jueves, 7 de agosto de 2014

RECETA DIARIA DE LA FELICIDAD


Receta Diaria de Felicidad .

AL DESPERTAR
Levantarse con buen pie
Hacer un saludo a la vida.


DESAYUNO
Una taza grande de confianza
Algunas tostadas de esperanza


COMIDA
Poner sobre la mesa un ramo
de pensamientos positivos
Ensalada variada de Paciencia,
Coraje y Fe.

Plato fuerte:
Aceptación
Condimentar con algunos granos
de sabiduría
Una tajada grande de Certeza
Todo esto regado con una
gran sonrisa.


CENA
Potaje de alegría
Gratén de Amor
Degustarlo todo en armonía
con una gran sonrisa


AL ACOSTARSE
Una infusión de Flores de Paz…

LA CONFESIÓN DE PEDRO

Autor: P . Clemente González | Fuente: Catholic.net
La confesión de Pedro
Mateo 16, 13-23. Tiempo Ordinario. Cristo ha querido establecer una alianza conmigo porque me ama.
 
La confesión de Pedro
Del santo Evangelio según san Mateo 16, 13-23


Llegado Jesús a la región de Cesarea de Filipo, hizo esta pregunta a sus discípulos: «¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del hombre?» Ellos dijeron: «Unos, que Juan el Bautista; otros, que Elías, otros, que Jeremías o uno de los profetas». Él les dijo: «Y vosotros ¿quién decís que soy yo?» Simón Pedro contestó: «Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo». Replicando Jesús le dijo: «Bienaventurado eres Simón, hijo de Jonás, porque no te ha revelado esto la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Y yo a mi vez te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del Infierno no prevalecerán contra ella. A ti te daré las llaves del Reino de los Cielos; y lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos». Entonces mandó a sus discípulos que no dijesen a nadie que Él era el Cristo. Desde entonces comenzó Jesús a manifestar a sus discípulos que Él debía ir a Jerusalén y sufrir mucho de parte de los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, y ser matado y resucitar al tercer día. Tomándole aparte Pedro, se puso a reprenderle diciendo: «¡Lejos de ti, Señor! ¡De ningún modo te sucederá eso!» Pero Él, volviéndose, dijo a Pedro: «¡Quítate de mi vista, Satanás! ¡Escándalo eres para mí, porque tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres!

Oración introductoria

Jesús, al igual que Pedro no me gusta, en muchas ocasiones, el camino que debo recorrer para aspirar a la santidad. Por eso hoy, con mucha fe y esperanza, te busco en la oración para suplicarte me concedas llegar a percibir tus sentimientos y conocer a fondo tu corazón. Que el centro de mi oración seas Tú, y no tanto mis problemas o dificultades personales.

Petición

Señor, que sepa reconocerte siempre como tu instrumento, porque Tú eres la única fuente que emana el bien que puedo hacer.

Meditación del Papa Francisco

Hoy continuamos con el tema de la remisión de los pecados, pero en referencia al llamado "potestad de las llaves", que es un símbolo bíblico de la misión que Jesús ha dado a los apóstoles.
Lo primero que debemos recordar es que el protagonista del perdón de los pecados es el Espíritu Santo. [...] Tantas personas quizá no entienden la dimensión eclesial del perdón, porque domina siempre el individualismo, el subjetivismo y también nosotros cristianos lo volvemos a sentir. Cierto, Dios perdona a cada pecador arrepentido, personalmente, pero el cristiano está unido a Cristo, y Cristo está unido a la Iglesia. Para nosotros cristianos hay un don más, y hay también un compromiso más: pasar humildemente a través del ministerio eclesial. Y esto debemos valorarlo. (S.S. Francisco, 20 de noviembre de 2013).

Reflexión

La fidelidad de Dios es eterna y ha mantenido su promesa y su alianza de generación en generación, independientemente de las infidelidades, rebeldías, traiciones e idolatrías de su pueblo.

La historia del pueblo de Israel es este concatenarse de la fidelidad de Dios y de la infidelidad de su pueblo. La alianza encuentra su pleno cumplimiento en Cristo y en la fundación de su Iglesia. Cristo sella el inicio de la nueva alianza al fundar su Iglesia sobre los Apóstoles, con Pedro como fundamento visible en la tierra: el Papa. Y ratifica esta "alianza nueva y eterna" en el momento de la institución de la Eucaristía, memorial de su pasión redentora, pacto sellado en su Sangre preciosa para la remisión de todos los pecados.

La respuesta inspirada de Pedro –"esto no te lo ha revelado nadie de carne y hueso, sino mi Padre que está en los cielos"– es el conocimiento interior prometido por Dios para aquellos con quienes establece la nueva alianza: "todos me conocerán". Su Iglesia es el nuevo pueblo, con un mandamiento nuevo, con una doctrina nueva, llamada a crear hombres nuevos bajo la guía del Vicario de Cristo, el sucesor de Pedro.

Señor, crea un mí un corazón nuevo para poder conocerte, amarte y vivir en tu Iglesia el mandamiento nuevo del amor, en respuesta a tu elección y a la nueva alianza que has querido establecer libremente conmigo porque me amas.

Propósito

Renunciar a algo que me cuesta mucho (como oir música un día), y ofrecerlo a Dios por aquellas personas que han perdido su fe.

Diálogo con Cristo

Gracias, Señor, porque siendo Hijo de Dios, has dado tu vida por mí, porque me amas. Quiero seguirte con fidelidad y dejarme guiar por tu Palabra. Tú me conoces, sabes de mi debilidad, de mi temor al sacrificio, al dolor, por eso confío en Ti y pongo mi vida entera en tus manos. Quiero que seas la fuerza que me sostenga, la alegría que nunca me abandone. 

SABER QUE DIOS ESTÁ CON NOSOTROS


Autor: P. Cipriano Sánchez LC | Fuente: Catholic.net
Saber que Dios está con nosotros
Miércoles tercera semana Cuaresma. El Señor ha querido venir a nuestra vida, es una presencia viva.

Saber que Dios está con nosotros

“Yo les aseguro que antes se acabarán el cielo y la tierra, que deje de cumplirse hasta la más pequeña letra o coma de la ley”. Jesucristo cumple siempre lo que promete. El esfuerzo, el interés y la búsqueda que Cristo realiza en nuestra alma es algo que Él hace en todo momento. No pasará el cielo y la tierra sin que se cumpla lo que Dios nuestro Señor tiene planeado para cada uno de nosotros. Esto tiene que dar a cada uno de nuestros corazones una gran tranquilidad, una gran paz. Tiene que darnos la tranquilidad y la paz de quien sabe que Dios está apoyándole, de quien sabe que Dios está buscándole, de quien sabe que Dios está a su lado.

Hay veces que los caminos de nuestro Señor pueden ser difíciles de seguir. Cuántas veces nos preguntamos: ¿por qué el Señor nos lleva por este camino, por qué el Señor nos conduce por este sendero? Cristo vuelve a repetirnos que Él es la garantía. Su Palabra misma es la garantía de que efectivamente Él va a estar con nosotros: “No pasará el cielo y la tierra”.

Cuántas veces, cuando nosotros vamos en el camino de nuestra existencia cristiana, podríamos encontrarnos con dudas y obscuridades. La Escritura habla del pueblo que está a punto de entrar a la tierra prometida, y en el momento en que va a entrar, Dios le vuelve a decir lo mismo: Yo voy a entrar contigo. Yo voy a estar contigo a través de los Mandamientos, a través de tu vida interior, a través de la iluminación.

Nosotros tenemos también que encontrar que Dios está con nosotros, que el Señor ha querido venir a nuestra vida, ha querido venir a nuestra alma, ha querido encontrarse con nosotros. Su presencia es una presencia viva. Y el testimonio espiritual de cada uno de nosotros habla clarísimamente de la presencia viva de Dios en nosotros, de la búsqueda que Dios ha hecho de nosotros, de cómo el Señor, de una forma o de otra, a través de los misteriosos caminos de su Providencia, nos ha ido acompañando, nos ha ido siguiendo. Si el Señor hubiera actuado como actuamos los hombres, ¡cuánto tiempo hace que estaríamos alejados de Él! Dios actúa buscándonos, Dios actúa estando presente, porque sus palabras no van a pasar.

¿Tengo yo esta confianza? ¿Mi alma, que en todo momento, de una forma o de otra, está iluminada por el Espíritu Santo para que cambie, para que se transforme, para que se convierta, está encontrando esa confianza en Dios, está poniendo a Cristo como garantía? ¿No nos estaremos poniendo a nosotros mismos como garantía de lo que Dios va a hacer en nuestra vida y que vemos muy claro lo que hay que cambiar, pero como garantía nos ponemos a nosotros mismos, con el riesgo —porque ya nos ha pasado muchas otras veces—, de volver a caer en la misma situación?

Aprendamos a ponernos en las manos de Dios. Aprendamos a confiar en la garantía que Cristo nos dé, pero, al mismo tiempo, aprendamos también a corresponder a nuestro Señor.

“El que quebranta uno de estos preceptos menores y los enseña así a los hombres, será el menor en el Reino de los Cielos”. La responsabilidad de escuchar la Palabra de Dios hasta en las más pequeñas cosas, es una responsabilidad muy grande que el Señor ha querido depositar sobre nuestros hombros, dentro de nuestra concreta vocación cristiana. El Señor es muy claro y dice que no podemos darnos el lujo ni de quebrantar, ni de enseñar mal los preceptos, incluso los menores. Así como la garantía que Él nos da es una garantía de cara a la perfección cristiana, Él también quiere que nuestra correspondencia sea de cara a la perfección cristiana. El Señor nos llama a la perfección.

Vamos a pedirle al Señor que nos ayude a escucharlo, a tenerlo a nuestro lado, a tenerlo como garante de nuestros propósitos y de nuestras luchas. Pero, al mismo tiempo, vamos a pedirle que nos ayude a corresponder hasta en los preceptos menores. Que no haya nada que nos aparte del amor de Jesucristo. Que no haya nada que nos impida ser grandes en el Reino de los Cielos, que no es otra cosa sino tener en nuestra alma el amor vivo de nuestro Señor, de ser capaces de tenerlo siempre muy cerca a Él, y al mismo tiempo, de ser profundamente entregados a todo lo que Él nos va pidiendo.

PERDONA PORQUE ES PERDONADO

Perdona porque es perdonado
Autor: Padre Guillermo Ortiz SJ.


El cristiano trata a los demás de la misma manera que Dios lo trata a él.

Si Dios no tiene en cuenta los pecados, si no nos hace pagar por nuestras culpas y perdona con su vida, con su cuerpo y su sangre, entonces, el cristiano también perdona a los que lo ofenden, persiguen y maltratan. Si Dios nos ama con el amor más difícil que es el perdón, el hombre y la mujer que experimentan la grandeza y la profundidad del amor de Dios con el perdón total de las ofensas con el sacramento de la reconciliación, hacen lo mismo con los demás, son generosos con el perdón y perdonan de corazón, aun cuando sienten el dolor de la herida y el daño causado por el otro, como Jesús sintió las heridas y el dolor de la pasión y de la cruz.

Perdonar es un misterio, es una gracia de Dios. No se puede perdonar las ofensas haciendo de tripas corazón, a nosotros nos sale el ojo por ojo y diente por diente, sentimos el deseo de vengarnos o de hacer justicia. Pero si Dios hiciera justicia nos eliminaría de la faz de la tierra, pero no lo hace, nos tiene paciencia y nos da otra oportunidad setenta veces siete. Lo mismo hace el hombre y la mujer que se saben perdonados por Dios.

Si nos cuesta amar y perdonar, puede ser que nos falte tomar más conciencia de todo lo que Dios nos ama y nos perdona en la vida. ¿No le parece?


‘Si perdonan a los que los ofenden, Dios los perdona a Uds. -dice Jesús’

MI AMISTAD ES TUYA PARA SIEMPRE


Mi amistad es tuya para siempre
Autor: M. Maxine Largman

Con algunos verdaderos amigos
se puede hablar de cualquier cosa,
se está tan a gusto uno con el otro,
dos almas que se susurran
y mantienen la fe cuando
el camino tiene espinas...

Cuando tienes amigos como éstos
no importa por cuánto tiempo los conociste
pues ya sabes que siempre te comprenderán
no importa la distancia, pues la amistad verdadera
no tiene frontera.

Si el tiempo o la distancia
hubieran de separarnos
hoy, mañana, o en los días venideros
nuestra amistad perdurará
en lo más profundo de mi conciencia,
de mi corazón, y de mi alma.

FAMILIA Y SACERDOCIO REAL DE LOS CRISTIANOS

Autor: P. Ramiro Pellitero Iglesias | Fuente: iglesiaynuevaevangelizacion.blogspot.com.es
Familia y sacerdocio real de los cristianos
La dimensión sacerdotal de la familia cristiana se traduce en la práctica en un espíritu de familia que todo lo impregna de amor y de alegría
 
Familia y sacerdocio real de los cristianos
Familia y sacerdocio real de los cristianos
El título de estas líneas puede parecer extraño para algunos, pero es una realidad importante para las familias cristianas. Todos los cristianos participamos del sacerdocio real de Cristo. La vida de la familia cristiana tiene, por eso, una dimensión sacerdotal. La vida familiar es una ofrenda a Dios, una escuela de fe, un servicio a las personas.


El cuerpo es para la gloria de Dios y para servir a los demás

1. El “culto espiritual” propio de la vida matrimonial y familiar. El cuerpo humano fue creado por Dios para expresar y servir al espíritu humano, en la unidad de la persona humana. Según la revelación cristiana, el pecado rompe la armonía entre cuerpo y alma, y por tanto hiere, oscurece y debilita esta capacidad de manifestar y entregar el amor.

Cristo, con su obra redentora, ha restaurado también el amor humano, y concretamente el amor conyugal. En los sacramentos la Iglesia se sirve de realidades materiales –pan, vino, agua, etc.– para manifestar y comunicar la gracia divina. En el sacramento del matrimonio es el mismo amor de los esposos –que implica su recíproca entrega corporal–, lo que sirve de cauce a Dios para manifestarles y comunicarles su gracia y su fuerza. Esta gracia y fuerza divina –alimentada por la oración y la Eucaristía– es ayuda preciosa para vivir la indisolubilidad del vínculo matrimonial. Para que a través de los esposos cristianos el amor divino llegue a la familia y al mundo.

La sexualidad matrimonial vivida en el cristianismo es signo de la Nueva Alianza en Cristo. Por eso es ámbito de culto a Dios. Y no en un sentido metafórico sino propio. La relación entre los esposos, sin desnaturalizarse lo más mínimo y contando con su apertura natural a la procreación de nuevas vidas, les trasciende y es cauce que les conecta con el amor de Dios y de los demás.

La exhortación de San Pablo a todos los cristianos “ofreced vuestros cuerpos como ofrenda viva, santa, agradable a Dios: éste es vuestro culto razonable” (Rm 12, 1) y “glorificad a Dios con vuestro cuerpo” (1 Co 6, 20), se hace, en los esposos cristianos, camino de santidad para ellos y sus hijos, modo principal de dar gloria a Dios, nada menos. Así participan los padres y madres de familia en el sacerdocio real de los cristianos.


La piedad con Dios

2. La piedad con Dios es la primera manifestación de este culto que los esposos dan con su propia vida y que promueven entre sus hijos. La piedad encuentra un impulso concreto en la misa dominical y la oración diaria –diálogo personal con Dios–, al que se reservan algunos tiempos, y en el que se van introduciendo poco a poco también a los niños. En torno a ese núcleo pueden crecer algunas devociones y costumbres familiares, en las que importa más la calidad que el número: la bendición de la mesa o el rezo del rosario al menos en días señalados.

Tiene especial valor el rezo en familia con ocasión de los acontecimientos más destacados: nacimientos, aniversarios, bodas, funerales, etc. La vida sacramental debe ser adecuadamente iniciada con el acompañamiento familiar (bautismo, confirmación, primera Eucaristía y primera confesión), pues los sacramentos nos hacen nacer y crecer en la familia de Dios, que es la Iglesia, familia de familias.


La educación de la fe en la familia

3. La educación de la fe encuentra en la familia un protagonista principal, con la ayuda de la parroquia, de la escuela, de los grupos y movimientos eclesiales, etc. Hoy estamos ante una “urgencia educativa” (cf. Benedicto XVI, Mensaje a la Diócesis de Roma sobre la tarea urgente de la educación, 21-I-2008), que pide un particular esfuerzo para salir del analfabetismo religioso, dando un “salto de calidad” en la catequesis y en la enseñanza de la religión.

Especialmente los jóvenes “deben sentir la cercanía y la atención de la familia y de la comunidad eclesial en su camino de crecimiento en la fe” (Encíclica Lumen fidei, n. 53). Necesitan que se les muestre la belleza de la fe, en sus diversas dimensiones (moral e intelectual, personal y social, etc.), y esto solo puede hacerse por medio de testigos creíbles entre los que se cuentan ante todo sus padres.

Hoy asistimos a una educación que cae a veces en las redes del relativismo y del secularismo ambientales, como consecuencia del racionalismo que se ha encaminado en Occidente hacia el consumismo y el nihilismo. De otro lado, quizá por la ley del péndulo, se asiste en ocasiones a una educación de tendencia fideísta, espiritualista e individualista, no ajena al rigorismo, heredera también de deformaciones predominantes en los últimos siglos.


La sinfonía de la fe

Una adecuada educación en la fe debe huir de estos errores extremos. Para saber educar en armonía, es preciso saber emplear instrumentos y registros diversos como los que componen una sinfonía: la antropología cristiana que conduce a vivir y educar en la Iglesia como familia de Dios, el camino educativo de la belleza, la educación o catequesis bíblica, la educación litúrgica y sacramental, la vida moral como respuesta al amor de Dios y que se refleja en el amor al prójimo; la Doctrina social de la Iglesia sobre la base de la sensibilidad social recibida por los hijos a través de lo que ven en su familia; la oración que nos acerca a Dios y nos saca de nosotros mismos; el afán apostólico, evangelizador o misionero; la santidad también en la vida ordinaria. Los padres deben pedir especialmente a los profesores de religión –particularmente a la escuela de inspiración católica– y a la parroquia, la necesaria colaboración, sin eludir su propia responsabilidad.


La caridad, síntesis y fruto de la vida matrimonial y familiar

4. La caridad, síntesis y fruto de la vida matrimonial y familiar. La vida de la familia cristiana transcurre en medio de las circunstancias ordinarias, a la luz de la fe, en torno al centro de la Eucaristía y dando continuamente fruto mediante el amor, la caridad. Las familias cristianas deberían poder decir al mundo: hemos creído en el amor y lo manifestamos con hechos, a diario. Manifestamos lo que somos: una familia unida a Jesucristo, que vive de la vida que Dios ha traído a la tierra; y que transmite esa vida desde dentro del amor humano entre varón y mujer, con la potencialidad que tiene ese amor, gracias a la acción del Espíritu Santo.

La caridad, especialmente con los más necesitados tanto material como espiritualmente, es la mayor fuerza de la familia para la nueva evangelización. Por eso cada familia debería ser una “escuela de misericordia” para sus miembros.

En definitiva, la dimensión sacerdotal de la familia cristiana se traduce en la práctica en un espíritu de familia que todo lo impregna de amor y de alegría: desde el amor entre los esposos, integrado y alimentado por la relación con Dios, pasando por la responsabilidad educativa de los hijos en la fe y desembocando en los frutos de caridad y de misericordia.

Como ha escrito el Papa Francisco, “el espíritu de amor que reina en una familia guía tanto a la madre como al hijo en sus diálogos, donde se enseña y aprende, se corrige y se valora lo bueno” (Exhortación apostólica Evangelii gaudium, n. 139).
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