lunes, 13 de abril de 2015

EL QUE NO NAZCA DE LO ALTO NO PUEDE VER EL REINO DE DIOS


El que no nazca de lo alto no puede ver el Reino de Dios
Pascua

Juan 3, 1-8. Pascua. El que no nazca de agua y de Espíritu no puede entrar en el Reino de Dios. 


Por: Misael Cisneros | Fuente: Catholic.net



Del santo Evangelio según san Juan 3, 1-8
Había entre los fariseos un hombre llamado Nicodemo, magistrado judío. Fue éste donde Jesús de noche y le dijo: «Rabbí, sabemos que has venido de Dios como maestro, porque nadie puede realizar las señales que tú realizas si Dios no está con él.» Jesús le respondió: «En verdad, en verdad te digo: el que no nazca de lo alto no puede ver el Reino de Dios.» Dícele Nicodemo: «¿Cómo puede uno nacer siendo ya viejo? ¿Puede acaso entrar otra vez en el seno de su madre y nacer?» Respondió Jesús: «En verdad, en verdad te digo: el que no nazca de agua y de Espíritu no puede entrar en el Reino de Dios. Lo nacido de la carne, es carne; lo nacido del Espíritu, es espíritu. No te asombres de que te haya dicho: Tenéis que nacer de lo alto. El viento sopla donde quiere, y oyes su voz, pero no sabes de dónde viene ni a dónde va. Así es todo el que nace del Espíritu.»

Oración introductoria
Dame, Señor, esa sana inquietud de Nicodemo de buscar comprender siempre la verdad. Permite que esta oración ilumine mi entendimiento y fortalezca mi voluntad, para dejarme llevar por el camino de la santificación. Confío plenamente en Ti, Tú sabes lo que necesito.

Petición
Espíritu Santo, Tú eres mi luz, ilumíname.

Meditación del Papa Francisco
El 'renacer de lo Alto', renacer del Espíritu que dio vida al primer núcleo de los primeros cristianos, cuando 'aún no se llamaban así'. Tenían un solo corazón y una sola alma.
Una comunidad en paz. Esto significa que en esa comunidad no había lugar para el chismorreo, para las envidias, para las calumnias, para las difamaciones.
El amor cubría todo. Para calificar una comunidad cristiana sobre esto, debemos preguntarnos cómo es la actitud de los cristianos. ¿Son mansos, humildes? ¿En esa comunidad hay disputas entre ellos por el poder? ¿Disputas de envidia? ¿Hay chismorreo? No están en el camino de Jesucristo. Esta peculiaridad es muy importante, muy importante, porque el demonio busca separarnos siempre. Es el padre de la división […]
Y esto es lo que explicaba Jesús a Nicodemo: este nacer de lo Alto. Porque el único que puede hacer esto es el Espíritu. Esta es obra del Espíritu. La Iglesia la hace el Espíritu. El Espíritu hace unidad. El Espíritu nos empuja hacia el testimonio. El Espíritu te hace pobre, porque Él es la riqueza y hace que tú cuides de los pobres. Que el Espíritu Santo nos ayude a caminar en este camino de renacidos por la fuerza del Bautismo. (Cf Homilía de S.S. Francisco, 29 de abril de 2014, en Santa Marta).

Reflexión
¿Nacer de lo alto? Pero, ¿Qué significa esta pregunta y afirmación de Cristo? ¿Acaso un espíritu puede engendrar algo? Efectivamente. Da a luz a un nuevo ser pero como hijo de Dios. Como dice el Catecismo en el número 782 "nacer de lo alto significa ser miembro de este cuerpo no por el nacimiento físico, sino por el "nacimiento de arriba, del agua y del Espíritu", es decir, por la fe en Cristo y el Bautismo.

En qué conflictos doctrinales se metería Cristo con lo judíos de ese tiempo pues decir que era necesario nacer de lo alto significaba introducir nuevas doctrinas difíciles de interpretar y que además venían dichas por el "hijo del carpintero". Qué gran ejemplo de Cristo en enseñarnos cómo se transmite su palabra dada por su Padre. Deja de lado los conocimientos eruditos de los judíos y les predica la verdadera doctrina de la salvación. El bautismo que les abrirá las puertas del Reino de Cristo y les hará verdaderos hijos de Dios.

Nosotros como bautizados hemos recibido esta gracia de Dios. Ya somos sus hijos merecedores de su herencia, del cielo y sobre todo de su amor. Ahora como hijo de Dios debemos hacer honor a nuestro nombre cuidando el gran tesoro de la gracia. No podemos derrochar la magnífica herencia que se nos tiene preparada por un placer terrenal pasajero. Podemos conservar el nombre de hijos de Dios manteniendo limpia nuestra vida de gracia, que significa amistad con Cristo. ¿Cómo trataríamos a un amigo que tanto queremos y estimamos? De la misma forma hay que tratar a Cristo, como un amigo que quiere corresponder a su amistad.

Propósito
Al iniciar el día, pedir al Espíritu Santo que sea mí guía.

Diálogo con Cristo
Gracias, Espíritu Santo, por darme tu gracia para poder escuchar tus inspiraciones y la fuerza para poder seguirlas; porque bien sabes que a veces las escucho pero no las sigo. Perdona mi pasividad y ayúdame a caminar siempre por el sendero de la voluntad del Padre, y a obedecerte con la misma docilidad de Jesucristo. Permite que sepa colaborar siempre y dócilmente contigo, para que puedas moldear mi vida.

EL SENTIDO DE LAS RELIQUIAS CRISTIANAS

El sentido de las reliquias cristianas
Las reliquias cristianas nos remiten a aquellos de quienes fueron o tuvieron contacto con ellas, y a través de ellos a Aquel a Quien siguieron, el Señor Jesús Resucitado.


Por: Gustavo Daniel D´Apice | Fuente: Catholic.net





Las reliquias son frágiles signos que nos conectan con Dios.

Dios se nos hace presente, nos habla y actúa a través de la vida de los santos, testigos y seguidores suyos.

Y también sigue haciéndose presente, hablándonos y actuando a través de ellos después de su muerte terrenal.

Las reliquias de algún santo es una presencia particular de Dios en nuestras vidas a través de su actuación en la vida de él.

¿Cuál es la importancia de estas reliquias, cuál su significado, y qué relación tienen con nuestra vida?

La Iglesia, desde sus inicios, supo brindar especial cuidado a la veneración de los santos, tanto que sus mismas tumbas se convirtieron rápidamente en lugar de peregrinación.

Es que sus cuerpos habían recibido a Jesús Resucitado en la eucaristía, y habían tenido una presencia y experiencia especial de Él. Y así todo lo que entraba en contacto con ellos, principalmente sus vestidos.

La veneración a los santos y sus despojos no nos distraen, sino que más bien nos acercan a Jesús, del cual ellos estaban repletos.

Las reliquias son solo signos pobres y frágiles de lo que fueron sus cuerpos y pertenencias, y a través de estos signos tenues y pequeños Dios quiere manifestar su Presencia, su Poder y su Gloria.

Como narran los Hechos de los Apóstoles de los pañuelos y vestidos “que habían tocado el cuerpo de Pablo”, que curaban a los enfermos (Hch. 19, 12).

Él actúa a través de signos. De quien eran y los llevara había manifestado gran amor a Jesús. Jesús ahora manifiesta su amor a través de los signos de quien los poseyera y llevara manifestándole amor a Él.

Esas reliquias manifiestan también nuestra fe en la Resurrección: Esos pobres vestigios son los signos sensibles de la futura transfiguración corporal.

Y por las reliquias nos remontamos a aquel o aquella de quien fueron, y a través de él o ella a Aquel a Quien siguieron y amaron, el Señor Jesús, término de todos nuestros desvelos y afanes de felicidad, consuelo, prosperidad y dicha.

Es una de las maneras en que los santos y santas de Dios siguen evangelizando y estando sensiblemente entre nosotros, acompañándonos en nuestros caminar.
Manifiestan su cercanía y, a través de ella, la Presencia transfigurante de Jesús.

Nos recuerdan y enseñan que si ellos pudieron llevar una vida acorde con la Voluntad de Dios e inspirados por su Espíritu le supieron decir que sí, ¿por qué no vamos a poder hacerlo nosotros, que somos seres mortales, caducos y peregrinos igual que ellos?.

Sólo tenemos que tener la audacia de que, a pesar de nuestras limitaciones, nos abandonemos en los brazos del Padre y confiemos absolutamente en su bondad salvadora, tal como ellos lo hicieron y experimentaron.

Gustavo Daniel D´Apice
Profesor de Teología
Pontificia Universidad Católica

EL PECADO ORIGINAL EXISTE

El pecado original existe
La Iglesia nos enseña que existe, nos explica en qué consiste y nos enseña como superarlo 


Por: P. Clemente González | Fuente: Catholic.net



El pecado original es una realidad no sensible. No se puede ver, tocar, o pesar como tampoco podemos medir el amor que le tenemos a nuestros hijos o la compasión por un enfermo. Son realidades de un orden diverso que podemos conocer por medio de los efectos que producen. Conocemos que un hombre está verdaderamente enamorado de su esposa cuando le es fiel, cuando se sacrifica por ella, cuando se entrega; ese es el termómetro del amor.

Aunque no vemos al pecado original, si percibimos sus consecuencias. El pecado original ha producido en todos nosotros una tendencia desordenada al pecado, a obrar con un amor desordenado a nosotros mismos, pasando incluso por encima de los demás, y a seguir la sensualidad, el placer y la comodidad, incluso contra la razón, que es lo propio del hombre y la mujer, lo que nos distingue de los animales inferiores. Esto lo experimentamos todos, desde el más santo al último pecador, y desde el día que nacemos hasta tres días después de muertos. Nuestra vida es una lucha si en verdad queremos ser hombres y mujeres de bien. Lo más fácil es dejarse llevar de la corriente y hacer lo que hacen todos.

Es muy difícil explicar por qué todo ser humano experimenta esta realidad si negamos la realidad del pecado original. La Iglesia no sólo nos enseña que existe y nos explica en qué consiste sino que siguiendo a Jesús nos enseña como superarlo con la vigilancia, la oración y los sacramentos, sobre todo con la Penitencia y la Eucaristía. Viendo la gran cantidad de santos de la Iglesia podemos estar seguros de que no andamos equivocados.

No podemos dudar que en nuestra misma naturaleza lo llevamos. No somos unos angelitos, cuántas tendencias hacia el mal tenemos: tendencias de pereza, deja para mañana, lo que puedes hacer hoy... el decálogo del perezoso, tendencias de egoísmo, pensar en solamente en bienestar, y no en lo que yo puedo servir para los demás, tendencia de soberbia, de ser alguien muy importante pero no para el bien de los demás sino para el mío propio. Alguno podría decir: “pero si yo no lo cometí”, es verdad, no somos conscientes de haberlo cometido, pero las consecuencias hablan de su presencia. Y éstas por lo visto han aparecido desde la primera pareja hasta la última. Así pues, al que te diga que no existe el pecado original dile por favor que te muestre sus alas de angelito. Todavía no he visto ninguno con ellas.

Por último debemos de ser conscientes que creer, es creer en alguien, fiarme de ese alguien. Este alguien es grande pues es el mismo Dios. No podemos dudar de todo lo que nos ha revelado. Acaso podemos dudar del mismo que nos creó. El pecado no fue un error de su creación, sino nuestro. Cuanto le habrá dolido a Dios, incluso de ser capaz de mandar a su propio Hijo para borrárnoslo.

 
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