viernes, 29 de mayo de 2015

LA FE MUEVE MONTAÑAS


Le fe mueve montañas
Tiempo Ordinario


Marcos, 11, 11-26. Tiempo Ordinario. Cuando pidan algo en la oración, crean que ya lo tienen y lo conseguirán. 


Por: Víctor Hugo Gamboa | Fuente: Catholic.net



Del santo Evangelio según san Marcos, 11, 11-26
Jesús llegó a Jerusalén y fue al Templo; después de observarlo todo, como ya era tarde, salió con los Doce hacia Betania. Al día siguiente, cuando salieron de Betania, Jesús sintió hambre. Al divisar de lejos una higuera cubierta de hojas, se acercó para ver si encontraba algún fruto, pero no había más que hojas; porque no era la época de los higos. Dirigiéndose a la higuera, le dijo: Que nadie más coma de tus frutos». Y sus discípulos lo oyeron.
Cuando llegaron a Jerusalén, Jesús entró en el Templo y comenzó a echar a los que vendían y compraban en él. Derribó las mesas de los cambistas y los puestos de los vendedores de palomas, y prohibió que transportaran cargas por el Templo. Y les enseñaba: ¿Acaso no está escrito: Mi Casa será llamada Casa de oración para todas las naciones? Pero ustedes la han convertido en una cueva de ladrones. Cuando se enteraron los sumos sacerdotes y los escribas, buscaban la forma de matarlo, porque le tenían miedo, ya que todo el pueblo estaba maravillado de su enseñanza.
Al caer la tarde, Jesús y sus discípulos salieron de la ciudad. A la mañana siguiente, al pasar otra vez, vieron que la higuera se había secado de raíz. Pedro, acordándose, dijo a Jesús: «Maestro, la higuera que has maldecido se ha secado». Jesús respondió: «Tengan fe en Dios. Porque yo les aseguro que si alguien dice a esta montaña: Retírate de ahí y arrójate al mar», sin vacilar en su interior, sino creyendo que sucederá lo que dice, lo conseguirá. Por eso les digo: Cuando pidan algo en la oración, crean que ya lo tienen y lo conseguirán. Y cuando ustedes se pongan de pie para orar, si tienen algo en contra de alguien, perdónenlo, y el Padre que está en el cielo les perdonará también sus faltas. Pero si no perdonan, tampoco el Padre que está en el cielo los perdonará a ustedes.


Oración introductoria
Señor, creo en ti, ayúdame a creer con firmeza; espero en ti, ayúdame a vivir sin desconfianza; Señor, te amo, ayúdame a demostrártelo con hechos. Quiero ofrecer esta meditación por los que no creen en ti, por los que pasan problemas muy difíciles, por los que se olviden de ti.

Petición
Señor, aumenta mi fe, que pueda verte en cada instante de mi vida. Que cuando vaya a tu casa, ella sea para mí una casa de oración donde me aumentes la fe y te conozca más.

Meditación del Papa Francisco
La liturgia del día propone el Evangelio en el que Jesús expulsa a los mercaderes del Templo, porque han transformado la casa de oración en una cueva de ladrones. Y lo que hace Jesús es un gesto de purificación, el templo había sido profanado y con el Templo, el pueblo de Dios. Profanado con el pecado tan grave que es el escándalo.
La gente es buena, la gente iba al Templo, no miraba estas cosas; buscaba a Dios, rezaba... pero debía cambiar las monedas para las ofrendas. El pueblo de Dios no iba al Templo por esta gente, por los que vendían, pero iban al tempo de Dios y allí había corrupción que escandalizaba al pueblo. Por eso yo pienso en el escándalo que podemos causar a la gente con nuestra actitud, con nuestras costumbres no sacerdotales en el Templo: el escándalo del comercio, el escándalo de la mundanidad... Cuántas veces vemos que entrando en una iglesia, aún hoy, está ahí la lista de los precios, para el bautismo, la bendición, las intenciones para la misa. Y de todo esto el pueblo se escandaliza. (Cf Homilía de S.S. Francisco, 21 de noviembre de 2014, en Santa Marta).
Reflexión 
En este pasaje del evangelio, Cristo muestra su amor al Padre, busca darle siempre el primer lugar en su vida. Para estar con Dios es necesario darle el lugar que le corresponde, pues si no fuera por Él, no sería posible nada de lo que ahora vemos y sentimos. Cristo nos muestra la importancia de poner a Dios en el centro, de estar unidos a Él, y la forma de estar unidos es vivir con fe en cada momento de nuestra vida. Cuando vivimos cada día así, dejamos entrar a Dios en nuestra burbuja para transformarnos en sus hijos muy amados.

Propósito
El día de hoy, en cada actividad, buscaré ver a Dios para tenerle presente.

Diálogo con Cristo
¡Señor!, sé que a veces me he alejado de ti. No me he confiado en tus manos, me he desesperado cuando surge alguna dificultad. Quiero ser tu mejor amigo, ayúdame a salir de esta incredulidad que no me permite estar muy cerca de ti. Señor, confío en ti. Ayúdame a crecer más en ti, pues tú vales la vida entera; ayúdame a verte en los demás, en los que sufren; enséñame el camino que he de seguir y nunca permites que me separa de ti. Así sea.


Renovar de modo más maduro la propia adhesión a la fe es condición para una participación verdadera y plena en la celebración eucarística, que constituye la cumbre de la vida eclesial (Juan Pablo II)

miércoles, 27 de mayo de 2015

¿SE PUEDE ORAR DE DIFERENTES MANERAS? ¿HAY VARIAS FORMAS DE ORAR?

¿Se puede orar de diferentes maneras? ¿Hay varias formas de orar?
La vida de oración
La tradición cristiana ha conservado tres modos principales de expresar y vivir la oración: la oración vocal, la meditación y la oración contemplativa. Su rasgo común es el recogimiento del corazón. (CIC-C #568)


Por: Catholic.net | Fuente: Catholic.net



La tradición cristiana ha conservado tres modos principales de expresar y vivir la oración:  la oración vocal, la meditación y la oración contemplativa. Su rasgo común es el recogimiento del corazón. (CIC-C #568)
Así que, de acuerdo al Catecismo, y de acuerdo a la experiencia de vida de oración de los católicos, hay tres formas de expresión en la oración:  vocal, meditación u oración mental y contemplación.
A pesar de que cada forma de orar tiene características especiales que hacen que se diferencien entre si, las tres tienen el mismo fin (la unión con Dios), y las tres requieren el recogimiento de la mente y del corazón.  Es decir, las tres presuponen el deseo de tomar contacto con Dios a través de la oración.

2.      ¿En qué consiste la oración vocal?
Consiste en repetir con los labios o con la mente, oraciones ya formuladas y escritas como el Padrenuestro, el Avemaría, la Salve, etc.  
Para aprovechar esta forma de oración es necesario pronunciar las oraciones lentamente, dándonos cuenta de lo que estamos diciendo a Dios.  Así, entonces, podemos elevar el alma a Dios.
La palabra escrita que leo o que repito de memoria es como un puente que me ayuda a establecer contacto con Dios.  Por ejemplo, si yo leo "Tú eres mi Dios" y trato de hacer mías esas palabras, mi mente y mi corazón ya están contactando a Dios, ya están con Dios.
La oración vocal pueden ser también oraciones que yo invento (mejor dicho:  que el Espíritu Santo me inspira), palabras mías con las que me comunico con Dios.  Eso es lo que llamamos oración espontánea:  es vocal, pero no está pre-hecha o escrita.
De la oración vocal se puede pasar a otra forma de oración.  Toda oración es agradable a Dios.  Aunque la vocal es la más simple, ésta siempre es necesaria en la vida de oración.
La oración vocal asocia el cuerpo a la oración interior del corazón; incluso quien practica la más interior de las oraciones no podría prescindir del todo en su vida cristiana de la oración vocal. En cualquier caso, ésta debe brotar siempre de una fe personal. Con el Padre nuestro, Jesús nos ha enseñado una fórmula perfecta de oración vocal. (CIC-C #569)

3.      ¿Qué son las comuniones espirituales?
Entre las oraciones vocales más útiles y tal vez menos utilizadas está la comunión espiritual. 
Consiste en expresarle a nuestro Señor Jesucristo el deseo de recibirlo en el Sacramento de la Eucaristía y pidiendo  recibirlo espiritualmente.  Es la oración necesaria  para cuando no podemos recibir el Sacramento de la Eucaristía.  
También puede hacerse comuniones espirituales a lo largo del día como forma de estar unidos a Jesús.
Una de las fórmulas más conocida es la de San Alfonso María de Ligorio:

COMUNION ESPIRITUAL
Creo, Jesús mío, que estás
realmente presente
en el Santísimo  Sacramento
del Altar.  
Te amo sobre todas las cosas y deseo recibirte en mi alma. 
Pero como ahora no puedo recibirte sacramentalmente,
ven espiritualmente a mi corazón.


4.      ¿Qué es la meditación?  (CIC-C #570)
En la meditación cristiana contemplamos por medio de representaciones mentales y/o lecturas, algún pasaje de la Sagrada Escritura, (Lectio Divina),  o alguna verdad de nuestra Fe, o alguna faceta o momento de la propia vida, para tratar de descubrir en la meditación la Voluntad de Dios para mí.
Cuando tenemos delante de nosotros un texto sagrado, lo que hay que hacer es abrir nuestra mente y nuestro corazón a Dios, decirle que me entrego a El y pedirle que me diga lo que desee por medio de esa lectura.  
La meditación cristiana es orar pensando o pensar orando.
La meditación es una reflexión orante, que parte sobre todo de la Palabra de Dios en la Biblia; hace intervenir a la inteligencia, la imaginación, la emoción, el deseo, para profundizar nuestra fe, convertir el corazón y fortalecer la voluntad de seguir a Cristo; es una etapa preliminar hacia la unión de amor con el Señor.

5.      ¿Qué diferencia hay entre la meditación cristiana y lo que hoy día llama la cultura “meditación” o “meditar”?
Lo que nuestra cultura llama meditación o meditar es muy distinto a lo que es la oración mental o meditación cristiana.  Pueden confundirse, pero son totalmente opuestas.  
Lo que hoy llamamos “meditación” en nuestra cultura es una práctica venida del paganismo oriental.
En la oración cristiana se busca a Dios.  En la meditación pagana el que medita realmente se busca a sí mismo.  Para esto usa técnicas y ejercitaciones especiales, como repetición de mantras, etc.  Es decir: el resultado depende de aplicar bien los métodos y las actividades que se proponen.
En la oración cristiana el orante busca a Dios y desea entregarse a El.  En la pagana se busca la fusión con la divinidad, de la que se considera parte:  el meditante se cree que “forma parte” de dios (Panteísmo).
En la oración cristiana el orante busca a Dios y lo deja actuar en su alma, la cual es transformada por la Gracia Divina.  Es decir: Dios es quien hace; la persona se deja hacer.
En la oración cristiana, Dios toma posesión del alma –si El lo desea y cuando El lo desea.  En la meditación pagana el alma se cree falsamente divinizada.

6.      ¿Qué es la oración contemplativa? 
En este tipo de oración el orante no razona, sino que trata de estar en recogimiento, silenciando su cuerpo y su mente para estarse en silencio con Dios.
El recogimiento interior o interiorización se fundamenta en un dato de fe:  Dios nos inhabita, somos "templos del Espíritu Santo" (cf. 1 Cor 3, 16).
La oración de silencio es un movimiento de interiorización, en la que el orante se entrega a Dios que habita en su interior.  Ya no razona acerca de Dios, como en la meditación, sino que se queda a solas con Dios en el silencio, y Dios va haciendo en el alma su trabajo de Alfarero para ir moldeándola de acuerdo a Su Voluntad.
Es muy importante tener en cuenta que buscar a Dios en la oración de recogimiento depende del orante.   Recibir el don de la contemplación depende de Dios.  
La contemplación o  gracias místicas que pueden darse en este tipo de oración, sondon de Dios.  Por ello, no pueden lograrse a base de técnicas.
Si se dan esas gracias místicas o si adviene la contemplación, esto ni siquiera es fruto del esfuerzo que se ponga en la oración, sino que como don de Dios que son, El da a quién quiere, cómo quiere, cuándo quiere y dónde quiere.
Dios es libérrimo y se da a su gusto y decisión:  un día puede darnos un regalo de contemplación y al día siguiente podemos sentir la oración totalmente insípida.  Dios es imprevisible por naturaleza:  no podemos prever lo que nos va a dar.  Siempre nos sorprende.
La oración contemplativa es una mirada sencilla a Dios en el silencio y el amor. Es un don de Dios, un momento de fe pura, durante el cual el que ora busca a Cristo, se entrega a la voluntad amorosa del Padre y recoge su ser bajo la acción del Espíritu. Santa Teresa de Jesús la define como una íntima relación de amistad: «estando muchas veces tratando a solas con quien sabemos que nos ama». (CIC-C #571)

7.      ¿Cuáles son los frutos de la oración?  ¿Qué podemos esperar de la oración?
Es muy importante tener en  cuenta que las gracias místicas que puedan derivarse de este tipo de oración no son su verdadero fruto, ni siquiera son necesarias para obtener fruto en la oración.
El fruto verdadero de la oración (vocal, mental o contemplativa) es:
  • ir descubriendo la Voluntad de Dios para nuestra vida.
  • irnos haciendo dóciles a la Voluntad de Dios.
  • llegar a que sea la Voluntad de Dios y no la propia la que rija nuestra vida:  nuestra voluntad unida a la de Dios.

8.      ¿Cómo disponerse a la contemplación?
ADORACION --------- yo
RECOGIMIENTO------------- yo y Dios
CONTEMPLACION-------- Dios
Hay que sintonizar a Dios, como sintonizamos una estación de radio-comunicación.  El Señor puede trasmitir, o en silencio, o con palabras, o con visiones, o con agradables aromas.  Nunca lo sabremos de antemano.La sintonización la podemos hacer con la  a d o r a c i ó n .   Puede el Señor dejarnos en adoración o recogernos en su silencio.  Y puede ir más allá:  darnos contemplación y gracias místicas.  Pero la contemplación no depende del orante, sino de Dios.

9.  Nuestra participación en la oración:
La persona debe poner su deseo y su disposición, principalmente su actitud de silencio (apagar ruidos exteriores e interiores).
El silencio aún no es contemplación, pero es el esfuerzo que Dios requiere para dársenos y transformarnos.
El que actúa en la oración es el Espíritu Santo, pero El no puede actuar en nosotros si no estamos en actitud de adoración, en actitud de reconocernos creaturas dependientes de Dios y, como consecuencia, nos abandonamos a su Voluntad. 
Es cierto que el Espíritu Santo puede actuar en nosotros aunque no estemos en adoración.  Es cuando el Espíritu Santo nos vence … Puede hacerlo.  De hecho lo hace a veces … como a San Pablo.  El Espíritu Santo puede actuar con fuerza o con suavidad(cf. Sb. 8, 1 en traducción de la Vulgata) 
Pero normalmente el Espíritu Santo sólo actúa en la medida en que estemos en oración, en disposición de adorar.  Y en la medida que se lo pidamos.  Y debemos pedirle que nos transforme, que nos cambie, que nos santifique, que nos dé tal o cual gracia que necesitamos para ser más parecidos a Jesús y a su Madre.
La oración de adoración nos hace receptivos y dóciles a las inspiraciones del Espíritu Santo.  La oración nos permite escuchar la suave brisa de la cual le habló Jesús a Nicodemo (cf. Jn. 3, 8), que sopla donde quiere, pero que casi no se escucha … menos aún si no nos silenciamos.
En el silencio recibimos lasinspiraciones del Espíritu Santo.
En la adoración nos hacemosdóciles
al Espíritu Santo.

 
10.    ¿Cuál es la participación de Dios en la oración?
  La participación de Dios escapa totalmente nuestro control, porque El -soberanamente- escoge cómo ha de ser su acción en el alma del que ora.
En ese recogimiento cuando oramos, Dios puede revelarse o no, otorgar o no gracias místicas o contemplativas.  Esta parte, el don de Dios, no depende del orante, sino de El mismo, que se da a quién quiere, cómo quiere, cuándo quiere y dónde quiere.
Es muy importante tener en cuenta que la efectividad de la oración contemplativano se mide por el número ni la intensidad de las gracias místicas.  Se mide por la intensidad de nuestra transformación espiritual: crecimiento en virtudes, desapego de lo material, entrega a Dios, aumento en los frutos del Espíritu, etc.

11.    ¿Por qué se habla de la oración como un combate? 
  Es corriente que los maestros espirituales hablen de la vida espiritual como un combate, comenzando por San Pablo que describe el combate espiritual en Ef 6, 10-18.
El campo de batalla es el interior de la persona.  El arma del cristiano es la oración.  Podemos perder ese combate o podemos ganarlo.   Podemos ganar algunas batallas y perder otras, igual que en las guerras.
Para ganar este combate, tenemos que luchar contra la acedia o pereza espiritual, que es básicamente la falta de interés en las cosas de Dios.  Luego tenemos que vencer las excusas:  “no tengo ganas” o “no tengo tiempo”.
En resumen tenemos que vencer al Enemigo que no le interesa que nadie ore, pues no quiere que nadie se entregue a Dios, ni que esté del lado de Dios. 
La oración es un don de la gracia, pero presupone siempre una respuesta decidida por nuestra parte, pues el que ora combate contra sí mismo, contra el ambiente y, sobre todo, contra el Tentador, que hace todo lo posible para apartarlo de la oración. El combate de la oración es inseparable del progreso en la vida espiritual: se ora como se vive, porque se vive como se ora.  (CIC-C #572)
Así es el combate espiritual.  ¿Estás dispuesto (a) a ganarlo?  ¿O te vas a dar por vencido?

12.    ¿Qué sucede cuando parece que la oración no diera frutos?
A veces pensamos:  he orado y no me sirve para nada.  Es probable que estamos pidiendo algo que no nos conviene.  Dios siempre responde.  Y su respuesta puede ser:  Sí, No o todavía No. 
Hay que tener claro que la oración no busca resultados superficiales o sensoriales.  La finalidad de la oración es el acercarnos a Dios y el poder ir uniéndonos a El, uniéndonos a su Voluntad.
El aparente silencio de Dios es una invitación para seguir acercándonos a El y a confiar más en El.  Quien ora tiene que saber que Dios es libérrimo, además de imprevisible, y que se da a quien quiere, como quiere, cuando quiere, donde quiere. 

13.    ¿Cuáles son las dificultades para la oración?  (CIC-C #574)
 La dificultad habitual para la oración es la distracción, que separa de la atención a Dios, y puede incluso descubrir aquello a lo que realmente estamos apegados. Nuestro corazón debe entonces volverse a Dios con humildad. A menudo la oración se ve dificultada por la sequedad, cuya superación permite adherirse en la fe al Señor incluso sin consuelo sensible. La acedía es una forma de pereza espiritual, debida al relajamiento de la vigilancia y al descuido de la custodia del corazón.

14.    ¿Qué hacer cuando no se siente nada en la oración o cuando no queremos seguir orando?
Todo orante ha pasado por distracciones, sentimiento de vacío interior, sequedad e incluso cansancio en la oración.  Pero el verdadero orante sabe que hay que tener constancia y fidelidad en la oración

15.    ¿Qué es la aridez en la oración y qué hacer en la aridez?
La aridez una sensación de sequedad, de falta de consuelo en la oración.  Pero la aridez no es un mal.  Puede, incluso, ser una gracia.
Si, examinada nuestra conciencia, no hay culpa en la aridez, puede ser que Dios desea que pasemos un tiempo de sequedad.
Cuando venga la aridez –que vendrá- hay que tener cuidado, porque puede convertirse en una tentación.
Pudiera suceder que cuando ya hemos avanzado algo en la oración o cuando estamos agobiados de trabajo y se descuide la oración, se comience a creer que la oración no es para uno.  Ese sería un triunfo del Demonio, pues hace todo lo que puede para que nos quedemos exteriorizados.          
Cuando estemos en aridez, más hay que adorar.  Necesitamos orar más.  Pueda que nos cueste más trabajo.  Es como tener que ira a sacar agua del pozo, en vez de recibirla por irrigación o –mejor aún- de la lluvia (cf. Santa Teresa de Jesús). 
La aridez es parte del camino de oración.  Porque creer en el Amor de Dios no es sentir el Amor. Es, por el contrario, aceptar no sentir nada y creer que Dios me ama.
Así que no hay que juzgar la vida de oración según ésta sea árida o no.  La sequedad es un dolor necesario.  No podemos amar a Dios por lo que sentimos, sino por lo que El es. 
La aridez es necesaria para ir ascendiendo en el camino de la oración.  Así que, viéndolo bien, la aridez es un don del Señor, tan grande o mayor que los consuelos en la oración. 
Con la aridez el Señor nos saca del nivel de las emociones y nos lleva al nivel de la voluntad:  oro aunque no sienta porque deseo amar al Señor.
La aridez, entonces, cuando no es culposa, porque nos hemos alejado del Señor por el pecado o porque no hemos orado con la asiduidad necesaria, es un signo de progreso en la oración.
La oración es siempre una experiencia transformante, haya gracias místicas o no, estemos en aridez o no.

16.    ¿Qué relación hay entre la oración y la caridad fraterna?
No hay verdadera caridad fraterna si no hay oración.  El que no ora puede hacer filantropía o altruismo, pero esas formas de solidaridad no son caridad o amor al prójimo.
La oración es tan importante que no podemos pretender amar, amar verdaderamente, amar como Dios nos ama, si no nos abrimos a la acción del Espíritu Santo a través de la oración y de los Sacramentos.  Porque para amar verdaderamente hay que dejar que  sea el Espíritu Santo -que habita en nuestro interior si estamos en estado de gracia- Quien ama en nosotros y a través de nosotros.  De otra manera, lejos de proyectar el Amor de Dios en nosotros, podemos más bien proyectar nuestro propio yo.
Con respecto a la relación entre la oración y el amor, Santa Teresa de Jesús la deja bien clara en una breve consigna:  “Orar es llenarse de Dios y darlo a los demás”. Y Santo Domingo de Guzmán lo acuña aún más concisamente:  “Contemplad y dad lo contemplado”.
Ambos quieren decir que no hay amor verdadero sin oración.  la oración verdadera no nos deja ensimismados, sino que  nos impulsa a dar a Dios a los demás.  En eso consiste el verdadero amor.
Ese fue el secreto de la Beata Teresa de Calcuta:  “Cuanto más recibimos en el silencio de la oración, más damos en nuestra vida activa.  Necesitamos del silencio para ‘tocar’ las almas.  Lo importante no es lo que decimos a Dios, sino lo que Dios nos dice y lo que dice a través de nosotros.  Todas nuestras palabras son vanas si no vienen del interior.  Las palabras que no dan la luz de Cristo, aumentan las tinieblas”  (Beata Teresa de Calcuta).

DEJADLAS CRECER EN PAZ



Dejadlas crecer en paz
Educación por edades

Están robando a las niñas lo más precioso que tienen: su infancia


Por: Jorge Enrique Mújica | Fuente: Catholic.net



Sus cabelleras son campos de experimentación donde los peinados más sicodélicos de las estrellas del espectáculo son imitados. Sus rostros son máscaras de cargado maquillaje como queriendo indicar que a más pintura, más belleza. El escote del pecho es simplemente descarado y el de la falda prácticamente inexistente. Si usan mezclilla, lo obligado es que sea lo más adherida posible al cuerpo, aunque les cueste caminar, sentarse o, simplemente, respirar. Quizá todavía no aprenden a caminar pero ya están usando tacones…

No, no estamos imaginando a una jovencita de 15 ó 16 años, menos todavía a una de 20 ó 25. Es más, ni siquiera es imaginación sino realidad.

Cada vez es más frecuente hallar a niñas de 3, 4 ó 5 años vestidas “de grandes”. No es su culpa. Son hijas de su tiempo y lo que ven es lo que imitan. No es que lo imitado sea lo mejor, pero les faltan auténticos modelos. Hecho sintomático de la crisis de valores.

Están pululando los negocios que lucran robándoles a las niñas lo más precioso que tienen: su infancia. Les están robando la posibilidad de desarrollar su imaginación, les están robando su inocencia, les están robando su pudor. Y quizá lo más triste es que en todo esto, muchas veces los padres sean cómplices. Que si sala de belleza para niñas, que si tiendas de ropa para niñas, que si gimnasios para niñas, que si…

“¡Hay que dejarlas ser como ellas quieren!”, afirman algunos. Sí, pero no es atentar contra la libertad de la niña el encauzarla hacia algo mejor que la realice como auténtica persona. No es exagerado vincular los casos de violaciones y embarazos no deseados a quienes desde pequeñas conocieron y desarrollaron un modo de vestir que, las más de las veces, es la manifestación externa de una actitud, forma de vida o modo de pensar en el que se creció.

El problema de fondo en todo esto, es que bajo un pretendido estar “al día”, pase la vida y las niñas nunca hayan conocido su infancia. Es peligroso fomentar actitudes consumistas donde importa y vale el que más tiene (la sociedad de la apariencia), actitud que cifra el valor de media humana sólo por lo que posee y no por lo que vale en sí misma.

Hay que enseñarles que se puede ser elegante sin perder la dignidad. Hay que mostrarles que se puede cuidar la belleza física sin convertirse en payasos. Hay que encauzarlas a velar por la belleza del alma; en esa tarea sí se pueden afanar desde pequeñas y, a la larga, es lo que cautiva al sexo opuesto. Hay que hacerlas reflexionar en que no son objetos sino sujetos y que, como tales, no deben dejarse llevar por modas que otros imponen. Hay que meterles en la cabeza que la moda es la novedad más pasajera y que el ser humano está hecho para la trascendencia. Posiblemente así, ninguna mujer será presa de nadie, ni utilizada por ninguno. Quizá este sea un paso más en miras a un auténtico feminismo.

Si no, ahí está luego la paradoja: cuando algunas son niñas, creen que son grandes, y ya de grandes, se comportan como niñas.

EL HIJO DEL HOMBRE, QUE NO HA VENIDO A QUE LO SIRVAN



El Hijo del hombre, que no ha venido a que lo sirvan
Tiempo Ordinario


Marcos 10, 32-45. Tiempo Ordinario. Cuidemos el lugar que Cristo nos tiene preparado en el cielo, siempre con humildad y sirviendo a los demás. 


Por: Misael Cisneros | Fuente: Catholic.net



Del santo Evangelio según san Marcos 10, 32-45
Iban de camino subiendo a Jerusalén, y Jesús marchaba delante de ellos; ellos estaban sorprendidos y los que le seguían tenían miedo. Tomó otra vez a los Doce y comenzó a decirles lo que le iba a suceder: Mirad que subimos a Jerusalén, y el Hijo del hombre será entregado a los sumos sacerdotes y a los escribas; le condenarán a muerte y le entregarán a los gentiles, y se burlarán de él, le escupirán, le azotarán y le matarán, y a los tres días resucitará» Se acercan a Él Santiago y Juan, los hijos de Zebedeo, y le dicen: Maestro, queremos, nos concedas lo que te pidamos». Él les dijo: ¿Qué queréis que os conceda? Ellos le respondieron: Concédenos que nos sentemos en tu gloria, uno a tu derecha y otro a tu izquierda. Jesús les dijo: No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber la copa que yo voy a beber, o ser bautizados con el bautismo con que yo voy a ser bautizado? Ellos le dijeron: Sí, podemos. Jesús les dijo: La copa que yo voy a beber, sí la beberéis y también seréis bautizados con el bautismo conque yo voy a ser bautizado; pero, sentarse a mi derecha o a mi izquierda no es cosa mía el concederlo, sino que es para quienes está preparado. Al oír esto los otros diez, empezaron a indignarse contra Santiago y Juan. Jesús, llamándoles, les dice: Sabéis que los que son tenidos como jefes de las naciones, las dominan como señores absolutos y sus grandes las oprimen con su poder. Pero no ha de ser así entre vosotros, sino que el que quiera llegar a ser grande entre vosotros, será vuestro servidor, y el que quiera ser el primero entre vosotros, será esclavo de todos, que tampoco el Hijo del hombre ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida como rescate por muchos».

Oración introductoria
Señor, gracias por comprender y disculpar mi debilidad, porque al igual que los hijos de Zebedeo, no acabo de entender lo que significa amar desinteresadamente, a Ti y a los demás. Te pido perdón por las veces que me he buscado a mí mismo en la oración y por no servir a mis hermanos por amor.

Petición

Señor Jesús, ayúdame a empezar este día con una nueva actitud de amor sincero a los demás.

Meditación del Papa Francisco
Juan y Santiago, le piden sentarse, en su gloria, uno a su derecha y otro a su izquierda, lo que provocó una discusión entre los demás sobre quién era el más importante en la Iglesia. La tentación de los discípulos es la misma de Jesús en el desierto, cuando el demonio se había acercado para proponerle otro camino. […]
Una Iglesia que solo piensa en los triunfos, en los éxitos, que no sabe aquella regla de Jesús: la regla del triunfo a través del fracaso, el fracaso humano, el fracaso de la Cruz. Y esta es una tentación que todos tenemos.
Recuerdo que una vez, que estaba en un momento oscuro de mi vida espiritual y le pedía una gracia al Señor. Luego me fui a predicar los ejercicios a unas religiosas y el último día se confiesan. Y vino a confesarse una monja anciana, con más de ochenta años, pero con los ojos claros y brillantes: era una mujer de Dios. Al final vi en ella a una mujer de Dios, a la que le dije: «Hermana, como penitencia, ore por mí, porque necesito una gracia. Si usted se lo pide al Señor, me la concederá con toda seguridad». Se detuvo un momento, como si orara, y me dijo: «Claro que el Señor le dará la gracia, pero no se engañe: lo hará a su divina manera». Esto me hizo muy bien. Sentir que el Señor siempre nos da lo que pedimos, pero a su divina manera. Y la divina manera es hasta el extremo. La divina manera consiste en la cruz, pero no por masoquismo: ¡no, no! Sino por amor. Por amor hasta el extremo".
Pidamos al Señor la gracia de no ser una iglesia a mitad de camino, una Iglesia triunfalista, de grandes éxitos, sino de ser una Iglesia humilde, que camina con decisión, como Jesús. Adelante, adelante, adelante... Un corazón abierto a la voluntad del Padre, como Jesús. Pidamos esta gracia. (Cf Homilía de S.S. Francisco, 29 de mayo de 2013, en Santa Marta).
Reflexión
Jesús sabía que subir a Jerusalén significaba acercarse a la muerte. Los judíos y fariseos ya pensaban matarlo porque no les convenía la doctrina que estaba predicando y además porque los adeptos que se le unían se multiplicaban cada vez más. Es por esto que sus discípulos tenían miedo. Ninguno de nosotros se acercaría a una ciudad donde sabemos que nos sentarán en una silla eléctrica o donde colocarán nuestra cabeza debajo de una guillotina...

Sin embargo, el evangelio nos dice que Jesús iba delante de ellos. Esto es lo más importante y el motivo por el cual venceremos el miedo. No les abandonó ni les dejó a la deriva, más aún, ni siquiera les envío a ellos solos por su cuenta permaneciendo Él en otra ciudad. Sino que Cristo mismo iba delante de ellos, como un capitán que está al frente de su escuadrón para librar el combate.

Cada uno de nosotros camina a su propia Jerusalén. Para unos será la posibilidad de construir una familia, en otros la elección de una carrera o quizás en tantos otros la responsabilidad de dar una buena educación a los hijos. Quizás nosotros también estamos temerosos igual que los discípulos, porque nos acercamos a una ciudad donde no queremos ir. Una ciudad a la que nos dirigimos sin poner resistencia pero de la que quizá tenemos miedo, temerosos de lo que nos sucederá cuando lleguemos a ella. ¿Tendré buen futuro si me caso? ¿Sabré educar correctamente a mis hijos? ¿Tendrá éxito el nuevo negocio? Son temores que a todos nos vienen cuando caminamos solos por esta vida. Pero cuando nos demos cuenta de que el maestro va delante de nosotros y es Él quien guía nuestros pasos, nuestras inseguridades se desvanecerán y nuestra confianza en ÉL aumentará porque ¡Cristo es el amigo que nunca falla!

Por otra parte, ni siquiera los apóstoles estaban a salvo de la ambición. También ellos querían ser los "ministros" de ese nuevo Reino que Jesús anunciaba. ¡Qué lejos estaban de entender el auténtico significado de su mensaje!

Quizás sea uno de los aspectos menos comprendidos del cristianismo. Porque ponerse a servir exige algo de humillación, desprendimiento, entrega y sacrificio. Es más cómodo sentarse a ver cómo los demás trabajan, pero eso no tiene ningún mérito.
Jesús nos dio un ejemplo insuperable de lo que es servir. Imagínese que el mismo Dios, dueño y Señor de todo, se pone al nivel de una de sus criaturas para lavarle los pies. Es el pasaje de la Última Cena que leemos en el evangelio de San Juan. Y eso que el trabajo de lavar los pies estaba reservado sólo a los esclavos. A Cristo no le importa pasar por un esclavo con tal de que los suyos entiendan por fin que es más importante servir que ser servido.

Por eso, conviene ir corrigiendo la orientación natural de nuestro corazón, para hacerlo más disponible y atento a las necesidades de quienes conviven con nosotros.

Propósito
Revisar mi actitud y los motivos por los cuales participo, o no participo, en un apostolado.

Diálogo con Cristo
Padre mío, para servir a los demás con amor, debo luchar incansablemente para dominar mi soberbia, necesito dejarme transformar por Ti. Estoy convencido de que mis proyectos son vanos, si no están respaldados por una vida humilde y un corazón generoso y desinteresado. Me creaste para ser santo, y la santidad no es sino una respuesta de amor en cada momento del día, en lo pequeño y en lo grande.
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