martes, 5 de agosto de 2014

TU MANO, SEÑOR


Tu mano, Señor
Autor: Javier Menéndez Ros

Esta noche, Señor, te abro mi mano, te la extiendo sin abrir mis ojos para que Tú la agarres con fuerza y no la sueltes jamás.

Hoy, Señor, de nuevo me he parado a admirar. Esta vez he fijado mi vista en la manita pequeña de un bebé agarrando con sus deditos el dedo de un hombre adulto. Es algo que no deja de sorprenderme y no puedo evitar que ese sea siempre el primer gesto que hago cuando tengo a un pequeño a mi alcance.

Pero mi mano, Señor, aunque a menudo creo que es grande y fuerte, en realidad es como la manita de un recién nacido: pequeña, débil, frágil y necesita asirse a la tuya grande y fuerte.

Señor, ya es de noche, llueve y estoy solo, pero se que siempre tendré tu mano ahí, disponible, abierta para que la mía repose en silencio como el ave que encuentra su rama. Tu mano me espera con paciencia para darme confianza, para darme ternura, para darme calor, para pedirme exigencia y para darme tu Amor.

Señor, ayúdame a poder ver siempre mi mano como lo que realmente es: la mano de un bebé que nada puede por si sólo. Ayúdame a pedirte siempre tu mano. Se que por amor a mi la tienes clavada a un madero, manantial que no cesa, reguero de sangre que no cesa y que no se moverá hasta que agarre mis dedos.

Señor, que no me de miedo mirarte a los ojos cuando me acerques tu mano abierta, suplicante en el cuerpo de un mendigo que sólo espera unas monedas. Que no sea indiferente al dolor de mis hermanos, que sepa tender mi mano al que lo necesite.

Esta noche, Señor, te abro mi mano, te la extiendo sin abrir mis ojos para que Tú la agarres con fuerza y no la sueltes jamás.

ESCÁNDALO DE LOS FARISEOS

Autor: Clemente González | Fuente: Catholic.net
Escándalo de los fariseos
Mateo 15, 1-2. 10-14. Tiempo Ordinario. Su pecado mayor: la soberbia y la altanería. No son humildes y por eso no creen en Jesús.
 
Escándalo de los fariseos
Del santo Evangelio según san Mateo 15, 1-2. 10-14

En aquel tiempo, se acercaron a Jesús unos fariseos y maestros de la Ley habían venido de Jerusalén y le preguntaron: «¿Por qué tus discípulos no respetan la tradición de los antepasados? No se lavan las manos antes de comer.»
Jesús mandó acercarse a la gente y les dijo: Escuchen y entiendan: Lo que entra por la boca no hace impura a la persona, pero sí mancha a la persona lo que sale de su boca. Poco después los discípulos se acercaron y le dijeron: «¿Sabes que los fariseos se han escandalizado de tu declaración? Jesús respondió: «Toda planta que no haya plantado mi Padre celestial será arrancada de raíz. ¡No les hagan caso! Son ciegos que guían a otros ciegos. Y si un ciego guía a otro ciego, los dos caerán en el hoyo. 


Oración introductoria

Jesús, permite que esta oración me ayude a líbrame del pecado de la hipocresía, de la insinceridad y de la incoherencia, porque quiero seguirte, no sólo en apariencia, sino de verdad. Dame la gracia de vivir una caridad positiva, haciendo el bien a los demás, brindando apoyo a todos, ofreciendo la estima sincera y sirviendo en todo lo que me sea posible a mi prójimo, sin buscar aplausos y sin importarme el «qué dirán».

Petición

Señor, dame un corazón sencillo y sincero, abierto a los demás.

Meditación del Papa Francisco

Cuando el servicio del Señor, se convierte en un yugo tan pesado, las puertas de las comunidades cristianas están cerradas: nadie quiere venir al Señor. En cambio, nosotros creemos que por la gracia del Señor Jesús somos salvos. Esta palabra, yugo, me llega al corazón, me viene a la mente. Jesús pide a todos a permanecer en su amor. Precisamente de este amor nace la observancia de sus mandamientos. Esta es la comunidad cristiana del sí, que permanece en el amor de Cristo y dice "no", "porque está este sí". Está este amor que nos lleva a ser fieles al Señor... porque yo amo al Señor no hago esto o aquello: Es una comunidad del "sí" y los "no" son el resultado de este "sí". Pidamos al Señor que el Espíritu Santo nos ayude siempre a ser una comunidad de amor, de amor a Jesús que nos ha amado tanto. Una comunidad de este ´sí´. Y desde este ´sí´ cumplir los mandamientos. Una comunidad de puertas abiertas. Y que nos defienda de la tentación de volvernos quizás, puritanos, en el sentido etimológico de la palabra, de buscar una pureza para-evangélica, una comunidad del "no". Porque Jesús nos pide antes el amor, el amor a Él, y permanecer en su amor.(S.S. Francisco, 2 de mayo de 2013).

Reflexión

Los fariseos, sabios y orgullosos, tercos y fríos calculadores, perseveran inconmovibles en su tosudez e incredulidad, a pesar de todas las explicaciones de Jesús. ¡La de los fariseos sí que es ceguera! Y lo más triste y trágico del asunto es que están ciegos porque ellos quieren estarlo, por su propia voluntad, por su dureza de corazón, por su empedernimiento interior y su incredulidad.

Los fariseos, no cambian de postura, se endurecen más y más. Ése es, precisamente, el verdadero problema, su pecado mayor: la soberbia y la altanería. No son humildes y por eso no creen ni aceptan a Jesús. Es un pecado de empedernimiento y de ceguera voluntaria. A esto llamaría luego nuestro Señor "pecado contra el Espíritu Santo", o sea, de resistencia consciente a la gracia de Dios. ¡Qué tremendo!

Ojalá que nunca nos pase a nosotros eso que les aconteció a los fariseos. Pidamos a nuestro Señor la gracia de ser profundamente humildes y sencillos de corazón, para creer en Él con una fe viva, para confesar y proclamar públicamente a Jesús, incluso a costa de burlas y de persecuciones que suframos en su nombre.

Pero esta fe, para que sea auténtica, debe ser operante y práctica; o sea, ha de envolver toda nuestra persona y nuestro ser entero. No se trata de algo meramente intelectual o de una aceptación racional de las verdades del dogma católico. Es, más bien, confianza absoluta en Dios nuestro Señor, en su poder y en su misericordia; abandono total al Plan de Dios, como un niño pequeño en brazos de su padre; y absoluta disponibilidad a su santísima Voluntad sobre nosotros, como María y como los santos.

Propósito

Es la hora de acudir al Señor y pedirle que nos ayude, que nos cure de nuestros pecados, que sane nuestra alma débil, decirle que queremos amarle a Él y a nuestros hermanos pero que no sabemos, y aún sabiendo no podemos. 

QUIERO ESCUCHAR TU VOZ

Quiero escuchar tu voz

Jesús,
quiero escuchar tu voz
y seguir tus enseñanzas.
Quiero conocer tu vida, tus palabras,
tus gestos de amor verdadero.
Quiero prestar mucha atención
a lo que nos decís cada domingo en la Misa.
Quiero aprender a vivir como discipulo
y seguir tus pasos.
Abrí mi corazón,
mis oídos y mi inteligencia,
para que pueda recibir tu mensaje
y cambiar mi vida.
Quiero escuchar tu voz
para vivir cada día
más cerca de Dios.

¡Que así sea, Señor!


Marcelo A. Murúa
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