lunes, 18 de agosto de 2014

LA VERDADERA ALEGRÍA


Autor: José Miguel Guzmán, L.C. | Fuente: Gama - Virtudes y Valores 
La verdadera alegría
El cristiano, el seguidor de Cristo, será verdaderamente feliz cuando consciente y animosamente lo siga.


 La verdadera alegría


Son muchas las manifestaciones de la alegría: personas que ríen, cantan, juegan, beben, cuentan chistes, están de buen humor, etc. Hay veces que la alegría es sincera, en otras ocasiones se busca simplemente aparentar que se está bien.

Si la alegría no está plenamente en las manifestaciones anteriores, la pregunta surge espontánea: ¿en qué consiste la verdadera alegría? La respuesta es sencilla: la alegría está en la autenticidad de vida, en ser lo que se es. Esta es la clave. No radica en aparentar, ni en tener cada vez más posesiones, ni mucho menos en estar riéndose superficialmente de manera constante, porque como bien dice el dicho popular “la risa superficial abunda en la boca de los tontos”. 

Para la esposa y madre, la alegría estará en entregarse por completo al esposo y a los hijos. Si se es padre, la alegría radicará en la buena educación de los hijos, y qué satisfacción da a un padre de familia ver a sus hijos, ya grandes, bien formados. Para el hijo, la alegría debe consistir en obedecer a los propios padres, que representan el querer de Dios, y en ser caritativos con los que le rodean.

Pero para el cristiano, que por definición es el seguidor de Cristo, la alegría consiste en la coherencia de vida, en ser, por lo tanto, fiel discípulo de Cristo. Esta es la fuente de la verdadera alegría. Así pues, para el auténtico seguidor de Cristo, la verdadera alegría se encontrará en buscar agradar en todo a su Señor, en hacerlo feliz con cada una de sus acciones. Pero cuando se empiezan a hacer cosas que van en contra de lo que se es, se irá creando en esa persona una división interior. Cuando no se vive como se piensa, se termina pensando como se vive.

La genuina alegría produce una satisfacción interior. ¿Quién no ha experimentado esa paz interior que se produce cuando se es fiel al deber, cuando se llevan las responsabilidades al día, o cuando se tiene una conciencia tranquila? Cuánta alegría posee el que tiene una sola cara. Y por el contrario, cuánta tristeza e insatisfacción se crea cuando se tiene dos personalidades diferentes, que se usan, dependiendo de los casos, cuando más convenga.

El cristiano, el seguidor de Cristo, será verdaderamente feliz cuando consciente y animosamente lo siga. Cuando olvidándose de sí mismo y de sus gustos personales, se entregue a los demás para ayudarlos en sus necesidades y compartir así la alegría que lleva dentro, que nada ni nadie le podrá quitar.

EL JOVEN RICO

Autor: José Fernández de Mesa | Fuente: Catholic.net
El joven rico
Mateo 19, 16-22. Tiempo Ordinario. Nuestra vida no siempre es una respuesta generosa a lo que Dios nos pide.
 
El joven rico
Del santo Evangelio según san Mateo 19, 16-22


En aquel tiempo, se acercó uno a Jesús y le preguntó: Maestro, ¿qué tengo que hacer de bueno para obtener la vida eterna? Jesús le contestó: ¿Por qué me preguntas qué es bueno? Uno solo es Bueno. Mira, si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos. Él le preguntó: ¿Cuáles? Jesús le contestó: "No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no darás falso testimonio, honra a tu padre y a tu madre, y ama al prójimo como a ti mismo". El muchacho le dijo: Todo eso lo he cumplido. ¿Qué me falta? Jesús le contestó: Si quieres llegar hasta el final, vende lo que tienes, da el dinero a los pobres -así tendrás un tesoro en el cielo- y luego vente conmigo. Al oír esto, el joven se fue triste, porque era rico.

Oración introductoria

Señor, me acercó a Ti como el ese joven que se creía muy bueno. Quiero confirmar qué he de hacer para ganar la vida eterna, qué tengo que cambiar, qué tengo que hacer… Dame la gracia de saber escucharte y tener el valor de ser desprendido de los bienes materiales, pero sobre todo, de mí mismo, para poder entregarme a tu amor y vivir la caridad.

Petición

Jesús, no permitas nunca que me convierta en otro triste «joven rico».

Meditación del Papa Francisco

Las riquezas son un impedimento, que no hacen fácil el camino hacia el Reino de Dios. Además, cada uno de nosotros tiene sus riquezas, todo el mundo. Siempre hay una riqueza que nos impide caminar cerca de Jesús.
Todos debemos hacer un examen de conciencia sobre las que son nuestras riquezas, porque nos impiden acercarnos a Jesús en el camino de la vida. La cultura del bienestar, que nos hace poco valientes, nos hace perezosos, incluso nos vuelve egoístas. El bienestar nos adormece, es una anestesia.
"No, no, no más de un hijo, porque no podemos tomar vacaciones, no podemos ir a tal sitio, no podemos comprar la casa”. Es bueno seguir al Señor, pero hasta cierto punto. Esto es lo que hace el bienestar: todos sabemos bien cómo es el bienestar, pero este nos lleva hacia abajo, nos quita el coraje, aquel coraje fuerte para caminar cerca de Jesús. Esta es la primera riqueza de nuestra cultura actual, la cultura del bienestar.(Cf. S.S. Francisco, 28 de mayo de 2013, homilía en Santa Marta).

Reflexión

También decía Cristo que: "Los publicanos y las prostitutas llegan antes que vosotros al Reino de Dios" (Mt 21, 31). Es una sentencia escandalosa no sólo para aquella época en la que Jesús vivía. Hoy también debemos sentir su "escozor" cuando quienes nos sentimos cristianos vemos que nuestra vida no siempre es una respuesta generosa a lo que Dios nos pide.

Si bien esta persona tenía el mérito de buscar la vida eterna, de ser un cumplidor de los mandamientos, quizás le faltó concretar ese amor y esa búsqueda de Dios. Porque vivir en plenitud la fe en Jesucristo es querer y saber decir "Sí". La generosidad, la esperanza y sobre todo el amor nos mueven a ello. La coherencia cristiana nos obligará a dejar las cosas superfluas, costumbres o situaciones humanamente más cómodas por elegir bienes mayores.

Pero todo esto no supone tristeza cuando se abraza por amor la voluntad de Dios. La dificultad se suple con la asistencia de la gracia y del Espíritu Santo. Ellos nos "modelan" y nos infunden la fuerza y la luz necesarias para no errar el camino. Confiar más en ellos es una de las claves para escuchar la insistente voz de Jesús que nos llama a aceptar sus retos.

Propósito

Para estar hoy presente con las personas que me rodean, renunciar a tener mi teléfono celular conmigo todo el día. Y cuando vaya a hacer oración, siempre dejarlo donde no me interrumpa.

Diálogo con Cristo

Señor, ¿realmente quiero saber qué más puedo hacer? Tú me conoces, sabes que soy débil y que rehúyo o me excuso con facilidad del sacrificio, de la renuncia. Por eso te suplico, dame tu gracia para corresponderte, ayúdame a amarte sobre todas las cosas. Sé que estoy apegando a tantas cosas que fácilmente te olvido. Ayúdame a descubrir que de nada sirve tener o hacer muchas cosas, si no estás Tú, si no es tu voluntad. 

YO CREO EN LOS MILAGROS


Autor: Marcelino de Andrés | Fuente: Catholic.net
Yo creo en los milagros
Podemos estar rodeados de verdaderos milagros pero no nos damos ni cuenta de la mayoría de ellos...

Yo creo en los milagros


No sé cuántos de mis lectores crean aún en los milagros. Espero que sean la mayoría. Aún recuerdo la definición que me dieron de milagro cuando comenzaba a estudiar Teología: milagro es un prodigio religioso (espacio-temporal-visible) que expresa en el orden cósmico una especial intervención gratuita de la potencia y del amor de Dios, que dirige a los hombres un signo de la presencia ininterrumpida en el mundo de su palabra de salvación. Antes de conocer esa definición yo ya creía en los milagros; y después de conocerla, creo más aún y estoy seguro de que se dan muchos más de los suele pensarse o imaginarse. 

Lo normal cuando se habla de milagros, es que le vengan a uno a la mente hechos como el que un ciego recupere la vista, o un leproso quede limpio de su mal, o un muerto resucite. Pero entiendo que restringir sólo a ese tipo de acontecimientos las intervenciones gratuitas de Dios y los signos de su presencia, de su potencia y de su amor, sería algo injusto. Porque Dios no para de enviar a los hombres signos de su permanencia en el mundo y entre nosotros. Sí, también hoy Dios sigue obrando innumerables prodigios. Lo que ocurre es que no nos damos ni cuenta de la mayoría de ellos. Podemos estar (y de hecho lo estamos muchas veces) rodeados de verdaderos milagros sin percatarnos de ello. 

De vez en cuando los periódicos y los medios de comunicación nos dan la agradable sorpresa de hacerse eco de algunos de estos prodigios. Suele tratarse de hechos extraordinarios, inesperados, sensacionales. De esos que tanto ansían encontrar los periodistas, pero que, curiosamente, rara vez se atreverán a llamar milagros. 

No hace mucho, aquí en Italia, uno de los principales diarios del país recogía la noticia de que una rica señora, dueña de varios hoteles y grandes propiedades en Roma, había entrado a la edad de 61 años en el convento de las carmelitas en Belén (Tierra Santa). Y en otro periódico, esta vez de España, contaban cómo no era cosa de todos los días que un Oficial de la Marina Mercante, Inspector Jefe del Cuerpo Superior de Policía, juez por oposición, doctor en Derecho Civil y en Derecho Canónico, profesor de la Universidad Pontificia Comillas, Magistrado especialista del Tribunal Superior de Justicia de Madrid y licenciado en Estudios Eclesiásticos, haya sido ordenado sacerdote. 

No, ciertamente no parece que ninguno de esos dos acontecimientos sea cosa de todos los días. Pero los protagonistas de ambos son sólo una mínima parte de los miles y miles de hombres y mujeres que en el mundo hoy día siguen cada año dejándolo todo para consagrarse a Dios en el sacerdocio o en la vida religiosa. Son sólo dos de los muchos brotes producidos por esa copiosa lluvia de intervenciones de Dios que con su potencia y amor continúa refrescando el barro partido de nuestro planeta, haciendo despuntar en él montones de almas que se entregan totalmente a su servicio y al de los demás. Y es indudable que cada una de ellas es un verdadero prodigio del amor de Dios, único capaz de arrancar tanto amor y de tantas almas que por Él son capaces de todo. Cada una es un auténtico signo visible de la presencia de Dios en este mundo que da la fuerte impresión de querer prescindir tanto de Él. 

Creo que nunca dejaré de maravillarme lo suficiente ante la generosidad de quien encontrándose con Cristo y mirándole a los ojos, se deja conquistar por su amor y se le rinde. Eso para mí es y será siempre un milagro. No importa que ese alguien haya sido rico o pobre, letrado o ignorante, famoso o desconocido. Cada vez que en la tierra se repite ese misterio de llamada y respuesta, ese intercambio de amor entre Dios y el hombre, vuelvo a experimentar la necesidad de proclamar convencido que yo creo en los milagros. 

LOS OTROS

Autor: P. Fernando Pascual | Fuente: Catholic.net
Los otros
Ante los demás, ante la conciencia, ante Dios
 
Los otros
Los otros
Los “demás” ejercen sobre cada uno una presión muy particular. Nos miran, piensan y dicen muchas cosas sobre lo que somos, queremos y hacemos. Tal vez algunas de sus afirmaciones sean verdaderas. Otras, más o menos aproximadas. Otras, completamente fuera de lugar y sin el menor respeto hacia la justicia y la verdad. Pero el hecho de que se diga de mí una cosa u otra, de que me piensen listo o tonto, ingenuo o hipócrita, trabajador o perezoso, influye no poco en lo que yo mismo pueda llegar a creer sobre mi propia personalidad.

Desde luego, son muy distintos los ojos de unos familiares que nos quieren de verdad, de los ojos de unos extraños que nos ven por la calle, o de los compañeros de trabajo que nos aprecian o que nos desprecian desde lo íntimo de su corazón. Quizá lo que piensan los que están a nuestro lado y nos conocen mejor nos marca de un modo profundo, hasta el punto de que nos sentiríamos extraños si hiciésemos algo que “desentonase” con el cuadro majestuoso o la caricatura grotesca que han dibujado nuestros “amigos” cuando nos ven, cuando piensan en nosotros.

A la vez, hay una voz mucho más profunda que nos juzga desde la mañana hasta la noche: la voz de la conciencia. Esta voz no deja de mirarnos ni en los lugares más escondidos, ni en las vacaciones más lejanas del hogar, ni en los pensamientos más profundos. Allí está esa presencia, esa compañía de un juicio que no deja lugar a dudas y que nos dice, simplemente, que hemos hecho algo bueno, o que en esta ocasión, como en muchas otras, nos hemos comportado miserablemente.

Por último, algunas veces nos encontramos con los ojos de Dios, con el eco misterioso de los silencios de Dios. No le oímos, quizá porque nuestro corazón está ocupado en otras mil cosas, pero dice sin hablar lo que resulta más importante para nosotros: que vivimos según su amor y sus deseos, o que hemos optado por recorrer el camino de la vida acompañados sólo por nuestro egoísmo y nuestros planes personales.

Es cierto que los otros pueden condicionar enormemente nuestras acciones. Es cierto también que a veces nuestra propia psicología nos frena y nos ata, hasta el punto de que nos hacemos incapaces de mil cosas que, de por sí, podríamos llevar a cabo sin mayores complicaciones. Pero es mucho más cierto que con el juicio de Dios, con su amor y su presencia, hasta el hombre más mediocre, hasta un criminal despreciado por todos en las tinieblas de una cárcel, puede iniciar una vida nueva. Porque si hay miradas que condicionan, que encadenan, también Dios tiene unos ojos que son capaces de romper con todos los esquemas y de iniciar heroísmos que jamás habríamos imaginado.

Nuestra vida continúa. Los relojes nos recuerdan nuestros compromisos. Nuestros amigos nos vuelven a etiquetar con los adjetivos de siempre. Nuestra psicología nos persigue, quizá con complejos que nos empequeñecen. Dios, en lo más profundo de la noche o en lo más esplendoroso de un día soleado, nos mira con cariño, y nos conoce a fondo. Sabe lo que podemos hacer si nos dejamos amar. Sabe que en cada uno se esconde una Juana de Arco, un Tomás Moro o un Martín de Porres. Y ese santo, héroe y mártir saldrá a la luz sólo si le damos una oportunidad, si rompemos esquemas y nos dejamos sorprender por el cariño de Dios que puede sacar hijos de Abrahán incluso de debajo de las piedras...
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...