martes, 23 de junio de 2015

ENTRAD POR LA PUERTA ESTRECHA


Entrad por la puerta estrecha
Tiempo Ordinario


Mateo 7, 6.12-14. Tiempo Ordinario. Jesús nos invita a entrar por la puesta estrecha. Nos podemos preguntar: Señor, en mi vida diaria, ¿cuál es la puerta estrecha? 


Por: H. Rafael Torres | Fuente: Catholic.net



Del santo Evangelio según san Mateo 7, 6.12-14
No deis a los perros lo que es santo, ni echéis vuestras perlas delante de los puercos, no sea que las pisoteen con sus patas, y después, volviéndose, os despedacen. Por tanto, todo cuanto queráis que os hagan los hombres, hacédselo también vosotros a ellos; porque ésta es la Ley y los Profetas. Entrad por la puerta estrecha; porque es ancho y espacioso el camino que lleva a la perdición, y son muchos los que entran por ella; mas ¡qué estrecha la puerta y qué angosto el camino que lleva a la Vida! ¡Qué pocos son los que lo encuentran!

Oración introductoria
Señor, dame las fuerzas para estar convencido de mi misión como verdadero cristiano. Creo en ti, pero aumenta mi fe, hazla firme. Haz grande mi fe para poder amar a mis hermanos desinteresadamente. Tú eres mi fuerza, y contigo todo lo puedo. Ayúdame, pues sin ti no puedo nada.

Petición
Dios mío, concédeme ser un apóstol entregado, que salga de mi mundo y piense en los demás. Alcánzame la gracia de poder negarme a mí mismo; así estaré atento a las necesidades de mis hermanos, antes que a las mías.

Meditación del Papa Francisco
¿Qué quiere decir Jesús? ¿Cuál es la puerta por la que debemos entrar? Y, ¿por qué Jesús habla de una puerta estrecha?
La imagen de la puerta se repite varias veces en el Evangelio y se refiere a la de la casa, del hogar doméstico, donde encontramos seguridad, amor, calor. Jesús nos dice que existe una puerta que nos hace entrar en la familia de Dios, en el calor de la casa de Dios, de la comunión con Él. Esta puerta es Jesús mismo. Él es la puerta. Él es el paso hacia la salvación. Él conduce al Padre. Y la puerta, que es Jesús, nunca está cerrada, esta puerta nunca está cerrada, está abierta siempre y a todos, sin distinción, sin exclusiones, sin privilegios. Porque, sabéis, Jesús no excluye a nadie […]
Jesús en el Evangelio nos dice que ser cristianos no es tener una “etiqueta”. Yo les pregunto: ustedes, ¿son cristianos de etiqueta o de verdad? Y cada uno responda dentro de sí. Nunca cristianos de etiqueta. Cristianos de verdad, de corazón. Ser cristianos es vivir y testimoniar la fe en la oración, en las obras de caridad, en la promoción de la justicia, en hacer el bien. Por la puerta estrecha que es Cristo debe pasar toda nuestra vida. (S.S. Francisco, Ángelus del 25 de agosto de 2013).

Reflexión 
En este evangelio Jesús nos invita a entrar por la puesta estrecha. Nos podemos preguntar: "Señor, en mi vida diaria, ¿cuál es la puerta estrecha?" Y nos puede resultar algo confuso esta idea, y quizá no la entendamos. Pero lo que Cristo realmente nos está pidiendo es que seamos que vivamos las enseñanzas que nos ha dejado mediante el camino de la abnegación. ¿Y para qué todas estas negaciones? Para poder lograr entrar por la puerta estrecha que conduce a la vida eterna. Nosotros, los cristianos, tenemos una misión muy clara y precisa, predicar el Evangelio a todo el mundo, y no podemos estar satisfechos hasta no ver terminada nuestra tarea. Nuestras perlas preciosas están en nuestro corazón cada vez que le recibimos en el sacramento de la Eucaristía. De ahí nace la necesidad de pedirle a Dios nuestro Señor que nunca nos deje solos y que nos conceda la gracia de llegar a su presencia para gozar el fruto de nuestra abnegación.

Propósito
Voy a rezar un misterio del rosario para que siga caminando con esperanza por la senda estrecha que conduce a la Vida.

Diálogo con Cristo
Señor, ayúdame a dar más ejemplo de mi vocación como un cristiano auténtico. Señor y Dios mío, soy todo tuyo. Tú eres mi pastor. Señor, dame valor para seguir el camino del sacrificio, que es el que conduce al cielo. Quiero ser feliz en tu presencia. Concédeme ser un trasmisor incansable de la Verdad.

Aprende ahora a despreciar todo, para que entonces puedas dirigirte libremente a Cristo Kempis, Imit. Chr. 1, 33, 6
Preguntas o comentarios al autor   H. Rafael Torres

LA CULTURA DE LA EMOCIÓN


La cultura de la emoción
Cuando lo sensitivo de la subjetividad importa más que la falta objetiva


Por: Cardenal Paul Poupard | Fuente: Consejo Pontificio de la Cultura



La emoción

Esta voz, viene empleada de modo preferencial por el sector juvenil de la sociedad. La emoción es el nuevo nombre de la “evidencia”. Cuanto más intensa es la emoción, tanto más fuerte es la certeza de la “verdad” experimentada. La emoción dentro del campo epistemológico, toca dos vías de conocimiento, el empírico o experiencial y el subjetivo o racional. La emoción abre de alguna manera detrás de sí un efecto objetivo, una sensación irrefutable, cuya verificación en cambio, es campo casi exclusivo de la subjetividad; cuyos datos vienen de este modo asignados a eventuales producciones internas. La aplicación o identificación de las causas de tal efecto, de sus consecuencias y de sus límites permanecen en la elaboración circunstancial e interna del sujeto.

Culturalmente las manifestaciones afectivas entre familiares, amistades o parejas de prometidos, para no hablar de algunos lamentables espectáculos urbanos, han tenido un notable crecimiento en la exterioridad pública. Dejando de lado la dimensión moral de estas expresiones, las caricias como formas publicas de socialización, expresan otro indicio de esta nueva forma cultural occidental de generar de modo sensorial emociones que muestren con cierta velocidad y sin dilación, el estado interno de la persona.

La palabra emoción se ve en muchos campos polarizada a dos estados casi antagónicos: la depresión, como ausencia de una carga estimulante para vivir, y el placer, realidad de intensa gratificación sensorial, que abruma la inteligencia con el peso intenso de un presente armónico, con un deseo insaciable de felicidad que comienza a ser satisfecho.

De este modo, la emoción no sólo viene conectada con la epistemología moderna, sino con la ética, “conocer el modo menos doloroso y más veloz de gozar un instante, se vuelve una máxima sapiencial de nuestra era”. Lo fugaz, lo contingente, la veleidad, deviene principio absoluto de veracidad y bondad. Lo transitorio sustenta ahora la estructura de la razón y de la voluntad, y el ser, la entidad, no aparece sino exclusivamente en los rasgos del sentir. Los bienes inmediatos y verdades pasajeras conforman ahora el paisaje de lo contemporáneo, un paisaje tanto polifacético como absurdo.

La eternidad como trascendencia de toda veleidad, no requiere ni siquiera ser negada, ya que no entra en el campo conceptual del lenguaje contemporáneo, no es sino a lo sumo un arcaísmo figurativo para hablar de indeterminación, o en términos emotivos, una sinónimo de aburrimiento perfecto.

La inmortalidad existe precisamente en la convicción individual de un indeterminado presente de permanecer igual, mientras no llega la experiencia violenta de un ser querido, que modifica la certeza de no verle más, precisamente porque esa persona murió, mientras que el yo jamás morirá, “estoy condenado a ser inmortalmente solo”.

Una vez que el concepto de eternidad ha sido extirpado del horizonte lingüístico y consciente de la mentalidad dominante, es posible caminar con paso libre a la nulificación de la historia. Lo fugaz, lo efímero, no dejan lugar a la continuidad, la fragmentación cronológica de la vida humana, carente de cualquier sentido objetivo viene superada por la absurdidad del instante, permaneciendo como único medicamento, el paliativo de la “sugestión” o la alienación fantasiosa de lo sublime, cuyas “emociones místicas” viene a reivindicar el desprecio que sufriera durante las tres décadas pasadas.

La forma regular de vida burguesa o anquilosada, ha llevado a nuestras sociedades a inventar juegos y diversiones que rayan en lo temerario o grotesco. Tirarse de una altura de más de 20 metros con caída libre para ser luego levantado como un muñeco de trapo por una liga, simulando o provocando la sensación de la muerte, no puede ser visto como indiferente o ajeno a esta forma cultural de tedio de la vida.

La depresión como enfermedad o como estado anímico, viene pesada con este criterio de la emoción. La incapacidad de ofrecer una estructura perseverante ante este mal endémico de nuestra época, cuyas expresiones se confunden con los rasgos de una sociedad adicta, que busca en la “terapéutica” una plataforma gratificante del sentido de la vida.

Al colocar la emoción como criterio de veracidad, las caricias reemplazan a la fidelidad y la honestidad reciba el relevo de la oportunismo. Se puede decir, que el hombre y la mujer contemporáneos se perciben a sí mismos como realizados, cuando la intensidad de las emociones gratificantes rebasa en su duración, el impacto de las sensaciones de insatisfacción, frustración o fracaso. No es el fracaso en su objetividad lo que más agobia, cuanto la sensación de dolor de la que se pretendía escapar la que destruye. Lo sensitivo de la subjetividad importa más que la falta objetiva.

De este modo el hombre moderno, sediento de vida, nada en una pecera donde la únicas opciones de sobrevivencia son la alineación idealista de tipo religioso, o el cinismo hedonista, que tarde o temprano arrastra al suicidio fisiológico o existencial.

No es extraño entonces que el criterio dominante en la elección de la religión, sea precisamente la emoción, fuente de verdad, bien y trascendencia, entendiendo como trascendencia la mera exteriorización de la interioridad, y no como paso o apertura a una realidad radicalmente diversa o externa.

Los efectos de esta fragmentación polivalente, de rasgar la vida con placer o depresión, son la absurdidad de la existencia y la tristeza profunda de la vida; el cansancio y desilusión de un placer que tarda más en ser conseguido que en ser disfrutado es injusto e inhumano. De alguna manera el ciclo letal de Shopenhauer encuentra una nueva manifestación epocal.

Pero, ¿Qué desea profundamente el hombre cuando busca la emoción? ¿Busca en la emoción solamente la fugacidad o persigue más bien la intensidad que le gratifica? Y si busca la fugacidad, ¿es en función de la fugacidad misma, o del placer que genera la intermitencia? ¿Qué busca el hombre al querer tocar los umbrales de la muerte en medio de fuertes cargas de adrenalina?


EMMO. Y RVMO. SR. CARDENAL Paul Poupard

La misión de los Centros Culturales Católicos

ADIVINAR EL FUTURO

Adivinar el futuro
El problema es cuál es el lugar de Dios en el desarrollo de los acontecimientos que implican la voluntad humana


Por: Fr. Nelson Medina, OP | Fuente: fraynelson.com



Nos pusimos a hablar con una amiga sobre la lectura de la mano y la adivinación del futuro. Entonces yo le decía que eso no estaba bien porque la Biblia lo dice, que nadie sabe el futuro sino sólo Dios. Y ella me corchó porque me preguntó que entonces qué pasaba con los profetas... yo le dije que se llamaban Isaías, Jeremías, Ezequiel y Daniel y que en ese tiempo eran muy pintas... pero nada más... la verdad no supe qué responder, porque si nadie sabe el futuro cómo es que la misma Biblia tiene profetas. Entonces mis preguntas son:

1. Por qué es malo ir a sesiones de lectura de mano, adivinación, etc.
2. Por qué, si es malo, la misma Biblia nos cuenta de los profetas.
3. Las profecías que la Virgen le ha contado a algunos de sus videntes, ¿qué son?

¡Mil gracias!
Tus tres preguntas están todas relacionadas con el conocimiento del futuro. Dijiste a tu amiga que la Biblia decía que el futuro sólo lo conoce Dios. Creo que esa frase requiere cierta clarificación. Lo malo de los que leen la mano no es que conozcan o que pretendan conocer el futuro. El problema es cuál es el lugar de Dios en el desarrollo de los acontecimientos que implican la voluntad humana. Voy a tratar de explicarme.
Cuando una persona lee la mano afirma que sucederán ciertas cosas, es decir, dice que hay un "destino" marcado, y esta idea es incompatible con la libertad de Dios. Ese destino inmutable a la gente le interesa porque así quiere salir de dudas en cosas como si va a casarse, si vivirá mucho tiempo, si la pareja lo está engañando, y similares. Si uno cree que hay un destino y que ese destino está así escrito, no queda lugar alguno para el plan que el amor de Dios tenga para uno. Tampoco queda lugar para la propia libertad. Si ya sé que mi destino es que mi pareja me va abandonar, ¿para qué luchar?
La idea de un destino "escrito", o sea, implacable e impersonal, es muy fuerte en el mundo pagano. "Edipo Rey", por ejemplo, es un homenaje impresionante a esa idea. Edipo termina matando al papá y casándose con la mamá, y todos los intentos de evitar ese destino fracasan, de modo que la desgracia se consuma sobre la vida del pobre hombre. ¿Qué tiene eso que ver con la Biblia? Si uno cree en esa idea de destino uno no cree en Dios. El que me lee la mano me está diciendo: "NO hay Dios que cambie tu vida". Por supuesto, eso es del todo opuesto a la revelación que encontramos en la Biblia.
Y hay más riesgos. En el mundo de los adivinadores siempre hay una carta en la manga. Se supone que tu destino está "marcado", pero la misma persona que te dice: "Yo veo que su pareja le está siendo infiel" de seguro tiene algo qué ofrecerte: un bebedizo, un sortilegio, un encantamiento. Adivinación y brujería van de la mano. Y cuando hablamos de brujería hablamos de abrirle las puertas al enemigo del alma. Quizá nada es tan eficaz para darle poder al diablo que decirle que queremos lograr un objetivo "como sea". La brujería la idolatría de la propia voluntad; es el imperio de lo que YO quiero, o sea, exactamente lo opuesto de nuestra fe, que siempre consiste en acoger con amor lo que DIOS quiere. Entrar a las cartas y lecturas de mano es entrar en ese juego sucio, que no puede dejar limpia el alma.
¿Y los profetas, qué? ¡Los profetas nunca hablan de un destino marcado! Los profetas (se entiende, los verdaderos) más bien nos ayudan a comprender el querer de Dios. Los profetas son gente de oración, o sea, gente que ha buscado con ardor y amor el querer del Señor, antes que su propio querer o incluso su propia vida. Un profeta, o un genuino vidente, son exactamente lo opuesto de un adivinador o un brujo.
Además, las profecías de los verdaderos profetas o videntes son SIEMPRE llamados a la conversión. Por supuesto, esta palabra no interesa a los brujos. Los profetas quieren que nuestras vidas sean como Dios las ha pensado y amado, y por eso el lema no es "Esto se tiene que cumplir", como si la Historia humana fuera una película de la que ellos ya vieron los "cortos". El lema de los profetas es lo que dijo uno de ellos, Ezequiel, de parte de Dios: "No quiero la muerte del pecador, sino que se convierta y viva" (Ezequiel 33, 11).

SOY IMAGEN DE DIOS: ¿QUÉ COSA SIGNIFICA E IMPLICA SER IMAGEN DE DIOS?



Soy a imagen de Dios: ¿qué cosa significa e implica?
Fragmentos de verdad católica

La dignidad de la persona humana se radica en la creación a imagen y semejanza de Dios. Dotada de alma espiritual e inmortal, de inteligencia y de libre voluntad la persona humana está ordenada a Dios y llamada, con su alma y su cuerpo, a la felicidad eterna (Compendio del Catecismo, n. 358). 


Por: Mons. Rafaello Martinelli | Fuente: Catholic.net




¿Dónde se fundamenta la afirmación: "soy creado a imagen y semejanza de Dios (Imago Dei)"?
Se fundamenta en la Biblia. De hecho en las primeras páginas leemos: “Dios creó al hombre a su imagen; a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó” (Gn 1, 27).

¿Cuándo el hombre comienza a ser Imagen de Dios?
Inicia desde el primer momento de su concepción. Tal dignidad está por tanto presente en cada fase de la vida humana. La Iglesia anuncia esta verdad non sólo con la autoridad del Evangelio, sino también con la fuerza que deriva de la razón, y por esto siente el deber de llamar la atención a todo hombre de buena voluntad, en la certeza que la acogida de esta verdad non puede menos que ayudar a cada individuo en la sociedad. 

¿De dónde le viene al hombre el ser Imagen de Dios? 
- Viene de Dios. Es Dios mismo quien hace este don especial al hombre. El hombre lo recibe gratuitamente. No es por tanto una conquista humana o una obra del hombre. 
- Al hombre le corresponde: 
· reconocer tal don; 
· agradecer al Donante, Dios; 
· manifestar y hacer crecer en su vida los frutos de tal don; 
· testimoniar con valentía, en el propio actuar cotidiano, el ser a imagen de Dios. 

 ¿Qué cosa significa: Dios nos ha creado a su imagen? 
- Decir que Dios nos ha creado a su imagen significa que: 
· El ha querido que cada uno de nosotros manifieste un aspecto de su esplendor infinito; 
· El tiene un proyecto sobre cada uno de nosotros; 
· cada uno de nosotros está destinado a entrar, por un itinerario que es propio, en la eternidad feliz. La criatura es imagen de Dios por el hecho de que participa de la inmortalidad –no por su naturaleza, sino como don del Creador. 
La orientación a la vida eterna es lo que hace al hombre el correlativo creado por Dios. 
- La dignidad del hombre no es algo que se impone a nuestros ojos, no es mensurable ni se puede cualificar, escapa a los parámetros de la razón científica o técnica; sin embargo nuestra civilización, nuestro humanismo, no han progresado sino en la medida en que esta dignidad ha sido universal y plenamente reconocida siempre más personas” (Card. Joseph Ratzinger, Discurso al Consejo Pontificio para la Pastoral de la salud, 28 de noviembre 1996). 



¿En qué sentido el hombre es creado a "Imagen de Dios"? 
“El hombre es creado a imagen de Dios en el sentido de que es capaz de conocer y de amar, en la libertad, al propio Creador. Es la única criatura, sobre esta tierra, que Dios ha querido por sí misma y que ha llamado a participar, por el conocimiento y el amor, de su vida divina. El, en cuanto creado a imagen de Dios, tiene la dignidad de persona: no es cualquier cosa, sino alguien, capaz de conocerse, de donarse libremente y de entrar en comunión con Dios y con las otras personas” (Compendio del Catecismo, n. 66). 

¿Cuáles dimensiones de la persona implica el ser creado a Imagen de Dios? 
- Implica todo el hombre y cada hombre. 
- En particular: 
· su dignidad; 
· la unidad de su cuerpo y alma; 
· su ser hombre o mujer; 
· su relación con Dios, consigo mismo, con las otras personas, con el mundo. 
- Es, por tanto, el hombre en su totalidad que ha sido creado a imagen y semejanza de Dios. La Biblia presenta una visión del ser humano en la cual la dimensión espiritual es vista junto a la dimensión física, social e histórica del hombre.

 ¿En qué modo el ser a imagen de Dios implica la dignidad del hombre? 
- Implica su dignidad en cuanto que constituye su fundamento. El hombre encuentra el fundamento último de su propia dignidad propiamente en su ser creado a imagen de Dios. 
- La dignidad del hombre, de hecho: 
· no se identifica con los genes de su ADN; 
· no depende de su tener o de su capacidad de hacer, tanto menos de su pertenencia a una raza, cultura o nación; 
· no disminuye a causa de la eventual presencia de diversidad física o de defectos genéticos. 
- El fundamento de la auténtica y plena dignidad, ínsita en cada hombre, está en su ser creado a imagen y semejanza de Dios. “La dignidad de la persona humana se radica en la creación a imagen y semejanza de Dios. Dotada de alma espiritual e inmortal, de inteligencia y de libre voluntad la persona humana está ordenada a Dios y llamada, con su alma y su cuerpo, a la felicidad eterna” (Compendio del Catecismo, n. 358). 
- Tal dignidad así fundamentada, distingue al hombre esencialmente de todos los demás seres creados (por eso se habla de diferencia ontológica en el plano del ser y no sólo en el plano funcional del actuar- entre los seres humanos y el resto del mundo). La Biblia pone en evidencia esta diferencia ya desde las primeras páginas, cuando afirma que Dios, después de haber creado las cosas de este mundo, dice: “Y Dios vio que era cosa buena” (Gn 1, 26), pero, después de haber creado al hombre, exclama: “Dios vio cuanto había hecho, y he ahí que, era algo muy bueno” (Gn 1, 31). 

 ¿Cómo se relacionan en el hombre el ser imagen de Dios con su comunión con Dios?
- El ser creado a imagen de Dios es el fundamento de la orientación del hombre hacia Dios. De hecho sobre esta semejanza radical al Dios uno y trino es que se fundamenta la posibilidad de la comunión del hombre con la Santísima Trinidad.
Así lo ha querido Dios mismo. El Dios uno y trino ha querido de hecho compartir su comunión trinitaria con personas creadas a su imagen. Aún más, es por esta comunión trinitaria que el hombre ha sido creado a imagen de Dios. Es fin del hombre por tanto conocer, amar y servir a Dios en esta vida y gozar de El en la otra vida, y amar al prójimo como Dios lo ama. 
- “Creado a imagen de Dios, el hombre expresa la verdad de su relación con Dios creador también mediante la belleza de sus propias obras artísticas” (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2501). 


¿También el cuerpo participa de tal imagen de Dios? 
- Sí, el mismo cuerpo, como parte intrínseca de la persona, participa desde su creación de la imagen de Dios. 
- En la fe cristiana: 
· es el alma que es creada a imagen de Dios; 
· pero, porque el alma es la forma substantialis del cuerpo, la persona humana en su totalidad posee la imagen divina en una dimensión tanto espiritual como corpórea; 
· el hombre non tiene su cuerpo, sino que es también su cuerpo; 
· el hombre es considerado en su totalidad, en su unidad; es espíritu encarnado, es decir alma que se expresa en el cuerpo y cuerpo que es informado por un espíritu inmortal; 
· la corporeidad es por tanto esencial a la identidad personal; 
· la afirmación de la resurrección del cuerpo, al fin del mundo, hace entender cómo el hombre exista también en la eternidad, después de la muerte, como persona física y espiritual completa. 
- La fe cristiana afirma por tanto claramente la unidad del ser humano y comprende la corporeidad como esencial a la identidad personal sea en esta vida como en la otra. 


¿Por qué la imagen de Dios se manifiesta también en la diferencia de sexos?
- Porque el ser humano existe solamente como varón o como hembra, y esta diferencia sexual, lejos de ser un aspecto accidental o secundario de la personalidad, es un elemento constitutivo de la identidad personal. Por tanto también la dimensión sexual pertenece al ser imagen de Dios. Hombre y mujer son igualmente creados a imagen de Dios, aún cuando cada uno lo es en forma propia y peculiar. Por esto la fe cristiana habla de reciprocidad y complementariedad entre los sexos. 
- Creados a imagen de Dios, los seres humanos están llamados al amor y a la comunión. Porque esta vocación se realiza en modo peculiar en la relación unitivo-procreativa entre marido y mujer, la diferencia entre hombre y mujer es un elemento esencial en la constitución de los seres humanos hechos a imagen de Dios. “Dios creó al hombre a su imagen; a imagen de Dios lo creó; macho y hembra los creó.” (Gn 1, 27; cfr. Gn 5, 1-2). Según la Escritura, por tanto, la imago Dei se manifiesta, desde el inicio, también en la diferencia entre los sexos. 
- “La sexualidad ejercita una influencia sobre todos los aspectos de la persona humana, en la unidad de su cuerpo y de su alma. Esa concierne particularmente la afectividad, la capacidad de amar y de procrear, y, en modo más general, la actitud para establecer relaciones de comunión con los otros” (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2332). 
- Los roles atribuidos a uno y otro sexo pueden variar en el tiempo y en el espacio, pero la identidad sexual de la persona no es una construcción cultural o social. Pertenece al modo específico en que existe la Imago Dei. 
- Esta especificidad sexual es reforzada por la Encarnación del Verbo. El ha asumido la condición humana en su totalidad, asumiendo un sexo, pero llegando a ser hombre en ambos sentidos del término: como miembro de la comunidad humana y como ser de sexo masculino (CTI, n. 34). 
- Además la encarnación del Hijo de Dios y la resurrección de los cuerpos al final de los tiempos extienden también a la eternidad la identidad sexual originaria de la Imago Dei. 


¿Por qué el ser imagen de Dios implica también nuestra relación con las otras personas?
- Precisamente porque Dios es Trinidad, comunión de tres Personas en la única naturaleza divina, también la persona, creada a imagen de Dios, es también capaz de relación con las otras personas, es un ser que: 
· tiene una orientación fundamental hacia las otras personas; 
· está llamado a formar con ellos una comunidad. 
- “El ser humano es por tanto verdaderamente humano en la medida en que actualiza el elemento esencialmente social en su constitución, en cuanto persona dentro de grupos familiares, religiosos, civiles, profesionales y de otro género, que juntos forman la sociedad circundante a la cual pertenece” (CTI, n. 42).
- El matrimonio constituye una forma elevada de comunión entre las personas humanas y una de las mejores analogías de la vida trinitaria. Aún más “el primer ejemplo de esta comunión es la unión procreativa del hombre y de la mujer, que refleja la comunión creativa del amor trinitario” (CTI, n. 56). Cuando un hombre y una mujer unen su cuerpo y su espíritu en una actitud de total apertura y donación de sí, forman una nueva imagen de Dios. Su unión en una sola carne no responde simplemente a una necesidad biológica, sino a la intención del Creador que les conduce a compartir la felicidad de ser hechos a su imagen (cfr. Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2331). 
- La misma humanidad, en su dignidad originaria (de la cual es símbolo Adán), está hecha a imagen de la divina Trinidad. 
“Todos los hombres forman la unidad del género humano, por el común origen que tienen de Dios. Dios, además, ha creado “de uno solo todas las naciones de los hombres” (Hch 17, 26). Todos, además, tienen un único Salvador y están llamados a compartir la eterna felicidad de Dios” (Compendio del Catecismo, n. 68). 


¿Cómo el ser a imagen de Dios implica también nuestra relación con las cosas creadas?
- El ser creados a imagen de Dios es el fundamento: 
· de nuestra relación con las cosas creadas; 
· de nuestra superioridad sobre el mundo visible, en cuanto es el único que ha sido creado a imagen y semejanza de Dios; 
· de nuestra participación en el gobierno divino de la creación. 


¿De qué manera el hombre participa del señorío de Dios sobre el mundo? 
- Participar del señorío de Dios sobre el mundo significa que el hombre: 
· ejerce tal señorío sobre la creación visible sólo en virtud del privilegio que Dios le ha conferido; 
· reconoce en Dios el creador de todo, y rinde alabanza y da gracias por el don de la creación glorificando el nombre de Dios; 
· no es el señor principal sobre el mundo. Dios, el creador del mundo, es el Señor por excelencia sobre el mundo. El hombre es un señor subordinado (señorío ministerial y subordinado); 
· es designado por Dios para ser su colaborador, administrador. El hombre está llamado por Dios a ejercitar, en nombre de Dios mismo, una administración responsable sobre el mundo creado. Tal administración “debe medirse con la solicitud por la calidad de vida del prójimo, comprendida la de las generaciones futuras, y exige un religioso respeto de la integridad de la creación” (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2415); 
· en cuanto administrador, debe dar cuentas de su gestión, y Dios juzgará sus acciones. 
- Tal señorío se realiza en el respeto hacia la creación: el hombre, como imagen de Dios, no es un dominador del mundo. La administración humana del mundo creado es en cambio un servicio realizado mediante la participación del gobierno divino. “Los seres humanos realizan tal servicio adquiriendo un conocimiento científico del universo, ocupándose responsablemente del mundo natural (incluso los animales y el ambiente) y salvaguardando su integridad biológica” (CTI, n. 61). 
- El mismo trabajo humano “proviene inmediatamente de personas creadas a imagen de Dios y llamadas a prolongar, las unas con las otras y para las otras, la obra de la creación” (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2427), colaborando con Dios creador. 
¿Cuál es la relación entre el ser a imagen de Dios y la ley natural?
Creando al hombre a su imagen, Dios ha puesto en la intimidad de la conciencia humana una ley, que “la tradición llama ley natural. Tal ley es de origen divino, y la conciencia que el hombre tiene de ella, es esa misma participación de la ley divina” (CTI, n. 60). 
Y el Compendio del Catecismo afirma al respecto: “La ley natural, inscrita por el Creador en el corazón de cada hombre, consiste en una participación de la sabiduría y de la bondad de Dios y expresa el sentido moral originario, que permite al hombre discernir, por medio de la razón, el bien y el mal. Esa es universal e inmutable y pone la base de los deberes y de los derechos fundamentales de la persona, igualmente los de la comunidad humana y de la misma ley civil” (n. 416). 

¿Todos perciben la ley natural? 
“A causa del pecado, la ley natural no siempre y no por todos es percibida con igual claridad e inmediatez” (op. cit. n. 417).
Por esto Dios “ha escrito sobre las tablas de la Ley cuanto los hombres no lograban leer en sus corazones” (San Agustín). 

¿Cuáles consecuencias ha provocado y provoca el pecado en el ser del hombre a imagen de Dios? 
- El pecado no destruye, no anula la imagen de Dios en el hombre. El hombre es imagen de Dios en cuanto hombre. Y mientras es hombre, es un ser humano a imagen de Dios. La imagen divina está conectada con la esencia humana en cuanto tal, y no está en poder del hombre destruirla completamente. 
- El pecado, según su gravedad objetiva y la responsabilidad subjetiva del hombre, desfigura la imagen de Dios en el hombre, la hiere, la ofusca. Y porque el pecado es como una herida de la imagen de Dios en el hombre, hiere, ofusca al hombre: 
· en su dignidad, provocando una división en su interior entre cuerpo y espíritu, conocimiento y voluntad, razón y emociones; 
· en su relación con Dios, consigo mismo, con los demás, con la creación. 
- Herido por el pecado, el hombre está necesitado de salvación. Y Dios infinitamente bueno, le ofrece tal salvación nada menos que en Su Hijo Unigénito Jesucristo, el cual libera, resana la herida del hombre mediante su Muerte y Resurrección. 
- La mancha que el pecado imprimió en la Imago Dei, con sus inevitables consecuencias negativas en la vida personal e interpersonal, es borrada por la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo. 

 ¿Cuál modelo tiene el hombre en la realización de su ser a imagen de Dios?
- Ante todo el hombre se comprende plenamente a sí mismo, y sobretodo su ser a imagen de Dios, sólo a la luz de Cristo. “En realidad solamente en el misterio del Verbo encarnado encuentra la verdadera luz el misterio del hombre. Adán, de hecho, el primer hombre, era figura de Aquel futuro, es decir de Cristo Señor. Cristo, que es el nuevo Adán, mientras revela el misterio del Padre y de su amor, desvela también plenamente el hombre al hombre y le hace nota su altísima vocación” (Concilio Vaticano ii, Gaudium et Spes, n. 22). 
- El misterio del hombre se aclara por tanto sólo a la luz de Cristo, que es imagen perfecta “del Dios invisible, generado antes de toda criatura” (Col 1, 15) y que nos introduce, mediante el Espíritu Santo, en una participación al misterio de Dios uno y trino. “Qué cosa signifique ser creados a imago Dei nos es por tanto plenamente revelado sólo en la Imago Christi” (CTI, n. 53). 
- “Dios Padre nos llama a ser «conformes a la imagen de su Hijo» (Rm 8, 29), mediante la obra del Espíritu Santo, el cual obra en modo misterioso en todos los seres humanos de buena voluntad, en la sociedad y en el cosmos, para transfigurar y divinizar los seres humanos. Además el Espíritu Santo obra a través de los sacramentos, en particular mediante la Eucaristía” (CTI, n. 54). 
- Gracias al Espíritu Santo, “La gracia salvífica de la participación al misterio pascual de Cristo reconfigura la Imago Dei según el modelo de la Imago Christi (...). En tal sentido la existencia cotidiana del hombre es definida como un esfuerzo de siempre más plena conformación a la imagen de Cristo, buscando de dedicar la propia vida al combate por llegar a la victoria final de Cristo en el mundo” (CTI, n. 56). Por tanto nosotros llegamos a ser plenamente imagen de Dios por medio de la participación en la vida divina de Cristo. 


¿En qué modo Cristo es el modelo de cada hombre en el vivir a imagen de Dios?
Cristo es el modelo para el hombre en el vivir a imagen de Dios, en el sentido que: 
- la imagen originaria del hombre, que a su vez representa la imagen de Dios, es Cristo, y el hombre es creado a partir de la imagen de Cristo, a imagen suya. La criatura humana es al mismo tiempo proyecto preliminar en vista de Cristo, o bien: Cristo es la imagen perfecta y fundamental del Creador, y Dios forma al hombre precisamente en vista de El, de su Hijo; 
- las posibilidades que Cristo abre al hombre no significan la supresión de la realidad del hombre en cuanto criatura, sino su transformación y realización según la imagen perfecta del Hijo; 
- al mismo tiempo, existe una tensión entre ocultamiento y futura manifestación de la imagen de Dios: podemos aplicar aquí la palabra de la primera carta de Juan: “nosotros desde ya somos hijos de Dios, pero lo que seremos no ha sido todavía revelado” (1 Jn 3, 2). 
Todos los seres humanos desde ya somos imagen de Dios –a imagen de Cristo, aunque todavía no sea manifiesto lo que llegarán a ser sobretodo al fin de los tiempos, cuando el Señor Jesús vendrá sobre las nubes del cielo, para que Dios “sea todo en todos” (1 Cor 15, 28). La Imago Dei puede ser por tanto considerada, en un sentido real, todavía en devenir (su carácter dinámico); 
- Nuestra conformación a la imagen de Cristo se cumple por tanto perfectamente solamente en nuestra resurrección al final de los tiempos, en la cual Cristo nos ha precedido y ha ya asociado a sí a su Madre, María Santísima. 

El Primicerio
de la Basílica de San Ambrosio y San Carlos 
Monsignor Raffaello Martinelli

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