sábado, 26 de julio de 2014

¿QUÉ SON LOS EVANGELIOS APÓCRIFOS?

Autor: Pbro. Ernesto María Caro | Fuente: evangelizacion.org
¿Qué son los evangelios apócrifos?
El término apócrifo fue adoptado por la Iglesia para designar los libros cuyo autor era desconocido y que desarrollaban temas ambiguos
 
¿Qué son los evangelios apócrifos?
¿Qué son los evangelios apócrifos?
Hace un tiempo apareció en cartelera una película llamada "Estigma" la cual gira en torno a la oposición de la Iglesia de revelar el Evangelio de Tomás, el cual, de acuerdo a la cinta, contendría los dichos de Jesús, que es decir "la ipsisima verba Iesu" (las mismísimas palabras de Jesús). Esto, esencialmente es sólo producto del escritor, ya que el Evangelio de Tomás se encuentra contenido en cualquier edición crítica de los libros que son conocidos como "Evangelios Apócrifos", los cuales en su mayoría fueron escritos después del siglo II de nuestra era, y que fueron rechazados por la Iglesia por contener material contrario a la fe, esencialmente de carácter Gnóstico o Doscetista. Podemos decir que existen más de 64 escritos, entre fragmentos y obras completas, los cuales han sido considerados apócrifos, la mayoría de ellos, con el fin de ganar popularidad; fueron propuestos como si los hubiese escrito alguno de los apóstoles e incluso por la misma Virgen María.

Sobre este particular, el evangelio de Lucas es testimonio de que ya desde los tiempos apostólicos, muchos habían buscado poner por escrito los pasajes relacionados con la salvación realizada por Cristo (cf. Lc. 1,1), sin embargo, ya Orígenes (+235-254), comentando este pasaje distinguía, al lado de los cuatro evangelios inspirados y recibidos como tales por la Iglesia, otros muchos "compuestos por quienes se lanzaron a escribir evangelios sin estar investidos de la Gracia del Espíritu Santo" (Hom. in Lc I; PG 13,1801). De acuerdo a su testimonio, tales libros estaban en poder de los herejes. "La Tradición apostólica hizo discernir a la Iglesia qué escritos constituyen la lista de los Libros Santos. Esta lista integral es llamada "Canon" de las Escrituras. Comprende para el Antiguo Testamento 46 escritos (45 si se cuentan Jr y Lm como uno solo), y 27 para el Nuevo". CIC 120.


El término "apócrifo"

Podemos decir que el termino "apócrifo" fue adoptado por la Iglesia para designar los libros cuyo autor era desconocido y los cuales desarrollaban temas ambiguos, que aun presentándose con carácter sagrado, no tenían solidez en su doctrina e incluían elementos contradictorios a la verdad revelada. Esto hizo que estos libros fueran considerados como "sospechosos" y en general poco recomendables. Se pude decir que los apócrifos más antiguos, los que eran realmente de carácter tendencioso, han desaparecido, siendo remplazados en su mayoría, por escritos modificados que presentan una idea más ortodoxa. La mayoría de ellos se encuentran en la lengua original (principalmente griega, copta o siríaca).

Como sería imposible mencionar todos estos escritos en esta sección, solamente mencionaremos los más importantes y los que más han influido en el pensamiento de la Iglesia a lo largo de los años, con el fin de tener una idea sumaria de estos, señalando las aportaciones positivas y negativas que han surgido de ellos.


El Protoevangelio de Santiago

El más importante sin lugar a dudas sería el "Proto Evangelio de Santiago". Este escrito es el apócrifo ortodoxo más antiguo que se conserva íntegro y que más ha influido en las narraciones sobre la vida de María y de la infancia de Cristo. Este escrito realizado por un desconocido, lo firmó y atribuyó a Santiago el Menor, con el fin de que alcanzara popularidad y prestigio. Parece haber sido escrito en diferentes etapas; la primera de las cuales no es anterior a la mitad del siglo II (ca. 160) y su redacción final, tal como la tenemos ahora no va más allá del siglo IV.

Podemos decir que "Proto Evangelio de Santiago" pretende ante todo proteger la Virginidad Perpetua de María que se vería amenazada en el siglo II por el ataque de los paganos y de algunas sectas Judaicas. El autor, al parecer, sería un cristiano helenista de Egipto o del Asia menor que se propuso tejer una narración novelada y sensacionalista de la vida de María con un fin más apologético que histórico. A pesar de todo, este escrito tuvo una fuerte influencia entre los escritores y oradores de los primeros siglos e impactó fuertemente la teología y la vida litúrgica de la Iglesia. A este documento se debe el nombre de los padres de la Santísima Virgen María y la fiesta de la Presentación en el Templo. Uno de los problemas con los que se enfrenta hoy la teología, es el hecho de que por siglos este escrito llegó a considerarse como histórico, llegando a darle credibilidad a muchas de las escenas que en ella se relatan y que no pueden ser sino producto de un amor desmedido por la Madre de Dios y que en nada pudieron estar referidas a la realidad vivida por la Santísima Virgen. En este escrito, que como decíamos pretende defender la Virginidad perpetua de María, la cual se vería empañada incluso por algunos testimonios de la Sagrada Escritura (como es el hecho de la purificación de María, y la mención de los hermanos de Jesús), propuso historias fantásticas en las cuales se hace ver a la Virgen como una persona que era alimentada por los Ángeles, viviendo en una especie de monasterio en donde sus pies no tocaban el suelo al caminar.

En su afán de proteger la virginidad, salvando los pasajes en donde se mencionan a los "hermanos de Jesús", el autor del Proto Evangelio de Santiago, presenta a José como un viejito viudo, el cual habría ya tenido familia con su primer esposa, y a quien se le encarga la custodia de María. Esto, aunque protege el pasaje bíblico, desencarna la realidad de la santa Pareja de Nazaret, ya que José, debió de haber sido un joven apuesto de unos 30 años y muy enamorado de la hermosa María. Tanto el nacimiento de Jesús como su infancia es narrada de manera novelesca y rodeada de un sinnúmero de milagros. Este escrito, pues, ha servido para enriquecer la liturgia, pero dado su carácter y su finalidad, ha creado confusión en muchos círculos teológicos por lo que hoy por hoy se ve con mucha cautela y sobre todo se distinguen en él su estilo, género y sentido literario con el fin de no tener como histórico lo que no es.


Los apócrifos de Tomás

Sobre Tomás, existe dos escritos: uno llamado "Evangelio del Pseudo Tomás" y otro llamado "Evangelio de Tomás" (que es posiblemente al que se refiere la película Estigma). El primero libro apócrifo, se refiere a la Infancia de Jesús y que no tiene ninguna conexión con el "Evangelio de Tomás". Por la manera en que está escrito, es muy posible que su autor haya sido un cristiano helenista mediocremente versado en lengua y literatura judaica. En él se ven fuertes influencias, del hinduísmo, ya que las narraciones de la infancia son muy parecidas a las de Krishna y Buda. No faltan tampoco acentos Gnósticos y mágicos para darle colorido al escrito. A pesar de esto no se puede negar el influjo que algunos pasajes de este escrito han dejado en la leyenda y en la Iconografía.

En cuanto a la redacción final del Evangelio del Pseudo Tomás, podemos decir que es muy posible que se remonte al final del siglo II. En su escritura podemos ver muchos supuestos milagros realizados por Jesús en su infancia, y de su relación con los fariseos los cuales no son sino una proyección en retrospectiva de lo que fue su vida pública. Por otro lado presenta una imagen de Jesús rencorosa, en la cual, como si fuera un mago, usa de sus "poderes" para vengarse u obtener ventajas personales sobre algunas situaciones de la vida. Todo ésto hace del escrito en cuestión, una fábula que poco puede decir al cristiano, y puede, incluso llegar a crearse una imagen equivocada de la vida oculta de Jesús y con ella del ministerio realizado en su vida pública. Lo pintoresco de los relatos pueden ser un buen aliciente para leerlo, pero en ellos se pude esconder el veneno de la herejía.

Por lo que respecta al escrito conocido como "Evangelio de Tomás", este se refiere a un escrito descubierto en 1945 en la Biblioteca de Nag Hammadi, el cual data muy posiblemente del final del siglo IV. Este documento ha traído la respuesta definitiva a una serie de interrogantes suscitados por un supuesto "Evangelio de Tomás" que se usaría en algunas sectas cristianas. De acuerdo a los especialistas, este documento más que un evangelio se refiere a una serie de dichos y parábolas evangélicas que serían usados principalmente por los Maniqueos (secta filosófica que considera un doble principio: uno el bien y otro el mal). Sobre este escrito, san Cirilo de Jerusalén advertía al final del siglo IV que nadie debía de leer este supuesto evangelio pues contenía material contrario a la fe. El documento consta de 114 dichos, distribuidos de manera arbitraria y solo unidos por la frase: "Jesús dijo".

En este evangelio, Tomás aparece como el garante de las enseñanzas, como es común en otros escritos Gnósticos, como son las "Actas apócrifas de Tomás" y la "Pistis Sophia". En este escrito, cuando se habla por ejemplo del Reino, este término no tiene el mismo sentido que en los evangelios canónicos en donde indica la soberanía de Dios, sino que hace referencia a un estado espiritual del gnóstico, al conocimiento de sí mismo y del universo. Por ello la salvación, más que un acto de fe y obediencia, es un acto de conocimiento. En algún tiempo los investigadores se preguntaron si los pasajes que tiene parecido a las parábolas y enseñanzas de Jesús en los evangelios Canónicos, podrían ser la base sobre la que luego se construirían los evangelios. Sin embargo hoy la mayoría de los investigadores están de acuerdo que estos dichos recopilados en el evangelio apócrifo de Tomás, corresponden a un desarrollo bastante posterior a los escritos canónicos, por lo que no pueden ser fuente de éstos. Es sin embargo posible que pertenezcan a una tradición paralela a la de los Sinópticos y en buena parte independiente de ella, posiblemente proveniente de una comunidad Judeo-cristiana radicada en Siria a mediados del siglo II. Sin embargo el texto que llega a nosotros es mucho posterior y refleja la influencia de los diferentes redactores.


Podemos decir, en suma, que la mayoría de estos escritos, o contienen material de carácter gnóstico o doscetista, y que en sus orígenes buscaron explicar algunos de los misterios del cristianismo, o fueron redactados para proteger algunas verdades de la Iglesia pero sin un fundamento teológico o histórico sólido. Por ello, aunque su lectura ha dado luz en algunas áreas de la Iglesia, el uso de estos por el común del pueblo, ha creado confusiones, mitos y creencias que en nada se acercan a la realidad histórica o evangélica, por lo que su lectura deberá ser hecha siempre bajo la guía de alguna persona versada en su contenido a fin de no desvirtuar ni su contenido ni la verdad revelada por Cristo en la Sagrada Escritura. "El oficio de interpretar auténticamente la palabra de Dios, oral o escrita, ha sido encomendado sólo al Magisterio vivo de la Iglesia, el cual lo ejercita en nombre de Jesucristo, es decir, a los obispos en comunión con el sucesor de Pedro, el obispo de Roma." (CIC 85). Sin embargo, "el Magisterio no está por encima de la palabra de Dios, sino a su servicio, para enseñar puramente lo transmitido, pues por mandato divino y con la asistencia del Espíritu Santo, lo escucha devotamente, lo custodia celosamente, lo explica fielmente; y de este único depósito de la fe saca todo lo que propone como revelado por Dios para ser creído". (DV10)

FORMAR EL CORAZÓN


Autor: Escuela de la Fe
Formar el Corazón
Formar el corazón significa, pues, purificar, ordenar y potenciar nuestro amor.


1.Concepto e importancia de la formación del corazón
La vida consagrada puede entenderse como un auténtico matrimonio espiritual, como se ha descrito por tantos santos y autores de la vida espiritual.
Pero ¿qué significa ser esposa de Cristo? Ser esposa de Cristo significa estar consagrada plenamente a Él, amarle locamente, vivir para Él y entregarse totalmente a su amor.

En todo ello debe entrar toda la persona, con su mente, con su voluntad, con su amor, con sus sentimientos. Por tanto, una esposa de Cristo verdadera es aquella que se recrea en su pensamiento con Cristo, y por tanto que ora, que platica con Él, que le pregunta por sus intereses, que se identifica con sus criterios, que le recuerda frecuentemente durante el día, que, incluso en momentos de estudio, descanso trabajo, se acuerda de Él, y que le trata de conocer en el Evangelio y en sus Constituciones, sus Santas Reglas.

Una esposa de Cristo auténtica es aquella que vive para Él, que lucha por Él, que trabaja activamente para darle a conocer en sus conversaciones, que se identifica con Él, amando y deseando lo que Él ama y desea, que siempre está dispuesta a sacrificarse por defender y conservar el amor, que no acepta conscientemente otros amores al margen de Él y de su Reino, y trata de obsequiarle cada día con su fidelidad en el cumplimiento de todos aquellos detalles y pequeñeces del reglamento y de la disciplina, expresión de su voluntad santísima.

El amor es esencial para nuestra realización personal, pero es también el principio del que pende toda la ley y los profetas: "amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas, y a tu prójimo como a ti mismo".

Si el corazón vive encantado por afectillos sensuales y egoístas; si la consagración es medio para idolatrar la propia persona; si a la par del amor a Dios se dan cabida a amores adúlteros, no se está ciertamente cumpliendo ni viviendo en la verdad.
Buscar la autocomplacencia, rodearse de un grupo de "fans", cultivar las simpatías, inquietarse por lo que piensa o deja de pensar la Directora, es, además de inmadurez, signo de que falta amor, de que no se está formando el corazón.

Ustedes., religiosas, almas consagradas, por su feminidad tienen un más hondo sentido de delicadeza, de finura y de sensibilidad para el amor, deben cultivar esta caridad que llevan en su ser; a convivir intensa y amorosamente con Dios que habita en sus corazones; a buscar sólo su mayor gloria, olvidándose de Ustedes mismas, porque es así como lograrán su realización personal -"quien pierde su vida por mi la hallará”.

Todo amor humano implica emoción, un elemento emotivo. Podemos hablar de “la emoción de amor”.
Pero el amor no puede quedarse allí. Podemos reflexionar sobre lo que sucede en la vida matrimonial, y aplicarlo a la vida consagrada. Cuando una persona se casa, se supone que su vida emocional ya se ha desarrollado bastante, aunque habrá que seguir cultivando la integración armoniosa de las emociones entre sí y entre las emociones y las facultades superiores de razón y voluntad.

Bajo el influjo de la razón, las emociones gradualmente pierden su orientación de tendencia egoísta y llegan a despertarse en función del bien de la otra persona.
De esta manera el amor que fue originalmente egoísticamente emotivo se eleva hacia el nivel del amor generoso, maduro, humano en que se busca el bien de la otra persona.

Entonces los esposos experimentarán tanto en la voluntad como en las emociones y sentimientos, la alegría de la entrega mutua.
Cuando los dos esposos han alcanzado este nivel, su amor es entonces “amor de amistad”, es un amor que sabe dominarse, y en especial en el aspecto sexual.

Tal desarrollo es posible en el matrimonio, aunque no sin dificultades, cuando al inicio de su matrimonio ambos tenían una vida emocional armoniosa, razonable, con capacidad de amor de entrega y de preocupación por la otra persona, y la subordinación de la sexualidad a las facultades de la razón y la voluntad.
Esto está en claro contraste con el tipo de situaciones que todos Ustedes conocen de matrimonios fundados en la emoción y que no superan ese nivel – y que por lo tanto están siempre vulnerables. Continúan en el nivel de la inmadurez emocional adolescente.

La vida de la persona consagrada en virginidad, en las circunstancias correctas, hace posible que una mujer o un hombre alcancen la madurez de este amor humano incluso en un momento más temprano en la vida que en el matrimonio.

Para ello, la persona quien se consagra debe poseer las mismas cualidades que mencionamos para quien entra en matrimonio.
Cuando la persona consagrada sabe aceptar con constancia el sacrificio de la gratificación de sus inclinaciones naturales en razón de su ideal, dentro de una visión sana y equilibrada de la sexualidad, entonces puede alcanzar la misma felicidad y realización que se encuentra en el matrimonio.

La persona consagrada quien vive constantemente consciente de la razón tan elevada y noble de su opción por la virginidad alcanzará este amor maduro y el gozo que conlleva, incluso más temprano que las personas casadas, quien normalmente necesitan más tiempo para alcanzarlo. Y es que desde los primeros años del noviciado la persona consagrada se ha dedicado a los valores del espíritu, el servicio de los demás, la contemplación de lo pasajero de las cosas materiales. Este dejarse lleva al auténtico amor maduro...

El amor primero, entonces, todavía cargado de emotividad, con las motivaciones altruistas, tiene que ir dando paso al amor de entrega.

Y esto se cultiva y se desarrolla en la abnegación sencilla pero real de uno mismo.
Lo que quizá se podría hacer en otro contexto “simplemente” para formar la voluntad, en la vida del alma consagrada se convierte en fuente de crecimiento, profundización y maduración en el amor.
Amor de entrega, sin esperar recompensa. Amor que busca sólo complacer al Amado. Y como en el matrimonio, necesariamente será un amor “de detalles”.

Como en el matrimonio, así también en la vida consagrada se dan periodos de paz, de tranquilidad y periodos de lucha y dificultad. El amor se prueba en la lucha y la dificultad. En edad joven, tentación más bien de tipo sensual, el placer, las añoranzas de cosas pasadas, la atracción de la vida fácil y los placeres del mundo. Más adelante en edad, la añoranza de compañía humana, comprensión ante dificultades...

Nada mueve más al amor que el saberse amado. Esta experiencia humana vale también para la caridad teologal.
Y alguien que ha sido escogida por Dios tiene muchos y muy profundos motivos para sentirse amada por su Creador y Redentor.

Qué fácil es, y al mismo tiempo qué importante, recordárselo y valorárselo a las jóvenes en la vida consagrada. ¡Dios te ama! En los momentos de fervor y entusiasmo o en los momentos de sequedad y desánimo: ¡Dios te ama! La caridad es un don de Dios. Hay que poner todos los medios humanos, pero sobre todo hay que pedirlo, esperarlo y acogerlo con humildad y apertura.

El amor a Dios llevará a las obras del amor. Formar a la persona en la caridad teologal es también orientarle para que viva siempre en una actitud de autenticidad en su entrega a la voluntad de Dios. Recordarle que quien ama a Dios cumple sus mandamientos (cf. Jn 14,15). Ayudarle a comprender que la voluntad de Dios se manifiesta sobre todo en el interior de su conciencia, pero se expresa también a través de quienes legítimamente le representan: desde el supremo Magisterio de la Iglesia hasta su más cercano formador.

Finalmente, mostrarle que el amor a Dios debe llevarle a esforzarse del modo más sincero por evitar el pecado, como negación del amor; no sólo: debe foguear en ella un ardiente anhelo de que en todas partes, entre sus hermanas y conocidas, en las familias y las sociedades, reine siempre el amor por encima del pecado.

El amor de Dios orientará así, de manera radical, el sentido y el objetivo esencial de su futuro apostolado. Su amor al Padre le lleva a sus hermanos. Los miembros de la primitiva comunidad cristiana “Tenían un solo corazón y una sola alma” (Hch 4,32). Las comunidades religiosas también aspiran a ser una grande y única familia por el amor fraterno y por las relaciones mutuas de cordialidad, de respeto y de servicialidad.

Los afectos desordenados, la falta de un corazón formado, coartan la libertad, afectan considerablemente la capacidad de atención y dedicación al trabajo, condicionan la objetividad de juicio en muchos asuntos, desmoronan la vida de comunidad; y en el plano moral y espiritual el apego afectivo desordenado a otra persona da paso a una situación de infidelidad y de adulteración de la alianza de amor virginal que el alma consagrada ha sellado con Jesucristo.

Todas sin excepción debemos trabajar y luchar por desprendernos de las criaturas, por mantener intacto nuestro amor a Dios, por acrecentarlo y vivir tan enamorados de Él que el desprecio de nosotros mismos sea una inmolación gozosa y no algo temido u ofrecido a regañadientes.
A todas, sin excepción, nos asalta el egoísmo con su sed de dominio, con su implacable ambición de hacer girar el mundo en provecho propio, con su sutil astucia para sojuzgar a los demás y sentirse amado y correspondido sensiblemente con el afecto de otros.

Hablamos del “corazón” como sede del amor y centro de la persona humana. Formar el corazón significa,  pues, purificar, ordenar y potenciar nuestro amor.

El amor es la fuerza que mueve al hombre: ninguna realidad humana se emprendería si no se amase.

Muy bien podríamos decir que el amor es creador. En esto, más que es cualquier otro aspecto, reflejamos la imagen de Dios, que es Amor, y que amando crea. Si Dios da el ser amando, el hombre integra en sí mismo lo amado, no para absorberlo ni disminuirlo –si es verdadero amor- sino para potenciarlo y ayudarlo a alcanzar su perfecta realización.

El hombre perfecto es la gloria de Dios. Sin amor o amando incorrectamente, nunca tendremos una persona realizada.
Nuestra naturaleza tiende al bien verdadero y es el bien conocido lo que atrae a la voluntad y a lo que ésta tiende empujada por la fuerza del amor. Si, impulsado por las pasiones o cegado por la vida de sentidos, el hombre pierde de vista el bien objetivo, el bien global, será arrastrado por los bienes sensibles que tocan la superficie, pero no el núcleo ni la totalidad de su persona.
Es entonces cuando el individuo se pierde, se vacía, se destruye: no sabe amar. Sacrifica su personalidad a los placeres, a las emociones y afectos egoístas y, además, arruina y empobrece lo amado, convirtiéndolo en objeto y no respetándolo en su individualidad personal.

El auténtico amor enriquece, tanto al amante como al amado; nunca empobrece al que ama en beneficio del amado, pero tampoco vacía a éste en provecho de aquél. El que ama bien enriquece y se enriquece, a pesar, y precisamente por ello, de que el amor implique desprendimiento de afectos parciales y contingentes, del que suponga, si quieren Ustedes con una palabra más cercana al lenguaje espiritual: purificación.

Tanto importa saber amar como el hecho de la propia realización personal que es en definitiva el mayor motivo de gloria para quien por amor nos creó y por amor nos redimió para que llegásemos a ser hijos suyos.

Naturalidad: no se creen obsesiones dañinas para su salud mental; que no vayan a andar día y noche pensando si tiene o no rectamente orientado su corazón. Vivan con sencillez y naturalidad su vida, sirviendo  al Señor y aprovechen los exámenes de conciencia para analizar, corregir y proponerse nuevas metas. En María, tiene Ustedes un ejemplo claro de la naturalidad y sencillez con que han de vivir sin angustias ni tensiones psicológicas, puestas en las manos de Dios.

La castidad se coloca dentro de la virtud de la templanza. El término “templanza proviene del verbo latino “temperare” que se podría traducir hoy como coordinar o moderar. Es el trabajo que hace un moderador en una mesa redonda: hay diversas personas y diversas opiniones que el debe moderar para que el diálogo se desarrolle de la mejor manera posible. Es esto lo que tiene que hacer nuestra razón y voluntad: deben coordinar, moderar esas fuerzas, pasiones, pulsaciones, instintos que tenemos de modo natural, sin negarlos, reprimirlos, suprimirlos, sino encauzándolos.


2.Madurez afectiva
El término “madurez afectiva” es un concepto complejo y todavía no del todo aclarado y profundizado en sus significados. Podemos entenderlo como una especificidad de la madurez humana, entendida como coherencia y armonía interna de la persona. Un psicólogo italiano Rulla habla de dos Yo: el ideal y el real.

El ideal es lo que cada uno sabe que debe ser, según su vocación, estado, situación. El real es el yo con sus tendencias y condicionamientos que algunas veces van en la misma dirección que el ideal y otras en dirección opuesta. La madurez, en términos sicológicos, es la capacidad de armonizar estos dos yo.

Hay que buscar la madurez de la persona humana en todos los aspectos, y esto incluye la afectividad: nuestra capacidad de amar.
Madurez afectiva conlleva la integración sana y equilibrada de la propia sexualidad, dada la estructura del ser humano. La persona afectivamente madura es una persona sexualmente madura y equilibrada – una personalidad integrada.

Educar en la castidad es enseñar a encauzar, no a reprimir, las propias tendencias y pasiones, de acuerdo con la propia vocación. Dios no quiere que una religiosa sea menos mujer; les quiere personas íntegras, con todas sus potencialidades en armonía con la vocación para la cual les ha creado.
Por lo tanto, hay que lograr que lleguen a poner positivamente y con entusiasmo todo el rico arsenal de sus pasiones al servicio de su vocación y misión.

En eso consiste la verdadera madurez afectiva de la persona consagrada: en la integración armoniosa de la capacidad de amar, y de la necesidad de ser amado, con la propia condición de vida. No se reduce simplemente a la recta integración de la sexualidad en la personalidad, sino que abarca más bien toda la capacidad de relación interpersonal.

Implica la orientación de todos los afectos, y en la medida de lo posible también de los sentimientos, hacia el ideal que se ha escogido, de modo que la persona esté plenamente identificada consigo misma y no se encuentre dividida entre lo que pretende ser y lo que sus afectos exigen de ella.

Ordinariamente, la experiencia de un amor totalizante y exclusivo resulta el mejor catalizador de la madurez afectiva. Para muchos la preparación para el matrimonio, y la misma vida matrimonial, son ocasión natural para lograr esta madurez.

La afectividad madura bajo los rayos del verdadero amor personal. La afectividad de quien ha sido llamado a vivir sólo para Dios madurará bajo los rayos de un amor totalizante y exclusivo a Dios, del cual brota su amor de donación universal a todos los hombres. Si no perdemos esto de vista, la maduración afectiva del alma consagrada no es tan complicada como a veces la presentan algunos.

Todo lo que favorezca esa integración armoniosa de las naturales tendencias afectivas y sexuales con el ideal de consagración a Dios y la condición de virginidad, será un elemento positivo para esa maduración. Todo lo que de algún modo dificulte esa integración será negativo y habría de ser evitado.

Para hacer una correcta valoración de los factores positivos o negativos es necesario tener presente el principio del "realismo antropológico y pedagógico".
Las tendencias y pasiones que una persona que se consagra a Dios, como cualquier ser humano, lleva consigo, son impulsos naturales, queridos por el Creador. Pero el pecado ha creado una situación de desorden en el hombre, en su capacidad de orientar esos impulsos de acuerdo con su razón y voluntad.

Hay que evitar el error de creer que una opción consciente y libre, por muy profunda que sea, es ya suficiente para encauzar correctamente las pasiones.
Estas son automáticas y ciegas, y buscan siempre sus objetos propios, por más elevado que se halle el sujeto en su camino de purificación interior. Cientos de historias de santos y místicos cristianos nos lo ilustran con creces. La presencia de un estímulo exterior correspondiente a una tendencia interna hará que ésta reaccione en esa dirección.

Si la dirección es contraria a la opción vital de consagración a Cristo, será ocasión de desorden y tensión interior, y dificultará más o menos seriamente la integración armoniosa de toda la persona en torno al ideal escogido.

Si una persona consagrada se permite todo tipo de lecturas, películas, espectáculos o diversiones, en la variada oferta de mercado de una sociedad hedonista como la nuestra, encontrará fácilmente estímulos fuertes que provocarán sus tendencias naturales en contra de su vocación virginal.

Si cultiva un tipo de relación con personas del otro sexo que es propicio para suscitar sentimientos de afecto y llegar al enamoramiento, lo más probable es que surjan de hecho esos sentimientos, y que supongan un serio obstáculo para su maduración afectiva, en una vocación que pide la entrega total del propio corazón y de la propia vida a Cristo y a su Reino. La naturaleza tiene sus propias leyes. No podemos jugar con ellas.


Debe ser un trabajo sumamente positivo, abierto, alegre. La alegría de quien ofrece todas sus renuncias por amor. La adquisición de esta madurez requiere ordinariamente un amplio período de tiempo, pues está íntimamente ligada al desarrollo físico y psicológico del individuo.

Tanto la formadora como la persona en formación han de tener en cuenta que, por circunstancias diversas -fisiológicas, psicológicas, circunstanciales, etc.- puede haber períodos de mayores o menores dificultades, de afectos más o menos fuertes que tocan a la puerta del corazón, de tentaciones más o menos marcadas.

Y han de proceder con prudencia, con serenidad y constancia en la aplicación de aquellos medios que la Iglesia por su milenaria experiencia, por su profundo conocimiento de la persona humana, aconseja para la adquisición y salvaguarda de la castidad consagrada.

JESUCRISTO, CREO QUE ERES EL CAMINO, LA VERDAD Y LA VIDA


Jesucristo, creo que eres el camino, la verdad y la vida. 

Camino:

Una senda que lleva al cielo. Tiene piedras y es estrecha pero Tú nos acompañas, y tu compañía transforma lo duro y amargo en suave y dulce. Es la diferencia de seguir un camino en solitario o en tu compañía. El cielo es cielo porque estás Tú y el infierno es infierno porque Tú no estás.
Caminar sin tu compañía vuelve dura la vida. Muchos se hacen dura la existencia porque no quieren saber de Ti. Yo quiero caminar contigo porque Tú quieres acompañarme y porque Tú solo tienes palabras de vida eterna. 

Verdad: 
Creo en Ti, Dios mío, porque eres la verdad misma. En un mundo de mentira, Tú eres el refugio y la brújula. En la dictadura del relativismo que equivale a viajar por un mar inestable, Tú eres la roca que resiste el embravecido oleaje.
Necesito creer en algo, en Alguien que dé sentido y seguridad a mi existencia. Tú eres mi roca y rompeolas. Tú eres la verdad de mi vida, eres luz que ilumina mi senda, mi camino seguro. 

Vida:
Yo soy la vida, la vida del cuerpo y la vida del alma. Por lo tanto, Él ha dado y sigue dando la existencia a todos los seres, a mí también. Tú eres mi vida y yo soy parte de tu ida.
Salí de Ti, en Ti existo y hacia Ti voy, Dios de mi vida. Mi Dios y mi todo: Mi Dios y mi vida. Sin Ti no existí y sin Ti no existiría ahora y sin Ti no existiré mañana.
Vida de las almas, mantén siempre viva mi alma y ayúdame con tu gracia a resucitar las almas muertas de mis hermanos. La confesión es un sacramento de resurrección; debo ejercerlo con frecuencia y con amor. Decir a un alma: Tus pecados no existen ya y que sea cierto. Camino, Verdad y Vida de las almas, bendito seas hoy y por siempre. 

AQUEL ROSTRO ERA EL MÍO


Aquel rostro era el mío



        Entonces ellos (los condenados) responderán diciendo: Señor, cuándo te vimos hambriento o sediento, o peregrino, o enfermo, o en prisión y te socorrimos?... (Mateo, 25, 44-45)

        Este rostro, Señor, me ha vuelto loco todo el día.

        Es un reproche vivo, un largo grito que golpea mi paz, que me impide estar en armonía.

        Este rostro me recuerda: la miseria, el aire apestado, el humo, el alcohol, el hambre, el hospital, el sanatorio.

        Por momentos, al verlo me recuerda el trabajo aplastante, humillante, el paro, la crisis, la guerra.

        Y me muestra bailes embriagantes, canciones asquerosas, películas horribles, música lánguida, besos mentirosos y sucios.

        Este rostro tiene la rebelión, el alboroto, los gritos por la injusticia, los golpes, el odio.

        Llegan de todas partes, imágenes de hombres de mil rostros horrorosos con sus gordos dedos sucios, sus uñas rotas, sus alientos apestosos. Han acudido de todos los rincones del mundo, de todas partes.

        Vienen más!! Ahora, sus caras tienen egoísmo, orgullo, cobardía; avaricia sensualidad trampa.

        Estas miradas me incomodan. Me duelen. Son una queja dolorosa, un grito de rabia, pero también una llamada desgarradora, porque en el fondo, este rostro ridículo, gesticulante, tiene un destello, una llama, una trágica súplica; el infinito deseo de un alma que quisiera vivir más allá del pantano maloliente que pisan sus pies.

        Señor, este rostro me vuelve loco, me da miedo, me condena, porque YO HE TRABAJADO COMO TODOS PARA QUE FUERA ASI...o al menos he dejado que lo hicieran así, y ahora pienso que este rostro es el de un hermano, mío y tuyo.

        Oh Dios, cuánto mal le hemos hecho a este miembro de tu familia!!!

        Ahora, temo tu juicio, Señor.

        Tú harás desfilar ante mí todos los rostros de estos hombres...y especialmente los de mi barrio, los de mi puesto de trabajo...y yo leeré en sus caras: la arruga que yo he abierto, la boca que yo torcí, la mueca que esculpí, la mirada que manché, la que extinguí.

         Todos desfilarán ante mí, vendrán los conocidos y los desconocidos, los de mi tiempo y los de siglos pasados y todos cuantos vendrán a este taller del mundo, y yo estaré inmóvil, aterrado, en silencio.

        Será entonces cuando Tú me dirás: AQUEL ROSTRO ERA EL MIO.

        Señor, perdón por este rostro que hoy me ha condenado. Perdón por este rostro que se cruza en mi camino a todas horas, en todo momento. Perdón porque he cerrado los ojos, he dado vuelta la cara, hice que no veía... Gracias Señor, porque este rostro hoy me ha despertado.

ORACIÓN AL ESPÍRITU SANTO PARA OBTENER SALUD


ORACIÓN AL ESPIRITU SANTO
PARA OBTENER LA SALUD

¡Espíritu Santo divino, creador y renovador de todas las cosas, vida de mi vida! Te adoro, te doy gracias y te amo en unión de María Santísima. Tú que das la vida y vivificas todo el universo, consérvame en buena salud; líbrame de las enfermedades que la amenazan y de todos los males que la acosan.

Con la ayuda de tu gracia, prometo usar siempre mis fuerzas para mayor gloria tuya, para el bien de mi alma y el servicio de mis hermanos.

Te ruego también que ilumines con tus dones de ciencia y de inteligencia a los médicos y a todos los que cuidan a los enfermos, para que conozcan las verdaderas causas de las enfermedades que amenazan a la vida, y puedan descubrir y aplicar los remedios más eficaces para defenderla y sanarla.

¡Virgen Santísima, madre de la Vida y salud de los enfermos!, a ti confío esta mi humilde oración. Dígnate, Madre de Dios y madre nuestra, acompañarla con tu poderosa intercesión.

Amén.

SANTOS JOAQUÍN Y SANTA ANA, ABUELOS DE JESÚS, 26 DE JULIO

 
Autor: Archidiócesis de Madrid/ itunet 
Joaquín y Ana, Santos
Abuelos de Jesús, 26 de Julio
 
Joaquín y Ana, Santos

Abuelos de Jesús


Martirologio Romano: Memoria de san Joaquín y santa Ana, padres de la Inmaculada Virgen María, Madre de Dios, cuyos nombres se conservaron gracias a tradición de los cristianos


Una antigua tradición, datada ya en el siglo II, atribuye los nombres de Joaquín y Ana a los padres de la Virgen María. El culto aparece para Santa Ana ya en el siglo VI y para San Joaquín un poco más tarde. La devoción a los abuelos de Jesús es una prolongación natural al cariño y veneración que los cristianos demostraron siempre a la Madre de Dios.
La antífona de la misa de hoy dice: "Alabemos a Joaquin y Ana por su hija; en ella les dio el Señor la bendición de todos los pueblos".

La madre de nuestra Señora, la Virgen Maria, nació en Belén. El culto de sus padres le está muy unido. El nombre Ana significa "gracia, amor, plegaria". La Sagrada Escritura nada nos dice de la santa. Todo lo que sabemos es legendario y se encuentra en el evangelio apócrifo de Santiago, según el cual a los veinticuatro años de edad se casó con un propietario rural llamado Joaquín, galileo, de la ciudad de Nazaret. Su nombre significa "el hombre a quien Dios levanta", y, según san Epifanio, "preparación del Señor". Descendía de la familia real de David.

Moraban en Nazaret y, según la tradición, dividían sus rentas anuales, una de cuyas partes dedicaban a los gastos de la familia, otra al templo y la tercera a los más necesitados.

Llevaban ya veinte años de matrimonio y el hijo tan ansiado no llegaba. Los hebreos consideraban la esterilidad como algo oprobioso y un castigo del cielo. Se los menospreciaba y en la calle se les negaba el saludo. En el templo, Joaquin oía murmurar sobre ellos, como indignos de entrar en la casa de Dios.

Joaquín, muy dolorido, se retira al desierto, para obtener con penitencias y oraciones la ansiada paternidad Ana intensificó sus ruegos, implorando como otras veces la gracia de un hijo. Recordó a la otra Ana de las Escrituras, cuya historia se refiere en el libro de los Reyes: habiendo orado tanto al Señor, fue escuchada, y asi llegó su hijo Samuel, quien más tarde seria un gran profeta.

Y así también Joaquín y Ana vieron premiada su constante oración con el advenimiento de una hija singular, Maria. Esta niña, que había sido concebida sin pecado original, estaba destinada a ser la madre de Jesucristo, el Hijo de Dios encarnado.

Desde los primeros tiempos de la Iglesia ambos fueron honrados en Oriente; después se les rindió culto en toda la cristiandad, donde se levantaron templos bajo su advocación. 
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