martes, 17 de marzo de 2015

¿EL SÁBADO O EL DOMINGO?

¿El Sábado o el Domingo?
El hecho de la Resurrección de Cristo en el día Domingo para los discípulos era altamente significativo y será desde entonces el centro de la fe cristiana


Por: P. Paulo Dierckx y P. Miguel Jordá | Fuente: Para dar razón de nuestra Esperanza, sepa defender su Fe



El otro día una familia me contó que recibió una visita de un señor muy educado. Y con la mejor de las sonrisas, el hombre les ofreció en venta unos hermosos libros de cultura general. Dicen que habló tan bonito de tantas cosas... pero al final terminó con un tema de religión, diciendo que los católicos están equivocados, que, según la Biblia, deben reemplazar la celebración del Domingo por la del sábado, pues el sábado es el día bíblico y el Domingo es una adulteración de los católicos.

Le expliqué que tal caballero seguramente era un misionero de la religión Adventista del Séptimo día. Pues son ellos quienes observan el día sábado y proclaman que ellos son los únicos que cumplen con la Biblia.

¿Qué debemos pensar de todo esto? 

Bueno, antes que hablar del día Domingo o sábado, debemos decir que los hermanos adventistas son, en esta observancia del día sábado, tan escrupulosos como los fariseos que nos pinta el santo Evangelio. No han aprendido nada de la «libertad de espíritu» con que Jesús hablaba del día sábado.
Además los adventistas estudian la Biblia en base a textos aislados, y olvidan que la Revelación Divina sigue en la Sagrada Escritura una evolución progresiva; y, sin seguir esa evolución en los diversos libros inspirados, es prácticamente imposible comprender el verdadero sentido de una enseñanza bíblica.
No debemos quedarnos con unas pocas páginas de la Biblia, sino que debemos leer toda la Biblia.

¿Qué nos enseña el A. T. acerca del día sábado?

La palabra «sabat» (sábado)significa «descanso» «reposo» o «cesación.» Es decir, que «sábado» significa simplemente «un tiempo de descanso» y no tiene originalmente ningún significado como «el séptimo día de la semana»
De hecho se emplea en la Biblia la palabra «sábado» con diversas significaciones. A veces significa «un reposo» de un día (Ex. 20,10). Otras veces este reposo es de «un año» (Lev. 25,4). Alguna vez indica también un período de 70 años (2 Crón. 36, 21).
Ahora bien, ¿de dónde viene el día sábado como séptimo día consagrado a Dios? Leemos la Biblia: «Así fueron hechos el cielo y la tierra y todo lo que hay en ellos. Dios terminó su trabajo el séptimo día, y descansó en este día de todo lo que había hecho. Bendijo Dios el séptimo día y lo hizo santo porque ese día El descansó de todo su trabajo de creación». (Gén. 2, 2-3)
«En seis días Yahvé hizo el cielo y la tierra, el mar y todo cuanto hay en ellos, pero el séptimo día Yahvé descansó, y por eso bendijo el sábado y lo hizo sagrado». (Ex. 20, 11).

«Seis días trabajarás y harás tus obras, pero el séptimo es sábado de Yahvé tu Dios» (Deut. 5, 13-14).
Nos damos cuenta de que en estos textos la palabra «sábado» (descanso) tiene para los israelitas del Antiguo Testamento un nuevo sentido, un sentido religioso. El sábado les recordaba la creación de Dios en seis días con su descanso en el Séptimo día; este último día es consagrado a Dios. Y el hombre también con su trabajo imita la actividad de Dios Creador y con su «descanso» («sabat») del séptimo día el hombre imita el reposo sagrado de Dios. (Ex. 31, 13).
Así el día sábado se convirtió para los israelitas en una señal, en una de sus prácticas más típicas e importantes. Esta señal del día sábado y la circuncisión eran características mediante las cuales el pueblo de Israel se distinguía de los otros pueblos que lo rodeaban. Y durante toda la historia del A.T. el pueblo de Israel guardó fidelidad a estas dos señales.
Con el tiempo la práctica del reposo del sábado fue asumida por la ley judía en forma muy estricta, con 39 prohibiciones de trabajo: prohibición de recoger leña (Núm. 15, 32); prohibición de preparar alimentos (Ex. 16, 23); prohibición de encender fuego (Ex. 35, 3); etc. Poco a poco la práctica del reposo del sábado se convirtió en una observancia escrupulosa e hipócrita. Los profetas del A.T. lanzan una dura crítica contra la práctica legalista del sábado que ha convertido a los israelitas en un pueblo sin devoción interior (Os. 1, 2 y Os. 2, 13).

¿Celebraba Jesús el día sábado?

Jesús no suprime explícitamente la ley del sábado. El, en día sábado, visitaba la sinagoga y aprovechaba la ocasión para anunciar el Evangelio (Lc. 4, 16). Pero Jesús, al igual que los profetas, atacaba el rigorismo formalista de los fariseos y de los maestros de la Ley: «El sábado está hecho para el hombre y no el hombre para el sábado.» (Mc. 2, 27). Para Jesús el deber de la caridad es anterior a la observancia material del reposo; por eso El hizo varias sanaciones en día sábado, obras prohibidas en este día. (Mc. 3, 1-6; Lc. 14, 1-6; Lc. 6, 1-5). Además Jesús se atribuyó poder sobre el sábado: «el Hijo del hombre es Señor del sábado.» (Mc. 2, 28). En otras palabras, Jesús es dueño del sábado. (Lc. 6, 1-5).
Por supuesto que esta nueva manera de observar el sábado chocó violentamente con la mentalidad legalista de los fariseos. Y éste era uno de los cargos graves contra Jesús (Jn. 5, 9). Pero El estaba consciente de que, haciendo el bien en día sábado, imitaba a su Padre, el cual habiendo reposado el sexto día, al final de la creación, continúa rigiendo el mundo y vivificando a los hombres. «Mi Padre ha trabajado hasta ahora, y yo también trabajo» (Jn. 5-17).
La actitud de Jesús frente al día sábado nos enseña que él actuó con libertad de espíritu frente a esa ley, y nunca consideró la observancia del sábado como algo esencial en su prédica, esto era para Jesús algo menos importante.
Pero Jesús dijo claramente«que no vino a suprimir la ley sino a darle su verdadero significado» (Mt. 5, 17). En su actitud no se trata de cumplir la ley al pie de la letra, sino que promueve una evolución de la ley hacia su perfección.
La Resurrección de Jesús
El argumento fundamental para optar por el día Domingo procede de la Resurrección del Señor. Los cuatro evangelistas concuerdan en que la Resurrección de Cristo tuvo lugar en «el primer día de la semana», que corresponde al día Domingo de ahora. (Mt. 28, 1; Mc. 16, 2; Lc. 24, 1; Jn. 20, 1 y 19). El hecho de la Resurrección de Cristo en el día Domingo para los discípulos era altamente significativo y será desde entonces el centro de la fe cristiana.
Hay dos razones fundamentales para celebrar este día de la Resurrección:
  1. Con su Muerte y Resurrección, Jesús comenzó la Nueva Alianza y terminó la Antigua Alianza. Durante la última Cena, Jesús proclamó: «Esta copa es la Alianza Nueva, sellada con mi sangre, que va a ser derramada por ustedes.» (Lc. 22, 20). Los discípulos de Jesús poco a poco se dieron cuenta de que en esta Nueva Alianza la ley de Moisés y sus prácticas tendrían otro sentido.
     
  2. La Muerte y Resurrección de Cristo significaban también para los primeros cristianos la Nueva Creación, ya que Jesús culminaba su obra precisamente con su Muerte y Resurrección justo en el día Domingo, que será desde entonces «el día del Señor».
Nosotros también hemos recibido la promesa de entrar con Cristo en este reposo (Hbr. 4, 1-16). Entonces, el día Domingo, «el día del Señor», será el verdadero día de descanso, en que los hombres reposarán de sus fatigas a imagen de Dios que reposa de sus trabajos (Hbr. 4, 10 y Apoc. 14, 13).
De ahí en adelante la fe de los cristianos tiene como centro a Cristo Resucitado y Glorificado. Y para ellos era muy lógico celebrar el «Día del Señor» (Domingo) como el «Nuevo día» de la Creación. (Is. 2, 12).
La práctica de los primeros cristianos
Los primeros cristianos siguieron en un principio observando el sábado y aprovechaban las reuniones sabáticas para anunciar el Evangelio en el ambiente judío. (Hch. 13, 14). Pero luego el primer día de la semana (el Domingo) empezó a ser el día del culto de la primitiva Iglesia. «El primer día de la semana, estando nosotros reunidos para partir el pan...» (Hch. 20, 7). Sabemos que «partir el pan» es la expresión antigua para designar la santa Misa o Eucaristía. Es entonces muy claro que los primeros cristianos tenían su reunión litúrgica -la Santa Misa- en el día Domingo, tal como se hace hoy. Escribe Juan, el autor del libro Apocalipsis: «Sucedió que, un día del Señor, quedé bajo el poder del Espíritu Santo» (Ap. 1, 10).
¿Qué nos enseña el apóstol Pablo?
Jesús había dicho: «Yo no vine a terminar con la ley , sino a completar la ley, dándole su última perfección» (Mt. 5, 17). San Pablo en sus cartas desarrolla esta misma idea: «El fin de la ley es Cristo» (Rom. 10, 4). Así para el apóstol la plenitud de la ley no se encuentra en el cumplimiento literal de la ley, sino en la fe en Cristo. Pablo dice que «la ley ha sido nuestro maestro hasta Cristo» (Gal. 3, 24) y con Cristo se inicia la Nueva Alianza (1 Cor. 11, 25).
El apóstol Pablo tuvo sus discusiones acerca del día del Señor. Al comienzo tenía la costumbre de predicar en las sinagogas el día sábado para los judíos, pero cuando le rechazaban sus enseñanzas, él se volvía a los gentiles. En este ambiente no judío, Pablo no daba importancia a las costumbres judías, como la circuncisión, el día sábado, etc. Pablo se reunía con los nuevos creyentes el primer día de la semana, y trasladaban las prácticas que los judíos solían hacer en día sábado, como la colecta de la limosna, al primer día de la semana. (1 Cor. 16, 1-2)
Esta actitud en favor de los gentiles convertidos provocó una fuerte discusión en la Iglesia. Luego, este asunto fue tratado en una reunión en Jerusalén, con los apóstoles y ancianos de esta Iglesia. Ahí tomaron la decisión de no imponer a los gentiles convertidos ninguna carga o práctica judía, salvo lo absolutamente necesario (Hch. 5, 28-29). Con esta decisión quedó abierta la puerta a los gentiles, sin obligarlos a la ley judía. Ahora bien, Pablo escribe a los Colosenses: «Que nadie los moleste a ustedes por lo que comen o beben, o con respecto a días de fiesta, lunas nuevas o días de descanso.» (Col. 2, 16) Además criticó el afán de dar demasiada importancia a ciertos días (sábado), meses, fechas y años (Gál. 4, 10). El siempre recomendó evitar estas polémicas secundarias y dar importancia a la caridad.
Consideración final
No cabe la menor duda de que los primeros cristianos santificaron, descansaron y celebraron el Domingo como «el día del Señor.» Esta práctica tiene pleno fundamento en la Biblia. Respetamos el hecho de que los judíos celebren el sábado en la forma indicada en el Antiguo Testamento (ellos no son una religión cristiana). En cuanto a algunos grupos, como los adventistas, que se dicen ser cristianos, y que defienden la celebración del sábado -no del Domingo- tenemos que decir que no interpretan bien toda la Biblia, ya que se quedan con una práctica judía del A. T. y no siguieron el cumplimiento del N. T. Esto sucede porque interpretan la Biblia en forma literal y parcial, y olvidan que Jesús completó y perfeccionó el A. T.
Los católicos, entonces, estamos en la verdad al celebrar el día Domingo. Para terminar, repito las palabras del apóstol Pablo: «Que nadie les critique por cuestiones de comidas o bebidas o con respecto a días de fiestas, lunas nuevas o días de descanso... Todo esto es sombra de lo venidero» (Col. 2, 16-17).
Me consta que muchos adventistas pasan como obsesionados casa por casa llamando a los católicos a cambiarse de religión por la cuestión del día sábado. ¡Como si esto fuera lo más importante de la Biblia! Y me consta que muchos adventistas al pasar por las casas de los católicos les piden la Biblia y les leen los textos aislados del A. T, donde el Señor llama al pueblo judío a santificar el sábado, y dicen a la gente: «Fíjense, en su misma Biblia católica Dios manda observar el sábado... ¿No ven que ustedes están equivocados?».
Esto es abusar de la Biblia y de la buena fe del pueblo sencillo. Es usar de una verdad a medias para sembrar dudas y perturbar a la gente sencilla. Por eso es conveniente que ustedes, amigos, lean varias veces este tema hasta que se empapen bien de lo que aquí se dice, y cuando pasen los adventistas sepan qué responderles, con caridad sí, pero también con energía y con claridad.
En definitiva, los católicos no hemos quedado petrificados en el Antiguo Testamento ni somos esclavos de frases sacadas de su verdadero contexto. Los católicos aceptamos este evolución querida por Dios entre Antiguo y Nuevo Testamento y aceptamos a Jesús como Amo y Señor de la Historia y tenemos muy claro que la realidad presente deja muy atrás los signos con que fue prefigurada. Es por eso que santificamos el día Domingo.
Cuestionario
¿Qué enseñan con insistencia los Adventistas sobre la observancia del sábado? ¿Qué dice la Biblia en el A. T.? ¿Cómo la Iglesia Católica pasó del Sábado al Domingo? ¿Hay una evolución entre A. T. y N. T? ¿Consideró Jesús la observancia del Sábado como algo esencial? ¿Qué dijo Jesús en Mc. 2, 28? ¿Por qué los católicos observamos el Domingo? ¿Cuál fue la práctica de San Pablo?

CUANDO DOS SE CONVIERTEN EN TRES

Cuando dos se convierten en tres
Dentro del matrimonio, se debe preparar un lugar especial para la llegada del bebe y seguir conservando la buena relación entre esposos 


Por: Fernando Pascual y Eugenia Tamez | Fuente: Catholic.net




El amor que llevó a un hombre y a una mujer a un compromiso "para siempre" rompe lo que era un sistema de vida en el cual dominaba el "tú" y el "yo", para iniciar la vida del "nosotros", en la que el "tú" y el "yo" se viven de un modo distinto, más íntimo, más cordial, más profundo.

Conforme pasa el tiempo, todos esperan un nuevo paso en la vida del matrimonio joven: el nacimiento del primer hijo. Es un momento en el que la esposa, vibra de emoción, y contagia al esposo, quien también participa, de lo que va a ocurrir en el seno de su esposa. El "tú" y el "yo", convertido ya en un "nosotros", se abre y se enriquece ante el que ya ha llegado, ante el primer hijo, que introduce muchas novedades en la pareja hasta ahora más o menos armónica.

Desde luego, los primeros nueve meses serán un misterio compartido especialmente entre la mamá y el bebé . El papá, sin embargo, no es un satélite externo a todo lo que está ocurriendo. Sabe que este bebé es "nuestro" hijo. Sufre y siente las angustias de la esposa. Se alegra con los resultados positivos de un diagnóstico prenatal, y se preocupa cuando los médicos no se muestran especialmente optimistas. Comparte, en la medida de su amor, la aventura de una nueva vida que ya ha iniciado y que pronto podrá no sólo tocar a través de la piel de la esposa, sino ver y palpar directamente, en un abrazo de gozo y de alegría que es difícil de describir.

Toda carrera matrimonial implica esta apertura a las vidas que vienen del amor. Cada nueva concepción repite la alegría de la vida, de esa vida que nuestros padres nos dieron, de esa vida en la que tantos nos acogieron, de esa vida que también nosotros podemos dar gracias al amor que no se pone límites.

Ahora, la pareja tendrá que reservarle al nuevo miembro un espacio físico, psicológico y emocional entre ellos, además de conservar y hacer crecer su relación de esposos.

La mejor manera para enfrentar esta nueva forma de vida, es estar preparados y esperar lo inesperado. El ir aprendiendo cómo cuidar al bebé, tomar cursos juntos y leer sobre todo lo que viene, puede ahorrar muchos gritos y malentendidos provocados por el estrés que conlleva el adaptarse al cambio.

Para mantener una buena relación de pareja aquí tenemos algunas sugerencias que pueden llevar a cabo:

No dejen de dialogar
Es fácil dejar de hacerlo después de tener un día lleno de actividades, trabajo y cuidados para el bebé, sin embargo, dedíquense aunque sea unos minutos para dialogar y conocer sus expectativas, miedos, etc.

No se desesperen
Acepten que su vida ha cambiado radicalmente y no se puede llevar la misma rutina de antes, incluso como ama de casa no tengas como prioridad el tener los anaqueles de la cocina impecables, pues al ver que no tienes tiempo para ello, sólo te traerá disgustos.

Den tiempo al tiempo
Eventualmente ustedes y su bebé establecerán una rutina, lo que facilita tener más tiempo para disfrutar en pareja.

Planeen salidas juntos
Tal vez tome un poco de tiempo volver a salir solos, pero pueden empezar a planearlo y buscar quién pueda cuidarles un rato al bebé.

Lo que pueden hacer antes de volver a salir, es tener sus propias citas en casa, alguna cena romántica o simplemente rentar una película y disfrutarla con su botana favorita.

No dejen de decirse lo mucho que se aman
Ya sea con las palabras, con caricias, cartitas o detalles que le hagan ver al otro lo mucho que lo aman.

Recuerden que la relación más importante en la familia es la de los cónyuges, es la base para desarrollar las demás relaciones entre la familia.

No olviden que dentro de unos años volverán a estar solos otra vez cuando sus hijos se casen o tengan otros intereses. No esperen hasta entonces para disfrutar su relación de pareja.

Nutran su matrimonio desde hoy, cuando tienen hijos
A través de los años verán los frutos, hijos estables y autónomos y sobre todo un matrimonio amoroso y feliz.

No dejen nunca de rezar
Recuerden que Dios da la gracia necesaria para mantener la unión entre ustedes y fortalecer su amor. Cuando rezan juntos, Dios los ayudará en los momentos difíciles y los acompañará en las alegrías.

Todos queremos que el nuevo año sea un poco mejor, un poco más feliz. Lo será en la medida en que sepamos amar, abrir el corazón al otro, a la otra, a los otros que vienen. Así hemos nacido miles de millones de seres humanos. Así esperan poder vivir, con la dignidad del amor, aquellos hombres y mujeres que serán nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos, y que dependen plenamente de nuestra disponibilidad en el amor. Darla no cuesta nada, y puede concedernos mucho más de lo que podamos esperar. Basta con hacer la experiencia.

EL DÍA DE SAN PATRICIO


El día de San Patricio
Antigua bendición irlandesa, de autor anónimo, que la tradición atribuye al mismo San Patricio


Por: Redacción | Fuente: Varios



El día de San Patricio es tradicionalmente una celebración religiosa. En Irlanda, no se trata únicamente de la alegría de la fiesta, es sobre la introducción del cristianismo a Irlanda.
Los símbolos del día de San Patricio son el color verde y el trebol silvestre de tres hojas. Para encontrar su origen hay que remontarse a la época en la que vivió el santo. Se cree que San Patricio nació en el año 387 en Kilpatrick, en Escocia. Piratas irlandeses le hicieron prisionero cuando apenas tenía 16 años y lo vendieron como esclavo. San Patricio pasó seis años en Irlanda, donde aprendió a hablar gaélico y, tras liberarse y ordenarse sacerdote en Francia, volvió a Irlanda con la intención de cristianizar a sus habitantes. Vivió allí hasta su muerte el 17 de marzo del año 461. Se dice que San Patricio, durante su campaña evangelizadora, utilizaba el trébol silvestre de tres hojas para explicar a los paganos la Santísima Trinidad. Por eso ese día se ha instaurado como costumbre llevar un trébol en la celebración de su festividad y vestirse de color verde e incluso teñir con este color la cerveza en honor a Irlanda.
Otra tradición consiste en imprimir y regalar la oración de San Patricio y una bendición irlandesa.
Antigua bendición irlandesa, de autor anónimo, que la tradición atribuye al mismo San Patricio
Que los caminos se abran a tu encuentro, que el sol brille sobre tu rostro, que la lluvia caiga suave sobre tus campos, que el viento sople siempre a tu espalda.
Que guardes en tu corazón con gratitud el recuerdo precioso de las cosas buenas de la vida.
Que todo don de Dios crezca en ti y te ayude a llevar la alegría a los corazones de cuantos amas.
Que tus ojos reflejen un brillo de amistad, gracioso y generoso como el sol, que sale entre las nubes y calienta el mar tranquilo.
Que la fuerza de Dios te mantenga firme, que los ojos de Dios te miren, que los oídos de Dios te oigan, que la Palabra de Dios te hable, que la mano de Dios te proteja,
y que, hasta que volvamos a encontrarnos,
Dios te guarde, y nos guarde a todos, en la palma de su mano. 

AYUNO, ORACIÓN Y CARIDAD...¿CÓMO ENSEÑARLES A LOS PEQUEÑOS DEL HOGAR?


Ayuno, oración y caridad...¿Cómo enseñarles a los pequeños del hogar? 
Moral y educacion Católica

Jesús nos enseñó estas 3 áreas básicas para la penitencia cristiana ¿cómo enseñar a los más pequeños a practicarlas por amor al Señor Jesús?


Fuente: jesusamigo.wordpress.com



El Evangelio nos relata como el Señor Jesús les enseña a sus discípulos a hacer penitencia (Mateo 6, 1-6; 16-18). Jesús precisó tres áreas básicas para la práctica de la penitencia en la vida de todo cristiano: ayuno, oración y caridad. ¿Como aplicar estos principios a los más pequeños del hogar? ¿Cómo podemos enseñarles hacer penitencia por amor al Señor Jesús? Aquí algunos consejos para introducir a nuestros hijos en la práctica de la penitencia aprovechando estas dos últimas semanas previas a la Semana Santa.
1) Ayuno
El prolífico escritor inglés C.S Lewis hizo una interesante observación acerca de la gula (glotonería) en su magistral obra "Cartas del Diablo a su Sobrino". Lewis enfatizó que sobre la gula es importante tener en cuenta ser conscientes sobre qué, cuándo y dónde se come.
Para nuestros hijos, esto perfectamente se puede trasladar al rechazo que experimentan a comer cualquier cosa que no sea pizza o donas, o en casos menos extremos, a un fuerte desagrado por los vegetales. 
En este caso, el truco esta en alentar a los chicos a que ellos puedan vencer esas aversiones por ciertos alimentos, en vez de inducirlos a rechazar dulces o chocolates. Es necesario que nos aseguremos de que ellos entienden el porqué de este cambio y la razón por la que se lo ofrecemos a Dios. La decisión debe salir desde el corazón y no hacerlo de mala gana. Si se ha hecho bien, entonces será una verdadera penitencia la cual tendrá muchos beneficios duraderos para ellos y los educará en la templanza. Asegúrese de que ellos entiendan que no es necesario que repentinamente les guste una comida que hasta ahora les ha desagradado; sólo que tengan la voluntad para eliminar por un momento su propio orgullo y elijan comer ese plato de comida por un bien mayor.
Debido a nuestra naturaleza humana herida por el pecado, a veces nos cuesta controlar nuestros gustos y disgustos, y Dios no necesita que tengamos una habilidad sobre-humana para lograrlo; Él espera, por el contrario, que seamos obedientes al Plan que tiene trazado para nosotros, lo cual siempre implica algunos sacrificios. Educando a los niños de esta forma les enseñaremos desde pequeños a hacer frente con alegría a pequeñas privaciones y a educar sus apetencias naturales.
2) Caridad
Todos los cristianos conocen que se debe compartir el dinero con los pobres. Pero los niños no ganan dinero. Normalmente debemos darles algunas monedas para que las coloquen como ofrenda en templo. ¿Pero esto verdaderamente los ayuda a entender el concepto de caridad, o simplemente lo toman como un juego?
Durante la Cuaresma, la mayoría de católicos participa en distintas campañas de solidaridad con los más pobres y necesitados de su comunidad, país y del mundo. Se les pide hacer pequeños ofrecimientos en nombre de la pobreza y hambruna que azota al mundo. 
Este año, en lugar de darles dinero a sus hijos para que lo pongan en su alcancía, enséñeles a ganarse ese dinero. Pon una lista en el refrigerador de la casa con todas las tareas que ellos puedan hacer y por las cuales recibirían algunas monedas. Por ejemplo, podrían ganarse una moneda por cada plato que laven; o dos si es que ellos lo hacen sin que se les pida primero. Tres si ayudan a cortar el césped o sacar la basura y recoger el correo. 
Al final, el niño deberá ser alentado a que comparta el dinero que se ha ganado con aquellos que son menos afortunados que él, mostrándole la forma en que con ello, podría ayudar a otros. De esta manera, educamos en nuestros hijos el valor de la solidaridad y la compasión por los más necesitados. 
También se puede educar al niño en regalar alguno de sus juguetes favoritos a un niño pobre. Es importante asegurarnos que no sea un juguete que ya no le gusta o uno que ya quería cambiar, sino uno que realmente signifique algo para él. Conversemos con nuestros hijos sobre la forma en que podrán hacer feliz a otro niño que no tiene con qué jugar, renunciando a algo de lo que le cuesta desprenderse. Al final, la decisión de ser generoso y desprendido deberá tomarla él y de ser posible, que el niño lo entregue de forma personal si está preparado para hacerlo, para que experimente por sí mismo la alegría de dar.
3) Oración
Muchos santos, desde temprana edad, fueron enseñados por sus padres a orar. Estas oraciones fueron muy sencillas, como Ángel de la Guarda o el Ave María. Pero la fe y la atención con la que son dichas hacen una tremenda diferencia en los niños. 
Como padres, debemos alentar a que el niño desarrolle una vida de oración a través del ejemplo. Dejemos que ellos nos vean orando y con claros signos piedad. No asumamos que, por observarnos en actitud de cabizbajos en el banco de la Iglesia entienda el mensaje de que nosotros verdaderamente amamos al Señor. El niño es una persona concreta, y por lo tanto, nuestras acciones externas lo deberán ayudar a entender nuestra disposición interior (la cual ellos no la pueden ver) y por tanto debemos explicársela con detenimiento y paciencia, acompañándolo con el constante ejemplo. 
Junto a la oración dicha, los santos alcanzaba una relación muy íntima a través de la oración mental. La meditación católica es basada en una figura mental. Por ejemplo, alguien que esté meditando en la crucifixión, forma una figura mental de ese evento, y luego, haciendo un lado todo tipo de distracción en la mente, se concentra en esa imaginación. 
Esto es difícil de comprender para un niño de 8 años. Un niño, a menudo, no puede hacer un dibujo mental. Y es aquí donde los padres entran en escena. Pasa algún tiempo con tu hijo, quizás unos 15 minutos la tarde del domingo, y escoge un misterio del Rosario. Toma al niño en tus brazos y descríbele la escena de la vida de Cristo. Luego pregúntale lo que él piensa acerca de esa imagen que has puesto en su mente. Intenta y guíalo hacia un diálogo con Cristo en vez de que sea sólo contigo. Tu podrías preguntarle, por ejemplo: "¿Que le dirías al Niños Jesús y a la Virgen María si los vieras en Belén?" Si puedes ayudar a tu hijo a cultivar el hábito de la conversación interior, entonces lo habrás empujado hacia el camino de la santidad.

¿QUÉ DEBO HACER PARA GANARME EL CIELO?


¿Qué debo hacer para ganarme el Cielo?
Jesús nos invita a ser santos, a alcanzar el Cielo, pero ¿qué debemos hacer para lograrlo? 


Por: Xavier Villalta | Fuente: Catholic.net



Sería fantástico que todos le hiciéramos al Señor aquella pregunta que un día un joven le planteara: "Maestro bueno, ¿qué debo hacer para heredar la vida eterna?" (Mc. 10, 17; Mt. 19, 16) ¿cómo me puedo ganar mi entrada al Cielo?
Dejemos que sean las Escrituras las que nos muestren lo que debemos hacer.

1.- CUMPLIR LOS MANDAMIENTOS

A aquel joven Nuestro Señor Jesucristo le respondió así: "Tú conoces los mandamientos: No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no darás falso testimonio, no perjudicarás a nadie, honra a tu padre y a tu madre" (Mc. 10, 19; Mt. 19, 18)... porque "El que tiene mis mandamientos y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ame, será amado de mi Padre" (Jn. 14, 21)
San Pablo nos recuerda el camino a seguir:
"Las obras de la carne son conocidas: fornicación, impureza, libertinaje, idolatría, hechicería, odios, discordia, celos, iras, rencillas, divisiones, disensiones, envidias, embriagueces, orgías y cosas semejantes, sobre las cuales os prevengo, como ya os previne, que quienes hacen tales cosas no heredarán el Reino de Dios.

En cambio el fruto del Espíritu es amor, alegría, paz, paciencia, afabilidad, bondad, fidelidad, mansedumbre, dominio de sí; contra tales cosas no hay ley.

Pues los que son de Cristo Jesús, han crucificado la carne con sus pasiones y sus apetencias" (Gal. 5, 19-24)
Y lo acentúa:
"El que siembre en su carne, de la carne cosechará corrupción; el que siembre en el espíritu, del espíritu cosechará vida eterna" (Gal. 6, 8)

2.- CREER, PERSEVERAR HASTA EL FINAL Y OBRAR EN CONCORDANCIA A LA FE

Ante esto surge una escusa en mi mente: las tentaciones son muchas, y soy débil, ¿cómo podré lograr semejante hazaña?, ¿acaso no está escrito que "el adversario, el Diablo, ronda como león rugiente, buscando a quién devorar" (1 Pe. 5, 8)?... sí, eso es verdad, pero también está escrito que no sufriremos "tentación superior a la medida humana. Y fiel es Dios que no permitirá seáis tentados sobre vuestras fuerzas. Antes bien, con la tentación os dará modo de poderla resistir con éxito (1 Cor. 10, 13)" y aunque parezca que el león nos va a devorar, si acudimos a Él buscando su auxilio, saldremos victoriosos porque
"Si Dios está por nosotros ¿quién contra nosotros?" (Rom. 8, 31)
Pero, entonces, ¿no vasta con creer?, ¿no dijo Nuestro Señor a Nicodemo "el que cree en el Hijo tiene vida eterna" (Jn. 3, 36)?, sí, es verdad, lo dijo, y esto no contradice lo anterior, porque quien cree en alguien sigue todo lo que él ha enseñado, por lo tanto quien cree en Cristo Jesús sigue fielmente todas sus enseñanzas (aunque no seamos capaces de entenderlas completamente), no tan sólo las que nos sean más cómodas y fáciles, sino principalmente aquellas que nos cuesta más por nuestra propia debilidad, porque es en esa batalla, "la buena batalla", la que nos permitirá decir al final "he llegado a la meta en la carrera, he conservado la fe" (2 Tim. 4, 7), no me he "cansado de hacer el bien" (2 Tes. 3, 13), tendiendo siempre presente que sólo
"Aquel que persevere hasta el final se salvará" (Mt. 10, 22).
Parte de los frutos de esa batalla son nuestras obras, obras que si son realizadas por amor a Dios no serán olvidadas por Él (Heb. 6, 10), y nos dará como recompensa la deseada vida eterna (Rom. 2, 6-7) y en el día del juicio nos dirá:
"Vengan, benditos de mi Padre, y reciban en herencia el Reino que les fue preparado desde el comienzo del mundo, porque tuve hambre, y ustedes me dieron de comer; tuve sed, y me dieron de beber; estaba de paso, y me alojaron; desnudo, y me vistieron; enfermo, y me visitaron; preso, y me vinieron a ver" (Mt. 25, 34)
Probaron vuestra fe gracias a vuestras obras (Sant. 2, 18).

3.- LA EUCARISTÍA

Finalmente, no me puedo olvidar de mencionar otro requisito para lograr el cielo, último en este escrito, pero no el menos importante, veamos que nos dice el Señor:
"En verdad, en verdad os digo: el que cree, tiene vida eterna. Yo soy el pan de la vida. Vuestros padres comieron el maná en el desierto y murieron; este es el pan que baja del cielo, para que quien lo coma no muera. Yo soy el pan vivo, bajado del cielo. Si uno come de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo le voy a dar, es mi carne por la vida del mundo.

Discutían entre sí los judíos y decían: ¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?

Jesús les dijo: En verdad, en verdad os digo: si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna, y yo le resucitaré el último día. Porque mi carne es verdadera comida y mi sangre verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí, y yo en él. Lo mismo que el Padre, que vive, me ha enviado y yo vivo por el Padre, también el que me coma vivirá por mí.

Este es el pan bajado del cielo; no como el que comieron vuestros padres, y murieron; el que coma este pan vivirá para siempre". (Jn. 6, 47-58)
Jesús mismo nos indica, en la noche que fue entregado, como podemos comer su carne y beber su sangre, dones que nos darán la vida eterna, ya que
"Tomó pan, y después de dar gracias, lo partió y dijo: Este es mi cuerpo que se da por vosotros; haced esto en recuerdo mío. Asimismo tomó también la copa después de cenar diciendo: Esta copa es la Nueva Alianza en mi sangre" (1 Cor. 11, 23-25; Mc. 14. 22-25; Lc. 22. 19-20; Mt. 26, 26-27)
Eso sí, no podemos olvidar que el comer el cuerpo y beber la sangre de Nuestro Señor es algo muy serio, y que si lo hacemos inadecuadamente, sin el debido discernimiento (1 Cor. 11, 27-29) estaríamos negándonos la posibilidad de recibir aquella vida eterna prometida y en su lugar recibiríamos el más temido de los castigos.
Estos pasos no son los únicos, pero si los principales, iniciemos con ellos, y en nuestro peregrinar hacia el cielo anhelado Dios nos irá permitiendo descubrir aquello que aquí falte, pero sin olvidar nunca que las puertas del Cielo están abiertas gracias al infinito amor de Jesús por cada uno de nosotros, amor que nos probó en la cruz (Rom. 5, 8), sin esa entrega total y amorosa ninguno de nuestros actos lograrían los méritos necesarios para ingresar al cielo.

LEVÁNTATE, TOMA TU CAMILLA Y CAMINA


Levántate, toma tu camilla y camina
Cuaresma y Semana Santa


Juan 5, 1-3. 5-16. Cuaresma. El paralítico es imagen de todo ser humano al que el pecado impide moverse libremente, caminar por la senda del bien. 


Por: Gustavo Yael Rodríguez | Fuente: Catholic.net



Evangelio Del santo Evangelio según san Juan 5, 1-3. 5-16
Después de esto, se celebraba una fiesta de los judíos y Jesús subió a Jerusalén, junto a la puerta de las Ovejas, en Jerusalén, hay una piscina llamada en hebreo Betsata, que tiene cinco pórticos. Bajo estos pórticos yacía una multitud de enfermos, ciegos, paralíticos y lisiados, que esperaban la agitación del agua. Había allí un hombre que estaba enfermo desde hacía treinta y ocho años. Al verlo tendido, y sabiendo que hacía tanto tiempo que estaba así, Jesús le preguntó: «¿Quieres curarte?». El respondió: «Señor, no tengo a nadie que me sumerja en la piscina cuando el agua comienza a agitarse; mientras yo voy, otro desciende antes». Jesús le dijo: «Levántate, toma tu camilla y camina». En seguida el hombre se curó, tomó su camilla y empezó a caminar. Era un sábado, y los Judíos dijeron entonces al que acababa de ser curado: «Es sábado. No te está permitido llevar tu camilla». El les respondió: «El que me curó me dijo: «Toma tu camilla y camina». Ellos le preguntaron: «¿Quién es ese hombre que te dijo: «Toma tu camilla y camina?». Pero el enfermo lo ignoraba, porque Jesús había desaparecido entre la multitud que estaba allí. Después, Jesús lo encontró en el Templo y le dijo: «Has sido curado; no vuelvas a pecar, de lo contrario te ocurrirán peores cosas todavía». El hombre fue a decir a los judíos que era Jesús el que lo había curado. Ellos atacaban a Jesús, porque hacía esas cosas en sábado.

Oración introductoria
Jesús, en primer lugar quiero agradecerte por esta oportunidad de encontrarme contigo. Te ofrezco, al inicio de esta oración, mi corazón, mi inteligencia, mi voluntad y todo mi ser. Déjame orar hoy junto a Ti para aprender de Ti y para que cambies mi corazón. Señor, creo en Ti pero aumenta mi fe; espero en Ti pero ayúdame a esperar sin desconfianza; te amo pero ayúdame a demostrarte que te quiero. María, pongo mi oración en tus manos para que me ayudes a conocer y a amar más a tu Hijo.

Petición
Señor, que me dé cuenta que soy un cristiano necesitado de tu gracia y que pueda llevar tu amor a los que más necesitan de Ti.

Meditación del Papa Francisco
Sobre la Iglesia que el papa sueña: Veo con claridad que la Iglesia hoy necesita con mayor urgencia la capacidad de curar heridas y dar calor a los corazones de los fieles, cercanía, proximidad. Veo a la Iglesia como un hospital de campaña tras una batalla. ¡Qué inútil es preguntarle a un herido si tiene altos el colesterol o el azúcar! Hay que curarle las heridas. Ya hablaremos luego del resto. Curar heridas, curar heridas... Y hay que comenzar por lo más elemental”.
Yo sueño con una Iglesia madre y pastora. Los ministros de la Iglesia tienen que ser misericordiosos, hacerse cargo de las personas, acompañándolas como el buen samaritano que lava, limpia y consuela a su prójimo. Esto es Evangelio puro. Dios es más grande que el pecado. Las reformas organizativas y estructurales son secundarias, es decir, vienen después. La primera reforma debe ser la de las actitudes.
Tenemos que anunciar el Evangelio en todas partes, predicando la buena noticia del Reino y curando, también con nuestra predicación, todo tipo de herida y cualquier enfermedad.» (Entrevista a S.S. Francisco, 19 de septiembre de 2013).

Reflexión
A Dios lo encontramos en nuestra vida, lo escuchamos en momentos y en lugares concretos. Por ejemplo, en un sacerdote, en un amigo, en una religiosa, en una madre, en una imagen, en una película. De algún modo, Dios nos revela lo quiere y lo que espera de nosotros.

Jesucristo sabía que el paralítico llevaba enfermo treinta y ocho años. El Señor conoce las profundidades y lo más oculto del corazón humano. Él conoce nuestros sufrimientos y qué es lo que nos duele. Cristo no se contenta con saberlo. Él nos ama y porque nos ama nos quiere liberar de las penas y nos cura.

Como Jesucristo, nosotros estamos llamados a llevar la esperanza y el alivio a quienes sufren, que no sólo son enfermos del cuerpo sino también del alma.

Del paralítico podemos aprender su apertura a Cristo. No duda en decir a Cristo lo que le aflige y cuando Cristo le ordena que se levante, el enfermo lo hace sin pensar en los límites humanos.

La peor enfermedad que podemos sufrir es la de pecar, la de perder a Dios, perder la vida de gracia, porque es el tesoro más grande que tenemos y que llevamos en nuestra alma desde el día de nuestro bautismo.

Propósito
Poner en práctica una de las obras de misericordia. Por ejemplo, dar de comer al hambriento.

Diálogo con Cristo
Señor, gracias por tu compañía, gracias por tu amor. Te pido que me ayudes a vivir la caridad como Tú la viviste y la manifestaste al paralítico. Fortaléceme para seguir tu invitación a no pecar más y a levantarme cuantas veces caiga. María, te agradezco tu protección y tu afecto. Pongo mi propósito en tus manos.

Como Jesús fue el anunciador del amor de Dios Padre, también nosotros lo debemos ser de la caridad de Cristo: somos mensajeros de su resurrección, de su victoria sobre el mal y sobre la muerte, portadores de su amor divino. 
(Benedicto XVI, 5 de abril de 2010).
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