sábado, 8 de agosto de 2015

EL HOMBRE CIBERNÉTICO

El Hombre Cibernético
Le llamó el cuerpo o el hombre, según su humor, incluso a veces le decía la máquina... 


Por: Jesús Lozano | Fuente: Catholic.net 



El científico se planteó que si lograba simular cada aminoácido, cada molécula de carbono, la cadena del DNA, las enzimas, los ribosomas, las cadenas menores de RNA, no era difícil simular un ser humano. Podía sumar cada efecto infinitesimal y obtener como resultado un cuerpo humano. Generar comportamientos tan complejos representaba retos formidables.

Bajo capacidades de cómputo de principios del siglo XXI, se requeriría una supercomputadora por cada molécula del cuerpo humano para poder simular enteramente su comportamiento. Cada átomo requiere de ecuaciones de movimiento, de energía eléctrica y magnética que determinan su estado, que cambia continuamente. Si el cuerpo humano tiene aproximadamente 30,000,000,000,000,000,000,000,000,000 átomos [1], ese es el número de super computadoras que se requieren para esta tarea. Si desde que comenzó el Universo [2], cada segundo hubiéramos construido una supercomputadora, todavía no nos habríamos acercado al número necesario. Necesitaríamos más de un millón de veces la edad actual del Universo para comenzarnos a acercar al número necesario. ¡Pero el científico nació en el siglo XXX! Con los avances en los últimos 1,000 años, ya tiene un poder de cómputo que puede simular el cuerpo humano en su totalidad.

El científico concluyó que si esta simulación se podía extender a diferentes moléculas y de ahí a diferentes células y cómo interactúan entre sí, entonces por extrapolación podía simular todo el cuerpo humano.

Con este razonamiento, el científico simuló y simuló. Fue como armar un rompecabezas surrealista. Algunas células como las de los huesos fueron relativamente fáciles. Las neuronas fueron un infierno. Nunca pudo simular la formación de sinapsis neuronales que almacenaran recuerdos o encontraran placer a partir de estímulos visuales o auditivos. Es más fácil edificar una casa a partir de una melodía. Algunos ajustes fueron necesarios. Más finalmente logró un resultado decente. Tenía un ser humano en un programa de cómputo. Le llamó el cuerpo o el hombre, según su humor, incluso a veces le decía la máquina, aunque oficialmente el nombre del proyecto era, el hombre cibernético.

El cuerpo lloraba, el cuerpo gemía, el cuerpo reía. Tenía todas las reacciones humanas, venidas en desorden, porque era un bebé nacido como adulto. En un programa de computadora.

El científico descubrió que ese ser humano podía ser adivinado en cada uno de sus movimientos. Con su programa de simulación, sabía exactamente que haría el cuerpoen el siguiente segundo, en el siguiente minuto.

El hombre no era libre. Estaba atado a las leyes de la matemática y las fórmulas. El científico delineaba su comportamiento como trazando una línea en un mapa.

¿Cómo hacer libre este ser humano? Lo primero que se le ocurrió al científico era programar alternativas aleatorias en el comportamiento de sus componentes básicos. En lugar de moverse mecánicamente según una fórmula matemática, primero lanzaba una moneda virtual. Si la moneda salía con una cara actuaba de una manera, si la cara anversa, de otra. Sin embargo era una falacia, una ilusión. El comportamiento aleatorio abre un árbol de posibilidades, pero con una computadora sofisticada se podía predecir el camino de cada una de las ramas.

El científico decía a los neófitos que había creado un ser humano cibernético con libertad. El sabía sin embargo, que su argumento no se sostenía, porque una ecuación más compleja dictaba su comportamiento. Había un árbol de posibilidades con múltiples ramas y necesariamente el hombre recorría alguna de ellas. Es más, la ecuación aleatoria no lo era realmente, porque si partía de la misma semilla [3], el camino que seguía el hombre era siempre el mismo.

El hombre no hablaba, no amaba, sólo gemía, lloraba y a veces parecía reír. Tuvo una nueva idea el científico: si lograba descifrar el entramado de conexiones neuronales que tenía en su propio cerebro, se podía replicar él mismo en el cerebro del hombre cibernético. Ya no tendría que enseñarle a hablar a su hombre, porque el hombre tendría cerebro, podría hablar. El hombre tendría su memoria, sus miedos, sus ilusiones, su entramado cerebral.

El científico hizo un mapa de su cerebro con resonancias magnéticas graduales. Después lo calcó al hombre. Esto le llevó mucho tiempo. Estaba tan cansado, que después de pasar su entramado neuronal al programa, cayó en un profundo sueño.

Cuando despertó, se trató de comunicar con el hombreEl hombre respondía mecánicamente, con precisión. ¡El científico estaba feliz! Tenía un hombre cibernético, que respondía preguntas complejas en su mismo idioma. Imagínense lo que sentiría el hombre: lo mismo que ustedes si se despiertan de pronto en otro mundo, con otros recuerdos, insertados brutalmente en una nueva realidad, con memoria y todo. Muy pronto, sin embargo, se dio cuenta de un fenómeno. El cuerpo no tenía iniciativa. No preguntaba, no bromeaba, no reía. Se limitaba a contestar preguntas. Esta vez no se requería seguir un algoritmo matemático para predecir su comportamiento: simplemente se callaba y respondía.

El científico salió ese día a su casa, cansado, contento con tener el hombre estable, aunque con la inquietud en el fondo de que su hombre todavía se comportaba como máquina. Cualquiera pensaría que lo que había creado era una máquina de inteligencia artificial, de esas que procesan estructuras del lenguaje y pueden simular llevar una conversación con una persona real. Cuando todo lo que hacen es un análisis estadístico de la frecuencia de las palabras ligado con un modelo gramatical del lenguaje, sin realmente enterarse del significado real de las palabras. Estas máquinas de inteligencia artificial de lenguaje son como un perico sobre entrenado, o como un interlocutor de mucha experiencia que sin entender una pizca de lo que oye revira preguntas y hace observaciones para mantener la conversación andando.

La gente no le creería al científico que había creado un entramado de neuronas, de huesos, de músculos cibernéticos. Todo lo que hacía el hombre era responder mecánica y sucintamente sus preguntas.

Y pasaron los días y las noches, el científico trabajó y trabajó y no logró arrancar un comportamiento humano, espontáneo, cálido del cuerpo. Una noche, al final de un día particularmente frustrante, el científico le preguntó a la máquina, ¿quieres morir? Y la máquina le contestó: 

El científico no lo pensó más, con lástima por su creación borró la memoria de la máquina y rompió todos sus papeles de diseño. Posiblemente lo correrían del laboratorio por tirar todo su desarrollo por la borda. Se consoló pensando que así son los genios. El cuerpo, el hombre cibernético no era un ente libre. Al fin y al cabo era un entramado de ecuaciones simultáneas. A partir de cualquier estado, por complejo que fuera, su comportamiento siguiente quedaba marcado por el frío lenguaje de la matemática.

El científico salió de su laboratorio, sonrió al sentir el aire fresco y el sol golpeándole el rostro, le mentó la madre al tráfico, se rió a carcajadas, saludó de mano al primer policía que encontró y de nuevo se sintió feliz. Se dio cuenta que él era algo más que un entramado de ecuaciones.

¡Era un ser libre!

EN QUE CONSISTE LA ESCLAVITUD MENTAL


¿En qué consiste la esclavitud moderna?
A millones de mujeres, niños, niñas y hombres de todo el mundo se les obliga a vivir como esclavos


Por: Redacción Catholic.net 


La idea que viene a la mente de muchas personas cuando escuchan la palabra esclavitud, es la compra y venta de personas, su envío desde un continente hacia otro y la abolición de este comercio a comienzos del siglo XIX. Incluso si no sabemos nada acerca de la Trata de Esclavos, es algo en lo que pensamos como parte de nuestra historia, más que de nuestro presente. Sin embargo, la realidad es que la esclavitud sigue presente HOY.
A millones de mujeres, niños, niñas y hombres de todo el mundo se les obliga a vivir como esclavos. Si bien a esta explotación a menudo no se le llama esclavitud, las condiciones son las mismas. A las personas se les vende como a objetos, se les obliga a trabajar por salarios irrisorios o sin salario, y viven a merced de sus "empleadores".
¿Cuáles tipos de esclavitud existen hoy en día?
  • El trabajo en condiciones de servidumbre: Cuando aceptan o se les engaña para que acepten un préstamo. Para poder pagar la deuda, se ven obligadas a trabajar durante largas jornadas, siete días por semana, 365 días al año.
  • El trabajo forzoso se refiere a niños y a niñas que son captados ilegalmente por gobiernos, partidos políticos o individuos particulares y que son obligados a trabajar (generalmente mediante amenazas de violencia u otros castigos).
  • Las peores formas de trabajo infantil se refieren a niños y niñas que trabajan en condiciones de explotación o de riesgo. Decenas de miles de niños y de niñas en todo el mundo trabajan en plena dedicación, privados de la educación y de la recreación que son vitales para su desarrollo personal y social.
  • La explotación sexual de niños y de niñas con fines comerciales. Se explota a niños y niñas por su valor comercial mediante la prostitución, la trata y la pornografía. A menudo se les secuestra, compra o vende, o se les obliga a ingresar al mercado del sexo.
  • La Trata implica el transporte y/o el comercio de seres humanos, usualmente mujeres o niños y niñas, con fines de lucro, mediante la fuerza o el engaño. A menudo se engaña o se obliga a mujeres migrantes para que ingresen al trabajo doméstico o a la prostitución.
  • El matrimonio precoz y el matrimonio forzado afectan a mujeres y muchachas a quienes se casa sin permitirles elegir y a quienes se obliga a llevar vidas de servidumbre que frecuentemente van acompañadas de violencia física.
  • La esclavitud tradicional o "propiedad personal" implica la compra y venta de personas. A menudo a estas personas se les secuestra en su hogar, o bien se heredan o se ofrecen como obsequios.
El Papa Francisco renueva constantemente su llamamiento para acabar con lo que denomina “formas modernas de esclavitud” y menciona como causas de la esclavitud moderna la pobreza, el subdesarrollo y la exclusión, combinadas con la falta de acceso a la educación o “con una realidad caracterizada por las escasas, por no decir inexistentes, oportunidades de trabajo”.
“Todos estamos llamados a ser libres, todos a ser hijos y, cada uno de acuerdo con su responsabilidad, a luchar contra las formas modernas de esclavitud”, dijo el pontífice en la Jornada Mundial de la Paz (1 enero 2015).

SI TUVIERAN FE, NADA SERÍA IMPOSIBLE



Si tuvieran fe, nada sería imposible
Milagros de Jesús



Mateo 17, 14-20. Tiempo Ordinario. La fe, aunque es un don de Dios, debe crecer y fortalecerse con nuestra colaboración. 


Por: P . Clemente González | Fuente: Catholic.net 



Del santo Evangelio según san Mateo 17, 14-20 
En aquel tiempo, se acercó a Jesús un hombre, que le dijo de rodillas: Señor, ten compasión de mi hijo, que tiene epilepsia y le dan ataques: muchas veces se cae en el fuego o en el agua. Se lo he traído a tus discípulos, y no han sido capaces de curarlo. Jesús contestó: ¡Gente sin fe y perversa! ¿Hasta cuándo os tendré que soportar? Traédmelo. Jesús increpó al demonio, y salió; en aquel momento se curó el niño. Los discípulos se acercaron a Jesús y le preguntaron, aparte: ¿Y por qué no pudimos echarlo nosotros? Les contestó: Por vuestra poca fe. Os aseguro que, si fuera vuestra fe como un grano de mostaza, le diríais a aquella montaña que viniera aquí, y vendría. Nada os sería imposible.

Oración introductoria
Señor, me falta fe... para ser perseverante en mi oración, para amar mejor a los demás, para ser fiel a mi misión. Inicio mi oración haciendo silencio en mi corazón; no un silencio vacío, sino lleno de esperanza al estar ante ti, poniéndome humildemente ante tu presencia, con la seguridad que por el gran amor que me tienes, fortalecerás mi fe.

Petición
Jesús, dame la gracia de asimilar que la verdadera oración consiste en unir mi voluntad a la de Dios.

Meditación del Papa Francisco
La liturgia del día presenta el pasaje del evangelio en el que los discípulos no pueden curar a un niño; debe intervenir el mismo Jesús que se queja de la falta de fe de los presentes; y al padre del niño que pide ayuda le dice que todo es posible para el que cree.
Los que quieren amar a Jesús, a menudo no arriesgan demasiado en la fe y no se confían totalmente a Él. Pero ¿por qué esta falta de fe? Creo que es el corazón, que no se abre, el corazón cerrado, el corazón que quiere tener todo bajo control.
Es un corazón, por lo tanto, que no se abre, que no le da el control de las cosas a Jesús, y cuando los discípulos le preguntan por qué no podían sanar al joven, el Señor dice que aquella especie de demonios no pueden ser expulsados por nada, excepto por la oración.
Todos nosotros tenemos un poco de incredulidad en el interior. Es necesaria una oración fuerte, y esta oración humilde y fuerte hace que Jesús pueda hacer el milagro. La oración para pedir un milagro, para pedir una acción extraordinaria, debe ser una oración que involucre, que nos involucre a todos. (Cf Homilía de S.S. Francisco, 20 de mayo de 201, en Santa Marta).
Reflexión
Se puso de rodillas. ¿Te imaginas a un padre de familia, desesperado, poniéndose de rodillas delante de alguien que aparentemente es un hombre como los demás? ¿Qué le movió a hacerlo? El amor a su hijo.

Primero lo había intentado con los discípulos, pero ellos no pudieron curar al chico de los ataques de epilepsia. Luego ve al Señor, se acerca y cae de rodillas ante Él. No tiene ninguna vergüenza. No le importa lo que digan de él. Únicamente busca el bien de aquel a quien ama.
Jesús, conociendo el amor que brotaba del corazón de ese hombre, curó al hijo.

Por su parte, los discípulos no entendían en qué habían fallado. Jesús les respondió que les faltaba fe. No dice que no tienen fe, sino que aún es muy pequeña.

La fe, aunque es un don de Dios, debe crecer y fortalecerse con nuestra colaboración. Es como ir a un gimnasio: al levantar las pesas una y otra vez, nuestros músculos se desarrollan. La fe también debe ejercitarse, ponerse a prueba, alimentarse. Si nos conformamos con la fe que teníamos a los diez años, cuando hicimos la primera comunión, es lógico que nuestro “músculo” espiritual esté raquítico.

Necesitamos una fe adulta, resistente, alimentada con las lecturas adecuadas, con la oración diaria, con los sacramentos y con todo aquello que nos ayude a fortalecerla.

Propósito
Rezar con mucha fe, diariamente, la oración a mi ángel custodio

Diálogo con Cristo 
El ingrediente secreto para tener éxito en cualquier cosa es la fe. No es necesario nada más. Jesús, ahora veo que la oración no es opcional, sino que es el medio por el cual podemos crecer en la fe. Sólo quien reza, es decir, quien confía en Dios, con un amor filial, puede sanarse a sí mismo y a los demás.
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