martes, 9 de septiembre de 2014

PENSAMIENTO DE JUAN PABLO II


ESCLAVIZADO POR LA PORNOGRAFÍA, FUE SANADO POR CRISTO - TESTIMONIO

Autor: . | Fuente: PildorasdeFe.net
Esclavizado por la pornografía, fue sanado por Cristo y ahora cuenta su testimonio de conversión
Otro milagro, me liberó mi Señor y ni cuenta me di, yo lo único que hice fue dejarme amar. Él hizo el resto
 
Esclavizado por la pornografía, fue sanado por Cristo y ahora cuenta su testimonio de conversión
Esclavizado por la pornografía, fue sanado por Cristo y ahora cuenta su testimonio de conversión
Me llamo Ariel, tengo 22 años y estoy estudiando asistencia social en Bélgica, Europa. Vengo de una familia cristiana tradicional, en la que se me enseñó a abrir mi corazón a Jesús, y llorar de alegría en su presencia. Mi primer encuentro con la pornografía fue cuando tenía 8 años aproximadamente.

Mi padre tenía en el baño revistas “para hombres”, en las que salían muchas mujeres con los pechos descubiertos, y allí fue donde por primera vez me masturbé mirando pornografía. Todo el mundo en mi casa sabía que me masturbaba, más nadie me decía nada.

A los 16 años me fui para Canadá por 4 meses.

Estando en Canadá tomaba alcohol como un adulto. Un día en internet descubrí la palabra PORNO, que me abrió las puertas a infinidad de sitios pornográficos. Me convertí poco a poco en un adicto, miraba sin cesar pornografía, eran horas y horas que pasaban si que me diese cuenta, estaba atado, y con el tiempo ya no me gustaba cualquier video, de una selección de 100 tal vez solo uno me gustaba. En mi acto egoísta me cerraba en mí mismo, al punto de tener una ligera depresión que casi me cuesta un año de estudios.

Por aquella época llegué a tener una hermosa novia, amiga, hermana, en fin, una compañera durante 5 años. Al principio de la relación la amaba tiernamente en mi corazón, podía ver y apreciar cada gesto de ternura. Pero esta maldita adicción fue haciendo que me volviese tan egoísta que ya no podía pensar en otra cosa más que en tener relaciones sexuales con ella. Aunque lo intentamos más de una vez, nunca pude pasar más allá, ya que yo la respetaba muchísimo y ella tenía miedo. Hoy ya no estamos juntos, en gran parte debido a mi adicción a la pornografía.

Después de haber buscado cómo llenar mi sed de amor con actos de los que no estoy orgulloso y haber “malgastado toda mi fortuna” en este vicio, un día (tocado por Su Palabra en Romanos 5, 20-21) regresaba a la casa de mi Padre, como el hijo pródigo, sin fuerzas, sin aliento, muerto en vida, y le decía: “Padre si tú me amas, ¡¡lléname de tu amor!!” No acababa yo de decir estas palabras cuando Él llenó, inundó e hizo rebalsar con abundancia mi corazón de su amor.

Pero aunque volvía a comenzar como si me cargaba las baterías, después me desconectaba completamente del cargador. Me llevaba la herencia y cuando me la gastaba toda otra vez, regresaba nuevamente cansado, muerto en vida delante de Él, y le repetía: “Padre, si tú me amas, ¡¡¡lléname de tu amor!!!” ¡Y qué creen! ¡Nunca me dijo que no!

Fueron muchísimas las veces que se repitió este milagro de llenarme el corazón de amor, paz y alegría. Pero por dentro no quería aceptar que era Él quien me daba todo, y que sin Él yo nada soy.

Mi propio orgullo, mi soberbia y vanidad han sido, sin lugar a dudas, el más grande obstáculo para reconocer y aceptar la verdad de que Dios es el único capaz de llenar mi corazón sediento de un amor infinito.

Un día, en un retiro, Él llenó como nunca mi corazón.

Así es, lo llenó tanto que tenía la impresión que estaba viviendo el cielo en la tierra. Entonces me di cuenta que me había sanado, liberado, que ya no estaba atado. En ese momento tenía un entendimiento cristalino, una seguridad tajante, una verdad clara. Otro milagro, me liberó mi Señor y ni cuenta me di, yo lo único que hice fue dejarme amar. Él hizo el resto, y desde entonces, hace ya más de 8 meses, por la gracia de Dios he dejado la pornografía y la masturbación. Ahora voy a Misa todos los días, vivo en castidad mi soltería y discierno seriamente si Dios me llama al Sacerdocio. Todo esto por la misericordia de Dios. Todo regalado.

Hoy, aunque soy un pecador, tengo una Madre que me cubre con su manto, tengo al arcángel Miguel que me protege, y al Espíritu Santo que me santifica y derrama su gracia en abundancia. Repito, no soy un santo, pero hoy puedo decir con alegría que si no recibo a Cristo, no soy nada, y si no me dejo transformar por Él, no voy a ningún lado.

He decidido seguir a Aquél que se dio y se sigue entregando por amor por mí y por ti en la CRUZ. ¡No te desgastes en vano! ¡Déjate amar para poder amar después! ¡Deja ya tu egoísmo, tu soberbia y tu vanidad, y no pierdas el tiempo! Recuerda que solo en tus manos está la decisión, la última palabra. Solo tú tienes la llave de tu vida, tú decides si le correspondes o no a ese Amor. Dios respeta tu decisión.

Amigo, te lo dice un joven nuevo, que ama a Jesús con todo su corazón, que tiene mucho que caminar. Hoy te puedo decir que para Dios no hay nada imposible, no tengas miedo de abandonarte en Él, no dudes en confiarle absolutamente todo. Entregarte con confianza, fuerza y amor, porque solo Él, amigo mío, llena el deseo infinito de amor que tiene tu corazón.

¡Que Dios te, bendiga hermano mío! ¡Espero que este humilde testimonio pueda ayudarte en tu búsqueda sincera de la felicidad!

A.F., Bélgica, 22 años.

LA ELECCIÓN DE LOS DOCE

Autor: María Cruz | Fuente: Catholic.net
Elección de los doce
Lucas 6, 12-19. Tiempo Ordinario. El gran secreto de la vida es... sabernos amados por Dios.
 
Elección de los doce
Elección de los doce
Del santo Evangelio según san Lucas 6, 12-19

Sucedió que por aquellos días se fue Jesús al monte a orar, y se pasó la noche en la oración de Dios. Cuando se hizo de día, llamó a sus discípulos, y eligió doce de entre ellos, a los que llamó también apóstoles. A Simón, a quien llamó Pedro, y a su hermano Andrés; a Santiago y Juan, a Felipe y Bartolomé, a Mateo y Tomás, a Santiago de Alfeo y Simón, llamado Zelotes; a Judas de Santiago, y a Judas Iscariote, que llegó a ser un traidor. Bajando con ellos se detuvo en un paraje llano; había una gran multitud de discípulos suyos y gran muchedumbre del pueblo, de toda Judea, de Jerusalén y de la región costera de Tiro y Sidón, que habían venido para oírle y ser curados de sus enfermedades. Y los que eran molestados por espíritus inmundos quedaban curados. Toda la gente procuraba tocarle, porque salía de Él una fuerza que sanaba a todos. 

Oración Introductoria

Señor Jesús, en varias ocasiones el Evangelio hace mención que pasaste la noche en oración… y yo que batallo para hacer mi meditación de 10, 15 ó 20 minutos. Tu oración es fruto de tu amor, de tu dependencia a Dios. Ilumíname para yo pueda crecer también en mi amor y que ahora sepa disponer mi corazón para hacer la voluntad del Padre en este día.

Petición

Jesucristo, enséñame a orar. Haz que te ame a tal punto, que me sea imposible no seguirte.

Meditación del Papa Francisco

¡Sean siempre hombres y mujeres de oración! Sin la relación constante con Dios la misión se convierte en función. Pero, ¿en qué trabajas tú? ¿Eres sastre, cocinera, sacerdote, trabajas como sacerdote, trabajas como religiosa? No. No es un oficio, es otra cosa. El riesgo del activismo, de confiar demasiado en las estructuras, está siempre al acecho. Si miramos a Jesús, vemos que la víspera de cada decisión y acontecimiento importante, se recogía en oración intensa y prolongada. Cultivemos la dimensión contemplativa, incluso en la vorágine de los compromisos más urgentes y duros. Cuanto más les llame la misión a ir a las periferias existenciales, más unido ha de estar su corazón a Cristo, lleno de misericordia y de amor. ¡Aquí reside el secreto de la fecundidad pastoral, de la fecundidad de un discípulo del Señor! (S.S. Francisco, 7 de julio de 2013).

Reflexión

En nuestra sociedad donde todo se hace para usar y tirar, las cosas salen en serie, sin características propias: los mismos modelos de zapatos, el mismo estilo de vestir, las mismas comidas, el mismo diseño de construcción, las mismas expresiones de vocabulario... queremos igualarnos tanto que perdemos hasta la identidad. La sociedad nos masifica, nos despersonaliza, nos hace iguales.

Con Dios no es así; para Él cada uno es único, singular e irrepetible: Dios no hace las cosas en serie. Dios nos conoce y nos llama por nuestro propio nombre y al identificarnos nos da el ser que nos autentifica. Su amor nos crea en cada momento porque su Palabra llega directa al corazón y desde esta interpelación nos potencia y dinamiza para la misión que cada uno trae a la vida. El gran secreto de la vida es sabernos amados. Con esta certeza nuestra vida se llena de sentido, basta que Él susurre mi nombre al oído para que todo se llene de emoción. Es la confianza de sabernos amados con un único amor, grande y fuerte.

Propósito

Sabernos amados por Nuestro Padre, Dios, con un único amor, grande y fuerte.

Diálogo con Cristo

¡Oh Dios, que desde la eternidad pensaste en mí y que en un momento concreto de la historia pronunciaste mi nombre para llamarme a la vida. Gracias por el amor que me regalas cada día. Te pido tu gracia para que siempre pueda cumplir la misión que me encomiendas y así cooperar a la salvación del mundo en nombre de tu Hijo Jesucristo nuestro Señor.
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