta masificada, en base a ideas o costumbres de moda.
• Darles oportunidad de responsabilizarse en cosas pequeñas y grandes, dándoles confianza y seguimiento.
• Formar su voluntad a través del esfuerzo constante y del sacrificio, fomentando el dominio y el autocontrol.
• Hacerles distinguir entre sentimientos y actitudes, y entre estados anímicos y realidad.
• Centrar y orientar a la joven, pero sin cortarle las ilusiones e ideales, ni limitar sus posibilidades. El idealismo llena estas etapas de la vida, y la orientadora espiritual, por el simple hecho de ser mayor y más realista, puede parecer ante la dirigida como un pesimista que no valora sus planes y proyectos.


En la dirección espiritual de la adolescente se revisarán los compromisos o propósitos de vida espiritual, de su formación humana, de sus deberes de hijos, de hermanos, de amigos, de estudiante, etc. Sus relaciones con el prójimo. También:

? El compromiso de la dirección espiritual anterior.

? El tema de su formación académica y disciplinar en el colegio o en la universidad.

? Su vida familiar, invitándole siempre a crecer, pero sin ponerse en contraste con sus seres queridos, pues son etapas de frecuentes conflictos con la autoridad de los papás.

? El tema del apostolado, tanto a nivel de equipo, como el apostolado del testimonio. En donde quiera que se encuentre debe vivir con coherencia y autenticidad su propia fe.

? Ayuda repasar las virtudes humanas y cristianas, en especial la caridad, la obediencia, la pureza, la humildad y el celo apostólico.

? Siempre se le ha de motivar para la vivencia perseverante de su vida de gracia y la recepción de los sacramentos de la Confesión y de la Eucaristía.


Muchos adolescentes o jóvenes no cuajan, se pierden, o por lo menos no alcanzan el compromiso o grado de entrega al que Dios nuestro Señor les llamaba, por falta de la ayuda necesaria. Necesitan ayuda para hacer crecer la semilla sembrada por Dios en su alma, y así llegar a dar frutos. Esto se logra si la directora espiritual se mantiene cercana a ella y le sabe orientar en modo oportuno y motivador

sábado, 20 de agosto de 2016

LA BONDAD EN LA CONDUCTA


La Bondad en la Conducta
Ética y Moral


La bondad de nuestras acciones importan mucho porque a través de ellas labramos la perfección o la ruina personal. 


Por: Antonio Orozco - Declós | Fuente: Arvo 



La bondad está en las cosas; que no es una invención de la mente o fruto del arbitrio de la voluntad. Sobre lo que es bueno o malo no caben opiniones, a no ser por ignorancia de la realidad. Precisamente concluíamos que existe un criterio objetivo: es bueno lo que acerca a Dios; es malo lo contrario. Porque Dios es nuestro último fin, es decir, donde, en último extremo, se encuentra de modo infinito todo el bien que nuestro corazón desea. De modo que en la medida en que podemos saber qué es lo que acerca a Dios, podemos también, por lo mismo, saber qué es lo bueno.

Ahora bien, una cosa es la bondad de las cosas, y otra la bondad de los actos humanos que inciden sobre las cosas o permanecen en el interior de nosotros mismos. Esta última es la que nos ha de ocupar en este artículo. Es del mayor interés, porque con nuestras acciones nos labramos la perfección o la ruina personal. La cuestión es: ¿cuándo son buenos los actos humanos? ¿qué condiciones se requieren para poder calificar de moralmente buenos a nuestros actos? ¿de qué depende su bondad? ¿cuándo nos acercan o separan del último fin, que es Dios?

Lo primero que hemos de tener en cuenta al examinar nuestra conducta con vistas a su calificación moral es lo que hemos hecho, es decir, el "objeto" de nuestro acto: ¿Es bueno ese objeto?, pues ya vimos que el bien es algo objetivo, como "la propia ley divina, eterna, objetiva y universal, por la que Dios gobierna el mundo universo y la comunidad humana" (1). Por eso se dice que "el objeto es la primera fuente de moralidad". ¿Está conforme lo que he hecho con la objetiva ley divina, ya sea la natural o la evangélica?.

Esta es la primera pregunta necesaria. Pero no sólo el objeto -lo que hacemos- es fuente de moralidad. No basta la consideración del objeto para saber si un acto humano es moralmente bueno o malo. Es más -enseña Juan Pablo II-"la moral -lo que es moral- es cosa esencialmente íntima, interior", reside en la conciencia y en la voluntad, que es donde, con sus actitudes y elecciones se expresa el "hombre interior" (2).

Importancia de la  Interioridad 

El Papa advierte que "lo moral" de nuestras obras tiene, como es obvio, una dimensión exterior, digamos visible, apreciable desde fuera (pasear, comprar, comer, trabajar), que está en relación con las normas objetivas de la conducta humana (no robar, no atentar contra la vida propia o ajena, etc.); sin embargo, este hecho --la existencia de esta dimensión exterior-- en nada modifica el hecho precedente, a saber, que la moral es un asunto de conciencia y que sus exigencias incumben a la interioridad del hombre.

"Cristo enseñaba moral. El Evangelio y los demás textos del Nuevo Testamento lo demuestran sin lugar a dudas". Sabemos que el Decálogo, o sea, los Diez Mandamientos de la ley moral natural -indicados expresamente por Dios a Moisés-, fue confirmado por el Evangelio (3). Y recuerda Juan Pablo II que, al enseñar la moral, Cristo tenía en cuenta estas dos dimensiones: la exterior, o sea, visible, social e, incluso, "pública" y la interior. Pero, conforme a la naturaleza misma de la moral, de "lo que es moral", el Señor concedia importancia primordial a la dimensión interior, a la rectitud de la conciencia humana y de la voluntad, es decir, a lo que en términos bíblicos se llama "corazón" (4). En diversos momentos y de diferentes maneras, Jesucristo enseñó que: "lo que sale de la boca procede del corazón y eso hace impuro al hombre. Porque del corazón provienen los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, las fornicaciones, los robos, los falsos testimonios, las blasfemias. Esto es lo que contamina al hombre" (5): el mal que reside en el corazón, es decir, en la conciencia y en la voluntad.

Jesucristo, por tanto, indica lo que está mal, las obras que son malas --y en consecuencia contaminan al hombre, lo dañan--, y que son externas, visibles. Pero indica también donde se encuentra la causa, la raíz de esas obras que, en definitiva, son una manifestación de lo que hay en el interior. Si se extirpara la mala raíz no habría malos frutos. Gráficamente lo expresaba el Papa en su mensaje de paz de 1984: "es el hombre quien mata y no su espada y sus misiles"; "la guerra nace del corazón del hombre".

Es lógico pues que se afirme que de las dos dimensiones de la moralidad de los actos humanos, la que posee importancia primordial sea la interior: la dimensión "hacia adentro" del hombre. Además, "existen normas --dice Juan Pablo II-- que atañen de un modo directo a actos exclusivamente interiores. Vemos ya en el Decálogo dos mandamientos que empiezan por estas palabras: "No desearás..." y "No codiciarás..." y que, por consiguiente no se refieren a ningún acto exterior, sino sólo a una actitud interior, relativa, en el primer caso, a "la mujer de tu prójimo"; y, en el segundo, a "los bienes ajenos". Cristo lo subraya con más fuerza todavía. Sus palabras pronunciadas en el monte de las Bienaventuranzas, cuando llama "adúltero de corazón" al que mira a una mujer deseándola, fueron para mí --dice el Papa-- punto de partida de largas reflexiones sobre el carácter específico de la moral evangélica en esta materia" (6).

Importancia pues de la dimensión interior de "lo moral"; importancia de la interioridad, de las intenciones, de las actitudes. "Pero --continúa Juan Pablo II-- no es eso todo. Sabemos que el Sermón de la montaña habla también de las buenas obras, como la oración, la limosna, el ayuno, que el Padre ve en lo oculto" (7).

Que la dimensión interior del acto humano tenga primordial importancia no quiere decir que la exterior —"lo que se hace"— no afecte a la persona y no tenga relevancia moral. La tiene, y mucha. "La ética católica no es sólo un conjunto de normas, mandamientos y reglas de conducta" (8). No es sólo eso, pero es también eso. Cristo tenía en cuenta las dos dimensiones del acto humano; dos dimensiones de un acto que es uno, aunque complejo. Por tanto, una simple "moral de intenciones" o "de actitudes" que no valorase el objeto, las obras en las que se plasman las actitudes e intenciones, seria una moral mutilada y, por tanto, falsa, así como un folio rasgado por cualquiera de sus lados ya no es un folio. El folio tiene dos dimensiones, largo y ancho; si lo rompo por cualquiera de las dos deja de ser lo que era. Un plato o manjar exquisito, con ingredientes de primera calidad, pero aderezado con unos gramitos de arsénico, todo él resulta mortal de necesidad, aunque se haya elaborado con la "buena intención" de alimentar al cliente.

Cualquier cosa mala, por muy buena que sea la intención con que se haga, no deja de causar el mal; y el acto humano que la realiza--compuesto de lo subjetivo y lo objetivo--resulta enteramente malo y daña siempre a la persona.

En efecto, el Papa, a la vez que que subyara el valor de la dimensión interior de los actos humanos, aclara que "no es suficiente tener la intención de obrar rectamente para que nuestra acción sea objetivamente recta, es decir, conforme a la ley moral. Se puede obrar con la intención de realizarse uno a sí mismo y hacer crecer a los demás en humanidad; pero la intención no es suficiente para que en realidad nuestra persona o la del otro se reconozca en su obrar" (9). Hace falta, además, que lo que se quiere sea de verdad bueno.


La Libertad: Condicion De Bondad Moral 

Juan Pablo II sigue ahondando en la cuestión: "¿En qué consiste la bondad de la conducta humana? Si prestamos atención a nuestra experiencia cotidiana, vemos que, entre las diversas actividades en que se expresa nuestra persona, algunas se verifican en nosotros, pero no son plenamente nuestras; mientras que otras no sólo se verifican en nosotros, sino que son plenamente nuestras. Son aquellas actividades que nacen de nuestra libertad: actos de los que cada uno de nosotros es autor en sentido propio y verdadero. Son, en una palabra, los actos libres (...) La bondad es una cualidad de nuestra actuación libre. Es decir, de esa actuación cuyo principio y causa es la persona; de lo cual, por tanto, es responsable" (10).

No significa esto que el acto humano sea moralmente bueno por el hecho de ser libre, sino que la libertad es una de las condiciones varias de la bondad moral. Una condición también importante, porque "mediante su actuación libre, la persona humana se expresa a sí misma y al mismo tiempo se realiza a sí misma" (11); es decir, va realizando en sí misma un incremento de bondad, si la conducta es moralmente buena; si fuera mala, el sentido de la libertad se vería frustrado.


Importancia De Las Obras 

"La fe de la Iglesia fundada sobre la revelación divina, nos enseña que cada uno de nosotros será juzgado según sus obras" (12). Son muchos, por cierto, los momentos de la Sagrada Escritura en que se afirma que Dios retribuirá a cada uno según sus obras, por ejemplo: Mt 5, 16; Apoc 2, 23; 22, 12; cfr. Rom 2, 6; Eccli 16, 15; 2 Tim 4; Sant 1, 21-25. "Nótese: es nuestra persona la que será juzgada de acuerdo con sus obras. Por ello se comprende que en nuestras obras es la persona que se expresa, se realiza y --por así decirlo-- se plasma. Cada uno es responsable no sólo de sus acciones libres, sino que, mediante tales acciones se hace responsable de sf mismo" (13).

No parece que se pueda iluminar mejor la relevancia moral de lo objetivo, de las obras, de los actos externos. Seremos juzgados por nuestras obras, porque ellas son "criaturas" de nuestra libertad en las que nos hemos expresado y forman parte de nosotros mismos.

"Es necesario--insiste el Romano Pontífice-- subrayar esta relación fundamental entre el acto realizado y la persona que lo realiza". Nuestras obras expresan siempre lo que somos o, al menos, algo de lo que somos; y con ellas no sólo "hacemos cosas", "nos hacemos" también a nosotros mismos: sabios o ignorantes, justos o injustos, prudentes o imprudentes, lujuriosos o castos.

Pues bien, "a la luz de esta profunda relación entre la persona y su actuación libre podemos comprender en qué consiste la bondad de nuestros actos, es decir, cuáles son esas obras buenas que Dios de antemano preparó para que en ellas anduviésemos" (...). Cuando el acto realizado libremente es conforme al ser de la persona, es bueno".

"La persona está dotada de una verdad propia, de un orden intrínseco propio, de una constitución propia. Cuando sus obras concuerdan con ese orden, con la constitución propia de persona humana creada por Dios, son obras buenas, que Dios preparó de antemano para que en ellas anduviésemos. La bondad de nuestra actuación dimana de una armonía profunda entre la persona y sus actos, mientras, por el contrario, el mal moral denota una ruptura, una profunda división entre la persona que actúa y sus acciones. El orden inscrito en su ser, ese orden en que consiste su propio bien, no es ya respetado en y por sus acciones. La persona no está ya en su verdad. El mal moral es precisamente el mal de la persona como tal" (14). Esa ruptura, esa profunda división en el interior del hombre se produce siempre que se obra mal, aunque sea con "buena intención", pensando que se obra bien, porque es un hecho que entonces la persona no está obrando conforme a la verdad de su ser. Quiérase o no, "la persona humana realiza la verdad de su ser en la acción recta, mientras que, cuando actúa no rectamente, causa su propio mal, destruyendo el orden de su propia ser. La verdadera y más profunda alienación del hombre consiste en la acción moralmente mala: en ella la persona no pierde lo que tiene, sino lo que es, se pierde a sf misma" (15).

Cuando es moralmente mala, la acción exterioriza o manifiesta el ser personal de modo monstruoso. Cabe decir de tal acción lo que dice Santo Tomás del error de la mente: es "un parto monstruoso". Se ha engendrado un monstruo, un ser deforme, que deforma y carcome el propio ser, por la íntima conexión entre la persona y su obra.


Pecado "Formal" Y Pecado "Material" 

Y es de advertir que esto puede suceder sin culpa, cuando --sin culpa-- se ignora que realmente lo que se hace es moralmente malo. En este caso no hay pecado formal (como se dice en Teología), y Dios no castigará la mala acción. Pero no ha dejado de producirse un pecado material, es decir, una obra objetivamente mala, y que por tanto daña realmente a la persona. Es preciso no olvidar que, lejos de lo que pensaba Lutero, lo que prohibe Dios no es malo porque Dios lo prohiba, sino que Dios lo prohibe porque es malo: daña al hombre, si no en el cuerpo, al menos en el alma, que es lo que más importa.

De hecho, cuando se obra mal, aunque sea por ignorancia, la voluntad se adhiere al mal, y de este modo no puede hacerse buena, ni incrementar su bondad y su habilidad para el bien. Es más, con tal adhesión, si se continúa largo tiempo, existe el grave riesgo de que, al descubrir el error y salir de la ignorancia, la afición al mal se haya hecho tan grande que ya no se quiera abandonarlo; lo cual llevaría consigo la aparición del pecadoformal, responsable ya, y culpable.

Es muy importante tener en cuenta esa realidad, también en el tratamiento de enfermedades psíquicas y situaciones extremas o de crisis que inclinan más fuertemente a ciertos pecados. En un discurso a médicos psiquiatras, enseñaba el Papa Pio XII: "Una última observación a propósito de la orientación trascendente del psiquismo hacia Dios: el respeto a Dios y a su santidad debe refliejarse siempre en los actos conscientes del hombre. Cuando estos actos se apartan del modelo divino, aun sin culpa subjetiva del interesado, van, sin embargo, contra su último fin. He aquí por qué aquello que se llama pecado material es una cosa que no debe existir y constituye por lo mismo, en el orden moral, una realidad que no es indiferente".

"Una conclusión se deriva para la psicoterapia: ante el pecado material, no puede permanecer neutral. Puede tolerar lo que de momento es inevitable. Pero debe saber que Dios no puede justificar esta acción. Todavía menos la psicoterapia puede dar al enfermo el consejo de cometer tranquilamente un pecado material, porque lo hará sin falta subjetiva; y ese consejo sería igualmente equivocado, aunque tal acción pudiera parecer necesaria para el reposo psíquico del enfermo y, por consiguiente, para la finalidad de la curación. Nunca se puede aconsejar una acción consciente que sería una deformación, y no una imagen, de la perfección divina" (16) que el hombre es.

El Fin No Justifica Los Medios 

Por supuesto, es peor hacer el mal con mala intención que con "buena intención". Pero hacerlo con "buena intención" también es malo, aunque sea para conseguir un bien todo lo grande que se quiera. El fin no justifica los medios. El buen fin hace bueno un medio indiferente y puede aumentar la calidad moral de una buena acción, como cuando se hace un acto de simple justicia pero por amor a Dios. Lo que no puede hacer nunca un buen fin es convertir en bueno un medio que de suyo sea malo. Cuando se quiere el mal, aunque sea como medio para el bien, la voluntad, con su adhesión, ya se ha contaminado, ya se ha hecho mala, y también su acto en su entera realidad.

Por otra parte, es un craso error pensar que de un mal puede seguirse algún bien para la persona en su integridad. Podrá seguirse tal vez un bien físico, material, económico, pero nunca un bien moral que es lo que realmente perfecciona a la persona.

Sólo Dios puede hacer que de las consecuencias del mal --no del mal en sí mismo-- se sigan auténticos bienes para los que le aman. Pero Dios no puede querer el más mínimo mal moral; por tanto, el hombre tampoco puede quererlo jamás.

Así por ejemplo, cuando se provoca el aborto, aunque sea con la "buena intención" de procurar el bienestar material, psíquico, o social de la madre, de hecho se produce el peor mal para ella: se niega, o se pretende negar, con inhumana violencia, lo que ella realmente es en lo más profundo: madre, dadora de vida; al tiempo que se asesina a una persona inocente, su hijo.

Lo mismo cabe decir de los que ciegan artificiosamente las fuentes de la vida; los que pretenden disolver el matrimonio; los que justifican -"por amor", dicen--las llamadas relaciones prematrimoniales, u homosexuales; los que no dan importancia a la masturbación; los que con apariencia de justicia niegan los derechos humanos, etc.

Suele decirse que "el infierno está empedrado de buenas intenciones". Y es muy posible que sea cierto. La sabiduría popular comprende que no basta querer hacer el bien, sino que es menester hacerlo; y para ello es indispensable la voluntad realmente buena, sincera, de conocer el bien, de aprender a discernir el bien del mal. De lo contrario, sería una vil hipocresía hablar de "buena voluntad"o de "buena intención".

Mirar La Realidad 

Por importante y fundamental que sea --como ya hemos visto-- la intención, "quienquiera conocer y hacer el bien debe dirigir su mirada al mundo objetivo del ser. No al propio "sentimiento", no a la "conciencia", no a los "valores", no a los "ideales" y "modelos" arbitrariamente propuestos. Debe prescindir de su propio acto y mirar a la realidad"; porque "ser bueno quiere decir estar de acuerdo con el ser objetivo; es bueno lo que corresponde "a la cosa"; el bien es la adecuación a la realidad objetiva" (17). *Todas las leyes y normas morales se pueden reducir a una --decía Goethe--: la verdad". "Todas las leyes y normas morales se pueden reducir -dice Joseph Pieper-- a la reaiidad" (18); "el hombre que quiere realizar el bien mira, no al propio acto, sino a la verdad de las cosas reales" (19). Precisamente la realidad es el fundamento de lo ético. Lo que debe-ser está inscrito en el ser, en la verdad de las cosas. Es bueno quien obra la verdad: "el que obra según la verdad viene a la luz, para que sus obras se pongan de manifiesto, porque han sido hechas según Dios" (20).

En las obras se plasma la persona; la persona se revela en sus obras. El mismo Jesucristo decía: "las mismas obras que yo hago, dan testimonio acerca de mí, de que el Padre me ha enviado" (21); "si no hago las obras de mi Padre, no me creáis; pero si las hago, creed en las obras, aunque no me creáis a mí, para que conozcáis y sepáis que el Padre está en mí y yo en el Padre" (22).

¿Y cuál es la verdad más profunda que debe expresar nuestras obras? Que la persona no es dueña absoluta de sí misma. Ha sido creada por Dios. Su ser es un don: lo que ella es y el hecho mismo de su ser son un don de Dios. "Somos hechura suya", nos enseña el Apóstol, "creados en Cristo Jesús" " (23). Somos criaturas de Dios, somos de Dios, y Dios ha querido además que seamos sus hijos. Somos hombres que, por gracia, son hijos de Dios. No somos hijos del mono. Por tanto, para que sea buena nuestra conducta ha de conformarse con esta realidad: nuestra filiación divina. Todas nuestras obras han de revelar nuestro ser-hijos-de-Dios; han de manifestar que al menos luchamos por ser buenos hijos, según el mandato amoroso y sapientísimo: "Sed perfectos como mi Padre celestial es perfecto".

 

sábado, 13 de agosto de 2016

Y QUIÉNES SON LOS POBRES?

¿Y quiénes son los pobres?
El hombre vale más que sus bolsillos, sea que estos estén llenos o agujereados, porque el peso del hombre está en su corazón.


Por: Carlos Padilla LC | Fuente: Catholic.net 



“Sería mejor darlo a los pobres”, “hay que trabajar por los pobres” “pensemos primero en los pobres”, “hay que hacerse pobre…”. Todas son frases muy usadas, escuchadas a menudo pero desprovistas de un verdadero rostro. Todas usan ese término: “pobres”, en abstracto. Pero… ¿quiénes son los pobres?

¿Es la pobreza un estado o una virtud? ¿Es alcanzable o se debería huir de ella? Y suponiendo que quisiese conseguirla ¿la esposa estará de acuerdo en vivir con menos cosas? ¿Hay diversos modos de vivir la pobreza? ¿O es la misma pobreza la de san Francisco de Asís, la Madre Teresa, los ciudadanos del tercer mundo, los desempleados, los virtuosos, o los mendigos de los puentes?

Con un planteamiento así la pobreza se nos presenta con un rostro completamente diverso al trazado por nuestra traicionera imaginación. Curiosamente al escuchar “pobreza” vienen a la mente telas roídas, caras pálidas y desnutridas, llagas abiertas, costillas esqueléticas... La pobreza en cambio, también puede ser virtud, de lo contrario estaría reservada a unos cuantos.

Es virtud cuando se convierte en una disposición constante del alma que orienta rectamente los deseos y el apego a las riquezas y cosas de este mundo (Catecismo de la Iglesia Católica 2545). Forja un gran hábito el que se ejercita en el desprendimiento y la renuncia de lo que no es fundamental. Siguiendo este sendero la pobreza le fue posible al arquitecto más grande del siglo XX, al artífice de la futura catedral de Barcelona, “La Sagrada Familia”.

Su nombre: Antonio Gaudí, su siglo: ¡El nuestro! Era el artista más renombrado de la ciudad, su originalidad y talento le situaron en la cúspide de la fama. Le llovían trabajos con remuneraciones magníficas, estaba a cargo de obras de envergadura, materialmente no le faltaría nada, podría resolver su vida y la de las cuatro generaciones subsiguientes. ¡Todo resuelto, a disfrutar se ha dicho!

El arquitecto de Dios, el viejo de la barba blanca y los ojos de un color azul encendido, eligió otro camino. Una senda estrecha pero libre, exigente pero feliz, congruente y generosa. Optó por una pobreza digna y elocuente. Vivió sus últimos años en un pequeño cuarto debajo de la catedral, tal como lo atestiguan las hermanas religiosas que lo conocieron. “Cuando fuimos no encontramos nada, ni un bote, ni una cuchara, ni un trozo de papel, nada. Apenas tenía nada ni para encender el fuego”.

Gaudí es ejemplo de una pobreza callada y desprendida de todo lo superfluo. Pobre es aquél que teniendo bienes, sólo los usa en la medida en que estrictamente los necesita. Al pobre por virtud le basta lo indispensable y cuando incluso eso le falta le sobra amor para suplir aquel hueco material.

Hay muchos casos así, hombres de nuestro tiempo, emprendedores, luchadores, empresarios o profesionistas de éxito que arrancan de su corazón y su vida lo inútil, lo superfluo, lo cómodo. Saben dar a los demás con generosidad y a la vez administrar con responsabilidad y competencia. Buscan fortalecer sus empresas para así dar más trabajo a la gente. No dan el pescado: enseñan a pescar, alimentan el capital, no lo destruyen. El objetivo es socorrer convenientemente a los necesitados y acortar (no solo por unas semanas) las distancias entre unos y otros.

Constituirse pobre con el pobre significa promover su bienestar, el de su persona como el de su familia y entorno, establecer bases equitativas en las relaciones entre patronos y obreros, vivificar y robustecer en los unos y en los otros la conciencia de los propios deberes y la observancia de los preceptos evangélicos. El hombre, sea pobre o rico, que se hace sordo al clamor de sus hermanos limita la visión de sí mismo y de los demás. Es un ciego engañado en la sombra efímera que le presentan los bienes del dinero, el poder y los placeres.

La pobreza en esa perspectiva es activa. No se duerme bajo las llagas de la miseria ni se acomoda en un egoísta “tengo lo necesario apenas para mí, los demás que se las arreglen”.

Por ello para cultivar con integridad esta virtud y evitar todo individualismo, la pobreza viaja acompañada de la caridad, de la generosidad. Hay pobres en lo material que son también ejemplares en la aceptación de su estado. Agradecen todos los dones, aprecian las ayudas, se esfuerzan por superarse y, lo que es más importante, acompañan sus carencias materiales con una ancha pobreza de espíritu. Por eso no caben en sus pechos los celos, la envidia, el odio hacia el rico, el burgués, el jefe, el sistema, el gobierno y un largo etcétera de posibles culpables. El pobre que desea con rabia lo es sólo en los bolsillos, el pobre que desea vaciarse para enriquecer su corazón lo es en plenitud ¡Ese es pobre virtuosamente!

Entonces, las cosas materiales, ¿estorban? ¿Son el cáncer de este mundo, la enfermedad del espíritu? San Ignacio de Loyola, con sus ejercicios espirituales, nos contestaría: “Tanto en cuanto, hermano mío, tanto en cuanto”. Lo material es bueno o malo en tanto en cuanto me lleve a mi Creador o me aleje de Él. En acercarme a mi Creador se encierra mi ideal, mi prójimo, mi felicidad. “Soy más feliz mientras más doy. Dar lo que tengo, lo que soy, lo que puede servirte, lo que puede llevarnos, a los dos, a nuestra máxima plenitud”.

El hombre vale más que sus bolsillos, sea que estos estén llenos o agujereados, porque el peso del hombre está en su corazón.

Señor, Tú que te hiciste pobre para enriquecernos a todos, ¡enséñame a seguir Tu ejemplo y vivir tu bienaventuranza!

“Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los cielos” (Mt 5,3).
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