viernes, 10 de julio de 2015

YO LOS ENVÍO COMO A OVEJAS EN MEDIO DE LOBOS


Yo los envío como a ovejas en medio de lobos
Tiempo Ordinario


Mateo 10,16-23. Tiempo Ordinario. En las pruebas aceptadas a causa de la fe, la violencia es derrotada por el amor, la muerte por la vida. 


Por: José Pablo Poblete | Fuente: Catholic.net 



Del Evangelio según san Mateo 10, 16-23
Yo los envío como a ovejas en medio de lobos: sean entonces astutos como serpientes y sencillos como palomas. Cuídense de los hombres, porque los entregarán a los tribunales y los azotarán en las sinagogas. A causa de mí, serán llevados ante gobernadores y reyes, para dar testimonio delante de ellos y de los paganos. Cuando los entreguen, no se preocupen de cómo van a hablar o qué van a decir: lo que deban decir se les dará a conocer en ese momento, porque no serán ustedes los que hablarán, sino que el Espíritu de su Padre hablará en ustedes. El hermano entregará a su hermano para que sea condenado a muerte, y el padre a su hijo; los hijos se rebelarán contra sus padres y los harán morir. Ustedes serán odiados por todos a causa de mi Nombre, pero aquel que persevere hasta el fin se salvará. Cuando los persigan en una ciudad, huyan a otra, y si los persiguen en esta, huyan a una tercera. Les aseguro que no acabarán de recorrer las ciudades de Israel, antes que llegue el Hijo del hombre.

Oración introductoria
Puedo caminar seguro, Cristo, por esta vida, aún entre medio de lobos porque se sé que no estoy nunca sólo. Dame fuerzas para crecer en mi vida de unión contigo; que tenga más fe y esperanza para aceptar lo que me pidas, que tenga más amor para quererlo intensamente y que tenga fortaleza para llevarlo adelante. Quiero serte fiel, Señor, cuando llegue la prueba, dame tu gracia y eso me basta.

Petición
Dame la fuerza que necesito para ser testigo tuyo en medio de mis actividades.

Meditación del Papa Francisco
El Evangelio de esta fiesta muestra una parte del discurso de Jesús a sus discípulos cuando los envían a la misión. Dice, entre otras cosas: "Seréis odiados por todos a causa de  mi nombre. Pero el que persevere hasta el fin se salvará". Estas palabras del Señor no turban la celebración de la Navidad, sino que la despojan del falso revestimiento empalagoso que no le pertenece. Nos hacen comprender que en las pruebas aceptadas a causa de la fe, la violencia es derrotada por el amor, la muerte por la vida. Para acoger verdaderamente a Jesús en nuestra existencia y prolongar la alegría de la Noche Santa, el camino es precisamente el que indica este Evangelio. Es decir, testimoniar a Jesús en la humildad, en el servicio silencioso, sin miedo a ir contracorriente y pagar en persona. Y, si no todos están llamados, como san Esteban, a derramar su propia sangre, a todo cristiano se le pide, sin embargo, que sea coherente en cada circunstancia con la fe que profesa. Es la coherencia cristiana. Es una gracia que debemos pedir al Señor. Ser coherentes, vivir como cristianos. Y no decir 'soy cristiano' y vivir como pagano. La coherencia es una gracia que hay que pedir hoy.(Angelus de S.S. Francisco, 26 de diciembre de 2014).
Reflexión 
Cristo nos llama para ser sus testigos frente al mundo. Invita a salir del mezquino horizonte para ser evangelizadores en nuestra casa, trabajo y familia. ¿Seremos capaces? ¿Podemos llevar una cruz sobre los hombros a pesar de lo débiles que somos? Sí. Ya que Cristo le pide a cada hombre lo que está a su medida.

Cuánta confianza inflama nuestro pecho al ver que no caminamos solos por este camino. Jesús lo recorrió primero y nos dejó su cuerpo bondadoso en la Eucaristía, para cumplir su promesa:  "No se preocupen de cómo van a hablar o qué van a decir: lo que deban decir se les dará a conocer en ese momento, porque no serán ustedes los que hablarán, sino que el Espíritu de su Padre hablará en ustedes".

Perseveremos en la evangelización de nuestro ambiente con energía y decisión, no sólo para salvarnos a nosotros sino también para prender una llama más en este mundo que lentamente va apagándose.

Todo bautizado lleva impreso en el alma el mandato misionero, y Cristo, por sus palabras, nos infunde el ánimo que necesitamos. Es claro que el camino tiene incomprensiones de parte de aquellos que nos rodean, incluso de los más cercanos, pero "en Él somos fuertes". Jesús pasó por la cruz y luego resucitó, sigamos su mismo camino.
Propósito
Invitar a algún conocido del trabajo o familiar a hacer una oración juntos.

Diálogo con Cristo
Señor, tutú lo sabes todo, conoces lo débil y miserable que soy. Dame tu mano en este día para no tener miedo de decir que soy católico, para testimoniar tu amor a los hombres y ser capaz de quererte un poco más. Dame tu corazón para hablar bien de los demás y sembrar caridad. Dame tus ojos para ver al que sufre. Y, sobre todo, dame la gracia de ser cada vez un mejor hijo tuyo.


Aférrate siempre a las manos de Dios y no las sueltes jamás. Madre Teresa de Calcuta.

LA IGLESIA EN AMÉRICA LATINA: PARAGUAY


La Iglesia en América Latina: PARAGUAY
Una mirada al continente del papa Francisco (IX)

Valioso estudio del Observatorio Pastoral del Celam (OPC), que nos acerca a la realidad pastoral, social y devocional de los pueblos latinoamericanos


Por: José Antonio Varela Vidal | Fuente: Zenit.org 



En esta oportunidad, conoceremos un poco más a la Iglesia del Paraguay, un país ubicado en la zona austral del continente americano, con una extensión de 406.752 Km2, que acoge a cerca de 6.608.137 pobladores, de los cuales el 89,6% serían católicos.
Semillas de la misión
El OPC nos ofrece en su reseña histórica, que la evangelización se inicia en el Paraguay con la llegada al Río de la Plata de algunos clérigos y religiosos mercedarios, integrantes de la expedición del Adelantado Pedro de Mendoza, en 1536. Al año siguiente, dichos misioneros arriban a las tierras de los Carios Guaraní, en compañía del capitán Juan de Salazar y Espinosa y demás conquistadores, quienes, en la festividad de la Virgen de la Asunción de 1537, fundan el Fuerte de Asunción, a orillas del río Paraguay. Asunción fue la sede del Obispado del Río de La Plata, creada por el papa Paulo III el 1 de julio de 1547, siendo el franciscano Juan de los Barrios su primer obispo. Era sufragánea del Arzobispado de Lima.
Los primeros jesuitas llegan al Paraguay en 1588, pero recién a comienzos del siglo XVII se establecen formalmente en Asunción. Tomás Fields, Simón Mascetta, Manuel Ortega, José Cataldino y Marcial de Lorenzana figuran entre los primeros misioneros dedicados a fundar reducciones de indios, primero en el Guairá y más tarde en las márgenes del Paraná y Uruguay. En 1609, en San Ignacio Guasú se organizó la primera misión o reducción jesuítica, que fue seguida por otras más, las cuales significaron un avance en la producción económica, la organización social de los indígenas guaraníes, al retirarlos de la Encomienda e integrarlos en una organización comunitaria que recuperó valores propios y los integró con aportes de la cultura europea.
En 1929 se crea la provincia eclesiástica del Paraguay, con la Arquidiócesis de Asunción y las diócesis sufragáneas de Villarrica del Espíritu Santo y Concepción-Chaco. Monseñor Juan Sinforiano Bogarín fue su primer arzobispo.
Una comunidad que sirve
La Iglesia Católica en Paraguay cuenta con una Arquidiócesis (Asunción), 11 Diócesis (Concepción, Villarrica, San Juan Bautista de las Misiones, Caacupé, Coronel Oviedo, San Pedro Apóstol, Carepaguá, Benjamin Aceval, Encarnación, Ciudad del Este y San Lorenzo), 2 Vicariatos Apostólicos (Chaco Paraguayo y Pilcomayo) y un Obispado Castrense.
Por su parte, la Conferencia Episcopal Paraguaya está organizada en cuatro áreas y quince coordinaciones pastorales, entre las que se pueden mencionar: Promoción Humana, Pastoral Indígena, Familia, Vida y Cultura, Educación, Diaconado Permanente, Pastoral Bíblica y Catequesis.
Relación Iglesia-Estado
En el OPC se lee que la Constitución Nacional establece que las relaciones del Estado con la Iglesia Católica se basan en la independencia, cooperación y autonomía (Art. 24). El Artículo 82 reconoce "...el protagonismo de la Iglesia Católica en la formación histórica y cultural de la Nación".
La Constitución garantiza la libertad religiosa; el gobierno, por lo general, ha respetado este derecho en la práctica. La Constitución reconoce el papel histórico de la Iglesia Católica en la vida pública, y los sacerdotes católicos a menudo invitados a celebrar la Eucaristía en actos oficiales de gobierno.
Todas las organizaciones religiosas e iglesias deben registrarse en el Ministerio del Interior (Ministerio de Educación, Viceministerio de Culto.) El gobierno es laico. Existen escuelas públicas y de filiación religiosa y los padres tienen la libertad de enviar a sus hijos a la institución educativa de su preferencia sin sanción o restricción alguna. El gobierno no impone currículo religioso de ningún tipo.
En el caso de la enseñanza religiosa escolar, el OPC amplía que en Paraguay, desde 1903, se eliminó del plan oficial de estudios la enseñanza religiosa, durante el gobierno del Partido Colorado. Actualmente, los establecimientos educativos católicos y otros de gestión privada, tienen la posibilidad de incluir en sus programas el área de Enseñanza Religiosa Escolar.
Presencia en la sociedad
El análisis del OPC deja ver que en medio de las difíciles condiciones económicas y sociales, "la Iglesia ha atendido campos diversos de la vida social, desde la educación y la salud hasta la atención a los más pobres y marginados".
Este servicio socio-pastoral ha permitido que la Iglesia Católica "goce de un buen nivel de aceptación y confiabilidad en la opinión paraguaya, a pesar de las dificultades surgidas por el anti-testimonio de algunos obispos, sacerdotes y laicos", reza el Informe.
La Conferencia Episcopal se ha pronunciado en diversas ocasiones frente a los problemas y situaciones que afectan al pueblo paraguayo como la promoción y defensa de la vida y de la dignidad humana (2007), el proyecto de ley sobre la juventud (2007), la problemática de la tierra (2008), la emergencia sanitaria (2008), y ha dado a conocer sus orientaciones pastorales, que surgen de los valores del Evangelio y la Doctrina Social de la Iglesia, animando a los católicos y personas de buena voluntad, a construir una sociedad más justa, solidaria y fraterna.
El OPC recuerda que sigue siendo muy actual el llamado de los obispos del Paraguay, hecho en 1979, para “rehacer el tejido moral” y social de la nación paraguaya. "Es necesario producir cambios profundos en la matriz cultural del paraguayo, por medio de la educación integral de los ciudadanos", puntualiza.
Agentes para la misión
Un arzobispo y doce obispos, incluyendo al obispo castrense y a dos vicarios apostólicos, junto con más de 500 sacerdotes atienden pastoralmente las comunidades católicas paraguayas. Los religiosos y religiosas están organizados en la Conferencia de Religiosos de Paraguay. Se suman a la labor evangelizadora un buen número de laicos, organizados en movimientos apostólicos y comunidades eclesiales.
El OPC destaca el gran número de centros de culto y capillas que funcionan en el país "como una expresión del deseo de atender a los fieles en lugares cercanos a su residencia, en especial en el sector rural".
La Iglesia cuenta con una significativa presencia a través de los medios de comunicación, ya sea en la prensa escrita como revistas (Comunidad, Paraguay Misionero, Acción, Tupasy María), periódicos (Cristo Hoy, El Observador Semanal ); así como en las emisoras Radio María,Radio Caritas, La Voz de Vianney, Radio San Roque y Radio Pa’i Puku, entre otras.
Modelos de santidad
Son varios los santos que reciben veneración en el país, a quienes se les reconoce su entrega generosa en las misiones, que los llevó a entregar su vida en el martirio.
Es por ello que el Paraguay cuenta con tres santos mártires canonizados el mismo día por Juan Pablo II, es decir el 16 de Mayo de 1988. Uno de ellos es san Roque González de Santa Cruz, (1576-1628), jesuita, nacido en Asunción, fundador de varias reducciones que murió mártir.
También comparten la gloria de los altares sus compañeros Alonso Rodríguez Olmedo (1598-1628), mártir jesuita español, destinado a las misiones en Paraguay, y Juan del Castillo (nacido en 1595), de origen español, también misionero en Paraguay, quien muere como mártir a mano de los nativos.
En la Carta que los Obispos paraguayos elaboraron con motivo del Año sacerdotal, recuerdan a presbíteros diocesanos como los padres Julio César Duarte Ortellado, cuya causa de beatificación está en proceso; Juan Ayala Solís, Guillermo Díaz, Juan Benítez Balmaceda, Agustín Blujaki, Vicente Valenzuela, Victorino Torres Leiva y muchos otros presbíteros religiosos, como Pedro Shaw, conocido como Pa´i Puku, que hablan de "la fidelidad de Cristo y de la fidelidad del sacerdote".
Y una mujer paraguaya está camino a los altares. Se trata de la venerable María Felicia de Jesús Sacramentado, conocida como "Chitunga". Quien sería la primera santa paraguaya, fue una religiosa profesa de la Orden de las Carmelitas Descalzas nacida en la localidad de Villarrica del Espíritu Santo el 12 de enero de 1925, y muerta en olor de santidad en Asunción el 28 de abril de 1959.
Santuarios marianos
La devoción a la Madre de Dios ha llevado al pueblo paraguayo a levantar varios santuarios en su honor, con el fin de venerarla y encomendarle sus necesidades.
Entre los más conocidos están el de Nuestra Señora la Virgen de los Milagros de Ca'acupé, el de la Virgen de Schoenstatt, el Santuario Natural Nuestra Señora de Itapé y el de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, entre muchos otros que completan la lista.

FOTOS DE LA VISITA DEL PAPA FRANCISO A BOLIVIA 2015





















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