lunes, 11 de mayo de 2015

EL ESPÍRITU DE LA VERDAD DARÁ TESTIMONIO DE MÍ




El Espíritu de la verdad dará testimonio de mí
Pascua


Juan 15, 26-16,4. Pascua. Todo cristiano está llamado a dar testimonio de fe, de amor y de santidad. 


Por: Xavier Caballero | Fuente: Catholic.net



Del santo Evangelio según san Juan 15,26. 16,4
En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: Cuando venga el Paráclito, que yo os enviaré de junto al Padre, el Espíritu de la verdad, que procede del Padre, Él dará testimonio de mí. Pero también vosotros daréis testimonio, porque estáis conmigo desde el principio. Os he dicho esto para que no os escandalicéis. Os expulsarán de las sinagogas. E incluso llegará la hora en que todo el que os mate piense que da culto a Dios. Y esto lo harán porque no han conocido ni al Padre ni a mí. Os he dicho esto para que, cuando llegue la hora, os acordéis de que ya os lo había dicho. 

Oración introductoria
Creo en Ti, Señor, y te amo, por eso, parafraseando al Papa Francisco, «pido al Padre misericordioso que pueda vivir plenamente la fe que he recibido como un regalo en el día de mi bautismo para ser capaz de dar un testimonio alegre, libre y valiente de mi fe». (S.S. Francisco, 20 marzo de 2013).

Petición
Espíritu Santo, ayúdame a creer en Ti por los que no creen, a amarte por los que no te aman, y a confiar en Ti por los que no esperan en tu Palabra.

Meditación del Papa Francisco
El Espíritu Santo, entonces, como promete Jesús, nos guía "en toda la verdad"; nos lleva no solo al encuentro con Jesús, plenitud de la Verdad, sino que nos guía "en" la Verdad, es decir, nos hace entrar en una comunión siempre más profunda con Jesús, dándonos la inteligencia de las cosas de Dios. Y esta no la podemos alcanzar con nuestras fuerzas. Si Dios no nos ilumina interiormente, nuestro ser cristianos será superficial. La Tradición de la Iglesia afirma que el Espíritu de la verdad actúa en nuestros corazones, suscitando aquel "sentido de la fe" (sensus fidei), a través del cual, como afirma el Concilio Vaticano II, el Pueblo de Dios, bajo la guía del Magisterio, indefectiblemente se adhiere a la fe transmitida, la profundiza con un juicio recto y la aplica más plenamente en la vida. Probemos a preguntarnos: ¿estoy abierto a la acción del Espíritu Santo, le pido para que me ilumine, y me haga más sensible a las cosas de Dios?
Esta es una oración que tenemos que rezar todos los días: Espíritu Santo, haz que mi corazón esté abierto a la Palabra de Dios, que mi corazón esté abierto al bien, que mi corazón esté abierto a la belleza de Dios, todos los días. Me gustaría hacerles una pregunta a todos ustedes: ¿Cuántos de ustedes rezan cada día al Espíritu Santo?»(Homilía de S.S. Francisco, 15 de mayo de 2013).
Reflexión
Para oír basta con no estar sordo. Para escuchar hacen falta muchas otras cosas: tener un alma despierta; abrirla para recibir al que, a través de sus palabras, entre en ti; ponerte en la misma longitud de onda que el que está conversando con nosotros; olvidarnos por un momento de nosotros mismos y de nuestros pensamientos para preocuparnos por la persona y los pensamientos del prójimo. ¡Todo un arte!

Este relacionarse, «ser social», es algo propio, natural de todo hombre. "La vida social no es, pues, para el hombre sobrecarga accidental. Por ello, a través del trato con los demás, de la reciprocidad de servicios, del diálogo con los hermanos, la vida social engrandece al hombre en todas sus cualidades y le capacita para responder a su vocación". (Gaudium et Spes, nn. 24-25)

El mensaje que Jesús nos propone hoy retumba fuertemente en el mundo actual. Nos promete que nos enviará al Consolador. Nos dice que daremos testimonio de Él. Y nos previene para que no nos escandalicemos: seremos perseguidos, calumniados, e incluso, muchos morirán en su nombre. Este es el resumen del cristianismo a lo largo de dos milenios.

Un Espíritu que sopla y conforta. Un testimonio único e invaluable de caridad cristiana. Un número incontable de mártires y defensores de la fe. Para un enfermo es la compañía sonriente la mejor de las medicinas. Para un anciano no hay ayuda como un rato de conversación sin prisas y un poco de comprensión. El indigente necesita más nuestro cariño que nuestra limosna. Para el parado es tan necesario sentirse persona trabajando como el sueldo por el trabajo que le pagarán. Y es que la esencia del cristianismo es la caridad. No hay tarea más hermosa que dedicarse a tender puentes hacia los hombres y hacia las cosas. Sobre todo en un tiempo en que abundan los constructores de barreras.

En un mundo de zanjas ¿qué mejor que dedicarse a la tarea de superarlas? Ser un cristiano auténtico que sabe acoger en su alma al Espíritu Santo. Que da testimonio de Cristo en todo el mundo. Que vive la caridad y acepta el dolor por el bien de la Iglesia y del Reino de Dios.

Diálogo con Cristo
Señor, todo cristiano está llamado a dar testimonio de fe, de amor y de santidad. Ojalá que quien se acerque a nosotros se quede marcado para siempre, no por nuestra personalidad o nuestras cualidades, sino porque somos reflejo del amor de Ti al hombre, a todo hombre. Que se diga de nosotros lo mismo que se decía sobre los primeros cristianos: «¡Mirad, cómo se aman!».

Propósito
Viviré con especial intensidad este día, ofreciendo todo para que el mensaje del Año de la fe llegue a más personas.

LOS CATÓLICOS Y LOS LUTERANOS NO SON ADVERSARIOS SINO HERMANOS EN LA FE

Los católicos y los luteranos no son adversarios sino hermanos en la fe
Audiencia del Papa a la arzobispa luterana de Upsala (Suecia), Antje Jackelén. 4 de mayo 2015


Por: Redacción VIS | Fuente: Vatican.va



El Papa ha recibido esta mañana en audiencia a la arzobispa luterana de Upsala (Suecia), Antje Jackelén, que encabeza la delegación de la Iglesia Evangélica-Luterana en ese país venida al Vaticano. Francisco, saludándolos cordialmente, ha evidenciado que el año pasado se celebró el 50 aniversario del decreto sobre el ecumenismo del Concilio Vaticano II ''Unitatis Redintegratio'' que sigue siendo el punto de referencia clave para el empeño ecuménico de la Iglesia católica. En él se invitaba a todos los fieles católicos, a emprender el camino de la unidad para superar la división entre los cristianos, que ''no solo se opone abiertamente a la voluntad de Cristo, sino que es también escándalo para el mundo y perjudica a la más santa de las causas: la predicación del Evangelio a toda criatura''.
Dicho decreto ''expresa un profundo respeto y aprecio por aquellos hermanos y hermanas separados a quienes, en la coexistencia cotidiana, se corre a veces el peligro de prestar poca consideración. En realidad no deben ser percibidos como adversarios o competidores, sino reconocidos por lo que son: hermanos y hermanas en la fe''. ''Los católicos y luteranos deben buscar y promover la unidad en las diócesis, parroquias y comunidades de todo el mundo'' subrayó el Pontífice mencionando, en ese sentido, el reciente documento "Del conflicto a la comunión. La conmemoración conjunta luterano-católica de la Reforma en el 2017 ", publicado por la Comisión Luterano-Católica para la Unidad. ''Esperamos sinceramente -dijo- que esta iniciativa lleve a dar, con la ayuda de Dios y nuestra colaboración con Él y con los demás, más pasos en el camino de la unidad''.
La llamada a la unidad también implica ''una exhortación apremiante al compromiso común en el ámbito caritativo, en favor de todos aquellos que en el mundo sufren por causa de la miseria y la violencia y que necesitan de manera particular nuestra misericordia. Especialmente el testimonio de nuestros hermanos y hermanas perseguidos nos empuja a crecer en la comunión fraterna. De actualidad urgente es también la cuestión de la dignidad de la vida humana, que debe respetarse siempre, así como las temáticas relacionadas con la familia, el matrimonio y la sexualidad que no pueden ser silenciadas o ignoradas por temor a poner en peligro el consenso ecuménico ya alcanzado . Sería una pena si sobre estas cuestiones tan importantes se consolidasen nuevas diferencias confesionales.
Francisco finalizó su discurso agradeciendo dos cosas. ''En primer lugar -dijo- quiero dar las gracias a la Iglesia luterana sueca por haber acogido a tantos emigrantes sudamericanos en tiempos de las dictaduras. Acogida fraterna que hizo crecer a las familias. Y en segundo lugar, quiero dar las gracias por la delicadeza con que usted, querida hermana, nombró a mi buen amigo, el pastor Anders Root: con él compartí la cátedra de Teología Espiritual y me ayudó mucho en la vida espiritual''.

CUERPOS INTACTOS

Cuerpos intactos
En las últimas décadas ha surgido una nueva forma de ver a los santos incorruptos y se investigan minuciosamente los cuerpos 


Por: Varios | Fuente: Catholic.net



Los cuerpos de varios santos y mártires medievales católicos siguen intactos con el paso del tiempo.

En el interior de la Catedral de San Frediano en Lucca, Italia, ramos de orquideas perfuman el aire con una fragancia de santidad. Recostado en una cama se encuentra el cuerpo de uno de los más amados santos romanos catolicos, santa Zita.

Nació en 1218 en un pueblito de Monte Sagrati y vivió una vida de singular virtud. Debido a la pobreza en la que se encontraba su familia, desde chica salió a trabajar en la casa de un comerciante que vivía cerca de Lucca. Ella daba su cama a los que no tenían casa y su comida a la gente más necesitada. Desde su muerte, a los sesenta años, su cuerpo descansa en una cripta en San Frediano.

Todos recordaban sus virtudes y la gente presionaba a la Iglesia para que la declararan santa. Cuando los oficiales eclesiáticos empezaron la investigación, 300 años después de su muerte, encontraron el primer símbolo de santidad; su cuerpo estaba intacto. Coronada con un anillo de rosas secas y usando una toga verde de terciopelo, descansa sin ser tocada por el tiempo. Su cara demacrada pero suave, sus manos suaves y con una apariencia flexible y sus uñas brillantes.

Santa Zita es una de las personas que siguen incorruptas. Más de la mitad de los 100 santos que siguen incorruptos reposan en reliquiarios en Italia.

Los devotos afirman que los santos tienen poderes curativos. Cuando santa Zita fue exhumada, según se dice, regreso la vista a los ciegos y la fertilidad a los infértiles.

En las última décadas, ha surgido una nueva forma de ver a los santos incorruptos; el Vaticano, químicos y radiólogos han pedido que se investiguen minuciosamente los cuerpos de los hombres y mujeres que descansan en las iglesias. Equipados con nueva información de la vida de los santos y beatos son testigos e investigadores de la conservación de los restos sagrados. También han traído la ciencia a los altares de las catedrales europeas, examinando a más de dos docenas de santos y beatos, dando luz a los misterios de su preservación. Mientras algunos santos han sido claramente embalsamados por sus seguidores devotos, otros han sido protegidos de la descomposición por factores climáticos, despertando nuevas preguntas acerca de la incorruptibilidad.

"¿Qué es un milagro?", preguntó Ezio Fulcheri, patólogo de la Universidad de Génova y uno de los líderes en la investigación de los incorruptos. "Es algo inexplicable, un evento especial que ocurre de diferentes maneras". Las causas pueden parecer muy misteriosas, "pero no excluyen procesos naturales que son diferentes del curso normal de las cosas".

La experiencia de Fulcheri con los incorruptos comenzó en 1986 con una extraña e irresistible petición de Monseñor Gianfranco Nolli, inspector del Museo Egipcio del Vaticano y especialista de la Congregación para las Causas de los Santos: un grupo de cardenales, arzobispos y obispos asistidos por un pequeño grupo de investigadores eclesiásticos y científicos especialistas, que trabajan para examinar las vidas, escritos y milagros de las personas extraordinariamente santas, dándole toda la información al Papa para que tome la última decisión, canonizar o no.

Nolli, el experto en embalsamación egipcia, obtuvo un nuevo proyecto: preservar el cuerpo del cardenal ucraniano Josep Slipyj, candidato a ser canonizado, que murió dos años antes. La iglesia no quería que los ucranianos olvidaran su oposición al comunismo y Slipyj los ayudaría a recordarlo.

Fulcheri se unió con Nolli y con un grupo de prominentes científicos italianos en la subterránea y fría cripta de Santa Sofía, en Roma, donde Slipyj fue enterado. Cuidadosamente levantaron el cuerpo de su ataud; el cadaver seguía intacto. En primer lugar, el grupo removió el cerebro y limpió las cavidades internas del cardenal, luego pararon la descomposición enzimática y pusieron el cuerpo en un baño químico. Durante los cuatro meses siguientes, sumergieron el cadáver en diferentes sustancias químicas, y al final del año, Fulcheri recolectó muestras de tejidos verificándolas con el microscopio y comparándolas con las que fueron extraídas antes de embalsamarlo. El proceso de descomposición celular se hizo más lento. Después de este proceso el cardenal fue enviado a Ucrania para ser enterrado en la cripta de la catedral mientras esperaba su canonización.

En el siglo XX la Iglesia católica no a vacilado en recurrir a la ayuda de la ciencia para preservar a un futuro santo. Esto llevó a Fulcheri a preguntarse si se habían hecho peticiones similares en épocas anteriores. La popular tradición europea y norteamericana de embalsamar se desarrolló más tarde. No fue sino hasta el siglo XVII que los anatomistas y químicos empezaron a experimentar inyectando substancias como alcohol, vino, turpentine, en las arterias de cadáveres animales y humanos. En la larga época anterior a la preservación química, ¿brindó la ciencia su ayuda a la Iglesia?

Fulcheri comenzó a especializarse en el tema cuando Nolli lo llamó para que lo ayudara una vez más, en esta ocasión se trataba de examinar a una santa de Toscana del siglo XIII, Margaret de Cortona. Según los hagiografos, Margaret, la hija de un simple granjero, llamó la atención de un joven noble. Viviendo abiertamente su relación y haciendo alarde de los galanteos de él, le dio un hijo, escandalizando al pueblo. Después de nueve años, su amante apareció muerto en una tumba. Ella interpretó ésto como una señal de Dios y pidió perdón públicamente, luego dedicó su vida a trabajar para ayudar a los más pobres, cuidando a mujeres enfermas. Fundó un hospital, ingresó en la Tercera Orden de San Francisco y terminó su vida dedicada a la contemplación.

Después de su muerte en 1297, Margaret seguía resistiendo la descomposicion. Su cuerpo reposaba en una magnifica tumba gótica en la Catedral de Cortona. Allí, Fulcheri se unió con otros investigadores, tomando la dirección del proyecto, jurando respetar los restos de los santos, no tomar nada y decir la verdad acerca de sus descubrimientos. Él y sus colegas trasladaron el cuerpo a una parte privada de la catedral. Conforme le fueron quitando la ropa empezaron los murmullos, tenía cortadas por todas partes; santa Margaret habia sido momificada artificialmente.

Investigando en documentos eclesiásticos e históricos, Fulcheri hizo un gran descubrimiento: las personas de Cortona, pidieron a la Iglesia autorización para embalsamar el cuerpo. De acuerdo a los registros, esta petición no fue secreta, pero a través de los siglos este hecho se olvidó. Las personas asumían, dado el estado del cuerpo, que se preservó por obra de Dios. Los investigadores detectaron la fragancia de unguentos y de especias por todo su cuerpo. Los que preservaron a santa Margaret hicieron un gran trabajo poniéndole en la piel fragantes lociones, que les recordó a las técnicas usadas en el antiguo Egipto.

El patólogo pensaba que las semejanzas eran mera coincidencia o que en cierto punto del pasado, la Iglesia catolica tomó prestadas las tradiciones de los egipcios. Después de todo, en la Biblia se ha establecido un importante precedente. En el Antiguo Testamento, José el patriarca de la Iglesia que fue vendido como esclavo en Egipto para después convertirse en el gobernador de Egipto, encomendó a sus sirvientes embalsamar el cuerpo de su padre. Esta práctica persistió en Palestina por más de un milenio. El Nuevo Testamento nos muestra que se seguía esta práctica cuando Jesucristo murió. Si Cristo, Cabeza de la Iglesia fue aceitado y embalsamado -dijo Fulcheri- personas importantes y santas debieron de ser aceitadas y embalsamadas tambien. Imbuídos por la fe, los primeros cristianos empezaron a hacer esto con los cuerpos, utilizando preservativos naturales y envolviéndolos en lino, actos simples que ayudaron a la momificacion de muchos santos.

Cuando los primeros misioneros viajaron a Roma se llevaron las costumbres con ellos y pronto esas tradiciones se establecieron en Europa. De acuerdo a documentos históricos, en el siglo IV, cristianos en Umbría enterraron el cuerpo de san Emiliano con resinas aromáticas, perfumes preciosos y lino blanco, y así sigueron por más de un milenio. En 1697, en Italia, un cirujano dejó una lista de 27 hierbas y drogas que el había empleado para preservar los cuerpos como el de san Gregorio. Estas ideas se transmitieron por todo Europa.

Los embalsamadores de Margaret de Cortona fueron más allá de lo tradicional, haciendo cortes en el cuerpo sagrado. Los archivos de la Iglesia no nos ofrecen explicación de estas acciones drásticas, por eso Fulcheri empezó a buscar otras claves, investigando a otros santos embalsamados de esa forma en Italia.

Sus investigaciones mostraron otros 5 cuerpos embalsamados de la misma manera: santa Clara de Montefalco, Margaret de Metola, santa Catarina de Siena, santa Bernardina de Siena y santa Rita de Cascia. Todas de Umbría y Toscana, vivieron entre 1297 y 1447, y sus seguidores determinaron preservar sus cuerpos. Algunas personas les quitaban los órganos para mandarlos a las iglesias y otros para buscar signos en los órganos, por ejemplo a santa Clara de Montefalco, después de que murió, las monjas que la conocieron le quitaron el corazón para ver si tenía signos de gracia divina y en él, encontraron signos de enfermedad con los que concluían que era igual a los de Cristo cuando estaba en la cruz.

No todo los santos incorruptos fueron intervenidos por cirujanos. Algunos, como santa Zita, revelan que no tenían la intervencion humana. Un nativo de Toscana, que creció oyendo historias de santa Zita, experto en embalsamar, examinó a ocho cuerpos de santos y beatos italianos. Santa Zita al ser examinada tenía todos sus organos completos y estaba perfectamente conservada sin ayuda de sus devotos al igual que san Ubaldo de Gubbio, Margaret de Savoy y otros más. Durante el siglo primero a.C., el emperador Nerón que perseguía a los cristianos, fue acusado por prender fuego a Roma; para parar las habladurías decidió encarcelarlos y crucificarlos y los familiares reclamaban los cuerpos para ponerlos en las catacumbas. Esta persecución siguió hasta que llegó Constantino y dejo a los cristianos trabajar libremente y así desenterraron a los santos para enterrarlos dignamente bajo los altares. Constantino ordenó que construyeran la Catedral de San Pedro pàra guardar el cuerpo de San Pedro, una de las víctimas de Nerón y desde entonces todas las reliquias fueron guardadas en las catedrales europeas. La construcción de las iglesias cambió, de manera que todos los cristianos pudieran ser enterrados cerca del altar. En aquellos tiempos los santos eran exhumados durante su beatificación y canonización.

En la actualidad la Iglesia no deshecha la idea de incorruptibilidad, pero ya no es uno de los milagros relevantes como causa de beatificación y que son reconocidos por el Papa. No obstante, es difícil suprimir el asombro en la presencia del cuerpo preservadode un santo. Es una afirmación asombrosa, el testimonio a una persona significativa en un universo a menudo endurecido por la indiferencia. Parece sostener nuestra esperanza de que la muerte no es el final de nuestra vida, es el principio de la eternidad y la felicidad.
Traducción: Lucía Coronado Ll.

EL DON DEL CONSEJO

El Don del Consejo
Reflexiones Pascua y Pentecostés
Los dones del Espíritu Santo y la oración. El Espíritu Santo nos habla al corazón, y nos ayuda a entender.


Por: P. Donal Clancy, L.C. | Fuente: la-oracion.com




María y el don de consejo
Se celebraba una boda en Caná de Galilea y estaba allí la madre de Jesús. Fue invitado también a la boda Jesús con sus discípulos. Y, como faltara vino, porque se había acabado el vino de la boda,su madre le dice a Jesús: «No tienen vino». Jesús le responde: «¿Qué tengo yo contigo, mujer? Todavía no ha llegado mi hora». Dice su madre a los sirvientes: «Hagan lo que él os diga.(Jn 2, 1-5).
Parecería un diálogo falto de lógica. Pero María ha comprendido lo que la lógica humana no ve y ha acertado en su indicación a los criados. Intuimos la presencia en su mente de otra luz, propia del don de consejo. Con este don la persona, bajo la inspiración del Espíritu Santo, juzga rectamente lo que conviene hacer, incluso en los casos más difíciles. "No faltan nunca problemas que a veces parecen insolubles. Pero el Espíritu Santo socorre en las dificultades e ilumina... Puede decirse que posee una inventiva infinita, propia de la mente divina, que provee
a desatar los nudos de los sucesos humanos, incluso los más complejos e impenetrables" (Juan Pablo II, 24 de abril de 1991).
El don del consejo y la virtud de la prudencia
El don del consejo perfecciona a la virtud de la prudencia. Por la prudencia discurrimos e investigamos cuidadosamente los medios más a propósito para alcanzar el fin inmediato a la luz del fin último. Con el don de consejo el Espíritu Santo nos habla al corazón, y nos da a entender de modo directo lo que debemos hacer. Así cuando llegó a la primitiva comunidad cristiana de Jerusalén la noticia de la conversión de muchos griegos en Antioquía, enviaron allí a Bernabé, "hombre lleno de fe y del Espíritu Santo", para ver qué ocurre. Él por su parte toma la feliz decisión de ir a Tarso para buscar la ayuda de Saulo, y así da inicio al ministerio apostólico de Pablo (Hech. 1, 22-26). Sin duda, fue una decisión iluminada por el Espíritu Santo. Y cuando finalmente la Iglesia afronta la cuestión de la observación o no de la ley mosaica, la conclusión reza: "nos ha parecido a nosotros y al Espíritu Santo".
Frutos y petición del consejo
¿Cómo ayuda el don del consejo a la oración? Nuestra oración está llamada a influir en la vida: «No todo el que me diga: "Señor, Señor", entrará en el Reino de los Cielos, sino el que haga la voluntad de mi Padre celestial... Todo el que oiga estas palabras mías y las ponga en práctica, será como el hombre prudente que edificó su casa sobre roca» ( Mt 7, 21. 24). Si el "hombre prudente" pone por obra la palabra escuchada en la oración, el don de consejo ayuda poderosamente a aclarar cuál es esta palabra concreta y su aplicación vital.
Para disponernos al don, necesitamos en primer lugar la humildad convertida en súplica: "Enséñame Señor a hacer tu voluntad porque tú eres mi Dios. Señor, muéstrame tus caminos, enséñame tus senderos" (Ps 143, 10; 25, 4). A veces Dios ilumina de pronto, sin previa reflexión; otras veces es una iluminación superior que guía nuestro razonar, pues el don perfecciona la virtud, no la elimina.
Luego, cultivemos el silencio del alma para dar espacio a la escucha del Espíritu. Callar sobre todo las preocupaciones, pasiones, apegos,
todo lo que es ruído de la criatura. Y del yo. Cuándo escuchamos mucho ruído interior, podemos sospechar que allí no habla el Espíritu Santo.
Importa también la prontitud para poner por obra lo que le agrada al Divino Huésped. La persona ordinariamente dócil a sus inspiraciones,
se hace cada vez más connatural con Él: "En el momento en el que lo acogemos y lo albergamos en nuestro corazón, el Espíritu Santo comienza a hacernos sensibles a su voz y a orientar nuestros pensamientos, nuestros sentimientos y nuestras intenciones según el corazón de Dios... De este modo madura en nosotros una sintonía profunda, casi connatural en el Espíritu" (Papa Francisco, 7 de mayo de 2014).
Pidamos a María, Madre del Buen Consejo, que nos alcance la gracia de este don.

EL CELIBATO SACERDOTAL, ¿UNA FORMA DE REPRESIÓN?

El celibato sacerdotal, ¿una forma de represión?
Tenemos que decir que todos, aun los casados, estamos llamados a la castidad, al buen uso del sexo 


Por: P. Juan Morre, Diócesis de Morón, Argentina | Fuente: Diócesis de Morón, Argentina



El celibato es un medio valiosísimo para vivir con alegría la disponibilidad total a las necesidades de la Iglesia y de los hombres, ya que el célibe se consagra por entero al servicio de Dios y de los demás y a la administración de los sacramentos. En otras palabras el sacerdote, siendo célibe, se puede entregar por completo a todos los hombres ¿Sería esto posible si tuviese que atender a una familia y mantener unos hijos? ¿Podría amar con corazón indiviso a todos los hombres?

En esto aparecen varios elementos.

En primer lugar hay que considerar la libertad de la persona. Ni Dios ni la Iglesia obligan a nadie a asumir el sacramento del orden. Es un don de Dios concedido a la Iglesia. Dios da pastores a su pueblo. Por lo tanto aquél que se sabe llamado por el Señor, da una respuesta libre después de un largo proceso de formación.

Esa respuesta libre, asume todo lo que significa ser sacerdote: también el celibato que, como dice Paulo VI, es una riqueza para la Iglesia. Se supone que el sí que cada uno da, es meditado a la luz de la Palabra de Dios con todas sus exigencias y renuncias, como así también considerando la propia vida y las posibilidades de responder que cada uno tiene.

En segundo lugar el celibato es un don, un regalo de Dios que no es para todos, y que en el hoy de nuestra historia es exigido para la recepción y el ejercicio del sacerdocio. Por lo tanto en la Iglesia latina la presencia de este don puede considerarse junto con otras cualidades como signo de verdadera vocación. Quien no lo tiene, insisto, en el hoy de la Historia de salvación, puede considerar que tampoco posee el llamado.

Un tercer elemento a considerar es la importancia de la formación para el amor que aquél que tiene el don del celibato por el Reino de los cielos, debe recibir. Muchas veces esta formación se reduce al aspecto genital o de relación con el otro sexo, sin considerar los aspectos positivos de la renuncia. Quien está llamado al celibato no renuncia al amor, por el contrario, es convocado a un amor superior, sobrenatural. Por ello nadie puede sentirse solo si descubre este amor.

En cuarto lugar debemos considerar en serio quién es el que llama. Aquél que nos invita a su seguimiento de un modo mas exigente "deja todo y sígueme", Él fue el primero en hacerlo y no sin esfuerzo. No juzgo, ni es mi tarea hacerlo, a quienes no pudieron mantener su promesa. Creo que es mejor que pidan la pérdida del estado clerical y la dispensa del celibato, antes que llevar una doble vida.

Pero me parece que antes de eso, deben buscar los medios para permanecer fieles. Buscar la ayuda de sus superiores, que a veces no es suficiente; la amistad sacerdotal, la oración sincera. Ante la crisis el sacerdote debería preguntarse por qué se siente solo, qué es lo que lo impulsa a buscar una compañía que pone en peligro su decisión vocacional.
Sin duda, mantenerse célibe, es decir que sí cada día al Señor. Y sin duda el sí es la vida toda: el trabajo pastoral, la oración, la liturgia, la predicación, en fin, la dedicación al ministerio.

Cuando alguien falla en alguna de estas cosas o no es feliz, entonces busca sucedáneos y lo mas fácil será encontrarlo en aquello en lo que el hombre es más débil.

Debemos volver a pregonar la pureza entre nuestros jóvenes. Debemos gritar que la virginidad y el celibato son un bien precioso que todos debemos custodiar. Tenemos que decir que todos, aun los casados, estamos llamados a la castidad, al buen uso del sexo.

Debemos acentuar el amor como el primer valor de la relación humana y repetir que el ejercicio de la sexualidad es signo de ese amor entregado en el matrimonio; que la renuncia a ese ejercicio es el signo del amor en el célibe o la virgen y que la pureza, la continencia de quienes están en búsqueda, manifiesta la verdadera fuerza del amor.

No creo que esto sea contradictorio si algún día la Iglesia permitiera el ministerio sacerdotal a hombres casados. Hoy no es así. Quienes hemos sido llamados a ser célibes no debemos preocuparnos por eso. En todo caso la preocupación debería pasar por la necesidad de atender adecuadamente al pueblo de Dios.

Esa remota posibilidad (de aceptar hombres casados) no traería soluciones al célibe sino problemas a la atención de la Iglesia. Por ello, que el célibe ame su celibato como un don de Dios y que lo cuide.

Si alguno no puede hacerlo, que no tema, la Iglesia que es Madre, tiene la solución por medio de la pérdida del estado clerical y la dispensa del celibato (c. 290 y 291). Si alguno no puede mantenerse fiel a su promesa, que tampoco se ponga en contra.

Termino con una consideración de san Anselmo: "Si alguno no comprende el misterio, que no lo rechace ni se oponga a él, sino que baje humildemente la cabeza y lo adore".
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