viernes, 17 de julio de 2015

QUIERO MISERICORDIA Y NO SACRIFICIO


Quiero misericordia y no sacrificio
Tiempo Ordinario



Mateo 12, 1-8, Tiempo Ordinario. Cuando no hay misericordia, ayudar a los demás es un molesto peso. 


Por: P. Clemente González | Fuente: Catholic.net 



Del santo Evangelio según san Mateo 12, 1-8
Un sábado de aquellos, Jesús atravesaba un sembrado; los discípulos, que tenían hambre, empezaron a arrancar espigas y a comérselas. Los fariseos, al verlo, le dijeron: -Mira, tus discípulos están haciendo una cosa que no está permitida en sábado. Les replicó: -¿No habéis leído lo que hizo David, cuando él y sus hombres sintieron hambre? Entró en la casa de Dios y comieron de los panes presentados, cosa que no les estaba permitida ni a él ni a sus compañeros, sino sólo a los sacerdotes. ¿Y no habéis leído en la ley que los sacerdotes pueden violar el sábado en el templo sin incurrir en culpa? Pues os digo que aquí hay uno que es más que el templo. Si comprendierais lo que significa «quiero misericordia y no sacrificio», no condenaríais a los que no tienen culpa. Porque el Hijo del Hombre es señor del sábado.

Oración introductoria
Padre Santo, me pongo en tu presencia mientras contemplo a tu Hijo en la cruz… Te imploro por la luz de tu Espíritu Santo, para comprender en esta oración qué es lo que tengo que hacer para crecer en el amor. Dame tu gracia para amar como Tú amas.

Petición
Señor, hazme comprender el auténtico sentido de tu Palabra, para vivirla,

Meditación del Papa Francisco
«“Misericordia quiero y no sacrificio”. Jesús, nuevo Moisés, ha querido curar al leproso, ha querido tocar, ha querido reintegrar en la comunidad, sin auto limitarse por los prejuicios; sin adecuarse a la mentalidad dominante de la gente; sin preocuparse para nada del contagio. Jesús responde a la súplica del leproso sin dilación y sin los consabidos aplazamientos para estudiar la situación y todas sus eventuales consecuencias. Para Jesús lo que cuenta, sobre todo, es alcanzar y salvar a los lejanos, curar las heridas de los enfermos, reintegrar a todos en la familia de Dios. Y eso escandaliza a algunos.
Y Jesús no tiene miedo de este tipo de escándalo. Él no piensa en las personas obtusas que se escandalizan incluso de una curación, que se escandalizan de cualquier apertura, a cualquier paso que no entre en sus esquemas mentales o espirituales, a cualquier caricia o ternura que no corresponda a su forma de pensar y a su pureza ritualista. Él ha querido integrar a los marginados, salvar a los que están fuera del campamento.
Son dos lógicas de pensamiento y de fe: el miedo de perder a los salvados y el deseo de salvar a los perdidos. (Homilía de S.S. Francisco, 15 de febrero de 2015).
Reflexión
El espíritu de la ley es vivir la misericordia de Dios. Porque la misericordia es hija del amor. Y el amor es el centro, el corazón de toda la vida de un verdadero cristiano. En cambio cuando no hay misericordia, la ley se hace cadena, un molesto peso. Y Dios, de Padre de misericordias se hace Juez tirano.

Pero Dios es amor. Y su Hijo es la encarnación del amor. Jesús no se ha molestado con sus discípulos porque hacen algo "prohibido" en sábado. En realidad el descanso sabático era una imagen del descanso que el hombre debe encontrar en el Corazón de Cristo. Por eso lo que los discípulos hacen no tiene importancia.

En cambio los fariseos, creyendo "guardar" el sábado fielmente, cometen la atrocidad de juzgar con sus lenguas a los demás, quebrantando realmente el día consagrado a Dios con sus venenosas palabras y su impuro corazón. ¿Qué es lo más importante de la ley? ¿Cumplir la materia de la ley o su espíritu? ¿Qué honra más a Dios, estarse quieto un tiempo o vivir hasta las últimas consecuencias la misma misericordia de Cristo? Por eso, quien vive el espíritu, esto es, la misericordia del Señor al practicar la ley, la vivirá a fondo porque actuará con el mismo sentir de Cristo. Y el sentir de Cristo, ¿dejaría de cumplir algún punto de la ley, aunque fuera pequeñito? No, porque el que vive amando hace todo cuanto agrada a su Amado.

En cambio quien no vive el espíritu sino la ley sola, aparentemente parecerá cumplir pero será un cadáver que matará con su pensamiento a los demás quebrantando el mismo centro de la ley: el amor. De hecho los fariseos, tan cumplidores no tuvieron escrúpulos para llevar a la cruz a su mismo Dios. Cristo es Rey y Señor. Y de tal dignidad le viene a Cristo ser el Señor del sábado: ¡Él es el Amor!

Propósito
Procurar un estilo de vida más sencillo y sobrio para ser solidario con los necesitados.

Diálogo con Cristo
«Vivir con los pies bien plantados en la tierra, atentos a las situaciones concretas del prójimo, y, al mismo tiempo, teniendo el corazón en el Cielo, sumergido en la misericordia de Dios». Permite, Señor, que ésta sea mi actitud, mi estilo de vida. No evadir egoístamente los problemas, afrontarlos sabiendo que Tú estás conmigo, viviendo auténticamente mi libertad, dando a mi vida la trascendencia para la cual fue creada.

MATRIMONIO: LA ARMONÍA DE LAS DIFERENCIAS

Matrimonio: La armonía de las diferencias
La fuerza del matrimonio es el amor porque me da la gana. Darse y aceptar al otro. Entregarse con libertad, con responsabilidad, con ilusión, con respeto, con alegría.


Por: Remedios Falaguera | Fuente: Catholic.net 



El término «armonía» deriva del griego ἁρμονία (harmonía), que significa ajustamiento, unión y combinación de sonidos simultáneos y diferentes, pero acordes.

A esta armonía se refería el Santo Padre Francisco en la homilía que dirigió a los asistentes del Encuentro de las Familia el pasado 27 de octubre:“la verdadera alegría que se disfruta en familia viene de la armonía profunda entre las personas, que todos experimentan en su corazón y que nos hace sentir la belleza de estar juntos, de sostenerse mutuamente en el camino de la vida.

Sólo Dios sabe crear la armonía de las diferencias. Si falta el amor de Dios, también la familia pierde la armonía, prevalecen los individualismos, y se apaga la alegría”.

Así pues, solo si aceptamos, unimos y combinamos los sonidos diferentes, pero acordes, viviremos en armonía. Una armonía, que como bien dijo Benedicto XVI, se realiza sólo gracias al empeño paciente, fatigoso, que requiere tiempo y sacrificios, con el esfuerzo de escucharse mutuamente, evitando excesivos protagonismos y privilegiando el mejor éxito del conjunto.”

Pues bien, el matrimonio es como la música. Cada sonido diferente se necesita para crear una melodía agradable y extraordinaria, un todo, lleno de ritmo, pausas, equilibrio, tiempos, tensión, reposo,…

Esto me lleva a pensar en la polémica que se ha levantado acerca del libro de la periodista italiana Costanza Miriano, ‘Cásate y sé sumisa’ y “Cásate y da la vida por ella”. Una polémica, en muchos casos, sin sentido y sin argumentos.

Es más, desde hace unos días son muchos los que me instan a dar una opinión sobre el tema pero no soy tan osada.

Me parece una falta de ética profesional lanzarme a analizar y/o comentar un libro que no he leído y del que solo conozco una serie de textos que se han ido publicando en los medios durante los últimos días. Aunque, debo confesar que algunos de los párrafos que se publican, al igual que varias de las afirmaciones realizadas por la autora en entrevistas publicadas en los medios, me descolocan, chirrían en mi interior, y, desde mi fuero interno, necesitaría que me las matizasen algo más.

Si Constanza Miriano pretendía provocar o llamar la atención al público con el título de sus libros, realmente, lo ha conseguido. Es muy libre para hacerlo, aunque, a mí personalmente, no me guste este tipo de gestos en un tema tan relevante.

Es más, me parece un poco imprudente por su parte salvo que la autora haya escogido la acepción de la palabra someter, según la RAE, en la que se refiere a aquella persona que propone a la consideración de alguien razones, reflexiones u otras ideas… En cuyo caso no tengo más remedio que reconocerle su buena intención al hacerlo.

Es verdad, que la frase de S. Pablo : “las mujeres sométanse a sus maridos como al Señor, porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la Iglesia…Pues así como la Iglesia está sometida a Cristo, así las mujeres han de estarlo a sus maridos en todo”, es un texto que incomoda.

Pero, como he dicho en muchas ocasiones, explicar el papel de las mujeres en la época de San Pablo con la mentalidad del siglo XXI, es un poco difícil y complicado. Tenemos que hacer un esfuerzo y bucear en la cultura, la educación y costumbres de la época para entenderlo en su correcta medida.

De todas maneras, hay una cosa que tengo clara: las mujeres de hoy encuentran muchas dificultades para vivir, inventar y cumplir su papel con dignidad, responsabilidad y respeto, sea cual sea el papel que ella decida que le corresponda. Aportar sus cualidades femeninas como esposa, como madre, como empresaria del hogar, incluso, como profesional, no es tarea fácil.

Aquí no se trata , como recuerdo haber oído allá por el año 1980 al catedrático Mariano Yela, durante su intervención en una mesa redonda sobre la función de la mujer en la familia, de interpretar los cuatro mitos que suelen confundir a muchos acerca de este tema y que siguen de tremenda actualidad:

1. El primero es el mito de ver a la mujer sólo como naturaleza: su naturaleza le fija tal o cual papel. El mito tiene algo radicalmente falso: la mujer se hace y se inventa. Pero tiene algo de profundamente verdadero: se inventa a partir de su naturaleza de mujer.

2. El segundo es el mito de la emancipación de la mujer. Radicalmente falso, si por emancipación se entiende solamente cortar trabas o no, además, asumir responsabilidades. Radicalmente falso, con respecto a la familia, si se entiende como liberarse de la familia, liberarse de su condición de mujer, desligarse de la maternidad. Hondamente verdadero si por emanciparse se entiende participar con la misma dignidad que el hombre en un proyecto de liberación común, de libertad solidaria, basada en el servicio a la familia, para encontrar en el servicio mutuo la posibilidad de crecimiento personal.

3.El tercero es el mito de la inferioridad: la mujer es inferior al hombre, tiene que tener un papel subordinado. Es un mito radicalmente falso, porque los hechos psicobiológicos señalan diferencia entre los sexos, no superioridad general de ninguno sobre el otro.

4. El cuarto mito es el de la igualdad. Es el más obviamente falso. La mujer, afortunadamente, no es igual que el hombre. No es superior, ni inferior, ni igual: es distinta. Tiene hoy, como el hombre, la común aspiración ética de que se reconozca su igualdad como persona, no sólo en una abstracta dignidad, sino de hecho y de derecho en la vida de cada día. Pero psicobiológica y humanamente son muy diversos, y esa diversidad es respectiva. La única manera de superar el mito de la inferioridad, no es zambullirse neciamente en el mito de la igualdad, sino asumir un proyecto de complementación. Esa diversidad respectiva es una de sus riquezas, que abarca las dos maneras de ser persona humana. Si se aminora o amputa una, tratando de hacerla idéntica a la otra, se empobrece la persona. Se enriquece, por el contrario, si, en la igualdad como personas, se ahonda la diversidad de las dos maneras complementarias de serlo, la masculina y la femenina.

De ahí que, en mi humilde opinión, todos, hombres y mujeres, tenemos que reeducarnos otra vez en nuestro modo de estar juntos, en la vida, en la familia, en el trabajo, en el hogar. En definitiva, en como lograremos un apoyo mutuo a través de la cohesión, la diversidad y la independencia de nuestra feminidad y nuestra masculinidad.

Porque en el matrimonio nadie se somete a nadie. La fuerza del matrimonio es el amor porque me da la gana. Darse y aceptar al otro. Entregarse con libertad, con responsabilidad, con ilusión, con respeto, con alegría. Como dice el profesor Antonio Vázquez: “el amor verdadero respeta siempre al otro en su esencia, le quiere, le acepta tal cual es, le reconoce el derecho a ser él mismo, desea que no abandone su personalidad”.

Se trata pues de crear armonía en nuestro proyecto de vida, nuestro camino divino puesto que “querer quererte, exclusivamente a ti, hasta el fin de nuestra vida” es y debe ser la melodía más perfecta y maravillosa que podamos realizar.

LA ALEGRÍA DE ASISTIR A MISA

La alegría de asistir a Misa
La Eucaristía

Breve y motivante explicación de las diferentes partes de la Misa 


Por: P. Mariano de Blas LC | Fuente: Catholic.net 



LA CELEBRACIÓN EUCARÍSTICA

La intención de dar una breve y motivante explicación de las diferentes partes de la Misa es lograr que al menos algunos de los que lean comprendan, se sientan profundamente motivados a asistir a la celebración eucarística de los domingos y fiestas y que no vuelvan a decir: “Me aburro en Misa”.

La Celebración Eucarística tiene en su textura una introducción que va desde el inicio hasta la primera oración hecha por el sacerdote. Luego siguen las dos partes principales:

Primera: La Liturgia de la Palabra, que comienza con la primera lectura y concluye con la oración universal de los fieles.

Segunda: La Liturgia Eucarística que comienza desde el ofrecimiento del pan y el vino hasta la oración que dirige el sacerdote después de la comunión.

Por último una conclusión que consiste en el último saludo, bendición y despedida.
Me propongo como metodología el ir explicando parte por parte de la Celebración Eucarística:

I. INTRODUCCIÓN
Consta de las siguientes partes:
  • Saludo
  • Rito penitencial
  • Gloria y primera oración.
  • Oración
Se comienza todo con estas solemnes palabras: “En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”.
Algo muy importante va a ser, pues se realiza en el nombre de la Santísima Trinidad.
Efectivamente la Celebración Eucarística es la actualización sacramental de la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo, consiste en hacer presente la Última Cena y la pasión, muerte y resurrección de Jesús en forma sacramental, es decir de una manera representada por signos y señales, y al mismo tiempo realizada de verdad.

La redención que Jesús realizó en Calvario y el domingo de Pascua con la resurrección se repite, se actualiza en cada Eucaristía.

Jesús dijo a los apóstoles en la última cena: “Este es mi cuerpo que se entrega por vosotros. Éste es el cáliz de mi sangre derramada por vosotros y por todos los hombres.” Y añadió: “haced esto en memoria mía, en recuerdo mío”. Entonces, cada sacerdote, cuando celebra, repite lo que Jesús hizo en la Última Cena: convertir el pan en su cuerpo, cuerpo que se sigue entregando por los hombres, y el vino en su sangre, sangre derramada por los hombres. Y esto en obediencia al mandato de Cristo: “Haced esto en memoria mía.” Al mismo tiempo que les ordenaba repetir lo que Él acababa de hacer, les daba el poder de realizarlo, convirtiéndolos en sacerdotes de la Nueva y Eterna Alanza. Jesús, en efecto, dijo: “Éste es el cáliz de mi sangre, sangre de la Nueva y Eterna Alianza”.

Con esto queda claro que nosotros no inventamos la Misa, sino Jesús mismo, y Él quiso con su poder divino que sus sacerdotes realizaran la misma consagración del pan y del vino que Él había hecho. Por eso el pan consagrado y el vino consagrado contienen el Cuerpo y la sangre de Jesús, contienen a Jesús mismo. Por eso, adorar la Eucaristía es un acto de amor y reverencia debidos a Dios. Nosotros adoramos, no las especies de pan y vino sino al Dios que está presente en ellas.

Suele leerse o cantarse la antífona de entrada, que es una píldora breve de lo que va a ser la misa.

1. Saludo
“La gracia de Nuestro señor Jesucristo, el amor del Padre y la comunión del Espíritu Santo estén con todos vosotros”

Es un saludo muy cordial, pero muy profundo, nada superficial. No es el simple ¡Hola, ¿cómo están?! Significa que estén con cada uno estas tres cosas

- La gracia de nuestro Señor Jesucristo: Que vivas en gracia, con todos los elementos maravillosos que conlleva: ser hijo de Dios, heredero del cielo, capaz de ganar méritos etc.

- El amor del Padre : Que tengas, que sientas el amor del Padre, como hijo, hija de Dios. Según la expresión hermosa de san Juan: “Ved qué amor nos ha tenido el Padre que no sólo nos llamamos sino que somos hijos de Dios”.

- Y la comunión del Espíritu Santo. Que el Espíritu santo viva en ti como en su templo.

La respuesta: “Y con tu espíritu”. Que también tú, sacerdote del Señor, lo tengas.

2. Acto penitencial
¿Por qué un rito penitencial, de arrepentimiento de los pecados? Porque vamos a asistir al sacramento, a la actividad litúrgica que realiza nuestra redención; la liberación de nuestros pecados. Debemos reconocerlos. Pero, además, de forma pública. En voz alta digo y aseguro que soy un pecador. Por eso me arrepiento de mis pecados también públicamente.

Igual que si alguien va a un hospital o al doctor es porque está enfermo y quiere curarse, vamos a la misa como pecadores que necesitamos ser perdonados. La fórmula que se utiliza es la siguiente:

-Yo (se podría decir Fulanito de Tal) 
-confieso (declaro, acepto)
-ante Dios todopoderoso (reconozco ser un hijo pródigo ante Él)
-y ante vosotros, hermanos (fíjate en lo que vas a decir y delante de quién, delante de todos los que asisten a la Celebración Eucarística)
-que he pecado mucho (aquellas personas que piensan y dicen que comente pecadillos y faltas chiquitas no saben lo que dicen. Podrían ser de la clase del fariseo que rezaba así: “Te doy gracias, porque no soy como los demás hombres: adúlteros, ladrones…”)
-de pensamiento, palabra, obra y omisión (se especifica en qué soy un gran pecador. Si uno pudiera ver, medir y pesar todo lo que ha pecado en su vida con el pensamiento, la lengua y las obras, quedaría abrumado. Se añade: Y de omisión. Antiguamente no salía esta expresión. Pero se vio la necesidad de añadirla porque por la omisión cometemos miles de faltas y pecados. Omisión es igual a no hacer lo que debo. Omitir actos de cariadad, de bondad, omitir hacer apostolado, omitir el buen ejemplo a los hijos, omitir tantas y tantas cosas.)
-Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa
(Tres veces y en ascenso “mi gran culpa”. Y golpeándose el pecho en señal de arrepentimiento. Ya sólo falta decir la clase de pecados que he hecho. Imagínate que dices esto en un supermercado…Bien no lo dices en el supermercado, pero lo dices…en la Iglesia.)
-Por eso ruego… (que interceda por mí)
-a Santa María siempre Virgen (que ruegue por mí a Dios. Cierto que lo hará con mucho gusto por tratarse de su hijo)
-A los ángeles (a nuestro ángel de la guarda, a los arcángeles, como san Miguel, san Gabriel y san Rafael y a todos los ángeles que son muchos y muy buenos.)
-A los santos (a todos, a tu santo patrón o patrona y a todos: A san Pablo, san, Pedro, san Pío, santa María Madgdalena…)
-Y a vosotros, hermanos (estoy solicitando muy en serio, porque la necesito, la oración de mis hermanos...A todos los que están en la Iglesia)
-Que intercedáis por mí ante Dios nuestro Señor (cuando uno pide sólo por sí, su oración des de corto alcance. Pero cuando todos piden por todos esa plegaria es infinitamente más rica)

Como conclusión. El sacerdote refuerza este acto de penitencia, con estas palabras. Pide tres cosas: Que Dios Todopoderoso:
Primero: Tenga misericordia de nosotros, según la petición de Jesús: "Perdónales, Padre, porque no saben lo que hacen.
Segundo: Que perdone nuestros pecados. Esos muchos pecados que he cometido por mi gran culpa.
Tercero: y nos lleve a la vida eterna.

En realidad a eso venimos a la celebración Eucarística. No a fijarnos en cómo va vestida tal persona, no a murmurar de algo que no salió tan bien, ni siquiera a poner peros p.e. a la predicación del sacerdote. Yo no voy a eso a la misa. Tengo tanto de qué arrepentirme que no me animo a tirar piedras a mi prójimo, como un fariseo más.
Sí vengo a esto, a pedir misericordia a Dios, a que me perdone mis pecados y los de mi familia y a que me lleve y nos lleve a la vida eterna.

Claro, no asistir a la Celebración Eucarística casi nunca o enojarse si alguien amablemente te invita, significaría que no me interesa mi salvación eterna, que me vale, que ni el cielo me apasiona ni el infierno me asusta.

Se termina el acto penitencial diciendo en voz alta, tres veces, alternando con el sacerdote:
“Señor, ten piedad”
“Cristo, ten piedad”
“Señor, ten piedad”

Tres gritos del corazón dirigidos a Cristo, el Señor. Deberíamos decirlos con la emoción con que se lo decían lo pobres enfermos y pecadores del Evangelio, Como el ciego Bartimeo: “Jesús, Hijo de David, ten compasión de mí” Como la sirofenicia, como el leproso, como Jairo, porque estamos ciegos, leprosos, enfermos del alma.

3. El gloria a Dios en el cielo
Se suele decir o cantar (Si se canta mucho mejor) En realidad está hecho para cantarse. Y ojalá que no sólo por un coro, sino por todo el pueblo o alternando coro y pueblo porque es un himno muy hermoso y muy rico. Es oración de alabanza, de agradecimiento, de petición de perdón y de petición de gracias. Tenemos que recordar que hay cuatro clases o formas de hacer oración: En el gloria se dan las cuatro:

- Alabanza: Gloria a Dios en el cielo
- Pedir perdón: Ten piedad de nosotros.
- Acción de gracias: Te damos gracias…
- Petición de dones: Atiende a nuestra súplica.

El inicio del gloria lo cantaron los ángeles en el nacimiento de Jesús, cuando se aparecieron a los pastores, cuando se daba el inicio de la redención con el nacimiento del Redentor. El gloria, por tanto, nos recuerda la encarnación y el nacimiento de Jesús. Si en la misa se realiza la redención, viene al caso ese recuerdo del momento en que el Verbo se hizo carne y nació en Belén.

¿Cómo hay que cantarlo? Con el mismo entusiasmo y amor con que los ángeles lo cantaron la primera vez.
Digresión: ¿Aburrirse en misa? Si uno llega a tiempo y vive profundamente estos primeros momentos, comprenderá que no es posible aburrirse.
El gloria suele cantarse en los domingos, fiestas. Se omite en las épocas de penitencia como Cuaresma y Adviento.

4. Oración
Sigue la primera oración formal, que reza el sacerdote. Hay tres oraciones especiales, con el mismo esquema: Una invocación al Padre, una petición, una conclusión: Por nuestro Señor Jesucristo….

¿Qué es lo que se pide? Casi siempre es lo mismo: Lo único necesario, la salvación eterna o cosas relacionadas con ella. También se pueden pedir cosas humanas necesarias: la lluvia, la fidelidad al amor humano, la salud, la paz etc.
Las tres oraciones tienen lugar ahora, justo antes de la primera lectura antes del prefacio y antes de la bendición final. Las tres se dirigen casi siempre al Padre, pocas a Jesucristo o al Espíritu Santo.
Concluye casi siempre así: Por nuestro Señor Jesucristo, Por Cristo Nuestro Señor”. No es por casualidad. Estamos pidiendo al Padre que nos obtenga la redención, el perdón de los pecados, el cielo. ¿Quién nos ha conseguido la redención? Jesús. Lo lógico es, pues, pedirla al Padre por medio de Jesucristo, su Hijo muy amado en quien tiene todas sus complacencias.

II. LITURGIA DE LA PALABRA
Suelen ser tres lecturas en los domingos y fiestas. Las dos primeras del antiguo y del nuevo testamento y la tercera del Evangelio.
Conviene leerlas con claridad y entonación, pero sin rebuscamiento. En señal de respeto y aceptación.

La intervención de la gente: El pueblo interviene en el salmo responsorial que es alternado por un lector y la gente. Se debe intervenir con la palabra y el corazón. Es una oración, no un rollo. El salmo responsorial es como una respuesta a la palabra de Dios: una frase de alabanza, de petición, de acción de gracias..
Aleluya: Alegría. Decirlo, cantarlo con su pequeño texto.

Aquí como en otras oraciones podemos hablar o cantar distraídos o enriquecer el alma; hablar y cantar con el corazón.

Lecturas
Esas lecturas narran algún pasaje de la Escritura o también ofrecen algún texto explicativo o de la palabra de Dios en sus más variadas formas. Hay que leerlo como parte de una carta larga, hermosa, escrita con amor por Dios para cada uno de nosotros, pues eso es la Biblia.

Evangelio
El Evangelio es leído por el diácono o por el sacerdote para darle realce. De hecho el Libro de los Evangelios es llevado en procesión por un diácono o por un seglar elegido en la procesión de entrada. Y el sacerdote o diácono lo lleva del altar al ambón antes de leerlo. La parte más importante de la Biblia son los cuatro Evangelios. ¿Por qué? Porque nos cuentan los hechos y enseñanzas del Hijo de Dios, de Jesucristo.

Homilía
Ojalá que siga una buena homilía, una buena explicación, clara, jugosa, motivante, aplicada a la vida de los fieles, de esa palabra de Dios.

Credo
Los domingos y fiestas suele decirse o cantarse el credo. Es el resumen de nuestra fe. Se está de pie en señal de aceptación. ¿Cómo se debe rezar? Con la mente y el corazón, es decir con atención y adhesión.

Oración universal de los fieles
Sobre todo en domingos y fiestas. Ningún momento mejor que la Misa para orar por el mundo y por todas las necesidades de la Iglesia. Es una oración universal, prevalece, por tanto las peticiones generales por la Iglesia y el mundo: Papa, familias, vocaciones, los enfermos, inmigrantes, gobernantes… Pedir con el corazón.

III: LITURGIA EUCARÍSTICA
Consiste en:
I. La ofrenda del pan y el vino
II. La plegaria eucarística: Desde el prefacio hasta antes del padre nuestro
III. Rito de la comunión

I. Ofrecimiento del pan y el vino
1. Se ofrecen pan y vino que se convertirán en el cuerpo y sangre de Jesucristo.

La gota de agua unida al vino: representa nuestra participación, nuestra ofrenda. Sola no sirve de nada. Unida a la ofrenda de Cristo, sí vale.

Debemos colaborar con nuestro ofrecimiento: la vida, los buenos propósitos, los sacrificios, oraciones, actos de caridad..." Lo que falta a la Pasión de Cristo."

El sacerdote, inclinado, dice en privado : “Acepta, Señor, nuestro corazón contrito y nuestro espíritu humilde; que éste sea hoy nuestro sacrificio y que sea agradable en tu presencia”.

 
2. Lava las manos, diciendo en secreto: “Lava del todo mi delito, Señor, limpia mi pecado”. Todos deberían tener esta misma actitud.
Por eso, el sacerdote invita al pueblo con estas palabras: “Orad, hermanos, para que este sacrificio mío y vuestro, sea agradable a Dios, Padre Todopoderoso”.
Respuesta: El Señor reciba de tus manos…”

 
3. Oración sobre las ofrendas: Es la segunda oración formal que se hace. Se pide específicamente que Dios Padre acepte las ofrendas: pan y vino y nuestras oraciones, sacrificios…
Por Cristo, Nuestro Señor. Dios lo acepta sin duda. “Este es mi hijo muy amado en quien tengo todas mis complacencias”.


II. La Plegaria Eucarística
1. El prefacio: Es un himno de alabanza con un inicio y una conclusión dialogada del pueblo con el sacerdote.
Hace alusión a la fiesta o al tiempo litúrgico: cuaresma, Pascua, adviento etc.
Termina con el Sanctus: un pequeño himno de alabanza al tres veces Santo.

 
2. Recuerdo de la última Cena
Y consagración del pan y el vino. Con las mismas palabras de Jesús. Es lo más importante. La esencia de la Misa.
“Tomad y comed todos”: Debieran todos. Pero no hay que tomarlo en otro sentido: Como Dios N. S. manda a todos, voy a comulgar. Debe uno preguntarse humildemente: ¿Estoy preparado, en gracia de Dios?

Esto es mi cuerpo que será entregado por vosotros: Donación, regalo; entrega en forma de alimento del alma.
Será entregado a la muerte, al dolor, a la cruz por amor a cada uno de nosotros. La Eucaristía es el darse de Dios a cada hombre.

“Tomad y bebed todos”: El hecho de que se dé materialmente a beber el cáliz no es necesario. Porque en cualquiera de las dos especies está Cristo entero. El que comulga bajo las dos especies no recibe más a Cristo que el que lo recibe sólo bajo una.
Sangre derramada: Sangre que será extraída violentamente de su cauce normal: las venas. Implica desangramiento, tortura, muerte.
Por vosotros: Por cada uno. Por mí. Por ti. “Cristo me amó y se entregó a la muerte por mí”.

Razón: Para el perdón de los pecados. Derramar la sangre es una acción impresionantepara borrar los pecados.
 Este es el sacramento de nuestra fe. Recalcar ente el pueblo qué es lo que se está realizando en el altar: la pasión, muerte y resurrección de Jesús de forma incruenta.
Por eso, asistir a Misa es asistir a lo esencial de la religión católica, a lo más importante.

Respuesta: Sí lo sabemos “Anunciamos tu muerte… proclamamos tu resurrección…Ven, Señor, Jesús. Ven, Señor Jesús, A mi vida, a mi familia…” No es necesario decir en voz alta “Señor y Dios mío”, pero sí con el corazón; con la fuerza del primero que lo dijo: Santo Tomás. Contarlo…

 
3. Luego se ofrece al Padre el cuerpo y la sangre de Cristo: Te ofrecemos el pan de vida y el cáliz de salvación. En plural: lo ofrece toda la Iglesia: sacerdote y pueblo de Dios.

4. Se piden cosas muy importantes
- La unidad de todos los que comen y beben la Eucaristía. Hermanos separados. “Que todos sean uno”.
- Se pide por toda la Iglesia, hoy tan necesitada: Unidad, fe, fidelidad, obediencia, vocaciones, santidad, almas apóstoles…
- Por el Papa. Ha pedido oración por él mismo. Por el obispo del lugar y por todos los demás obispos y sacerdotes.
- Se pide que la Iglesia vida la caridad, la esencia del cristianismo, el mandato de Cristo. Estas peticiones están en la narración de la Ultima Cena por san Juan.
- Se pide por la Iglesia purgante, por los difuntos que están en el purgatorio en espera de ir al cielo.
- Por último, se pide por nosotros. Ten misericordia de todos nosotros…Por intercesión de María, los apóstoles y todos los santos, pero sobre todo por medio de Jesucristo, la vida eterna.

 
5. Se levanta la patena con la hostia y el cáliz diciendo esto:
Por Cristo
Con Cristo
En Cristo

Y en la unidad del Espíritu Santo todo honor y toda gloria por los siglos de los siglos. Por siempre.

Respuesta: Amén. Sí. Responde todo el pueblo.

III. Rito de la comunión
Se introduce la oración de Jesús
Enséñanos a orar, Padre nuestro.
El sacerdote y los fieles lo recitan juntos. Hay la costumbre de extender las manos, de juntar las manos. Creo que puede ayudar este gesto si se hace con devoción.
- Padre nuestro: (No padre mío. Sin dejar de ser mi padre, es también tu padre y de todos los hermanos.
En ese momento todos deberían sentirse eso, hermanos, y rezar juntos a nuestro Padre celestial como nos enseñó nuestro Hermano mayor, Jesús.)

- Santificado sea tu nombre: (El nombre es la persona misma. Él ya es santo. Significado: Que todos los hombres reconozcan, acepten y alaben tu santidad, te alaben a Ti, Dios santísimo.)
- Venga a nosotros tu Reino: (Venga a mi corazón, a mi alma tu gracia, tu vida divina, los frutos de tu Pasión y resurrección. Sé nuestro Rey y nosotros tus soldados, por la gracia, y tus apóstoles.)
- Hágase tu voluntad: (En el cielo, perfecto
En la tierra no tanto. En mi vida cristiana ¡quién sabe! Lo más importante que tenemos que hacer es cumplir la voluntad de Dios)

-Danos hoy nuestro pan de cada día.
(Con el pan, todo lo humano y material: sustento, casa, vestido, transporte, salud, etc.…)
-Perdona nuestras ofensas así como…: (Ésta es la expresión más difícil.)
- No nos dejes caer en la tentación
(Tentaciones tendremos y tenemos. Son necesarias, útiles. Que no caigamos. No es lo mismo sentir que consentir.)
- Y líbranos del mal: (Todo mal: físico, sobre todo moral. El pecado. Y líbranos del padre de la mentira.)

Sigue una oración que amplía la petición de “Líbranos del mal”. Y aprovechando el momento se pide por la paz y unidad en la Iglesia.
Y en este contexto se desea la paz a los presentes. “La paz del Señor” esté siempre con vosotros”…Daos fraternalmente la paz.
Sin aspavientos, de forma sencilla y sincera. Sabiendo que nadie da lo que no tiene.
Tampoco es necesario querer dar la paz a todo el mundo: a los de mi alrededor es suficiente.
Se parte un pedacito de la hostia en el cáliz. Significado: la resurrección.
Cordero de Dios: Un acto de humildad repetido tres veces. No somos dignos.

El sacerdote hace en privado una oración humilde de preparación. Luego levanta la Hostia y hace la invitación de San Juan Bautista a sus discípulos, en particular a Andrés y a Juan Evangelista. Y lo siguieron. Dichosos los invitados. Son todos. Pero dichosos los que pueden recibirlo. Debería doler tanto… que todos entonces irían a la misa confesados, en gracia de Dios.

Señor, yo no soy digno…
¿Quién dijo estas hermosas palabras? Un pagano, un centurión romano que tenía tanta fe que Jesús dijo de Él: “No he encontrado tanta fe en Israel”.

Comulga primero el sacerdote. Luego el sacerdote y diácono dan la comunión. Si es mucha gente, y de ordinario suele estar llena la Iglesia, es muy conveniente que ayuden algunos ministros extraordinarios de la Eucaristía. Mientras se canta o se lee la antífona de la comunión que es una píldora breve sobre la Eucaristía.

“El cuerpo de Cristo”. Amén.: Creo.
¿En la boca o en la mano? Según lo determine el obispo del lugar. Ambos están permitidos. No importa si es en la boca o es en las manos. Lo que importa es el respeto y el amor.
Tercera oración: Alude a la misa celebrada, a la comunión recibida y pide que mantengamos los frutos para el futuro.

Rito de conclusión
El Señor esté con vosotros: Un saludo final, semejante al del principio.
Y se da la bendición en nombre de la santísima Trinidad.
Se cierra esta acción litúrgica con solemnidad: Como si uno entrara a través de un gran arco a la Misa y saliera por otro arco hermoso.

Podéis ir en paz.

Ojalá sea cierto. Razones tienen porque han estado en una convivencia de hermanos, han escuchado la palabra de Dios, han recibido a Dios mismo en su alma. Han rezado y cantado juntos las alabanzas de Dios. Debieran salir con otra cara y otra alma de aquella que con la que entraron.

Preguntas o comentarios al autor  P. Mariano de Blas LC

LA LEYENDA DEL MONJE DE HEISTERBACH

La leyenda del monje de Heisterbach
Sucedió que una tarde, después de terminar su trabajo, bajó de la sombría biblioteca dirigiéndose hacia el bello y luminoso claustro...


Por: Leyenda popular | Fuente: Catholic.net 



Érase una vez un joven monje, de nombre Urbanus, piadoso y diligente, que habiendo sido nombrado bibliotecario del monasterio, se entregó a su función en cuerpo y alma. Cuidaba los libros, estudiaba mucho, y le gustaba leer especialmente las Sagradas Escrituras.
Un día, se impactó con un versículo del Salmo 89 que demasiado le intrigó: “Porque mil años delante de Vos, son como el día de ayer, que ya pasó, como una sola vigilia de la noche”.
“Esto me parece imposible” – pensó. Y esa duda se fijó en su mente, pasando a incomodarlo desde aquel momento. Sucedió que una tarde, después de terminar su trabajo, bajó de la sombría biblioteca dirigiéndose hacia el bello y luminoso claustro.
Al mirar hacia el jardín, vio un lindo ruiseñor posado en la rama de un arbusto, que cantaba del modo más bello que se pueda imaginar. El monje se aproximó al pajarito, pero en el momento de cogerlo, voló para una rama próxima, al tiempo que cantaba más fuerte y más claro. En cierto momento el ruiseñor sobrevoló el pequeño muro del monasterio, y el monje lo siguió, saliendo por la puerta del jardín. El joven se adentró en el bosque próximo, pero después de caminar un poco, dejó de oír al ruiseñor y lo perdió de vista. Resolvió, entonces, volver apresuradamente, ya que no había pedido autorización para salir, y las campanas del monasterio tocaban el Angelus de la tarde. Al regreso, vio por el camino árboles enormes, los cuales no recordaba. Con certeza tanto lo había atraído el canto del ruiseñor que ni los percibió. Con todo, al avistar el monasterio, quedó espantado. “¿Me habré equivocado de camino? ¡Pero si anduve tan poco!”. El hecho es que el muro era más alto, y la puerta del jardín había desaparecido. En fin, no era el momento de pensar en esas cosas; había que correr hasta el portón principal, entrar rápido y explicar al abad lo que había ocurrido.
Al llamar, fue atendido por un portero que no conocía, y que no quería dejarlo pasar. Urbanus forzó la entrada, siguió rápido en dirección al jardín y… ¡Oh sorpresa! ¡Éste había cambiado completamente! Recorrió con sus ojos el claustro y no lo reconoció: puertas nuevas, mosaicos que nunca había visto… Al menos la sólida iglesia monacal continuaba allí al lado.
Entretanto, era flanqueada por varias construcciones enormes que – y de esto tenía certeza – nunca habían estado en ese lugar. Temiendo que estuviese soñando, Urbanus se dirigió a un monje que cuidaba las plantas y casi le gritó: “Hermano, ¿Qué sucedió? ¿Cómo cambió todo de repente?” El otro, intrigado y entre risas, respondió: “Hace veinte años que estoy aquí, y todo sigue igual. Pero, anciano hermano, permítame preguntarle, ¿de dónde viene Ud.?”, a lo que él replicó: “¿Por qué me llama anciano? ¡Tengo cuando mucho la mitad de su edad!” “¿La mitad de mi edad? – preguntó el otro. “¿Con ese cabello tan blanco?” Urbanus se sintió desfallecer; bajó la cabeza, y sólo ahí notó la larga barba, blanca como la nieve, que le caía hasta la cintura. Sin comprender nada, deambuló por los corredores, extrañando que todos se apartaban de él como si estuviesen viendo un fantasma. En cierto momento, vio caminar en su dirección a un grupo de monjes encabezados por el abad, quien, llevando en alto un crucifijo, dijo solemnemente: “Oh alma del otro mundo, en nombre de Jesucristo, parad y decid, ¿Qué deseáis aquí, en nuestra abadía?”
“¡Yo vivo aquí!” – replicó Urbanus afligido. “Uds. son los extraños…¿Dónde está el Abad Félix, y dónde están mis hermanos de hábito?” La sorpresa era general. En esto, un joven se adelantó y dijo al abad: “Esto me recuerda algo que leí en un diario del monasterio. Pido autorización para traerlo”. En dos minutos estaba de vuelta con el grueso volumen, harto envejecido. Lo abrió y leyó en voz alta:
“En este año del Señor de 1067 – hace trescientos años – Urbanus, el joven bibliotecario del monasterio desapareció sin dejar rastro. Nunca se supo si huyó de la vida monacal o si se volvió loco.” Urbanus suspiró y, con los ojos en lágrimas y voz trémula, dijo:
“Ah, ruiseñor, ¿ese era entonces tu mensaje? ¡Yo te seguí durante tres minutos, escuchando tu cantar, y tres siglos transcurrieron! ¡Era una canción del cielo la que yo oía! ¡Cómo el tiempo de nuestras vidas no es nada en comparación con la eternidad! Ahora comprendo y alabo a Dios.”

EL CINE ¿ES OCASIÓN DE PECADO?

El cine ¿es ocasión de pecado?
El cine es un estupefaciente, y si se adormece tu sensibilidad espiritual, ¿qué conciencia moral podrá protegerte? 


Por: Jorge Loring, S.I. | Fuente: Catholic.net 



El cine, en sí mismo, no es malo. Es un vehículo de cultura, un transmisor de ideas, un arte que, si se utiliza rectamente, puede servir para dar gloria a Dios. Pero desgraciadamente, hasta ahora, se ha empleado más para hacer el mal que para hacer el bien.

El Episcopado italiano publicó una Declaración sobre la situación moral del cine en la que decía: «Salvo laudables excepciones, que merecen nuestra consideración y aliento, la mayor parte de la producción cinematográfica italiana ha ido constantemente hacia un progresivo y desenfrenado deterioro moral».

Por eso te aconsejo que no te aficiones demasiado al cine. El cine tiene una tremenda fuerza persuasiva. Anula la personalidad, arrastra, emboba, hipnotiza. Nos identifica con el protagonista y nos proyecta su psicología, su modo de ser, su ejemplo. Es un arma psicológica fenomenal. Y cuanto más potente es un arma tanto más peligroso es su mal uso.


El cine tiene serios peligros

El primero, aunque menos grave que el segundo, es su exhibicionismo sexual. El daño depende, naturalmente, de las circunstancias. No es lo mismo en los fríos espectadores nórdicos que en los ardientes meridionales. No es lo mismo el dominio de una persona culta que la reacción gamberra del populacho. No es lo mismo la serenidad de la madurez que la excitabilidad de la juventud.

Pero no seamos ingenuos cerrando los ojos ante este peligro real. Peligro que no sólo existe mientras dura la proyección de la cinta. La imaginación seguirá después trabajando con las imágenes que se le quedaron grabadas, y es muy fácil que se produzcan después tentaciones desagradables. Pensemos, por ejemplo, lo frecuente que son las películas que proyectan escenas de amor en la cama (y no precisamente entre esposos).

Pero el peor daño del cine es por la fuerza con que transmite las ideas. El lenguaje de la imagen tiene un gran valor emotivo que conquista de modo casi invencible y cambia poco a poco el fondo del psiquismo, aun contra la propia voluntad, que no advierte lo que sucede dentro de sí.

Por ejemplo: una película me presenta un marido que no se entiende con su mujer, por incompatibilidad de caracteres. En cambio se ha enamorado locamente de su secretaria que es de enormes cualidades, y le corresponde en su amor. Pero no pueden casarse porque son católicos. Instintivamente nos apena que la Iglesia se oponga a ese matrimonio. En ese momento no se advierten los males que se seguirían a la familia, en general, de permitir el divorcio. Instintivamente aprobamos el adulterio de dos personas que nos han ganado el corazón. De esta manera se nos va cambiando la mentalidad sin casi advertirlo.

El cine enfoca y resuelve muchos problemas humanos al margen de Dios, como si no existiera una Ley Divina y un destino sobrenatural del hombre. Son películas que están hechas con un criterio que no tiene, generalmente, nada de cristiano, y a fuerza de verlas, va uno cambiando, sin darse cuenta, su modo de pensar cristiano para pensar como los del cine. Son una lima para un espíritu cristiano. Tú no lo notas, pero siempre se llevan algo. Una conducta inmoral interpretada por una artista agradable nos inclina a la justificación. Con esto empieza a evolucionar nuestro criterio cristiano, y al fin, arrastrado por el ejemplo del cine, se termina poniendo por obra lo que tantas veces se vio en la pantalla con fuerza seductora.

Como estas ideas están expuestas de un modo agradable y simpático, las admitimos con facilidad. Tenemos que filtrar estas ideas y rechazar todo lo que no esté de acuerdo con nuestras ideas cristianas.

Los pueblos no mueren porque se les combata o conquiste, sino porque se les corrompe. Pues el cine está teniendo la virtud trágica de corromper hasta la conciencia de nuestro pueblo. Muchos españoles de hoy ya no piensan en español, ni en cristiano, sobre problemas tan capitales como son la familia y el amor. A fuerza de ver en el cine, cosas que están mal, aunque al principio nos repelen y las censuramos, poco a poco nos vamos acostumbrando, y es posible que, si se nos presenta la ocasión, hagamos también nosotros lo que antes nos hubiera horrorizado.

Conozco a un matrimonio que a los cuatro años de casados vivían inmensamente felices con un auténtico cariño mutuo y gozando de la alegría de dos hijos como dos soles. Un día la mujer, influenciada por la ligereza y frivolidad con que se ven en el cine escenas de adulterio, aprovechando un viaje de su marido, no le importó correr una aventurilla (¡qué tiene de particular!: es la frase con la que queremos justificarlo todo), y se acostó con otro hombre. Y como todo lo que se hace termina por saberse, un día su marido se enteró. Fue tal la tragedia que se armó que nunca, en su vida, aquellas dos personas pasaron días peores. El marido me decía: «Si es verdad que me quería, ¿cómo ha podido hacerme eso?. Es que no me quería. Todo lo que me decía era mentira. No puedo volver a hacer el amor con ella. Se me pone delante que me está engañando. ¡No puedo seguir con ella!» Y lloraba de desesperación, de rabia y de pena. Y ella también lloraba de arrepentimiento, al ver que por un capricho frívolo había hundido la felicidad de su hogar.

En materia de amor, el cine hace daño tanto a las personas casadas como a las solteras. El cine hace daño a los casados porque con mucha frecuencia presenta como la cosa más natural, y casi inevitable, las expansiones amorosas extramatrimoniales de casados. Y esto ¡no puede ser! Toda expansión amorosa extramatrimonial de un casado, es adúltera. Con la gracia de Dios se pueden superar todos los conflictos amorosos que se presenten al corazón.

El daño que el cine hace a las personas solteras es, entre otras cosas, por enseñar una enorme facilidad para llegar al acto sexual: derecho exclusivo de casados. Además, porque muchísimas veces presenta como motivo suficiente para el matrimonio el atractivo corporal, y eso es mentira. Este atractivo es un factor, pero él sólo no basta. Muchísimos fracasos matrimoniales se deben precisamente a que se basaron exclusivamente en el atractivo corporal, y se descuidaron otros valores de mayor importancia.

Aparte del daño que el cine hace con sus escenas, en la emotividad de la mujer, le hace otro daño también grave en su psicología: la mujer se siente arrastrada a imitar los modales, las actitudes y conducta de las artistas que se presentan como mujeres deslumbradoras, y hacen brotar en la espectadora el natural deseo de resultar ellas mismas también atractivas. Al principio, las cosas que chocan con la moral se rechazan, pero a fuerza de verlas en la pantalla se les va quitando importancia y acaban por asimilarse.

El cine ha hecho muchísimo daño a las chicas enseñándolas modales insinuantes y provocativos, a mirar con descaro, un modo de ser frívolo y fácil, y a ser condescendientes en aventuras amorosas. ¡Cuántas chicas adoptan en público y en privado, posturas y actitudes atrevidas, influenciadas por lo que vieron en el cine, dándose cuenta o sin darse cuenta del todo! ¡Cuántas chicas se han hecho unas frescas por lo que vieron en el cine! ¡Cuántas chicas cayeron más hondo de lo que jamás sospecharon por seguir unos primeros pasos que aprendieron en el cine! Algunas chicas, influenciadas por el ambiente erotizado, son fáciles en llegar a todo, sin pensar en las consecuencias, pues en las películas lo ven continuamente y nunca pasa nada. Pero en la vida real, sí. La vida real no es el cine. Cuántas solteras embarazadas, después se lamentan de lo que hicieron... ¡Pero ya es tarde!

«Hay películas que, de hecho, son para muchos una verdadera escuela de vicio. Al exhibir ante la juventud escenas de besos prolongados y lascivos se les incita a hacer otro tanto, haciéndoles creer que tales acciones son la señal necesaria del amor, y afianzándoles en la convicción de que eso se puede hacer, pues tantos otros lo hacen. Así se mata poco a poco en las almas el sentido del pudor y de la pureza». (Dantec: Noviazgo Cristiano)

Muchas películas tratan de una chica que se lía con un casado, una prostituta que seduce a un jovenzuelo, una mujer que engaña a su marido, etc., etc. Siempre a base de pecados sexuales. ¿Cuándo veremos películas que exalten las virtudes de un buen padre de familia, de una madre honrada y de una chica decente? Hacer esto es mucho más difícil. Aquello es mucho más fácil. Por eso abundan las películas a base de los bajos fondos de la vida.

Hay que combatir las películas que inculcan ideas contrarias a la moral católica. El público es el que manda en el cine. Si una película deja la sala vacía, no se repetirá . Pero si una película resulta «de taquilla» se multiplicarán las películas de este tipo. Si queremos moralizar el cine, hay que hacer el vacío a las películas indeseables. Con este método «La Legión de la Decencia» en Estados Unidos, logró imponerse a los directores de Hollywood.

En cuestión de espectáculos inaceptables para la conciencia cristiana, conviene adoptar con energía la consigna de no asistir a ninguno por tres fines simultáneos: evitar el peligro propio, dar buen ejemplo y exigir que no se den espectáculos indecentes por el medio humano más eficaz, tratándose de empresarios poco delicados de conciencia, que consiste en negar la cooperación económica.

Pío XII, en su encíclica Miranda Prorsus, sobre el cine, la radio y la televisión, dice: «Los juicios morales, al indicar claramente qué películas se permiten a todos y cuáles son nocivas o positivamente malas, darán a cada uno las posibilidades de escoger los espectáculos..., harán que eviten los que podrían ser dañosos para su alma, daño que será más grave aún por hacerse responsable de favorecer las producciones malas y por el escándalo que da con su presencia». El Concilio Vaticano II nos exhorta a «seguir las indicaciones de la censura moral y a evitar los espectáculos peligrosos, entre otras cosas, para no contribuir económicamente a espectáculos que puedan hacer daño espiritual».

El punto de vista estético no basta para justificar cualquier espectáculo. La curiosidad no es motivo suficiente cuando se trata de espectáculos degradantes. Oigamos de nuevo a Pío XII: «Culpable sería, por tanto, toda suerte de indulgencia para con cintas que, aunque ostenten méritos técnicos, ofenden, sin embargo, el orden moral; o que, respetando aparentemente las buenas costumbres, contienen elementos contrarios a la fe católica».(Encíclica Miranda Prorsus)

Es notable que muchos cristianos difíciles para dar su dinero a obras de caridad y apostolado, lo den sin escrúpulos a espectáculos que descristianizan las costumbres. Regatean su dinero para lo bueno, y lo dan alegremente para lo malo.

Pero no te contentes con no ir tú a esas películas. Procura además convencer a otras personas para que tampoco vayan. Si los católicos quisiéramos colaborar a la acción moralizadora de la Iglesia, Cristo reinaría mucho más en el mundo. Pero hay católicos que consideran a la Iglesia como una aguafiestas a quien hay que dar de lado para poder pasar la vida más divertida; y así están haciendo el juego a Satanás para que sea él quien domine en el mundo. Es inconcebible, y da pena decirlo, pero la realidad es que, a veces, los primeros en obstaculizar la obra moralizadora de la Iglesia, son los mismos cristianos.

El cine es un estupefaciente, y si se adormece tu sensibilidad espiritual, ¿qué conciencia moral podrá protegerte? Cuando el timbre de alarma de la conciencia y del remordimiento está estropeado, el alma corre peligro. Cuántas veces la voz de la conciencia ha hecho dar un frenazo ante el abismo del pecado. Y también, ¡cuántas veces la voz de Dios, resonando en el alma, ha levantado a una vida de perfección!
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