viernes, 24 de julio de 2015

¿TENDREMOS CAMBIOS ESPIRITUALES EN EL CIELO?


¿Tendremos cambios espirituales en el Cielo?
Nuestra transición al cielo resultará en un cambio de nuestra naturaleza espiritual 


Por: Rick Rood | Fuente: mercaba.org 



Mark Twain una vez afirmó sarcásticamente que en el Cielo, durante doce horas del día, todos cantaremos un himno una y otra vez. {1} ¡Difícilmente un pensamiento atractivo! La Biblia, sin embargo, pinta un cuadro muy diferente de cómo será la vida en el Cielo. Considere sólo algunas de las características más significativas del Cielo.

Primero, sabemos que nuestra transición al cielo resultará en un cambio de nuestra naturaleza espiritual. Pablo habló de "la esperanza de la justicia" que aguardamos (Gálatas 5,5); la expectativa de ser hechos completamente justos. En Romanos capítulo 7 habló de ser liberados de la lucha interna contra el pecado que mora dentro, mediante la liberación de nuestro cuerpo mortal (Romanos 7,23-24). Juan dijo que cuando Jesús aparezca, "seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es" (1 Juan 3,2). Aun ahora, se nos dice que mientras contemplamos "la gloria del Señor" estamos siendo transformados gradualmente en Su imagen (2 Corintios 3,18). Un día lo veremos "tal como Él es." ¡Y cuando lo hagamos, habrá algo en nuestra visión de Él que purificará nuestros corazones de todo pecado y nos ligará eternamente a Él! Un resultado de esta transformación será el perfeccionamiento de las relaciones entre nosotros. Sobre la tierra, aun entre los más maduros entre nosotros, nuestras relaciones son estorbadas por barreras creadas por el temor, el orgullo, la envidia y la vergüenza. Pero la Biblia dice que "el perfecto amor echa fuera el temor" (1 Juan 4,18). Cuando aprehendamos por completo el amor perfecto que Dios tiene para nosotros y seamos limpiados del pecado que mora actualmente en nosotros, las relaciones entre nosotros serán finalmente las que Dios quiso que fueran.

Segundo, en el Cielo nuestra comprensión de la naturaleza de Dios será ampliada grandemente. El apóstol Pablo dice que "ahora vemos por espejo, oscuramente" pero entonces "veremos cara a cara" y "conoceremos como fuimos conocidos" (1 Corintios 13,12). Estoy convencido de que será este conocimiento el que nos moverá a unirnos en forma espontánea al coro celestial para cantar himnos de alabanza al Dios Todopoderoso. De los pocos atisbos de la adoración celestial que se nos conceden en las Escrituras, aprendemos que nuestra alabanza de Dios estará enfocada tanto en Quién es Él - el Dios eterno, santo y todopoderoso (cf. Isaías 6,3; Apocalipsis 4,8) - como en lo que Él ha hecho (Apocalipsis 4,11; 5,9-14). Si nuestra adoración de Dios está acallada ahora, es al menos en parte porque todavía no comprendemos plenamente la grandeza de Su gloria y lo sobrecogedor de Su obra creadora y redentora. Pero en el Cielo obtendremos una percepción mucho más clara de la sabiduría de Dios, desplegada en las complejidades de Su creación, y de Sus propósitos maravillosos manifestados en Su obra redentora. Algunos se han preguntado cómo podríamos ser felices en el cielo sabiendo que algunas de las criaturas de Dios están soportando Su juicio eterno. Parece aparente, sin embargo, que en el Cielo obtendremos una perspectiva mucho más clara de la justicia de Dios (cf. Apocalipsis 18,20; 19,1-4). Tal vez la felicidad más perfecta del Cielo sea imposible sin algún elemento de tristeza por la pérdida eternal de aquellos que han rechazado la gracia de Dios. No hay duda, sin embargo, que muchos de los misterios de la vida y de los caminos de Dios en nuestras vidas individuales se entenderán mucho más claramente, llevándonos a unirnos en Su alabanza.

Finalmente, hay toda razón para creer que habrá una oportunidad de crecimiento en el Cielo. . . No crecimiento hacia la perfección, sino crecimiento en la perfección. Como hombre, Jesús era por cierto perfecto. Sin embargo, las Escrituras nos dicen que Él "crecía en sabiduría, en estatura y en favor con Dios y con los hombres." Las Escrituras también nos dicen que una de las tres virtudes que permanecerán por siempre es la esperanza (1 Corintios 13,13). Y qué la esperanza sino la expectativa de cosas cada vez mejores que están por venir. . . ¡la perspectiva de todos aquellos para quienes el Cielo es nuestro hogar eterno!

{1} Sanders, p. 19.

LAS SIETE PETICIONES QUE HACEMOS A DIOS EN LA ORACIÓN DEL PADRE NUESTRO


Las siete peticiones que hacemos a Dios en la oración del Padre Nuestro
La vida de oración


Las tres primeras son para dar gloria al Padre, son los deseos de un hijo que ama a su Padre sobre todas las cosas. Las cuatro últimas le pedimos su ayuda, su gracia


Por: Catholic.net | Fuente: Catholic.net 



Uno de sus discípulos le pidió a Jesús que los enseñara a orar y Él lo hizo, enseñándoles la oración del Padrenuestro. Es así como Jesús nos regaló esta oración siendo la oración cristiana fundamental, la que todos nos sabemos, grandes y chicos, la que rezamos en la casa, en el colegio, en la Misa. A esta oración también se le llama “Oración del Señor” porque nos la dejó Cristo y en esta oración pedimos las cosas en el orden que nos convienen. Dios sabe que es lo mejor para nosotros. A través del Padrenuestro vamos a hablar con nuestro Padre Dios. Se trata de vivir las palabras de esta oración, no solo de repetirlas sin fijarnos en lo que estamos diciendo. El Padrenuestro está formado por un saludo y siete peticiones.

Saludo
Padre nuestro que estás en el cielo: Con esta pequeña frase nos ponemos en presencia de Dios para adorarle, amarle y bendecirle.
¡Padre! : Al decirle Padre, nosotros nos reconocemos como hijos suyos y tenemos el deseo y el compromiso de portarnos como hijos de Dios, tratar de parecernos a Él. Confiamos en Dios porque es nuestro Padre.
Padre “Nuestro”: Al decir Padre Nuestro reconocemos todas las promesas de amor de Dios hacia nosotros. Dios ha querido ser nuestro Padre y Él es un Padre bueno, fiel y que nos ama muchísimo. “Padre Nuestro” porque es mío, de Jesús y de todos los cristianos.
“Que estás en el cielo”: El cielo no es un lugar sino una manera de estar. Dios está en los corazones que confían y creen en Él. Dios puede habitar en nosotros si se lo permitimos. Dios no está fuera del mundo, sino que su presencia abarca más allá de todo lo que podemos ver y tocar.

Las siete peticiones
Después de ponernos en presencia de Dios, desde nuestro corazón diremos siete peticiones, siete bendiciones. Las tres primeras son para dar gloria al Padre, son los deseos de un hijo que ama a su Padre sobre todas las cosas. Las cuatro últimas le pedimos su ayuda, su gracia.
1. Santificado sea tu nombre: Con esto decimos que Dios sea alabado, santificado en cada nación, en cada hombre. Depende de nuestra vida y de nuestra oración que su nombre sea santificado o no. Pedimos que sea santificado por nosotros que estamos en Él, pero también por los otros a los que todavía no les llega la gracia de Dios. Expresamos a Dios nuestro deseo de que todos los hombres lo conozcan y le estén agradecidos por su amor.
Expresamos nuestro deseo de que el nombre de Dios sea pronunicado por todos los hombres de una manera santa, para bendecirlo y no para blasfemar contra él. Nos comprometemos a bendecir el nombre de Dios con nuestra propia vida.
2. Venga a nosotros tu reino: Al hablar del Reino de Dios, nos referimos a hacerlo presente en nuestra vida de todos los días, a tener a Cristo en nosotros para darlo a los demás y así hacer crecer su Reino; y también nos referimos a que esperamos a que Cristo regrese y sea la venida final del Reino de Dios.

Cristo vino a la Tierra por primera vez como hombre y nació humildemente en un establo. En el fin del mundo, cuando llegue la Resurrección de los muertos y el juicio final, Cristo volverá a venir a la Tierra, pero esta vez como Rey y desde ese momento reinará para siempre sobre todos los hombres. Se trata de ayudar en la Evangelización y conversión de todos los hombres. Hacer apostolado para que todos los hombres lo conozcan, lo amen.
Pedimos el crecimiento del Reino de Dios en nuestras vidas, el retorno de Cristo y la venida final su Reino.
3. Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo: La voluntad de Dios, lo que quiere Dios para nosotros es nuestra salvación, es que lleguemos a estar con Él.
Le pedimos que nuestra voluntad se una a la suya para que en nuestra vida tratemos de salvar a los hombres. Que en la tierra el error sea desterrado, que reine la verdad, que el vicio sea destruido y que florezcan las virtudes.
4. Danos hoy nuestro pan de cada día: Al decir “danos” nos estamos dirigiendo a nuestro Padre con toda la confianza con la que se dirige un hijo a un padre.
Al decir “nuestro pan” nos referimos tanto al pan de comida para satisfacer nuestras ncesidades materiales como al pan del alma para satisfacer nuestras necesidades espirituales. En el mundo hay hambre de estos dos tipos, por lo que nosotros podemos ayudar a nuestros hermanos necesitados.
5. Perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden: Los hombres pecamos y nos alejamos de Dios, por eso necesitamos pedirle perdón cuando lo ofendemos. Para poder recibir el amor de Dios necesitamos un corazón limpio y puro, no un corazón duro que no perdone los demás. Este perdón debe nacer del fondo del corazón. Para esto necesitamos de la ayuda del Espíritu Santo y recordar que el amor es más fuerte que el pecado.
6. No nos dejes caer en tentación:El pecado es el fruto de consentir la tentación, de decir sí a las invitaciones que nos hace el demonio para obrar mal. Le pedimos que no nos deje tomar el camino que conduce hacia el pecado, hacia el mal. El Espíritu Santo nos ayuda a decir no a la tentación. Hay que orar mucho para no caer en tentación.
7. Y líbranos del mal: El mal es Satanás, el ángel rebelde. La pedimos a Dios que nos guarde de las astucias del demonio. Pedimos por los males presentes, pasados y futuros. Pedimos estar en paz y en gracia para la venida de Cristo.
AMÉN: Así sea.
Como te das cuenta, al rezar el Padrenuestro, le pides mucha ayuda a Dios que seguramente Él te va a dar y al mismo tiempo te comprometes a vivir como hijo de Dios.

CIENTÍFICA ATEA Y CREE EN LOS MILAGROS

Jacalyn Duffin: yo soy una científica, atea y creo en los milagros
Si no puedo explicar ciertos hechos con la ciencia, ¿quién soy para decir que no ha sido por la oración?


Fuente: Portaluz/InfoCatólica 



Habla la hematóloga Duffin, cuyo análisis «determinó» la canonización de la primera santa canadiense. «No es la Iglesia quien se aleja de la ciencia, son los científicos que construyeron una pared artificial entre ellos y la Iglesia… Porque son ignorantes». Ahora que he terminado el trabajo, ¿me puedes decir: se trata de una demanda o de un milagro? Jacalyn Duffin 63 años, canadiense, médico hematólogo e historiadora de la medicina y profesora en la Universidad de Queen nunca imaginó escuchar por respuesta: «Un milagro».
Ella, científica, atea, que siempre había creído en la «verdad de la historia, en un orden natural». No podía imaginarse que «la Iglesia prestaba atención a la ciencia», cuando ella compartía la opinión de la mayoría de los otros médicos: «La religión es sólo superstición, la medicina en cambio, es verdad». Pero es la misma ciencia quien hizo que Jacalyn sostenga una posición que «ha dejado locos a todos mis colegas: yo soy una científica, atea y creo en los milagros.»
Para entender cómo Jacalyn -autora además de cinco libros donde analiza sobre 1.400 milagros registrados en los Archivos Vaticanos-, ha llegado a sostener una posición casi «herética» (con la ciencia) a los ojos de sus contemporáneos, se deben conocer los acontecimientos de su vida que ella no había «planeado» y el increíble e «inusual» rol que tuvo en la canonización de la primera santa de Canadá, en 1990.

Los santos y los milagros no parecen importarles a los científicos. ¿Qué la motivó a ocuparse de esto?

Mi amor por la ciencia, aunque la forma en la que llegué a ello no es común.

¿Usted es médico o una historiadora?

Me gradué en medicina y me especialicé en enfermedades de la sangre. Cuando perdí a mi primer marido, me casé con un diplomático y lo seguí a París. Me aburría enormemente y, como no podía ejercer mi profesión en Francia, tomé un doctorado en la Sorbona, en historia de la medicina. Cuando regresamos a Canadá, quise volver a ejercer como médico, pero en los hospitales me decían: «Estudiaste historia, podrías matar a alguien». Entonces me iba al hospital tan pronto como había una conferencia y siempre trataba de intervenir, quería demostrar que yo era inteligente. Sabía hacer mi trabajo y debía demostrarlo.

¿Cuando llegó la gran oportunidad?

Un día, una colega hematóloga me pidió que analizara unas imágenes de la médula ósea (de un paciente): «No puedo decirte nada sobre este caso, sólo se necesita una segunda opinión de un testigo ciego», me dijo. Testigo ciego es un médico que analiza los datos sin saber nada del caso. Acepté porque quería demostrarle que yo era capaz y esperaba que lo asumiera. Pero no sabía en lo que me estaba metiendo.

¿Por qué?

Pensé que tendría que analizar algunas imágenes, sin embargo, eran más de 300, sin contar los exámenes de sangre. Me dejaron exhausta… y vi que el paciente tenía leucemia mieloide aguda, que es el peor tipo de leucemia que existe; mata en un promedio de 18 meses. Desde la primera imagen pensé que el paciente tenía que estar muerto: era 1986 y los exámenes se remontaban a 1978. Pero la médula ósea contaba otra historia. Los exámenes mostraban que la leucemia estaba curada y en remisión. Esto era increíble, pero no imposible. Después de cuatro meses, la leucemia puede estar de vuelta, agresiva, como antes, y en este punto la Biblia de los hematólogos es clara: si la leucemia regresa, después de ir a remisión, el paciente muere. Es lo que dice la ciencia, y nunca se ha contradicho. Por esto sabía que el paciente debía estar muerto, pero las imágenes mostraban una increíble segunda remisión y la última imagen disponible mostraba una médula ósea perfecta. Entonces pensé: «Es una lástima que haya muerto mientras estaba en remisión». De hecho los medicamentos que se toman para frenar el regreso de la leucemia, pueden causar infecciones. El cuadro me quedaba claro: de seguro la familia del paciente había denunciado al médico debido a que su ser querido estaba muerto a pesar de que había superado de manera inusual la enfermedad y el médico, durante el juicio, había pedido el análisis de un testigo ciego para demostrar que él había actuado de la mejor manera.

¿Cuándo se enteró que se trataba de otra cosa?

Cuando terminé mi trabajo se lo di a mi colega y le dije: «Bueno, ¿es una demanda o un milagro?» Cuando me respondió que era un milagro, y que el paciente, tras ocho años, todavía estaba vivo, yo no podía creerlo.

¿El Vaticano la consultó para evaluar una canonización?

No, en absoluto. Los expertos del Vaticano ya habían rechazado este caso. Para ellos no se podía hablar de milagro porque al analizar las imágenes no habían encontrado la primera remisión, sólo la segunda. Y de acuerdo con la ciencia una remisión es posible, dos no. Así que no había milagro. Pero esto era un insulto: Soy una científico, nadie me puede tomar por tonta. Una vez entregados mis resultados, me fui al Vaticano para presenciar el proceso con una pila de documentos y pruebas. Para mí era una cuestión de principios, de ciencia.

¿Para usted, una científica atea, era un milagro y para el Vaticano no?

Así como la canonización tiene reglas, también la medicina: hay criterios precisos para reconocer una remisión y una recaída. El Vaticano se estaba equivocando.

¿Quién era la sanada por el milagro?

Una mujer canadiense que después de la primera remisión de la leucemia, sabiendo las consecuencias decidió orar a Marie-Marguerite d´Youville pidiendo la gracia. Lo bello es que la paciente no era particularmente religiosa o practicante, pero rezaron por ella, a horas fijas, la familia y todas las parroquias de la ciudad. Es increíble cómo las oraciones sirven para un milagro. El 9 de diciembre de 1990, Juan Pablo II decidió canonizar a Marie-Marguerite d´Youville y me invitó.

¿Algo más en particular?

Yo no sabía nada del proceso de canonización. Mi madre era anglicana, esa era toda mi cultura religiosa, pero luego se convirtió en una atea, y yo pensaba que en la Iglesia Católica determinaban simplemente por un: «Estaba mal, oré y ahora estoy curada. He aquí el milagro». Pero no, el proceso es muy técnico: el Vaticano no considera opiniones sin hechos observados con el conocimiento científico más avanzado del momento. Y cuando en Roma me dieron el acta del proceso, la «Positio Super miraculo», y me dijeron que iba a ser mantenida en los archivos del Vaticano, me encendí y pensé: "¡Cuántos milagros habrán allí, y tal vez todos han sido sometidos al mismo rigor científico!" A partir de ese momento mi vida cambió.

¿Cómo?

En primer lugar, en Canadá me ofrecieron un trabajo como hematóloga y es realmente irónico haber vuelto a ejercer la medicina gracias a la Iglesia. Por ese tiempo hice también más de 20 viajes a los archivos del Vaticano, donde analicé 1.400 milagros que en los últimos 400 años sirvieron para establecer canonizaciones. Todo tipo de curaciones de enfermedades físicas. Hoy entiendo que la Iglesia y la ciencia tienen una larga tradición común.

¿Usted que es atea cree que se han producido más de 1.400 milagros?

Puedo oír a muchos de mis colegas, que me miran a disgusto y dicen: «Ah, ¿pero entonces usted cree en los milagros?». Quiero aclarar: ocurren cosas inexplicables que la ciencia no puede demostrar. Las personas que tienen fe y creen en Dios argumentan que eso sucede por la oración. En los últimos años he aprendido de la humildad: si no puedo explicar ciertos hechos con la ciencia, ¿quién soy para decir que no ha sido por la oración? Somos muy arrogantes en la medicina y dejamos pasar por alto estos hechos, pero la ciencia médica debería prestar más atención a los milagros que suceden muy a menudo.

¿Cree usted que Dios está haciendo milagros?

No sé explicar por qué suceden y yo no creo en Dios, pero estoy abierta a la posibilidad de que la causa sea Él. Cuando voy a conferencias, incluso con médicos católicos, siempre hay alguien que me dice: «Pero a estas alturas debes de creer en Dios y convertirte al catolicismo». Pero no es así, yo soy atea.

¿Nunca pensó en la conversión?

Sí, pero luego me dije a mí misma, la fe en Dios es en sí un milagro. Un milagro que no me ha pasado. Esta es la única respuesta que puedo dar, o al menos lo único que hace desistir a los detractores que se enojan conmigo.

OÍD LO QUE SIGNIFICA LA PARÁBOLA DEL SEMBRADOR


Oíd lo que significa la parábola del sembrador
Parábolas



Mateo 13, 18-23. Tiempo Ordinario. Contamos con un medio excelente para la lucha: la oración. Siempre encuentra un tiempo para dedicarlo a Dios. 


Por: Xavier Caballero | Fuente: Catholic.net 



Del santo Evangelio según Mateo 13, 18-23
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: -Vosotros oíd lo que significa la parábola del sembrador: Si uno escucha la palabra del Reino sin entenderla, viene el Maligno y roba lo sembrado en su corazón. Esto significa lo sembrado al borde del camino. Lo sembrado en terreno pedregoso significa el que la escucha y la acepta enseguida con alegría; pero no tiene raíces, es inconstante, y, en cuanto viene una dificultad o persecución por la Palabra, sucumbe. Lo sembrado entre zarzas significa el que escucha la Palabra; pero los afanes de la vida y la seducción de las riquezas la ahogan y se queda estéril. Lo sembrado en tierra buena significa el que escucha la Palabra y la entiende; ése dará fruto y producirá ciento o sesenta o treinta por uno.

Oración preparatoria
Señor, la semilla de tu Palabra siempre produce buenos frutos. No permitas que las distracciones me arrebaten lo que en esta oración quieres revelarme. ¡Ven, Espíritu Santo!

Petición
Señor, dame tu gracia para tu semilla de amor se multiplique en mi vida.

Meditación del Papa FranciscoEl Evangelio nos presenta a Jesús predicando a orillas del lago de Galilea, y dado que lo rodeaba una gran multitud, subió a una barca, se alejó un poco de la orilla y predicaba desde allí. Cuando habla al pueblo, Jesús usa muchas parábolas: un lenguaje comprensible a todos, con imágenes tomadas de la naturaleza y de las situaciones de la vida cotidiana.
La primera que relata es una introducción a todas las parábolas: es la parábola del sembrador, que sin guardarse nada arroja su semilla en todo tipo de terreno. Y la verdadera protagonista de esta parábola es precisamente la semilla, que produce mayor o menor fruto según el terreno donde cae. Los primeros tres terrenos son improductivos: a lo largo del camino los pájaros se comen la semilla; en el terreno pedregoso los brotes se secan rápidamente porque no tienen raíz; en medio de las zarzas las espinas ahogan la semilla. El cuarto terreno es el terreno bueno, y sólo allí la semilla prende y da fruto.  (Homilía de S.S. Francisco, 13 de julio de 2014).
Reflexión
Lo verdaderamente asombroso es que la inmensa mayoría de las personas no luchan por «ser» alguien, sino por «tener» algo; no se apasionan por llenar sus almas, sino por ocupar un sillón; no se preguntan qué tienen por dentro, sino qué van a ponerse por fuera. Tal vez sea ésta la razón por la que en el mundo hay tantos tantas marionetas y tan pocas, tan poquitas personas. Sí, hay que amar la lucha. Creer en algo muy serio. Luchar por ello. Seguir luchando cuando nos cansemos. Seguir adelante cuando nos cansemos de caminar.

Jesús nos explica en el pasaje evangélico de hoy que la vida del cristiano y la de todo hombre es lucha. Hay que vencer el viento, la dureza de las piedras, las espinas... Quien ha tenido la fortuna de trabajar en el campo, comprende perfectamente la parábola del sembrador. Y es que no basta con tirar la semilla para cosechar frutos abundantes. Hay que elegir el terreno. Hay que preparar la tierra. Hay que cuidar la semilla y tirarla a tiempo. Hay que regar, quitar las malas hierbas y, sobre todo, hay que segar en el momento oportuno. Implica lucha. Trabajo. Esfuerzo. Se dice que: «De los esforzados es el Reino de los Cielos». Es ley de vida. A veces cuesta. Lo importante, no es tanto lo que hacemos, sino el amor con el que obramos. Cuando hay amor, Dios bendice y nos premia, aun si en muchas ocasiones no lo parece a primera vista. Para lograr estar siempre en la «lucha» contamos con un medio excelente: la oración. Jesús la usó y siempre le funcionó.

Ojalá que sepamos valernos de la oración para permanecer en la «lucha» venciendo esos «problemas» cotidianos por amor a Dios y a nuestros hermanos.

Propósito
Poner un medio concreto para crecer en la virtud que me lleve a dominar mi defecto dominante.

Diálogo con Cristo
Señor Jesús, aunque creo que Tú eres lo más importante de toda mi vida, tristemente tengo que reconocer que fácilmente dejo que otras cosas ocupen el lugar que sólo a Ti te corresponde. Dejo que tu semilla se ahogue entre las espinas de mi debilidad al permitir que mis sentimientos gobiernen mis acciones, en vez de mi fe y convicciones. Ayuda mi voluntad para que mi vida sea esa tierra buena donde la semilla de tu amor crezca y dé frutos abundantes.

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...