martes, 4 de agosto de 2015

¿QUÉ SON LOS SANTOS PATRONOS? ¿QUIENES PUEDEN SER ELEGIDOS? ¿CUÁNTOS PODEMOS TENER?

¿Qué son Los Santos Patronos? ¿Quienes pueden ser elegidos? ¿Cuántos podemos tener?
Conoce tu fe

Debemos instruir a nuestros fieles para que conozcan y amen a los Santos Patrones, dándoles el lugar de honor que les corresponde y llevando a cabo una pastoral articulada para conseguir esos objetivos.


Por: Padre Carlos Miguel Buela, IVE | Fuente: Catholic.net 



En la acepción litúrgica, por patrono se entiende la Bienaventurada Virgen María, el Santo o el Beato que por una antigua tradición o por una legítima institución se celebra como protector o intercesor ante Dios.

El patrono se distingue del título o titular (que da nombre) de una iglesia, de una congregación, de una comunidad, aún cuando el título en cierto modo supone un patronato.

Se tienen patrones:
a. De los lugares (es decir de una nación, de una región, de una diócesis, de un estado, de una ciudad, de un pueblo o de una parroquia);
b. De las familias religiosas;
c. De las personas morales, de las asociaciones, de las instituciones, de los grupos, sean eclesiásticos como laicos.

Pueden ser elegidos como patrones la Bienaventurada Virgen María, bajo un título admitido por la liturgia, los ángeles o los santos. Los beatos no pueden ser elegidos como patronos sin un especial indulto de la Sede Apostólica[1]. Se excluyen siempre las Personas divinas[2].

Normalmente debe haber solamente un patrono. Está permitido elegir dos o más santos patronos, si en el calendario los mismos se reportan juntos. Por motivos particulares, a veces se ha adjuntado otro patrono como patrono secundario. En adelante, habitualmente se tendrá un solo patrono.

Los patrones del lugar sean elegidos por el clero y por fieles, es decir por aquellos que serán puestos bajo la protección del patrono. Los patrones de las familias religiosas, de las personas morales, de las asociaciones, de las instituciones, de los grupos, deben ser elegidos por los interesados, es decir por los miembros que forman la familia religiosa, la persona moral, la asociación, la institución, el grupo[3]. La elección debe ser hecha ya sea por consultas o por votaciones, ya por peticiones o por junta de firmas.
La elección del patrono debe ser aprobada por la autoridad eclesiástica competente, es decir: el obispo para la diócesis, la conferencia episcopal para la provincia eclesiástica, la región, o nación; el capítulo provincial para la provincia religiosa, el capítulo general para toda la familia religiosa. Para las personas morales, las asociaciones, las instituciones, los grupos existentes en las diversas partes del mundo, se someta la cuestión a la Santa Sede.

La celebración litúrgica atañe sólo a los patronos regularmente constituidos o recibidos por una tradición inmemorial. Pero a los otros, que se dicen patronos en un sentido más amplio, y que son propuestos únicamente por razones de piedad, no atañe ningún derecho litúrgico particular[4].

La celebración del patrono de un lugar, ciudad o pueblo, de una persona moral, de una asociación, de una institución, de un grupo, se hace con el grado de solemnidad. Tal solemnidad goza de la precedencia sobre todas las fiestas inscriptas en el calendario general o particular y sobre los domingos del tiempo de Navidad y durante al año.
La celebración del patrono de una diócesis, de una provincia, de una región, de una nación, o de una circunscripción más amplia y de una provincia religiosa se hace con el grado de fiesta[5]. Con todo, si razones pastorales lo aconsejan, por ejemplo cuando el patrono ha tenido un puesto notable en la historia de una región o cuando es muy venerado por los fieles, la fiesta del mismo puede ser celebrada como solemnidad[6]. El patrono de un lugar o de una circunscripción más amplia debe ser celebrado también por los religiosos[7] y por cuantos gozan de un calendario propio.

Las familias religiosas pueden celebrar solas, con el grado de solemnidad, únicamente la fiesta del patrono o del titular o del fundador, si el mismo es santo. Sin embargo, en circunstancias particulares, pueden pedir que haya dos de estas solemnidades.
Etimológicamente Patrón[8] viene del latín patronus (= patrono, protector, defensor, abogado, amparador), y de pater (= padre), y éste del griego pater (= padre). En nuestro caso se trata del Patrono o santo protector, titular (da nombre) de una iglesia.

La costumbre es antiquísima y popular. En el Antiguo Testamento ya vemos aparecer a San Miguel y a San Gabriel como santos protectores especiales de países. El vocablo patrono procede del lenguaje romano forense, pero con significado de protector de los clientes, colonos, manumitidos, y se encuentra empleado por vez primera en un sentido cristiano, en los escritos de San Ambrosio[9]. Naturalmente, la elección de patronos durante los primeros siglos del cristianismo recaía casi exclusivamente sobre los santos mártires, y estaba limitado a las zonas donde se hallaban enclavados su sepulcro o sus reliquias (patrones locales); más tarde, los obispos, misioneros, constructores o fundadores de iglesias escogieron también por patronos de la iglesia a confesores y a los santos ministros de la religión, por ejemplo, la Trinidad, la Santa Cruz, el Salvador, etc.; lo cual recibió más bien el nombre de título que el de patronato.

La investigación científica aplicada al estudio de los patrocinios o patronatos de las iglesias ha contribuido al estudio histórico de las fuentes literarias o arqueológicas, habida cuenta de las diversas circunstancias de toda índole que acompañan siempre al establecimiento de los patronatos locales. Es interesante el estudio de lo que podríamos llamar la geografía de los santos patronos. El hecho de ser la iglesia patrocinada por un santo supone la veneración popular de éste, y viceversa: el ejercicio nominal de un patronato ha fomentado y desarrollado la veneración hacia una advocación determinada, y no pocas veces el recuerdo de la labor histórica de los grandes santos fue el motivo inicial para las fundaciones de las iglesias. Por otra parte, la investigación hagiográfica ha probado también que el culto de algunos santos se relaciona con su vida póstuma: así, el descubrimiento o traslación de su sepulcro o de sus reliquias ha motivado a menudo un florecer de devociones y de fundación. La investigación, además tiene que empezar a partir de la época en que la región ha empezado a ser misionada.

De entre la multitud de mártires de la Iglesia primitiva, los misioneros antiguos eligieron preferentemente, para patronos de las iglesias, Santos que han gozado de estimación general; así los principales Apóstoles, San Juan Bautista, a menudo patrono de los antiguos templos bautismales, San Esteban y San Lorenzo, la Virgen Santísima, San Miguel y San Martín. Al aumentar la predicación y el área evangelizadora de la Iglesia, crecía el número de los santos patronos, y este patronato y sus características cambiaron con el tiempo: por ejemplo, San Martín fue primeramente patrono de iglesias parroquiales, reales y de otras categorías, y luego apareció como patrono de lugares remotos e insignificantes. Conforme al principio de acomodación, el papa San Gregorio Magno, recomendó a San Agustín de Cantorbery, misionero de Inglaterra, que no destruyese los templos paganos que encontrara en el país, sino que los transformara en Iglesias cristianas; sin embargo, la suplantación sistemática de ciertas divinidades por santos cristianos (por ejemplo, Wotan por San Martín) no se llevó a efecto de un modo absoluto. Al propio tiempo influyó grandemente en la creación, propagación o cese de un patronato, la categoría de la clase social dominante, príncipes, aristócratas, elemento militar, etc. Así San Jorge aparece como patrono de varias Iglesias ya en los siglos V y VI, más tarde como patrono de caballeros y por ultimo su patronato pasó al estado llano y a los campesinos. Países tan distintos como Inglaterra, Cataluña y Grecia, lo adoptaron también como santo patrono.

Debemos instruir a nuestros fieles para que conozcan y amen a los Santos Patrones, dándoles el lugar de honor que les corresponde y llevando a cabo una pastoral articulada para conseguir esos objetivos. Algunos elementos importantes son las Fiestas patronales, las novenas, postales, estampas, escapularios, medallas, réplicas de su imagen, etc., que el verdadero arte de la religiosidad popular ha sabido, a través de los siglos, crear.

EL PURGATORIO, LA IGLESIA PRIMITIVA Y LOS PADRES DE LA IGLESIA

El Purgatorio, la Iglesia Primitiva y los Padres de la Iglesia
El concepto del purgatorio ha estado presente en la fe de la Iglesia desde sus inicios, documentos. 


Por: José Miguel Arráiz | Fuente: ApologeticaCatolica.org 



El purgatorio ha sido una de las doctrinas más rechazadas por el protestantismo. Frecuentemente suelen afirmar sin el menor rigor histórico que es un invento de San Gregorio Magno en la edad media. Entre algunos ejemplos que tomé de varios artículos de la Web están el del conocido protestante anticatólico Dave Hunt:
"En el Catolicismo, el "purgar" ocurre en un lugar llamado purgatorio, inventado por el Papa Gregorio el Grande en el año 593 DC" [1]
Un comentario similar hace Daniel Sapia, quien cita al anterior bastante a menudo:
La idea del Purgatorio, un lugar ficticio de purificación final, fue inventada por el Papa Gregorio el Grande en el año 593. Había tal renuencia en aceptar la idea (puesto que era contraria a la Escritura) que el Purgatorio no se hizo un dogma católico oficial por casi 850 años, en el Concilio de Florencia en 1439" [2]
¿Es cierto que el purgatorio es un invento de San Gregorio Magno en la edad media tal como afirma Hunt? ¿Es cierto que había tal renuencia a aceptar la doctrina del purgatorio que no se hizo dogma de fe hasta el concilio de Florencia? Antes de responder estas preguntas es necesario estudiar la doctrina del purgatorio.

Como define el purgatorio el Catecismo de la Iglesia y los Concilios Ecuménicos

El Catecismo de la Iglesia Católica lo explica de la siguiente manera:
1030 Los que mueren en la gracia y en la amistad de Dios, pero imperfectamente purificados, aunque están seguros de su eterna salvación, sufren después de su muerte una purificación, a fin de obtener la santidad necesaria para entrar en la alegría del cielo.

1031 La Iglesia llama Purgatorio a esta purificación final de los elegidos que es completamente distinta del castigo de los condenados. La Iglesia ha formulado la doctrina de la fe relativa al Purgatorio sobre todo en los Concilios de Florencia (cf. DS 1304) y de Trento (cf. DS 1820: 1580). La tradición de la Iglesia, haciendo referencia a ciertos textos de la Escritura (por ejemplo 1 Co 3, 15; 1 P 1, 7) habla de un fuego purificador: Respecto a ciertas faltas ligeras, es necesario creer que, antes del juicio, existe un fuego purificador, según lo que afirma Aquél que es la Verdad, al decir que si alguno ha pronunciado una blasfemia contra el Espíritu Santo, esto no le será perdonado ni en este siglo, ni en el futuro (Mt 12, 31). En esta frase podemos entender que algunas faltas pueden ser perdonadas en este siglo, pero otras en el siglo futuro (San Gregorio Magno, dial. 4, 39).
Es oportuno comenzar aclarando una primera inexactitud de Sapia, pues ya antes del Concilio Ecuménico de Florencia dos concilios ecuménicos habían definido de forma diáfana el purgatorio: el primero y el segundo Concilio Ecuménico de Lyon en el 1245 y en el 1274 respectivamente:
"…Finalmente, afirmando la Verdad en el Evangelio que si alguno dijere blasfemia contra el Espíritu Santo, no se le perdonará ni en este mundo ni el futuro [Mt. 12, 32], por lo que se da a entender que unas culpas se perdonan en el siglo presente y otras en el futuro, y como quiera que también dice el Apóstol que el fuego probará cómo sea la obra de cada uno; y: Aquel cuya obra ardiere sufrirá daño; él, empero, se salvará; pero como quien pasa por el fuego [1 Cor. 3, 13 y 15]; y como los mismos griegos se dice que creen y afirman verdadera e indubitablemente que las almas de aquellos que mueren, recibida la penitencia, pero sin cumplirla; o sin pecado mortal, pero sí veniales y menudos, son purificados después de la muerte y pueden ser ayudados por los sufragios de la Iglesia; puesto que dicen que el lugar de esta purgación no les ha sido indicado por sus doctores con nombre cierto y propio, nosotros que, de acuerdo con las tradiciones y autoridades de los Santos Padres lo llamamos purgatorio, queremos que en adelante se llame con este nombre también entre ellos. Porque con aquel fuego transitorio se purgan ciertamente los pecados, no los criminales o capitales, que no hubieren antes sido perdonados por la penitencia, sino los pequeños y menudos, que aun después de la muerte pesan, si bien fueron perdonados en vida…" [3]

"… Más, por causa de los diversos errores que unos por ignorancia y otros por malicia han introducido, dice y predica que aquellos que después del bautismo caen en pecado, no han de ser rebautizados, sino que obtienen por la verdadera penitencia el perdón de los pecados. Y si verdaderamente arrepentidos murieren en caridad antes de haber satisfecho con frutos dignos de penitencia por sus comisiones y omisiones, sus almas son purificadas después de la muerte con penas purgatorias o catarterias, como nos lo ha explicado Fray Juan; y para alivio de esas penas les aprovechan los sufragios de los fieles vivos, a saber, los sacrificios de las misas, las oraciones y limosnas, y otros oficios de piedad, que, según las instituciones de la Iglesia, unos fieles acostumbran hacer en favor de otros. Mas aquellas almas que, después de recibido el sacro bautismo, no incurrieron en mancha alguna de pecado, y también aquellas que después de contraída, se han purgado, o mientras permanecían en sus cuerpos o después de desnudarse de ellos, como arriba se ha dicho, son recibidas inmediatamente en el cielo" [4]
El concilio de Florencia simplemente reafirmaba lo que ya estos concilios ecuménicos habían definido siglos antes:
"…Asimismo, si los verdaderos penitentes salieren de este mundo antes de haber satisfecho con frutos dignos de penitencia por lo cometido y omitido, sus almas son purgadas con penas purificatorias después de la muerte, y para ser aliviadas de esas penas, les aprovechan los sufragios de los fieles vivos, tales como el sacrificio de la misa, oraciones y limosnas, y otros oficios de piedad, que los fieles acostumbran practicar por los otros fieles, según las instituciones de la Iglesia. Y que las almas de aquellos que después de recibir el bautismo, no incurrieron absolutamente en mancha alguna de pecado, y también aquellas que, después de contraer mancha de pecado, la han purgado, o mientras vivían en sus cuerpos o después que salieron de ellos, según arriba se ha dicho, son inmediatamente recibidas en el cielo…" [5]
Lo mismo reafirma el concilio de Trento (del 1545 al 1563):
"Habiendo la Iglesia católica, instruida por el Espíritu Santo, según la doctrina de la sagrada Escritura y de la antigua tradición de los Padres, enseñado en los sagrados concilios, y últimamente en este general de Trento, que hay Purgatorio; y que las almas detenidas en él reciben alivio con los sufragios de los fieles, y en especial con el aceptable sacrificio de la misa; manda el santo Concilio a los Obispos que cuiden con suma diligencia que la sana doctrina del Purgatorio, recibida de los santos Padres y sagrados concilios, se enseñe y predique en todas partes, y se crea y conserve por los fieles cristianos. Exclúyanse empero de los sermones, predicados en lengua vulgar a la ruda plebe, las cuestiones muy difíciles y sutiles que nada conducen a la edificación, y con las que rara vez se aumenta la piedad. Tampoco permitan que se divulguen, y traten cosas inciertas, o que tienen vislumbres o indicios de falsedad. Prohíban como escandalosas y que sirven de tropiezo a los fieles las que tocan en cierta curiosidad, o superstición, o tienen resabios de interés o sórdida ganancia. Mas cuiden los Obispos que los sufragios de los fieles, es a saber, los sacrificios de las misas, las oraciones, las limosnas y otras obras de piedad, que se acostumbran hacer por otros fieles difuntos, se ejecuten piadosa y devotamente según lo establecido por la Iglesia; y que se satisfaga con diligencia y exactitud cuánto se debe hacer por los difuntos, según exijan las fundaciones de los testadores, u otras razones, no superficialmente, sino por sacerdotes y ministros de la Iglesia y otros que tienen esta obligación" [6]
Pero mucho antes de estas definiciones conciliares era ampliamente conocida la doctrina del purgatorio, tal como demuestran las siguientes evidencias patrísticas.
Perpetua
Santa Perpetua fue una mártir cristiana martirizada en el 203 junto con otros cinco cristianos: Felicitas, Revocato, Saturnino, Secundo y Saturo.

Mientras está en prisión tiene una doble visión donde ve a su hermano que tenía 7 años muerto salir de un lugar tenebroso en el cual estaba sufriendo. San Perpetua reza por el descanso eterno de su alma y luego de ser escuchada por el Señor tiene una segunda visión donde ve a su hermano sano y en paz, porque su pena había sido rectificada.

"Sin ninguna demora, en esa misma noche, esto se me mostró en una visión. Yo vi a Dinocrate saliendo de un lugar sombrío, donde estaban también otras personas, y él estaba reseco y muy sediento, con una apariencia sucia y pálida, con la herida de su rostro que tenía cuando había muerto. Dinocrate había sido mi hermano en la carne, hace siete años, quien murió de una terrible enfermedad… Pero yo confié que mi oración había ayudado a su sufrimiento, y oré por él cada día hasta que nosotros pasamos al campo de prisioneros…hice mi oración por mi hermano día y noche, gimiendo y lamentando para que me fuera concedido. Entonces, un día, estando todavía prisioneros esto se me mostró. Vi que el lugar que había observado previamente sombrío estaba ahora iluminado, y Dinocrate, con un cuerpo limpio y bien vestido, estaba buscando algo para refrescarse. Y donde había estado la herida, yo vi una cicatriz; y esa piscina que había visto antes, vi sus niveles descendidos hasta el ombligo del muchacho. Y uno extraía agua de la tina incesantemente, y cerca de la orilla había una copa llena de agua; y Dinocrate se acerco y empezó a beber de ella, y la copa no falló. Y cuando él estaba satisfecho, se fue del agua a jugar felizmente, como lo hacen los niños y entonces desperté. Entonces entendí que sido trasladado del lugar del castigo" [7]

Abercio

Antes de morir compuso su propio epitafio datado a finales del siglo II o comienzos del siglo III donde pide que se ore por él.

"El ciudadano de una prominente ciudad, la que erigí mientras vivía, para que pudiera tener un lugar de descanso para mi cuerpo. Abercio es mi nombre, un discípulo del pastor casto que alimenta sus ovejas en las montañas y los campos, cuyos grandes ojos los vigilan todo, que me enseñó los fieles escritos de la vida. Estando listo, yo, Abercio, ordené que esto fuera escrito, en mi septuagésimo segundo año. Que cada uno que esté de acuerdo con esto y quien lo entienda ore por Abercio" [8]

Hechos de Pablo y Tecla

Los Hechos de Pablo y Tecla escrito en el siglo II (año 160) narran la historia de una conversa que se convirtió al escuchar las predicaciones de San Pablo y luego de deshacer el compromiso con su novio se dedica a asistir a Pablo en la evangelización. Leemos allí una oración de intercesión para que una cristiana fallecida sea trasladada al lugar de los justos.

"Y después de la exhibición, Tryfaena nuevamente la recibe. Su hija Falconilla había muerto, y dijo a ella en sueños: Madre, tú deberías tener esta extranjera Tecla en mi lugar, para que ore por mí, y yo pueda ser transferido a el lugar de los justos" [9]
Clemente de Alejandría

En Los Stromata o Tapices habla de la purificación por "fuego" que sufre el alma posterior a la muerte cuando no ha alcanzado la completa santidad.

"El creyente a través de gran disciplina se despoja de sus pasiones y pasa a la mansión mejor que la anterior, pasa por el mayor de los tormentos tomando sobre sí el arrepentimiento de las faltas que pudiera haber cometido después de su bautismo. Es torturado entonces todavía más al ver que no ha logrado lo que otros ya han adquirido.Los mayores tormentos son asignados al creyente porque la Justicia de Dios es buena y su bondad es justa y, estos castigos completan el curso de la expiación y purificación de cada uno" [10]

"Pero nosotros decimos que el fuego santifica no la carne, sino las almas pecadoras; refiriéndose no al fuego vulgar sino al de la sabiduría, que penetra el alma que pasa por el fuego" [11]

Tertuliano

Se encuentran en lo s escritos de Tertuliano numerosas y claras referencias del purgatorio. Entre ellas podrían mencionarse De anima (Sobre el alma) en donde habla de la purificación del alma después de la muerte. En De carnis resurrectione llega al extremo de afirmar que solo los mártires van a vivir directamente a presencia de Dios. En De monogamia (La monogamia) habla de cómo las oraciones por los difuntos pueden ayudarles, y en De corona (La corona) menciona la costumbre de la Iglesia de celebrar la Eucaristía por el descanso eterno de los difuntos.

"Por esto es muy conveniente que el alma, sin esperar a la carne, sufra un castigo por lo que haya cometido sin la complicidad de la carne. E igualmente es justo que, en recompensa de los buenos y piadosos pensamientos que ha tenido sin cooperación de la carne, reciba consuelos sin la carne. Más aún, las mismas obras realizadas con la carne, ella es la primera en concebir, disponer, ordenar y ponerlas en acto. Y aun en aquellos casos en que ella no consiente en ponerlas en obra, es, sin embargo, la primera en examinar lo que luego efectuará el cuerpo. En fin, la conciencia no será nunca posterior al hecho. Por consiguiente, también desde este punto de vista es conveniente que la substancia que ha sido la primera en merecer la recompensa, sea también la primera en recibirla. En una palabra, ya que por este calabozo que nos enseña el Evangelio entendemos el infierno, ya que "por esta deuda, que hay que pagar hasta el último maravedí," comprendemos que es necesario purificarse en esos mismos lugares de las faltas más ligeras, en el intervalo que inedia antes de la resurrección, nadie podrá dudar que el alma reciba ya algún castigo en el infierno sin perjuicio de la plenitud de la resurrección, cuando recibirá la recompensa juntamente con la carne" [12]

"Al dejar su cuerpo, nadie va inmediatamente a vivir a la presencia del Señor, excepto por la prerrogativa del martirio, pues entonces adquiere una morada en el paraíso, no en las regiones inferiores" [13]

"Ciertamente, ella ruega por el alma de su marido. Pide que durante este intervalo él pueda hallar descanso y participar de la primera resurrección. Ofrece cada año el sacrificio en el aniversario de su dormición" [14]

"El sacramento de la Eucaristía, encomendado por el Señor en el tiempo de la cena y para todos, lo recibimos en las asambleas de antes del amanecer, y no de mano de otros que no sean los que presiden. Hacemos oblaciones por los difuntos en los días de aniversario de cada año" [15]

No se puede dejar de notar que esto lo escribió Tertuliano varios siglos antes del nacimiento de San Gregorio Magno.

Cipriano de Cartago

Con San Cipriano tenemos al igual que en los anteriores referencias al purgatorio siglos antes de San Gregorio Magno.

"Una cosa es pedir perdón, otra cosa alcanzar la gloria. Una cosa es estar prisionero sin poder salir hasta que haya sido pagado el último centavo y otra recibir al mismo tiempo el salario de la fe y el valor. Una cosa es ser torturado con el largo sufrimiento por los pecados, para ser limpiado y completamente purgado por el fuego, otra es haber sido purgado de todos los pecados por el sufrimiento. Una cosa es estar en suspenso hasta la sentencia de Dios en el Día del Juicio, otra ser coronado por el Señor" [16]

También atestigua la común costumbre de hacer oraciones y ofrecer la Eucaristía por el descanso eterno de los difuntos, lo cual sería inútil si las oraciones no pudiesen ayudarles.

"…Ofrecemos por ellos sacrificios, como os acordáis, siempre que en la conmemoración anual celebramos los días de la pasión de los mártires." [17]

En el siguiente texto también se puede ver a San Cipriano atestiguando de forma implícita la costumbre de ofrecer la Eucaristía por los difuntos. Lo niega en el caso particular de Víctor en virtud de la violación de las decisiones conciliares que le atribuye al haber ordenado ilegítimamente a Geminio Faustino como presbítero.

"…Y por eso Víctor, puesto que contra la forma prescrita hace poco en el concilio por los sacerdotes, se ha atrevido a constituir tutor al presbítero Geminio Faustino, no hay por qué se haga entre vosotros la oblación por su muerte o se rece alguna oración por él en la Iglesia, para que se observemos nosotros el decreto de los sacerdotes elaborado religiosamente y por necesidad, y al mismo tiempo se de ejemplo a los demás hermanos, para que nadie llame a las molestias mundanas a los sacerdotes y ministros de Dios dedicados a su altar y a su Iglesia." [18]

Otros textos similares:

"Finalmente anotad también los días en que ellos mueren, para que podamos celebrar sus conmemoraciones entre las memorias de los mártires: por más que Tertuliano, nuestro hermano fidelísimo y devotísimo, con aquella su solicitud y cuidado, que reparte a los hermanos sin regatear su actividad, y que ni en el cuidado de los cadáveres anda remiso allí, haya escrito y escriba y me haga saber, entre otras cosas, los días en los que nuestros dichosos hermanos parten en la cárcel a la inmortalidad con el final de una muerte gloriosa, y celebremos aquí nosotros oblaciones y sacrificios en conmemoración de ellos, las cuales cosas pronto celebraremos con vosotros, con el amparo de Dios." [19]

Orígenes

Ve en 1 Corintios 3 una alusión al purgatorio:

"Porque si sobre la base de Cristo, haz construido no sólo oro y plata sino piedras preciosas; sino también madera, caña o paja ¿qué es lo que esperas cuando el alma sea separada del cuerpo? ¿Entrarías al cielo con tu madera y caña y paja y de este modo manchar el reino de Dios? ¿O en razón de estos obstáculos podrías quedarte sin recibir premio por tu oro y plata y piedras preciosas? Ninguno de estos casos es justo.Queda entonces, que serás sometido al fuego que quemará los materiales livianos; para nuestro Dios, a aquellos que pueden comprender las cosas del cielo está llamado el fuego purificador.

Pero este fuego no consume a la creatura, sino lo que ella ha construido, madera, caña o paja. Es manifiesto que el fuego destruye la madera de nuestras trasgresiones y luego nos devuelve con el premio de nuestras grandes obras." [20]

Lactancio

En su libro VII de sus instituciones divinas ve en 1 Corintios 3 al igual que Orígenes una referencia al purgatorio:

"Pero cuando él juzgue a los justos, él también los probará con fuego. Entonces aquellos cuyos pecados excedan en peso o número, se chamuscados por el fuego y quemados, pero aquellos a quienes la justicia y plena madurez de la virtud ha imbuido no percibirán ese fuego, porque ellos tienen algo de Dios en ellos mismos que repele y rechaza la violencia de la flama" [21]

Efrén de Siria

En su testamento solicita que oren por él y cita al libro de Macabeos como evidencia de que las oraciones de los vivos pueden ayudar a expiar los pecados de los difuntos.

"Cuando se cumple el día trigésimo, [después de mi muerte], acordaos de mí, hermanos. Los difuntos, en efecto, reciben ayuda gracias a la ofrenda que hacen los vivientes […] Si tal como está escrito, los hombres de Matatías encargados del culto para el ejército, con las ofrendas, expiaron las culpas de aquellos que habían perecido y eran impíos por sus costumbres, cuánto más los sacerdotes de Cristo con sus santas ofrendas y sus oraciones expiarán los pecados de los difuntos" [22]


Basilio el Grande

Habla de cómo aquellos atletas de Dios luego de haber sido salvados pueden ser "detenidos" si todavía conservan algunas manchas de pecado.

"Pienso que los valerosos atletas de Dios, los cuales durante toda su vida estuvieron frecuentemente en lucha contra enemigos invisibles, después de haber superado todos sus ataques al llegar al final de la vida serán examinados por el príncipe del siglo, a fin de que, si a consecuencia de las luchas, tienen algunas heridas o ciertas manchas o vestigios de pecado, sean detenidos; pero, si son hallados ilesos e incontaminados, como invictos y libres hallen el descanso junto a Cristo." [23]


Cirilo de Jerusalén

En sus catequesis reafirma la inmemorial tradición de la Iglesia de orar por los difuntos por su descanso eterno:

"Recordamos también a todos los que ya durmieron, en primer lugar, los patriarcas, los profetas, los apóstoles, los mártires, para que, por sus preces y su intercesión, Dios acoja nuestra oración. Después, también por los santos padres y obispos difuntos y, en general, por todos cuya vida transcurrió entre nosotros, creyendo que ello será de la mayor ayuda para aquellos por quienes se reza.

Quiero aclararos esto con un ejemplo, puesto que a muchos les he oído decir: ¿de qué le sirve a un alma salir de este mundo con o sin pecados si después se hace mención de ella en la oración? Supongamos, por ejemplo, que un rey envía al destierro a quienes le han ofendido, pero después sus parientes, afligidos por la pena, le ofrecen una corona: ¿Acaso no se lo agradecerá con una rebaja de los castigos? Del mismo modo, también nosotros presentamos súplicas a Dios por los difuntos, aunque sean pecadores. Y no ofrecemos una corona, sino que ofrecemos a Cristo muerto por nuestros pecados, pretendiendo que el Dios misericordioso se compadezca y sea propicio tanto con ellos como con nosotros" [24]

Epifanio de Salamina

Testifica al igual que los anteriores la utilidad de las oraciones por los difuntos para obtener de Dios el perdón de sus culpas.

"En cuanto a la recitación de los nombres de los difuntos, ¿qué puede haber que resulte más útil y que sea más oportuno y digno de alabanza, a fin de que los presentes se den cuenta de que los difuntos siguen viviendo y no han quedado reducidos a la nada, sino que siguen existiendo y viven junto al Señor, y así quede afianzada la esperanza de aquellos que rezan por sus hermanos difuntos considerándolos como si hubieran emigrado a otro país? Son útiles, en efecto, las preces que se hacen en su favor, aunque no puedan eliminar todas sus culpas" [25]

Gregorio de Nisa

El siguiente texto es una referencia tan clara al purgatorio que no amerita comentario alguno:

"Cuando el renuncia a su cuerpo y la diferencia entre la virtud y el vicio es conocida, no puede acercarse a Dios hasta no haber purgado con fuego que limpia las manchas con las cuales su alma está infectada. Ese mismo fuego en otros cancelará la corrupción de materia y la propensión al mal" [26]

Juan Crisóstomo

Atestigua que fueron los apóstoles mismos quienes instituyeron la celebración de la eucaristía por el descanso eterno de los difuntos y exhorta a no cesar de ayudar a los difuntos con nuestras oraciones, ya que gracias a ellas reciben consuelo.

"No sin razón quedó determinado, mediante leyes establecidas por los apóstoles, que en la celebración de los sagrados e impresionantes misterios se haga memoria de los que ya han pasado de esta vida. Sabían, en efecto, que con ello los difuntos obtienen mucho fruto y consiguen gran provecho. Cuando todo el pueblo y los sacerdotes están con las manos extendidas y se está celebrando el santo sacrificio, ¿acaso Dios no se mostrará propicio con aquellos en favor de los cuales le imploramos? Se trata de aquellos que han muerto conservándose en la fe" [27]

"Si los hijos de Job fueron purificados por el sacrificio de su padre, ¿por qué deberíamos dudar que cuando nosotros también ofrecemos por los que han partido, algún consuelo reciben?. Desde que Dios acostumbra conceder las peticiones de aquellos que piden por los demás… No nos cansemos de ayudar a los difuntos, ofreciendo en su nombre y orando por ellos" [28]

Agustín de Hipona

Las descripciones del purgatorio de parte de San Agustín también bastante anteriores a San Gregorio Magno son tan claras que tampoco ameritan explicaciones:

"Señor, no me arguyas en tu indignación. No me halle entre aquellos a quienes has de decir: id al fuego eterno que está preparado para el diablo y sus ángeles. Ni me corrijas en tu furor, sino purifícame en esta vida y vuélveme tal que ya no necesite de fuego corrector, atendiendo a los que han de salvarse, aunque, no obstante, como a través del fuego. ¿Por qué acontece esto si no es porque edifican aquí sobre el cimiento, leña, paja, heno? Si hubiesen edificado sobre el oro, plata, piedras preciosas, estarían libres de ambas clases de fuego, no sólo de aquel eterno, que ha de atormentar para siempre los impíos, sino también de aquel que corregirá a los que han de salvarse a través del fuego." [29]

"Cuando uno padece algún mal, por la perversidad o el error de un tercero, peca, ciertamente, el hombre que por ignorancia o injusticia causa un mal a cualquiera; pero no peca Dios, quien por un justo, aunque oculto designio, permite que esto suceda. ."Pero hay penas temporales que unos las padecen solamente en esta vida, otros después de la muerte y otros ahora y después.". De todas maneras, estas penas se sufren antes de aquel severísimo y definitivo juicio. "Mas no todos los que han de sufrir tras la muerte penas temporales caerán en las eternas", que tendrán lugar después de juicio. Hará algunos, en efecto, a quienes se perdonará en el siglo futuro lo que no se les había perdonado en el presente; o sea, que no serán castigados con el suplicio eterno del siglo futuro, como hemos hablado más arriba" [30]

"La mayor parte [de las personas], una vez conocida la obligación de la ley, se ven vencidos primeramente por los vicios que llegan a dominar; así se hacen transgresores de la ley. Luego buscan refugio y ayuda en la gracia, con la cual recuperarán la victoria, mediante una amarga penitencia y una lucha más enérgica, sometiendo primero el espíritu a Dios y logrando después el dominio sobre la carne. Quien quiera, pues, evitar las penas eternas no debe solamente bautizarse. Deberá santificarse siguiendo a Cristo. Así es como pasará del diablo a Cristo". "En cuanto a las penas expiatorias, nadie piense en su existencia si no es antes del último y temible juicio" [31]

"No se puede negar que las almas de los difuntos son aliviadas por la piedad de los parientes vivos, cuando se ofrece por ellas el sacrificio del Mediador o cuando se hacen limosnas en la Iglesia. Pero estas cosas aprovechan a aquellos que, cuando vivían, merecieron que les pudiesen aprovechar después. Pues hay un cierto modo de vivir, ni tan bueno que no eche de menos etas cosas después de la muerte, ni tan malo que no le aprovechen mas hay tal grado en el bien, que el que lo posee no las echa de menos, y, al contrario, lo hay tal en el mal, que no puede ser ayudado con ellas cuando pasare de esta vida. Por lo tanto aquí adquiere el hombre todo el mérito con que pueda ser aliviado u oprimido después de la muerte. Nadie espere merecer delante de Dios, cuando hubiere muerto, lo que durante la vida despreció" [32]

"Leemos en los Libros de los Macabeos que fue ofrecido un sacrificio por los difuntos. Y, a pesar de que en ningún otro lugar del Antiguo Testamento se lee esto, no es poca la autoridad de la Iglesia universal que se refleja en esta costumbre, cuando, en las oraciones que el sacerdote ofrece al Señor, nuestro Dios, sobre el altar, tiene su momento especial la conmemoración de los difuntos" [33]

"En la patria no habrá lugar alguno para la oración, sino sólo para la alabanza. ¿Por qué no para la oración? Porque nada faltará. Lo que aquí es objeto de fe, allí será objeto de visión; lo que aquí es objeto de fe, allí será objeto de visión; lo que aquí se espera, allí se poseerá; lo que aquí se pide, se recibe allí. Con todo, en esta vida existe una cierta perfección, alcanzada por los santos mártires. A esto se debe el uso eclesiástico, conocido por los fieles, de mencionar el nombre de los mártires ante el altar de Dios, y no para orar por ellos, sino por los restantes difuntos de quienes se hace mención. Es hacerle una injuria rogar por un mártir, a cuyas oraciones debemos encomendarnos nosotros. Él luchó contra el pecado hasta derramar su sangre. A algunos, imperfectos todavía, pero sin duda parcialmente justificados, dice el Apóstol en la carta a los Hebreos: Todavía no habéis resistido hasta derramar en vuestra lucha contra el pecado" [34]

Gregorio I Magno

Ve en Mateo 12,32 una referencia implícita al purgatorio

"Tal como uno sale de este mundo, así se presenta al juicio. Pero se ha de creer que hay un fuego purificador para expiar las culpas leves antes del juicio. La razón para ello es que la Verdad afirma que si uno dice una blasfemia contra el Espíritu Santo, no se le perdonará ni en este siglo ni en el venidero.Con esta sentencia se da a entender que algunas culpas pueden perdonarse en este mundo y algunas en el otro, pues, lo que se niega respecto a unos, hay que comprender que se afirma en relación a otros. Sin embargo, tal como ya he dicho, se ha de creer que esto se refiere a pecados leves y de menor importancia." [35]

Esta es solo una selección parcial de los textos patrísticos referentes al purgatorio. La verdad se hace difícil a la luz de lo anterior entender como hay quien persiste en afirmar que el purgatorio ha sido un invento de la edad media. Ruego a Dios que sea por ignorancia y no por malicia. Afortunadamente estos textos están al alcance de todos y dejan una evidencia indiscutible de la fe de la primera Iglesia…

…Nuestra Iglesia.

HOY EL RETO DEL AMOR ES CARGAR LAS PILAS

Hoy el reto del amor es cargar las pilas
Cada noche te invita a dejar tus pilas gastadas en Él, para acoger las nuevas que te regala para empezar el día


Por: Blog El reto del amor | Fuente: religionenlibertad.com 



Cuando se pegan las sábanas
...es un auténtico problema. Al menos en el monasterio, porque los turnos de ducha son de diez minutos. A las seis de la mañana, con la distancia monástica que hay que recorrer, ¡cada segundo vale oro!
Reconozco que no tengo mucho problema para despertarme: oigo hasta el vuelo de una mosca, ¡como para no oír el despertador! Pero, ayer...
-Toc, toc, toc...
-Sióooon... -la voz de Israel, en tono dulce y delicado, atravesaba la puerta de mi celda- Sióooon... buenos días...
-¡Voy, voy! ¡Ay, gracias, no he oído el despertador!
Prometiéndome que por la noche me metería volando a dormir (aquello sólo podía ser fruto del cansancio) salí escopetada hacia la ducha.
Pero, esta mañana...
-Toc, toc, toc... Sióooon... Buenos días...
-¡No me lo puedo creer! ¿Me he vuelto a dormir? ¡No he oído el despertador!
Esta vez, mientras corría hacia la ducha, las neuronas me echaban humo: "Cansancio ya no puede ser... Definitivamente, se me ha debido de perforar el tímpano o algo así... pero despierta sí que oigo... ¿Entonces?" De pronto, se me encendió la bombilla.
-¡Misterio resuelto! -dije triunfante a Israel cuando volví a encontrármela- El despertador se me ha quedado sin pilas.
El aparato despista bastante porque sigue marcando la hora, pero ya no tiene fuerza para cantar por las mañanas... ¡esta misma noche le cambiaré las pilas!
Y es que, cantar por las mañanas a veces es muy difícil... se necesita un extra de batería... El despertador seguía en su sitio, en ningún momento ha dejado de marcar la hora, parecía que todo iba bien, pero algo falla por dentro.
Así puede ocurrirnos también a nosotros: podemos estar en nuestro sitio, cumplir nuestra misión, pero... ¿cantamos o vamos justos de batería?
Cristo no quiere que "pases" el día; quiere que lo disfrutes. Él ha muerto y ha resucitado por ti, porque te ama, porque quiere hacer de tu vida una historia plena de felicidad. Ha pagado un precio muy alto por ti... sólo porque sueña con hacerte feliz. Cada noche te invita a dejar tus pilas gastadas en Él, para acoger las nuevas que te regala para empezar el día.
Hoy el reto del amor es cargar las pilas. Sí, porque a veces el día se presenta como una montaña a escalar... ¡pero hoy Cristo quiere coronar la cima contigo! Para con Él, deja que su Amor te abrace, te llene de alegría. ¡Juntos haréis el camino cantando y alegrando a los que van a vuestro lado! ¡Feliz día!

¡QUÉ POCA FE! ¿POR QUÉ HAS DUDADO?

¡Qué poca fe! ¿Por qué has dudado?
Mateo 14, 22-36. Tiempo Ordinario. Pedro no camina hasta que Jesús le dice: Ven. También Jesús nos dice esa palabra en muchas veces al día. 


Por: P. Clemente González | Fuente: Catholic.net 



Te adelantamos las Reflexiones del Evangelio de la 18a. Semana del Tiempo Ordinario   del lunes 3 al domingo 9 de agosto 2015.
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Del santo Evangelio según san Mateo 14, 22-36
En aquel tiempo, después de que se hubo saciado la muchedumbre, Jesús obligó a los discípulos a subir a la barca y a ir por delante de Él a la otra orilla, mientras Él despedía a la gente. Después de despedir a la gente, subió al monte a solas para orar; al atardecer estaba solo allí. La barca se hallaba ya distante de la tierra muchos estadios, zarandeada por las olas, pues el viento era contrario. Y a la cuarta vigilia de la noche vino Él hacia ellos, caminando sobre el mar. Los discípulos, viéndole caminar sobre el mar, se turbaron y decían: «Es un fantasma», y de miedo se pusieron a gritar. Jesús les dijo enseguida: ¡Animo, soy yo, no tengáis miedo! Pedro le contestó: Señor, si eres tú mándame ir hacia ti andando sobre el agua. Él le dijo: Ven. Pedro bajó de la barca y se echó a andar sobre el agua acercándose a Jesús; pero, al sentir la fuerza del viento, le entró miedo, empezó a hundirse y gritó: Señor, sálvame. Enseguida Jesús extendió la mano, lo agarró y le dijo: ¡Qué poca fe! ¿Por qué has dudado? En cuento subieron a la barca, amainó el viento. Los de la barca se postraron ante él diciendo: Realmente eres Hijo de Dios. Terminada la travesía, llegaron a tierra de Genesaret. Y los hombres de aquel lugar, apenas lo reconocieron, pregonaron la noticia por aquella comarca y trajeron donde él a todos los enfermos. Le pedían tocar siquiera la orla de su manto; y cuantos la tocaron quedaron curados.

Oración introductoria
Jesús, creo que verdaderamente eres el Hijo de Dios y hoy, al igual que llamaste a Pedro, me llamas porque quieres tener un encuentro conmigo en la oración. Mi camino no siempre es tu camino, por eso pido la intercesión de María Inmaculada, para seguir su ejemplo, no dudar nunca y seguir siempre el camino que me propones.

Petición
Señor, que tenga el valor de salir de mi zona de confort y responder a tu llamado.

Meditación del Papa Francisco
Pedro con el arrojo que le caracteriza le pide casi una prueba: “Señor si eres tú, hazme caminar hacia ti sobre las aguas”; y Jesús le dice “¡Ven!”. Pedro baja de la barca y pone a caminar sobre el agua, pero el viento fuerte azota y comienza a hundirse. Entonces grita: “¡Señor, sálvame!”, y Jesús le tiende la mano y lo levanta.
Esta narración es una hermosa imagen de la fe del apóstol Pedro. En la voz de Jesús que le dice “Ven”, él reconoce el eco del primer encuentro orillas de aquel mismo lago y en seguida, nuevamente, deja la barca y va hacia el Maestro. ¡Y camina sobre las aguas! La respuesta confiada y pronta al llamado del Señor hace cumplir siempre cosas extraordinarias.
Jesús ahora mismo nos decía que nosotros somos capaces de hacer milagros con nuestra fe: la fe en Él, en su palabra, la fe en su amor.
En cambio, Pedro comienza a hundirse cuando que quita la mirada de Jesús y se deja influenciar por las circunstancias que lo circundan.
Pero el Señor está siempre allí, y cuando Pedro lo invoca, Jesús lo salva del peligro. En la persona de Pedro, con sus entusiasmos y debilidades, se describe nuestra fe: siempre frágil y pobre, inquieta y a pesar de todo victoriosa, la fe del cristiano camina hacia el Señor resucitado, en medio a las tormentas y peligros del mundo.
Es muy importante también la escena final: “Apenas subieron a la barca en viento cesó. Aquellos que estaban en la barca se postraron delante de Él diciéndole: '¡Realmente eres el Hijo de Dios!'”. (S.S. Francisco, Ángelus, 10 de agosto de 2014).
Reflexión
Caminar sobre las aguas, ¡qué proeza!, está fuera de nuestro alcance. Por eso sucede que cuando leemos estas líneas no lleguemos a penetrar su mensaje hasta el fondo.

Entonces, ¿cuál es la clave de lectura?
Pedro no camina hasta que Jesús le dice: Ven.También Jesús nos dice esa palabra en diversas ocasiones al día: cada vez que nos viene a la mente una buena obra: hacer un favor, dar una limosna, etc. Es posible que no nos demos cuenta de esta realidad, pero es Dios quien nos inspira esos pensamientos.

Las dificultades llegan cuando nos pide algo más, un sacrificio mayor. Es entonces cuando sentimos que nuestras pasiones se rebelan y nos echamos atrás. Aquella posibilidad de avanzar se ha convertido en un fracaso, en un naufragio. ¿Por qué?

Veamos qué le sucedió a Pedro. Al principio se asustó al ver a Jesús, que llegaba de forma tan inesperada. Pero al ver que era Él, se sintió seguro, y a la voz de su Maestro comenzó a dar los primeros pasos. ¿Y luego? Dudó, tuvo miedo, no confió en el poder de Cristo para continuar adelante, y empezó a hundirse. Lo que le faltaba era fe.

Con fe, Pedro hubiera cruzado a pie todo el lago. Con fe, nosotros también seríamos capaces de los mayores milagros. Si tuviéramos un poquito de fe, nos sorprenderíamos de hasta dónde podemos llegar.

Propósito
Rezar, diariamente, antes de dormir, el credo, para constantemente recordar las verdades de mi fe que me ayudan a recorrer el camino de la salvación.

Diálogo con Cristo
Señor, dame tu gracia porque quiero gozar de la oración como lo hacía Jesús, que te buscaba en el lugar donde sabía que podría encontrarte. Deseo experimentar la libertad, la paz y el gozo de la auténtica oración al saber apartarme de todo y de todos, para en la soledad de mi propio yo, abrirte mi corazón, con esa firme decisión que rompa mi inercia, mis dudas y mi mediocridad.
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