viernes, 26 de junio de 2015

HOY EL RETO DEL AMOR ES PONERSE GUANTES


Hoy el reto del amor es ponerse guantes
Jesucristo es ese guante que quiere abrazar todo tu ser, cubrirte con su amor


Por: Blog El reto del amor | Fuente: Blog el reto del amor/ religionenlibertad.com 



Época de lluvias
Las últimas tormentas han causado estragos en más de un sitio. Afortunadamente, en el Noviciado sólo un lugar ha quedado marcado por la fuerza del chaparrón: el rosal de la entrada.
En el jardín tenemos un rosal trepador. El pobre estaba bastante salvaje, y el año pasado empezamos a darle forma, queriendo que haga un arco en la puerta. Ya había logrado cubrir un lateral y todo el dintel, y estaba precioso pero, con las lluvias... las ramas se han caído, las cuerdas se han soltado... y ahora tenemos una magnífica cortina de rosas y espinas cubriendo la entrada.  Para cruzar la puerta hay que agacharse un poco, ¡o te enganchan!
Lo ideal habría sido arreglarlo cuanto antes, pero, entre unas cosas y otras, aún no he encontrado el momento. Sin embargo, así, en estos días, he podido orar mucho con el rosal cada vez que pasaba por debajo.
En él veía que el Señor me mostraba a tanta gente que, tras una tormenta en su vida, ha quedado así: sin forma, sin alegría, con todas las espinas amenazando con enganchar a quien se acerque demasiado.
Ahora quedan tres posibles soluciones: esquivarlo para que no te arañe, pero es incómodo; eliminarlo a tijera limpia, pero le destruyes; o bien... volver a colocarlo.
El rosal ha quedado caído, no podrá recuperar su forma sin ayuda. Sin embargo, ¡tampoco se le puede echar mano fácilmente! ¡Tiene muchas espinas! Sólo es posible hacerlo... ¡si llevas guantes!
Hoy el reto del amor es ponerse guantes: Jesucristo es ese guante que quiere abrazar todo tu ser, cubrirte con su amor. Y es un amor tan grande, tan fuerte, que, con Él, ¡podrás ayudar a ese rosal caído por muchas espinas que tenga! Hoy te invito a que, si te encuentras con alguien que parece un amasijo de espinas, ores por esa persona y le pidas a Cristo una forma para acercarte a ella. Tal vez sólo guardando silencio, o con una sonrisa... ¿te pones los guantes del amor de Cristo? ¡Feliz día!

SEÑOR, SI QUIERES PUEDES CURARME


Señor, si quieres puedes curarme
Milagros


Mateo 8, 1-4. Tiempo Ordinario. Cristo nos consuela en nuestros sufrimientos, basta confiar en Él, nuestro Padre misericordioso que quiere nuestra felicidad. 


Por: Buenaventura Acero | Fuente: Catholic.net 



Del santo Evangelio según san Mateo 8, 1-4
Cuando bajó del monte, fue siguiéndole una gran muchedumbre. En esto, un leproso se acercó y se postró ante él, diciendo: «Señor, si quieres puedes limpiarme». Él extendió la mano, le tocó y dijo: «Quiero, queda limpio». Y al instante quedó limpio de su lepra. Y Jesús le dice: «Mira, no se los digas a nadie, sino vete, muéstrate al sacerdote y presenta la ofrenda que prescribió Moisés, para que les sirva de testimonio. 

Oración introductoria
Señor, yo creo en ti y en tu amor. Si quieres puedes convertir este momento de oración en una experiencia de amor que transforme toda mi vida; sé que lo puedes hacer y humildemente te suplico que lo hagas.

Petición
Jesús, cúrame de todo eso que me aparta del camino del bien porque quiero vivir en todo, y sobre todo, tu caridad.

Meditación del Papa Francisco
El episodio de la curación del leproso se desarrolla en tres breves etapas: la invocación del enfermo, la respuesta de Jesús, las consecuencias de la curación prodigiosa. El leproso le suplica a Jesús, 'de rodillas' y le dice: 'Si quieres puedes purificarme'. A esta oración humilde y llena de confianza, Jesús responde con una actitud profunda de su ánimo: la compasión. La compasión es una palabra muy profunda que significa 'sufrir con el otro'.
El corazón de Cristo manifiesta la compasión paterna de Dios por aquel hombre, acercándose a él y tocándolo. Este particular es muy importante. Jesús 'tiende la mano, lo toca... y en seguida la lepra desaparece y Él lo purifica”. La misericordia de Dios supera cada barrera y la mano de Jesús toca al leproso. Él no pone una distancia de seguridad y no actúa delegando, sino que se expone directamente al contagio por nuestro mal. Y así justamente nuestro mal se vuelve el lugar del contacto: Él, Jesús, toma de nosotros la humanidad enferma y nosotros de Él su humanidad sana y que cura.
Esto sucede cada vez que recibimos con fe un sacramento: el Señor Jesús nos 'toca' y nos da su gracia. En este caso pensamos especialmente al sacramento de la Reconciliación, que nos cura de la lepra y del pecado. (S.S. Francisco, Ángelus del 15 de febrero de 2015).
Reflexión
No hay duda que la vida de los hombres está llena de sufrimientos más o menos visibles, físicos, mentales, morales. El leproso del evangelio de hoy es una de estas miserias.

Aunque los hombres se afanen por buscar las riquezas y finjan vivir en un mundo inmortal, los signos de la muerte que cada hombre lleva en sí mismo son inevitables. Los encontramos en cada paso de nuestra vida. Drogas, matrimonios deshechos, suicidios, abusos, enfermedades y un sin fin de desgracias que hasta el hombre más famoso, más rico, más sabio y más sano conoce personalmente. Para muchas personas muchas de estas realidades son hechos de cada día. Sin embargo, ellas mismas saben que a pesar de ello se debe ir adelante en la vida lo mejor posible.

Por eso, Jesús pone en sus manos este elenco de desdichas y lo transforma en gracias y en bendiciones. Realiza milagros para que veamos que es capaz de darnos una vida que no sólo es sufrimiento sino que también hay consuelos físicos y morales que, son más profundos porque tocan el alma misma. Para esto ha venido a esta vida, para traernos un reino de amor y unión.

Basta que nosotros usemos correctamente nuestra libertad para que se realicen todas las gracias que Cristo quiere darnos. Basta confiar en Él, en su palabra que nos habla del Padre misericordioso e interesado por nuestra felicidad.

Diálogo con Cristo
Señor, yo creo en Ti, en la abundancia y gratuidad de tu amor. Dame la gracia de corresponderte con un corazón benigno y sincero, que cure la vida de los demás con mis palabras, mis acciones y mi testimonio. Ayúdame a vivir en tu luz para experimentar la alegría de sanación que viene con tu amistad.

Propósito
Orar con la ilusión y con la confianza de creer, y saber, que Dios me dará todo lo que necesito.
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