domingo, 11 de enero de 2015

OBISPO DE WASHINGTON CONFIESA QUE EL DEMONIO SE MANIFESTÓ Y HUYÓ CUANDO CELEBRABA MISA


Obispo de Washington confiesa que el demonio se manifestó y huyó cuando celebraba la eucaristía
Los demonios creen en la presencia real de Dios en la Eucaristía y tiemblan. ¿La fe de los demonios es mayor que la de algunos católicos?

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Monseñor Charles Pope quien lidera en la Arquidiócesis de Washington la parroquia San Cipriano Santo Consolador sorprendió a fines de agosto a sus feligreses al escribir y recordar en el blog de la parroquia una inusual experiencia con el demonio, ocurrida durante una eucaristía hace algunos años. En particular  al momento de efectuar la consagración.

Cuenta Mons. Pope que hace unos quince años estaba celebrando la misa en la antigua parroquia St. Mary’s en Washington DC. La celebración por ser una misa solemne, señala, decidió celebrarla en latín…. “Quizás nada diferente a la mayoría de los domingos, pero algo bastante sorprendente estaba a punto de suceder”.

Como ustedes saben (señala Pope) la antigua misa en latín era celebrada "ad orientem" (hacia el Este Litúrgico). Con el sacerdote y las personas teniendo el rostro hacia una misma dirección… los feligreses estaban detrás del celebrante y en esa posición no las podía ver.  Pope recuerda que era el momento de la consagración y, según corresponde, se inclinó con los antebrazos sobre el altar y la hostia entre sus dedos.

Luego, precisa, dijo las venerables palabras de la Consagración, en voz baja pero clara,  Hoc est enim Corpus meum  (porque esto es mi Cuerpo). “Las campanas sonaron cuando hice la genuflexión. Pero detrás de mí había una alteración de algún tipo; un temblor o crujido que venía de los primeros bancos detrás de mí, a mi derecha. Y luego un gemido o gruñidos. “¿Qué fue eso?”, me pregunté. En realidad no sonaba humano, sino más como el gruñido de un animal grande, como un jabalí o un oso, junto con un gemido lastimero que también no parecía humano. Yo elevé la hostia, nuevos gruñidos, y otra vez me pregunté: “¿Qué fue eso?” Luego, silencio. Porque el celebrante en la antigua misa en latín no podía darse vuelta fácilmente para mirar. Aún así, yo pensé: “¿Qué fue eso?”

Luego vino el momento de la consagración del vino en el cáliz. Una vez más Pope recuerda haberse inclinado pronunciando con claridad , pero en voz baja,   Hic est enim calix sanguinis mei, novi et æterni testamenti; mysterium fidei; qui pro vobis et pro multis effundetur in remissionem pecatorum. Haec quotiescumque feceritis in mei memoriam facietis    (Este es el cáliz de mi Sangre, de la nueva y eterna alianza, misterio de la fe…).
Justo en este instante dice Monseñor que escuchó otro sonido, que pudo identificar como un gemido y luego casi como un chillido una voz gritó: “¡Déjame en paz, Jesús! ¿Por qué me torturas?”
Recuerda que luego se escuchó un ruido de forcejeo y (según le contaron otros feligreses después)alguien salió corriendo y gimiendo como si hubiera sido herido. Las puertas traseras se abrieron y luego se cerraron. Luego, hubo solo silencio.

“No podía darme vuelta  porque yo estaba con el Cáliz en lo alto por encima de mi cabeza. Perosupe en un instante que algún pobre alma atormentada por demonios había encontrado a Cristo en la Eucaristía y no pudo soportar su presencia real desplegada para que todos la vean. Y recordé entonces las palabras de la Escritura: «…Incluso los demonios creen y tiemblan» (Santiago 2:19)”.

Pero no se detuvo aquí su reflexión, recuerda Monseñor Francis Pope. Dice que el hecho lo cuestionó profundamente moviéndolo al arrepentimiento por su débil fe… “¿Por qué un hombre atormentado por un demonio fue más consciente que yo de la verdadera presencia real? Él se conmovió en un sentido negativo y huyó. ¿Por qué yo no me conmuevo de una manera comparable, pero de forma positiva? ¿Y también el resto de los fieles que estaban presentes?”

Para Pope el hecho fue finalmente un regalo que confirma que en la hosita y el vino consagrado está presente efectivamente “el Señor de la Gloria, Rey del Cielo y de la Tierra, Justo Juez y Soberano de los Reyes de la Tierra”.

No dudo de que todos nosotros creemos intelectualmente en la verdadera presencia de Dios en la Eucaristía, comenta. “Pero es muy diferente y mucho más maravilloso cuando trasladamos esta certeza a la profundidad del alma!”, finaliza.

EL DERECHO DE LA IGLESIA A POSEER BIENES

El derecho de la Iglesia a poseer bienes
La Iglesia afirma su derecho a ser titular de derechos reales, como el de propiedad. Los bienes que posee, sin embargo, se refieren a los fines de la Iglesia, que son espirituales. 


Por: Pedro María Reyes Vizcaíno | Fuente: Catholic.net



Es sabido que la Iglesia Católica afirma su capacidad de poseer bienes y de ser titular de derechos reales, de ser titular de un patrimonio. En este artículo se examinará brevemente el contenido de este derecho. Nos referimos en este artículo a la perspectiva de la Iglesia, es decir, fundamentalmente a las indicaciones del Código de Derecho Canónico. No es el objeto de este artículo, por ello, el reconocimiento de este derecho por parte del Estado o el modo en que en cada legislación civil se garantiza la titularidad de los bienes de la Iglesia.

Parece claro que la Iglesia, como sociedad terrena que es, necesita disponer de bienes materiales. Ciertamente la finalidad de la Iglesia es espiritual, y la Iglesia ha de afirmar con el Evangelio que el Reino de Dios no es de este mundo, pero la sociedad eclesiástica vive y opera en el mundo: “las realidades terrenas y espirituales están estrechamente unidas entre sí, y la misma Iglesia usa los medios temporales en cuanto su propia misión lo exige” (Concilio Vaticano II, Constitución Pastoral Gaudium et Spes, 76). Sería un espiritualismo exagerado pretender que la Iglesia pudiera desarrollar su finalidad específica sin bienes materiales, sin tener patrimonio, como si estuviera formada por ángeles y no de hombres.

Pero no deja de ser cierto que en la Iglesia la titularidad de los diversos patrimonios se deben relacionar con el hecho de que la finalidad de la Iglesia es espiritual. Por ello, el legislador canónico ha queridogarantizar la sujeción del patrimonio eclesiástico a los fines que son propios, a través del canon 1254:

Canon 1254 § 1: Por derecho nativo, e independientemente de la potestad civil, la Iglesia católica puede adquirir, retener, administrar y enajenar bienes temporales para alcanzar sus propios fines.

§ 2: Fines propios son principalmente los siguientes: sostener el culto divino, sustentar honestamente al clero y demás ministros, y hacer las obras de apostolado sagrado y de caridad, sobre todo con los necesitados.


No este tampoco el lugar de extenderse en la finalidad del patrimonio de la Iglesia, pero sí se puede resaltar que este canon constituye la piedra angular del derecho patrimonial canónico. El uso de bienes materiales en la Iglesia encuentra su justificación en los fines propios de la Iglesia. A la vez este canon es una llamada a la responsabilidad de los pastores de la Iglesia, además de a los administradores de las personas jurídicas que conforman el patrimonio eclesiástico: los bienes que, de una forma u otra administran, les han sido confiados por los fieles para el cumplimiento de los fines que indica el canon 1254.

También es una llamada a la responsabilidad de los fieles, pues sin ellos sería imposible cumplir con la finalidad de la Iglesia, puesto que a todos los fieles compete ayudar al sostenimiento de la Iglesia. El canon 222 establece el deber de los fieles de ayudar al sostenimiento de la Iglesia.

Canon 222 § 1: Los fieles tienen el deber de ayudar a la Iglesia en sus necesidades, de modo que disponga de lo necesario para el culto divino, las obras apostólicas y de caridad y el conveniente sustento de los ministros.

Ciertamente, este deber de los fieles se ha de poner en relación con el canon 1254, al indicar cuáles son las necesidades materiales de la Iglesia. Nótese que ambas relaciones, aunque con redacción distinta, son en la práctica coincidentes.

El patrimonio eclesiástico

Ciertamente una de las características del derecho patrimonial canónico es su concepción unitaria, lo cual es compatible con otra de las características del derecho patrimonial como es la variedad de personas jurídicas eclesiásticas que son titulares de derechos reales. El canon 1255 indica:

Canon 1255: La Iglesia universal y la Sede Apostólica, y también las Iglesias particulares y cualquier otra persona jurídica, tanto pública como privada, son sujetos capaces de adquirir, retener, administrar y enajenar bienes temporales, según la norma jurídica.

Lo cual indica que efectivamente en la Iglesia nos encontramos con una gran variedad de titulares de derechos reales, tantos como personas jurídicas hay. La doctrina canonística, suele denominar patrimonio eclesiástico al conjunto de bienes y derechos reales de los que es titular la Iglesia Católica a través de las diversas personas jurídicas reconocidas según las normas del derecho canónico.

Se debe advertir, además, que la titularidad de la Iglesia es enormemente variada. Salvo raras excepciones, la Iglesia Católica en cuanto tal, no es titular de ningún bien. La Santa Sede o el Estado del Vaticano también tiene contados bienes fuera de Roma. De la inmensa mayoría del patrimonio de la Iglesia el titular es alguna de las personas jurídicas que conforman la Iglesia Católica, como las diócesis o las parroquias, o bien las asociaciones de fieles o las fundaciones. De ese modo se consigue unaadecuación del uso de cada bien al fin concreto por el que un fiel lo donó a la persona jurídica de la Iglesia. Si un fiel dona un bien a su diócesis, pongamos por caso, no sería lógico, y se cometería una injusticia si el titular fuera otra persona jurídica de la Iglesia.

Pero esta diversidad de titulares del patrimonio de la Iglesia no quita que se dé un cierto tratamiento unitario del patrimonio. Un ejemplo es el ya indicado de la adecuación del patrimonio eclesiástico al fin de la Iglesia, sea quien sea el titular de los bienes. Otro ejemplo es el del canon 1256:

Canon 1256: El dominio de los bienes corresponde bajo la autoridad suprema del Romano Pontífice, a la persona jurídica que los haya adquirido legítimamente.

En este canon se establece lo que la doctrina canonística ha llamado el dominio eminente del Romano Pontífice. En esta doctrina se apoyan todos los poderes del Papa sobre los bienes de la Iglesia, además de la unidad del patrimonio eclesiástico.

¿PUEDE UN NIÑO DE 3 A 10 AÑOS APRENDER A VALORAR LO QUE TIENE?


¿Puede un niño  de 3 a 10 años aprender a valorar lo que tiene?
Educación integral

Cómo enseñar a valorar lo que tiene


Por: Conchita Requero | Fuente: hacerfamilia.com



¿Puede un niño de de 3 a 10 años aprender a valorar lo que tiene o aún es muy pequeño? A lo largo de la infancia es muy beneficioso que los padres enseñemos a los niños a ser cuidadosos con las cosas materiales, para que a medida que vayan creciendo puedan pasar a un nivel superior que les llevará a ser felices con lo que tienen y no con lo que desean.

Cómo aprender a ser cuidadoso

Los niños deben aprender que las cosas tienen un valor y es importante respetarlas y cuidarlas para mantenerlas, por el esfuerzo que puede suponer conseguirlas. Cuando un niño es educado en un ambiente en el que se le consiente todo lo que pide, tiene todo lo que demanda y cuando algo lo pierde o se le estropea se sustituye con facilidad, no aprende el valor de las cosas ni lo que supone lograrlas.
Con independencia de que a los padres les pueda resultar más o menos fácil, por los recursos económicos que posean, adquirir o tener ciertas cosas, es importante educarles para que sean cuidadosos y las valoren. Detrás de este aprendizaje estará también el ser cuidadosos, no sólo con las cosas sino con uno mismo y con el resto de personas. Desde muy pequeñitos, los padres debemos exigir un esfuerzo por lograr que las cosas estén bien hechas, trasladando esto al uso de ellas.

Enseñar a valorar lo que tiene

Sentir el valor de las cosas es un logro que debe aprenderse poco a poco, con paciencia. En la escalada para conseguirlo, estos son algunos pasos que los padres podemos dar para inculcar a los hijos el valor de las cosas y enseñarles a valorar lo que tienen.
1. Ser ordenados. Esto implica asignar un sitio para cada cosa, ser capaz de dejarlo en ese sitio asignado y mantener en un buen estado las cosas para que no se estropeen y tengan una mayor duración. Por ejemplo, no solamente deben aprender a dejar los libros en la estantería sino que éstos estén en una buena posición para evitar que se doblen o se rompan. Esto es ser ordenado.
2. Las cosas cuesta conseguirlas y tienen un valor. Para que aprendan este concepto les debe costar a ellos lograrlas. Si lo experimentan en primera persona será más fácil que lo asimilen. Podremos llevar a cabo este aprendizaje si evitamos darles inmediatamente todo lo que nos piden. Deben entender que no pueden tener todo lo que quieren, para eso tendrán que saber elegir y establecer una jerarquía y prioridades en sus peticiones.
3. Las cosas requieren esfuerzo para lograrlas. Es bueno que se ganen lo que han elegido con buenas acciones o ayudándonos en tareas del hogar o incluso laborales, dependiendo de la edad. Una vez que han logrado lo que han elegido, se les debe exigir un buen uso de ello y hacerles ver que si se estropea, es su responsabilidad arreglarlo.
4. Ser personas cuidadosas. Para que este aprendizaje de hacer un buen uso de las cosas y cuidarlas se interiorice realmente, hasta el punto de convertirse en personas cuidadosas, debe exigirse no solamente con los objetos materiales, sino también consigo mismos, con su imagen, con sus tareas académicas, con su forma de cuidar a otras personas, con el modo de jugar o de llevar a cabo las tareas domésticas...

Actitudes que debemos evitar para enseñar a valorar lo que tienen

Como en todos los aprendizajes que queremos transmitir a nuestros hijos, la clave del éxito estará en nosotros, como modelo que ellos van a imitar.
1. Evita la pereza y la dejadez ante las cosas. No debemos permitir que forme parte de sus vidas. Por tendencia natural los niños experimentan estas sensaciones, pero nuestra tarea fundamental es exigirles que no se dejen vencer por ellas, que se esfuercen por hacer las cosas bien, a pesar de que el cuerpo nos demande otra cosa.
2. Evita darles todo aquello que nos piden, así como reponer sin más aquello que han estropeado.
3. No le sustituyas en su tarea de cuidar las cosas. Debemos darles la oportunidad de que lo hagan, enseñarles y exigirles que lo hagan. Si lo hacemos nosotros no experimentarán la necesidad ni la satisfacción personal por hacerlo, aspecto esencial, este último, para seguir haciéndolo.
Para aprender a valorar lo que posee, el mejor aprendizaje es enseñar a los niños que no puede conseguir todo lo que quiera con sólo pedirlo: ha de tener paciencia, merecérselo y, según las circunstancias, "trabajárselo" poniendo esfuerzo.

¿POR QUÉ IR A MISA?


¿Por qué ir a Misa?
La Eucaristía, Catequesis y explicación acerca de la Misa

Ir a Misa no es cuestión de "ganas", sino estar convencidos de la grandeza del acto, más importante de la vida de la Iglesia. 


Por: P. Llucià Pou | Fuente: Catholic.net




Jesús dice que donde hay dos o tres reunidos en su nombre ahí está él en medio, y concretamente nos ha dejado una voluntad de repetir lo que él hizo en la última cena, por esto hay una fidelidad a la palabra del Señor en el hecho de ir a Misa: "haced esto en memoria mía", y de ahí arranca una tradición larga y viva, documentada desde entonces (por el año 50 dice San Pablo que "la tradición que yo he recibido y que os he transmitido a vosotros viene del Señor. Jesús, la noche que había de ser entregado, tomó el pan... y dijo... ´haced esto´" e igual hizo con la copa, al darla repetió: "haced esto en memoria mía". Ha sido transmitido como un testigo que se entrega a lo largo de la historia de generación en generación. Pero una memoria viva, que no pasa, que es vida, pues la Misa es la cena del Señor que se actualiza cada vez que se celebra, hace presente sobre la mesa el sacrificio de su muerte.


a) Es el memorial de la pascua del Señor

En la despedida de dos personas que se quieren, se recurre a un símbolo: se intercambian un recuerdo... no se puede más, pero lo que nosotros no podemos, lo puede el Señor. Jesucristo, perfecto Dios y perfecto Hombre, no deja un símbolo, sino la realidad: se queda Él mismo. Irá al Padre, pero permanecerá con los hombres. Bajo las especies del pan y del vino está Él, realmente presente: con su Cuerpo, su Sangre, su Alma y su Divinidad.

Se lee en uno de los escritos antiguos (Catequesis mistagórica, de Jerusalén): "Nuestro Señor Jesucristo, en al noche en que iban a entregarlo, tomó pan y, pronunciando la acción de gracias, lo partió y lo dio a sus discípulos, diciendo: ´tomad y comed; esto es mi cuerpo´. Y después de tomar el cáliz y pronunciar la acción de gracias, dijo: ´tomad, bebed; ésta es mi sangre´. Si fue él mismo quien dijo sobre el pan: ´esto es mi cuerpo´, ¿quién se atreverá en adelante a dudar? Y si él fue quien aseguró y dijo: ´esta es mi sangre´, ¿quién podrá nunca dudar y decir que no es su sangre?

Por lo cual estamos firmemente persuadidos de que recibimos como alimento el cuerpo y la sangre de Cristo. Pues bajo la figura del pan se te da el cuerpo, y bajo la figura del vino, la sangre; para que, al tomar el cuerpo y la sangre de Cristo, llegues a ser un sólo cuerpo y una sola sangre con él. Así, al pasar su cuerpo y su sangre a nuestros miembros, nos convertimos en portadores de Cristo. Y como dice el bienaventurado Pedro, nos hacemos partícipes de la naturaleza divina...

No pienses, por tanto, que el pan y el vino eucarísticos son elementos simples y comunes: son nada menos que el cuerpo y sangre de Cristo, de acuerdo con la afirmación categórica del Señor; y aunque nuestros sentidos te sugieran lo contrario, la fe te certifica la verdadera realidad: el mismo Jesús que nació de María Virgen, al que adoraron los pastores y vivió en la tierra, está en el sacramento del altar y continúa en la reserva eucarística del sagrario para que lo adoremos, le visitemos, nos arrodillemos ante él.

La fe que has aprendido te da, pues, esta certeza: lo que parece pan no es pan, aunque tenga gusto de pan, sino el cuerpo de Cristo; y lo que parece vino no es vino, aún cuando lo parezca al paladar, sino la sangre de Cristo".


b) El domingo, dia de la resurrección de Jesús, de fiesta y de fe, da nuevo sabor a la vida de cada día.

En la era de la técnica, cuando nos volvemos funcionales y productivos, perdemos la capacidad de admirar, de deleitarnos con las bellezas de la creación y ver en ellas el reflejo del rostro de Dios; y de ahí surgen los motivos de la alegría y la esperanza, que dan nuevo sabor a la vida de cada día, y constituyen el antídoto contra las tentaciones del aburrimiento, la falta de sentido y la desesperación. Desde los tiempos de los Apóstoles, los cristianos dedicamos el domingo a dar culto a Dios. Es el día de la resurrección, cuando las santas mujeres encuentran el sepulcro vacío y se aparece vivo ante ellas y después a los demás. Es una relación vital con Jesús. Revivimos la experiencia de los primeros cristianos cuando estando juntos de aparece Jesús en medio de ellos, y al domingo siguiente volvió a aparecerse, y otro domingo les envió el Espíritu Santo, como dando continuidad a los encuentros dominicales.

El día santo tiene una extraordinaria riqueza de significado. Ciertamente, su sentido religioso no se opone a los valores humanos, que hacen del domingo un tiempo para el descanso, para disfrutar de la naturaleza y para entablar relaciones sociales más serenas. Se trata de valores que, por desgracia, corren el riesgo de quedar anulados por una concepción hedonista y frenética de la vida. Los cristianos, viviéndolos a la luz del Evangelio, le imprimen su sentido pleno: la celebración de las maravillas de Dios.

Es impresionante leer el relato de Justino, y ver que hacemos la celebración con la misma estructura que hace 20 siglos (él escribe sobre el 165). Los Hechos de los Apóstoles, como también otros documentos (la carta del año 112 del gobernador de Bitinia al emperador Trajano, hablan del modo de celebrar la Misa).


c) El deber de participar en la Misa

Que la Misa a veces cuesta no es algo nuevo, ya lo dice el Nuevo Testamento en la carta a los hebreos: "ayudémonos unos a otros estimulados por el amor mútuo y las buenas obras, sin faltar a nuestra reunión como hacen algunos". Y en otro documento primitivo (Didascalia, s. III) se anima a no colocar los negocios temporales por encima de la palabra de Dios, abandonándolo todo el día del Señor, corriendo a las ceremonias litúrgicas; es decir, desde los primeros siglos, los Pastores no han dejado de recordar a sus fieles la necesidad de participar en la asamblea litúrgica. Sólo más tarde, ante la tibieza o negligencia de algunos, ha debido explicitar el deberde participar en la Misa dominical... esta ley se ha entendido normalmente como una obligación grave: es lo que enseña también el Catecismo de la Iglesia Católica (n. 2181). Se comprende fácilmente el motivo si se considera la importancia que el domingo tiene para la vida cristiana; más que una obligación es una exigencia profunda que puede cumplirse desde la víspera, sábado tarde. (Una observación. Las obligaciones en la Iglesia no son por una ley del temor -miedo al castigo- sino de amor, pero a los santos les sirvió mucho el pensamiento de temer las penas del infierno. Así, San Francisco Javier tuvo muy presente "¿de qué le sirve al hombre ganar todo el mundo, si al final pierde su alma?" O sea que hay un temor bueno, "el temor de Dios es el comienzo de la sabiduría", que se opone a los miedos del hombre de hoy al futuro y a la muerte; en cambio, Jesús nos dice que "no temáis a los que matan el cuerpo... temed más bien a aquel que puede, después de matar el cuerpo, echar el alma al infierno").

Saber qué es la Misa, con una catequesis adecuada, es vital para participar de modo pleno. Y corresponde ante todo a los padres educar a sus hijos para la participación en la Misa dominical, ayudados por los catequistas... ilustrando el motivo profundo de la obligatoriedad del precepto. Y es que la Misa dominical no es importante porque esté mandado, sino más bien es obligación asistir porque es muy importante, es la fuente y la raíz, el centro de toda la vida cristiana, puede ser como el corazón de la canción de la que hemos hablado antes, de todo lo que hacemos durante la semana: "ha sido para mí como el eje (´pal de paller´) del sentido de mi vida... un momento privilegiado para ir haciendo las opciones que dan sentido a todo... no puedo renunciar a la Misa sin perder lo mejor de mi vida", dice un fiel, y esto es porque contiene el mismo Cristo, el tesoro de la Iglesia: la Misa es como el sol que ilumina y da calor, cada día, a toda la vida del cristiano; y es menester que sea también la fuente y como el centro de la piedad cristiana.

Revivimos la experiencia de los Apóstoles, cuando Jesús se les aparece y Tomás proclama: "¡Señor mío y Dios mío!". Nos alimentamos de Cristo, pan de vida, nos cristificamos por entero, nos transformamos en Cristo, participamos de sus sentimientos hasta pensar como él, valorar las personas y cosas según su corazón, vemos a Cristo en las personas que nos rodean.

Entonces, ¿por qué es para muchos un peso ir a Misa? Por falta de fe y tantas razones que se pueden resumir en un dejarse llevar por la moda, de lo que hace la gente (por ejemplo, los adolescentes se dejan influenciar mucho por lo que hacen los demás, hasta crear una especie de dictadura). Urge encontrar el sentido cristiano de esta celebración gozosa, la pascua, sin que se queden en el "fin de semana", olvidando la resurrección de Jesús, el mandamiento de santificar las fiestas, en primer lugar con la participación en la Santa Misa: marca el ritmo de la vida espiritual de toda la semana. En una sociedad pluralista en la que estamos es cuando parece necesario más que nunca recuperar las motivaciones doctrinales profundas que están en la base del domingo.

En esta carta del Papa sobre "El día del domingo" ("Dies Domini") se plantea la celebración plena de esta fiesta, en sentido humano y espiritual, sin diluitlo en el "fin de semana". Es la primera vez que un documento de la Iglesia está específicamente dedicado a la fiesta dominical, la fiesta de la resurrección de Cristo; y -lo ideal es coger el librito del Papa y leerlo con atención- aquí no podemos tratar más que algunos aspectos. Antes la tradición cristiana era muy fuerte y se veía facilitado el ir a Misa, por el ambiente cultural; pero ahora hay que ir "contra corriente", y para esto es necesario entender que Dios es buen pagador: el tiempo que le dedicamos no es tiempo perdido; al contrario, es tiempo ganado para nuestra humanidad, es tiempo que infunde luz y esperanza en nuestros días.

Los primeros tiempos del cristianismo fueron parecidos a los nuestros; cuando interrogan a los mártires -en el juicio para probar su pertenencia al cristianismo, y poder ejecutarlos- sobre la asistencia a Misa, encontramos respuestas como: "-nosotros debemos celebrar el día del Señor, es nuestra ley". Y: "-sí, en mi casa hemos celebrado el día del Señor. Nosotros no podemos vivir sin celebrar el día del Señor". Y la joven Victoria declara: "yo he estado en la asamblea porque soy cristiana".

Los primeros creyentes sabían que ir a Misa no era cuestión de "ganas", sino que estaban convencidos de la grandeza del acto, el más importante de la vida de la Iglesia, y hacían grandes sacrificios, como recorrer grandes distancias o arriesgar la vida para participar en la litúrgia eucarísticas. Sabían que su primer deber era alabar a Dios por sus beneficios y recibir el cuerpo del Señor para sustento de la vida. E igual que arreglamos los horarios para hacer lo que verdaderamente nos interesa, también si valoramos convenientemente la Misa asistiremos a ella, sacrificando el tiempo que haga falta. Nos dice el Papa: "comprometeos a no dejarla nunca", "os recomiendo la participación en la Santa Misa festiva. Sois cristianos y por eso, no dejéis nunca la Santa Misa. El encuentro con Jesús y con la comunidad parroquial es un deber", "pero debe ser también una alegría y un verdadero consuelo".


d) El fin de semana

Entendido como tiempo de reposo, a veces lejos del lugar de vivienda habitual, y caracterizado a menudo por la participación en actividades culturales, políticas y deportivas, etc., tiene elementos positivos en la medida que contribuye a los valores auténticos, al desarrollo humano y progreso de la vida social, pero tiene el peligro de que el hombre quede encerrado en un horizonte tan restringido que no le permite ya ver el "cielo". Nos preocupa ver como los chicos salen del colegio el viernes mejor y algunos vuelven mustios el lunes. ¿Que ha pasado en esas 60 horas? Han tenido la posibilidad de hacer cosas positivas (deporte, trabajos, descanso, amistades, ir a Misa...) o negativas (perder el tiempo, una tele desprogramada, vídeos o amistades inconvenientes...). Hemos de protegernos ante un ambiente materialista que transpira en la vida social y medios de comunicación, de falta de valores, y nos puede entrar por ósmosis. Para evitar el contagio, necesitamos aumentar la presión interior en nuestro hogar, el buen olor de Cristo. No dejarse llevar por la ley del gusto sino adivinar las necesidades de los miembros de la familia, colaborar en proyectos comunes, tomar una parte activa en su formación (ver con ellos la tele
escogiendo antes los programas, para fomentar un sano espíritu crítico y diálogo abierto, sin que haya "tabús"; ir a los lugares de diversión con ellos -al menos, saber dónde van-... formarles la conciencia, en definitiva), y con deseo de agradar a Dios, ayudar a que aprovechen el tiempo y se viva la sobriedad en las diversiones
El domingo nos revela el sentido del tiempo. Todos vemos cuán rápido pasa el tiempo de nuestra vida, y nos interrogamos sobre el futuro, el sentido de nuestra historia. Hay un hecho que no es pasado, sino siempre actual. Jesús vino en la plenitud de los tiempos. La resurrección no es un hecho pasado, se hace presente cada siete días y nos trae la comunicación de la vida divina; es un acontecimiento de gracia y de salvación (kairós); recibimos la luz de este sol radiante, aunque aún encontremos nubes que nos hagan pensar en dificultades insuperables, pero en el corazón hay una luz que nos hace tener siempre esperanza.

GOOGLE RECIBIÓ 345 MILLONES DE PETICIONES PARA RETIRAR LINKS PIRATAS EN 2014

Google recibió 345 millones de peticiones para retirar links piratas en 2014
Más más de un millón de peticiones diarias, lo que supone un 75% más con respecto al año anterior


Por: Redacción T.I. Madrid | Fuente: www.teinteresa.es



Google recibió en 2014 más de 345 millones de solicitudes para que eliminar de sus resultados de búsqueda contenido pirata que violaba los derechos de autor. La mayoría de las peticiones dirigidas al popular buscador procedieron de estudios de cine y música.
Google tuvo que hacer frente diariamente a más de un millón de peticiones, según datos de TorrentFreak. El número de solicitudes creció en 2014 un 75 por ciento respecto al año anterior. En ocasiones, explica la web, Google no toma acciones si en apariencia los links no infringen el 'copyright' del contenido publicado.
La mayoría de las peticiones proceden de estudios de cine y música y afectan a los dominios 4shared.com, rapidgator.com o uploaded.net, con más de cinco millones por cada uno. La British Phonographic Industry fue la que más links pidió que se retirasen: más de 60 millones, todos ellos relacionados con la música.
Pese a que Google ya actúa contra el contenido pirata, los propietarios de derechos de autor le piden al motor de búsqueda que haga más para estrechar más el cerco contra la piratería.

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