martes, 30 de diciembre de 2014

LA TEOLOGÍA DEL SELFIE


La teología del selfie
Los selfies no son algo absolutamente nuevo

Históricamente hablando el primer selfie fotográfico data de 1914 y la protagonista fue una adolescente de 13 años: la gran duquesa Anastacia, de Rusia


Por: Redacción | Fuente: Zenit.org



A mediados de 2014 la NASA creó el mosaico temático sobre el planeta tierra más grande del mundo: 36,422 selfies completaron el collage. La manera de conseguir las fotografías no fue menos megalómana: se hizo por medio del hashtag #GlobalSelfie el cual fue secundado por personas de más de cien países en redes sociales. La masiva participación conseguida por la NASA supuso, en realidad, la continuidad de un fenómeno cada vez más extendido y que incluso ha merecido ser reconocido por el prestigioso Oxford Diccionary como la palabra del año en 2013: «selfie». 
El fenómeno de los selfies ha sobrepasado el ámbito de lo anecdótico (recuérdese, por ejemplo, los «camelfies» o selfies con camellos) y parece estar destinado a no quedar encorsetado en la denominación «moda pasajera». 
¿A qué se debe esta masificación del compartir imágenes sobre uno mismo que tan solo en 2013 supuso 1 millón de publicaciones diarias de este tipo? Evidentemente esto es posible gracias a la dinámica de la inmediatez y la masificación que la técnica hace posible y a la que la sociedad digitalizada estimula. Se trata, por tanto, de algo de carácter técnico pero también psicológico: son las propias personas las que se sienten involucradas y, aunque parezca una redundancia, protagonistas también de sus propias fotos, incluso al sacarlas. 
Esta dimensión protagónica está aderezada por el hecho de que las fotos también son un testimonio capturado en pixeles por el que las personas dicen con imágenes: «yo estuve ahí», «yo soy así», «alguien estuvo conmigo». Y tal vez con un poco de suerte se convierten en contenidos virales, es decir, masivos, consiguiendo así también un poco de fama efímera. 
El fenómeno selfie no ha quedado exento de tintes patológicos como cuando en mayo de 2014 un joven ve caer, tras el sprint final del «Giro de Italia», al ciclista alemán Marcel Kittel: se le acerca y en lugar de ayudarlo se toma una foto con él para luego compartirla en las redes sociales. Actitudes análogas se repiten en muchas partes y con muchas personas. Y eso es también lo que está al fondo del breve corto «Aspirational», de la actriz Kirsten Dunst. 
Dunst se burla finamente de la cultura del selfie y pone el dedo en la llaga: la deshumanización de las personas al tiempo de Instagram. En «Aspirational» vemos a Kirsten esperando fuera de su casa. Pasan dos chicas que la reconocen, se le acercan con smartphones en la mano y, sin más, comienzan a hacerse fotos con ella. Terminada la «sesión» fotográfica las jóvenes se van sin apenas cruzar palabras. «No quieren preguntarme nada», les dice Dunst, mientras una de las chicas pregunta a la otra: «¿cuántos seguidores crees que voy a sumar con esta foto?». 
Desde luego «Aspirational» es una caricaturización pero que tiene su fundamento real: cómo no recordar a aquel niño español que por las mismas fechas se emocionó hasta las lágrimas ante el hecho de poder tomarse una foto con el futbolista argentino Leonel Messi. «¿Qué te ha dicho Messi?», le preguntó al zagal un periodista tras haber obtenido la foto. «Nada», fue la respuesta. Él quería la foto con Messi no las palabras del futbolista. 
A decir verdad, los selfies no son algo absolutamente nuevo. ¿Quién no recuerda el mito de Narciso quien por vicisitudes de la vida termina enamorándose de su propia imagen lo que supone también su muerte ahogado mientras contempla su belleza en la rivera del río? No parece exagerado encontrar alguna lección moralizante de aquel «selfie mitológico» que, aplicado a las circunstancias actuales, invita a abrir los ojos no sólo a esa sobre exposición vanidosa sino también a esa falta de autenticidad que va de la mano de la manipulación de imágenes para aparentar ser quienes no somos. 
Históricamente hablando el primer selfie fotográfico data de 1914 y la protagonista fue una adolescente de 13 años: la gran duquesa Anastacia, de Rusia. Si nos remontamos mucho más atrás y colocamos nuestra atención en ámbito religioso qué es la Sábana Santa o el ayate de la Virgen de Guadalupe sino dos selfies de peculiaridad sobrenatural. Pero en realidad el primer selfie es aún más antiguo, se remonta a Dios mismo y tiene un fundamento teológico: la Biblia. 
En el capítulo 1 versículos 26 y 27 del libro del Génesis se dice claramente que Dios creó al hombre a imagen y semejanza suya. En este sentido, cada auto-fotografía humana sería una imagen que refleja algo de divino -la acción de Dios- y que remite a Él. Pero Dios es todavía más original y quiso sacarse el «selfie más perfecto» de todos: Jesucristo. 
Ciertamente Jesucristo no es una imagen de Dios sino Dios en persona. Y es aquí en definitiva donde encontramos una explicación teológica de los selfies: en el fondo los autoretratos son expresiones de cercanía, de esa capacidad creadora sembrada por Dios en los corazones humanos y que queda materializada en imágenes. No es, por tanto, una simple amauterización de la fotografía posibilitada por las tecnologías sino expresiones muchas veces instintivas que por medio de la reflexión nos revelan ese anhelo de eternidad para el que hemos sido hechos. Cada foto es una forma de decir «existo», «yo también soy parte de la raza humana» y, todavía a un nivel más profundo, «soy imagen y semejanza de Dios». En este sentido podemos decir que hay un anhelo de eternidad en cada autoretrato.

DIÁLOGO CON EL NIÑO DIOS


Diálogo con el niño Dios
Navidad

Niño Lindo, ante ti me rindo, Niño lindo, eres tú mi Dios… 


Por: Antonio Orozco-Delclós | Fuente: Catholic.net



--Dime, Niño, ¿de quién eres,
todo vestido de blanco…?
--Soy de la Virgen María y del Espíritu Santo

--¿DE LA VIRGEN MARÍA? ¿Cómo es éso? ¿Cómo puede ser virgen, UNA MADRE?

--Cosas del Creador del Universo. Él puede hacer madre a una mujer sin contar con varón. Si el varón vivifica es porque ha recibido poder de Dios, Vida en plenitud, infinitamente fecunda. El Espíritu es Señor y Dador de vida.

--Niño lindo, eres un milagro grandísimo…Pero me asalta una cuestión: ¿era menester que fuera virgen, tu Madre?

--La maternidad es una maravilla y la virginidad por Amor es otra. Ninguna de las dos podía faltar en la Maravilla de maravillas. La virginidad es flor enhiesta de alta montaña, belleza inaccesible, sólo para el honor de Dios, esplendor del Espíritu en la tierra. Lo saben los limpios de corazón. La maternidad es poder de participar en la fecundidad infinita del Padre, belleza distinta, co-creante del número de los elegidos. María, es Virgen y Madre. Por tan singular privilegio, puedes colegir el valor –a los ojos de Quien todo lo ve- de lo castísimo, la hermosura de la joya en apariencia infecunda, dedicada por entero al Amor.

--Por eso debe de ser, Niño de Madre Virgen, que tu carita es preciosa y tus ojos enamoran… Dime, ¿desde dónde miran tus ojos?

--Mi mirada es de Niño y de Dios. Yo soy Hijo de Dios en lo eterno y de María en el mundo. Entiéndelo bien: soy Dios Hijo. El Padre y Yo somos uno. Vislúmbralo: cuando tú eras una persona pequeñita en el seno de tu madre, erais dos –dos personas distintas, pero como una sola vida. En rigor, no erais una sola vida, sino dos vidas (creadas). La tuya no era la de tu madre ni viceversa, pero tu vida estaba totalmente inmersa en el seno materno y vivías enteramente a expensas de ella, ¿me sigues?

--Con esa analogía, por elevación me parece atisbar que una sola Vida (increada, infinita, plena) pueda "palpitar" en dos Personas distintas (increadas), porque ambas -siendo distintas- posean... ¿una sola substancia o naturaleza ... ?

--Correcto. Y puedes intuir que Yo sea engendrado eternamente por mi Eterno Padre, y permanezca eternamente en su seno de infinita fecundidad, viviendo en plenitud la vida de mi Padre. Yo soy –el Niño remarca con énfasis el «Yo soy»- Hijo eterno en el seno eterno de la vida plena, infinitamente fecunda de Dios Padre.

--¡No es tan difícil, aunque misterioso!. Continúa, Niño Lindo.


LA PLENITUD DE VIDA QUE SE DA

-- En mi Padre no existe el límite material que hay en las madres. Para ser Yo -engendrado eternamente por el Padre-, no he de ser «dado a luz». Yo soy la Luz, Luz de Luz. No he de nacer propiamente, y de ningún modo crecer o evolucionar dentro o fuera de Dios. Yo soy eternamente Yo. El Padre y Yo somos dos en uno. Créeme, este misterio es la sencillez suma. Somos Amor eterno, eternamente enamorados, rostro con rostro; el mío es Imagen perfecta del suyo. Con un amor tan grande y perfecto que es Amor-Persona, la tercera, el Espíritu Santo, Fruto personal de nuestro Amor, sin comienzo ni término; el Espíritu Santo es la Persona-Amor.

--Tres en Uno… ¡Es de noche! Pero amanece. La Aurora es María, Madre Virgen. El Día, la Luz, es el Niño Dios, Niño Lindo, ante quien me rindo.

--Yo lo he recibido todo del Padre. El Padre es EL QUE DA: LA PLENITUD DE VIDA QUE SE DA, Yo soy EL QUE RECIBE: LA PLENITUD DE VIDA RECIBIDA DEL PADRE. Mi Padre es el DAR TOTAL, Yo soy el RECIBIR TOTAL, en el seno del Único Dios verdadero. Este es el punto que quisiera meterte en la cabeza y en el corazón: en la intimidad del Dios tres veces Santo hay un RECIBIR EN PERSONA: YO. Todo lo recibo del Padre.

--¿Por eso no tienes padre en la tierra?

--Es una poderosa razón. Pero, cuidado, José es más padre que todos los padres del mundo; virginal, un prodigio del Espíritu, para salvaguardar la virginidad de mi Madre y darme una familia en el mundo, y sacarla humanamente adelante, defenderla, conducirla, ¿cómo te lo diría?, para ser providencia de la Providencia; y para enseñarme a ser hombre, a trabajar el hierro y la madera; y enseñar a ser padre a todos los padres.

--Realmente, Niño Lindo, tú tienes palabras de vida eterna. ¡Qué preciosidad!. Eres Dios …, ¿por qué te has metido en este «berenjenal», en el espacio y en el tiempo…?

--¿¡Por qué me has pellizcado!?

--Para ver si eres niño de verdad, no vayas a ser un fantasma, un espectro virtual o algo así. También te podrías aprovechar de tu poder divino para neutralizar un eventual sufrimiento humano…

--¡Yo bajé a la tierra para padecer…!

--¿Por qué tienes que padecer?

--¡Para salvarte! Mi nombre es Jesús, que significa Salvador.

--Salvarme, ¿de qué?

--De ti mismo, de tus cadenas

--¿De mis cadenas?

--Sí, de tus cadenas.

--Sí…, de mis cadenas…

--De tu autosuficiencia; de la falsa autosuficiencia de la humanidad. Tú y tus hermanos estáis como en Babel, construyendo un mundo de espaldas a Dios, desafiando a Dios, os creéis dioses sin Dios, empeñados en eternizar el tiempo. Sois soberbios como hijos de satanás…

--¡Niño! ¡Niño Lindo! ¡Qué severidad! Asoman lágrimas grandes a tus ojos claros … ¿También los dioses lloráis?
 
LOS DIOSES NO LLORAN, DIOS SÍ

--Los dioses no lloran, que son de piedra y metal. Dios sí, que es Amor. No se puede ver la autoperdición de un hijo, sin llorar amargamente. Se ha de hacer lo que sea, cualquier locura que el corazón dicte para recobrar la vida, ¡el amor!, de los amados. La vida es muy severa, muy seria… y ha de ser muy alegre.

--Yo creía que…

--Creías que Dios no tiene corazón, ni entrañas, ni lágrimas. No has leído bien la Escritura. Creías que el pecado del hombre es una banalidad. En cierto modo lo comprendo, porque el pecado supera infinitamente al hombre finito que lo comete. Precisamente porque Dios no es de piedra, ni de oro, ni de plata, por eso sufre inescrutablemente, por eso Yo he venido a la tierra: para padecer, libremente, por puro amor, para dar la vida en redención de muchos…

--Niño mío, Dios mío, Madre mía… Tú, Dios Hijo, el Amado del Padre, Rostro Imagen del Padre, has venido a ser Sufrimiento del Hombre, imagen del Sufrimiento del Padre… Redentor del hombre, de la esclavitud y la muerte de los hijos, por el sufrimiento … Muchos creen en un Dios majestad, todopoderoso, y sin embargo, les repugna un Dios inerme, como tú, Niño Lindo, entre pañales, en un pesebre, y después clavado -¡vencido!- en la tortura de la cruz…

--Porque su imagen es la de un Dios grande a la medida de la pequeñez creatural, un Dios en majestuosa soledad, solitario, no Amor, no Humildad. Un Dios que no sabe recibir y, en consecuencia, no sabe dar. Puede ser el Hacedor del mundo, el Arquitecto del universo, pero no el dador del don perfecto, el perdón. Un Dios que no es el Dios Vivo revelado en las Escrituras.

«DIOS ES FAMILIA»

¡Dios es Familia!, es Padre (Paternidad), Hijo (Filiación) y Amor (tercera Persona), la esencia de la familia. Por eso, al venir al mundo, al humanarme, he querido nacer en una «familia esencial», espejo de la Trinidad del Cielo, modelo de todas las familias de la tierra, para iniciar un gran movimiento -«revolución», podrías decir, en tu concepto- que alcance a hacer de todas ellas, una sola, íntimamente enlazada a la Familia que es Dios Trinidad. Sólo hay un enemigo: la gran estupidez bien llamada soberbia, laautosuficiencia. Mi Padre os ha hecho a nuestra imagen y semejanza: el hombre supera infinitamente al hombre. Finito por naturaleza se halla abierto al Infinito por la inteligencia y el amor. Por eso se puede confundir con Dios. Pero con un Dios falso, soberbio, sin humildad, sin capacidad íntima de recibir. Por eso vengo Yo, Humildad en Persona, despojado de todo vestigio de gloria celestial y me veréis en la más ignominiosa humillación. Para que entendáis que si la indigencia, la pobreza, la tortura, la angustia, el pavor, la tristeza de muerte y tantas cosas que sufriré en mi Pasión hasta la muerte de cruz, es digna de Dios –porque si no, por ahí no pasaría-, todo eso es también digno del hombre. Más aún, ahí está la medicina, la salvación de lo que más importa: la curación radical de la soberbia. ¡Contra soberbia, humildad! ¿O has olvidado lo más elemental del Catecismo?

SÓLO EL QUE SABE RECIBIR, SABE DAR

YO SOY LA HUMILDAD, la virtud del que recibe, no de cualquier manera, sinoreconociendo el don. ¿Reconoces ahora mismo estar recibiendo cada uno de los latidos de tu corazón? ¿Reconoces que cada instante de tu vivir, sea como sea, es don? Saber recibir, es saber agradecer el don. ¿Agradeces cada respiración, cada uno de los pasos que puedes dar en la vida, y los que no puedes dar, porque no los necesitas? ¿Andas por ahí quejumbroso como si no fueses hijo de Dios? Yo me siento tan a gusto entre las pajas del pesebre, como en los mullidos divanes de los ricachones, como en el lecho vertical de la cruz. Entiéndeme, estoy feliz, porque lo entiendo, en todo caso, como don recibido del Padre para mucho bien. Sólo el que sabe recibir, sabe dar. Recibir, reconocer, agradecer, es tanto como decir estar disponible, ponerse a disposición de mi Padre, puesto que todo cuanto soy y puedo es don suyo. Toda su providencia es amorosísima y sapientísima. Es preciso aprender a leer en ella, en las cosas que pasan y me pasan, que te pasan. Disponibilidad es actitud de darse sin reservas a la sabiduría y al amor del Padre. Es no tener otro norte. Vivir por Él y para Él. Más fácil: mirarme, contemplarme, y seguirme, sin pararte a pensar que no vales, que no sirves, que eres un miserable… ¡los miserables! Muchos le llaman a esto humildad, pero no es más que cobardía y comodidad. Es verdad si lo dices prescindiendo de Mi: sin Mi no puedes nada, no vales nada, no puedes nada, ni siquiera existes. Pero si tienes un aliento de vida, puedes amar, puedes seguirme. Intentarlo al menos, ya es seguirme. Ya tienes un don que reconocer, agradecer y dar y hacerlo fructificar en la banca del amor. Yo también daré un último aliento y pondré mi espíritu en manos de mi Padre en un acto supremo de Redención.

Aprende de mi Madre. Ella no dice: ¡ah, Señor, yo sirvo de esclava, pero nada más. No podré ser tu Madre!. ¡No! Dice: ¡Hágase en mi según tu palabra!. Esto es humildad. Si te quedas enredado en tus miserias serás cada vez más miserable. ¡Eres hijo de Dios! ¡Atrévete a serlo cada día más! Tienes talentos. Aprende a recibirlos, los que sean, sin humillación. ¡Agradécelos!. Da gracias siempre por todo, a mi Padre y a aquellos de quienes se sirve mi Padre. Así estarás siempre disponible para dar y darte con una humildad que te llenará de alegría.

--Niño Lindo, ante ti me rindo, Niño lindo, eres tú mi Dios… Me lo das todo, te me das entero en la Eucaristía. ¡Belén permanente! Sálvame de mí mismo, de todas las cadenas que me impiden recibir con libertad tus dones y darme, a Ti y a los demás.

--Aquí me tienes, en el pesebre. Aquí, tu Dios-disponible, tu Dios Acción de gracias, tu Dios Humilde, tu Dios que todo lo recibe y todo lo da, dándose: ha venido no a ser servido sino a servirte, despojado de toda gloria divina y de toda gloria humana, para necesitarte, para recibir tu calor y tu fuego, tu ternura y compasión, delicadezas de amor y reciedumbre, fortaleza, oración, trabajo, apostolado… ¡Ven y sígueme!. Crece conmigo, en sabiduría, estatura íntima y gracia ante Dios y ante los hombres. Hazte niño y cántame como si fueras Yo:
Mi Madre es del Cielo, mi Padre también.
Yo bajé a la tierra para padecer (bis)…,


Después, el Belén eterno. Ahora, el ciento por uno y más tarde, no mucho más tarde, la Vida eterna.

SE TERMINA EL AÑO NUEVO 2014


Se termina el año
Han pasado ya las penas y las alegrías. De ellas sólo quedan el mérito de haber sufrido con espíritu sobrenatural, y de haber agradecido a Dios.
Por: P. Jorge Loring SJ | Fuente: Catholic.net




El tiempo pasa volando. Han pasado ya las penas y las alegrías. De ellas sólo quedan el mérito de haber sufrido con espíritu sobrenatural, y de haber agradecido a Dios las satisfacciones. El pasado deja huella en la biografía que Dios tiene de mí.

El día de hoy podríamos considerar tres cosas:
a) El tiempo pasa.
b) La muerte se acerca.
c) La eternidad nos espera.

El tiempo pasa volando. Han pasado ya las penas y las alegrías. De ellas sólo quedan el mérito de haber sufrido con espíritu sobrenatural, y de haber agradecido a Dios las satisfacciones. El pasado deja huella en la biografía que Dios tiene de mí.

La muerte se acerca. Cada día que pasa estoy más cerca de ella. Es necio no querer pensar esto. Muchos de los que murieron el año pasado se creían que iban a seguir vivos en éste, pero se equivocaron. Puede que este año sea el último de nuestra vida. No es probable, pero sí posible. Debo tenerlo en cuenta. En ese momento trascendental, ¿qué querré haber hecho? ¿Qué NO querré haber hecho? Conviene hacer ahora lo que entonces me alegraré de haber hecho, y no lo que me pesará haber hecho.

La eternidad nos espera. Nos preocupamos mucho de lo terrenal que va durar muy poco. Nos preocupamos de la salud, del dinero, del éxito, de nuestra imagen, etc. Todo esto es transitorio. Lo único que va a perdurar es lo espiritual. El cuerpo se lo van a comer los gusanos. Lo único que va a quedar de nosotros es el alma espiritual e inmortal.

Con la muerte no termina la vida del hombre: se transforma, como dice el Prefacio de Difuntos. Palabras de Santo Tomás Moro sobre la morada en el cambio de destino.

Los que niegan la vida eterna es porque no les conviene. Pero negarla no es destruirla. La verdad es lo que Dios nos ha revelado.

Hoy es el momento de hacer balance. No sólo económico, sino también espiritual y moral.

Hagamos examen del año que termina.

Sin duda que habrá páginas maravillosas, que besaremos con alegría.

Pero también puede haber páginas negras que desearíamos arrancar. Pero eso ya no es posible. Lo escrito, escrito está.

Hoy abrimos un libro nuevo que tiene todas las páginas en blanco. ¿Qué vamos a escribir en él?

Que al finalizar este año que hoy comienza, podamos besar con alegría cada una de sus páginas.

Que no haya páginas negras que deseemos arrancar.

Puede que en ese libro haya cosas desagradables que no dependen de nosotros.

Lo importante es que todo lo que dependa de nosotros sea bueno.

Pidamos a Dios que dirija nuestra mano para que a fin de año podamos besar con alegría todo lo que hemos escrito.

También es el momento de examinar todas las ocasiones perdidas de hacer el bien.

Ocasiones irrecuperables. Pueden venir otras; pero las perdidas, no se recuperarán.

Finalmente, demos gracias a Dios de todo lo bueno recibido en el año que termina.

De la paciencia que Dios a tenido con nosotros.

Y de su gran misericordia.
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