lunes, 17 de noviembre de 2014

EL SACERDOTE NO PUEDE HUIR


El sacerdote no puede huir
100 historias en blanco y negro

Algo que me marcó en mi ministerio sacerdotal fue enfrentar la muerte con los soldados


Por: Álvaro de Jesús Arango Rivera. Bogotá, Colombia 



Soy sacerdote desde hace 7 años, en el Obispado Castrense de Colombia, dentro de las Fuerzas Armadas. Es un acompañamiento personalizado a todos los soldados, en estos tiempos del conflicto armado que se presenta en nuestro país.

Algo que me marcó en mi ministerio sacerdotal fue enfrentar la muerte con los soldados de la unidad en la que estaba destinado. Recibimos información de que se haría un atentado con un coche bomba en la periferia de la ciudad. Este día llegué a la unidad militar para descansar, porque vivía dentro de la unidad. En la guardia me recibió el soldado que prestaba servicio a esa hora, un joven de 18 años de edad, a quien faltaba un mes para terminar su servicio militar. Me comentó que estaba preparándose para estudiar en la Universidad, y que su proyecto de vida era salir adelante y ayudar a su familia. Le di la mano y me despedí.

Entré en la unidad militar y me dirigí a descansar. Cuando estaba en mi habitación, durante la noche, escuché una gran explosión. Todo a mi alrededor se derrumbaba. Traté de salir pero la onda explosiva había bloqueado mi puerta. Como pude, salí, y estaba muy cerca de donde fue detonado el coche bomba, en la guardia de la unidad militar. Ver la escena de muerte fue impresionante. Vi cómo aquel soldado que hacía unas horas me contaba de sus proyectos para el futuro, estaba muerto. Había sentido su mano en la mía cuando horas antes me había despedido de él.

Esos segundos fueron una eternidad; tenía mucho miedo y quería salir corriendo. Se me acercó un oficial y me dijo: "Padre, es muy difícil para mí esta situación, tengo sólo algunos meses de salir de la Escuela de Oficiales, y esto que ha pasado, me deja muy inquieto, y tengo mucho temor". Cuando me dijo esto, yo sentía exactamente lo mismo, y recordé que era sacerdote, que había sido ordenado para acompañar a mis fieles y no salir corriendo; que mi fe era probada en este momento y que no podía huir. Si salía de esta situación, que todos estábamos viviendo, ¿qué mensaje dejaba a los soldados? Dirían todos: "hasta el sacerdote huyó, que era la única esperanza". Mi misión era demostrarles un Dios vivo, presente, protector y amoroso.

Les pedí que orásemos juntos para pedir la protección del Altísimo. Durante esos días me dediqué a acompañar a la tropa en la celebración de la Eucaristía, en pedirle a Dios la fortaleza para seguir enfrentando todas las situaciones que este atentado terrorista había dejado en los soldados y en mí personalmente. Seguí más comprometido en mi ministerio y entendí que mi presencia era sumamente importante.


Esta historia y otras mil, fueron recopiladas durante el Año Sacerdotal. Las cien mejores están publicadas en el libro "100 historias en blanco y negro", que puede adquirirse en www.100sacerdotes.com

¿LOS ESCAPULARIOS ME PROTEGEN?

¿Los escapularios me protegen?
El P. Sergio Román nos habla de los escapularios, su significado y su importancia


Por: P. Sergio G. Román | Fuente: Desde la Fe



Recuerdo de la Villita
El otro día fui a la Basílica de Guadalupe y se me ocurrió pasar entre los puestos que invaden la calle frente a la Basílica. En varios puestos vi en venta escapularios en gran cantidad. Escapularios de la Virgen, de Juan Diego, de san Judas y de san Charbel, que son los más populares; escapularios rojos, verdes, azules, blancos, amarillo y de todos los colores habidos y por haber. Me llamó la atención un “collar” hecho con escapularios de varios colores bellamente trenzados formando un cordón multicolor para lucirse en el cuello.
No cabe duda: los escapularios están de moda, una moda impuesta por el ingenio y la creatividad de los comerciantes en artículos religiosos para incrementar sus ventas.
Los recuerdos religiosos en los santuarios de todo el mundo son parte importante en el peregrinar. Son recuerdo de una visita al santuario que se lleva a casa para recordarla siempre. Es como llevar al hogar un pedacito de cielo.

“Me protegen”
Yo veo a muchos fieles de mi comunidad lucir al cuello no uno, sino muchos escapularios que cuelgan allí hasta que se caen de viejos y de sucios.
–¿Por qué usas tantos escapularios?
–Porque me dan protección, son poderosos.
¡Qué fácil es pasar de una devoción legítima a la superstición, sucedáneo de la fe en las personas que no están ilustradas en su religión!
Y yo, sacerdote,  me sentí culpable por no haber explicado suficientemente a mis fieles el uso de los escapularios, antigua tradición de la Iglesia convertida ahora en práctica de magia y brujería.
Si mis fieles supieran lo que significa un escapulario no usarían tantos y, si aceptaran usar uno solo, lo llevarían con más devoción y respeto.

¿Qué es un escapulario?
Literalmente es una prenda que se lleva sobre los hombros colgando por delante y por detrás. Se usa a través de la historia en diferentes tipos de vestiduras y de uniformes, pero es, sobre todo, un hábito religioso. Es la ropa que usan los monjes y las monjas. Consiste en una tira de tela que se lleva sobre el hábito y en la que se borda el escudo de la comunidad a la que se pertenece.
El que lleva un escapulario es porque quiere pertenecer a esa orden o comunidad religiosa.
Cuando surgieron las órdenes religiosas, a finales de la Edad Antigua y principios de la Edad Media, se fundaron la “primera orden” para varones, la “segunda  orden” para mujeres y la “tercera orden” para laicos de ambos sexos que anhelaba pertenecer a la orden religiosa pero que querían hacerlo desde su estado de vida propio.
Las terceras órdenes agruparon a muchos fieles laicos que se comprometían en un tipo especial de vida, en la pobreza, en la castidad dentro del matrimonio y en la obediencia a Dios y a sus ministros. Mediante la oración, la mortificación y las obras buenas, aunadas a ciertas prácticas características de la orden, buscaban su santificación en medio del mundo. Se organizaban bajo la dependencia de la orden religiosa e incluso hacían una especie de votos que renovaban año con año. Estas terceras órdenes, bendecidas y propiciadas por la Iglesia, hicieron y hacen mucho bien entre los fieles laicos, de los cuales muchos han llegado a los altares, como santa Rosa de Lima, que era terciaria dominica.
Estos fieles no podían usar el hábito completo de la orden, pero se les concedía usar un “mini hábito”, es decir, el escapulario reducido a su mínima expresión.
Hay escapularios de los dominicos, mercedarios, franciscanos, agustinos, carmelitas y demás órdenes y comunidades religiosas. El más conocido y usado, sin duda, es el escapulario de la Virgen del Carmen.

El Carmelo
En las costas de Palestina, hacia el mar Mediterráneo, hay una montaña escarpada que domina sobre el mar. Es el Monte Carmelo. En el Antiguo Testamento vivió allí el profeta Elías y desde allí hacía oración para que lloviera sobre aquella tierra que padecía sequía desde hacía varios años.  Dios le hizo caso y un día vio en el horizonte una nubecita, del tamaño de una mano, que se acercaba hacia la tierra firme. Aquella nubecita trajo la lluvia esperada.
Elías, desde entonces, meditó en el Mesías que era esperado como una lluvia salvadora para su pueblo, y en la Madre del Mesías, que sería como aquella nube que trajo la lluvia. Muchos siglos después nació Jesús de María, la Virgen.
Sobre ese monte hubo, después de Elías, una comunidad de profetas que adoraban a Dios y pedían la venida del Mesías. Esa comunidad reconoció en Cristo al esperado y desde entonces en ese monte se veneró a la Madre del Mesías, a María, a la que llamaron cariñosamente “Estrella del mar”, Stella Maris.
Un 16 de julio, en el S. XI, la Virgen María se apareció al superior de la Orden Carmelitana, San Simón Stock, y le dio las reglas de su Orden. Según la tradición le entregó al santo un escapulario de color café con el escudo de la Orden y prometió a los que lo llevaran el salir del purgatorio al siguiente sábado de su muerte. A esto se le llama el “privilegio sabatino”
La Virgen pudo prometer esto, porque llevar el escapulario del Carmen es un compromiso de vivir en oración, en mortificación y en obras buenas, medios clásicos que la Iglesia ofrece a sus fieles para hacer penitencia por sus pecados.
El escapulario del Carmen debe ser impuesto por un sacerdote a los que acepten santificarse en el amor e imitación de María y en la recepción frecuente de la Eucaristía.
¿Verdad que no es tan fácil usar un escapulario?

LA CURACIÓN DEL CIEGO DE JERICÓ


El ciego de Jericó
Milagros


Lucas 18, 35-43. Tiempo Ordinario. Para rezar bien, es necesario acercarse a Dios, ponerse ante su presencia. 


Por: P Clemente González | Fuente: Catholic.net



Del santo Evangelio según san Lucas 18, 35-43
En aquel tiempo, cuando se acercaba Jesús a Jericó, estaba un ciego sentado junto al camino pidiendo limosna; al oír que pasaba gente, preguntó qué era aquello.Le informaron que pasaba Jesús el Nazareno y empezó a gritar, diciendo: ¡Jesús, Hijo de David, ten compasión de mí! Los que iban delante le increpaban para que se callara, pero él gritaba mucho más: ¡Hijo de David, ten compasión de mí! Jesús se detuvo, y mandó que se lo trajeran y, cuando se hubo acercado, le preguntó: ¿Qué quieres que te haga? Él dijo: ¡Señor, que vea! Jesús le dijo: Ve. Tu fe te ha salvado. Y al instante recobró la vista, y le seguía glorificando a Dios. Y todo el pueblo, al verlo, alabó a Dios.

Oración introductoria
Jesús, hoy, en esta oración, te acercas al Jericó de mi alma. Aquí me tienes, como un mendigo ciego y pobre. ¡Jesús, ten compasión de mí! Señor, ¡haz que vea el gran amor que me tienes! Dame el don de la fe. Gracias por respetar mi libertad de modo que pueda ofrecértela, todo lo que soy y lo que creo tener, te lo doy Señor.

Petición
Señor, aumenta mi fe para perseverar en la vida de oración y en mi fidelidad a Ti.

Meditación del Papa Francisco
Él lo ha prometido: eh aquí la piedra angular sobre la que se apoya la certeza de una oración. Con esta seguridad nosotros decimos al Señor nuestras necesidades, pero seguros de que Él pueda hacerlo. Rezar es sentir que Jesús nos dirige la pregunta del ciego: ¿tú crees que puedo hacer esto?
Él puede hacerlo. Cuando lo hará, como lo hará no lo sabemos. Esta es la seguridad de la oración. La necesidad de decir la verdad al Señor. 'Soy ciego, Señor. Tengo esta necesidad. Tengo esta enfermedad. Tengo este pecado. Tengo este dolor...', pero siempre la verdad, como es la cosa. Y Él siente la necesidad, pero siente que nosotros pedimos su intervención con seguridad. Pensamos si nuestra oración es de necesidad y es segura: de necesidad porque nos decimos la verdad a nosotros mismos, y segura, porque creemos que el Señor puede hacer aquello que le pedimos. (Cf. S.S. Francisco, 6 de diciembre de 2013, homilía en Santa Marta).
Reflexión
Era ciego pero tenía las ideas muy claras. Había oído hablar de Jesús de Nazaret, el descendiente del rey David, que hacía milagros en toda Galilea. Y él quería ver. Por eso, cuando le informaron que Jesús iba a pasar por allí, el corazón le dio un vuelco y comenzó a gritar con todas sus fuerzas. ¡Era la oportunidad de su vida! Cuando consiguió estar frente a frente con el Mesías no fue con rodeos; le pidió lo que necesitaba: "¡Señor, que vea!".

Muchos entendidos dicen que este es el modelo perfecto de oración. Primero, buscó el encuentro con Jesús; luego, presentó la petición con toda claridad. Y como tenía mucha fe...

Para rezar bien, es necesario acercarse a Dios, ponerse ante su presencia. Para eso puede ayudar ir a una iglesia y arrodillarse ante el sagrario. ¡Allí está Jesús! Luego, con humildad, suplicando su misericordia como hizo el ciego, le hablamos y le decimos exactamente lo que nos pasa. Sin discursos, sin palabrería. Hay que ir al grano: "Mira, Señor, lo que me pasa es esto...".

Dios ya lo sabe, pero quiere que se lo digamos. Nos pregunta: "¿Qué quieres que te haga?". Entonces, nos escucha y nos lo concede, según nuestra fe.

Pero no acaba aquí el relato. Luego fue a comunicar esa experiencia a todo el pueblo. Había nacido un apóstol. Y consiguió que aquella gente, al verlo, alabara a Dios.

Propósito
Seguir a Cristo llevando consuelo y aliento a un enfermo poco visitado.

Diálogo con Cristo 
Señor, dame la fe para saber que Tú siempre estás conmigo. Necesito la habilidad de ver todo desde tu punto de vista. Permíteme adorarte y glorificarte por tu constante compañía y por nunca dejarme solo en mis problemas y tristezas. Aumenta mi fe para ser capaz de experimentar tu amor en las dificultades y pruebas.
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