miércoles, 15 de abril de 2015

LOS DONES DEL ESPÍRITU SANTO Y LA ORACIÓN - EL TEMOR DE DIOS

Los dones del Espíritu Santo y la oración (2) El temor de Dios 
Dones del Espiritu Santo
¿Amor o temor?


Por: Donal Clancy, L.C. | Fuente: Catholic.net



Cuando se quiere mejorar la oración, un camino es el de disponer el corazón, cultivar las actitudes del orante. La actitud de hijo, de criatura, de pecador, de discípulo, de amigo... Cada actitud dispone para el diálogo con el Señor. Con sus dones el Espíritu Santo configura estas posturas del corazón y suscita la oración "de los santos según Dios" (Rm 8, 26).

El don de temor de Dios

Con el don llamado temor de Dios, el Espíritu Santo nos eleva a palpar la santidad transcendente de Dios. No se teme el castigo de Dios, sino que el alma llena de amor y consciente de su fragilidad, teme llegar a ofenderle a Dios, a perderle. Se podría hablar de un don de la reverencia, de la capacidad de descubrir la grandeza de Dios, motivo de adoración y alabanza.

¿Amor o temor?

Sin embargo, hay motivo para mantener la cualidad del "temor", pues se falsifica nuestra relación con Dios si nos olvidamos de quienes somos, de nuestra condición de creaturas y especialmente de nuestra fragilidad como pecadores: de los pecados cometidos, y del peligro de cometerlos. En la oración, cuánto más auténtica es nuestra toma de conciencia de la presencia de Dios, tanto más queda sobrecogida el alma, temerosa de no estar a la altura, de no prestarle al Señor la reverencia que merece.

Los frutos del Espíritu Santo, el don de temor de Dios y la oración

Cuando el Espíritu Santo se hace presente actuando el don, entramos de pronto con claridad y viveza en la experiencia inmediata de la santidad del Señor. Quizás es mejor que cada uno acuda a la propia experiencia, a los momentos en que ha sido más evidente la acción de Él. No en las emociones, sino en la actitud del alma. No sólo "sentir la grandeza de Dios", o "sentir su santidad", sino sentirse a la vez colmado de la experiencia de su grandeza y de la propia indignidad y fragilidad.
Surgen espontáneas en el alma la adoración y alabanza de Dios por un lado, y por otro la actitud humilde de quien se sabe creatura y aún pecador: "el publicano no levantaba la mirada sino que se golpeaba el pecho, diciendo: "¡Oh Dios! ¡Ten compasión de mí, que soy pecador!" (Lc 18, 13). Pensemos en las figuras de los grandes orantes: Moisés descalzándose delante de la zarza ardiente. Isaías que exclama: "Ay de mí, soy un hombre de labios impuros". San Pablo que cae al suelo cuando Cristo le aparece en el camino. La misma Santísima Virgen María se turba frente al saludo del Ángel.
A esta luz hemos de querer y pedir que nuestro corazón sea auténtico delante del Señor: "¿Quién soy yo, Señor, para entrar en tu presencia? Una pobre creatura cargada de iniquidad, pero desde mi miseria yo te adoro rendidamente. Te pido perdón de mis muchos pecados".
De modo paradójico, este santo temor también se hace alegría cuando desde el amor cantamos la gloria de Dios: "Recordad la exclamación estupenda del himno de la Santa Misa festiva, llamado precisamente el Gloria: «te damos gracias por tu inmensa gloria»" (Pablo VI, 25 de abril de 1973)

¿Cómo cultivar el don de temor de Dios?

¿Podemos cultivar este don, hacer algo nosotros para alcanzar o secundar la acción del Espíritu Santo en nuestra oración? El cultivo de las virtudes correspondientes, la corrección de los defectos, la súplica perseverante y la espera confiada son todas actitudes que preparan el terreno para la acción del Espíritu. Y el alma queda libre para dejarse guiar u oponerse a la acción divina.
Para el don del temor de Dios, podemos reflexionar sobre nuestras actitudes como creaturas. Sobre la seriedad que damos a la cita con Él en la meditación. Sobre el trato que le damos: el respeto, la reverencia, la atención, las posturas. Sobre la sinceridad de nuestra pena cuando nos percatamos de las distracciones involuntarias. Sobre cómo reaccionamos cuando hay cansancio, calor o aridez: ¿es enojo, molestia? ¿o pena, vergüenza? Luego, de manera más importante, sobre nuestra conciencia y nuestro sentido del pecado. Nuestro deseo de ser puro y santo en su presencia, de que él nos purifique.
Y, finalmente, buscar meditar, contemplar, saborear las grandezas de Dios.

CONSEJOS DE CÓMO PRACTICAR LAS OBRAS DE MISERICORDIA ESPIRITUALES


Consejos de Cómo Practicar las Obras de Misericordia Espirituales
Obras de misericordia corporales y espirituales

Cualquier cosa que hagas al menor de mis hermanos me la haces a mí (Mt. 25: 31-46)


Fuente: Foros de la Virgen



Para poner manos a la obra en lo que pidió el Papa para el Año de la Misericordia.
En la Bula Misericordiae Vultus que hace un par de días promulgó el papa Francisco dio una serie de ejemplos sobre cómo actuar en el año jubilar, y una cosa que propuso fue cumplir con alegría las obras de misericordia corporales y espirituales, porque como dijo San Juan de la Cruz, “en la tarde de la vida, seremos juzgados en el amor”.
Es por esta razón que queremos hablar en este artículo sobre las Obras de Misericordia, en especial sobre las de Misericordia espirituales, porque son las más difíciles de comprender, las más difíciles de realizar y las más polémicas.

ALENTANDO LAS OBRAS DE MISERICORIA CORPORALES
Todos nos sentimos alentados por el Señor, sobre todo mediante la lectura y la meditación de Mt.25: 31-46, para practicar las obras de misericordia corporales: dar de comer al hambriento, dar de beber al sediento, vestir al desnudo, dar la bienvenida al extranjero y visitar a los enfermos y los encarcelados.
Porque en suma, nuestro juicio final se basará en gran medida en el amor de Dios, pero manifestado en nuestro amor por el prójimo. Utilizando las palabras de la Beata Madre Teresa de Calcuta: “Tenemos que encontrar a Jesús presente en el penoso disfraz de los pobres”, y San Vicente de Paul, conocido por su gran amor por los pobres, en realidad llamaba a los pobres “sus amos”.

Así, para dejar claro el alcance, diremos que las Obras de Misericordia Corporales que maneja oficialmente la Iglesia son:
  1. Dar de comer al hambriento
  2. Dar de beber al sediento
  3. Dar posada al necesitado
  4. Vestir al desnudo
  5. Visitar al enfermo
  6. Socorrer a los presos
  7. Enterrar a los muertos
Las Obras de Misericordia Corporales hechas con la más noble de las intenciones agradan al Corazón de Jesús inmensamente. Sin embargo, es igualmente importante practicar las Obras de Misericordia Espirituales.

NO HAY QUE OLVIDAR QUE SOMOS CARNE Y ALMA
Jesús puntualizó
“¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo entero si pierde su alma en el proceso? ¿Qué puede hacer un hombre para cambiar su alma?”
Francisco se lamentaba en “Evangelii Gaudium” que uno de los más comunes y graves descuidos es la falta de predicar la Palabra de Dios a los pobres.
Entonces deberíamos pensar en primer lugar, llenar sus estómagos hambrientos. Pero luego, llenar sus almas con el pan de la Palabra de Dios y el Pan de Vida que es la Sagrada Comunión.
Siguiendo el planteo papal de cumplir con alegría las Obras de Misericordia, nos gustaría hablar de las siete obras de misericordia espirituales y dar algunas pautas que podemos poner en práctica de estos importantes mandatos espirituales.
En primer lugar las Obras de Misericordia Espirituales son las siguientes:
  1. Enseñar al que no sabe
  2. Dar buen consejo al que lo necesita
  3. Corregir al que está en error
  4. Perdonar las injurias
  5. Consolar al triste o dolorido
  6. Sufrir con paciencia los defectos de los demás
  7. Rogar a Dios por vivos y difuntos
Vamos a verlas cada una.
1 . Enseñar al que no sabe
En este caso el que no sabe se entiende que es el que comete pecados por no saberlo.
Es más fácil decirlo que hacerlo. Hacer esto puede ser extremadamente difícil, pero es sumamente necesario ahora más que nunca.
¿Por qué es tan difícil? Por la sencilla razón de que hemos nacido orgullosos y no deseamos renunciar a los hábitos viejos y arraigados, y si son malos hábitos los llamamos “vicios”.
A menudo nos aferramos a lo malo, lo sucio, lo feo, lo impuro, lo poco saludable, y al pecado. Pero explicarle la razón por la que la gente está en pecado no necesariamente es juzgarles, sino sólo darles información.
Un ejemplo común merece nuestra atención. ¿A los que cohabitan y están viviendo en pecado, alguien debería decirles y explicarles claramente las razones por que esto está mal? ¿Cuáles podrían ser algunas de las razones para explicar por qué está mal?
Dios premia al que se avise al pecador y por traerlo de vuelta al camino correcto, y nos promete la salvación y la expiación de muchos de nuestros pecados personales con sólo traer de vuelta a un pecador extraviado.

Lee las palabras del Apóstol Santiago:
“Hermanos míos, si uno de ustedes se desvía de la verdad y otro lo hace volver, sepan que el que hace volver a un pecador de su mal camino salvará su vida de la muerte y obtendrá el perdón de numerosos pecados”. (Santiago 5: 19-20)
2. Dar buen consejo al que lo necesita
Hablemos en concreto con un ejemplo. Todos hemos escuchado el dicho: “La caridad empieza en casa”. Esto es cierto especialmente en la formación de niños y adolescentes.
Al elegir el estado matrimonial, los esposos profesan estar abiertos a la vida a través de la procreación. Eso es sólo el primer paso. También incumbe a los padres enseñar a sus hijos todo lo que se refiere a Dios, los mandamientos, los sacramentos, la oración, la devoción mariana, y mucho más.
La responsabilidad primordial de los padres que traen hijos al mundo es llevar a estos niños al cielo. La escuela no es el primer maestro, ni el profesor de catecismo, ni siquiera el pastor o sacerdote. ¡No! Los primeros maestros deben ser mamá y papá. Esto implica necesariamente el proceso de formación continua o permanente por parte de los padres. 
Otro proverbio es digno de mención aquí: “No se puede dar lo que no se tiene”. Uno de los campos que los padres deben dominar, en el ámbito de la educación de ellos mismos así como de sus hijos, es el de la moral sexual. Los padres deben esforzarse por conocer la Biblia y la enseñanza de la Iglesia sobre la pureza, vivirla en sus propias vidas y luego enseñarlo con la mayor claridad a sus hijos.

3. Corregir al que está en error
Se puede decir mucho en este trabajo espiritual de la misericordia, pero vamos a mencionar brevemente uno: la importancia de la dirección espiritual sólida.
Santa Teresa de Ávila, Santa Faustina Kowalska, así como Santa Margarita María de Alocoque, todas dependían en gran medida de la dirección espiritual para discernir la voluntad de Dios en sus vidas. Todas ellas están canonizadas y una de las razones fue que humildemente admitieron que eran ignorantes de muchas maneras, tenían muchas dudas y tuvieron que presentar sus juicios, inspiraciones y pensamientos a la autoridad de directores espirituales y confesores. 
Dado que hay una escasez de sacerdotes, así como de directores espirituales, debemos esforzarnos por encontrar alguna manera de tener dirección espiritual periódica con el fin de expulsar las muchas dudas que puedan enturbiar fácilmente nuestra mente y desdibujar nuestro juicio y corromper nuestras acciones.
San Juan de la Cruz lo dijo con ironía: “El que tiene a sí mismo como director espiritual tiene un idiota como su dirigido espiritual”. En otras palabras, todos tenemos puntos ciegos que sólo pueden ser iluminados por la dirección espiritual apropiada.

. Perdonar las injurias
¡Que Dios nos ayude! Hemos llegado al corazón de la misericordia en nuestro trato con los demás. La misericordia es una calle de doble sentido. Si queremos recibir la misericordia de Dios, entonces debemos ser misericordiosos y perdonar a los que nos han hecho mal. Los versículos bíblicos sobre este tema son muchos, muchísimos…
“Sed misericordiosos como vuestro Padre celestial es misericordioso”.
“Mía es la venganza: yo pagaré, dice el Señor.”
“No se ponga el sol sobre vuestro enojo.”
“Perdona las ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden…” (El Padre Nuestro)
“No te digo 7 veces, sino 70 veces 7 veces… tienes que perdonar…”
“Deja tu regalo y reconcíliate primero con tu hermano…”
“Padre, perdónalos porque no saben lo que están haciendo.”
“En verdad te digo: hoy estarás conmigo en el paraíso.”
Una pista en el área del perdón. Acepta el hecho de que todas sus personas de tu vida te harán daño en algún momento.
El lugar más común en que somos heridos se encuentra en el contexto de nuestra familia, con los miembros de la familia.
La clave es la siguiente: perdona inmediatamente. Tan pronto como alguien te hace daño o hiere, entonces ora por esa persona y perdona inmediatamente. Si lo haces habrás ganado una importante victoria sobre ti mismo y mostrar a Dios cuánto lo amas por practicar la misericordia.
5. Consolar al triste o dolorido
Esto es extremadamente importante. San Ignacio de Loyola, en sus reglas para el discernimiento, resume la estrategia sobre cómo actuar cuando estamos en un estado de desolación. En la desolación nos sentimos tristes, deprimidos, que en realidad nadie se preocupa por nosotros, la vida parece inútil y sin sentido. Todos pasamos por este estado a veces; es parte del ser humano.
Sin embargo, cuando te des cuenta de que alguien pasa por este estado, haz todo lo que pueda para ser una fuente de aliento. 
¿Cómo?
En primer lugar, orando por la persona. 
En segundo lugar, una cálida sonrisa puede recorrer un largo camino.
En tercer lugar, decir una o dos palabras de aliento. 
En cuarto lugar, ofrecer un cumplido en algunos puntos de alta calidad que tiene la persona. 
En quinto lugar, puedes incluso contar una historia o anécdota humorística para sacar a esta persona fuera del hoyo. 
Esto es muy agradable a Dios. Y podemos llegar a ser como Simón de Cirene, que ayudó a Jesús a llevar la cruz.
6. Sufrir con paciencia los defectos de los demás
Una vez más, es más fácil decirlo que hacerlo. Para ello, necesitamos la gracia y mucha gracia. Pongamos también un ejemplo.
Tal vez en el trabajo hemos estado siendo perjudicados por un jefe o un compañero de trabajo. Cambiar de trabajo es impensable debido a la situación económica. Del mismo modo el jefe y compañero de trabajo no van a ninguna parte.
La actitud más agradable a los ojos de Dios es simplemente volver a trabajar con gran humildad y con confianza en la Divina Providencia. ¡Confía En Dios! Él estará allí contigo para ayudarte a llevar con paciencia la cruz. 
De gran ayuda podría ser meditar sobre Jesús cargando su cruz en dirección a su crucifixión. A pesar de que Jesús cayó tres veces, Él se levantó con el peso de los pecados del mundo sobre sus hombros sangrientos, cansados ??y golpeados. Siempre debemos tener a Jesús ante nuestros ojos como nuestro modelo y ejemplo, de hecho Jesús es el Camino, la Verdad y la Vida.
7. Rogar a Dios por vivos y difuntos
Jesús le dijo a Santa Faustina que Él desea que practiquemos al menos un acto de misericordia cada día. 
Él especificó que la misericordia puede llevarse a cabo en una de tres maneras:
1) por palabras amables
2) por actos de bondad
3) por la oración
Uno de los mayores actos de caridad que podemos hacer en nuestra vida es simplemente orar por otros, tanto por los vivos como por los muertos.
Con respecto a los vivos, debe haber una jerarquía de importancia. Si eres casado y con una familia este debe ser el orden: primero el cónyuge, hijos, padres, hermanos y hermanas, parientes, amigos, compañeros de trabajo y socios, y también debemos orar por aquellos que no nos gustan e incluso por nuestros enemigos.
Luego, con respecto a los muertos, debemos orar constantemente por los muertos. San Francisco de Sales hace hincapié en el hecho de que este es uno de los mayores actos de caridad que podemos hacer. 
¿Por qué esto? Por esta sencilla razón: son totalmente dependientes de la misericordia de Dios y de nuestra oración, limosna o caridad, así como de nuestros sacrificios.
MANOS A LA OBRA
Pregúntate a ti mismo en humilde plegaria cuál de estas obras de misericordia espirituales crees que el Espíritu Santo te está inspirando a emprender en este momento.
Mira a tu condición de vida concreta y seguramente el Espíritu Santo va a localizar personas y áreas donde serás capaz de poner en práctica con gran generosidad de alma una o más de estas obras de misericordia espirituales.
Nunca olvides las palabras inspiradoras y desafiantes de Jesús: “Cualquier cosa que hagas al menor de mis hermanos me la haces a mí” (Mt. 25: 31-46)
Recomendamos:
Obras de Misericordia Corporales y Espirituales: Al amar al prójimo desde Dios, hay un flujo de gracia invisible, que viene de Dios y que va más allá de la ayuda misma que se está dando.
La Misericordia: Ser misericordioso es tener un corazón compasivo. La misericordia, junto con el gozo y la paz, son efectos del amor; es decir, de la caridad
La Comprensión y La Misericordia: el sólo hecho de sentirse escuchadas y comprendidas las predispondrá a hablar y a sentirse mejor.
Enterrar a los muertos: La obra de sepultar a los difuntos es un evento que manifiesta con lucidez el sentido profundo de la muerte.
El valor de visitar a los presos: Para un cristiano, visitar a los presos, no es un acto de justicia, ni un mero hecho filantrópico. Visitar un preso es un genuino acto de caridad.
Hospitalidad, caridad con el peregrino: Dar posada al peregrino" es una obra de misericordia corporal por la cual la caridad se manifiesta concretamente en hospitalidad.
Dar de beber al sediento: También en nuestro peregrinar a la Patria Celestial tenemos sed de alegría, sed de alguien que nos escuche
Dar de comer al hambriento. Sí: la luz resplandece cuando damos de comer al hambriento, cuando vemos su necesidad y le ofrecemos eso que tanto desea
Visitar a los enfermos: A veces basta una llamada, una simple palabra para hacer más ligero el peso de quien sufre.

¿SON NECESARIOS LOS SACRAMENTOS?


¿Son necesarios los Sacramentos?
Resumen de los fundamentos sacramentales 

Cada sacramento corresponde a todos los momentos y etapas importantes de la vida cristiana 


Por: Miguel Ángel García Iglesias | Fuente: Cristiandad.org



Los sacramentos son SIGNOS eficaces de la gracia, que han sido instituidos por Cristo y confiados a la Iglesia, por ellos alcanzamos la vida eterna.

Los ritos con los cuales celebramos el sacramento nos sirven para identificar la gracia que por medio de cada sacramento recibimos, ésta gracia es la misma del Espíritu Santo.

Los sacramentos suponen Fe, la fortalecen, alimentan y son un medio por el cual esta misma Fe se expresa. Ellos son necesarios para la salvación de cada uno de nosotros.

Los sacramentos de la Iglesia Católica son 7: Bautismo, Confirmación, Eucaristía (iniciación cristiana), Penitencia, Unción de Enfermos (curación), Orden Sacerdotal y Matrimonio (servicio a la comunidad). Cada sacramento corresponde a todos los momentos y etapas importantes de la vida cristiana. Los 3 primeros o de iniciación nos sirven para fundamentar nuestra vida cristiana.

1)Comenzar una nueva vida = Bautismo
2)Afianzar esa nueva vida = Confirmación
3)Alimentarnos para ser verdaderos discípulos = Eucaristía

El BAUTISMO es el fundamento de la vida cristiana, es la puerta a la vida espiritual y a los demás sacramentos. Por él somos liberados del pecado, nacemos a una vida nueva ( hijos de Dios ), somos miembros del cuerpo místico de Cristo que es la Iglesia y nos convertimos en sacerdotes, profetas y reyes.

Bautismo significa sumergir, es decir, con este sacramento somos sepultados con Cristo y resucitados con él, con el renacemos por el agua y del espíritu para entrar en el reino de Dios (Jn 3,5 ).

Este sacramento imprime carácter, es decir, por él somos consagrados al culto de la religión cristiana católica, por lo tanto, sólo puede ser administrado una vez.

Algunas citas que avalan este sacramento (Mt 3,6.11.15.16; 28,19; Mc 10,38;16,15-16; Jn 1,33; 19,34; Hch 2,38; 8,35; 10,44-48; Rm 6,1-11).

La CONFIRMACIÓN es un sacramento que perfecciona la gracia recibida en el bautismo, por él recibimos al Espíritu Santo y fortalecemos los dones recibidos en el Bautismo. Tan bien imprime carácter y, por lo tanto, se administra una vez; esto se hace cuando el bautizado tiene uso de razón.

Este sacramento sólo lo administra el Obispo o algún delegado, en él renovamos nuestros compromisos bautismales. El principal texto que avala este sacramento es Hch 8,14-17.

La EUCARISTIA es "el sacramento de sacramentos", entorno gira la vida cristiana, es el corazón y cúlmen de toda la vida de la Iglesia. Es el memorial de la Pascua de Cristo, de la obra de salvación realizada por la vida, muerte y resurrección de Jesús; por medio de ellos los cristianos nos hacemos participes del sacrificio de alabanza y de acción de gracias que hace Cristo al Padre, es decir, Cristo es quien se ofrece y celebra esta alianza nueva y eterna, bajo las especies de vino y de pan. La Eucaristía es también ofrecida es también ofrecida para reparar nuestras fallas y la de los difuntos.

Al participar de ella dignamente reforzamos nuestra unidad con Jesús y fortalecemos al Cuerpo de Cristo: la Iglesia. Otros nombres que recibe son Cena del Señor, Fracción del Pan, Santa Misa, Asamblea Eucarística, Santo Sacrificio.

La celebración Eucarística comprende:

Ritos iniciales
Liturgia de la Palabra
Liturgia Eucarística
Santa Comunión
Despedida

Textos: Ex 12,1-15; Mt 26,26-29; Mc 14,22-25; Lc 22,19-20; ICor 11,23-33; Jn 6,51-56.

La PENITENCIA es el sacramento por medio del cual nos reconciliamos con Dios y nos volvemos a unir al cuerpo de la Iglesia, ya que por el pecado rompemos la comunión con él. Para celebrarlo correctamente tenemos que seguir 5 pasos:

a) Examen de conciencia
b) Dolor de corazón
c) Propósito de enmienda
d) Decir los pecados al confesor
e) Cumplir la penitencia para reparar el daño causado por los pecados.

Los efectos que nos regala el sacramento son: Reconciliación con Dios, recuperación de la gracia, remisión por la pena merecida por los pecados, la paz y la serenidad de conciencia, el consuelo espiritual y el aumento de fuerzas para luchar contra el pecado. Sólo mediante la confesión y la absolución nos reconciliamos con Dios. El texto que nos muestra la institución de este sacramento es Jn 20,22-23.

La UNCIÓN DE LOS ENFERMOS tiene como finalidad conferir una gracia especial al cristiano que experimenta las dificultades de una enfermedad grave o de la vejez; se puede recibir cada vez que sea necesario. Las gracias recibidas por este sacramento son: la unión del enfermo a la pasión de Cristo, para su bien y el de la Iglesia; el consuelo, la paz y el animo para soportar los sufrimientos. Ver St 5,14-15.

El sacramento del ORDEN tiene su fundamento en la participación del sacerdocio común recibido en el bautismo. Es un ministerio para servir en nombre y representación de Cristo a una comunidad. Existen 3 grados: Episcopal, Presbiteral y Diaconal; sin la presencia de los ministros no se puede hablar de Iglesia.

Este sacramento es conferido por la imposición de las manos seguido de una oración consacratoria solemne en donde se le pide a Dios las gracias del Espíritu Santo requeridas para el ministerio. La ordenación imprime carácter. Sólo los varones bautizados pueden ordenarse. Los textos base Hb 5,1; 7,11; Sal 110; Mt 26,26-29; Mc 14,22-25; Lc 22, 19-20.

UNCIÓN DE ENFERMOS. La enfermedad es un momento crítico en la vida de todo ser humano, el dolor que muchas veces viene a debilitar la mente y viene a continuación la desconfianza en uno mismo, y los demás y ¿por qué no decirlo?, la desconfianza en Dios. En un momento crítico Job dijo: "¿Por qué al salir del vientre de mi madre no morí y no perecí al salir de las entrañas?" (Jb 3,11). El enfermo llega a sentirse una "carga" para su familia; por eso debe ser ayudado por la comunidad por medio del sacramento de la unción de los enfermos. Jesús de hace presente junto a la cama del enfermo para fortalecerlo, para consolarlo, para curarlo.

Algunas personas dicen "Dios me mandó esta enfermedad". Pero esto es incorrecto: Dios no manda enfermedades. En el Evangelio muestra a Dios como un "papá" bueno. La enfermedad es le mal del mundo que se nos acerca; y en ese mal momento, el Señor está junto a sus hijos para fortalecerlos y ayudarlos a enfrentarse al mal.

Isaías ( el profeta ) expone las señales de las manifestación de Jesús: "Los ciegos ven, los cojos caminan, los sordos pueden oír" (Is 35,5-6). Cuando Jesús se presentó en la sinagoga, aseguró que "venía para curar los corazones oprimidos, para romper las cadenas" (Lc. 4,18-19). La presencia de Dios junto a nosotros es para luchar contra el mal.

Jesús exige fe a las personas que se acercan a él. En Mt encontramos el caso de un capitán que va a Jesús a pedir por su sirviente, que está gravísimo. Jesús le responde en una forma bastante rara: "Vete a tu casa y que se haga conforme a tu fe", puso una prueba de fe y la supero. (Mt 8,13). En Mc. Jesús baja de Monte Tabor, acompañado de tres apóstoles, y se encuentra con que los demás discípulos están en apuros: un papá les levó a su hijo epiléptico para que lo curaran, y los discípulos no lo pudieron curarlo. El papá enojado le dice a Jesús "Lo traje a tus discípulos y ellos no han podido". Jesús los reprochó diciéndoles: "Gente sin fe ¿hasta cuándo tendré que estar con ustedes?". El hombre le dijo a Jesús: "Si quieres, tu puedes sanarlo". Jesús le dijo: "¿Cómo que si puedo? Todo es posible al que tiene fe". Aquel hombre dijo: "Señor yo creo; ayúdame a creer". Es lo que debemos pedir a Dios: que nos ayude a creer.

Jesús quiso perpetuar su ministerio de sanación por medio de los discípulos "Sanen a los enfermos que haya y díganles: El reino de Dios está ya cerca de ustedes"(Lc,10). Jesús les dio un mandato expreso no fue un consejo. Mc "Salieron a predicar la conversión, sacaban muchos demonios, ungían con aceite a muchos enfermos y los curaban"(Mc 6,12). Santiago tiene un texto más específico, que la Iglesia lo ha insertado en el rito de la unción de enfermos "Si alguno esta enfermo, que llame a los presbíteros de la Iglesia, para que oren por él y, en el nombre del Señor, le unjan con óleo, y cuando oren con fe, el enfermo sanará y si ha cometido pecados, le serán perdonados" (St. 5,13-15). Antes se le llamaba extremaunción.

Algunas personas, muy equivocadamente, en estos momentos críticos de los enfermos, dicen: "No llamen al padre porque va asustar el enfermo". Prejuicio sin sentido cristiano. Muchos por este prejuicio han dejado morir a sus enfermos sin el consuelo y los efectos de la oración de la fe. Hay que recordar que no hay que esperar a que llegue el sacerdote para orar por el enfermo, todo cristiano debe recordar que él mismo pertenece al pueblo de sacerdotes, que su oración en familia es de valor incalculable par la salud espiritual y física del enfermo.

ORDEN SACERDOTAL. Muchos cristianos ignoran que ellos también son sacerdotes; tal ves no han meditado detenidamente la primera carta de San Pedro: "Ustedes son una familia escogida, un sacerdocio al servicio del Rey, una nación santa, un pueblo adquirido por Dios, y esto es así para que anuncien las maravillas de Dios. El cual nos llamó a salir de la oscuridad para entrar en su luz maravillosa" (1P 2,9). Dice Pedro que somos un "pueblo de sacerdotes". Sacerdote es quien esta consagrado para ofrecer sacrificios a Dios. ¿Cómo es que yo, soy sacerdote si no ofrezco sacrificios? Todo cristiano ofrece a Dios todas sus cosas; por eso pertenece a un pueblo de sacerdotes. San Pablo describió la Iglesia como un "cuerpo" del cual Jesús es la cabeza. En ese cuerpo todos tenemos distintos ministerios, encargos, oficios y dones. En la Iglesia todos "participamos" del sacerdocio de Jesús, que es el sumo y eterno sacerdote del N. T.

En este cuerpo místico de Jesús unos han sido específicamente "consagrados" para servir a la comunidad como sacerdotes; a estos se le llama el SACERDOCIO MINISTERIAL; los demás fieles tienen el "sacerdocio común". Todos somos sacerdotes.

San Lc. dice que Jesús pasó toda una noche en oración y que, al día siguiente, de entre todos los discípulos escogió a sólo doce (Lc 6,16-13). Estos lo siguen a todas partes, aprenden su doctrina, hasta sus gestos, para quedarse en lugar de él cuando Jesús ya no esté físicamente en el mundo. A ellos les da poderes especiales. "Reunió a los doce y les dio poder de expulsar toda clase de demonios y de curar enfermedades; los envió a anunciar el reino de Dios y a sanar enfermos" (Lc. 9,1). Mt. dice: "Todo lo que aten en la tierra será atado en el cielo y los que ustedes desaten en la tierra, será desatado en el cielo". Los términos de "atar y desatar", el el vocabulario de los judíos rabinos, equivalía a "prohibir o permitir". En la última cena sólo estaban los doce apóstoles, y sólo a ellos Jesús les ordeno: "Hagan esto en memoria mía". Jesús hacia referencia a "consagrar el pan y el vino". Después de la resurrección, se les apareció a los doce y les dijo: "A quines ustedes perdonen los pecados, les serán perdonados y a quienes no se los perdonen, les quedarán sin perdonar" (Jn 20,23). Jesús explico a los doce: "Como el Padre me envió, así los envió Yo a ustedes".

Los apóstoles hicieron partícipes a otros del sacerdocio que ellos habían recibido de Jesús. Por que sabían que ellos no eran eternos, comenzaron hacer los mismo que Jesús había hecho con ellos. En Hch. 14 los apóstoles están designando "presbíteros" en varias Iglesias. Presbítero se llama el sacerdote. San Pablo les da algunos consejos (1P 5). También se indica como Pablo impone las manos a Timoteo y lo nombra presbítero de Creta.

El sacerdote es un hombre entre los hombres (Cfr. Heb 5); un día sintió que el Señor lo llamaba a su servicio, entonces acudió a un Seminario para meditar si de veras el llamado era de Dios; también para que sus superiores, maestros los observaran, y un día lo pudieran presentar al Obispo para que fuera ordenado sacerdote.

En la Iglesia católica se continúa la tradición de los primeros cristianos: es un Obispo, sucesor de los apóstoles, el que "impone la manos", símbolo del poder al que va ser ordenado de sacerdote; también se le entrega una patena, un cáliz y los ornamentos sagrados, puntualizando que su misión será "presentar" ofrendas, pan y vino, en nombre de todo el pueblo. También se le ungen las manos porque van a servir a la comunidad, y le repite las mismas palabras de Jesús a los doce: "A quines ustedes perdonen los pecados, les serán perdonados y a quienes no se los perdonen, les quedarán sin perdonar" (Jn 20,23). Se le entrega la Biblia por que es enviado a proclamar la Buena Noticia. El verdadero sentido de su ministerio es ser un instrumento de Dios; por eso San Agustín decía: "Cuando el sacerdote bautiza, es Cristo quien bautiza por medio de él"; nosotros podemos añadir: "cuando el sacerdote celebra misa, es otro Jesús que vuelve a consagrar el pan y le vino para darlo a los fieles en alimento. Cuando el sacerdote confiesa, es Jesús que vuelve a levantar la mano par perdonar los pecados; cuando el sacerdote predica, es Jesús quien quiere servirse de ese instrumento para hacer llegar su palabra viva a la comunidad". No hay que entender que el sacerdote sea un ángel. Es un hombre entre los hombres. El sacerdote se le ha llamado "otro Cristo"; no porque sea un santo, sino porque esencialmente es un instrumento de Dios para llevarnos a Dios.

El MATRIMONIO es el sacramento en el que un varón y una mujer constituyen una íntima comunidad de vida. Simboliza la unión de Cristo con la Iglesia. Otorga a los esposos la gracia de amarse igual que Jesucristo ama a la Iglesia, es decir, este sacramento perfecciona el amor humano y la gracia que procede de él reafirma su indisolubilidad y santifica el camino de la vida eterna. Su celebración debe ser pública. Sus propiedades son: la unidad, la indisolubilidad, y la apertura a la fecundidad.

Algunos textos son: Gn 1,27-28; 2,18-25; Mt 19,1-9; Mc 10,1-12; Lc 16,18; Jn 2,1-10; Ef 5,25-32 y ICor 7,1-ss.
Con frecuencia se escucha la broma de algunos que dicen que el matrimonio es como la "Divina Comedia" al revés. La Divina Comedia del poeta Dante tiene tres partes: infierno, purgatorio y cielo. Los bromistas afirman que el matrimonio comienza con un cielo, sigue un purgatorio y termina en un infierno. Esta broma denota algo trágico que está minando nuestra sociedad: la crisis en los matrimonios, que está dando por resultado un sinnúmero de personas frustradas y de hijos con serios traumas.

En el primer cap. del Gén, la Biblia nos dice cómo Dios creó al hombre; pero, apesar que lo rodeaban muchas cosas, había soledad en su corazón. "No está bien que el hombre esté sólo" -Dijo Dios-; y le regaló una compañera. Según las palabras de la Biblia, para que fuera una "ayuda adecuada". Vibró entonces el primer poema de amor en el mundo; Adán exclamó: "¡Esta sí que es carne de mi carne!". Añade la Biblia: "Hombre y mujer los creó; los bendijo y les dijo: Crezcan y multiplínquense". "Por eso el hombre deja a sus padres para unirse a una mujer, y formar con ella un solo ser" (Cfr. Gén 1,27-28; 2, 18-24). Con esto nos revela la igualdad en la dignidad que tiene el hombre y la mujer y la complementariedad que hay entre ellos. La unión varón/mujer tiene los siguiente elementos:

Gn 1-2.
1º Ambos aparecen como creados a imagen de Dios Gn 1,27.
2º Aparecen como complemento uno del otro. Gn 2,21. (Se´la, costilla, parte, lado).
3º Aparecen en unidad perfecta. Gn 2,24. una sola carne (basar -sentido físico = amor conyugal. -sentido moral = unidad de voluntad y pensamiento).
4º La relación varón/mujer aparece más fuerte que la de padre/hijo, hermana/hermano. Gn 2,,24.
5º Aparecen en perfecto entendimiento. Gn 2,25. Había equilibrio emocional.
6º Ambos reciben la misión de dominar la creación. Gn 1,28.

Conclusión:
* Hombre/mujer tienen la misma identidad e igualdad de naturaleza.
* Se afirma implícitamente la monogamia y la indisolubilidad del matrimonio.
* Se excluye la poligamia y el divorcio.

Cuando la Iglesia celebra un matrimonio, pretende repetir la escena bíblica de la bendición de Dios para el hombre y la mujer. E/P: Cuando el sacerdote tiene en el altar un panecillo de harina -la hostia-; y llega el momento de la consagración, el sacerdote repite las mismas palabras de Jesús en la última cena; entonces el pan queda consagrado: es el cuerpo de Jesús. Con nuestra fe así lo creemos. Los novios llegan al pie del altar, hacen su voto matrimonial ante Dios, y, en ese momento, se convierten en "algo sagrado"; han consagrado su amor el uno al otro ante Dios para toda la vida. Por eso afirmamos que el matrimonio es un sacramento; la repetición de lo que Dios consagró en el principio.

El matrimonio, querido por Dios desde la creación del hombre, adquiere con la venida de Cristo, una elevación sobrenatural, fuente de grandes bendiciones. La máxima novedad del matrimonio cristiano, consiste en que la unión conyugal entre los bautizados representa la unión de Cristo con la Iglesia.

Hay algo particular en este sacramento con respecto a los demás. En el bautismo el ministro es un sacerdote, en la eucaristía es un sacerdote como en la reconciliación. En el matrimonio los ministros del sacramento son los novios. Son ellos los que "se casan"; el sacerdote no los casa; el sacerdote únicamente es representante de la Iglesia, un testigo. El compromiso se verifica de una manera muy sencilla, por medio de unas palabras un "SI", que ellos han venido repitiendo el uno al otro muchas veces.

En el Cap. 19, 1-9 de Mt. se conserva una curiosa entrevista que los fariseos la hicieron a Jesús acerca del divorcio "¿Puede uno separarse de su mujer por cualquier motivo? . Jesús se remite a Gén 1-2 (voluntad de Dios). Y les hace ver que Moisés se había visto presionado por las circunstancias de la época para conceder el divorcio (es decir por la dureza de corazón Esklerocardia = Esclerocardía); por la incapacidad de comprender los mandatos de Dios y la docilidad a la voluntad de Dios. Por que en los planes de Dios, el divorcio no entraba. Jesús hace su propio comentario "Por lo tanto lo que Dios ha unido que no lo separe el hombre". (Mt 9,6).

Para llegar al sacramento del matrimonio debe existir la base de un serio, período de conocimiento mutuo de los novios y de reflexión delante de Dios. Es muy importante que los novios tengan los mismo ideales (un mismo pensar y un mismo sentir 1P 3,8,9) sociales y los mismos sentimientos religiosos, porque muchas veces estas diferencias (entre otras) son causa de rupturas. Cuanto más desigualdad hay entre futuros esposos, tanto más hay que prolongar el noviazgo para acortar distancias. Hay que saber morir al propio egoísmo, saber perdonar día a día y no ir archivando en los profundo de lo subconsciente todo un sinnúmero de páginas negras y de malos recuerdos, que impiden amar y alejan a marido y mujer. Las relaciones sexuales durante el noviazgo son malas y dejan a los novios cada vez más frustrados, porque el estado provisional, pasajero en que viven no admiten de por sí una entrega total de persona a persona. Entregarse sin reserva quiere decir darse para siempre; y esto no se puede dar en el noviazgo. Como dijo Jesús "No se puede construir una casa sobre arena, sino sobre roca", es decir sobre sus mandamientos, su palabra.

Hoy en la actualidad se habla de la planificación familiar, debido a la explosión demográfica. Pero no todos le dan un mismo significado. En la mayoría de los casos lo que se busca es limitar el aumento de la población sin importar el cómo. La Iglesia promueve la planificación familiar usando métodos aprobados por la misma; el más conocido es el Método Billings. Los papás deben sentirse responsables de los hijos que traen al mundo, dándoles alimentación y educación adecuada.

Por ser el matrimonio indisoluble, no se admite el divorcio. Pero dadas las circunstancias graves, es posible, y a veces aconsejable, la separación. Naturalmente, los esposos bien casados, que viven separados, no pueden volverse a casar, mientras uno de ellos viva. La Iglesia ha estado siempre persuadida de que, conforme a la Palabra del Señor (Mt 19,6), no tiene poder para disolver el matrimonio correctamente celebrado.

Es distinto el caso cuando declara "nulo" el matrimonio. Es decir, después de estudiarlo bien, declara que realmente no hubo el matrimonio por alguna falla grave. Así es que disuelve un matrimonio (aparente) cuando una de las partes tenga los votos solemnes en una orden religiosa o sea sacerdote no se realizó matrimonio. La Iglesia disuelve también el matrimonio contraído entre dos no bautizados, cuando uno de ellos se convierte y se hace bautizar. Si para este último es problema vivir su nueva fe, le anula el anterior matrimonio y lo faculta para volverse a casar.
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