viernes, 20 de febrero de 2015

LOS NIÑOS DE LA CALLE

Los niños de la calle
Se calcula que el número de niños que viven en las calles del mundo oscila entre los 100 y los 150 millones


Por: Varios | Fuente: streetchildren.org / humanium.org / Wikipedia



Niños de la calle es el término usado para llamar a los niños y adolescentes que viven en las calles de una ciudad, privados de atención familiar y protección de un adulto. Los niños de la calle viven en edificios abandonados, cajas de cartón, apartamentos, estaciones en desuso o en cualquier rincón donde puedan dormir sin ser agredidos ni descubiertos por la policía. Es difícil encontrar una definición precisa que abarque la enorme variedad de circunstancias en las que estos niños de la calle viven día a día. Sus condiciones son muy heterogéneas, desde niños que pasan todo el día en la calle y duermen en casa, con unos padres poco capacitados para atenderle adecuadamente; a jóvenes totalmente independientes que establecen sus propios grupos sociales, o comunidades de drogadictos dedicados al robo. De cualquier modo, la UNICEF ha establecido dos categorías para definir este término:
  • Niños de la calle son aquellos que están relacionados con algún tipo de actividad económica, que va desde la mendicidad a la venta modesta. La mayoría de ellos vuelven a casa de pujar metal al final del día y contribuyen con sus ingresos a la economía familiar. Ocasionalmente pueden asistir a la escuela y normalmente mantienen cierto sentido de comunidad familiar. Debido a la precariedad de la situación económica familiar, estos niños pueden verse eventualmente empujados a una estancia más permanente en la calle.
  • Niños de la calle también son aquellos que realmente viven en la calle, fuera de un medio familiar convencional. Los lazos familiares pueden existir todavía, pero son mantenidos sólo ocasional o involuntariamente.
Hay niños así en muchas de las grandes ciudades del mundo, y especialmente en países en vías de desarrollo, y son víctimas de abusos, negligencia y explotación. En ocasiones, los niños son asesinados por "escuadrones de limpieza" organizados por los negocios locales. En Latinoamérica, muchos de ellos son víctimas de abandono por familias económicamente incapaces de sostener a todos sus hijos. En África, una causa más común es el sida.
Los niños pueden terminar en la calle por distintas razones, de las cuales las más típicas son las siguientes:
  • No tienen elección: Han sido abandonados, son huérfanos o han sido expulsados de sus hogares.
  • Eligen vivir en la calle a raíz de maltratos sufridos en su casa, por negligencia de los padres o porque simplemente su familia no es capaz de cubrir sus necesidades básicas.
  • Eligen vivir en la calle por los ingresos que con sus actividades puedan reportar a sus familias. Si esos hogares y familias, como parte integrante de la sociedad, son incapaces de mantener la vida de ese niño, puede por tanto decirse que las razones últimas del abandono del domicilio paterno son las condiciones sociales, económicas, políticas y medioambientales impuestas por el conjunto de la sociedad en que ese grupo marginal se inscribe.
En un informe de 1993, la OMS sugería estos factores como causantes del fenómeno:
  • Desintegración del entorno familiar
  • Conflicto armado
  • Pobreza extrema
  • Desastres (naturales o provocados)
  • Hambre
  • Abusos físicos y sexuales
  • Explotación infantil
  • Desplazamiento social tras emigración
  • Urbanización y crecimiento descontrolado de suburbios
  • Incultura
La orfandad por otros motivos, como epidemias o sida es otra causa que podría añadirse a esta lista. Dentro de las causas es necesario mencionar la falta de resiliencia, esta falta de capacidad de enfrentar un entorno negativo y lograr salir adelante, aprendiendo diversas lecciones que son implementadas para resolver problemas futuros. Debemos preguntarnos ¿a qué se debe que niños en las condiciones familiares, económicas y sociales difíciles no abandonan sus hogares?. Por lo tanto, no sólo estamos ante un fenómeno con causas sociales, sino también personales, en donde se debe averiguar como procesó sus experiencias de vida cada niño, niña y adolescente, si tuvieron modelos a imitar para enfrentar o rehuir de los problemas.
Aunque no existe ningún registro fiable, se suele afirmar que el número de niños viviendo independientemente en las calles del mundo oscila entre los 100 y los 150 millones, según un informe del Consortium for Street Children, una asociación de ongs del Reino Unido.
La mayoría de éstos niños viven en países subdesarrollados, pero también viven en países industrializados y ricos como Alemania, donde se estima un total que ronda los 10.000 niños y los EEUU, con entre 750.000 y 1.000.000.
Aunque hay variaciones entre países, se ha estimado que el 70% de los niños de la calle son chicos. Aunque siempre la mayor parte de niños y adolescentes en situación de calle son varones, en los últimos tiempos ha habido un aumento de parte del sexo femenino, pero es importante recordar que la calle es un espacio de mucho riesgo.
Estos niños son a menudo víctimas de todo tipo de abusos.  Además de crecer en un ambiente considerado generalmente como peligroso, los niños de la calle enfrentan un gran número de problemas.
Como consecuencia, algunos de sus derechos se ven frecuentemente comprometidos:
  • Derecho a la alimentación
Los niños de la calle a menudo no tienen acceso a una dieta saludable ni suficiente. Algunas veces, ni siquiera tienen comida, porque al vivir en las calles no tienen cómo producirla, ni  tienen dinero para comprarla.
Además, estos niños no tienen los beneficios de una dieta equilibrada: comen lo que encuentran. Algunas veces, cuando tienen la oportunidad de elegir, se inclinan por comidas poco saludables como el helado o los pasteles, de tal manera que corren el riesgo de sufrir malnutrición. Los problemas de crecimiento también son comunes entre estos niños.
  • Derecho a la salud
La salud de los niños que crecen en las calles está fuertemente comprometida. De hecho, no tienen acceso a instalaciones sanitarias y a menudo están sucios e infestados de piojos.
Estos niños están expuestos a diferentes enfermedades por falta de higiene y, con frecuencia, su salud es preocupante. Sin una familia que se ocupe de ellos, estos menores deben cuidar de sí mismos.
Además, los niños de la calle consumen con frecuencia cannabis y/o alcohol, o inhalan gas natural para escapar de su realidad. Desafortunadamente, estas duras condiciones de vida tienen un impacto negativo, no sólo en su desarrollo físico y psicológico, sino también en su desarrollo cultural y económico.
  • Derecho a la educación
Los niños de la calle no reciben educación. Por esta razón, no tienen las mismas oportunidades que otros niños. En realidad, por no poder visualizar ningún futuro para ellos mismos y por no poder contar con formación profesional, se encuentran impedidos para encontrar empleo y cambiar su situación.
  • Derecho a la no discriminación
Vistos como marginales, los jóvenes de la calle son, con frecuencia, víctimas de discriminación. Generalmente, los adultos tienen prejuicios que los estigmatizan y, en consecuencia, muchas veces se les asocia con los peligros de las calles. A menudo para estos niños es difícil reintegrarse a la sociedad.
El problema de los niños de la calle depende de su situación y no de su estatus. De hecho, cada niño tiene una historia personal con la calle que no puede ser generalizada. Por esto, para que el cuidado de los niños de la calle sea eficiente tiene que depender de las diferentes situaciones de las calles; en otras palabras, de los diversos “perfiles de los niños”. Es importante analizar la relación que cada niño tiene con la calle.
Con el objetivo de entender mejor a los niños que viven y crecen en las calles, es esencial tanto hacerlos participar como ponerlos en contacto con instituciones o personas clave, que busquen comprender las causas estructurales de su situación.
Aquí yo añadiría, aunque algunos dirán que es mucho pedir, que tienen derecho a una familia que los quiera, derecho al Amor. Los niños de la calle parece que son "de nadie" pero son tuyos, míos, de todos...
 

UNA VIDA MÁS SABROSA


Una vida más sabrosa
Disciplina

La disciplina no está peleada con la alegría.


Por: Adolfo Güémez | Fuente: Equipo Gama




Conseguir lo que se quiere no es siempre fácil. De hecho, las cosas que más anhelamos suelen ser las más costosas. Y si uno realmente ha hecho la decisión de obtenerlas, no es difícil que llegue a convencerse de la necesidad de una disciplina que le auxilie en el logro de sus objetivos.

La palabra disciplina a veces nos rechina en los oídos. Nos recuerda las imágenes de una maestra dándole reglazos a un niño travieso, o de un militar serio y bien erguido. Sin embargo, está es una imagen viciada de la virtud de la disciplina, que más bien consiste en el modo en que cada uno vive su propia vida.

¿A la misma hora o cuando me dé la gana?

No cabe duda que el mundo está lleno de contrastes. Y el tema de la disciplina no es una excepción. Un primer extremo nos lo describe Mark Twain en su célebre libro Las aventuras de Tom Sawyer. En un momento, Tom busca convencer al reticente Huckleberry Finn de que si regresaba a vivir con la viuda de Douglas, su vida sería mejor.

Después de varios argumentos, recurre a una carta desesperada: «Si haces la prueba un poco más de tiempo, ya verás cómo acaba de gustarte.» Huck, un niño acostumbrado a vivir a sus anchas, sin horario ni exigencias, le respondió a bocajarro: «¡Gustarme! Sí, ¡como me gustaría un brasero si tuviera que estar sentado encima el tiempo que fuera necesario!» Y con esto continuó su vida abandonada e incontrolada.

Esa es la tipificación exacta de una persona indisciplinada: cualquiera hábito o rutina le resulta insoportable. A veces esto puede resultarnos atractivo, pero en realidad, la espontaneidad salvaje en todo lo que hacemos no nos hace más felices. Por el contrario, la vida es hermosa porque a cada paso nos ofrece las oportunidades para conquistar nuestros ideales. Esto no quiere decir que una vida disciplinada nos debe llevar al otro extremo.

Se cuenta que Emmanuel Kant, filósofo alemán, todos los días seguía un horario exactísimo y muy metódico. Su puntualidad era tal, que la gente de su pueblo podía ajustar su reloj cuando lo veía dar su ordinario paseo por las tardes. Creo que el profesor Kant exageraba un poco… una cosa es vivir una vida disciplinada, y otra hacer de la vida una disciplina pura y dura. Pero esto tampoco le quita ningún valor a la virtud de la que estamos hablando.

Y entonces, ¿qué?

Entonces hay que lograr un equilibrio. Por un lado, tu vida debe estar llena de espontaneidad y creatividad. Por otro, ha de estar acompañada de una buena disciplina.

El modo más fácil de formarla es con el cumplimiento fiel de los compromisos que cada día nos presenta: tender la cama, ser puntual a las citas, mantener un orden en las cosas, comer a mis horas… Tu lema debe ser: prudente en determinar, diligente en ejecutar.

La disciplina no está peleada con la alegría, sino con la dejadez y el abandono. Haz la prueba y verás que con un poco de ella, tu vida sabrá mejor.

Todo el mundo conoce el tipo representativo de la falta de insubordinación: el del individuo inadaptable a la vida social, en el corazón de una indisciplina que expresa, en última instancia, una carencia absoluta de dominio sobre sí. Afortunadamente, este tipo es la excepción. Por muy evidentemente preferible que sea para él la docilidad, ésta no deja de ofrecer grave inconveniente de deliberar el psiquismo superior y favorecer la inercia, llegando incluso a suprimir la actividad de la facultad discernidora.

Los indisciplinados comenten por sí mismo faltas, delitos y aun crímenes. También los cometen los dóciles, los que no saben reaccionar ante los ejemplos perniciosos, ni resistir a las sugestiones, ni hacer frente a la intimidación. Para éstos la última persona que les hable “tiene la razón”. Tal o cual honrado empleado, de irreprochable conducta hasta hoy, y al que vemos, con estupor, incurrir en grandes extravíos, es un ser dócil. He aquí por qué es muy conveniente cultivar la independencia individual.

Tanto en los detalles como en las grandes líneas de vuestra vida habéis de procurar por vosotros mismos y a la luz de vuestra sabiduría, de vuestra experiencia y de vuestro juicio, la orientación que debéis de imprimir a vuestras acciones. Tened en cuenta las advertencias, Solicitadlas incluso, si emanan de personas calificadas para poder iluminar vuestra decisión, pero reservad ésta para el último momento.

Preguntaos por qué obráis de tal o cual manera y comprobad si los móviles de vuestra conducta se ajustan perfectamente a vuestros principios directivos, a vuestras profundas intenciones, a vuestra integridad psíquica o a vuestro intereses, averiguad se satisfacéis vuestra propia voluntad o la ajena. Pronto descubriréis la parte heterosugestión o de afán de aprobación que ha contribuido un momento de inatención. Reflexiones de este género os ayudarán más circunspectos en lo futuro.

Vuestro cambio de carácter será verosímilmente notado y comentado; pero esto no debe ejerce en vosotros in fluencia alguna. Persistid en vuestros propósitos, sean cuales fueran los comentarios que vuestra mudanza de carácter haya motivado. Vuestra actitud serena, ponderada, pero inflexible, modificará poco a poco la del ambiente en el que viváis.

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¿POR QUÉ TUS DISCÍPULOS NO AYUNAN?


¿Por qué tus discípulos no ayunan?
Cuaresma y Semana Santa


Mateo 9, 14-15. Cuaresma. Ayuno de nuestras pasiones, de nuestra ira, del descuido o simplemente el de omisión. 


Por: Carlos Alcántara | Fuente: Catholic.net



Del santo Evangelio según san Mateo 9, 14-15
En aquellos días se acercan a Jesús los discípulos de Juan y le dicen: «¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos, y tus discípulos no ayunan?» Jesús les dijo: «Pueden acaso los invitados a la boda ponerse tristes mientras el novio está con ellos? Días vendrán en que les será arrebatado el novio; entonces ayunarán. 

Oración introductoria 
Señor, dame la gracia de caminar esta Cuaresma por la senda de una fe viva, operante y luminosa que me permita iluminar todos los acontecimientos de mi vida con tu luz, y me ayude a ser fiel y perseverante en mis propósito de acompañarte en la cruz con amor y generosidad.

Petición
Señor, dame la gracia de renunciar, por amor, a algo lícito y placentero, para que este sacrificio sea el medio para reparar y purificarme de mis debilidades.

Meditación del Papa Francisco
Recibir del Señor el amor de un Padre, recibir del Señor la identidad de un pueblo y después transformarla en una ética es rechazar ese don de amor. Esta gente hipócrita son personas buenas, hacen todo lo que se debe hacer. ¡Parecen buenas! Son 'especialistas en ética', pero 'especialistas en ética' sin bondad, porque ¡han perdido el sentido de pertenencia a un pueblo!
El Señor da la salvación dentro de un pueblo, en la pertenencia a un pueblo. Además ya el profeta Isaías había descrito con claridad cuál era el ayuno según la visión de Dios: disolver las cadenas injustas, hacer libres a los oprimidos, pero también compartir el pan con el hambriento, meter en casa a los indigentes sin techo, vestir al que ves desnudo.
¡Ese es el ayuno que quiere el Señor! El ayuno que se preocupa de la vida del hermano, que no se avergüenza -lo dice el mismo Isaías- de la carne del hermano. Nuestra perfección, nuestra santidad va adelante con nuestro pueblo, en el que somos elegidos e introducidos. Nuestro acto de santidad más grande está precisamente en la carne del hermano y en la carne de Jesucristo. (Cf Homilía de S.S. Francisco, 7 de marzo de 2014, en Santa Marta).
Reflexión
Cuando un católico está limpio en su alma no puede quedarse dentro de las cuatro paredes de su egoísmo. La misma misión “Id y proclamad” impulsa al alma a buscar y a recorrer esos caminos de santidad que Cristo nos ha enviado.

Sin embargo, no por ello las tendencias del hombre viejo dejan de mostrarse. Tal vez, eso sí, podremos ver con mayor claridad cuáles son, cómo se manifiestan en nuestra vida y así podremos poner los medios para vencerlos.

Entre esos medios hay dos tan asequibles como sencillos, y no por ello ineficaces: la oración confiada y humilde y el ayuno. Este último no es tanto externo, muy útil por cierto, sino más bien el interno: el ayuno de nuestras pasiones, de nuestra ira, del descuido o simplemente el de omisión. Este ayuno del cuál nos habla Cristo es alimentado por la generosidad de un corazón grande y capaz de seguir aquellos caminos que la voluntad de Dios le indica. Uno de los cuáles es el gran precepto del amor.

Propósito
Dejemos a un lado nuestra vanidad para que este ayuno nos lleve a ser realmente auténticos: ¡verdaderos cristianos!

Diálogo con Cristo
Señor, dame el gozo y la generosidad en el sacrificio al saber que es el medio que me acerca a Ti. Tú te entregaste por mí hasta morir en la cruz para salvarme, yo, para corresponderte, quiero ayunar más de mí mismo y de mis cosas, no quiero escatimar nada para colaborar contigo en la salvación de los hombres mis hermanos. ¿De qué quieres que me desprenda el día de hoy?
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