martes, 13 de enero de 2015

LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN Y LAS 4 VIRTUDES CLÁSICAS


Los medios de comunicación y las 4 virtudes clásicas
Virtudes

Prudencia, justicia, fortaleza y templanza siguen siendo guías para sacar lo mejor de los medios, incluyendo Internet. 


Por: Jorge Mújica L.C. | Fuente: Catholic.net



Hay dos grandes tipos de virtudes: las infusas y las naturales. Las primeras las da directamente Dios y las segundas son el resultado de un continuo repetir actos buenos. Dentro de las virtudes infusas hay una subdivisión más: por una parte están las virtudes teologales y por otro las cardinales.

Las virtudes teologales (fe, esperanza y caridad) ordenan todas nuestras capacidades y fuerzas al fin sobrenatural que es Dios. Las virtudes cardinales (templanza, prudencia, justicia y fortaleza) disponen esas mismas capacidades y fuerzas pero a los medios que conducen al fin: ordenan los actos humanos a Dios.

Se llaman cardinales porque son como la bisagra o gozne sobre el que descansa toda la vida moral humana. También las llamamos cardinales porque son como ciertas condiciones necesarias para cualquier otra virtud.

Desde antiguo se han reducido las virtudes a cuatro principales. Filósofos como Sócrates, Platón, Aristóteles, Macrobio, Plotino y Cicerón hablaron expresamente de ellas considerándolas virtudes quiciales.

La Sagrada Escritura nos habla de las virtudes cardinales en el libro de la Sabiduría (Sap 8,7) al afirmar que nada hay más útil a la vida del hombre que la templanza, la prudencia, la justicia y la fortaleza: “Y si amas la justicia, los frutos de la sabiduría son las virtudes, porque ella enseña la templanza y la prudencia, la justicia y la fortaleza, las virtudes más provechosas para los hombres en la vida”. Sin embargo, es opinión común considerar a san Ambrosio como el primero que las llamó cardinales.

¿Por qué hemos elegido este subtipo de virtudes y no otras? Porque las cardinales tienen una grande influencia sobre tantas otras virtudes anejas y subordinadas. Si considerásemos al mundo de las virtudes como un gran árbol, las cardinales serían las raíces. Es obvio que si queremos obtener frutos que perduren, trabajaremos de raíz.

¿Qué relaciones se pueden hacer entre medios de comunicación social y virtudes cardinales? Es fácil entender que para potenciar el recto y eficaz uso de los medios de comunicación, busquemos trabajar las raíces de cada una de nuestras acciones de manera que ese trabajo se convierta en un hábito bueno por el que, cada vez más espontáneamente, rechacemos instintivamente el mal que también ofrecen algunos medios de comunicación.

Si, como ya se ha dicho, las virtudes cardinales disponen nuestras capacidades y fuerzas a los medios que llevan al fin, y los medios de comunicación no dejan de ser canales que conducen a un fin último, Dios en definitiva, la relación está más que justificada. En buena medida tenemos parte del camino andado pues como dijimos al inicio, Dios nos ayuda pero también deja espacio a nuestra libertad para responder soberana y buenamente. 

No está de sobra recordar qué es una virtud. El Catecismo de la Iglesia Católica dice que la virtud “es una disposición habitual y firme a hacer el bien. Permite a la persona no sólo realizar actos buenos, sino dar lo mejor de sí misma. Con todas sus fuerzas sensibles y espirituales, la persona virtuosa tiende hacia el bien, lo busca y lo elige en acciones concretas” (Cfr. CIC no. 1803)

Sí, nosotros queremos el bien; más aún, a él tendemos. Deseamos actuar de una forma correctamente ética siendo fieles a nuestra conciencia cuando usamos los medios de comunicación dando así lo mejor de nosotros mismos. Aspiramos a optar, siempre y en todo momento, por el bien. A continuación vamos a ir ofreciendo reflexiones en torno a cada una de las virtudes teologales aplicándolas a líneas generales de acción más o menos concretas donde cada una de ellas se puede emplear o identificar su aplicación. Dado que el Internet ofrece un amplio campo para el ejercicio, vamos a hacer un énfasis sobre él si bien por analogía se podrá utilizar los comentarios para el cine, la radio, la televisión o la prensa escrita.

Pero antes de ir a las reflexiones, conviene tener presente dos aspectos valiosísimos que no podemos dejar de lado y que debemos recordar a lo largo de la lectura de este texto pues, en última instancia, queremos crecer en la vivencia de las virtudes no sólo en su relación específica con los medios de comunicación sino también en todas las demás dimensiones de nuestra vida. Y para crecer debemos recordar que no estamos solos: tenemos a Dios.

A) Las virtudes crecen de tres formas: 

A.1 Mediante la educación: por eso no están demás las enseñanzas aprendidas en el hogar ni los valores que guardan relación con las virtudes que se aprenden ya no sólo en la familia sino también en la escuela, de la cultura y de la sociedad.

A.2 Mediante actos deliberados: todos nuestros actos son libres. Tenemos libertad de acción. Pero nuestras acciones tienden a ese principio inscrito en nuestro interior: hacer el bien y evitar el mal. Indudablemente podemos abrazar el mal, pero sólo mediante actos buenos podemos fortalecer los buenos hábitos y ser así más virtuosos. Si fuese al contrario, seríamos viciosos pues el vicio entraña el mal.

A.3 Mediante la perseverancia en el esfuerzo. Es un dato de experiencia el que algunas veces obramos el mal, que sucumbimos. Sin embargo podemos levantarnos y proseguir la lucha para ser mejores. También es un dato de experiencia el que las buenas acciones cuesten alcanzarlas. El esfuerzo es el empleo enérgico de la fuerza física contra algún impulso o resistencia; el empleo enérgico del vigor o actividad del ánimo para conseguir algo venciendo dificultades.

B) La gracia divina las purifica y las eleva

No hay que perder de vista que en la vivencia y fortalecimiento de las virtudes contamos con la ayuda de Dios que quiere que las vivamos y transmitamos haciendo percibir la belleza que entrañan. A la educación, libertad correctamente empleada y esfuerzo constante se une la bendición de Dios.

1. La prudencia 

La prudencia es la virtud que dispone la razón práctica a discernir en toda circunstancia nuestro verdadero bien y a elegir los medios rectos para realizarlo. Ya lo dice el libro de los proverbios: "El hombre cauto medita sus pasos" (Prov 14,15).

En las antiguas Grecia y Roma, el hombre que gobernaba los caballos de los carros en las carreras de circo era llamado auriga. Muchos han visto en la virtud de la prudencia a ese auriga de todas las demás virtudes ya que las conduce indicándoles su camino. Así, el hombre prudente decide, ordena y guía su conducta según el juicio de la prudencia.

La prudencia abarca virtudes acerca del conocimiento (memoria, entendimiento, docilidad, sagacidad, razón, circunspección, providencia y precaución), la synesis (virtud que nos ayuda a juzgar según las reglas comunes) o el consejo.
En su relación con los medios de comunicación social, esta virtud nos enseña:
A. Respecto a la prensa escrita: a ser precavidos cuando leemos artículos o noticias que pueden afectar las verdades fundamentales de la ley natural y de la fe, viciándolas, adulterándolas o sembrando la confusión en nuestro interior con el consiguiente riesgo de afectar luego a otros. No podemos “pecar” de soberbia considerándonos lo suficientemente maduros como para prescindir de ella. Es verdad, como lo hemos dicho en alguno de nuestros artículos, que podemos educarnos en la lectura de la prensa a través de su análisis y confrontación. Aquí se presupone todo cuanto se ha dicho en esos otros lugares.

B. En relación con la radio y la música: 

aquí también podemos aplicar lo dicho en el punto anterior si bien va no a la lectura cuanto a la audición de programas y música. La prudencia nos ayudará a renunciar a la música que puede conllevar a varios males como la dispersión mental, la asimilación inconsciente de criterios no aptos para el hombre o la incitación a determinadas acciones (pienso, por ejemplo, en la música violenta con letra agresiva que invita a actos vandálicos). Es muy conocido que algunas películas y programas de televisión han influido en la manera de comportarse de miles de jóvenes de entre los cuales han salido asesinos en escuelas, por ejemplo, de diferentes ciudades de Estados Unidos aunque no únicamente allá.

C. En relación al cine, la televisión y el Internet: siendo que en estos tres medios de comunicación ocupa un lugar destacado el campo visual y siendo que el triste desarrollo de la pornografía se extiende ya no sólo a productos específica y totalmente pornográficos (hoy por hoy, muchas películas o programas de televisión con argumentos varios y proyectados a plena luz del día recurren a escenas llenas de erotismo o tal cual a la pornografía pues saben que provocan morbo y curiosidad malsana y en consecuencia son causa de mayor audiencia).

La prudencia nos ayudará a evitar toda aquella ocasión que nos lleve a buscar la lujuria de la vista (que las más de las veces lleva a la de la carne) dando al acto sexual la justa reivindicación que tiene dentro del marco del amor conyugal del verdadero y único matrimonio posible: el de un hombre y una mujer.

Concretamente en Internet, nos dará la certidumbre de que renunciaremos a ver pornografía cuando no la buscamos y que ni siquiera pasará por nuestra mente el ir a la caza de ella.

2. La justicia 

En la Sagrada Escritura el hombre justo es relacionado con el personaje que se distingue por su rectitud habitual de pensamientos y conducta hacia el prójimo. Tradicionalmente se ha definido la justicia como la acción de dar a cada uno lo suyo.

La justicia comprende virtudes como la religión, la piedad, la obediencia, el justo castigo, la fidelidad, la simplicidad, la afabilidad, la liberalidad y la equidad.

Justicia, entonces, implica que de hecho le estamos dando un lugar a los medios de comunicación; significa que les estamos dando o les debemos dar el auténtico lugar que deben ocupar en la vida de la sociedad; es decir, que los estamos valorando correctamente.

Puede surgir una duda: ¿y cuál debe ser esa correcta valoración? Ayuda pensar una y otra vez que son “medios”, no fines. Sólo la persona humana y Dios son fines en sí mismos. Puede estar latente la tentación de convertirlos en fines invirtiendo en ellos todo nuestro tiempo irresponsable e injustamente. Los medios de comunicación nunca sustituirán, por ejemplo en el mundo de Internet, el valor de la relación persona a persona. No podemos abstraernos de la realidad. Se puede hacer uso de Internet para enriquecer las relaciones interpersonales en su justa medida a través del chat o el messenger, pero jamás ese medio suplirá nuestro ser social que como humanos llevamos intrínsecamente.

La virtud de la justicia también hace referencia a un derecho tristemente violado y cada vez con mayores posibilidades de impunidad: la propiedad intelectual. Me refiero, sobre todo, a la prensa y el mundo editorial impreso y digital, a la música y a la cinematografía. ¡Con qué facilidad se presentan en la escuela –incluso a nivel universitario– trabajos descargados de portales de internet o transcritos de alguna enciclopedia o libro sin citar la fuente o al autor. Ni qué decir del negocio en que se ha convertido la música robada y difundida en varios portales o de la exhibición y transmisión no autorizada de películas que aún no salen oficialmente al cine o a la venta que solemos conocer con el nombre de piratería.

Tampoco parece que sea justo lucrar con la mentira (caso de algunas agencias de información, periódicos y noticieros de radio o televisión), el sexo (más reprobable aún si es con menores de edad) que venden continuamente y al que se solivianta en la publicidad, programas, páginas de internet y música. Y si ya de por sí nos es natural identificar la injusticia de quienes la promueven y difunden, ¿qué no se puede pensar de quien la compra?

3. La fortaleza

La fortaleza es la virtud que asegura en las dificultades la firmeza y la constancia en la búsqueda del bien. Reafirma la resolución de resistir a las tentaciones y de superar los obstáculos en la vida moral.

Ligadas a la fortaleza están virtudes como la magnanimidad, magnificencia, paciencia, longanimidad, perseverancia y constancia.

Es más o menos frecuente que al navegar por Internet aparezca algún anuncio poco digno en su lenguaje, publicidad excitante, personas que a través del chat nos estimulan a actividades ilegales e inmorales (venta de droga, por mentar un caso) o a pornografía. Somos humanos, somos capaces de caer; pero quien es fuerte puede dominarse e inclinarse por el bien renunciando a la tentación del mal. Y si además tiene las debidas motivaciones espirituales, sabrá ofrecer ese autodominio en bien y progreso de sí mismo: se perfeccionará como hombre y nutrirá aún más sus hábitos buenos.

La fortaleza dice perseverancia en el recto uso de los medios de comunicación; recto uso que significa: momentos adecuados para utilizarlos, tiempo invertido en ellos, jerarquizar prioridades, etc.

4. La templanza

La templanza es la virtud que modera la atracción de los placeres y procura el equilibrio en el uso de los bienes creados. Asegura el dominio de la voluntad sobre los instintos y mantiene los deseos en los límites de la honestidad. La persona moderada orienta hacia el bien sus apetitos sensibles, guarda una sana discreción y no se deja arrastrar para seguir sus pasiones. Con razón se dice que un hombre templado es señor de sí mismo.

A la templanza relacionamos virtudes como la vergüenza, honestidad, abstinencia, sobriedad, castidad, virginidad, continencia, mansedumbre, clemencia y modestia.

¡Cuántas veces acudimos al televisor, a la música, al Internet o al cine no por necesidad sino como evasión de las exigencias de la propia vida! Sí, es verdad que uno de los objetivos secundarios de los medios de comunicación es también el de procurar un descanso al cuerpo y al espíritu. Pero cuando disfrazamos el necesario descanso siendo en realidad pereza, desgana o búsqueda placentera de comodidad a como dé lugar, estamos en riesgo de pasar a un inadecuado uso de los medios de comunicación. Y es que si no nos colocamos límites, fácilmente nos podemos dejar llevar por los placeres.

Mucho puede ayudar en la aplicación y vivencia diaria de cada una de estas virtudes en su relación con en el uso de los medios de comunicación social, el identificar en cuál de ellas debemos trabajar más o dónde están principalmente nuestras dificultades. Como dijimos al inicio, las virtudes cardinales son las raíces de un frondoso árbol donde muchas otras son las ramas verdes y lozanas.
No hemos pretendido abarcar todos los momentos en los que se puede vivir cada virtud.

Seguramente que con el tiempo se podrá ir bajando a circunstancias más concretas. Es tarea de cada uno a provechar las oportunidades que se nos presenten para el propio crecimiento y la consolidación de los buenos hábitos.
Evaluar las posibles mejorías tras unos meses de ejercicio y práctica puede servir de faro para analizar si efectivamente estamos poniendo las herramientas necesarias para ir adelante o si estamos estancados en algún punto.

Preguntas y comentarios al autor de este artículo

¿QUISO JESÚS FUNDAR UNA IGLESIA?

¿Quiso Jesús fundar una Iglesia?
Los revisionistas históricos afirman que no, veamos si sus afirmaciones tienen fundamento.


Fuente: Apologia 2.1



En el siglo XIX algunos estudiosos bíblicos empezaron a decir que Jesús no pretendía fundar una iglesia, que la iglesia la fundó Pablo de Tarso, el cual se inventó lo de que Jesús era Dios. Según ellos, esta doctrina retorcida extendida por la iglesia paulina es la que aparece en los evangelios, los cuales describen a un Jesús que en bien poco se parecería al Jesús histórico. Por tanto, la misma existencia de la Iglesia (o de las iglesias actuales en general) supone una traición a la intención original de Jesús y meros instrumentos de poder y opresión. Jesús sólo quería reformar el judaísmo rechazando las normas, los templos y las jerarquías, de manera que los fieles pudiesen adorar a Dios "en espíritu", sin más ayuda que la de su propio corazón. Todavía hoy hay gente que sigue defendiendo eso. Veamos si estas afirmaciones se sostienen.

ARGUMENTO I - JESÚS ERA UN SIMPLE FILÓSOFO PREDICADOR

La suposición de que Jesús no quiso fundar una Iglesia es defendida sobre todo por estudiosos pertenecientes al llamado revisionismo histórico modernista, movimiento que se extendió por el siglo XIX y también bien entrado en el siglo XX, aunque en buena parte fue luego perdiendo fuerza desplazado por unos estudios exegéticos más serios y menos fantasiosos. Esos estudiosos revisionistas, que defendían que el Jesús histórico tiene muy poco que ver con el Jesús de los cristianos, ignoran en gran medida los evangelios por considerarlos invenciones posteriores, salvo cuando encuentran un pasaje que creen que apoya sus ideas. Niegan cualquier elemento divino o sobrenatural en Jesús, y por tanto necesitan reinterpretar o sencillamente rechazar como mentiras mucho de lo que los cristianos consideramos verdad. Al final tratan la figura de Jesús como la de un simple artesano palestino del siglo I sin más pretensiones que predicar su visión del judaísmo como tantos otros predicadores del momento, empezando por Juan. Lo consideran igual que otros filósofos o grandes maestros como Buda o Confucio, gente buena que intenta explicar "su" verdad.  No es extraño que piensen que todo lo que vino después fue algo que Jesús jamás pudo prever y ni siquiera desear.
Pero una primera crítica que se les puede hacer es ¿Cómo puede ser que veinte siglos después el modernista pueda entender mejor la tradición cristiana y las Escrituras que los que estuvieron dispuestos a morir por su causa en el primer siglo? No tiene mucho sentido que esa gente en pocos años se invente un montón de historias y luego se las crean hasta el punto de estar dispuestos a dar su vida por ellas. En esos primero años aún vivía mucha gente que había sido testigo de los acontecimientos, o hijos de los testigos. Ante unos evangelios inventados habrían levantado la voz. Parece más lógico pensar que esa misma Iglesia temprana que escribió los evangelios y que se refleja en ellos creía verdaderamente que todo lo que allí pone es la verdad. Una verdad tan grande y tan importante que incluso merece dar la vida por ella.

ARGUMENTO II - SAN PABLO FUE EL VERDADERO FUNDADOR DE LA IGLESIA

Dicen algunos que la Iglesia no la fundó Jesús, sino Pablo de Tarso. No se sabe bien en qué pruebas puedan basarse más allá de su propia imaginación. San Pablo dejó registrada la realidad de la fundación de la Iglesia en Cristo y su resurrección, si eso no fuera cierto, nos dice el mismo apóstol,
"Si nosotros hemos puesto nuestra esperanza en Cristo solamente para esta vida, seríamos los hombres más dignos de lástima. Pero no, Cristo resucitó de entre los muertos, el primero de todos." (1 Corintios 15:19-20)
Es difícil aceptar que Pablo, un hombre ya maduro que tiene la vida hecha y disfruta de poder y prestigio en su sociedad, con un papel relevante en su comunidad judía, pueda abandonarlo todo, marcharse a recorrer el mundo como un pordiosero, viviendo de la caridad de los demás, sufriendo ataques, palizas y hasta la persecución de sus anteriores compañeros, y todo para terminar encarcelado y finalmente ejecutado en Roma por fundar un nuevo movimiento religioso que él mismo sabe que es falso.
Se necesita un convencimiento muy fuerte y una fe muy sólida en algo muy superior para ser capaz de dejarlo todo. Pablo, con su gran formación intelectual, aportó a la Iglesia mucho, formuló con claridad muchas ideas, pero no se inventó nada. También es cierto que su papel en la configuración de la Iglesia primitiva está muy magnificado porque el libro de los Hechos de los Apóstoles, donde vemos cómo esa Iglesia se va extendiendo y desarrollando, está escrito por Lucas, el cual acompañó a Pablo, y por tanto sabemos mucho de la labor misionera de Pablo, algo de Pedro y muy poco o nada de lo que hicieron los demás apóstoles. Eso nos puede transmitir la falsa imagen de que casi toda la evangelización la hizo Pablo, pero no fue así.
Pero de todas formas, su enorme capacidad de sacrificio y su gran entusiasmo sólo se explican porque verdaderamente se encontró con el Jesús resucitado y creyó que él era el Señor. Pablo, como nosotros, creyó verdaderamente que Cristo es el Hijo de Dios y que éste envió a sus seguidores (y a él mismo) a la historia para cumplir una misión que amplía y completa la misión del judaísmo y que no se separa de éste por mera escisión.
Si Pablo estuviera predicando una fe distinta a la predicada por los apóstoles, ambas creencias habrían chocado y se habrían producido conflictos que sencillamente no hubo. Tampoco los apóstoles hubieran permitido que un recién llegado les convenciese de que el mensaje de Jesús en realidad era bien distinto de lo que ellos creían. La realidad nos muestra, tanto en la Biblia como en los escritos de la Iglesia primitiva, que Pedro y Pablo predicaban en armonía, y a finales del siglo I, el cristianismo de todas las naciones era idéntico (salvo por la irrupción de la herejía gnóstica llegada de Persia), no tenemos unas creencias procedentes de Pablo que finalmente se fuesen imponiendo a las creencias de otras naciones evangelizadas por otros apóstoles. La misma Roma, donde tanto Pedro como Pablo predicaron, mostraba una unidad doctrinal.

ARGUMENTO III - JESÚS ESTABA EN CONTRA DE LOS TEMPLOS

Otra de las escenas que se utilizan a veces en contra de la intención de fundar una iglesia es la de la mujer samaritana:
La mujer le dijo: "Señor, veo que eres un profeta. Nuestros padres adoraron en esta montaña, y ustedes dicen que es en Jerusalén donde se debe adorar". Jesús le respondió: "Créeme, mujer, llega la hora en que ni en esta montaña ni en Jerusalén se adorará al Padre. Ustedes adoran lo que no conocen; nosotros adoramos lo que conocemos, porque la salvación viene de los judíos. Pero la hora se acerca, y ya ha llegado, en que los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad, porque esos son los adoradores que quiere el Padre. Dios es espíritu, y los que lo adoran deben hacerlo en espíritu y en verdad". (Juan 4:19-24)
Según los modernistas este pasaje significa que Jesús rechaza los templos y que a Dios se le adorará en el corazón de cada uno, sin templos de piedra ni organizaciones eclesiásticas que te digan qué creer o cómo creerlo. Pero en realidad sacar todas esas conclusiones de este texto puede ser cualquier cosa menos una labor seria de exégesis.
Para empezar, Jesús dice que pronto llegará el momento en que ni en Garizim ni en Jerusalén se adorará a Dios. Cierto, varias décadas después Jerusalén y el templo serán arrasados y todos los judíos deportados, se acabó el culto en ambos sitios. Dice también Jesús que los creyentes "adorarán al Padre en espíritu y en verdad". Cierto, eso hacemos todos los cristianos, independientemente de nuestra denominación. Los cristianos consideramos que con el sacrificio de Jesús en la cruz se puso fin a todos los sacrificios. A partir de ese momento ya no necesitamos un templo para adorar a Jesús, le adoramos "en espíritu y en verdad" en cualquier parte, en el campo, en nuestro dormitorio… ¡o dentro de una iglesia! acompañados de nuestra asamblea de creyentes. De hecho, una iglesia normalmente es un sitio especialmente acondicionado para entrar en oración. Se puede adorar a Dios y rezar en una discoteca, pero es evidente que resulta mucho más complicado.
Pero es más, no tiene sentido decir que Jesús estaba en contra de los templos, sino todo lo contrario. Jesús sintió el más profundo de los respetos hacia el Templo de Jerusalén. A los doce años decidió quedarse en el Templo en vez de irse con sus padres porque verdaderamente se sentía allí en casa de su Padre y sentía que ese era su lugar. Según nos cuenta Lucas 2:41, la familia de Jesús, como muchos otros, peregrinaba al Templo todos los años por Pascua. Durante sus años de magisterio peregrinó al Templo con motivo de las principales fiestas judías. Jesús oraba con su Padre en cualquier sitio, pero es evidente que consideraba el Templo como un lugar privilegiado para el encuentro con Dios. Para él el Templo era la casa de su Padre, una casa de oración, por eso se indigna tanto cuando ve el atrio exterior del Templo (el exterior, ni siquiera el Templo propiamente dicho) convertido en un mercado y es la única ocasión en la que vemos a Jesús fuera de sí. También el Templo fue uno de sus sitios preferidos para predicar cuando estaba en Jerusalén ¿De dónde sacan, pues, la idea de que a Jesús no le gustaban los templos? Los apóstoles iban al templo a orar (¡ya recibido el Espíritu en Pentecostés!), como consta en los Hechos ¿Será que se olvidaron de que Jesús no quería que fueran al templo? Si la revelación de Jesús es pura y exclusivamente personal. ¿Por qué pidió Jesús a los discípulos que permanecieran unidos y no se movieran de Jerusalén?

ARGUMENTO IV - JESÚS ESTABA EN CONTRA DE LAS NORMAS RELIGIOSAS

Otro argumento es que Jesús pretendía liberar a su pueblo del peso de la religión y todos sus preceptos, y por tanto nunca tuvo intención de sustituir un yugo por otro nuevo. Es cierto que Jesús estaba en contra de tantísimas reglas que los fariseos habían ido añadiendo a los preceptos de los judíos a mayores de la Ley, pero de ahí no se deduce que estuviese a favor de que no hubiese ninguna norma. De hecho Jesús critica a los dirigentes corruptos, no a los procedimientos e instituciones religiosas establecidas por Moisés y los Profetas hebreos. Al contrario, afirma y reaviva el espíritu de esa ley y lo que critica es la hipocresía del fundamentalismo judío que transforma la ley mosaica en un instrumento de opresión para la gente y que eventualmente aleja a la gente de Dios y del amor al prójimo. Cuando Jesús llamó hipócritas a los fariseos no dijo "no hagáis caso de lo que os dicen los fariseos" sino "haced y cumplid todo lo que os digan, pero no hagáis lo que ellos hacen" (Mateo 21:3).
Jesús critica, por ejemplo, el corbán [1] (Marcos 7:11), no por ser malo, sino porque esa tradición frecuentemente era usada como manera de defraudar a los progenitores y por tanto iba en contra del Quinto Mandamiento; o una interpretación excesivamente restrictiva y radical de normas como la del descanso del sabath. Jesús asiste al Templo y a la sinagoga y cumple con sus obligaciones mosaicas. Aun en aquellas veces en que la interpretación de Jesús parece modificar la ley de Moisés, a veces endureciendo (caso del divorcio) a veces ablandando la interpretación de la ley (caso del descanso sabático o del apedreamiento de la adúltera), hay siempre una revelación de una nueva dimensión espiritual del mandamiento que se explica.
Jesús dijo que no había venido a derogar la Ley, sino a darle cumplimiento (Mateo 5:17), y a continuación añade: "Por tanto, el que traspase uno de estos mandamientos más pequeños y así lo enseñe a los hombres, será el más pequeño en el Reino de los Cielos; en cambio, el que los observe y los enseñe, ése será grande en el Reino de los Cielos". No suena a alguien que esté en contra de las normas y preceptos, más bien parece alguien que está en contra de quienes abusan de ellos, en contra de quienes defienden la letra de la Ley por encima del espíritu de ella.
Otra cosa hubiera sido que Jesús dijera cosas como "¿Quiso Moisés fundar una religión?" o tal vez "La Ley de Moisés es una ley del corazón y no hace falta ir al Templo" o cualquier otra objeción a la autoridad de la ley o su integridad histórica con el objeto de minar su importancia o veracidad. Es a partir del momento de la muerte de Jesús y su resurrección cuando se establece la Nueva Alianza y por tanto la ley antigua queda superada. Ahora el pacto que establece Dios es con toda la humanidad y a medida que se vayan integrando cada vez más gentiles, los apóstoles se dan cuenta de que no tiene sentido exigirles también a ellos que cumplan las antiguas leyes judías. A medida en que la nueva Iglesia se encontraba con una situación totalmente diferente, fue estableciendo sus propias normas de funcionamiento y sus propios preceptos basados en las enseñanzas de Jesús.

ARGUMENTO V - JESÚS NO QUERÍA CREAR UNA NUEVA RELIGIÓN

También dicen que lo que Jesús pretendía no era crear una religión nueva, sino reformar el judaísmo. El problema de este argumento es que (sorpresa) también los cristianos creemos que Jesús no vino a crear una religión nueva, sino a reformar el judaísmo y darle perfección y cumplimiento. El mismo Jesús lo deja claro como el agua cuando dice en el Sermón de la Montaña, tal como hemos visto antes:
"No piensen que vine para abolir la Ley o los Profetas: yo no he venido a abolir, sino a dar cumplimiento." (Mateo 5:17)
Si Jesús hubiera pretendido romper con el judaísmo y crear una religión nueva, entonces los cristianos no usaríamos el Antiguo Testamento como libro sagrado y palabra de Dios. Nosotros consideramos que somos el mismo Pueblo de Dios que se inició con la alianza hecha a Abraham. Nuestra religión no comenzó con la predicación de Jesús, comenzó con Abraham, y allí empezó una larga historia de salvación que obró primero a través del pueblo de Israel, y que todas las promesas del Antiguo Testamento tomaron forma con la llegada de Jesús. Los judíos esperaban al Mesías, los profetas anunciaban la llegada de los tiempos en los que llegaría el Mesías, y entonces todas las naciones serían llamadas a él, y Dios sería llamado Señor por todas las razas. Ese día llegó. El Mesías llegó, y tal como anunciaron los profetas, nadie quedó excluido. Tanto judíos como gentiles fueron llamados a participar en el Reino que Jesús predicaba, y en la iglesia que él fundó había sitio por igual para unos y para otros.
Los judíos que no aceptaron que Jesús era el Mesías que estaban esperando, quedaron atrás, encerrados en sus antiguas promesas pero sin ser capaces de ver que se habían cumplido; los judíos que reconocieron a Jesús como el Mesías esperado, junto con los gentiles que luego se sumaron, continuaron avanzando en una nueva fase de su religión, la fase en la que las promesas de la Antigua Alianza recibían cumplimiento y se abría una nueva fase, con una Nueva Alianza en la que se hacían promesas nuevas.
Es varios años después de la muerte de Jesús cuando el sanedrín declara a los judíos seguidores de Jesús herejes, les impide entrar en el templo y en las sinagogas y comienza luego a perseguirlos. Entonces es cuando esos judíos seguidores de Jesús empiezan a verse a sí mismos como una comunidad diferente. Años después, a esos judíos seguidores de Jesús les comienzan a llamar "cristianos", primero como insulto, luego como apelativo aceptado también por ellos mismos.
Por tanto dejemos esto claro para los que piensan que los cristianos pensamos de otro modo: Jesús no vino a fundar una religión nueva, vino a dar cumplimiento al judaísmo. Aunque ahora nos llamemos "cristianos", en realidad nosotros somos los descendientes espirituales de los judíos que aceptaron la nueva alianza, los hijos del Israel bíblico, el mismo Pueblo de Dios.

ARGUMENTO VI - SIGNIFICADO DE LA PALABRA EKKLESIA EN EL NUEVO TESTAMENTO

Que Jesús quisiera fundar una Iglesia no es sólo cosa que nos revele la tradición, es él mismo quien nos lo dice en los evangelios:
"Y yo te digo: "Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi iglesia [ekklesia], y el poder de la Muerte no prevalecerá contra ella." (Mateo 16:18)
"Ekklesia" significa en griego "asamblea". Los griegos paganos a menudo la usaban para referirse a una asamblea o reunión de ciudadanos reunidos por convocatoria pública para tratar algún asunto, a menudo político. En este sentido aparece a veces usada en el libro de Hechos:
"Y otros gritaban otra cosa; porque la iglesia estaba confusa, y la mayoría no sabía por qué se habían reunido." (Hechos 19:32)
Pero la versión en griego del Antiguo Testamento (la Septuaginta), que era la usada por los cristianos, utiliza el término "ekklesia" para traducir la palabra hebrea "qahal", que se refiere a la congregación de Israel, al Pueblo de Dios:
"Anunciaré tu nombre a mis hermanos: en medio de la qahal te alabaré." (Salmos 22, 22)
Cuando Jesús habla de "Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi ekklesia" (Mateo 16:18) no tendría sentido interpretarlo como una reunión puntual para tratar un tema concreto. Jesús está dando instrucciones para la creación de una asamblea de creyentes que continuará su labor cuando él se marche, no está haciendo una convocatoria a una reunión. El término arameo/hebreo utilizado por Jesús, que el evangelista traduce en griego como "ekklesia" es, pues, "qahal", que es lo que usó Jesús. Por tanto Jesús está usando "qahal" para llamar a su iglesia del mismo modo que en el Antiguo Testamento se usaba "qahal" para referirse al Pueblo de Dios. La Iglesia que Jesús está fundando es, pues, el nuevo Pueblo de Dios, que ya no estará formada por los nacidos de mujer judía, sino por los bautizados que sigan a Jesús.

ARGUMENTO VII - LA IGLESIA COMO COMUNIDAD ESPIRITUAL INVISIBLE

Tampoco podemos decir, como algunos, que Jesús no pretendía crear una organización, sino simplemente una comunidad de creyentes, una "ekklesia" en el sentido místico. La iglesia como simple comunidad de creyentes ya existía, todos los seguidores de Jesús formaban su iglesia, su comunidad, y ya en vida de Jesús se habían fundado pequeñas comunidades de seguidores por Judea, Galilea y Samaria. Lo que Jesús está fundando aquí es una cosa nueva (dice "edificaré", futuro) y esa cosa nueva es la organización en sí, la estructura, con Pedro a la cabeza.
Así pues, Jesús no sólo sabe que dejará tras de sí una asamblea de creyentes, sino que en este acto fundacional anuncia la creación de un organismo que sea capaz de estructurar, coordinar y dirigir toda la obra que debe realizar esa asamblea de seguidores que deja y los que vendrán. Es cierto que San Pablo también utiliza la palabra "ekklesia" en el sentido místico de la comunidad de todos los bautizados, "el cuerpo místico de Cristo", pero ese mismo San Pablo habla a la Iglesia de Cristo refiriéndose a una comunidad real, organizada y estructurada (o más bien, en pleno proceso de organización y estructuración). No es el cristianismo una religión donde se pueda ir de por libre, pues está basada en la noción de comunidad y hermanamiento. "Porque donde hay dos o tres [o 500] reunidos en mi Nombre, yo estoy presente en medio de ellos". (Mateo 18:20)

ARGUMENTO VIII - JESÚS ESTABA EN CONTRA DE LAS JERARQUÍAS RELIGIOSAS

Otro aspecto a favor de que Jesús pretendía crear una organización propia para propagar su mensaje es el hecho de que él mismo sentó las bases para esa organización antes de fundar la iglesia. Jesús no se limitó, como sí hizo Juan Bautista, a predicar a la gente su mensaje para que se marchase y cambiase de vida. Jesús no buscaba simplemente conversiones personales y dejar lo demás como estaba. Jesús quería crear un movimiento, y un movimiento organizado que fuera extendiendo su mensaje y lo mantuviese vivo, una organización que luchase por establecer el Reino "en la tierra como en el cielo" y para eso se necesita organización y coordinación. Y no fue una idea que fue evolucionando con el tiempo, fue un plan premeditado.
Lo primero que hizo Jesús cuando se planteó empezar a predicar fue elegir a doce discípulos. Esos serían sus principales ayudantes y depositarios de su doctrina. Su objetivo no era simplemente convertirles a ellos, sino prepararles a fondo para que le ayudasen a convertir a los demás, y también pensando en que ellos serían los pilares de su iglesia cuando él no estuviera. A continuación nombró a setenta discípulos como ayudantes y predicadores (segundo nivel de la jerarquía), y cuando su movimiento fue suficientemente grande nombró a un tercer nivel de quinientos predicadores y los mandó por todos los pueblos a difundir su mensaje. A eso se le llama organización.
Y en la cúspide estaba él. Por eso después de su muerte, antes de ascender a los cielos, necesita dejar en manos de los hombres lo que hasta entonces había estado en última instancia en sus manos: la dirección de esa organización. Le pasa el testigo a Pedro y sobre él funda su iglesia. Antes él mismo había organizado a sus seguidores, él mismo era la organización. Ahora que él se marchaba necesitaba fundar una organización y ponerla enteramente en manos humanas confiando en que su mensaje y aliento les ayudase a ir por buen camino, pero sabiendo perfectamente, como bien lo sabe Dios, que esa andadura estaría plagada de tropiezos, errores, abusos, peleas, etc. porque así funcionan siempre las organizaciones humanas, sobre todo si les das suficiente tiempo. Lo que sí prometió Jesús fue no dejar que su doctrina se corrompiese y enviar el Espíritu Santo para que les ayudara a comprender la verdad. En todo lo demás, bien sabía él que la iglesia que estaba fundando no se acercaría a la perfección que él deseaba, pero así es como tiene que aprender la humanidad, luchando contra sus propios errores y superándose. Ya llegaría el día en el que él mismo regresaría y por su propia mano establecería el Reino en su perfección.
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NOTA:
[1] Un hijo tenía la obligación de cuidar de sus padres ancianos y darles todo lo que necesitaban. El corbán era un juramento que se hacía de entregar a Dios como ofrenda algo tuyo, pero sin necesidad de fecha concreta. Muchos judíos declaraban corbán todos sus bienes, sin llegar nunca a ejecutarlo. Como lo ofrecido a Dios ya no podía ser entregado a otra persona, dejaban a sus padres sin amparo con la excusa de que todo lo que poseían en realidad era corbán y algún día tendrían que entregarlo. Aunque ese día nunca llegase.
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