martes, 17 de febrero de 2015

EN LA FRENTE ... UNA CRUZ DE CENIZA BENDECIDA



En la frente... una cruz de ceniza bendecida

Pero los que están en la fila de la ceniza... ¡ni una mirada, ni un saludo, ni una reverencia a Dios que está escondido en el Sagrario! 


Por: Ma esther De Ariño | Fuente: Catholic.net



Iniciaremos mañana  la Cuaresma, tiempo penitencial para los católicos y veremos como infinidad de personas, quizá algunas que hace mucho tiempo no han acudido a la Iglesia, se forman en largas filas para que les marquen la frente con una cruz de ceniza bendecida.

Llegan, se forman en la fila, reciben la ceniza y se van... Personas buenas, almas cándidas quizá, que siguen una tradición que tienen carácter de ritual al que pudiera caber, en su entendimiento, algo mágico y que por nada del mundo dejarían pasar esta fecha sin llevar en su frente la huella de la ceniza.

Cosa buena es que esta tradición del Miércoles de Ceniza esté tan arraigada en el corazón de los fieles católicos.

Quizá todos los que estén en la fila sepan qué es lo que significa y que de ninguna manera es, ni obligación ni Sacramento.

Quizá todos vayan meditando -ya que de eso se trata- sobre el punto filosofal de que polvo somos y en polvo nos convertiremos.

Quizá todos deseemos empezar la Cuaresma con un acto de humildad y pidiendo perdón por nuestros pecados.

Tal vez, y esto esta muy bien, pero hay "algo" que no está bien.

Veamos: hemos entrado al Templo, estamos en la Iglesia, en la casa de Dios y no parecería posible entrar en esa casa y no saludar al Dueño, al Señor, al Dios Supremo Hacedor de todas las cosas, al Rey de Reyes, el Altísimo Señor, el Omnipotente que está en infinita humildad en el Sagrario en Cuerpo y Alma. Tan auténtico como cuando caminaba por las orillas del Jordán, tan real como cuando se sentó en el borde del pozo para pedirle agua a la samaritana, el mismo Dios, el mismo Cristo.

La puerta del Sagrario está cerrada, una luz roja parpadeante nos anuncia que está ahí el Señor, Dios nuestro.

Las personas están en la fila de la Ceniza... ¡ni una mirada, ni un saludo, ni una reverencia al Dios que está escondido en el Misterio de amor que es la Eucaristía!

¿Cómo es esto posible? ¿Será más importante llevar en la frente un signo de humildad que caer primero de rodillas ante el Sagrario y aunque no lo veamos con los ojos de la carne, decirle con los del alma: "Creo en Tí, Señor, y te amo", o simplemente con las palabras de Santo Tomás: "Señor mío y Dios mío" ?

Y ya que estamos en este tema diremos que ocurre lo mismo cuando algunas personas entran en la Iglesia y se van derechitas al Santo de su devoción. Se arrodillan, le piden quién sabe que cosa y se van. Tal vez no haya culpa, es falta de formación y de que no nos hayan dicho una y mil veces, hasta que nos cale, que al que tenemos que reverenciar y adorar es al Dios vivo que está presente con su Cuerpo, su Alma y su Divinidad en el Sagrario. Los grandes santos son intercesores de las gracias que pedimos ante Dios.

Tal vez también sea que creer en esto, es más difícil que creer en el poder del Santo. El culto a los Santos, - como nos dice en sus homilías Mons. George Chevort, no es obligatorio, sino facultativo." Pedirle a los Santos es como una etapa, como un escalón, no un término.

El objetivo de nuestra religión es la Santísima Trinidad que tiene derecho a nuestra adoración y de la cual proceden todos los bienes que necesitamos y el Mediador indispensable es Jesucristo, Hijo de Dios y hombre.

Glorifiquemos a Dios en sus Santos. Ahora bien, la primera de todos los Santos: no fuera de, sino en primer rango y un rango a parte, es la Bienaventurada Virgen María. La primera y aparte porque no solo es obra de Dios, sino que es la obra maestra de Dios. Es la Madre de Dios porque Ella difundió en el mundo la luz Eterna, Jesucristo Nuestro Señor.

¡Cuánta preparación y cuánta información sobre nuestra Fe nos hace falta para vivir y obrar como verdaderos cristianos!. Vivamos nuestra religión con orden y profundidad. Que seamos el ejemplo viviente para los que nos ven, que formándonos y estudiando podremos cumplir con los grandes misterios de nuestra religión tal y como nos lo enseña nuestra Santa Madre la Iglesia Católica y que imitando a los Santos entremos en esta Cuaresma con espíritu de oración y sacrificio.

Preguntas o comentarios al autor     Ma. Esther de Ariño

ÚSESE Y TÍRESE

Úsese y tírese
Una visión del amor en la que lo que hoy me satisface mañana puede causarme fastidio


Por: Germán Sánchez Griese | Fuente: Catholic.net



Muchas veces nos hemos pasado el tiempo viendo la televisión. Una tarde sosegada en la que parecía que nada me perturbaría he jugado al nuevo deporte del “zapping” que así le llaman en lengua inglesa y que aún no conoce vocablo propio en la lengua de Cervantes. Huérfanos de tal palabra, estamos haciendo el zapping ante un arsenal de cincuenta canales que la tecnología permite en algunos países. Cincuenta diversas posibilidades para aprender, para disfrutar o simplemente para descansar. Mirando sin ver y oyendo sin escuchar me enganché sin querer en una de esas que llaman “telenovelas” vespertinas. He buscado en mi inconsciente las fuerzas que me llevaron a detenerme en ese canal televisivo y por más que voy y vengo no lo he podido descubrir.

Dejando a un lado mi inconsciente lo que conscientemente llamó poderosamente mi atención fue la trama principal. Era fácil de entender aunque no había tenido la oportunidad de seguir la trama los días anteriores. Todo se basaba en el intercambio de pareja entre los personajes principales. Intercambio que dicho sea de paso, se realizaba más fácilmente y a un menor costo que las transacciones en la bolsa de valores. Me han dicho que en otras telenovelas la cuestión de las transacciones es moneda de uso diario. En historias que aparentan ser de la vida real, es lo más común que convivan la primera, la segunda y hasta la tercera esposa en una supuesta armonía o contrariamente, en un desmedido afán de destrucción mutua. Quien fue antes el yerno, o sea, el esposo de la hija se convierte en amante. Todo este trueque de parejas es producto de la pérdida del amor o de la infidelidad que nunca se perdona, y que se convierten en el mejor pretexto para romper un compromiso.

Sobresaltado he buscado en el ritual de matrimonios la fórmula exacta y he descansado al ver que las palabras siguen ahí, sin cambio alguno, como monumento a la fidelidad mutua: “...hasta que la muerte nos separe”. Entonces, ¿qué pasa? ¿Por qué ese alarde de infidelidad hasta llegarla a convertir en tema constante de telenovelas, películas, canciones y forma de vida?

Mucha de esta realidad de nuestros días se basa en una visión del amor de “úsese y tírese”. Esa visión del amor en la que lo que hoy me satisface mañana puede causarme fastidio, donde la incondicionalidad del amor carece de sentido real, compromete la felicidad y realización del hombre en su más profundo significado, que niega su principal característica y finalidad: el amor, la capacidad de darse al otro, de unir su intimidad a otro ser igual en dignidad. Esa es la visión que ha orillado a tantas parejas a la infidelidad, al hastío o a la búsqueda de nuevas experiencias, que lejos de ser el mejor tema para un espectáculo de telenovela o simplemente un “caso de la vida real”, es una realidad dolorosa de la que muchos son protagonistas.

Y ya metido en investigaciones volví a leer un libro que habla de la verdad profunda del amor conyugal. Sus palabras iluminaron mis dudas y perplejidades ante lo que había visto en la telenovela: “El amor conyugal es ante todo un amor plenamente humano, es decir, sensible y espiritual al mismo tiempo. No es por tanto una simple efusión del instinto y del sentimiento sino que es también y principalmente un acto de la voluntad libre, destinado a mantenerse y a crecer mediante las alegrías y los dolores de la vida cotidiana, de forma que los esposos se conviertan en un solo corazón y en una sola alma y juntos alcancen su perfección humana.” (Humanae vitae 9)

Quien así hablaba en julio de 1968 era ni más ni menos que Paulo VI en una de las encíclicas que todo católico que se precie de serlo debería tener como libro de cabecera. No voy a citar más los textos de esta maravillosa encíclica para que usted, lector, lectora que me sigue cibernéticamente en este espacio pueda meterse de lleno en la lectura apasionante de este documento.

No es fácil la fidelidad conyugal en un mundo que invita a la aventura y a la supuesta autorrealización extramarital. Vivir bajo el significado real del amor de pareja implica dos cosas: Primero: una decisión que nace de la intimidad de cada uno para comprometerse libremente. Es un “quiero serte fiel, quiero amarte y respetarte”, y no un “estaré contigo sólo si no implica sacrificarme demasiado, si no cometes errores o si la veleta de mis sentimientos o mis pasiones no se inclina hacia otro lado”. Segundo: este amor se construye, se renueva día a día, ya que la primera promesa no es una garantía de fidelidad, sino que es el inicio de la fidelidad. Lo que se promete en el rito del matrimonio si no se renueva día a día, termina por marchitarse o morir.

En este proceso, es indispensable considerar que la infidelidad o el hastío en la vida de pareja son en gran parte, enfermedades del amor, no la muerte del amor, y por tanto tienen curación. No deben ser el motivo para acabar una relación matrimonial sino un bache en el camino para reflexionar sobre la propia entrega en el amor. Es cierto que la parte agraviada en la infidelidad sufre. El cónyuge traicionado, según el psicólogo Aarón Beck “le da un significado simbólico muy fuerte a la infidelidad. Ve en ello una amenaza al matrimonio. Y esta amenaza no es imaginaria.”

Ahora bien, cuando estos baches se presentan, cada uno debe ser consciente que la búsqueda de la tan trillada y engañosa “oportunidad de realizarse”, es una decisión que compromete, no sólo la propia vida sino la de la pareja, y en ocasiones hasta la de los hijos. La propia realización consiste en ser fiel a la promesa de fidelidad que se ha emitido en el día del matrimonio.

La plena realización del hombre está dentro de sí mismo, en su capacidad de amar y comprometerse de por vida. Vivir con esta meta es la mejor empresa que cualquier ser humano puede emprender, que hace de la vida una aventura y no una falacia que sucede sólo en las telenovelas.

 

LA CENIZA EN EL INICIO DE LA CUARESMA ES UN SACRAMENTAL


La Ceniza en el Inicio de la Cuaresma es un Sacramental
Cuaresma

¿Cuál es la actitud correcta del católico ante los Sacramentales y las devociones?


Fuente: www.buenanueva.net



En este artículo se tratarán los Sacramentales y devociones de la Iglesia Católica.
¿Por qué creen ustedes que las Iglesias se llenan más –mucho más- el Miércoles de Ceniza, el Domingo de Ramos, en la Fiesta de la Presentación en el Templo (NS de la Candelaria), el Miércoles Santo, en la Vigilia de Resurrección el Sábado Santo?  ¿Qué significado tiene para ustedes esas fiestas?  ¿Qué sucede en cada una de esas fiestas?
.        Miércoles de Ceniza:

  Es el día que da inicio a la Cuaresma.  Y tiene lugar la ceremonia de la imposición de la ceniza en la frente.
Y ¿qué es la ceniza?  ¿Qué significado tiene el ritual de imposición de la ceniza?  La Ceniza no es un rito mágico, ni de protección especial -como muchos podrían considerarlo.  La ceniza simboliza a la vez el pecado y la fragilidad del hombre.
¿Por qué va tanta gente ese día a la Misa?  ¿Va a celebrar el inicio de la Cuaresma?  ¿O será porque creen muchos que la ceniza es un rito que les da algo especial, sin que haya que cambiar algo en nuestra vida espiritual? 
La ceniza es un rito de conversión:  Conviértete y cree en el Evangelio.  Es un rito de reconocimiento de nuestra insuficiencia y nuestra nada:  Polvo eres y en polvo te has de convertir.

.        Domingo de Ramos:
En ese día se da inicio a la Semana Santa, conmemorando la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén, cuando los habitantes de Jerusalén lo reconocieron como Rey, descendiente de David.
Y ¿a qué va tanta gente ese día a la Misa?  ¿Van a celebrar el reinado de Jesús?   ¿O van a recoger las palmas benditas, porque muchos creen que son un objeto de protección contra todo tipo de mal?

.        El Miércoles Santo (conmemoración del milagro del Nazareno)
Mucha gente en Venezuela va ese día a Misa.  Y pueden verse unos cuantos niños y hasta algunos adultos vestidos de morado.  ¿Por qué?  Porque creen que el Nazareno les concederá todo lo que piden a cambio de las promesas que le han hecho. 
Pero ¿por qué se celebra a Jesús Nazareno subiendo con la Cruz a cuestas camino al Calvario dos días antes del Viernes Santo, que fue el día en que esto sucedió?  ¿Por qué especialmente se llena la Basílica de Santa Teresa?
Esta es una costumbre típicamente venezolana, especialmente de la ciudad de Caracas.  (ver APENDICE al final).

.        La visita a los 7 Templos el Jueves Santo y el Viernes Santo:
¿Por qué en Venezuela hay una verdadera jornada de entradas y salidas de los Templos desde el Jueves Santo en la noche y durante la mañana del Viernes Santo?   Por cierto, son entradas y salidas rápidas, nada de detenerse en hacer una oración profunda, cuidadosa al menos en una de esas 7 entradas. 
Es una tradición que data del año 1300 en Roma, en que, visitando siete Templos, se recuerdan los siete sitios a donde fue enviado Jesús desde que fue apresado en el Huerto de los Olivos hasta el momento que lo cargaron con la Cruz.
Debe haber quedado como una costumbre muy arraigada en Venezuela a raíz de que algún Arzobispo concedió una indulgencia especial con esas siete visitas.
  El problema es que mucha gente cree que ésa es la mejor forma de conmemorar los Misterios de la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo.  ¿Y el Triduo Pascual cómo

.        Vigilia de Resurrección:
¿Por qué se llenan los Templos para la Vigilia de Resurrección el Sábado de Gloria en la noche?  ¿Por qué no cabe casi nadie y todo el mundo va cargado de botellas y botellones de agua?
Porque la gente va a que le bendigan la mayor cantidad de agua que pueden cargar. 
Y resulta que ésa es la gran noche del Año Litúrgico, en que Cristo resucita y vence la muerte, la oscuridad y el pecado.  Pero la gente va a que le bendigan el agua y no se da cuenta del sentido de esta gran celebración, que es la más importante y la más imponente de todo el año…también –por cierto- la más bella.
Resumiendo …  ¿Por qué va tanta gente esos días a las Iglesias, gente que -es evidente- no va otros días, ni siquiera los domingos el resto del año?
Si observamos bien en lo que sucede cada uno de esos días, nos damos cuenta que en unas de esas fiestas se recibe un Sacramental o un objeto que forma parte de una devoción católica.  Y en otras observamos que hay una devoción –mera devoción, no Sacramento- muy arraigada en la gente.
  Y … ¿lo que no es Sacramento, sino Sacramental, y lo que no es Liturgia sino devoción, cómo debemos ubicarlo en nuestra práctica religiosa?

2.      ¿Qué es más importante:  lo que se recibe esos días (ceniza, palmas, velas benditas, agua bendita) o lo que sucede en la Santa Misa esos mismos días o en Domingo o en un día de semana cualquiera?
La Santa Misa tiene un valor infinito.  Los Sacramentales son signos sagrados, pero que distan infinitamente de lo que sucede en una Misa.
  «Una sola misa glorifica a Dios más que toda la gloria que le dan todos los santos del cielo, incluida la Santísima Virgen, durante toda la eternidad.» (Antonio Royo Marín, OP).  Parece una exageración, pero no es, porque toda la gloria que le dan a Dios todos los santos del cielo, incluida la Santísima Virgen, es gloria de creatura.  La Virgen sin duda es la primera de las creaturas, pero creatura al fin.  Y la gloria que da a Dios Padre su Hijo Unigénito sacrificado en la cruz, es más que lo que le puedan dar todas sus creaturas juntas.
Y la Misa es la reactualización de lo que sucedió en el Calvario:  Dios Hijo ofreciéndose al Padre por nosotros sus creaturas.
Así que parece una inversión de valores el que se dé más importancia a Sacramentales y devociones (que tienen su función y su lugar en la vida del católico) que a lo que más valor tiene:  la Santa Misa, Jesucristo vivo y presente en el Santísimo Sacramento del Altar o al recibir la Comunión, o el ir al Sacramento de la Confesión, etc.

3.      ¿Cuál es la actitud correcta del católico ante los Sacramentales y las devociones?
  No puede darse más importancia de la que tienen las devociones y los Sacramentales, mucho menos, hacer uso casi exclusivo de esos auxilios, dejando de lado lo verdaderamente importante:  Sacramentos y Liturgia.
No quiere decir que no se usen los Sacramentales, ni se acojan ciertas devociones.  Ciertamente estas prácticas tienen funciones de auxilio para llevar una vida más cercana a Dios, pero nunca pueden ponerse por encima de aquellas cosas que sí son indispensables en la vida del católico.

4.    Entonces..... ¿Qué son los Sacramentales?
La Santa Madre Iglesia instituyó, además, los sacramentales. Estos son signos sagrados con los que, imitando de alguna manera a los sacramentos, se expresan efectos, sobre todo espirituales, obtenidos por la intercesión de la Iglesia. Por ellos, los hombres se disponen a recibir el efecto principal de los sacramentos y se santifican las diversas circunstancias de la vida (CIC # 1667)
  Los sacramentales son signos sagrados instituidos por la Iglesia, por medio de los cuales se santifican algunas circunstancias de la vida. Comprenden siempre una oración acompañada de la señal de la cruz o de otros signos. (CIC-C #351)
Entre los sacramentales, ocupan un lugar importante las bendiciones, que son una alabanza a Dios y una oración para obtener sus dones, la consagración de personas y la dedicación de cosas al culto de Dios. (CIC-C #351)
Sacramentales son:  las Palmas Benditas, la Ceniza en el inicio de la Cuaresma, el agua bendita, la sal bendita, el Escapulario.

5.   ¿Cuál es el origen de los Sacramentales?  
Jesucristo instituyó la Iglesia y los Sacramentos para conferirnos la gracia necesaria para nuestra salvación y santificación.
Pero recordemos que la Iglesia tiene poder de Jesucristo para decidir aquí en la tierra lo que El aprueba en el Cielo («Yo te daré las llaves del Reino de los Cielos: lo que ates en la tierra quedará atado en el Cielo, y lo que desates en la tierra quedará desatado en el Cielo.» Mt 16, 19).  Y en uso de ese poder, la Iglesia, a lo largo de la historia, ha tomado decisiones y ha impuesto normas que todo católico debe seguir y obedecer. 
Entre las decisiones que ha tomado la Iglesia está la institución de los Sacramentales. 
Sin embargo el uso de los Sacramentales no es obligatorio.

6.      ¿Cuál es el origen de las devociones católicas?  ¿Y qué hay  de toda la gama de devociones que tienen los Católicos, algunas que vienen desde muy antiguamente?
El sentido religioso del pueblo cristiano ha encontrado, en todo tiempo, su expresión en formas variadas de piedad en torno a la vida sacramental de la Iglesia: tales como la veneración de las reliquias, las visitas a santuarios, las peregrinaciones, las procesiones, el vía crucis, el rosario, las medallas, etc.  (CIC #1674)

7.      ¿Tienen los Sacramentales alguna relación con los Sacramentos?
El nombre de “sacramentales” nos trae a la memoria el de “sacramentos” y manifiesta una íntima relación entre unos y otros. Los sacramentales nos ayudan a disponernos mejor a recibir  los efectos de los sacramentos.
Notemos que el Catecismo nos dice: Por ellos, los hombres se disponen a recibir el efecto principal de los sacramentos (CIC # 1667).
Así  que la primera y más importante relación entre Sacramentales y Sacramentos es que los Sacramentales nos ayudan a aprovechar mejor las gracias sacramentales.

8.      ¿Qué diferencias hay entre los Sacramentos y los Sacramentales?
a. Los Sacramentos son de institución divina, los sacramentales son de institución eclesiástica.
Los Sacramentos fueron instituidos por Cristo para otorgarnos la Gracia.
Los Sacramentales han sido instituidos por la Iglesia y nos preparan para recibir la Gracia de lo Sacramentos y para aprovecharla de manera fructífera.
b.      Los sacramentos actúan “ex opere operato” (por sí mismos), los   sacramentales “ex opere operantis ecclesiae” (por la acción de la  Iglesia).
Los sacramentos confieren la gracia ex opere operato (por la misma acción del sacramento):  un Sacramento no puede dejar de comunicar la gracia prometida por Cristo siempre que se administre válidamente.  El sacramento confiere gracia mientras la persona que lo recibe no ponga un obstáculo en el camino. La gracia del  sacramento no depende de los méritos, ni de la santidad del  ministro
Los sacramentales comunican la gracia ex opere operantis ecclesiae. ("por la acción de la Iglesia que obra").  Los sacramentales comunican la gracia dependiendo de los méritos de la persona que reza y de los méritos y oraciones de La Iglesia. 
c.       Los sacramentos tienen como fin producir la gracia que significan, los sacramentales sólo disponen para recibir la gracia.
d.      Los sacramentos son signos de la gracialos sacramentales son    signos de la oración de la Iglesia.
e.      Los sacramentos son necesarios para la salvación; los sacramentales, no.    
Por eso es de suma importancia tener la actitud adecuada, bien intencionada y concorde con lo que la Iglesia pretende que sean los beneficios de un determinado Sacramental y su correcto uso y aplicación.
9.      ¿Tenemos que usar Sacramentales?   Un católico está obligado, por ejemplo, a bendecirse con agua bendita o llevar un escapulario?

En realidad, estrictamente hablando,  no. 
Los Sacramentos son necesarios para la salvación.  Los Sacramentales no lo son.
Sin embargo, las oraciones, los objetos piadosos, los signos sagrados, las ceremonias de la Iglesia Católica son medios de salvación y ayudas muy convenientes para la santificación.
Los Sacramentales no deben nunca sustituir los Sacramentos.  Pero lamentablemente hay católicos que tienen más confianza y apego a algunos objetos sagrados y a algunas devociones que a los Sacramentos.
Por ejemplo, al entrar a una Iglesia no podemos irnos de primera instancia o exclusivamente a una estatua de la Santísima Virgen o de Jesucristo, sin poner atención a que el mismo Dios, Jesús Dios y Hombre verdadero, está en el Sagrario, y a El debemos una reverencia especial:  a El debemos adorar al menos con la genuflexión indicada por el protocolo eclesiástico, ya que lo requiere su dignidad de Dios y Rey.
Por todo esto debemos instruirnos bien acerca de la diferencia entre un Sacramento y un Sacramental y una devoción, y la distancia que hay entre uno y otros.

10.    ¿Qué relación hay entre la Liturgia y las devociones?
Igual que los Sacramentales, las devociones pueden ayudarnos a mejor aprovechar las gracias sacramentales. 
Estas expresiones (las devociones) prolongan la vida litúrgica de la Iglesia, pero no la sustituyen… ya que la liturgia, por su naturaleza, está muy por encima de ellos" (CIC #1675)
Pero es cierto que, además de la liturgia sacramental y de los sacramentales, la catequesis debe tener en cuenta las formas de piedad de los fieles y de religiosidad popular, es decir, las devociones.  (CIC #1674)
Lo importante destacar aquí es que las devociones y los Sacramentales no sustituyen ni la Liturgia, ni los Sacramentos.
El Catecismo nos dice que hay que ponerlos en su justo lugar:  son auxilios para llevar una mejor vida cristiana, pero no pueden sustituir o cobrar más importancia que los Sacramentos y la Liturgia de la Iglesia.

11.    ¿Se podría caer en la superstición con el uso de algún Sacramental o de alguna devoción?
  Superstición es la creencia en que un determinado fenómeno u objeto tiene algún poder mágico especial.
Hay personas que atribuyen a los Sacramentales o a algunos objetos religiosos poderes cuasi mágicos.
Sin embargo, atribuir a algún Sacramental o a algún objeto religiosos poderes excepcionales es superstición, pues es asignarle un valor erróneo a algunos objetos y prácticas, cuyo uso es legítimo.
Hay que tener en cuenta que la superstición es una forma de idolatría.
Atribuir la eficacia de un objeto al objeto mismo o atribuir a las oraciones un poder especial por lo que se dice, olvidándose de la importancia que tiene la debida actitud interior de parte de quien usa el sacramental o dice una cierta oración, es caer en la superstición (cf Mt 23, 16-22).
Esta actitud supersticiosa sobre los Sacramentales y otras devociones puede afectar también el culto que damos al verdadero Dios, porque se está atribuyendo una importancia cuasi mágica a ciertas prácticas religiosas o a ciertos objetos.
Para evitar actitudes erróneas con relación a sacramentales, lo que hay que tener muy en cuenta es que la eficacia de un objeto sagrado no está en el objeto mismo, sino en lo que éste significa y en la actitud piadosa correcta de quien lo usa.

12.    ¿Pueden dar un ejemplo de superstición con relación a un sacramental?
Un ejemplo de superstición con el uso de un Sacramental, confiando en la materialidad del objeto sin la necesaria disposición interior, es cuando se porta un escapulario, pero no se guarda la fidelidad a Dios y no se busca la imitación a la Santísima Virgen María –como lo exige el uso del Escapulario- sino que, llevando una vida desordenada y pecaminosa, se le atribuye al escapulario un valor intrínseco que realmente no tiene, porque –como hemos visto- su eficacia depende de la actitud interior de quien lo porta. 

ALGUNAS DEVOCIONES Y SACRAMENTALES
13.    El Santo Rosario:
Siempre se ha hablado del “poder del Rosario”.  Y se tiende a pensar en el poder que esta oración ha tenido para cambiar cosas externas a nosotros, cosas tan impensables e importantes como el triunfo en la Batalla de Lepanto (siglo XVI), de donde vino inicialmente la Fiesta de Nuestra Señora de la Victoria (7 de Octubre), establecida por el Papa Pío V, cambiada posteriormente a Nuestra Señora del Rosario por el Papa Gregorio III. 
El Padre Pío decía a veces:  “necesito mi arma”.  Y se refería a su Rosario, si no lo tenía a la mano. 
Ciertamente el Rosario es poderoso.  Pero el Rosario tiene poder también para cambiar cosas en nuestro interior.  ¿Cómo es esto?
El Rosario es la oración del Evangelio.  Podemos decir que el Rosario tiene, como nosotros, cuerpo y alma.  El cuerpo del Rosario son los Padre Nuestros y Ave Marías, oraciones que vienen del Evangelio.  El alma del Rosario, su animación, son los Misterios que es conveniente meditar en cada decena –para eso se anuncian.  Esos Misterios son los momentos más importantes de la vida de Jesús y de la Santísima Virgen María.
Significa, entonces, que el Rosario repasa los momentos más importantes del Evangelio.  Ahora bien, el Evangelio es la Palabra de Dios.  Y la Palabra de Dios es una Persona: es Jesucristo mismo.
Así que, al meditar los Misterios del Rosario, repitiendo Padre Nuestros y Ave Marías, poco a poco vamos siendo transformados en lo que el Rosario es:  Jesucristo mismo.
Invocando al Padre Eterno en el Padre Nuestro, acompañados de su Madre en las Ave Marías y dando gloria a la Santísima Trinidad, con los Gloria, vamos imitando a Cristo en sus Misterios.
Allí radica el más importante poder del Rosario:  nos vamos asemejando cada vez más a Aquél y a aquélla, cuya vida y misterios meditamos.  
14.    El Vía Crucis:
El Vía Crucis o Camino a la Cruz es una de las más antiguas devociones practicadas por los Católicos en todo el mundo.  Consiste en acompañar a Jesús en su Pasión y Muerte, en sus horas finales, repasando 14 momentos (las 14 Estaciones de Vía Crucis) desde que fue condenado a muerte hasta su sepultura. 
Más recientemente a veces se suele agregar una nueva 15ª Estación:  la Resurrección del Señor, en consideración a que si Cristo no resucitó, vana sería nuestra Fe (1 Cor 15, 14). 
ESTACIONES DEL VIA CRUCIS:
1ª.     Jesús es condenado a muerte.
2ª.     Jesús carga con la cruz.
3ª.     Jesús cae por primera vez.
4ª.     Jesús se encuentra con su Madre.
5ª.     Simón de Cirene ayuda a Jesús a llevar la cruz.
6ª.     La Verónica limpia en rostro de Jesús.
7ª.     Jesús cae por segunda vez.
8ª.     Jesús habla a las mujeres de Jerusalén.
9ª.     Jesús cae por tercera vez.
10ª.   Jesús es despojado de sus vestiduras.
11ª.   Jesús es clavado en la cruz.
12ª.   Jesús muere en la cruz.
13ª.   Jesús es bajado de la cruz.
14ª.   Jesús es sepultado.
15ª.   Y al tercer día resucitó.  


15.    Cenizas.
La Ceniza no es un rito mágico, ni de protección especial -como muchos podrían considerarlo.  La ceniza simboliza a la vez el pecado y la fragilidad del hombre. 
Cubrirse de cenizas significa, entonces, el realizar en forma tangible un reconocimiento público, por el cual nos declaramos frágiles, incapaces, pecadores, en busca de la misericordia de Dios. 
El Ritual de la Imposición de la Ceniza nos lleva, entonces, a recordar nuestra nada.  Las palabras de una de las fórmulas de imposición de la ceniza nos recuerdan lo que somos:  “Polvo eres y al polvo volverás”.  Es decir, nada somos ante Dios. 
Somos tan poca cosa como ese poquito de ceniza, ese polvillo, que se vuela con un soplido de brisa, o que desaparece con tan sólo tocarlo.  Eso somos ante Dios:   muy poca cosa ... como es ese resto proveniente de ramos o palmas benditas quemados con anterioridad, que es la ceniza. 
El fruto más importante del Sacramental de la Ceniza al comienzo de la Cuaresma es laconversión.  Precisamente las palabras que más frecuentemente se usan para el momento de la Imposición de la Ceniza son las siguientes:  “Conviértete y cree en el Evangelio”.

16.    Palmas Benditas.
Las palmas benditas que, con tanto interés todos recogemos en las Iglesias, no son el centro de lo que conmemoramos cada Domingo de Ramos.
Las palmas benditas recuerdan las palmas y ramos de olivo que los habitantes de Jerusalén batían y colocaban al paso de Jesús, cuando lo aclamaban como Rey y como el venido en nombre de Dios.  Y si bien las palmas benditas son “sacramentales”; es decir, objetos benditos que la Iglesia pone a nuestro disposición y que pueden causar efectos espirituales, no son cosa mágica.  Más bien, las palmas benditas simbolizan que con ellas proclamamos a Jesús como Rey de Cielos y Tierra, pero -sobre todo- que lo proclamemos como Rey de nuestro corazón.
Y ¿cómo es ese Reinado de Jesús en nuestro corazón?  Significa que lo dejamos a El reinar en nuestra vida;  es decir, que lo dejamos a El regir nuestra vida.  Significa que entregamos nuestra voluntad a Dios, para hacer su Voluntad y no la nuestra.  Significa que lo hacemos dueño de nuestra vida para ser suyos.  Así el Reino de Cristo comienza a estar dentro de nosotros mismos y en medio de nosotros.  Así nos preparamos adecuadamente para cuando Cristo venga glorioso entre las nubes a establecer su Reinado definitivo:  la morada de Dios entre los hombres.

17.    El Escapulario del Carmen.
El Escapulario es un símbolo de la protección de la Madre de Dios a sus devotos yun signo de su consagración a María.
El Escapulario debe ser impuesto a la persona una sola vez en la vida y puede ser sustituido por otros escapularios de tela o por una medalla-escapulario.
En la ceremonia de imposición del Escapulario, se le dice al que lo va a llevar: “Recibe este Escapulario, signo de una relación especial con María, la Madre de Jesús, a quien te comprometes a imitar.  Que este Escapulario te recuerde tu dignidad de cristiano, tu dedicación al servicio de los demás y a la imitación de María”.
Como otros sacramentales, el Escapulario no es un signo protector mágico, ni una garantía automática de salvación, que dispense al que lo lleve de vivir las exigencias de la vida cristiana.
Es un sacramental aprobado por la Iglesia desde hace siete siglos, que representa el compromiso de seguir a Jesús como María:
  • Abiertos a Dios y a su voluntad.
  • Guiados por la fe, la esperanza y el amor.
  • Cercanos a las necesidades de los demás.
  • Orando en todo momento y descubriendo a Dios presente en todas las circunstancias.
  • Que aumenta la esperanza del encuentro con Dios en la vida eterna con la ayuda de la protección e intercesión de María.

18.    Visitas de adoración al Santísimo Sacramento.
Nuestra adoración ante el Santísimo es de un valor inestimable.  Dios está presente en todas partes.  Además está dentro de nosotros, cuando estamos en gracia.  Pero en el Santísimo está Jesús presente sacramentalmente:  está allí con todo su ser de Hombre y todo su Ser de Dios!
Entre todas las devociones, ésta de adorar a Jesús sacramentado es la primera, después de los Sacramentos, la más apreciada por Dios y la más útil para nosotros” (JP II en Eclesia de Eucaristía #25, citando a San Alfonso María de Ligorio).
19.    La Oración a San Miguel Arcángel.
En 13 de Octubre de 1884, el Papa León XIII, experimentó una visión horrible:  vio demonios y oyó sus crujidos, sus blasfemias, sus burlas.  Oyó la espeluznante voz de Satanás desafiando a Dios, diciendo que él podía destruir la Iglesia y llevar todo el mundo al infierno si se le daba suficiente tiempo y poder.  También León XIII vio a San Miguel Arcángel aparecer y lanzar a Satanás con sus legiones en el abismo del infierno.
Después de media hora, llamó al Secretario para la Congregación de Ritos.  Le entrego una hoja de papel y le ordenó que la enviara a todos los Obispos del mundo indicando que bajo mandato tenía que ser recitada después de cada Misa, la siguiente oración:
ORACION A SAN MIGUEL ARCANGEL
San Miguel Arcángel,
defiéndenos en el combate,
sé nuestro amparo contra la maldad y acechanzas del Demonio.
Reprímale Dios, pedimos suplicantes,
y tú, Príncipe de la milicia celestial,
arroja al infierno con el divino poder
a Satanás y a todos los demás
espíritus malignos

que vagan por el mundo para la perdición de la almas.
Amén.
Aunque no es obligación, se puede continuar con gran provecho  la práctica de rezar esta oración después de la Santa Misa como se hacía antes del Conc. Vat. II. 
Así lo recomendó el Papa Juan Pablo II

20.    La Coronilla de la Divina Misericordia.
El Señor ha prometido que las almas que recen esta corona serán abrazadas con Su Misericordia durante su vida y especialmente en la hora de su muerte.
Jesús dijo a Santa Faustina Kowalska, Apóstol de la Divina Misericordia:  "Alienta a las personas a decir la Coronilla que te he dado... Quien la recite recibirá gran misericordia a la hora de la muerte. Los sacerdotes la recomendarán a los pecadores como su último refugio de salvación. Aun si el pecador mas empedernido hubiese recitado esta Coronilla al menos una vez, recibirá la gracia de Mi infinita Misericordia. Deseo conceder gracias inimaginables a aquéllos que confían en Mi Misericordia." 
21.    Devoción al Sagrado Corazón de Jesús:  
         Nueve Primeros Viernes
La difusión de la devoción al Sagrado Corazón de Jesús se debe a Santa Margarita de Alacoque, a quien Jesús se le apareció en el siglo 17 y le dijo estas palabras:
"Mira este corazón mío, que a pesar de consumirse en Amor abrasador por los hombres, no recibe de los cristianos otra cosa que sacrilegio, desprecio, indiferencia e ingratitud, aún en el mismo sacramento de mi Amor.”
Lo de los Primeros Viernes es una de las promesas que hizo Jesús a Santa Margarita, y por medio de ella a todos los devotos de su Sagrado Corazón:
“Les prometo en el exceso de mi misericordia, que mi Amor Todopoderoso concederá a todos aquéllos que comulgaren por nueve primeros viernes consecutivos, la gracia de la perseverancia final; no morirán sin mi gracia, ni sin la recepción de los santos sacramentos. Mi Corazón será su seguro refugio en aquel momento supremo.
Las condiciones para ganar esta gracia son tres:
1º.  Recibir la Sagrada Comunión durante nueve primeros viernes de mes de forma consecutiva y sin ninguna interrupción.
2º.  Tener la intención de honrar al Sagrado Corazón de Jesús y de alcanzar la perseverancia final.   
3º.  Ofrecer cada Sagrada Comunión como un acto de expiación por las ofensas cometidas contra el Santísimo Sacramento.

22.    Estatuas, Crucifijos, Pinturas de Jesús, la Virgen y los Santos.
Con respecto a imágenes de Jesús, la Virgen y los Santos, es bueno aclarar que los Católicos no adoramos imágenes.  Las tenemos en nuestros templos, capillas y en nuestros hogares, con respeto y veneración, de la misma manera que en las casas también se conservan y se exponen retratos de personas queridas.
No honramos los materiales de que están hechas las imágenes y estatuas, sino que honramos al santo representado.
Adicionalmente, la Biblia no prohibe las imágenes ni las estatuas, sino los ídolos.  En la cita del  Exodo:  “No te hagas estatua ni imagen alguna de lo que hay arriba en el cielo, abajo en la tierra y en las aguas debajo de la tierra. No te postres ante esos dioses” (Ex. 20, 4-5)se habla de ídolos y no de imágenes. 
No es lo mismo imagen que ídolo. La imagen es un retrato o fotografía de algo o alguien, mientras que un ídolo es un dios de pintura, oro o plata o cualquier otro material.
23.    La señal de la Cruz.
La Señal de la Cruz es el gesto más profundo y de mayor contenido que podemos hacer.  Veamos todo lo que contiene:
Es el Evangelio en un instante.  La Fe cristiana resumida en un solo gesto.  Renovamos la alianza que comenzó con las promesas de nuestro Bautismo.  Con las palabras “En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo”, proclamamos nuestra fe en la Santísima Trinidad, y con nuestra mano proclamamos la fe en la Redención de Cristo. 
Es decir:  la Trinidad, la Encarnación, la Redención –el Credo completo- en un destello instantáneo.
En las tradiciones católicas orientales, este signo es más rico aún, porque se sostienen juntos los tres primeros dedos (pulgar, índice y medio), para significar la Trinidad.  
24.    Las genuflexiones e inclinaciones.
Las genuflexiones son actos de adoración, por lo que sólo se hace delante de Dios. 
Las inclinaciones de cabeza son señales de respeto y veneración. Se hace ante el altar (que representa a Cristo) y ante imágenes.
  Hay que distinguir, entonces, el sentido de la genuflexión y el de la inclinación de cabeza.  La genuflexión es un acto de adoración; la inclinación de cabeza, de reverencia. Sólo se adora a Dios.  Inclinar la cabeza cuando se  hace genuflexión es superfluo, pues la genuflexión es la máxima inclinación.
Si está el Santísimo, se hace genuflexión.  Cuando no está el Santísimo en el Sagrario se hace reverencia ante el altar.
En el Credo está previsto que los fieles se inclinen al proclamar el artículo de la Encarnación:  “Jesucristo, su Único Hijo, nuestro Señor, que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo”
Todos deben hacer genuflexión con ambas rodillas cuando se entra a una Iglesia y el Santísimo Sacramento está expuesto.
Todos deben hacer al entrar genuflexión con la rodilla derecha cuando el Santísimo Sacramento está dentro del Sagrario.
Por lo que se refiere al modo de acercarse a la Comunión, ésta puede recibirse por los fieles de rodillas o de pie, según las normas establecidas por la Conferencia Episcopal.
El Documento Redemptoris Sacramentum (El Sacramento de la Redención, 25-3-2004):  «Los fieles comulgan de rodillas o de pie según lo establezca la Conferencia de Obispos … Cuando comulgan de pie se recomienda hacer, antes de recibir el Sacramento, la debida reverencia», la cual está descrita en un documento anterior:
  «Cuando los fieles comulgan de rodillas no se exige de ellos otro signo de reverencia para con el Santísimo Sacramento, porque la misma genuflexión expresa adoración.  Pero cuando se comulga de pie se recomienda encarecidamente que los que se acercan procesionalmente hagan una reverencia debida antes de la recepción del Sacramento, en lugar y tiempo oportuno para no entorpecer el acceso y retiro de los fieles» (Eucharisticum mysterium, #34, 1967).

ORACION
Gracias, Jesús, porque nos dejaste
tus Sacramentos

que son canales por medio de los cuales nos comunicas tu Gracia.
Gracias, también porque nos dejaste tu Iglesia
y porque a través de ella nos has dado los Sacramentales,
que son vías por las cuales
nos disponemos mejor 

a recibir la Gracia que tus Sacramentos nos comunican.
Gracias por las devociones
que tu Espíritu Santo

ha comunicado al Pueblo de Dios a lo largo de la historia
y que la Iglesia ha acogido como útiles para la vida cristiana.
No permitas, Señor,
que demos más importancia 

a lo que es menos importante.
Que sepamos usar los Sacramentales y las devociones de la Iglesia
como auxilios para estar más abiertos a recibir tu Gracia.
Que Sacramentales y demás devociones nos ayuden a
prepararnos mejor,

a vivir más unidos a Ti, a mejor recibir tus Sacramentos.
Amén.
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