jueves, 26 de marzo de 2015

NIÑOS Y ANIMALITOS

Niños y animalitos
Hay que mirar a los niños como Dios mismo los mira, con amor generoso y despegado 


Por: Enrique Monasterio | Fuente: Fluvium.org



Leo en el periódico que, en un reciente proceso de divorcio, el juez ha concedido a la esposa la custodia de los perros de la familia, y al marido, el derecho a visitarlos cada quince días para sacarlos a pasear por el parque.

No teman mis sufridos lectores. No voy a burlarme del amor a los animales, que, como todo el mundo sabe, es signo inequívoco de cultura y sensibilidad. A mí también me gustan los pájaros, y tal vez cuando sea viejo pueda tener un animal de compañía –un centollo por ejemplo– con el que compartir las largas veladas de invierno.

Sin embargo me inquieta esa progresiva identificación animalito/niño, que empieza a alcanzar cotas grotescas en los civilizados cerebros del bastantes contribuyentes.

Pase que algunas ancianitas solitarias llamen mi pichurrín a su gato y le besen en el hociquito todas las noches antes de acostarse. Pase que otras, o las mismas, dejen al minino herencias de millones de libras esterlinas y que obliguen a un albacea de la especie humana a rendir cuentas al afortunado felino. Pase que, en determinados países, se publiquen enternecedoras esquelas cuando fallece el perro, el loro o el pez espada de la familia, dejando un vacío irreparable en el hogar. Pero, por favor, que no me metan a los jueces en esto. Bastantes problemas tiene ya la Audiencia Nacional.

Ocurre además que, a medida que los animalitos se nos van convirtiendo en personitas, da la impresión de que hay quien empieza a tratar a los niños como a entrañables animales domésticos. Es lógico: el acercamiento entre las especies es recíproco. De tanto mimar bichos, uno ya ni distingue. Y nace el niño de compañía, el bebé gatito, el pichurrín humano, que disfruta de todos los privilegios de sus compañeros irracionales: campa a sus anchas como un pez tropical, es objeto de mil caricias como si de un gato persa se tratara, y engorda como una foquita monje.

Me encantaría estar completamente equivocado, pero temo que cada día hay más padres que piensan en sus hijos, más como objetos de disfrute que como personas.

Ahora que tanto se habla –y con razón– de los niños maltratados, no olvidemos que hay formas de maltrato más sutiles que las palizas convencionales, pero igualmente perniciosas para el cuerpo y el espíritu. ¿Hay peor atropello, por ejemplo, que tratar a un niño como a un animalito de compañía?

Valga como síntoma esa peligrosa manía posmoderna de dividir a los bebés en deseados y no deseados. La terminología, que algunos aceptan como inocua, es simplemente estúpida; pero debajo hay algo más macabro. Los niños no son cachivaches de adorno ni de consumo; tampoco son ratones colorados. Por tanto, no se les desea, se les ama. De ahí que quienes clasifican en serio a sus hijos de esa extraña forma, deban ser catalogados como padres indeseables. (Bien sabe Dios lo que me ha costado escribir esta frase).

Tan peligrosa mentalidad ha creado un tipo de niño que cabría definir como "bebé valium". Me refiero a aquellas criaturas que vienen al mundo, o entran a formar parte de una familia, sólo para resolver los problemas afectivos o las neurosis de ansiedad de un miembro de la pareja (suponiendo que de una pareja se trate). Son los nenes hiperapetecidos, histéricamente necesitados y conseguidos a cualquier precio.

Todas las patologías son respetables, pero a quien padezca un síndrome de este tipo hay que recetarle con urgencia una muñeca repollo o un gato persa. Y que haga experimentos con gaseosa, no con seres humanos.

Al niño valium los psicólogos y pedagogos suelen llamarlo "superprotegido". ¿Protegido, de qué? Se trata de niños realmente secuestrados. Al niño/valium no se le educa, se le domestica. Se le guarda en un estuche envuelto en algodones para que no sienta la tentación de rebelarse. Se le anestesia con la tele para que no moleste (el niño es buenísimo; no nos da ninguna guerra). Se le conceden todos los caprichos; se cuida de su salud hasta convertirlo en un hipocondríaco como papá, y se le alimenta a la carta como a un gato caprichoso.

El niño/valium, cuando se convierte en adulto, no se va de casa ni a rastras. Víctima del síndrome de Estocolmo, suele convertirse en un egoísta incurable que besa la mano de quien le alimenta y no se despega de ella ni con agua caliente.

— ¿No se estará pasando un poco?

Me temo que sí. Es más, quizá alguien se me haya enfadado por llevar demasiado lejos la ironía. Pero es que me falta espacio para matizar. Y yo debería explicar ahora en tres líneas que  Y enseñarles a sufrir, a luchar, a vencer, esforzarse, a ser sinceros, a tratar a Dios, a trabajar, a ser generosos, a pensar…

Materias éstas que no figuran en los manuales para la cría del canario.


 

REIKI, ¿TERAPIA O RELIGIÓN?

Reiki, ¿terapia o religión?
Al promover prácticas "espirituales", se está incluyendo un contenido religioso, aunque no se llame religión.


Por: Miguel A. Pastorino | Fuente: Religión en Libertad



No son pocos los católicos confundidos con este tema, ya que al presentarse como una terapia sanadora, no son tan visibles los problemas de incompatibilidad con la fe.
Sin embargo, muchos lo presentan abiertamente comoun camino espiritual, plagado de elementos de cosmovisiones religiosas orientales y esotéricas.
Como tantas disciplinas que son enarboladas por la literatura "New Age", el Reiki crece en muchos centros "holísticos" dentro de una gran ensalada de conceptos gnósticos y esotéricos.
El Reiki es definido como "camino espiritual" o" sistema de crecimiento espiritual" por varios de sus maestros. Como un "método natural de curación por medio de la energía universal, cósmica. "Rei Ki" es un término de origen japonés que se refiere a la "energía vital (ki) universal (rei)" que fluye a través de una persona que ha sido sintonizada en Reiki.
"Rei" describe el ser universal, impersonal, omnisciente, que otorga vida, como los rayos del sol a los seres vivos. "Ki" es lo que emana del "rei", es la energía o fuerza vital que pasa a través de todo lo que vive. Usualmente traducen "ReiKi" como: "Energía Universal guiada espiritualmente.
El Reiki afirma que las enfermedades son siempre ocasionadas por un "desequilibrio" en la "energía vital". Por ello hay que encontrar "la armonía", "el equilibrio" de la energía existente en los diferentes centros energéticos del cuerpo (chakras), mediante la imposición de manos. Muchos de sus practicantes prometen un gran alivio al que lo recibe, en el plano físico y espiritual, una gran relajación y una plena sensación de paz interior...
La curación por el uso de "energía" tiene una antigüedad milenaria en Asia, pero el Reiki surgió a principios del siglo XIX con Mikao Usui (1865-1927), decano de una pequeña universidad en Kyoto (Japón), persona noble, virtuosa y admirada. Un maestro con carisma de gurú, quien tuvo visiones místicas y creó este nuevo sistema curativo, que no es sólo una técnica, sino un camino espiritual.
Al igual que tantos otros maestros del oriente, Usui reedita algunos principios éticos del confucianismo y de otras tradiciones asiáticas. En la actualidad existen diversas y variadas escuelas y sistemas de entrenamiento de Reiki, por las naturales escisiones que tuvo la versión original al llegar a Occidente, razón por la cual es difícil hablar de un único sistema de Reiki.
Si bien existen maestros de Reiki que lo enseñan en fidelidad a Mikao Usui, y no tienen intenciones de engañar a nadie, no se puede ignorar la cantidad de abusos y confusiones que existen en este campo. Y a los cristianos no les debería ser ajena la incompatibilidad doctrinal de nuestra fe con muchas doctrinas enseñadas en los ambientes "terapéuticos" de una larga lista de maestros de Reiki.
Es sabido lo difícil que es delinear la frontera entre lo terapéutico y lo espiritual en las disciplinas orientales. Al promover prácticas que hablen de "espiritualidad", se está incluyendo siempre un contenido religioso implícito, aunque no se llame religión. De hecho, muchos de sus practicantes "dan testimonio" de los beneficios espirituales de la práctica, utilizando lenguaje de una verdadera experiencia iniciática.

Problemas doctrinales con el cristianismo

El Reiki propone un dualismo cósmico. De origen taoísta, la teoría de los opuestos (Yin - Yang), viviendo en una constante "guerra espiritual" contra las energías negativas, de las cuales se protegen con símbolos protectores ("escudos"), que son simples amuletos, que promueven una mentalidad mágica y supersticiosa. Además, subyace en sus escritos un panteísmo que reduce a Dios a una energía que se puede canalizar, como si fuésemos antenas que pueden sintonizar las frecuencias divinas y luego retransmitirlas por imposición de manos.
El sincretismo es tal, que en sus oraciones al "Padre", lo llaman "Ser universal superior" y al "Espíritu Santo" lo igualan al "Ki" o "Chi", es decir, a la energía que pasa a través de nosotros y que recibiríamos del universo, con lo cual Dios ya no es persona, sino una energía que podemos "sintonizar". Jesucristo queda reducido a un sanador que imponía manos, pero su divinidad se disuelve en la lista de maestros espirituales, sin olvidar que un gran número de sus practicantes comienzan a predicar la reencarnación. Con esto basta para entender que están muy lejos de la fe cristiana y empapados de la Nueva Era.
Muchos de sus simpatizantes la valoran por el bienestar que les causa, y defienden su compatibilidad con la fe cristiana, y suele suceder que no profundizan demasiado ni en el Reiki, ni en su propia fe, lo cual les genera esta inocente "compatibilidad".
Es necesario un serio discernimiento frente a la multitud de disciplinas orientales importadas en occidente, ya que en el caso de que pudieran no ser perjudiciales en sí mismas, es preciso no caer ni en un rechazo a lo diferente por ser desconocido, ni en un concordismo ingenuo por falta de sentido crítico y coherencia en la fe.
Tendríamos que preguntarnos si la sed espiritual de mucha gente alejada de la Iglesia que se va por caminos extraños a la fe, ¿no será porque no han encontrado en nuestras comunidades un camino espiritual que les otorgue una vida nueva?.
Cuando la fe católica se reduce a compartir ciertos valores, a un barniz de devociones fragmentadas y algunas prácticas sacramentales ocasionales, entonces es entendible que busquen fuera de Cristo esa plenitud de vida que nosotros deberíamos ofrecer a manos llenas.

LA FUNCIÓN DEL CATEQUISTA


Función del catequista
Lo acabamos de decir. La catequesis no es cosa tuya. Tú eres simplemente un servidor, un llamado.


Por: Grupocircular.org | Fuente: Grupocircular.org



1. Fíate de Dios. Lo acabamos de decir. La catequesis no es cosa tuya. Tú eres simplemente un servidor, un llamado. Por eso es bueno empezar la catequesis con un rato de oración (oración tuya). Tienes que encontrarte con Dios y pedirle la fuerza de su Espíritu para que sea él quien se haga vivo en tu palabra y en tu ejemplo.

2. Transmite lo que vives. Más de lo mismo. Si no vives tu fe no tienes nada que transmitir. Por eso es fundamental que no abandones tu crecimiento personal como seguidor de Jesús. No sólo vas a transmitir unos conocimientos. Los niños tienen que ver en ti un modelo de seguimiento y eso sólo es posible si te preocupas y tratas de madurar tu opción de vida cristiana.

3. Prepara bien tu catequesis. Para ello:

a. Infórmate y fórmate sobre lo que vas a transmitir.
b. Busca la forma más adecuada para transmitir a los niños lo que has descubierto: los niños no son como tú; tienen otra forma de ver las cosas, otra forma de captar la realidad.
c. Distribuye bien el tiempo de catequesis.
d. Piensa en formas creativas de captar la atención de esos niños; pero no olvides que la actividad a la que has sido llamado no debe ser un mero entretenimiento para los niños. No buscamos solamente que los niños se diviertan sino que
queremos acompañar su camino de seguimiento de Jesús.
e. Debes despertar el interés de los niños: atender a cada uno; conocer bien el tema; llevar con equilibrio el ritmo de la sesión; unir lenguaje doctrinal y testimonial; comunicar con alegría el mensaje salvador...
f. Debes tener paciencia. La labor del catequista consiste en sembrar, no necesariamente en recoger. El catequista debe aprender de la pedagogía de Dios, el Dios que siempre espera, eternamente; el Dios que confía en el hombre, que perdona todas sus caídas. Sembrar con todo el cuidado del mundo, pero sabiendo que es cada persona la que debe construirse a sí misma. No todo depende de ti.
g. Es importante la constancia. No es bueno cambiar el tema programado, ni cambiar constantemente de actividad, ni cambiar continuamente la programación...
h. Ora con tus niños y por tus niños. El cristiano intenta transmitir el mensaje de Jesús, porque sabe que es un mensaje liberador; pero, ya lo hemos dicho, sabe que no todo depende de Dios. No sólo hay que dirigirse a Dios pidiéndole fuerzas para transmitir su mensaje, también hay que pedir a Dios que envíe su Espíritu sobre aquellos a quienes acompañamos en su proceso de maduración de fe.
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