viernes, 24 de abril de 2015

¿HA LEÍDO ALGÚN BUEN LIBRO? UN PLAN DE LECTURA ESPIRITUAL PARA TODA LA VIDA


¿Ha leído algún buen libro? Un Plan de Lectura Espiritual para Toda la Vida
Lectura espiritual

La lectura espiritual hace santos


Por: Padre John McCloskey | Fuente: www.catholicity.com/mccloskey/articles



El propósito de la vida de un católico es llegar a ser santo. Por la gracia de Dios, podemos colaborar con El en esta tarea que dura toda la vida. Ya conocemos varios medios, y uno de ellos, verdaderamente indispensable, es la lectura espiritual que esta a la disposicion de todo el que sabe leer. San Josemaría Escrivá decía: “Que tu conducta y tu conversación sea tal que todo aquel que te mire o te escuche, pueda decir: Esta persona lee la vida de Jesucristo”.
Demos un vistazo a la situación actual de la mayoría de los católicos en Europa y Norteamérica. Lamentablemente creo que estoy en lo cierto cuando digo que el contacto que la gran mayoría de los varios cientos de millones de personas tienen con la Sagrada Escritura es durante unos 10 minutos durante la Misa del domingo. Además, la mayoría tiene solamente una educacion catequética rudimentaria, que generalmente termina a una temprana edad. Por tanto, no conocen la Sagrada Escritura y a duras penas recuerdan el Catecismo. Además, muy pocas personas tienen conocimiento de los grandes clásicos de la espiritualidad católica.
Por otra parte, sus ojos y oídos se ven asaltados a diario por una avalancha de estímulos que parecieran diseñados por el demonio, o por lo menos por los muchos amigos que tiene en la tierra, para mantenernos inmersos en el mundo de lo efímero y nuestras mentes muy lejos de la vida sobrenatural. Constantemente y en forma progresiva, la mayoría de la gente sólo lee libros y revistas que no son más que basura. Las películas que miran están llenas de violencia y estímulos sexuales, al igual que la música que se escucha. En el típico hogar americano la gente mira televisión durante un promedio de siete horas al día, convirtiendo a las personas en zombies, aptos para ser manipulados. La única competencia no es el disfrute saludable de la mutua compañía familiar, sino los juegos de computadoras y el Internet, donde basta apretar un botón para encontrar tentaciones muy serias.
Me parece que esta descripción es un retrato acertado de la vida diaria de cientos de millones de católicos.
Afortunadamente esto aún no ha llegado a todas partes del mundo, pero en vista de la actual hegemonía del Occidente secular, puede serlo muy pronto. Que remedio existe para detener este asalto de la cultura de la muerte que lleva no sólo al embotamiento sino a la muerte del alma? Una respuesta es la lectura espiritual católica, que está disponible para todo aquel que tenga ojos para ver, oídos para oir (Recordemos los libros en cassettes) y dinero para comprar libros o bibliotecas donde prestarlos.
“La lectura ha producido muchos santos”. Es difícil imaginar un santo que no haya sido profundamente influenciado por la lectura espiritual no sólo antes de entregar su vida a la obra de Dios en la tierra, sino continuando la lectura espiritual como parte integral de su rutina diaria hasta el día de su muerte.
Dice Santo Tomás de Aquino: “Nada hay en el intelecto que no nos haya llegado primero por los sentidos”. Lo maravilloso es que tenemos una clara ventaja, ya que a medida que pasan los años y los siglos, apenas estaríamos empezando a cubrir una pequeña porción de los cientos de miles de los grandes clásicos espirituales, y de la poesía y la prosa inspirada por el catolicismo.
Veamos el ejemplo de San Agustín, quien escuchó la frase “Tolle et lege” (Toma y lee) y abrió el Evangelio en una sección que como resultado, cambió su vida y el curso de la civilización cristiana. San Antonio, el fundador del monasticismo, se conmovió tanto leyendo la historia del joven rico que siguió el mandato de “Vende todo lo que tienes, dalo a los pobres, y ven sígueme”. Sin esta obediencia a la Palabra, quién sabe si la cristiandad hubiera podido sobrevivir el asalto de la invasión bárbara. San Ignacio, convalesciendo en su cama de las graves heridas recibidas en batalla, echó a un lado el equivalente a lo que hoy llamamos sensacionalismo, comenzó a leer libros espirituales que lo inspiraron a cambiar radicalmente su vida, abrazar a Cristo y fundar la orden de los Jesuítas, los grandes campeones de la Reforma Católica. Otra vez se cambió la historia del mundo.
O en tiempos más modernos, pensemos en el joven Anglicano divino, John Henry Newman, quien leyendo y releyendo los Padres de la Iglesia, vino a darse cuenta que, como Anglicano, su posición era análoga a la de un semi-Pelagiano. Leyó los argumentos de San Atanasio, quien dijo que sólo la Iglesia Católica “gobierna el mundo” y la Iglesia fue bendecida con una de las más grandes conversiones cuya influencia nos llega hasta el día de hoy.
Observemos al escritor espiritual moderno Thomas Merton quien, por pura curiosidad tomo un libro escrito por Etienne Gilson, el gran Tomista francés, sobre “Los elementos de la filosofía cristiana”, y esto lo llevó a estudiar más detenidamente los postulados del catolicismo. Su estudio lo llevó a la conversión y eventualmente a su vocación como monje trapense. Flannery O’Connor, la gran autora católica sureña, se propuso leer por lo menos 20 minutos diarios de la Summa, y en consecuencia sus escritos están llenos del sentido común y aun del tono irónico del Doctor Angélico. Estos son apenas unos pocos ejemplos que podrían citarse. En realidad, creo que toda persona que lea este articulo, podría contarnos su propia historia ahora o muy pronto!
El Santo Padre en su carta apostólica “Al comienzo del Tercer Milenio”, que constituye el plan apostólico para nuestro siglo, nos urge a que “contemplemos el rostro de Cristo”, y uno de los medios principales que nos señala es la Sagrada Escritura: “La Escritura tiene un legítimo lugar de honor en la oración pública de la Iglesia. Es especialmente importante que el escuchar la palabra de Dios se convierta en un encuentro vivificante, en la antigua y siempre nueva tradición de la ‘lectio divina’, que extrae del texto bíblico la palabra viva que cuestiona, dirige, y da forma a nuestras vidas”.
Según el Catecismo de la Iglesia y el Concilio Vaticano II, la Sagrada Escritura es la palabra de Dios puesta por escrito por el soplo del Espíritu Santo. La Biblia consta de 72 libros en el Nuevo y el Antiguo Testamento, confirmados por la Iglesia en el Concilio Provincial de Hipona en 393, como canónicos (o de inspiración divina). La Sagrada Escritura no es solamente la guía de nuestra salvacion, de la que fluye virtualmente toda la teología y práctica catolicas, sino que también es la base de la cultura cristiana.
Sin la Biblia nos reduciríamos a simples adoradores de la naturaleza, o algo peor. Parafraseando el Catecismo: “La verdad que Dios ha revelado para nuestra salvación, la ha confiado a la Sagrada Escritura”. Pero como el Espíritu Santo ha trabajado por medio de autores humanos quienes han usado muchas formas literarias para comunicar el Mensaje, es comprensible que acudamos sobre todo a la Iglesia para guiarnos en la interpretación correcta.
Después de todo, hasta San Pedro encontró desconcertantes algunos de los escritos de San Pablo! Este libro, el mejor vendido y el más citado de la historia, debe ser nuestro libro predilecto, para leerlo y meditarlo por lo menos unos pocos minutos diarios en forma ordenada.
Podríamos llamar a la Biblia el libro sin fin, ya que una vez que lo terminemos, lo comenzamos de nuevo, una y otra vez hasta que Dios nos llame a su lado. Es muy importante que aprendamos de la Biblia cómo vivir y para tal efecto, hacer resoluciones diarias. Con el tiempo vendremos a tener tal familiaridad con las historias de la Biblia, especialmente las del Nuevo Testamento, como la historia de nuestra propia vida, y entonces empezaremos a vivir en Cristo, inmersos en sus palabras y ejemplo.
La Biblia vendrá a ser la inspiracion frecuente de nuestra meditación y el texto principal para nuestro trabajo de evangelización.
Para asegurarnos de que nuestra Biblia esté siempre cerca de nosotros, es una buena idea tener una edición grande de la Biblia en casa y una edición de bolsillo del Nuevo Testamento. De ser posible, la versión grande debería tener comentarios que se concentren principalmente en el sentido práctico, espiritual o ascético de la Escritura, más que en el aspecto hermenéutico o exegético. Este comentario debe ser fiel a las enseñanzas de la Iglesia. La Biblia es por sobre todo, un libro por el que aprendemos a vivir la vida cristiana, más que para dirimir discusiones sobre aspectos de interpretación. Afortunadamente se han producido recientemente, ediciones que se ajustan a estos lineamientos. También hay libros muy buenos sobre la vida de Cristo que nos ayudan a “contemplar su Rostro”, tales como “Conocer a Cristo Jesus” (To know Christ Jesus), de Frank Sheed y “Vida de Cristo” por Fulton Sheen.
Para complementar adecuadamente la lectura diaria de la Sagrada Escritura, sería bueno leer algún libro espiritual, normalmente recomendado por el propio director espiritual. Es prácticamente imposible agotar los libros clásicos espirituales católicos, ya que ni un universo entero de libros podría contarnos todo lo que Jesús hizo y enseñó durante su Vida. Estos libros pueden incluir obras del magisterio de la Iglesia, vidas de santos y libros escritos por santos, obras de teología, y una plétora de clásicos espirituales católicos.
Es una buena práctica leer sólo un libro a la vez, de principio a fin, quizás haciendo anotaciones o subrayando aquellos puntos que nos llaman la atención, de manera que podamos usarlos en la oración silenciosa, o en nuestras conversaciones con nuestro director espiritual. El Catecismo (2654) señala: “Buscad leyendo, y encontraréis meditando; llamad orando, y se os abrirá por la contemplación”. Una buena lectura espiritual lleva a la oración, a la auto negación y a un deseo cada vez mayor de compartir la evangelización con la familia, los amigos y la cultura que nos rodea.
Antes de finalizar, quiero agregar unos pocos consejos prácticos:
Cuando haga su lectura espiritual, póngase en la presencia de Dios e invoque al Espíritu Santo.
Asegúrese que está completamente alerta y en una habitación con buena luz y sin distracciones. O sea: Nunca tarde en la noche y acostado. No cree usted que la Palabra de Dios y los grandes clásicos espirituales merecen más que eso?
La lectura no debe durar más de 15 minutos pero nunca menos. Juan Pablo II nos insta a seguir el mandamiento del Señor, de “ir y buscar lo hondo para pescar”. Nuestro compromiso de lectura espiritual diaria nos ayudará a ser “pescadores de hombres”.

DESCÁLZATE POR UN MOMENTO, VERÁS LA DIFERENCIA...


Descálzate por un momento, verás la diferencia...
Descálzate por un momento, verás la diferencia...

Sembrando Esperanza I. Descalzo puedo sentir el terreno que piso y estar atento al interior de las personas que se me pasan por alto cuando entro calzado. 


Por: P. Dennis Doren L.C. | Fuente: Catholic.net



¡Qué diferente serían las relaciones entre los hombres si tuviésemos la prudencia, el equilibrio, el tino para ver, sentir e intuir cómo está la persona con la cual voy a tener una comunicación!.

Muchas veces no vemos más que nuestras pequeñas y miopes percepciones personales de los acontecimientos, de las situaciones, y tal vez, por lo general, no vemos lo que está pasando en el corazón, en los sentimientos de la otra persona. Si, y entramos con todo, devastando, dañando, hiriendo, y para eso somos muy agudos y sutiles, incluso expertos; pero una vez que lo hicimos no hay vuelta de hoja, tarde para arrepentirse, y claro, luego nos entran los remordimientos.

Nos decimos: ahora sí se va a enterar fulanito de tal. Pisamos fuerte y no nos damos cuenta que tal vez la táctica, el modo para solucionar, curar, pegar lo roto es la suavidad, es tener que descalzarme un momento, para pisar con cuidado; y si entro en el interior de alguien, lo hago a tientas.

¡Cuántos de nosotros no sabemos esperar el momento, no pensamos que lo que voy a decir va a traer más perjuicio que beneficio, que voy a destruir más que construir!

Dame Señor la prudencia, el cariño, la paz interior, para que esa paz la pueda llevar en cualquier situación y circunstancia, y que siempre sepa decir en el momento oportuno y con las mejores palabras la verdad, para no herir ni lastimar. 

Habitualmente entramos en el interior de los demás sin fijarnos en el modo en que lo hacemos, pisando fuerte o con gran descuido; pero comprendí que descalzo puedo sentir el terreno que piso y estar atento al interior de las personas que se me pasan por alto cuando entro calzado.

Al descalzarme, camino más lentamente, tratando de pisar suavemente para no dejar marcas que lastimen.

Descalzarse es entrar sin prejuicios, es estar atento a la necesidad del otro, sin esperar una respuesta determinada, es entrar sin intereses y con mucho respeto. Cuanto más difícil sea el terreno interior de los demás, más suavidad y más cuidado debo tener para entrar. Y esto lo debo conocer antes de entrar.

Que estas sencillas reflexiones, nos ayuden a pensar en la posibilidad de hacer de nuestra sociedad un lugar más humano, con una convivencia con más tolerancia y paciencia, con una mayor capacidad de pensar más en los otros que en uno mismo.

Cultivemos actitudes sencillas, como ceder el paso, ceder la conversación, el esperar que el otro termine para yo hacer mi intervención, esperar y retirarme si mis palabras van a herir o dañar una relación.

¡Cuánto control de uno mismo! y al mismo tiempo ¡cuánta capacidad de amar! pues en mi corazón siempre busco el mayor bien. Yo sé que podemos cambiar y mejorar nuestra sociedad, nuestra familia, nuestro entorno ¿por qué esperar para mañana si puedo comenzar el cambio hoy?

Porque creo, Señor, que estás vivo y presente en el corazón de mis hermanos, me comprometo a detenerme, a descalzarme y entrar en cada uno como en un lugar sagrado.


 

¿CÓMO SE PREPARA EL COCTEL RELIGIOSO?

¿Cómo se prepara el coctel religioso?
Se empieza con eliminar al jefe visible de la Iglesia; después... 


Por: P. Flaviano Amatulli Valente | Fuente: Apóstoles de la Palabra



Se empieza con eliminar al jefe visible de la Iglesia; después se elimina a la misma Iglesia fundada por Cristo y poco a poco se llega a eliminar hasta al mismo Cristo y a Dios, haciéndose cada quien su coctel religioso. Hoy más que nunca es necesario conocer y vivir la propia fe, para no caer en las redes de los grupos proselitistas.


Que todos sean uno 

En vísperas de su pasión, Jesús oró al Padre: «Oh Padre, que todos sean uno, como tú estás en mi y yo en ti; que también ellos sean uno en nosotros. Así el mundo creerá que tú me has enviado (Jn 17,21)». La unidad entre los discípulos de Cristo es la señal de que Cristo es el Enviado de Dios.


Pentecostés 

El día de Pentecostés este sueño de Cristo se hace realidad. Ahí vemos a los discípulos de Cristo todos unidos bajo la guía de Pedro y los Apóstoles, al amparo de María, llenos del Espíritu Santo (Hch 2,1-4).

Aquel día tres mil personas, provenientes de lugares diferentes, con idiomas y culturas diferentes, escuchando el mensaje de salvación, proclamado por Pedro y los Apóstoles, llenos del Espíritu Santo, creyeron en Cristo y se entregaron a El, entrando a formar parte de la Iglesia.

Donde hay amor, allá está Dios; donde está Dios, allá hay unidad. La división no viene de Dios.

¡Qué diferencia con lo que pasó en la Torre de Babel! (Gn 11,1-9). Allá todos formaban una sola familia, con un solo idioma. Sin embargo, al querer poner como base de su unidad, no a Dios, sino a sí mismos con su egoísmo, su fuerza y su inteligencia, se dividieron. Sin Dios, no puede haber unidad.


Espíritu sectario dentro de la Iglesia

Satanás no duerme. Pronto empezaron las divisiones dentro de la Iglesia. Primera carta de San Pablo a los Corintios, capítulo 1, versículo 12: «Yo soy de Pablo; yo soy de Apolo; yo soy de Pedro». Liderazgos malentendidos; espíritu sectario dentro de la Iglesia. «Yo soy de Pablo; ¿qué me importa Pedro con sus seguidores?». Otro dice: «Yo soy de Pedro; ¿qué me importa Pablo con sus simpatizantes?». Cada uno se queda con su grupo y su líder, con su línea pastoral. Los demás no interesan.

No se trata de divisiones declaradas, sino de desconocimiento mutuo. Espíritu sectario dentro de la Iglesia. Un camino peligroso.

Peor todavía. Otros dicen: «Yo soy de Cristo (1Cor 1,12)». ¡Cómo se oye bonito: «Yo soy de Cristo»! Cristo sin Iglesia. Un contacto directo con Cristo. ¿Para qué, entonces, Jesús dijo a Pedro: «Apacienta mis corderos... apacienta mis ovejas? (Jn 21,15-17)».


Maldito el que cambia el Evangelio 

Carta de San Pablo a los Gálatas, capítulo 1, versículos del 6 al 9:

«Me maravillo de que, abandonando al que los llamó por la gracia de Cristo, se pasen tan pronto a otro Evangelio. En realidad, no existe otro Evangelio. Lo que pasa es que algunos los están perturbando y quieren cambiar el Evangelio de Cristo.

Sin embargo, aunque viniera yo mismo o un ángel bajado del cielo para anunciarles un Evangelio distinto del que ya les hemos anunciado, ¡sea maldito! Como lo he dicho, lo repito otra vez: Si alguien les anuncia un Evangelio distinto del que ya recibieron, ¡sea maldito!». 


¿Y qué pasa? Que desde un principio se nos enseñó que Cristo es verdadero Dios y verdadero hombre; y ahora hay algunos que andan de casa en casa, queriéndonos convencer de que Cristo no es Dios, sino que solamente la primera creatura de Dios. Desde un principio se nos enseñó que, al celebrar la Cena del Señor, el pan se transforma en el Cuerpo de Cristo y el vino en su Sangre; y ahora resulta que algunos nos quieren convencer de que esto no es cierto: se trata de un símbolo y nada más. Lo mismo acerca del bautismo de los niños, la virginidad de María, la obediencia que se debe a los sucesores de Pedro y los Apóstoles, y tantas cosas más.

Según los nuevos «expertos en la Biblia», desde un principio todo se entendió mal. Ellos, por fin, han descubierto la verdad. ¿Qué dice San Pablo al respecto? «Maldito el que quiere cambiar el Evangelio, que nos llegó desde un principio.»

Nada de que: «En el fondo, todo es lo mismo; todos buscamos y servimos al mismo Dios». San Pablo no era de la misma opinión. Una cosa es el respeto y la tolerancia para con todos y otra cosa pensar que todo es lo mismo. Cuando se trata de respeto, tolerancia y amor, en nuestro corazón no debe haber límites, llegando hasta los no creyentes y los peores asesinos. Con eso no se quiere decir que todo es lo mismo, creer o no creer, ayudar o matar. Amor hacia todos, pero al mismo tiempo plena fidelidad a Cristo y a su Evangelio, hasta la muerte.


Anticristos: los que dejan la Iglesia de Cristo y se ponen en contra de ella 

Primera Carta de San Juan, capítulo 2, versículos 18 y 19:

«Hijitos míos, es la última hora. Se les dijo que tendría que llegar el Anticristo; pues bien, ya han venido varios anticristos, por donde comprobamos que esta es la última hora.

Ellos salieron de entre nosotros mismos, aunque realmente no eran de los nuestros. Si hubieran sido de los nuestros se habrían quedado con nosotros. Al salir ellos, vimos claramente que no todos los que están dentro de nosotros son de los nuestros.» 


¿Qué quiere decir la palabra «anticristo»? Quiere decir «enemigo de Cristo«. Así que, desde un principio, siempre han existido «enemigos de Cristo». ¿Quiénes son? «Ellos salieron de entre nosotros mismos — dice San Juan —, aunque realmente no eran de los nuestros». Estaban dentro de nosotros, sin ser de los nuestros. Una presencia física y nada más; su mente y su corazón estaban fuera.

¡Cuántas veces hemos oído decir: «Cuando yo era católico, era un borracho, un mujeriego, un ladrón… no conocía la Palabra de Dios…»! ¿Y que querían, una medalla de oro, por portarse de esa manera? «Medalla de oro a don Francisco Hernández por ser el primer borracho de la parroquia». Por eso, ahora se encuentra fuera de la Iglesia fundada por Cristo, en un grupo religioso fundado por un hombre. Si hubiera sido verdaderamente católico, no habría dejado la Iglesia.

Pues bien, por lo que nos dice San Juan, dejar la Iglesia de Cristo y ponerse en contra de ella, es ser «anticristo». ¿Quién no recuerda aquellas palabras que escuchó Saulo cuando cayó en el camino de Damasco? «Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?"(Hch 9,4)». Y todos sabemos que Saulo no estaba persiguiendo directamente a Cristo, sino a sus discípulos; es decir, a su Iglesia. Ahora bien, perseguir a la Iglesia de Cristo es perseguir a Cristo mismo, volverse en «anticristo».

¿Qué está pasando ahora? Que, con la Biblia en la mano, los que salieron de la Iglesia, no dejan de atacarnos, asegurando que la Iglesia católica es la "prostituta", el Papa es el "anticristo" y los católicos somos unos "idólatras". Está pasando ahora lo mismo que pasó al tiempo de Cristo: los que se consideraban "expertos en la Palabra de Dios" (los fariseos y los maestros de la Ley) no supieron reconocer la identidad de Jesús y por eso se pusieron en contra de Él, hasta no lograr su muerte.

«Padre, perdónales porque no saben lo que hacen» (Lc 23,34). Perdónales porque no saben que la Iglesia católica es la que fundó Cristo personalmente, cuando vivió en este mundo, y llegará hasta el fin del mundo.


Divisiones del primer milenio

Un hecho es cierto: las divisiones son fruto del pecado, no vienen de Dios, y, por lo tanto, no tienen ninguna garantía para el futuro. Empiezan, se desarrollan y se acaban. Es la experiencia del primer milenio de la historia de la Iglesia. Todas las divisiones que se realizaron durante el primer milenio de la historia de la Iglesia, prácticamente ya no existen. Solamente la Iglesia que fundó Cristo, durará para siempre. Las divisiones que existen ahora son del segundo milenio.


Cisma de Oriente 

Iglesia de Cristo: sí.
Papa: no.

Año 1,054: primera división. Los obispos de Oriente, que se autoproclaman «ortodoxos» (ortodoxia = verdadera doctrina), se apartan de Roma. Durante mil años habían reconocido la autoridad del Sucesor de Pedro, el obispo de Roma; ahora ya no. ¿Qué dicen?

Iglesia de Cristo, con obispos, sacerdotes, diáconos, sacramentos, concilios ecuménicos y devoción a María y a los Santos: SI. Papa: NO

Pretenden una Iglesia sin cabeza visible.


Reforma Protestante

Cristo: sí.
Iglesia de Cristo: no.

Año 1,517: Martín Lutero da inicio a su inconformidad con Roma. Su enseñanza fundamental:

Cristo: SI. Basta la fe en Cristo para alcanzar la justificación (= perdón de los pecados y amistad con Dios).

Iglesia visible de Cristo, la que viene desde un principio, con Papa, obispos, sacerdotes, diáconos, sacramentos y concilios ecuménicos: NO

Lo que importa, es pertenecer a la Iglesia espiritual, a la que pertenecen los que de veras creen en Cristo, sin importar a cual entidad eclesiástica pertenezcan. Esto no tiene mucha importancia. Sirve solamente para ayudar a vivir la fe en comunidad.

Basándose en estos principios, pronto se multiplican las divisiones: luteranos (1,521), calvinistas (1,532), menonitas (1,536), presbiterianos (1,560), bautistas (1,611), metodistas (1,784)… que fundamentalmente siguen las ideas de Lutero.

El año de 1,534 el rey Enrique VIII aparta Inglaterra de Roma. Así surge la Iglesia Anglicana; de esta viene la Iglesia Episcopaliana, una vez que Estados Unidos logra su independencia de Inglaterra. Se mueven entre el catolicismo y el protestantismo.

A principios de 1,800 en el mundo protestante surge un nuevo movimiento religioso, que ahora está invadiendo el mundo con un afán proselitista incontenible: mormones (1,830), adventistas del séptimo día (1,863), testigos de Jehová (1,874) y la línea evangélica pentecostal (principios del siglo XX). Normalmente, a nivel teológico, éstos grupos siguen a Lutero; pero, al mismo tiempo, rechazan todas las Iglesias anteriores, acusadas de «apostasía», y cada grupo de considera la única y verdadera Iglesia visible de Cristo «restaurada», en clara oposición a todas las demás y en una actitud abiertamente sectaria.


Testigos de Jehová 

Dios: sí.
Cristo y su Iglesia: no.

Entre los grupos que empezaron a surgir desde principios del siglo pasado, hay uno que va más allá de Lutero: la congregación de los Testigos de Jehová. No hablamos de los mormones, porque no se pueden considerar cristianos al admitir un Tercer Testamento: "El libro de Mormón" y ser politeístas.

¿Cuál es la posición de los testigos de Jehová?

Dios: SI. Un solo Dios, sin Trinidad, al estilo del Antiguo Testamento.

Cristo y su Iglesia: NO. Cristo es un hombre y nada más, la primera creatura de Dios. La Iglesia que fundó Cristo, cuando vivió en este mundo, fracasó.

Ahora los testigos de Jehová son la única y verdadera "congregación visible de Jehová".

De por sí desde antes ya se había empezado a considerar a Cristo como hombre y no como Dios; por ejemplo, con la masonería (principios del 1,700; Cristo es visto como un sabio), o el espiritismo (mitad del 1,800; Cristo es visto como un grande médium).


Nueva Era 

Religiosidad y espiritualidad: sí.
Dios: no.

Se trata de otro movimiento cultural-religioso, que empezó a surgir en la primera mitad del siglo XX y se desarrolló en la segunda mitad. Actualmente está invadiendo el mundo entero, especialmente los ambientes artísticos e intelectuales o económicamente más pudientes: una mezcla entre cristianismo, antiguas religiones paganas, religiones orientales gnosis, astrología, sicología, esoterismo, ocultismo, ecología, indigenismo y medicina alternativa. Un supermercado, en que cada uno prepara so coctel al gusto, escogiendo lo que más le agrada y lo hace sentir bien.

Por lo que se refiere a Dios, he aquí la idea central:

No existe un solo Dios, creador, salvador y remunerador. Todo el universo es un organismo viviente. Todo lo que forma parte del universo es Dios.


Panteísmo

Dicen los nuevaerianos: «¿Quieres buscar a Dios? Entra dentro de ti mismo y allá lo encontrarás. Además, harás el grande descubrimiento: Tú eres Dios. Lo que pasa es que tú estás ciego y no te das cuenta de lo que eres y las posibilidades "infinitas" que tienes. ¿Quieres aprovechar de ellas? Inscríbete en algún taller sobre control mental, chacras, cuarzos, cristales, colores, perfumes, ángeles, … y verás como poco a poco irás despertando y tomando conciencia de los poderes "infinitos" que tienes».

¿Y cómo resolver el problema de la muerte? «La muerte no es un verdadero problema — contestan —. Al morir, el alma pasa a otro ser viviente y mediante un proceso continuo de reencarnaciones te vas purificando. Por lo tanto, no tienes que temerle ni a la muerte, ni al purgatorio, ni al infierno. Todo es bonito en este universo; todo es energía y vida, felicidad y éxito para los que se adhieren a esta nueva visión del mundo».


Satanismo

Dios: no.
El enemigo de Dios: sí.

A lo largo de la historia, siempre hubo grupos selectos de personas que han rendido culto a Satanás. La novedad actual consiste en que ahora este fenómeno se está volviendo «popular».

Normalmente se trata de adolescentes y jóvenes, que empiezan reuniéndose en las discotecas para escuchar música y bailar. Mediante un buen sistema de reclutamiento, poco a poco se pasa de la música rock a la metálica, de la simple alusión al himno declarado en honor de Satanás, de la imagen a la oración y la entrega, del sacrificio con animalitos al sacrificio con seres humanos, especialmente en aquellos países en que los gobiernos no logran ejercer un control real sobre la población y así se pretende lograr «poder» para encontrar satisfacciones inmediatas.


Pluralismo religioso

Ya se acabó la sociedad monolítica del pasado. Hoy es necesario que estemos conscientes de nuestra identidad como católicos, para no dejarnos confundir y envolver por la variedad de propuestas que continuamente se nos presentan.

Para sentirnos seguros y vivir nuestra fe con dignidad, es necesario que conozcamos el Evangelio de Cristo, tengamos una verdadera experiencia de Dios y, como dice San Pedro estemos capacitados para «dar razón de nuestra esperanza (1 Pe 3,15)». Solamente así estaremos colaborando con nuestro granito de arena para que se haga realidad el sueño de Cristo: «Habrá un solo rebaño como hay un solo Pastor (Jn 10,16)».

ESTE ES EL PAN BAJADO DEL CIELO


Este es el pan bajado del cielo

Pascua


Juan 6, 52-59. Pascua. La ternura de Jesús, la ternura eucarística: ese amor tan delicado, tan fraterno, tan puro. 



Por: José Noé Patiño | Fuente: Catholic.net





Del santo Evangelio según san Juan 6, 52-59
Discutían entre sí los judíos y decían: ¿Cómo puede éste darnos a comer su carne? Jesús les dijo: En verdad, en verdad os digo: si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna, y yo le resucitaré el último día. Porque mi carne es verdadera comida y mi sangre verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí, y yo en él. Lo mismo que el Padre, que vive, me ha enviado y yo vivo por el Padre, también el que me coma vivirá por mí. Este es el pan bajado del cielo; no como el que comieron vuestros padres, y murieron; el que coma este pan vivirá para siempre. Esto lo dijo enseñando en la sinagoga, en Cafarnaúm.

Oración introductoria
Jesús mío, ¡gracias!, por estar presente en la Eucaristía y por darme la posibilidad de poder recibirte en mi interior. Yo solo no puedo corresponder a tanto amor y misericordia, por eso te pido que me muestres, en esta oración, tu voluntad, el camino que he de seguir para poder recibirte dignamente en mi corazón.

Petición
Jesús, no soy digno de que vengas a mí, pero una palabra tuya bastará para sanarme. ¡Ven Señor!

Meditación del Papa Francisco
Esta fe nuestra en la presencia real de Jesucristo, verdadero Dios y verdadero Hombre, en el pan y en el vino consagrados, es auténtica si nos comprometemos a caminar detrás de Él y con Él. Adorar y caminar: un pueblo que adora es un pueblo que camina. Caminar con Él y detrás de Él, tratando de poner en práctica su mandamiento, el que dio a los discípulos precisamente en la última Cena: “Como yo os he amado, amaos también unos a otros”. El pueblo que adora a Dios en la Eucaristía es el pueblo que camina en la caridad. Adorar a Dios en la Eucaristía, caminar con Dios en la caridad fraterna.
Hoy, como obispo de Roma, estoy aquí para confirmaros no sólo en la fe sino también en la caridad, para acompañaros y alentaros en vuestro camino con Jesús Caridad. […] Os aliento a todos a testimoniar la solidaridad concreta con los hermanos, especialmente los que tienen mayor necesidad de justicia, de esperanza, de ternura. La ternura de Jesús, la ternura eucarística: ese amor tan delicado, tan fraterno, tan puro. Gracias a Dios hay muchas señales de esperanza en vuestras familias, en las parroquias, en las asociaciones, en los movimientos eclesiales. (Homilía de S.S. Francisco, 14 de junio de 2014).
Reflexión
El amor lleva a darse. Cuando se trata de un amor como el de Jesús, se llega hasta los extremos más insospechados, hasta el “invento” de la Eucaristía. Cristo tiene que marcharse de este mundo pero -inventa- el modo de quedarse para siempre entre nosotros verdadera, real y substancialmente.

Todos nosotros hemos tenido alguna vez esa experiencia, tan humana, de una despedida. Y sobre todo, si se trata de dos personas que se quieren, su deseo sería el de continuar juntos sin separarse, pero no se puede.

El amor del hombre, por muy grande que sea es limitado. Pero lo que nosotros no podemos, lo puede Jesucristo. Él, perfecto Dios y perfecto Hombre, se tiene que ir pero al mismo tiempo se queda, se perdura, se eterniza en este mundo.

Cristo sabe que en muchos sagrarios donde él mora estará solo la mayor parte del día, experimentando la soledad. Mas Cristo se ha quedado por nosotros, como prisionero por nuestro amor. Siempre esperando. Te está esperando, me está esperando. Espera a todos y cada uno de los hombres, para demostrarnos y desenmascararnos su amor. ¿Cómo no pagar tanto Amor con amor?

Propósito
Revisar y mejorar mis relaciones con los demás.

Diálogo con Cristo
Padre mío, si realmente conociera lo grande que es el don de la Eucaristía, acudiría con más fervor a recibir este don y trabajaría incansablemente por incrementar el amor a ella en todos los demás, empezando por mi propia familia. Permite, Señor, que sepa compartirte, que mi vida eucarística nunca se centre sólo en mi persona sino que sea el pan que me dé la fuerza para llevar a cabo mi misión.
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