miércoles, 12 de agosto de 2015

LA HIPNOSIS

La hipnosis
La mente humana

La hipnosis favorece el recurso a mensajes subliminales que es una seria violación de la libertad del individuo que lo recibe 


Por: Ricardo Rozados MD. PhD. | Fuente: www.psicomag.com 



El hipnotismo es un tema de grandes controversias y un término difícil de definir por los mismos especialistas. Suele considerarse como un estado de la mente durante el cual, se produce un proceso de alteración temporal de la personalidad. En este estado, los pensamientos y acciones del sujeto son condicionados por un operador. De esta manera, el sujeto cree vivir un escenario que le plantea el operador, como si estuviese en un sueño.

La mente humana se encuentra separada en dos grandes divisiones. La parte que maneja el pensamiento consciente y la que maneja el inconsciente. Cuando estamos despiertos opera la primera, y cuando estamos dormidos, la segunda.

El hipnotismo por sugestión, consiste en permitir al operador entrar en contacto con la mente inconsciente cuando el sujeto está despierto, mediante sugestiones verbales. Transportarlo a un estado similar al de estar dormido en el cual, el operador maneja los sueños.

El sujeto es, desde luego, la persona hipnotizada. Y el operador es quien la hipnotiza.

No es factible hipnotizar a todo el mundo. Los sujetos susceptibles, son apenas el 25% de la población. Para lograrlo, se requiere que la persona que va a ser hipnotizada reuna las siguientes características: Inteligencia, susceptibilidad, confianza en el operador, interés y deseo de ser hipnotizado y, desde luego, conocimiento y habilidad por parte del operador.

El procedimiento que he delineado anteriormente tiene múltiples variantes, es difícil de llevar a cabo y tiene varias desventajas graves:

- Se crea una dependencia del sujeto al operador

- Es complicado el tránsito al despertar normal

- No existe una metodología clara para su práctica

No es posible la comunicación con el subconsciente de manera verbal, lo que hace de este procedimiento una técnica muy rudimentaria. Por lo general, no es usado en la medicina tradicional. Sus usos más comunes son en la terapia psicoanalítica, la medicina alternativa, como complemento de otras expresiones de la Nueva Era y en algunas sectas.

La hipnosis favorece el recurso a mensajes subliminales que es una seria violación de la libertad del individuo que lo recibe, ya que al ser percibidos por debajo del umbral de la conciencia, el receptor pierde toda posibilidad de discernimiento crítico sobre el mensaje que lo invade, y por ende, del control sobre los efectos que este mensaje causa en él. Una vez logrado el trance hipnótico, el operador cambia de mecanismos, empleando ahora la sugestión.

Este sistema sensorial de hipnotismo, fue el más utilizado por los iluminados y brujos de la antigüedad, ya que se logra que el sujeto sienta, o deje de sentir, de acuerdo a los deseos del operador. Y esto hace creer al paciente que se ha curado de tal o cual enfermedad.

Dar órdenes posthipnóticas como "Ya no te gusta fumar ", o " La comida te desagrada ", son contraproducentes, pues el sujeto busca cubrir el vicio, habito o adicción que hipotéticamente dejaría, con algún sustituto, que puede ser peor.

Se utilizan técnicas respiratorias para inducir la relajación, que es el paso previo al trance hipnótico. Es conocido que los patrones respiratorios caracterizados por tasas bajas de inspiración, altos volúmenes de aire y respiraciones abdominales producen un incremento del control parasimpático y descenso del ritmo cardíaco. Estas técnicas carecen del contraste experimental deseable e inducen una anulación de la sensorialidad y restricción de la actividad consciente; provocan un estado en el cual se produce una anulación del control consciente de la personalidad, permitiendo que afloren de modo indiscriminado nuestras fallas de personalidad que permanecieron hasta el momento latentes. De este modo, cualquier practicante de estos métodos con una pequeña falla de personalidad, se expone imprudentemente a sufrir un brote psicótico que no puede ser controlado adecuadamente sin ayuda profesional.

En fin, si no se tienen conocimientos sólidos de psicología, no hay que intentar alterar el proceso de razonamiento de la mente humana. Es como abrir un reloj y no saber que hacer con las piezas que hay adentro y una pérdida de tiempo, en el mejor de los casos. Como observación para los posibles interesados en esta disciplina, les recomiendo tener mucho cuidado con estas experiencias, pues una vez que se hipnotiza a un sujeto, hay que saber que hacer con él.

Se han puesto de moda las técnicas de control mental y el uso de la auto-hipnosis. Puede no parecer preocupante que ciertas composiciones musicales conduzcan al individuo hacia trances hipnóticos leves o fronterizos en los que no llega a registrarse una pérdida total de la conciencia, aunque si una obnubilación de la misma. La gravedad del fenómeno reside en el hecho de que en estos estados, que algunos denominan ´alfa´, se produce una reducción de las capacidades de pensamiento lógico y análisis crítico del individuo, colocándolo en un estado de total indefensión y haciéndolo plenamente vulnerable y manipulable, ya que desaparecen las barreras concientes que nos permiten percibir la realidad circundante sin que esta realidad turbe nuestra subjetividad de modo radical, llegando a causar en algunos casos síntomas clásicos de los denominados estados alterados de conciencia como son las alucinaciones, que en este caso no obedecen a una causa sobrenatural, sino plena y simplemente humana como es la música. Estos efectos pueden verse además magnificados sobre todo cuando el oyente tiene una subestructura psicótica, ya que en estos casos, estas técnicas pueden provocar lo que los psicólogos denominan un ´brote´, estabilizando a la persona en una determinada patología psicótica.

Algunos proponen a la hipnosis como liberadora de las angustias y tensiones, promotora del desarrollo personal, cuando en realidad aporta elementos de alto riesgo que aunque sean empleados bajo la supervisión de un verdadero profesional pueden convertirse en vehículos de esclavitud y dependencia, de limitación en un verdadero desarrollo de la propia voluntad, del libre albedrío y por ende de la verdadera libertad.

Lo importante es conocer a dónde llevan estas intervenciones, cuáles pueden ser las consecuencias y a qué peligros nos exponemos. Es curioso que grupos que empiezan aclarando que lo suyo no es religioso, sino científico, acaben manejando un Cristo cósmico, o que se empiecen seminarios con la meditación del Padrenuestro, aunque sea cambiando su sentido, o con meditaciones de la Biblia. La fe es un don de Dios pero hay que cuidarla día a día, en un descuido se pierde y no se estará perdiendo cualquier cosa, sino la vida eterna.

EL DRAMA DE LA INFIDELIDAD MATRIMONIAL: ¿PUEDE EVITARSE?


El drama de la infidelidad matrimonial: ¿puede evitarse?
Familia y Matrimonio, Problemas matrimoniales


La verdadera fidelidad implica tres dimensiones: es la fidelidad cordial, mental y carnal. Lamentablemente, muchos la identifican exclusivamente con esta última; y esta última, sola -sin las otras- no puede mantenerse en pie.


Por: P. Miguel A. Fuentes, IVE | Fuente: Catholic.net 



Pregunta:
La consulta ha llegado desde México: Estimado Padre… el motivo que me lleva a escribirle es el deseo de recibir alguna información de su parte en relación al trabajo que estoy desarrollando. Concretamente estoy acompañando pastoralmente algunas parejas y estas presentan algo en común: la infidelidad matrimonial, más por parte del hombre… Quisiera sugerirle que dentro del cuadro ‘el teólogo responde’, presentara alguna reflexión sobre la ‘infidelidad’.
 
Respuesta:
Hay que reconocer la infidelidad matrimonial es uno de los dramas conyugales más graves (aunque no el único) que afectan, en nuestro tiempo, a la institución matrimonial. La infidelidad dentro del marco del matrimonio se denomina ‘adulterio’, como enseña en Catecismo de la Iglesia Católica: ‘El adulterio. Esta palabra designa la infidelidad conyugal. Cuando un hombre y una mujer, de los cuales al menos uno está casado, establecen una relación sexual, aunque ocasional, cometen un adulterio. Cristo condena incluso el deseo del adulterio’[1].

El adulterio es un pecado grave que transgrede la ley natural y la ley divina: ‘El sexto mandamiento y el Nuevo Testamento prohíben absolutamente el adulterio. Los profetas denuncian su gravedad; ven en el adulterio la imagen del pecado de idolatría. El adulterio es una injusticia. El que lo comete falta a sus compromisos. Lesiona el signo de la Alianza que es el vínculo matrimonial. Quebranta el derecho del otro cónyuge y atenta contra la institución del matrimonio, violando el contrato que le da origen. Compromete el bien de la generación humana y de los hijos, que necesitan la unión estable de los padres’[2].

A pesar de ello se está constituyendo en una de las muchas plagas que azotan la desasosegada nuestra cultura. Algunos datos estadísticos, que hay que tomar con pinzas, arrojan cifras estremecedoras: el diario La Nación, en su edición del 19 de marzo de 1997, bajo el título ‘Adulterio: nuevo furor sobre un viejo pecado’, cita el estudio realizado por Shere Hite utilizando un cuestionario impreso en ‘Penthouse y otras revistas para adultos’ (es decir, una encuesta realizada entre un público libertino); en este estudio el 66% de los hombres y el 54% de las mujeres de Estados Unidos consultadas afirmaban haber tenido al menos una aventura adulterina. Se cita también el sondeo -hecho con técnicas de muestreo más confiables- de NORC (año 1994, también en Estados Unidos); éste señalaba una praxis del adulterio en el 21,2% de los hombres y en el 11% de las mujeres[3].

Sean cuales sean los datos reales, la situación es una lógica consecuencia del brete cultural en que nos encontramos metidos. Entre muchas causas quiero destacar dos.
La primera es la mentalidad divorcista que ha sumergido la institución matrimonial en una crisis agudísima que amenaza con sofocarlo. La experiencia de 12 años de divorcio en Argentina es elocuente: el divorcio ha engendrado más divorcios y separaciones, menos matrimonios, más concubinatos, menos hijos por matrimonio, más hijos fuera del matrimonio (un estudio del INDEC establecía que en 1995 el 45% de los argentinos nacieron fuera del matrimonio) y envejecimiento poblacional[4]. La situación de los divorciados vueltos a casar, aunque sea dolorosa y pastoralmente merezcan un cuidado singular por parte de la Iglesia[5], es, sin embargo, una situación de adulterio; el hecho de que el fenómeno se extienda cada vez más debe preocuparnos seriamente.

La segunda causa debemos buscarla en la incomprensión -por parte de muchos católicos incluso teólogos y pastores- de la enseñanza de la Humanae vitae sobre el acto conyugal. Muy sabio fue Pablo VI al defender la indisolubilidad de los dos significados o dimensiones del acto conyugal[6]. Éste, por su íntima naturaleza, es al mismo tiempo unitivo y procreador. Mantener la unidad de ambos aspectos es condición esencial para respetar la ‘totalidad’ de la entrega matrimonial. El matrimonio es ‘uno con una para siempre’, para ‘darse totalmente cada vez que se entregan en su relación conyugal’. El no comprender este segundo elemento puede conducir a la postre a no entender el sentido del primero. El robarle un significado al acto conyugal, como ocurre en el fenómeno de la anticoncepción (en la que se le despoja voluntariamente del valor procreador), implica una donación mezquina, un amor a medias, un regalo truncado. Quien se acostumbra a este modo (parcial) de darse, puede terminar por preguntarse qué mal hay en reservarse parte de sus sentimientos para compartir con alguien distinto de su cónyuge legítimo. Esto no es una cosa nueva. El mismo Pablo VI advirtió en la Humanae vitae que el uso generalizado de anticonceptivos conduciría a ‘la infidelidad conyugal y a la generalizada degradación de la moralidad’, y asimismo que el hombre perdería el respeto hacia la mujer y ‘ya no le importaría su equilibrio físico y psicológico’, hasta el punto en que él la consideraría ‘como un mero instrumento de disfrute egoísta, y ya no como su respetada y amada compañera’[7]; lo único que cabe agregar es que el mismo fenómeno se da hoy en muchas mujeres respecto de sus esposos. La mentalidad hedonista, con su conceptos tergiversados del sexo seguro, de las relaciones prematrimoniales, de los matrimonios a prueba, con su desprecio de la virginidad, etc., propagados con la complicidad de los medios masivos de información y de auténticas ‘multinacionales’ del sexo, han extendido inquietantemente este modo ponderar el amor y la sexualidad.

¿Qué hacer para remontar este clima de infidelidad? En general, lo que está a nuestro alcance, es el preparar a los futuros esposos para vivir la fidelidad en todas sus dimensiones, y predicar eso mismo a los hombres y mujeres en general, especialmente a los ya casados[8].

El verdadero amor exige espontáneamente la exclusividad. El universo del amor tiene dos polos; el amor verdadero tiene como característica la ‘suficiencia intrínseca’, es decir, que los que se aman no necesiten de nadie más. Si necesitan de ‘alguien’ de afuera para dar plenitud a su corazón, lo que está fallando es el amor.

Pero no solamente el amor exige la fidelidad, sino que la fidelidad ‘protege’ al amor. Todo esfuerzo por ser fiel, especialmente en los momentos de tentación fuerte, repercuten aumentando, purificando y transformando el amor de los esposos.

Normalmente a la infidelidad -en el sentido de ‘engaño’ del cónyuge con otro amante- es algo que sucede porque se entiende la fidelidad conyugal en un sentido restrictivo.La verdadera fidelidad implica tres dimensiones: es la fidelidad cordial, mental y carnal. Lamentablemente, muchos la identifican exclusivamente con esta última; y esta última, sola -sin las otras- no puede mantenerse en pie.

1) Fidelidad cordial, del corazón, quiere decir reservar el corazón para el cónyuge, y renovar constantemente la entrega que se le ha hecho la vez primera en que se declaró su amor. Dice Gustave Thibon: ‘La verdadera fidelidad consiste en hacer renacer a cada instante lo que nació una vez: estas pobres semillas de eternidad depositadas por Dios en el tiempo, que la infidelidad rechaza y la falsa fidelidad momifica’. Charbonneau añade: ‘el marido que deja dormir su corazón ya es infiel’. Fidelidad implica, por tanto:
-como dimensión positiva: reiterar la entrega del corazón; los esposos están obligados, en virtud de amor, a ser afectivos entre sí; demostrarse el cariño. Flor que no se riega se marchita; corazón que no ese alimentado, busca comida en otros platos.
-como dimensión negativa: evitar todo trato imprudente con personas de otro sexo. Entiendo por trato imprudente aquellas manifestaciones de afecto (a veces puramente a nivel de amistad) que pueden empezar a ablandar el corazón. La persona con quien no se convive, la que es tratada sólo esporádicamente, siempre revela menos defectos que aquella que comparte el propio hogar… Y… el prado del vecino siempre parece más verde… por el solo hecho de mirarlo de lejos. Así, de los tratos reblandecidos (lo que no quiere decir que todos debemos ser corteses y cordiales con el prójimo) pueden ser inicio de enamoramientos.

2) Fidelidad mental: no sólo es adulterio e infidelidad el contacto carnal con la persona ajena al matrimonio, sino también el pensar en ella y desearla. La fidelidad exige castidad de pensamientos, memoria y deseos. El que maquina, imagina, sueña despierto, ‘aventuras’, aunque no tenga intención de vivirlas en la realidad, ya es infiel, y esto prepara el terreno para la infidelidad en los hechos. En este sentido, difícilmente guardará la fidelidad conyugal quien mira o lee revistas o películas pornográficas, o con algún contenido pornográfico; quien no cuida la vista ante otras mujeres u hombres; quien asiste o frecuenta ambientes donde no se tiene el mínimo pudor en el vestir o en el hablar. La castidad exige, para poder ser vivida, un ‘ambiente casto’. Esto no es puritanismo; esto es simplemente lo ‘normal’, lo adecuado a la norma. Considero que la falta de seriedad en esta dimensión es causa principal de las infidelidades matrimoniales, y no se puede poner remedio a este problema si no se empieza por cortar con el caldo de cultivo de toda infidelidad que es la falta de castidad en las miradas, en el pensamiento y en el deseo.

3) Fidelidad carnal: es bastante claro y evidente por sí. La infidelidad carnal es siempre una profanación del cónyuge inocente, porque el matrimonio ha hecho de ellos una sola carne (Mt 19,5); al entregarse uno de ellos a una persona ajena al matrimonio, ensucia y rebaja la persona el cónyuge.

Finalmente, hay que tener siempre en cuenta que la fidelidad es una gracia; como tal, los esposos deben pedirla, es decir, rezar pidiendo a Dios no faltar nunca a la palabra dada en el matrimonio. Especialmente quienes se encuentran en situaciones más difíciles, ya sea por el ambiente en que viven o por hábitos desordenados largo tiempo consentido, deben recordar que la Iglesia nos enseña a orar con San Agustín: Da quod iubes et iube quod vis (da lo que mandas y manda lo que quieras)[9]. El Concilio de Trento completó esta afirmación con una expresión magnífica: ‘Dios no manda cosas imposibles, sino que, al mandar lo que manda, te invita a hacer lo que puedas y a pedir lo que no puedas y te ayuda para que puedas’[10].

[1] Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2380.
[2] Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 2380-2381.
[3] Cf. La Nación, 19/03/1997; p. 17.
[4] Véase el estudio de Jorge Scala, Sociología de diez años de divorcio en Argentina, en: Jorge Scala y otros, Doce años de divorcio en Argentina, EDUCA, Bs. As. 1999; esp. pp. 119ss..
[5] Cf. Juan Pablo II, Familiaris consortio, n. 84.
[6] Cf. Humanae vitae, 12.
[7] Cf. Humanae vitae, 17.
[8] Tomo, con libertad, algunas ideas del libro de Paul-Eugène Charbonnaeu, Curso de preparación para el matrimonio, Herder, Barcelona 1984, pp. 188-197.
[9] San Agustín, Confesiones, X, 29, 40.
[10] Concilio de Trento, Decreto sobre la justificación, c. 11; DS 1536.

LADRONES

Ladrones
Existen bienes, ladrones y procedimientos tan especiales y tan sutiles que muchos robos pasan desapercibidos como tales 


Por: Alejo Fernández Pérez | Fuente: Revista Arbil 



Hay muchas formas de robar, de sustraer lo que es debido, a la familia, a la sociedad, a los trabajadores, a las empresas, a la comunidad, a la naturaleza..., incluso a nosotros mismos.

Hace tres mil años, Moisés recibió un mandamiento de Yahvé: No robarás. Y, aunque parezca mentira, sigue vigente. Robar es algo más que apoderarse o retener los bienes de otra persona injustamente o perjudicarle en sus bienes. Pero además de la cartera, la motocicleta o el coche, la fruta en el campo, el mobiliario o enseres de la vivienda, la mujer de otro o el atraco a un banco; existen bienes, ladrones y procedimientos tan especiales y tan sutiles que muchos robos pasan desapercibidos como tales. Ni siquiera llamamos ladrones a los que hurtan ciertas cosas o de ciertas maneras. Bueno será recordar algunos:


Chapuceros. Son aquellos que nos roban un tiempo precioso haciéndonos esperar uno y otro día. Terminan mal su trabajo y nos hacen repetir la operación al poco tiempo con un costo doble. Constituyen una de las pestes de todas las sociedades. El chapucero se da en todas las actividades y capas sociales, desde ministros a peones.

Muchas empresas de todos los tamaños: Bancos, Seguros, Constructoras,... ponen tranquilamente en la calle a los empleados por "No estar integrados en la Empresa" , u otros eufemismos, que significan que los tales empleados no quieren trabajar las horas extras que no les pagan; los que no soportan cobrar pagas donde la nómina dice una cosa y la paga otra; los que no quieren firmar que han recibido las vacaciones sin disfrutarlas; los que no están dispuestos a cobrar paga de peón, con título y master universitario...

Esos profesores que habitualmente faltan o entran en sus clases con 10 minutos de retraso y llevan las lecciones sin preparar. Alumnos que no estudian ni dejan estudiar a los compañeros, que faltan a sus clases y molestan a los profesores. Un alumno que no cumple sus obligaciones ¿tiene derechos como alumno?


Rateros de tiempo. En una época en que trabajo se cobra normalmente por hora, perder el tiempo o hacérselo perder a los demás es un robo como otro cualquiera. Papeleo administrativo que nos hace perder meses y años, para arreglar asuntos que se podrían solventar en 24 horas- léase abrir un negocio-. Médicos que citan a varios pacientes a la misma hora para no perder ellos ni una; fontaneros, albañiles, que raramente se presentan a la hora o el día acordado; pleitos a los que nadie ve el fin, y sin cuyo resultado se paraliza la vida de mucha gente.

Los obreros y empleados, que con un sueldo aceptable y empleo fijo andan todo el día racaneando, trabajando a medio gas y no todas sus horas. Los que intentan justificar su incompetencia y nulidad murmurando de jefes y compañeros en todo momento. Casualmente cogen la gripe dos veces cada año. Pocos son suficiente para emponzoñar y destruir una empresa.

Los políticos forman parte de la más noble de las actividades humanas. Mucha es su gloria, cuando son honestos y eficaces; pero también es grande su responsabilidad y miseria cuando trabajan mal, y sobre todo, cuando retrasan o no cumplen sus obligaciones. ¿Qué gloria hay para los que en vez de servir al pueblo se sirven de él? Son los que llenan los puestos de gobierno o trabajo con sus familiares, amigos, compañeros de partido o ideología; ignorando, despreciando o persiguiendo a los que no son de su cuerda.

La lealtad es, en primer lugar, muy en primer lugar, para el pueblo a quien se dice servir, las otras lealtades son secundarias. La democracia, los votos no son valores absolutos, y, desde luego, no pueden utilizarse, ni son aceptables como excusa para cometer, en su nombre, verdaderas tropelías. Además, tienen el agravante de que sus actos son, generalmente, legales.


Medio ambiente. Los que dejan basura y suciedad por donde pasan, los que emponzoñan el aire o el agua, los que destrozan árboles; los malos pescadores o cazadores que no pasan de ser más que asesinos de animales. Los grafiteros cuyas gracias roban millones a los Ayuntamientos en limpieza. Todos y cada uno de los que privamos a las generaciones futuras de un mundo mejor ¿No estamos robando algo que vale más que el dinero?


Salud. Traficantes de drogas, incitadores al alcohol, a la pornografía, al botellón, al juego, a la violencia... ¿No están robando salud? ¿No están robando vida? ¿No están malgastando enormes medios económicos?


Sin embargo, vemos que los comerciantes inteligentes no necesitan robar, pues saben como hacer frente a sus problemas, y están convencidos que la honradez es una buena inversión y la mejor de las propagandas. Tardan más en triunfar, pero es un triunfo que da más satisfacciones y más duradero. El robo se deja para los torpones, que no se enteran donde se meten, ni saben después como salir. Donde se pone comerciante, podemos escribir cualquier otro nombre.

Tampoco olvidemos que buena parte de estos casos son posibles por la permisividad, la falta de coraje, la desunión y la no utilización de los medios de protesta y denuncia, que las leyes ponen a nuestro alcance. Si nosotros no luchamos por nuestros derechos ¿Por qué lo van a hacer los demás?

Además, también dicen que son ladrones los que roban por hambre. Cuando huyen corriendo, la gente grita ¡Al ladrón!, ¡Al ladrón! Pero, cuando a nuestro lado pasa tranquilamente y pavoneándose un grafitero, un chapucero; un mal juez, político, profesor, médico, empresario u obrero le saludamos y damos los buenos días muy cordialmente : "Buenos días Señor, vaya Vd. Con Dios". "Quede Vd. Con Él", nos responden.

Ante este panorama lo primero que pensamos es ¿Qué hace El Estado? ¿Qué hace el Ayuntamiento, la escuela, la, la, la...?

¡Oiga!, Y ¿Qué hacemos Vd. y yo?


Extracto del Artículo "Ladrones" de Alejo Fernández Pérez, publicado en la Revista Arbil

LA NUEVA ERA MOTIVA UN RELIGIOSISMO PLURALIZADO

La Nueva Era motiva un religiosismo pluralizado
Pareciera que un sector del catolicismo se ha estancado en una especie de religiosismo pluralizado


Fuente: notidiocesis.com 



El New Age rechaza al cristianismo (catolicismo incluido, logicamente); en su lugar, promueve una religión panteísta cósmica y hasta extraterrestre donde Dios Padre es el Todo energizado, personificado lo mismo en un objeto, un árbol o en la conciencia iluminada a través del tercer ojo. Desconoce a Cristo Jesús como Dios y es impensable lo proclame como Señor y Salvador de la humanidad. El Espíritu Santo es el karma, nirvana, chakras, Feng Shui, vibras, energías: todo eso a la vez.
La Nueva Era no es una religión institucionalizada, con cimientos históricos, filosóficos y teológicos propios con base en una revelación divina y personal, por la simple razón de que carece de todos estos elementos. Sus promotores y adeptos afirman que buscan destruir el catolicismo porque, según ellos, éste no ha acabado con las guerras, las injusticias sociales, etc.; entonces, pretenden lograrlo de manera sistematizada y lenta mediante la disminución de la conciencia moral y los sistemas de creencias y fe que presentan a quien tratan de enganchar. Si bien la Nueva Era de entrada no dice a una persona que deje de ser católica, sí trata de introducir conceptos para que entre otras cosas cada quien "saque sus propias conclusiones".

Ni son todos los que están, ni están todos los que son

Algunas conclusiones son: "la Iglesia debe modernizarse celebrando bodas gay, quitando el aborto del quinto mandamiento y, ¿por qué confesarme con alguien más pecador que yo?".
Decía San Josemaría Escrivá: "Si la Misa te parece larga entonces tu amor es corto".
Muchos que se dicen cristianos quieren un Jesucristo que predica amor, pero que no les incomode ni les hable que una de las exigencias del Reino es entrar por la puerta angosta (Mt 7,13). Eso sí, critican poniéndose como voces autorizadas o Big Brother. Algunos publican en redes sociales reflexiones de ciertos autores como si fueran recetario y verdad absoluta, sin saber que existen citas de la Biblia o frases de santos que también hablan de superación personal y tienen más trascendencia porque nos conducen de manera recta a Dios.
Otros, aunque frecuenten los sacramentos, ante la acción del mal y su influencia simplemente esperan que otro haga lo que a ellos les da miedo para no comprometer su reputación ante los demás.
Hoy, ante el secularismo y la diversidad de creencias religiosas, para no poca gente resulta difícil adoptar una postura en cuanto a qué creer y cómo manifestar esa creencia. No hace poco cerca del 95% de la población en Latinoamérica eran bautizados católicos; de ese porcentaje el 10% frecuentaba los sacramentos, pero sólo el 1% daba testimonio coherente de su fe. Si bien ha aumentado la población mundial, el porcentaje de católicos ha disminuido, y pareciera que un sector de éste se ha estancado en una especie de "religiosismo" pluralizado, lo que es aprovechado por la Nueva Era para proclamar que todas las sectas y religiones son aceptables mezclándolas y practicándolas juntas por igual.

Las demás religiones

No se condena a las tradiciones y religiones históricas tradicionales que no son cristianas, pues hasta para algunas de las mismas la Nueva Era es una plaga porque pervierte sus bases y principios.
Reflexionemos:
"En los primeros siglos del cristianismo, Padres de la Iglesia como San Justino y San Clemente Alejandrino hablaron de las 'Semillas del Verbo' la cual dice que a todos los hombres ha podido llegar algún fragmento de la verdad que sólo se encuentra plena en Jesús, el Logos en su totalidad; la idea de la unión del Hijo de Dios con todo hombre en su encarnación; la dimensión cristológica de la imagen de Dios. La relevancia salvadora de Cristo no se reduce a quienes lo conocen, pero sólo en el contexto de la actuación universal de Cristo y del Espíritu tiene sentido el plantearse el valor y el sentido de las religiones en orden a la salvación; ésta es la misma para todos los hombres. No hay economías diversas para los que creen en Jesús y para los que siguen otra religión o no creen en Él, y no puede haber ningún camino para ir a Dios que no confluya en el único camino que es Cristo (Jn 14,6).
Esto no significa relativizar los contenidos de la fe ni que se deje de anunciar la Buena Nueva de Jesucristo a los pueblos no cristianos, con mansedumbre y respeto por sus convicciones religiosas; aún con sus ambigüedades, sus elementos de ignorancia, pecado y perversión.
La salvación se obtiene por el don de Dios en Cristo, pero no sin la respuesta y la aceptación humana. Las religiones pueden ayudar a esa respuesta, en cuanto impulsan al hombre a la búsqueda de Dios, y obrar según su conciencia.
La perspectiva cristiana es la de la salvación como verdad y del estar en la verdad como salvación".  (El Cristianismo y las religiones. CELAM, Editorial San Pablo, 2012)

LA CORRECCIÓN FRATERNA


La corrección fraterna

Tiempo Ordinario




Mateo, 18, 15-20. Tiempo Ordinario. La actitud es de delicadeza, prudencia, humildad, atención hacia quien cometió una culpa. 



Por: P. Sergio A. Cordova LC | Fuente: Catholic.net 




Te adelantamos las Reflexiones del Evangelio de la 19a. Semana del Tiempo Ordinario   del lunes 10 al domingo 16 de agosto 2015.
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Del santo Evangelio según san Mateo, 18, 15-20
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: Si tu hermano peca, repréndelo a solas entre los dos. Si te hace caso, has salvado a tu hermano. Si no te hace caso, llama a otro o a otros dos, para que todo el asunto quede confirmado por boca de dos o tres testigos. Si no les hace caso, díselo a la comunidad, y si no hace caso ni siquiera a la comunidad, considéralo como un pagano o un publicano. Os aseguro que todo lo que atéis en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desatéis en la tierra quedará desatado en el cielo. Os aseguro, además, que si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, se lo dará mi Padre del cielo. Porque donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.

Oración introductoria
Señor, gracias, por ser tan bueno. Por darme la oportunidad de este momento de oración. Ayúdame a estar atento a las inspiraciones de tu Espíritu Santo. Este día seguramente estará lleno de desafíos y actividades, oportunidades para perdonar y buscar el perdón: con tu gracia lo podré vivir plenamente.

Petición
Concédeme cultivar, Señor, un alma contemplativa, sencilla y alegre para lograr ser un instrumento de tu paz.

Meditación del Papa Francisco
Las etapas en este itinerario indican el esfuerzo que el Señor pide a su comunidad para acompañar a quien se equivoca, para que no se pierda. Es necesario ante todo evitar el clamor de la crónica y los chismes en la comunidad. Esto es lo primero que hay que evitar.
'Ve, amonéstalo, tú y él solos'. La actitud es de delicadeza, prudencia, humildad, atención hacia quien cometió una culpa, evitando las palabras que puedan herir y asesinar al hermano.
Porque ustedes saben que las palabras matan. Cuando hablo mal y hago una crítica injusta, cuando descarno a un hermano con mi lengua, esto es asesinar la reputación del otro. También las palabras asesinan. ¡Vamos, con esto, seriamente!
Al mismo tiempo esta discreción, de hablarle estando solo, tiene la finalidad de no mortificar inútilmente al pecador. Se habla entre los dos, ningún otro escucha y todo acaba aquí.
Y a la luz de esta exigencia se entiende también la serie de sucesivas intervenciones, que prevé involucrar a algunos testimonios y después a la misma comunidad. La finalidad es de ayudar a la persona a darse cuenta de lo que ha hecho, y que con su culpa ha ofendido no solamente a uno, pero a todos. (S.S. Francisco, Ángelus del 7 de septiembre de 2014).
Reflexión
Nos dice nuestro Señor que "si un hermano peca -o sea, falla en cualquier cosa de moral o dignidad en su comportamiento- repréndelo a solas entre los dos. Si te hace caso, habrás salvado a tu hermano". Con esto nos está diciendo el Señor que la corrección es un bien y un servicio que se hace al prójimo. Pero aquí también hay reglas del juego, y hemos de tenerlas muy en cuenta para practicar cristianamente estos consejos de nuestro Señor. Veamos algunas de ellas.

La primera es que, antes de corregir a los propios hijos o a nuestros educandos, debemos estar muy atentos nosotros para no faltar o equivocarnos en aquello mismo que corregimos a los demás; y, por tanto, el que corrige -ya se trate de un maestro, de un educador y, con mayor razón, de un padre o madre de familia- debe hacerlo primero con el propio testimonio de vida y ejemplo de virtud, y después también podrá hacerlo con la palabra y el consejo. Nunca mejor que en estas circunstancias hemos de tener presente el sabio proverbio popular de que "las palabras mueven, pero el ejemplo arrastra". Las personas –sobre todo los niños, los adolescentes y los jóvenes– se dejan persuadir con mayor facilidad cuando ven un buen ejemplo que cuando escuchan una palabra de corrección o una llamada al orden.

La segunda regla es que, al corregir, hemos de ser muy benévolos y respetuosos con las personas, sin humillarlas ni abochornarlas jamás, y mucho menos en público. ¡Cuántas veces un joven llega a sufrir graves lesiones en su psicología y afectividad por una educación errada! Y es un hecho que muchos hombres han quedado marcados con graves complejos, nunca superados, a causa de las humillaciones y atropellos que sufrieron en su infancia por parte de quienes ejercían la autoridad. Y no digo yo que no hay que corregir a los niños -dizque para no traumarlos, pero sí que hay formas y formas.

Diálogo con Cristo
Señor, te pedimos que al corregir, procuremos usar una gran bondad, mansedumbre y miramiento, y de un hondo sentido de la justicia y la equidad.

Si somos corregidos alguna vez –pues también nosotros estamos sometidos a autoridad–, no nos rebelemos ni tomemos a mal la corrección, sino con buen ánimo, con humildad y sencillez, según Tus palabras: "Hijo mío, no menosprecies la corrección del Señor y no te abatas cuando seas por Él reprendido; porque el Señor reprende a los que ama, y castiga a todo el que por hijo acoge" (Hb 12, 5-6; Prov 3, 11-12).

Petición
Te pedimos para que sepamos dar una educación y ejemplo auténticamente cristiana a nuestros hijos y a los niños y jóvenes confiados a nuestro cuidado o que puedan aprender de nosotros.

Preguntas o comentarios al autor  P. Sergio Cordova LC
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