martes, 1 de julio de 2014

LA ORACIÓN: EL AMOR ES EL QUE HABLA

Autor: P. Pedro Barrajón, L.C. | Fuente: la-oracion.com
La oración: el amor es el que habla
Orar es dejar que hable el amor.¡Cuántas veces le tenemos miedo al amor, no dejamos que el amor hable!
La oración: el amor es el que habla
Esta frase del libro de la vida de Santa Teresa nos ayuda a comprender lo que es la oración. Ella encuentra en Toledo a un Padre dominico conocido que no ve desde hace mucho tiempo. Le cuenta bajo secreto de confesión todo lo que le pasa a su alma y las penas sufridas por la reforma del Carmelo.

El religioso la escucha, la consuela y le pide que no deje de pedir por él. Teresa, agradecida, confía al Señor el alma de este sacerdote. Ella va al lugar a donde solía orar y allí se queda "muy recogida, con un estilo "abovado" que muchas veces, sin saber lo que digo, trato". Y añade: "que es el amor que habla" (Libro de la Vida, 34, 8).

Orar es dejar que hable el amor. ¡Cuántas veces le tenemos miedo al amor, no dejamos que el amor hable! Sino que preferimos que hable sólo nuestra razón o nuestra mera capacidad humana de entender las cosas. Muchas veces reprimimos el amor como si fuera muestra de debilidad como si también en la oración tuviéramos que demostrar los fuertes e inteligentes que somos. Sin embargo la oración, sin dejar impedirnos usar nuestro entendimiento, es el momento explayar el corazón, y de dejar que el Amor divino nos inunde y nos queme con sus rayos. En una sociedad más racionalista y secularizada, nos da vergüenza de liberar la parte más noble de nosotros mismos, nuestra capacidad de amar y ser amados. Y vivimos como mutilados, no respirando a pleno pulmón, caminando sólo al ritmo que nos permite nuestras convenciones humanas o nuestro miedo de amar demasiado.

Orar, "es el amor que habla". Santa Teresa cuenta que, dejando al religioso, comenzó a hablar con Dios con toda sencillez, como ella solía hacer, dejando que el amor hablase. No sólo el amor que su alma nutría hacia Dios, sino también "comprendiendo el amor que Dios le tiene a ella". La oración usa un lenguaje de amor. Y el lenguaje de amor es especial, es único, tiene su lógica, su gramática y su sintaxis. Lo entienden los que aman. Basta un gesto, una mirada, un movimiento, una sonrisa. Dejemos que el amor hable en nosotros. Dejemos que el Amor nos hable. Dejémonos conducir por el Espíritu Santo que es la persona de la Trinidad que es el Amor del Padre al Hijo y del Hijo al Padre.

Cuando aprendamos el lenguaje del amor que nos enseña el Espíritu Santo, lenguaje hecho de sencillez y espontaneidad, que cualquiera que tenga un corazón puede aprender, entonces comprenderemos que la oración no es sino un ejercicio de amor, es una expresión de amor, es un grito de amor, es una súplica de amor.

La mística Teresa continua diciendo que el Amor que Dios tiene al alma hace que ésta se olvide de sí y "le parece está en Él". Nada la separa de Él. La sencillez del amor logra el mejor estado de unión. Entonces el alma orante "habla desatinos". Comienza a usar el lenguaje más elevado y puro, el lenguaje del amor, porque, como diría San Juan de la Cruz, "ya sólo en amar es mi ejercicio" (Cántico Espiritual, 95). 

FAMILIA E IGLESIA

Autor: P. Ramiro Pellitero | Fuente: iglesiaynuevaevangelizacion.blogspot.com.es
Familia e Iglesia
En la perspectiva de la Iglesia, la familia cristiana redescubre su papel entrañablemente humano de promover la confianza, custodiar y servir a las personas, ser en el mundo un signo del amor de Dios
 
Familia e Iglesia
Familia e Iglesia
Cuando nos encaminamos hacia dos sínodos sobre la familia, cabe preguntarse por las relaciones entre la familia y la Iglesia.

El "Catecismo del Concilio Vaticano II" –como ha sido denominado el Catecismo de la Iglesia Católica– comienza así: "Dios (...) convoca a todos los hombres, que el pecado dispersó, a la unidad de su familia, la Iglesia. Lo hace mediante su Hijo que envió como Redentor y Salvador al llegar la plenitud de los tiempos. En él y por él, llama a los hombres a ser, en el Espíritu Santo, sus hijos de adopción, y por tanto los herederos de su vida bienaventurada".

La Iglesia, dice el Documento de Aparecida, es una realidad familiar (n. 412), una familia de familias (n. 119), icono vivo de la Trinidad, de Dios mismo en su "familia" eterna. Al mismo tiempo, la familia cristiana –plenitud de toda familia natural– es, debe ser, icono vivo de la Iglesia. Esto es lo que se quiere decir con la expresión "Iglesia doméstica".


La Iglesia es la familia de Dios (Padre)

1. La Iglesia es la familia de Dios (Padre). El Concilio Vaticano II ha descrito a la Iglesia como un signo e instrumento (sacramento en sentido amplio) de la unión con Dios y entre los hombres. Esto es lo que llama un "misterio de comunión". Muchos Padres conciliares pidieron que se explicase más la Iglesia como "familia de Dios". Juan Pablo II –que quería ser recordado como "el Papa de la familia"– impulsó esta tarea teológica y pastoral.

La Trinidad de Dios es como el "prototipo" de esta familia que es la Iglesia. La tradición cristiana presenta a Dios como padre que nos da a participar la vida divina, desde el bautismo, por nuestra incorporación a Cristo gracias a la acción del Espíritu Santo.

El Concilio Vaticano II presenta a la Iglesia como una familia estructurada: todos los bautizados participan del sacerdocio mediador de Cristo. Algunos –los ministros ordenados– lo representan y actúan en su nombre ante la comunidad eclesial. El Papa y los obispos deben gobernarla con un estilo "familiar". Los cristianos, teniendo como madre espiritual a María, aspiran a extender este espíritu de familia a toda la humanidad, viendo hermanos en cada uno de los hombres y mujeres que la componen.

Esta visión de la Iglesia como una familia vivificada por el amor del Espíritu Santo en la unidad y la diversidad, toca especialmente de cerca a algunos pueblos donde la familia tiene un papel fundamental, como sucede a los pueblos latinoamericanos (cf. Documento de Puebla, 1979, nn. 239-249).

Estos pueblos pueden enseñar a todos los cristianos del mundo cómo el hogar familiar, junto con las celebraciones litúrgicas y la religiosidad popular, son fuentes desde donde se preservan la cultura, las tradiciones y el lenguaje, y la especial atención por los más débiles.

En esta perspectiva se sitúan los últimos pontificados. Para Benedicto XVI, el marco y el núcleo de la Iglesia como familia de Dios es la caridad. La Iglesia es el "nosotros", el hogar de la fe, de la esperanza y del amor. La Iglesia es también la semilla para el desarrollo humano integral de los pueblos. Su corazón es la Eucaristía, "sacramento de caridad", con expresión de Santo Tomás de Aquino. Las "notas" de la Iglesia (unidad, santidad, catolicidad y apostolicidad) adquieren un brillo especial bajo esta luz de la Iglesia como familia de Dios.

Y la Iglesia, al transmitir la Palabra de Dios, revela a la familia su identidad, su significado profundo y su misión (por eso cada familia debería tener y utilizar en su casa la Biblia).


La familia cristiana, "Iglesia doméstica"

2. La familia cristiana es "Iglesia doméstica", es decir, como una Iglesia en pequeño, como la Iglesia en el hogar, constituida a partir del sacramento del matrimonio que transmite la gracia sacramental a los esposos para vivir y santificar el matrimonio y la familia naturales. El sacramento del matrimonio hace que los bautizados sean signo vivo de la Alianza amorosa de Dios con la humanidad, y del amor real entre Cristo y la Iglesia.

Ambas, familia e Iglesia, han sido queridas por Dios para promover en el mundo una cultura de la vida y de la hospitalidad, una civilización del amor y de la alegría. Dice San Juan Crisóstomo que la casa familiar reunida en torno a la mesa, prolonga la mesa de la Eucaristía.

Los cristianos todos debemos contribuir a que Iglesia sea Iglesia para las familias, madre que las engendra, educa y edifica. La formación y educación cristiana de las familias es una tarea esencial a la Iglesia. Actualmente van tomando más cuerpo los cursos prematrimoniales, las escuelas cristianas de padres y los cursos de orientación familiar. Esta atención a las familias debe intensificarse en circunstancias de crisis, enfermedades, problemas de trabajo, familias de emigrantes, familias en situaciones difíciles o irregulares. Asimismo la Iglesia como madre debe velar especialmente por aquellos cristianos que carecen de familia.


La Iglesia es camino para la familia

3. Pero no solo la Iglesia ayuda a la familia, sino que también la familia debe ayudar y servir a la Iglesia. No solo la familia es camino para la Iglesia, sino que también la Iglesia es camino para la familia. Esto acontece ya si la familia es lo que es: una comunidad de vida y amor que encuentra su plenitud asumiendo y promoviendo en su seno la vida cristiana.

La familia es lugar de la primera experiencia de Dios –lugar de iniciación en la oración y en la vida litúrgica–, escuela de virtudes –donde se valora a las personas por lo que son y no por lo que tienen o hacen– y de evangelización, de cuidado especial por los más necesitados y frágiles –como los niños y los ancianos– y semillero de vocaciones*.

Todo ello se refleja antes que nada en la relación entre los esposos, donde la oración ha de tener un lugar central, ayudando a superar las dificultades y pruebas. La unión con Dios de cada cónyuge refuerza su trato mutuo, simbolizado por el Papa Francisco con tres palabras: "Permiso, gracias y perdón".

De esta manera, en la perspectiva de la Iglesia, la familia cristiana redescubre su papel entrañablemente humano de promover la confianza, custodiar y servir a las personas, ser en el mundo un signo del amor de Dios. Para ayudar en esto, es importante que todos fomentemos ese "hacer familia" en nuestras tareas, comenzando dentro de nuestra familia y en el trato con otras familias, tanto en la vida social como en la vida eclesial, tanto en la escuela como en la parroquia, en los grupos, movimientos y otras instituciones de la Iglesia. Así podremos también extender ese "aire" de familia hacia los ambientes más alejados.

A San Josemaría le gustaba referirse a las familias de los primeros cristianos, "aquellas familias que vivieron de Cristo y que dieron a conocer a Cristo. Pequeñas comunidades cristianas, que fueron como centros de irradiación del mensaje evangélico. Hogares iguales a los otros hogares de aquellos tiempos, pero animados de un espíritu nuevo, que contagiaba a quienes los conocían y los trataban. Eso fueron los primeros cristianos, y eso hemos de ser los cristianos de hoy: sembradores de paz y de alegría, de la paz y de la alegría que Jesús nos ha traído (Es Cristo que pasa, n. 30)".



* Cf. Documento de Aparecida, nn. 113-119, 302-303, 432-437; Conferencia Episcopal Española, La familia, santuario de la vida y esperanza de la sociedad, 2001

18 CONSEJOS DE PADRE A HIJO


Autor: Francisco | Fuente: www.micumbre.com
18 Consejos de padre a hijo
Serie de consejos de los padres a los hijos, relacionados con la mejora de su educación y comportamiento.



ESCUELA PARA PADRES


Para que los consejos de los padres a los hijos, relacionados con la mejora de su educación y comportamiento, tengan más efecto, tienen que estar soportados, con una previa situación de mutuo conocimiento y aceptación del rol de cada uno, buena comunicación y mucha dedicación de tiempo a cada hijo.

Los siguientes consejos ayudarán a sus hijos, a prepararse para cometer menos errores, sobre todo, cuando se tengan que enfrentar en solitario a la realidad de la vida.

1. Amigos

Elige a los que complementen y mejoren tu personalidad, no a los que te arrastren hacia actitudes o actividades de perdedores moral, religiosa o socialmente. Evita a los amigos que siempre ven las cosas negativamente, en lugar de buscar las soluciones. Aprende a elegir a tus amigos y a distinguir, quiénes son tus amigos y quiénes no lo son. A los verdaderos amigos, los notarás cuando tengas momentos difíciles.

2. Comunicación

Mantenla con la gente que te importa, recordándoles en sus onomásticas y cumpleaños, mandándoles las fotos que has sacado de ellos y escribiéndoles o llamándoles, de vez en cuando para saludarles, aunque no haya un asunto importante para hablar.

3. Conducta

Mantenla correctamente, tanto en lo relacionado con las normas que te den tus padres, como las establecidas por las leyes civiles, religiosas y sociales. Si otros no las cumplen, intenta darles ejemplo y siempre, tendrás la satisfacción del deber cumplido.

4. Criticar

No lo hagas a las personas, por sus condiciones físicas, económicas o sociales, ten muy en cuenta, que ellos, ya lo suelen saber de sobra y tú, no sabes si al día siguiente, estarás en su misma situación.

5. Dinero

Con el dinero no puedes comprar tu felicidad, pero puedes ayudar a que otros puedan comprar un poco de ella. Tampoco puedes comprar un sitio en el Cielo, pero con la buena caridad, puedes reservar uno.

6. Firmeza

Estrecha la mano con seguridad y fuerza, y mira a la gente de frente a los ojos. Nunca emplees esos signos grupales de dar la mano, que definen a sectores sociales perdedores. El dar la mano, suele ser la primera impresión y no suele existir una segunda oportunidad, para causar un buen sentimiento. No tengas miedo a auto presentarte educadamente ante las personas, que consideres que pudieran ser tus amigos o que te hayan caído bien, aunque no te las hayan presentado.

7. Formación.

Aprovecha el tiempo que te corresponde dedicar, a aprender y el que te corresponda, para divertirte o trabajar. En cada edad, se deben hacer determinadas cosas y no hacer otras. Los hijos que hacen o no hacen las cosas, que corresponden a cada edad, cometen unos errores, que la mayoría de las veces, son irreversibles. Habla con tu padre, para que te indique lo que es propio y lo que es impropio, en cada tiempo.

8. Humildad

Practícala junto a la fortaleza, de mirar a los demás desde su situación y no desde la altura donde crees que estás. El que no sabe servir a otro, no sirve para vivir.

9. Manipular

No manipules a los padres, ni a los maestros, enfrentándoles entre si, por tus motivos. A la larga se darán cuenta y perderás cualquier privilegio o beneficio, que hayas obtenido con la maniobra, además como cuando se miente, será muy difícil que recuperes, el que te crean cuando hablas.

10. Mensajero

Sepáralo bien del mensaje que lleva. Si la idea es buena, no te debe importar quién, ni cómo la exponga.

11. Objetivos

Propóntelos a corto, medio y largo plazo, define las herramientas y procedimientos que necesitarás, para cumplirlos, así como los sistemas de control, para poder comprobar como los vas cumpliendo. No te pongas objetivos inalcanzables, pues suelen ser motivo de seguras frustraciones. Objetivos a plazos muy largos sin controles de cumplimento, suponen dejarlos al azar del destino.

12. Padres

Intenta pasar con ellos y con las personas mayores, todo el tiempo que puedas escuchándoles, y aunque ahora digas, que ellos no saben nada, dentro de muy poco empezarás a darte cuenta, de que saben mucho más de lo que suponías. A lo peor, cuando te des cuenta, ya es muy tarde para aprender de ellos.

13. Preguntas

No hay nada más difícil que responder, a las preguntas de los necios, o que los necios entiendan, por lo que cuando necesites un consejo profesional, pídelo a profesionales y no a los amigos. Se comedido al hablar y muy espléndido al escuchar, pero no esperes que los otros sepan, lo que tú quieres, si no se lo has dicho.

14. Prioridades

Tenlas muy claras, principalmente las que sean en beneficio de tu persona, amigos o comunidad. Las que estén relacionadas con tus gastos, sobre todo, en los dedicados hacia los que sean, para presumir externamente, los necesarios y los superfluos. Se realista para distinguir y separar tus deseos, con tu realidad y valorar bien tus posibilidades, haciendo lo que sea correcto, sin que te importe lo que otros piensen.

15. Religión

Estudia y practica la religión que consideres conveniente, católica, protestante, judía, musulmana o la que quieras, pero practícala intensamente. Intenta que tus amigos también sean practicantes religiosos, tendrás muchas más posibilidades de entenderte y prosperar moralmente, además de que así, te mantendrás alejado de muchos de los problemas, que aquejan a la sociedad por la falta de religiosidad.

16. Respeto

Demuéstralo hacia las personas, que no tienen tus mismas oportunidades y les toca estar a tu servicio, o bajo tus órdenes, o tienen que hacer trabajos que a ti te desagradan, o que los consideras de baja calidad. Es posible que también algún día te toque estar al otro lado.

17. Riesgo

Está en todas partes. Saber reconocerlo, medirlo, asumirlo o evitarlo, es un desafío, que tienes que ir acostumbrándote a practicar desde joven.

18. Virtudes y valores humanos

Para sentirte mejor y conseguir una convivencia más efectiva entre tu familia, amigos y sociedad, estudia y practica las virtudes y valores humanos: Amistad, Amor, Austeridad, Ayuda, Caridad, Castidad, Fe, Felicidad, Fidelidad, Esperanza, Honestidad, Humildad, Justicia, Lealtad, Libertad, Orden, Paciencia, Paz, Perseverancia, Respeto, Responsabilidad, Sencillez, Serenidad, Tolerancia social, Unidad, etc.

Hijo: Estos consejos provienen de las enseñanzas, que los padres reciben y transmiten de generación en generación y que han sido probados exitosamente. Recuérdalos y transmítelos también a tus futuros hijos. 

¿VALLE DE LÁGRIMAS?


Autor: Máximo Álvarez Rodríguez | Fuente: Catholic.net
¿Valle de lágrimas?
Un pequeño contratiempo, un malentendido, un dolor, una enfermedad, un problemilla económico... somos propensos a sentirnos mal y a quejarnos.



Ayer, hablando con un amigo, le comenté que a veces uno ya no sabe sobre qué tema escribir y él me dijo: escribe sobre la soledad y el sufrimiento. Ciertamente el tema es muy importante. Si se echa una mirada alrededor o a lo lejos, resulta fácil constatar que es mucha la gente que sufre, por distintos motivos. De ahí que por mucho que intentemos modernizar la Salve no parece que sea posible quitarle lo del "valle de lágrimas". Más aún, si se toma en serio la frase de Ana Frank, podemos padecer de insomnio crónico: "cuando se piensa en el prójimo es como para llorar todo el día".

A nada que nos pase, un pequeño contratiempo, un malentendido, un dolor, una enfermedad, un problemilla económico... somos propensos a sentirnos mal y a quejarnos. Y sin embargo nos acostumbramos a ver y oír casi todos los días noticias de gente que se muere de hambre, que perecen como consecuencia de terremotos, de inundaciones, de guerras, de accidentes... que ven cómo desaparecen bajo los escombros o arrastrados por las aguas sus seres más queridos, que se quedan sin hogar y sin los objetos para ellos más preciosos.

Si intentamos ponernos en el lugar de quienes padecen todas estas desgracias, como si nos ocurrieran a nosotros, tal vez podríamos hacernos una pequeña idea de lo que ese sufrimiento significa. Pero también nos puede servir de consuelo en el sentido de que, al compararnos con ellos, podemos comprobar que con frecuencia nos quejamos de vicio.

De vez en cuando les digo a mis alumnos que su mayor problema es no tener problema ninguno. En efecto, cuando uno tiene de todo sin hacer grandes esfuerzos, está tentado a no valorar las cosas. Tal vez por eso desprecia más la comida el que la tiene en abundancia; no rinde en los estudios el que tiene facilidades para estudiar; o desprecia las prácticas religiosas el que más oportunidades tiene de participar en ellas.

Digamos que la experiencia del sufrimiento tiene una función pedagógica en el sentido de que nos enseña a vivir con menos superficialidad y a tratar a los demás con un poco más de comprensión. Por una parte debe llevarnos a ser mucho más solidarios con los que sufren y por otra a ir descubriendo el verdadero valor y medida de las cosas.

Cuando mi amigo me sugirió este tema, de alguna manera estaba sintiendo la misma preocupación que Buda: cómo eliminar el sufrimiento. Si bien la respuesta del sabio oriental no coincide exactamente con la cristiana, no cabe duda que tiene mucho de aprovechable:

Si tuviéramos más vida interior, más moderación, más espíritu de desprendimiento y renuncia... más confianza en Dios, este valle de lágrimas sería bastante más llevadero.

Si confiamos en Dios, nuestro Padre bueno, nuestro sufimiento es más ligero, Dios nos ama, nos abraza, nos acompaña en el camino.

RUEGO A LA VIRGEN DEL CARMEN


Ruego a la Virgen del Carmen
Noemí Alas


Santa Madre, misericordia 
de aquellos cuyas almas
soñaron horizontes salados
cuerpos a mitad de camino
con sus ojos abiertos 
hacia el lecho marino
de marea y de espuma 
piedad para aquellos hombres 
de la mar ,piedad por las viudas
y por los que hoy yacen en el fondo 
del mar.

LA VIRGEN DEL CARMEN Y EL ESCAPULARIO


Autor: Archidiócesis de Madrid | Fuente: Corazones.org
La Virgen del Carmen ...y el escapulario
El escapulario no salva por sí solo como si fuera algo mágico o de buena suerte, ni es una excusa para evadir las exigencias de la vida cristiana.



El próximo 16 de Julio recordaremos a Nuestra Señora del Carmen. Reflexionemos hoy un poco sobre esta advocación y las grandes promesas de su escapulario.

Los carmelitas tienen, entre otros, el mérito de haber llevado esta advocación mariana a todos los estratos del pueblo cristiano.

En el siglo XII algunos eremitas se retiraron al Monte Carmelo, con San Simón Stock.

La Virgen Santísima prometió a este santo un auxilio especial en la hora de la muerte a los miembros de la orden carmelitana y a cuantos participaran de su patrocinio llevando su santo escapulario.

Los Carmelitas han sido conocidos por su profunda devoción a la Santísima Virgen. Ellos interpretaron la nube de la visión de Elías (1 Reyes 18, 44) como un símbolo de la Virgen María Inmaculada. Ya en el siglo XIII, cinco siglos antes de la proclamación del dogma, el misal Carmelita contenía una Misa para la Inmaculada Concepción.


La estrella del Mar y los Carmelitas.

Los marineros, antes de la edad de la electrónica, dependían de las estrellas para marcar su rumbo en el inmenso océano. De aquí la analogía con La Virgen María quien como, estrella del mar, nos guía por las aguas difíciles de la vida hacia el puerto seguro que es Cristo.

Por la invasión de los sarracenos, los Carmelitas se vieron obligados a abandonar el Monte Carmelo. Una antigua tradición nos dice que antes de partir se les apareció la Virgen mientras cantaban el Salve Regina y ella prometió ser para ellos su Estrella del Mar. Por ese bello nombre conocían también a la Virgen porque el Monte Carmelo se alza como una estrella junto al mar.


Los Carmelitas y la Virgen del Carmen se difunden por Europa.

La Virgen Inmaculada, Estrella del Mar, es la Virgen del Carmen, es decir a la que desde tiempos remotos allí se venera. Ella acompañó a los Carmelitas a medida que la orden se propagó por el mundo. A los Carmelitas se les conoce por su devoción a la Madre de Dios, ya que en ella ven el cumplimiento del ideal de Elías. Incluso se le llamó: "Los hermanos de Nuestra Señora del Monte Carmelo". En su profesión religiosa se consagraban a Dios y a María, y tomaban el hábito en honor ella, como un recordatorio de que sus vidas le pertenecían a ella, y por ella, a Cristo.

PEQUEÑOS CONSEJOS


Pequeños Consejos


No te detengas en lo malo que has hecho; camina en lo bueno
que puedes hacer. No te culpes por lo que hiciste, más bien
decídete a cambiar.

No te mires con tus ojos, contémplate con la mirada de Dios.
No pienses en lo largo que es el camino de tu transformación, sino
en cada paso que puedes dar para ser lo que Dios quiere que seas.
No confíes en tus propias fuerzas; pon tu vida en manos de Dios.
No trates que otros cambien; sé tú el responsable de tu propia
vida y trata de cambiar tú.

Deja que el amor te toque y no te defiendas de él.
Sólo contempla la meta y no veas que tan difícil es alcanzarla.
Vive cada día, aprovecha el pasado para bien y deja que el
futuro llegue a su tiempo. No sufras por lo que viene, recuerda
que "cada día tiene su propio afán" (Mt. 6,34)

Busca alguien con quien compartir tus luchas hacia la libertad;
una persona que te entienda, te apoye y te acompañe en ella.
No te des por vencido, piensa que si Dios te ha dado la vida,
es porque sabe que tú puedes con ella.

Si algún día te sientes cansado, busca el descanso en Dios
que renovará tus fuerzas.

Si algún día te sientes demasiado responsable de otros,
recuerda que sólo Jesús es el Mesías.

Si te sientes atado a alguien, pídele a Jesús que rompa las
ataduras y que su amor vuelva a crear lazos nuevos de amor
según su Espíritu.

Si reaccionas ante toda provocación, ruega a Dios para que
te enseñe a responder en lugar de reaccionar.

Si tu felicidad y tu vida dependen de otra persona, despréndete
de ella y ámala, sin pedirle nada a cambio.

Si necesitas tener todo bajo control, entrega el control de tu
vida a Dios y confía en su poder y en su amor por ti.

Aprende a mirarte con amor y respeto, piensa en tí como en algo precioso; ¡eres un hijo de Dios! Piensa que Él está más
interesado que tú en que te conviertas en esa
creación que Él pensó desde toda la eternidad."
 

EL PERDÓN CURA

 
El perdón cura

Perdonar de verdad requiere comprender de verdad. Debemos ser capaces de mirar con claridad toda la escena, no retroceder ante ninguna parte, no negar nada, aceptarlo todo. En cierto sentido, esto significa que debemos convertirnos en expertos con respecto a lo que es preciso perdonar, para ver todos los aspectos, no sólo el propio.

"Hace muchos años, durante un taller de trabajo sobre el tratamiento del incesto, uno de los participantes se identificó como agresor y reconoció que había abusado sexualmente de su hija. Por un largo instante reinó un silencio de estupefacción. Luego él pasó a describir su encarcelamiento, la terapia que él y su familia habían recibido y su recuperación, que duraba desde hacía muchos años. Ahora se dedicaba a asesorar a los hombres encarcelados por el mismo delito. Junto con su esposa y su hija, participaba de discusiones grupales, con las familias de estos hombres. Su franqueza creó un ambiente que permitió a otros participantes del taller conversar sobre sus propias experiencias de abuso sexual. Como él era un modelo de valor, dignidad y humildad, así como de franqueza, hizo posible que algunos de los terapeutas presentes, a su vez victimas de incesto, adquirieran una mayor comprensión de la persona que los había violado. Dejamos de interactuar como profesionales y nos convertimos en cambio, en expertos, recurrimos a nuestra experiencia en la lucha para comprender este problema humano. Esa comprensión, cuando se logra, lleva con el tiempo al perdón. Y el perdón es el paso final de nuestra curación. Mediante el perdón somos perdonados"

Nuestro propio resentimiento, la amargura, el odio que sentimos hacia el que percibimos como enemigo y los males que deseamos a esa persona, todo eso constituyen configuraciones del mal más potentes que cuanto ocurre en el plano físico. Para que se nos perdone el daño que hemos causado debemos perdonar todo el daño que nos han hecho.

Es decir: debemos devolver bien por mal. En el acto mismo de perdonar se purifica nuestra aura y se eleva nuestra vibración.

En el Nuevo Testamento se nos dice que debemos perdonar, no una ni varias veces, sino "setenta veces siete". En otras palabras, debemos perdonar interminablemente y sin reservas.

Síntesis de un texto de Robin Norwood de su libro “Por qué a mí, Por qué esto, Por qué ahora” se los recomiendo!

Gota a gota el resentimiento hace que cada día nos envenenemos más y más... Se pega a nuestro corazón y lo destruye lentamente. Creemos haber perdonado la ofensa pero seguimos resentidos con quien nos lastimó... Entonces si bien pudimos pensar que perdonamos los flashes, esas luces que de pronto se encienden cuando recordamos, sólo iluminan aquello que nos dañó... y vemos nuestras heridas sangrar una y otra vez y la mano del culpable golpeando sin piedad sobre ellas...

Y ese "culpable", esa persona que tanto nos dañó sigue presente todos los días. Sin darnos cuenta le estamos regalando nuestra vida, nuestras energías... Quizás esa persona ni nos recuerde, o tal vez ya olvidó lo sucedido pero nosotros seguimos empeñados en no olvidar...

¿Y qué logramos? Sólo dañarnos, sólo seguir golpeando sobre las heridas y hacer que sangren sin parar... Entonces los rasguños ya son grietas y las grietas profundos agujeros que van hacia dentro de nosotros tratando de encontrar una salida... Y la salida muchas veces es la enfermedad, como también el aislamiento... Un alma resentida, un corazón resentido se debilita, y tarde o temprano muere solo intoxicado con el mismo veneno que nosotros le dimos.

Soltemos, perdonemos, dejemos ir... Desde adentro, desde el alma dejemos que se vaya... que cuando se enciendan las luces ya no iluminen esa parte de nuestra historia que nos hizo daño, pongamos en su lugar paz, amor y comprensión.

"La mejor manera de combatir el mal es un enérgico progreso en el sentido del bien"

Perdonar a veces no es fácil pero debemos hacerlo por nosotros, por nuestra salud y por sobre todo para seguir caminando con el paso firme y siendo imanes de todo lo bueno, de la buena energía, de los buenos tiempos.

El resentimiento, el odio, el no perdonar frenan el paso, nos ahogan y no nos permiten darle lugar a la Felicidad en nuestra vida.

Por ello soltemos, y capturemos lo mejor, que lo bueno penetre en nuestra vida y no lo malo. Túneles que lleven amor y paz y no agujeros de dolor que nos hacen daño... Gotas de alegría, de vida, de sueños... No de veneno.

Digamos adiós a esa parte que yace en nosotros y que tanto daño nos hizo y nos hace y abramos la puerta a la vida.

© Graciela De Filippis




CUANDO PASO...



CUANDO PASO...

Cuando paso unos momentos reflexionando en la gracia sublime de Dios, me lleno de gozo. La gracia es el amor divino que recibo en cualquier circunstancia o en todas, ahora y por siempre. La gracia me asegura que estoy siempre en la presencia de Dios.
Me regocijo sabiendo que soy un hijo de Dios. Por lo tanto, soy amado incondicionalmente. Comprender esto me da fortaleza incluso en los momentos más difíciles.
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