miércoles, 31 de diciembre de 2014

SUPERSTICIONES

Supersticiones
El Catecismo de la Iglesia Católica nos enseña que la superstición es un pecado contra el Primer Mandamiento.


Por: P. Gabriel Dominguez | Fuente: defiendetufe.org



Definición: Del latín: superstitio -onis
1. Creencia extraña a la fe religiosa y contraria a la razón. 2. Fe desmedida o valoración excesiva respecto de una cosa o a una práctica. Así se puede hablar de superstición de la ciencia cuando se apela irracionalmente a esta para defender una posición.
Catecismo de la Iglesia Católica, 2111.
La superstición es la desviación del sentimiento religioso y de las prácticas que impone. Puede afectar también al culto que damos al verdadero Dios, por ejemplo, cuando se atribuye una importancia, de algún modo, mágica a ciertas prácticas, por otra parte, legítimas o necesarias. Atribuir su eficacia a la sola materialidad de las oraciones o de los signos sacramentales, prescindiendo de las disposiciones interiores que exigen, es caer en la superstición (cf Mt 23, 16-22).
Superstición es atribuirle a prácticas legítimas un valor erróneo.
Referente a los sacramentales y oraciones, se cae en superstición cuando se confía en la materialidad del acto sin la necesaria disposición interior. Cuando, en vez de valorar un objeto religioso por lo que representa, se le atribuye un poder intrínseco. Es supersticioso, por ejemplo, quién lleva un escapulario pero no guarda en su corazón fidelidad a la Virgen Santísima sino que se entrega al pecado pensando que tan solo por llevarlo se salvará.
  • La superstición puede conducir a la idolatría y a distintas formas de adivinación y de magia.
  • La "suerte", entendida como una fuerza que pueda afectar el destino, no existe. El cristiano sabe que depende de la Providencia divina y que es responsable por su libre albedrío.
  • La superstición es producto de ignorancia o de un vacío espiritual.
  • No se debe confundir tradición con superstición. Las tradiciones serían supersticiosas sólo si se les atribuyen poderes mágicos.
Ejemplos de supersticiones: "la maldición del #13, de los gatos negros, de pasar bajo una escalera;comer uvas el año nuevo para atraer la buena suerte. Hay fiestas que reúnen un conjunto de supersticiones, por ejemplo, Halloween, el vestir ropa interior de colores amarillo o rojo en visperas de año nuevo para "atraer" dinero o amor, salir a dar la vuelta con maletas "para atraer viajes", el poner lentejas a coser para atraer el dinero, etc, todas estas supersticiones que se realizan en fin de año, tienen un componente que desvia nuestra fe del Unico y Verdadero Dios providente y misericordioso, para poner nuestra fe en un objeto, con esto ofendemos gravemente a Dios, al tentarlo y desconfiar de su amor y providencia.
Jesus en su evangelio nos enseña que el Padre sabe lo que necesitamos y no tenemos que fijar nuestra fe en objetos y ritos paganos esoterios, sino en Jesucristo Camino, Verdad y Vida: "Después dijo a sus discípulos:
"Por eso les digo: No se inquieten por la vida, pensando qué van a comer, ni por el cuerpo, pensando con qué se van a vestir. Porque la vida vale más que la comida, y el cuerpo más que el vestido. Fíjense en los cuervos: no siembran ni cosecha, no tienen despensa ni granero, y Dios los alimenta. ¡Cuánto más valen ustedes que los pájaros! ¿Y quién de ustedes, por mucho que se inquiete, puede añadir un instante al tiempo de su vida? Si aun las cosas más pequeñas superan sus fuerzas, ¿por qué se inquietan por las otras? Fíjense en los lirios: no hilan ni tejen; sin embargo, les aseguro que ni Salomón, en el esplendor de su gloria, se vistió como uno de ellos. Si Dios viste así a la hierba, que hoy está en el campo y mañana es echada al fuego, ¡cuánto más hará por ustedes, hombres de poca fe! Tampoco tienen que preocuparse por lo que van a comer o beber; no se inquieten, porque son los paganos de este mundo los que van detrás de esas cosas. El Padre sabe que ustedes las necesitan. Busquen más bien su Reino, y lo demás se les dará por añadidura." (Lc 12, 22-31)

DOCE CAMPANADAS: FRASES PARA LA MEDIA NOCHE DE AÑO NUEVO 2015


DOCE CAMPANADAS 
FRASES PARA LA MEDIANOCHE DE AÑO NUEVO 

Para el nuevo año te ofrecemos doce frases, como doce campanadas:

1.Agradece el pasado como don de Dios.

2.Vive el presente con esperanzas y creatividad.

3.Di "sí" al paso de Dios por tu vida.

4.Confía, Dios te encomienda cosas grandes.

5.Valora lo pequeño, llegarás a lo grande.

6.Mira a la vida con sencillez y amor.

7.Ten buen humor, pase lo que pase.

8.Perdona y pide perdón.

9.Haz algo por el otro y serás feliz.

10.Atento, Dios te habla cada día.

11.Dios cuenta contigo.

12.Ama la vida, ama al mundo, ama a Dios.

martes, 30 de diciembre de 2014

LA TEOLOGÍA DEL SELFIE


La teología del selfie
Los selfies no son algo absolutamente nuevo

Históricamente hablando el primer selfie fotográfico data de 1914 y la protagonista fue una adolescente de 13 años: la gran duquesa Anastacia, de Rusia


Por: Redacción | Fuente: Zenit.org



A mediados de 2014 la NASA creó el mosaico temático sobre el planeta tierra más grande del mundo: 36,422 selfies completaron el collage. La manera de conseguir las fotografías no fue menos megalómana: se hizo por medio del hashtag #GlobalSelfie el cual fue secundado por personas de más de cien países en redes sociales. La masiva participación conseguida por la NASA supuso, en realidad, la continuidad de un fenómeno cada vez más extendido y que incluso ha merecido ser reconocido por el prestigioso Oxford Diccionary como la palabra del año en 2013: «selfie». 
El fenómeno de los selfies ha sobrepasado el ámbito de lo anecdótico (recuérdese, por ejemplo, los «camelfies» o selfies con camellos) y parece estar destinado a no quedar encorsetado en la denominación «moda pasajera». 
¿A qué se debe esta masificación del compartir imágenes sobre uno mismo que tan solo en 2013 supuso 1 millón de publicaciones diarias de este tipo? Evidentemente esto es posible gracias a la dinámica de la inmediatez y la masificación que la técnica hace posible y a la que la sociedad digitalizada estimula. Se trata, por tanto, de algo de carácter técnico pero también psicológico: son las propias personas las que se sienten involucradas y, aunque parezca una redundancia, protagonistas también de sus propias fotos, incluso al sacarlas. 
Esta dimensión protagónica está aderezada por el hecho de que las fotos también son un testimonio capturado en pixeles por el que las personas dicen con imágenes: «yo estuve ahí», «yo soy así», «alguien estuvo conmigo». Y tal vez con un poco de suerte se convierten en contenidos virales, es decir, masivos, consiguiendo así también un poco de fama efímera. 
El fenómeno selfie no ha quedado exento de tintes patológicos como cuando en mayo de 2014 un joven ve caer, tras el sprint final del «Giro de Italia», al ciclista alemán Marcel Kittel: se le acerca y en lugar de ayudarlo se toma una foto con él para luego compartirla en las redes sociales. Actitudes análogas se repiten en muchas partes y con muchas personas. Y eso es también lo que está al fondo del breve corto «Aspirational», de la actriz Kirsten Dunst. 
Dunst se burla finamente de la cultura del selfie y pone el dedo en la llaga: la deshumanización de las personas al tiempo de Instagram. En «Aspirational» vemos a Kirsten esperando fuera de su casa. Pasan dos chicas que la reconocen, se le acercan con smartphones en la mano y, sin más, comienzan a hacerse fotos con ella. Terminada la «sesión» fotográfica las jóvenes se van sin apenas cruzar palabras. «No quieren preguntarme nada», les dice Dunst, mientras una de las chicas pregunta a la otra: «¿cuántos seguidores crees que voy a sumar con esta foto?». 
Desde luego «Aspirational» es una caricaturización pero que tiene su fundamento real: cómo no recordar a aquel niño español que por las mismas fechas se emocionó hasta las lágrimas ante el hecho de poder tomarse una foto con el futbolista argentino Leonel Messi. «¿Qué te ha dicho Messi?», le preguntó al zagal un periodista tras haber obtenido la foto. «Nada», fue la respuesta. Él quería la foto con Messi no las palabras del futbolista. 
A decir verdad, los selfies no son algo absolutamente nuevo. ¿Quién no recuerda el mito de Narciso quien por vicisitudes de la vida termina enamorándose de su propia imagen lo que supone también su muerte ahogado mientras contempla su belleza en la rivera del río? No parece exagerado encontrar alguna lección moralizante de aquel «selfie mitológico» que, aplicado a las circunstancias actuales, invita a abrir los ojos no sólo a esa sobre exposición vanidosa sino también a esa falta de autenticidad que va de la mano de la manipulación de imágenes para aparentar ser quienes no somos. 
Históricamente hablando el primer selfie fotográfico data de 1914 y la protagonista fue una adolescente de 13 años: la gran duquesa Anastacia, de Rusia. Si nos remontamos mucho más atrás y colocamos nuestra atención en ámbito religioso qué es la Sábana Santa o el ayate de la Virgen de Guadalupe sino dos selfies de peculiaridad sobrenatural. Pero en realidad el primer selfie es aún más antiguo, se remonta a Dios mismo y tiene un fundamento teológico: la Biblia. 
En el capítulo 1 versículos 26 y 27 del libro del Génesis se dice claramente que Dios creó al hombre a imagen y semejanza suya. En este sentido, cada auto-fotografía humana sería una imagen que refleja algo de divino -la acción de Dios- y que remite a Él. Pero Dios es todavía más original y quiso sacarse el «selfie más perfecto» de todos: Jesucristo. 
Ciertamente Jesucristo no es una imagen de Dios sino Dios en persona. Y es aquí en definitiva donde encontramos una explicación teológica de los selfies: en el fondo los autoretratos son expresiones de cercanía, de esa capacidad creadora sembrada por Dios en los corazones humanos y que queda materializada en imágenes. No es, por tanto, una simple amauterización de la fotografía posibilitada por las tecnologías sino expresiones muchas veces instintivas que por medio de la reflexión nos revelan ese anhelo de eternidad para el que hemos sido hechos. Cada foto es una forma de decir «existo», «yo también soy parte de la raza humana» y, todavía a un nivel más profundo, «soy imagen y semejanza de Dios». En este sentido podemos decir que hay un anhelo de eternidad en cada autoretrato.

DIÁLOGO CON EL NIÑO DIOS


Diálogo con el niño Dios
Navidad

Niño Lindo, ante ti me rindo, Niño lindo, eres tú mi Dios… 


Por: Antonio Orozco-Delclós | Fuente: Catholic.net



--Dime, Niño, ¿de quién eres,
todo vestido de blanco…?
--Soy de la Virgen María y del Espíritu Santo

--¿DE LA VIRGEN MARÍA? ¿Cómo es éso? ¿Cómo puede ser virgen, UNA MADRE?

--Cosas del Creador del Universo. Él puede hacer madre a una mujer sin contar con varón. Si el varón vivifica es porque ha recibido poder de Dios, Vida en plenitud, infinitamente fecunda. El Espíritu es Señor y Dador de vida.

--Niño lindo, eres un milagro grandísimo…Pero me asalta una cuestión: ¿era menester que fuera virgen, tu Madre?

--La maternidad es una maravilla y la virginidad por Amor es otra. Ninguna de las dos podía faltar en la Maravilla de maravillas. La virginidad es flor enhiesta de alta montaña, belleza inaccesible, sólo para el honor de Dios, esplendor del Espíritu en la tierra. Lo saben los limpios de corazón. La maternidad es poder de participar en la fecundidad infinita del Padre, belleza distinta, co-creante del número de los elegidos. María, es Virgen y Madre. Por tan singular privilegio, puedes colegir el valor –a los ojos de Quien todo lo ve- de lo castísimo, la hermosura de la joya en apariencia infecunda, dedicada por entero al Amor.

--Por eso debe de ser, Niño de Madre Virgen, que tu carita es preciosa y tus ojos enamoran… Dime, ¿desde dónde miran tus ojos?

--Mi mirada es de Niño y de Dios. Yo soy Hijo de Dios en lo eterno y de María en el mundo. Entiéndelo bien: soy Dios Hijo. El Padre y Yo somos uno. Vislúmbralo: cuando tú eras una persona pequeñita en el seno de tu madre, erais dos –dos personas distintas, pero como una sola vida. En rigor, no erais una sola vida, sino dos vidas (creadas). La tuya no era la de tu madre ni viceversa, pero tu vida estaba totalmente inmersa en el seno materno y vivías enteramente a expensas de ella, ¿me sigues?

--Con esa analogía, por elevación me parece atisbar que una sola Vida (increada, infinita, plena) pueda "palpitar" en dos Personas distintas (increadas), porque ambas -siendo distintas- posean... ¿una sola substancia o naturaleza ... ?

--Correcto. Y puedes intuir que Yo sea engendrado eternamente por mi Eterno Padre, y permanezca eternamente en su seno de infinita fecundidad, viviendo en plenitud la vida de mi Padre. Yo soy –el Niño remarca con énfasis el «Yo soy»- Hijo eterno en el seno eterno de la vida plena, infinitamente fecunda de Dios Padre.

--¡No es tan difícil, aunque misterioso!. Continúa, Niño Lindo.


LA PLENITUD DE VIDA QUE SE DA

-- En mi Padre no existe el límite material que hay en las madres. Para ser Yo -engendrado eternamente por el Padre-, no he de ser «dado a luz». Yo soy la Luz, Luz de Luz. No he de nacer propiamente, y de ningún modo crecer o evolucionar dentro o fuera de Dios. Yo soy eternamente Yo. El Padre y Yo somos dos en uno. Créeme, este misterio es la sencillez suma. Somos Amor eterno, eternamente enamorados, rostro con rostro; el mío es Imagen perfecta del suyo. Con un amor tan grande y perfecto que es Amor-Persona, la tercera, el Espíritu Santo, Fruto personal de nuestro Amor, sin comienzo ni término; el Espíritu Santo es la Persona-Amor.

--Tres en Uno… ¡Es de noche! Pero amanece. La Aurora es María, Madre Virgen. El Día, la Luz, es el Niño Dios, Niño Lindo, ante quien me rindo.

--Yo lo he recibido todo del Padre. El Padre es EL QUE DA: LA PLENITUD DE VIDA QUE SE DA, Yo soy EL QUE RECIBE: LA PLENITUD DE VIDA RECIBIDA DEL PADRE. Mi Padre es el DAR TOTAL, Yo soy el RECIBIR TOTAL, en el seno del Único Dios verdadero. Este es el punto que quisiera meterte en la cabeza y en el corazón: en la intimidad del Dios tres veces Santo hay un RECIBIR EN PERSONA: YO. Todo lo recibo del Padre.

--¿Por eso no tienes padre en la tierra?

--Es una poderosa razón. Pero, cuidado, José es más padre que todos los padres del mundo; virginal, un prodigio del Espíritu, para salvaguardar la virginidad de mi Madre y darme una familia en el mundo, y sacarla humanamente adelante, defenderla, conducirla, ¿cómo te lo diría?, para ser providencia de la Providencia; y para enseñarme a ser hombre, a trabajar el hierro y la madera; y enseñar a ser padre a todos los padres.

--Realmente, Niño Lindo, tú tienes palabras de vida eterna. ¡Qué preciosidad!. Eres Dios …, ¿por qué te has metido en este «berenjenal», en el espacio y en el tiempo…?

--¿¡Por qué me has pellizcado!?

--Para ver si eres niño de verdad, no vayas a ser un fantasma, un espectro virtual o algo así. También te podrías aprovechar de tu poder divino para neutralizar un eventual sufrimiento humano…

--¡Yo bajé a la tierra para padecer…!

--¿Por qué tienes que padecer?

--¡Para salvarte! Mi nombre es Jesús, que significa Salvador.

--Salvarme, ¿de qué?

--De ti mismo, de tus cadenas

--¿De mis cadenas?

--Sí, de tus cadenas.

--Sí…, de mis cadenas…

--De tu autosuficiencia; de la falsa autosuficiencia de la humanidad. Tú y tus hermanos estáis como en Babel, construyendo un mundo de espaldas a Dios, desafiando a Dios, os creéis dioses sin Dios, empeñados en eternizar el tiempo. Sois soberbios como hijos de satanás…

--¡Niño! ¡Niño Lindo! ¡Qué severidad! Asoman lágrimas grandes a tus ojos claros … ¿También los dioses lloráis?
 
LOS DIOSES NO LLORAN, DIOS SÍ

--Los dioses no lloran, que son de piedra y metal. Dios sí, que es Amor. No se puede ver la autoperdición de un hijo, sin llorar amargamente. Se ha de hacer lo que sea, cualquier locura que el corazón dicte para recobrar la vida, ¡el amor!, de los amados. La vida es muy severa, muy seria… y ha de ser muy alegre.

--Yo creía que…

--Creías que Dios no tiene corazón, ni entrañas, ni lágrimas. No has leído bien la Escritura. Creías que el pecado del hombre es una banalidad. En cierto modo lo comprendo, porque el pecado supera infinitamente al hombre finito que lo comete. Precisamente porque Dios no es de piedra, ni de oro, ni de plata, por eso sufre inescrutablemente, por eso Yo he venido a la tierra: para padecer, libremente, por puro amor, para dar la vida en redención de muchos…

--Niño mío, Dios mío, Madre mía… Tú, Dios Hijo, el Amado del Padre, Rostro Imagen del Padre, has venido a ser Sufrimiento del Hombre, imagen del Sufrimiento del Padre… Redentor del hombre, de la esclavitud y la muerte de los hijos, por el sufrimiento … Muchos creen en un Dios majestad, todopoderoso, y sin embargo, les repugna un Dios inerme, como tú, Niño Lindo, entre pañales, en un pesebre, y después clavado -¡vencido!- en la tortura de la cruz…

--Porque su imagen es la de un Dios grande a la medida de la pequeñez creatural, un Dios en majestuosa soledad, solitario, no Amor, no Humildad. Un Dios que no sabe recibir y, en consecuencia, no sabe dar. Puede ser el Hacedor del mundo, el Arquitecto del universo, pero no el dador del don perfecto, el perdón. Un Dios que no es el Dios Vivo revelado en las Escrituras.

«DIOS ES FAMILIA»

¡Dios es Familia!, es Padre (Paternidad), Hijo (Filiación) y Amor (tercera Persona), la esencia de la familia. Por eso, al venir al mundo, al humanarme, he querido nacer en una «familia esencial», espejo de la Trinidad del Cielo, modelo de todas las familias de la tierra, para iniciar un gran movimiento -«revolución», podrías decir, en tu concepto- que alcance a hacer de todas ellas, una sola, íntimamente enlazada a la Familia que es Dios Trinidad. Sólo hay un enemigo: la gran estupidez bien llamada soberbia, laautosuficiencia. Mi Padre os ha hecho a nuestra imagen y semejanza: el hombre supera infinitamente al hombre. Finito por naturaleza se halla abierto al Infinito por la inteligencia y el amor. Por eso se puede confundir con Dios. Pero con un Dios falso, soberbio, sin humildad, sin capacidad íntima de recibir. Por eso vengo Yo, Humildad en Persona, despojado de todo vestigio de gloria celestial y me veréis en la más ignominiosa humillación. Para que entendáis que si la indigencia, la pobreza, la tortura, la angustia, el pavor, la tristeza de muerte y tantas cosas que sufriré en mi Pasión hasta la muerte de cruz, es digna de Dios –porque si no, por ahí no pasaría-, todo eso es también digno del hombre. Más aún, ahí está la medicina, la salvación de lo que más importa: la curación radical de la soberbia. ¡Contra soberbia, humildad! ¿O has olvidado lo más elemental del Catecismo?

SÓLO EL QUE SABE RECIBIR, SABE DAR

YO SOY LA HUMILDAD, la virtud del que recibe, no de cualquier manera, sinoreconociendo el don. ¿Reconoces ahora mismo estar recibiendo cada uno de los latidos de tu corazón? ¿Reconoces que cada instante de tu vivir, sea como sea, es don? Saber recibir, es saber agradecer el don. ¿Agradeces cada respiración, cada uno de los pasos que puedes dar en la vida, y los que no puedes dar, porque no los necesitas? ¿Andas por ahí quejumbroso como si no fueses hijo de Dios? Yo me siento tan a gusto entre las pajas del pesebre, como en los mullidos divanes de los ricachones, como en el lecho vertical de la cruz. Entiéndeme, estoy feliz, porque lo entiendo, en todo caso, como don recibido del Padre para mucho bien. Sólo el que sabe recibir, sabe dar. Recibir, reconocer, agradecer, es tanto como decir estar disponible, ponerse a disposición de mi Padre, puesto que todo cuanto soy y puedo es don suyo. Toda su providencia es amorosísima y sapientísima. Es preciso aprender a leer en ella, en las cosas que pasan y me pasan, que te pasan. Disponibilidad es actitud de darse sin reservas a la sabiduría y al amor del Padre. Es no tener otro norte. Vivir por Él y para Él. Más fácil: mirarme, contemplarme, y seguirme, sin pararte a pensar que no vales, que no sirves, que eres un miserable… ¡los miserables! Muchos le llaman a esto humildad, pero no es más que cobardía y comodidad. Es verdad si lo dices prescindiendo de Mi: sin Mi no puedes nada, no vales nada, no puedes nada, ni siquiera existes. Pero si tienes un aliento de vida, puedes amar, puedes seguirme. Intentarlo al menos, ya es seguirme. Ya tienes un don que reconocer, agradecer y dar y hacerlo fructificar en la banca del amor. Yo también daré un último aliento y pondré mi espíritu en manos de mi Padre en un acto supremo de Redención.

Aprende de mi Madre. Ella no dice: ¡ah, Señor, yo sirvo de esclava, pero nada más. No podré ser tu Madre!. ¡No! Dice: ¡Hágase en mi según tu palabra!. Esto es humildad. Si te quedas enredado en tus miserias serás cada vez más miserable. ¡Eres hijo de Dios! ¡Atrévete a serlo cada día más! Tienes talentos. Aprende a recibirlos, los que sean, sin humillación. ¡Agradécelos!. Da gracias siempre por todo, a mi Padre y a aquellos de quienes se sirve mi Padre. Así estarás siempre disponible para dar y darte con una humildad que te llenará de alegría.

--Niño Lindo, ante ti me rindo, Niño lindo, eres tú mi Dios… Me lo das todo, te me das entero en la Eucaristía. ¡Belén permanente! Sálvame de mí mismo, de todas las cadenas que me impiden recibir con libertad tus dones y darme, a Ti y a los demás.

--Aquí me tienes, en el pesebre. Aquí, tu Dios-disponible, tu Dios Acción de gracias, tu Dios Humilde, tu Dios que todo lo recibe y todo lo da, dándose: ha venido no a ser servido sino a servirte, despojado de toda gloria divina y de toda gloria humana, para necesitarte, para recibir tu calor y tu fuego, tu ternura y compasión, delicadezas de amor y reciedumbre, fortaleza, oración, trabajo, apostolado… ¡Ven y sígueme!. Crece conmigo, en sabiduría, estatura íntima y gracia ante Dios y ante los hombres. Hazte niño y cántame como si fueras Yo:
Mi Madre es del Cielo, mi Padre también.
Yo bajé a la tierra para padecer (bis)…,


Después, el Belén eterno. Ahora, el ciento por uno y más tarde, no mucho más tarde, la Vida eterna.

SE TERMINA EL AÑO NUEVO 2014


Se termina el año
Han pasado ya las penas y las alegrías. De ellas sólo quedan el mérito de haber sufrido con espíritu sobrenatural, y de haber agradecido a Dios.
Por: P. Jorge Loring SJ | Fuente: Catholic.net




El tiempo pasa volando. Han pasado ya las penas y las alegrías. De ellas sólo quedan el mérito de haber sufrido con espíritu sobrenatural, y de haber agradecido a Dios las satisfacciones. El pasado deja huella en la biografía que Dios tiene de mí.

El día de hoy podríamos considerar tres cosas:
a) El tiempo pasa.
b) La muerte se acerca.
c) La eternidad nos espera.

El tiempo pasa volando. Han pasado ya las penas y las alegrías. De ellas sólo quedan el mérito de haber sufrido con espíritu sobrenatural, y de haber agradecido a Dios las satisfacciones. El pasado deja huella en la biografía que Dios tiene de mí.

La muerte se acerca. Cada día que pasa estoy más cerca de ella. Es necio no querer pensar esto. Muchos de los que murieron el año pasado se creían que iban a seguir vivos en éste, pero se equivocaron. Puede que este año sea el último de nuestra vida. No es probable, pero sí posible. Debo tenerlo en cuenta. En ese momento trascendental, ¿qué querré haber hecho? ¿Qué NO querré haber hecho? Conviene hacer ahora lo que entonces me alegraré de haber hecho, y no lo que me pesará haber hecho.

La eternidad nos espera. Nos preocupamos mucho de lo terrenal que va durar muy poco. Nos preocupamos de la salud, del dinero, del éxito, de nuestra imagen, etc. Todo esto es transitorio. Lo único que va a perdurar es lo espiritual. El cuerpo se lo van a comer los gusanos. Lo único que va a quedar de nosotros es el alma espiritual e inmortal.

Con la muerte no termina la vida del hombre: se transforma, como dice el Prefacio de Difuntos. Palabras de Santo Tomás Moro sobre la morada en el cambio de destino.

Los que niegan la vida eterna es porque no les conviene. Pero negarla no es destruirla. La verdad es lo que Dios nos ha revelado.

Hoy es el momento de hacer balance. No sólo económico, sino también espiritual y moral.

Hagamos examen del año que termina.

Sin duda que habrá páginas maravillosas, que besaremos con alegría.

Pero también puede haber páginas negras que desearíamos arrancar. Pero eso ya no es posible. Lo escrito, escrito está.

Hoy abrimos un libro nuevo que tiene todas las páginas en blanco. ¿Qué vamos a escribir en él?

Que al finalizar este año que hoy comienza, podamos besar con alegría cada una de sus páginas.

Que no haya páginas negras que deseemos arrancar.

Puede que en ese libro haya cosas desagradables que no dependen de nosotros.

Lo importante es que todo lo que dependa de nosotros sea bueno.

Pidamos a Dios que dirija nuestra mano para que a fin de año podamos besar con alegría todo lo que hemos escrito.

También es el momento de examinar todas las ocasiones perdidas de hacer el bien.

Ocasiones irrecuperables. Pueden venir otras; pero las perdidas, no se recuperarán.

Finalmente, demos gracias a Dios de todo lo bueno recibido en el año que termina.

De la paciencia que Dios a tenido con nosotros.

Y de su gran misericordia.

viernes, 26 de diciembre de 2014

¿QUÉ SIGNIFICA A IMAGEN Y SEMEJANZA DE DIOS?

¿Qué significa a imagen y semejanza de Dios?
El hombre tiene un alma espiritual, es persona. Es imagen de Dios porque es capaz de conocerle y amarle. 


Por: P. Clemente González | Fuente: Catholic.net



Una vez que había creado las infinitas estrellas, la tierra con sus montañas, mares, bosques y todo tipo de animales, Dios, según la Sagrada Escritura, formó su obra culmen diciendo: “Hagamos al hombre a nuestra imagen y nuestra semejanza, para que domine sobre los peces del mar, sobre las aves del cielo, sobre los ganados y sobre todas las bestias de la tierra y sobre cuantos animales se muevan sobre ella.” (Gen 1,27)

A imagen de Dios no quiere decir que Dios tiene semejanza física con el hombre. Dios no tiene piernas, manos canas ni una barba blanca. Cuando la Biblia habla del hombre a imagen de Dios, se refiere al hecho de que el hombre tiene un alma espiritual. Está por encima de los otros seres vivientes que habitan en la tierra. El hombre no es una cosa, sino una persona. El Hombre, por tanto, puede pensar; puede amar a otras personas; puede componer una sinfonía; puede escoger el bien; todas las cosas que ni un perro, ni una lagartija ni ningún otro animal puede hacer. Pero, aunque podamos hacer todas estas cosas, debemos preguntarnos ¿por qué Dios nos hizo así?

Ciertamente Dios, que sabe todo, no necesita que nosotros pensemos, ni que le toquemos alguna sinfonía, pues los ángeles cantan mucho mejor que nosotros. La razón es que Dios nos ha hecho a su imagen para conocerle y amarle. De todas las criaturas visibles, sólo el hombre es “capaz de Dios.” De todas las cosas de este mundo, sólo el hombre está llamado a vivir con Dios en el mundo más allá. Y siendo a Imagen de Dios, el hombre está llamado a amar: primero a Dios y luego a todo el que tiene semejanza con Dios, es decir, a cada persona humana, pues cada persona está hecha a imagen de Dios.

Santa Catalina de Siena, platicando con Dios un día sobre la creación del hombre, exclamó: “Por amor lo creaste, por amor le diste un ser capaz de gustar tu Bien eterno.” Cada uno de nosotros debe llegar a la misma conclusión y decir a Dios: “Por amor me creaste a tu imagen para que yo sea capaz de gustarte para siempre en el cielo.”

La imagen de Dios es Cristo. Él nos ha revelado cómo es Dios. A la petición que Felipe hace a Jesús en la última cena de que “muéstranos al Padre y nos basta”, Jesús replica: “Quien me ha visto a mí, ha visto al Padre, ¿cómo dices tú muéstranos al Padre? (Jn 14,8-11).

Por otro lado, cuando se dice que el hombre es imagen de Dios, se quiere indicar con ello que tanto el hombre como Dios tienen algo en común y es el conocimiento, el amor, la libertad; en otras palabras, el alma del hombre es lo que lo hace semejante a Dios.

Sin embargo, por el pecado el hombre nace con una imagen deformada. Cristo, al redimirnos, no solo rehízo esta imagen desfigurada por el pecado, sino que nos ha dejado dones para embellecerla aún más: nos dejó la gracia, a la Iglesia y en ella a los sacramentos. Por eso el momento de la crucifixión es la mayor muestra de amor, de libertad. El hombre se conoce mejor a esta luz. Y muchas realidades que eran incomprensibles como el sufrimiento humano y la muerte se comprenden y aclaran gracias a que Cristo se encarnó, nos redimió y resucitó. Por eso se comprende que al final del evangelio Jesús ordene a los discípulos que vayan por todo el mundo y bauticen en nombre de la Trinidad y enseñen lo que Él ha mandado (Mt 28, 19 y ss).

Se puede encontrar material sobre este tema en la Gaudium et Spes Cap. 12 y 24, Nuevo Catecismo 356 y ss.

Dios es la fuente de todo bien, de toda vida, de todo amor, de toda donación, de toda alegría. Nadie precede a Dios. La creación consiste precisamente en el hecho de que Dios, cuando no había absolutamente nada, decidió que las cosas existiesen. "Y vio Dios que era bueno", como se repite 6 veces en Gn 1.

Entre las criaturas ocupa un lugar especial el hombre, sobre el cual Dios sopló su aliento, es decir, dejó una huella especial. El hombre es imagen de Dios por ser espiritual, con capacidad para pensar y para amar, para darse y para imitar, en la medida de sus posibilidades, la generosidad de un Dios que no deja de amar, que no puede despreciar nada de lo que ha hecho, porque es "amigo de la vida" (Sb 11,26).

No es correcto, por lo tanto, preguntar cuál es la imagen de Dios, pues no existe nada anterior a él. Sin embargo, podemos descubrir algo de su "rostro" al ver a cada hombre, pues, desde que Cristo vino al mundo, todo gesto de amor que hagamos al otro está hecho a Él ("a mí me lo hicisteis", Mt 25,40).

Para profundizar
Catecismo de la Iglesia Católica nn. 355-373, 1701-1709
Gaudium et spes, 12-22

¿MASCOTAS POR HIJOS?

¿Mascotas por hijos?
Los hijos no son mascotas y las mascotas no son hijos. Recuperemos el sentido común. El momento es ahora 


Por: Carlos J. Díaz Rodríguez | Fuente: http://www.religionenlibertad.com



Valorar y sobrevalorar son dos palabras muy distintas entre sí. Una mascota es digna de valoración de parte de su dueño, quien está obligado a cuidarla; sin embargo, esto no significa que deba tratarla como si fuera una persona. Muchos matrimonios jóvenes que se encuentran en condiciones -económicas y biológicas- de convertirse en padres de familia, prefieren prolongar indefinidamente el nacimiento de sus hijos, volcando su capacidad afectiva en las mascotas. Los llevan al supermercado, de viaje, se toman fotos con ellas y, sobre todo, generan una cantidad increíble de gastos superfluos. Claro que muchos quisieran darles un premio; sin embargo, detrás de esas máscaras de amantes de la naturaleza, se esconde una buena dosis de egoísmo, pues por más cuidados que requiera el perro, no es lo mismo que tener que velar por el futuro de un bebé, ya que es algo que implica invertir tiempo y dinero. Aparentan ser papá y mamá, mientras se les va la vida en fingir lo que no son.

Ahora bien, con esto no estamos diciendo que haya que tener hijos de manera irresponsable. De hecho, la planificación familiar es un aspecto sobre el que hay que ir tomando conciencia dentro del contexto y, por supuesto, de las exigencias del matrimonio, pues de otra manera se corre el riesgo de desvirtuar el rumbo de la familia como la célula básica de la sociedad. La apertura a la vida, sin distorsionar la sexualidad con actitudes puritanas o progresistas, es una condición fundamental para vivir casados y, desde ahí, crecer el uno con el otro.

Ciertamente, no es sencillo convertirse en papá o mamá, pero ¿cuándo han sido fáciles las cosas que valen la pena? Todo en su justa medida. Los hijos no son mascotas y las mascotas no son hijos. Recuperemos el sentido común. El momento es ahora.

Nota: Quien desee tomar el artículo y publicarlo –total o parcialmente- a través de algún otro medio, haga el favor de escribir al correo del autor cdiazr1989@gmail.compara que sea autorizado. Sin el permiso, queda prohibido reproducirlo, salvo que se trate de compartirlo a través de las redes sociales. El aviso solamente aplica cuando va a colocarse en una página de Internet (blogs incluidos).

¿POR QUÉ BESAR LAS MANOS DE UN SACERDOTE?

¿Por qué besar las manos de un sacerdote?
Un sencillo gesto con mucha tradición


Por: . | Fuente: Regnum Christi / Catholic.net



Este humilde gesto tuvo su origen en los tiempos de Nuestro Señor Jesucristo, a quien iban los niños corriendo al instante que lo veían, y sus padres los llevaban a que le besaran las manos y les pusiera su Majestad sus sacratísimas manos sobre sus cabezas, pidiéndole su bendición.  Después quedó por costumbre el besar las manos a los apóstoles, y ha seguido hasta hoy con sus sucesores que son los sacerdotes. Per manus autem apostolorum fiebant prodigia, et signa magna in populo (Por las manos de los apóstoles se hacían muchas señales y prodigios en el pueblo) [1].
Manos consagradas
Es costumbre que al final de una ordenación sacerdotal, los fieles se acerquen con los nuevos presbíteros y les besen las manos, porque acaban de ser consagradas.
Durante la consagración del aceite el Jueves Santo, se le vierte perfume.  Con este perfume el Crisma tiene un nuevo olor, el buen olor de Cristo del que habla San Pablo.  Así a lo que se le pone el Crisma (personas o altares) se identificará con Cristo, será de Él y para Él.
Se sabe que las manos de un sacerdote han sido consagradas por el Crisma y que además ellas ministran el Poder y la Gracia de Dios en la Eucaristía, perdón de los pecados y la impartición de los Sacramentos, por eso se besa la mano del hombre, porque esas manos están llenas del poder de Dios.
Sabia lección
El P. José Rodrigo López Cepeda MSpS, cuenta que recién llegado a México se le encomendó la atención como vicario cooperador de una zona rural y visitaba 24 comunidades dedicadas a las labores del campo. El primer año fue invitado por don Nicanor, un ranchero jalisciense, curtido por los años, de intensos ojos azules y piel blanca. Rebasaba ya los 60 años, pero su constitución física, acostumbrada al trabajo, era la de un hombre joven y fuerte. Se le respetaba en el rancho por su prudencia y su sabiduría empírica.
El P. José Rodrigo no ha podido olvidar la primera vez que se le acercó y le extendió su mano. "Yo lo saludé como a otro más, dándole la mía, pero hizo un gesto que traté de evitar". Y es que don Nicanor hizo el intento de besarLe la mano. Con fuerza quiso impedirlo. Quizá por venir de España, en donde toda forma de clericalismo se ha ido cambiando por la indiferencia e incluso el rechazo al sacerdote.
Pero sin pensarlo Don Nicanor le sujetó fuertemente la mano, la llevo a sus labios y con el sombrero descubierto la besó. Luego me miró a los ojos y le dijo con cierta autoridad en su voz: "No lo beso a usted. Beso al Señor en sus manos consagradas".
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Nota:
[1]  El por qué de todas las ceremonias de la Iglesia, libro escrito por Don Antonio Lobera y Abio, 1846  

RADIOGRAFÍA DEL ALMA TIBIA

Radiografía del alma tibia
El alma tibia intenta hacer compatible el amor a Dios con el egoísmo, las transigencias, los abandonos


Por: Padre Javier Muñoz-Pellín | Fuente: Novelda



"Conozco tus obras y que no eres frío ni caliente. Ojalá fueras frío o caliente; más porque eres tibio y no eres ni caliente ni frío, estoy para vomitarte de mi boca" (Apocalipsis 3, 15). Es un peligro más solapado que el pecado. Santo Tomás habla de "cierta tristeza por la que el hombre se vuelve tardo, perezoso o indolente, para realizar actos espirituales a causa del esfuerzo que comportan". La tibieza se opone a la Cruz de Cristo pues en el entorno de la Pasión y muerte de Nuestro Señor, todo es gracia, amor, magnanimidad y grandeza; la tibieza lleva a no percibir la grandeza -del Crucificado, del Resucitado- cuando ésta está presente. Un día acudí a contemplar el Cristo yacente de El Pardo; subía al catafalco un matrimonio; el marido le dijo a su mujer: no subas, sólo es un muerto. Eso es la tibieza , no apreciar la grandeza cuando está ante nosotros. Por eso, el catolicismo no es cuestión de persuasión, sino de grandeza.
El alma "quiere" acercarse a Dios pero con poco esfuerzo: "Cómo vas a salir de ese estado de tibieza, de lamentable languidez, si no pones los medios! Luchas muy poco y, cuando te esfuerzas, lo haces como por rabieta y con desazón, casi con deseo de que tus débiles esfuerzos no produzcan efecto, para así autojustificarte: para no exigirte y para que no te exijan más. Estás cumpliendo tu voluntad; no la de Dios. Mientras no cambies, en serio, ni serás feliz, ni conseguirás la paz que ahora te falta. Humíllate delante de Dios, y procura querer de veras" (Surco, 146).
 El alma tibia intenta hacer compatible el amor a Dios con el egoísmo, las transigencias, los abandonos: una vela encendida a San Miguel, y otra al diablo, por si acaso: "Chapoteas en las tentaciones, te pones en peligro, juegas con la vista y con la imaginación, charlas de... estupideces. Y luego te asustas de que te asalten dudas, escrúpulos, confusiones, tristeza y desaliento. Has de concederme que eres poco consecuente" (Surco, 132).
Si el pecado mortal mata la vida de la gracia en el alma, la tibieza es una grave enfermedad: "No quieres ni lo uno -el mal- ni lo otro -el bien-... Y así, cojeando con entrambos pies, además de equivocar el camino, tu vida queda llena de vacío" (Camino, 540).
 Una persona tibia es la que "está de vuelta", un alma cansada de luchar, que ha perdido a Cristo en el horizonte de su vida. Supone, sobre todo una crisis de esperanza que son las peores pues "tanto alcanzas cuanto esperas" (Santa Teresa). "La tibieza, hijos míos, supone una grave enfermedad de la voluntad. Con una mirada apagada para el bien y otra más penetrante hacia lo que alaga el propio yo, la voluntad tibia acumula en el alma posos y podredumbre de egoísmo y de soberbia que, al sedimentar, producen un progresivo sabor carnal en todo el comportamiento. Si no se ataja ese mal, toman fuerza, cada vez con más cuerpo, los anhelos más desgraciados, teñidos por esos posos de tibieza: y surge el afán de compensaciones; la irritabilidad ante la más pequeña exigencia o sacrificio; las quejas por motivos banales; la conversación insustancial o centrada en uno mismo, ya que un síntoma peculiar de la tibieza se define en aquel non cogitare nisi de se que se exterioriza en non loqui nisi de se. Aparecen las faltas de mortificación y de sobriedad; se despiertan los sentidos con asaltos violentos, se resfría la caridad, y se pierde la vibración apostólica para hablar de Dios con garra" (Beato Álvaro, Carta, 9.1.1980, n. 31).
 Cristo, para un alma tibia es sólo una figura desdibujada, in.concreta, de rasgos indefinidos y un poco indiferente: "Ese Cristo, que tú ves, no es Jesús. —Será, en todo caso, la triste imagen que pueden formar tus ojos turbios... — Purifícate. Clarifica tu mirada con la humildad y la penitencia. Luego... no te faltarán las limpias luces del Amor. Y tendrás una visión perfecta. Tu imagen será realmente la suya: ¡Él!" (Camino, 212).
 Queda en el alma un vacío interior que el tibio intenta llenar con otras cosas, con sustitutivos de Dios. A veces con el propio estudio o trabajo y, algo que es santificable y santificador, se convierte en campo para afirmaciones personales. Otras, con pasarlo bien, moverse de un lado para otro de, tal manera que no pueda quedarme a solas con mi conciencia: lo paso bien pero sé que no estoy bien. El tibio suele llenarse de ideologías, teorías, o de "cultura" que justifiquen su actuación; o con la impureza, con la búsqueda del placer que deja todavía más vacío.
 La fe está como adormecida. A una situación así no se llega de pronto, de la noche a la mañana, sino que viene precedida de un conjunto de pequeñas infidelidades, abandonos y dejaciones. Descuido habitual de las cosas pequeñas; pereza para levantarse por la mañana y vivir el hodie, nunc. El tibio nunca acaba nada, todo lo deja inacabado, incompleto: método de inglés, terminar de leer un libro, guitarra, bicicleta, flamenco, jardinería, bricolage, atletismo, nadar, correr, pasear, ir al monte. Tiene falta de contrición y de dolor ante los errores y pecados personales. Hay una ausencia de metas concretas, de ideales, de ilusiones para mejorar en el trato con Dios o en el trato con los demás.
 La respuesta del tibio a la pregunta ¿cómo estás? es siempre "pues ya lo ves, aquí, tirando"; se ha dejado de luchar, o esa lucha es ficticia o ineficaz. El lema del tibio es "no hay que excederse", pues se instala en el conformismo y la mediocridad: el tibio es siempre mediocre. Además justifica su poca lucha y su falta de exigencia personal con diversas razones: de naturalidad, todo el mundo hace lo mismo, no se puede ir por la vida dando bofetadas morales; de eficacia, yo pasando inadvertido puedo ayudar más a los otros pues si te significas, te encasillan, te etiquetan y ya pierde eficacia tu apostolado porque te consideran un beato (el apóstol tibio: ése es el gran enemigo de las almas); de salud, ya me gustaría a mí, pero es que tengo la tensión baja. Estas razones hacen que el tibio sea comprensivo e indulgente con sus propios defectos, apegos y comodidades y, al mismo tiempo y en las mismas cosas en las que él falla, absolutamente intransigente con los demás
.¿Quieres saber si eres tibio? Apunta: si aciertas todas, bingo y si no, al menos, línea: "1º Eres tibio si haces perezosamente y de mala gana las cosas que se refieren al Señor; 2º si buscas con cálculo o "cuquería" el modo de disminuir tus deberes; 3º si no piensas más que en ti y en tu comodidad; 4º si tus conversaciones son ociosas y vanas; 5º si no aborreces el pecado venial; 6º si obras por motivos humanos.
 La vida del tibio es la de un hombre dividido, sin unidad, tal como se refleja en este punto de Surco, 166 "En tu vida hay dos piezas que no encajan: la cabeza y el sentimiento. La inteligencia iluminada por la fe te muestra claramente no sólo el camino, sino la diferencia entre la manera heroica y la estúpida de recorrerlo. Sobre todo, te pone delante la grandeza y la hermosura divina de las empresas que la Trinidad deja en nuestras manos. El sentimiento, en cambio, se apega a todo lo que desprecias, incluso mientras lo consideras despreciable. Parece como si mil menudencias estuvieran esperando cualquier oportunidad, y tan pronto como por cansancio físico o por pérdida de visión sobrenatural tu pobre voluntad se debilita, esas pequeñeces se agolpan y se agitan en tu imaginación, hasta formar una montaña que te agobia y te desalienta: las asperezas del trabajo; la resistencia a obedecer; la falta de medios; las luces de bengala de una vida regalada; pequeñas y grandes tentaciones repugnantes; ramalazos de sensiblería; la fatiga; el sabor amargo de la mediocridad espiritual... Y, a veces, también el miedo: miedo porque sabes que Dios te quiere santo y no lo eres.
Permíteme que te hable con crudeza. Te sobran "motivos" para volver la cara, y te faltan arrestos para corresponder a la gracia que Él te concede, porque te ha llamado a ser otro Cristo, ¡pse Christus! el mismo Cristo. Te has olvidado de la amonestación del Señor al Apóstol: "¡te basta mi gracia!", que es una confirmación de que, si quieres, puedes.
Contra la tibieza, espíritu de examen, valentía y reaccionar acudiendo a la Virgen pues, a veces "Te falta la madurez y el recogimiento propios de quien camina por la vida con la certeza de un ideal, de una meta. Reza a la Virgen Santa, para que aprendas a ensalzar a Dios con toda tu alma, sin dispersiones de ningún género" (Surco, 553). "El amor a nuestra Madre será soplo que encienda en lumbre viva las brasas de virtudes que están ocultas en el rescoldo de tu tibieza" (Camino, 492).

EL VERDADERO AMOR: SI ME AMAS, DÍMELO CON TU VIDA


El verdadero amor: si me amas, dímelo con tu vida
El verdadero amor: si me amas, dímelo con tu vida

Sembrando Esperanza I. El verdadero amor es la aceptación de todo lo que el otro es, de lo que ha sido, de lo que será y de lo que ya nunca podrá ser. 


Por: P. Dennis Doren L.C. | Fuente: Catholic.net



La semana pasada me llegó por Internet la siguiente historia, de autor desconocido, que me ha hecho reflexionar mucho: Una enfermera recibió en la clínica a un hombre de cierta edad que necesitaba que le curasen una herida en la mano. Tenía bastante prisa, y mientras le curaba, la enfermera le preguntó qué era aquello tan urgente que tenía que hacer. El hombre le contó que su mujer vivía desde hacía ya algún tiempo en una residencia de ancianos ya que tenía un Alzehimer muy fuerte, y él iba todas las mañanas a desayunar con ella. 

Mientras le terminaba de vendar la herida, la enfermera preguntó: ¿Su esposa se alarmaría mucho si usted llega tarde esta mañana? -No-, respondió el hombre, mi mujer no sabe quién soy, hace cinco años que ya no me reconoce. La enfermera, algo extrañada, le dijo: Entonces, ¿por qué esa necesidad de estar con ella todas las mañanas?. El hombre sonrió y le dijo: Ella no sabe quién soy yo, pero yo todavía sé muy bien quién es ella. Después, la historia terminaba con esta hermosa reflexión: "El verdadero amor no se reduce a lo físico o a lo romántico; el verdadero amor es la aceptación de todo lo que el otro es, de lo que ha sido, de lo que será y de lo que ya nunca podrá ser". 

Se ha idealizado tanto y se ha manipulado tanto el amor en nuestros días, que hemos hecho de él algo tan superficial que ya no sabemos qué es el verdadero amor. Cada instante, cada relación, cada momento vivido y compartido con la familia, con papá, con mamá, con los hermanos, con tus seres cercanos, es una oportunidad maravillosa para poder descubrir este amor; pero desgraciadamente, muchos no tenemos la menor idea de lo que esta palabra significa. Algunos lamentablemente reducimos nuestra relación al binomio pelea - reconciliación, dame - te doy. Los hombres discutimos muchas veces por pequeñas cosas que podrían solucionarse con un poco más de diálogo y también de madurez; nos separamos y luego nos volvemos a reconciliar... damos y quitamos y así nos la pasamos y se nos pasan los meses y hasta los años; parece que nos cuesta ponernos de acuerdo, casi podríamos decir, que ni siquiera nos entendemos a nosotros mismos.

La calidad de una buena relación consiste en ser sinceros el uno con el otro, en aprender a donarse mutuamente, en aprender a ceder, a compartir los gustos del otro, a conocerse mutuamente y aceptarse. Efectivamente, el amor verdadero no se reduce a lo físico o a lo romántico. ¿Qué sucederá con el paso de los años?, ¿por qué nuestra comunicación y nuestra relación tiende a deteriorarse? Esposo-esposa, papás-hijos, hijos-papás, novio-novia, etc...

Por lo tanto, el verdadero amor es:

  • La aceptación de todo lo que el otro es: Para aceptar a la otra persona tal como es, se necesita conocerla realmente. El conocimiento de otra persona se logra a través del trato frecuente. Hablo de un conocimiento profundo, de un compartir pensamientos, ideas, sentimientos, proyectos… ¿qué piensas de esto?, ¿cómo te gustan este tipo de cosas?, ¿qué significa esto para tí? Conocer a una persona se logra a través de la escucha; escuchar al otro con interés, con atención. ¿Cómo tenemos que cuidar este aspecto en la familia? si somos hijos, lo tenemos que tener presente con nuestros papás; y si somos papás, tendremos que tenerlo en cuenta con nuestros hijos. No pretendamos cambiarlos a nuestra medida.
  • La aceptación de todo lo que el otro ha sido: Una relación con una persona inicia en un momento determinado; pero antes de ese momento, ha habido otros momentos que han estado llenos de experiencias, de alegrías, de tristezas, de errores y aciertos, y que no pueden ser ignorados porque forman y son parte de la persona que tengo delante. En las conversaciones debería ir saliendo poco a poco la propia historia contada con sinceridad y sin miedos. No olvidemos que el verdadero amor es capaz de perdonar y de olvidar. Conocer el pasado ayuda también para ver qué pasos se pueden dar juntos hacia el futuro, donde la carga ya no la lleva uno solo sino los dos o más. 
  • La aceptación de todo lo que el otro será: Toda relación conlleva un baúl de sorpresas; pero todas ellas tendrán que quedar pensadas y ponderadas durante la vida, pase lo que pase. Ya hubo diálogo y conversaciones sobre ello, tenemos que ser sensatos, no siempre seremos los mismos; una circunstancia X, una enfermedad, un accidente y la misma ley natural de la vida nos irá cambiando, y esto lo tenemos que aceptar, ¿qué estaré dispuesto a renunciar o a dar? sólo el amor te lo dirá.
  • La aceptación de todo lo que el otro ya no podrá ser: Quizá sea éste el punto más interesante. Nuestra relación, sea con quien sea, debe ser realista; aunque queramos que papá o mamá cambien, la novia o el novio mejoren cierto aspecto, si los queremos, tendremos que convivir con ello toda la vida, va dentro del paquete. El verdadero amor es ilusionado, pero no ilusorio. ¡Cuántas veces nos podemos topar con quienes dicen "él es así, pero yo lo voy a cambiar"! Sueños inconsistentes que echan a perder la felicidad de muchos. Según los expertos, es más fácil aprender nuevos comportamientos cuando somos pequeños que cuando somos grandes, árbol que crece torcido, torcido se queda. No podemos pasar la vida esperando que la persona con quien convivo vaya a cambiar o sea diferente. 


    Acepto y quiero lo que él o ella son ahora, en este momento, en cada momento, pues no puedo asegurar que mañana sea igual. Quizás mañana habrá unas canas de más, unas arrugas de más, una enfermedad, una pérdida de empleo; pero nada de eso puede cambiar el verdadero amor, porque se ama lo que la otra persona es, lo más profundo que hay en ella misma, esa intimidad que sólo conocen y comparten tú y ella. Ese es el amor que permite seguir amando, aún cuando ella no sabe quién soy yo, pero yo sé todavía muy bien quién es ella.





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  • P. Dennis Doren LC
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