viernes, 14 de agosto de 2015

EL COMBATE ESPIRITUAL Y LAS TENTACIONES

El combate espiritual y las tentaciones
Educación moral y religiosa

La vida espiritual consiste en conocer la infinita grandeza y bondad de Dios, junto a un grande sentido de nuestra propia debilidad y tendencia para el mal; en amar a Dios y detestarnos a nosotros mismos; en humillarnos no solamente delante de El sino, por Su causa, también delante de los hombres; en renunciar enteramente a nuestra propia voluntad para hacer la Suya. 


Por: Redacción Catholic.net | Fuente: varios 



  
¿En qué consiste la perfección cristiana?
El combate espiritual, del teatino Don Lorenzo Scupoli, escrito a fines del siglo XVI, es uno de los más famosos tratados de vida espiritual. San Francisco de Sales, también maestro en esa materia y Doctor de la Iglesia, lo llevó en su bolso durante 18 años. Lo leía diariamente y lo recomendaba a las personas que dirigía. Aún cuando haya sido escrito hace más de 450 años, el libro tiene una actualidad impresionante. Para provecho de nuestros lectores, transcribimos aquí algunos trozos de su primer capítulo. *

"La vida espiritual consiste en conocer la infinita grandeza y bondad de Dios, junto a un grande sentido de nuestra propia debilidad y tendencia para el mal; en amar a Dios y detestarnos a nosotros mismos; en humillarnos no solamente delante de El sino, por Su causa, también delante de los hombres; en renunciar enteramente a nuestra propia voluntad para hacer la Suya. Consiste, finalmente, en hacer todo solamente por la gloria de su santo Nombre, con un único propósito - agradarle -, por un sólo motivo: que El sea amado y servido por todas sus criaturas. (...)
Por eso, es necesario luchar constantemente contra uno mismo y emplear toda la fuerza para arrancar cada inclinación viciosa, incluso las triviales. Consecuentemente, para prepararse al combate la persona debe reunir toda su resolución y coraje. Nadie será premiado con la corona si no hubiere combatido con coraje. (...)
Aquel que tuviese el coraje de conquistar sus pasiones, controlar sus apetitos y rechazar hasta los más mínimos movimientos de su voluntad, practica una acción más meritoria a los ojos de Dios que si, sin eso, rasgase sus carnes con las más agudas disciplinas, ayunase con mayor austeridad que la de los Padres del desierto, o convirtiese multitudes de pecadores (...)
Lo que Dios espera de nosotros, sobretodo, es una seria aplicación en conquistar nuestras pasiones; y eso es más propiamente el cumplimento de nuestro deber que si, con apetito incontrolado, nosotros Le hiciésemos un gran servicio. (...)
Para obtener eso, se debe estar resuelto a una perpetua guerra contra sí mismo, comenzando por armarse de las cuatro armas sin las cuales es imposible obtener la victoria en ese combate espiritual. Esas cuatro armas son: desconfianza de sí mismo, confianza en Dios, apropiado uso de las facultades del cuerpo y del alma, y el deber de la oración".
* The Spiritual Combat - And a Treatise on Peace of Soul, TAN Books and Publishers, Inc., Rockford, Illinois, USA, 1990, pp. 4 y ss.

Armas espirituales para el combate espiritual

1) Vigilancia.
Permanece alerta y no dejes de orar, de esta forma, cuando venga la prueba podrás superar las tentaciones del demonio. La razón exacta de la caída de los Apóstoles al llenarse de miedo y abandonar a Jesús en el Huerto, fue que no estuvieron vigilantes en la oración.

2) Identificar el ataque y admitir que está ocurriendo.

Cuándo la tentación acecha puede resultar muy útil y simple, admitirla de una manera tranquila, “Estoy siendo tentado por el diablo, el enemigo de Dios”. Descubrir al enemigo cuando nos ataca es la mitad de la batalla. Ignorar su presencia puede aumentar su poder sobre nosotros.

3) Evitar las ocasiones cercanas al pecado.

A menudo somos tentados porque nos colocamos cerca de la ocasión de pecado, recuerda los proverbios: “¡No juegues con fuego!”, ¡Aquel que juega con el peligro, perecerá con el peligro!”, “¡El que camina en la cuerda floja, caerá!”. Una de las razones más simples por la cuales Eva comió de la fruta prohibida, es que ella estaba cerca del árbol del cual Dios le dijo que no comieran.

4) No te descuides cuando te encuentres en estado de desolación espiritual.

Cuando estamos en ese estado, San Ignacio nos da cuatro claves: •   Más oración •   Más meditación •   Examina tu conciencia (para ver por qué estás en desolación) •   Aplícate alguna penitencia adecuada. Algunos demonios solo son expulsados a través de la oración y la penitencia.

5) Usar Sacramentales

El uso apropiado de sacramentales puede ser bastante eficaz en la batalla contra del demonio, en especial tres: El Escapulario de la Virgen del Carmen, la medalla de San Benito y el agua bendita. Santa Teresa de Ávila insiste en usar agua bendita para expulsar al demonio de nuestra presencia, ¿por qué?, el diablo está lleno de orgullo y el agua Bendita es pequeña y poco visible, el demonio odia eso y no lo puede soportar. Por eso en los exorcismos se utiliza el agua bendita.

6) Usar Jaculatorias: dardos de fuego que penetran el cielo.

Cuando somos asaltados por el enemigo, es recomendable ofrecer oraciones cortas y fervientes (jaculatorias); éstas son extremadamente eficaces en espantar al diablo. Algunos ejemplos de estas cortas pero poderosas oraciones son: “Jesús en ti confío”, “Dulce corazón de María se la salvación del alma mía”, “Señor, sálvame”, “Señor ven a rescatarme”, “Jesús, ten misericordia de mi”… y por supuesto invocar con fe y confianza el Sagrado nombre de Jesús, María y San José.

7) Rechazar inmediatamente la tentación.

Parte del problema en el combate espiritual es la respuesta lenta, aletargada y anémica ante la tentación. La gracia de Dios nos sostiene a través del arma la oración, pero aun así, debemos comprometer nuestra voluntad y rechazar con valentía y firmeza la tentación desde el comienzo. Algunas tentaciones frecuentes tienen gran fortaleza sobre nosotros porque abrimos una puerta y la cola del diablo entra, y es difícil echarlo luego.

8) Evitar la pereza.

En una ocasión, cuenta el Diario de Santa Faustina, que el diablo estaba vagando por los corredores del convento, buscando desesperadamente a alguien a quien tentar. Santa Faustina detuvo al diablo y le dijo que, en obediencia a Jesús, le dijera cuál era el mayor peligro para las monjas. De mala gana él respondió: Almas indolentes y perezosas. Todos hemos escuchado el proverbio “La ociosidad es el taller del diablo”, esto significa que si no tenemos nada que hacer, el diablo nos dará bastante que hacer. El gran San Juan Bosco, temía mortalmente el tiempo de vacaciones de sus muchachos en el Oratorio. ¿Por qué?, porque mucho tiempo libre le da entrada completa al diablo en la vida de la juventud, ¿cuán a menudo hemos pecado precedidos por momentos, horas e incluso días de indolencia y pereza?, nuestra filosofía debería ser la de San Alberto Hurtado, “Hay dos lugares para descansar: el cementerio y el cielo”, en el presente es momento de trabajar en nuestra salvación con temor y temblor. Hagamos nuestro el lema de San Benito: “Ora et Labora”. Trabajar y orar.

9) Jesús en el desierto como Ejemplo Supremo: Sus tres armas.

Por supuesto nuestro mejor ejemplo para todo es Jesús, quien dijo, “Yo soy el Camino, la Verdad, y la Vida”. Al final de los cuarenta días en el desierto, el diablo vino a tentarlo. Jesús conquistó al diablo con firmeza y facilidad, usando tres armas que debemos aprender a aplicar: la oración, el ayuno y el uso de la Palabra del Dios. Jesús tuvo una experiencia prolongada de oración en el desierto, acompañada por cuarenta días de ayuno, Él no comió nada. Finalmente el diablo lo tentó usando la palabra de Dios y Jesús también usó la Palabra de Dios como una flecha afilada para perforar los esfuerzos de Satanás. La oración ferviente y prolongada, la renuncia constante a nosotros mismos a través de ayuno y abstinencia, y la familiaridad con la Palabra de Dios, tanto meditándola como poniéndola en práctica, son armas eficaces para combatir y conquistar a Satanás.

10) Tener confianza ante tu Director Espiritual.

Una vez más, el Maestro San Ignacio viene al rescate. En la Regla del Discernimiento número 13, el Santo nos advierte de que al diablo le gusta el secretismo, en el sentido de que si uno está en un profundo estado de desolación, abrirnos a un Director Espiritual puede ayudar a que conquistemos la tentación, así que el diablo buscará las formas de que no lo hagas. Cerrándonos, es como un corte o una herida que está escondida detrás de una curita, hasta que no sea expuesta al sol y desinfectada la herida no solo no sanará, sino que se infectará mucho más y correrá el riesgo de una gangrena y una amputación. De igual forma, una vez que la tentación es revelada a un Director Espiritual, seguramente será vencida. Abrumada por la tentación, la duda, y la confusión poco antes de hacer sus votos, Santa Teresita se abrió con su Madre Superiora para revelarle el estado de su alma, casi inmediatamente la tentación desapareció, ella hizo sus votos y se convirtió en una de las más grandes santas modernas. ¿Qué hubiera pasado si ella hubiese seguido el consejo del diablo y hubiese mantenido el estado de su alma en secreto?, indudablemente no tendríamos a Santa Teresa de Lisieux, Doctora de la Iglesia.

11) Recurrir a San Miguel Arcángel.

En nuestra batalla contra Satanás, debemos usar todas las armas en nuestro arsenal. Dios escogió a San Miguel Arcángel como el ángel fiel, el Príncipe de la Milicia Celestial, para encerrar a Satanás en el infierno y a los otros ángeles rebeldes. San Miguel, cuyo nombre significa “¿Quién como Dios?”, es tan poderoso ahora como lo fue en el pasado. En el medio de las tormentas de las tentaciones, ¿por qué no levantar tu corazón hacia San Miguel y llamarlo? Puedes rezar la famosa oración “San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla…”, o simplemente pide por su intercesión. Su ayuda desde las alturas de los cielos nos hará salir victoriosos de nuestro combate contra el diablo.

12) Acudir siempre a María Santísima.

La mayoría de los mexicanos tienen gran devoción por María, especialmente bajo el título de Nuestra Señora de Guadalupe. Sin embargo en Guadalajara, México, además de venerar a María, Nuestra Señora de Guadalupe como Patrona de México y de las Américas, ellos la honran con otro título: “La General del Ejército”. En el Génesis, en nuestra batalla contra la antigua serpiente, se honra a la mujer que aplastó la cabeza de la serpiente con su escudo, “Haré que haya una enemistad entre ti y la mujer, entre tu descendencia y la suya. Ella te pisará la cabeza mientras tú herirás su talón.” (Génesis 3,15). De hecho, la antigua serpiente, el diablo, puede arremeter contra nosotros con su fea lengua y escupir veneno, pero cuando nos basamos en la confianza en María, ella aplastará su fea cabeza.

Para vencer las tentaciones, ten en cuenta estos seis consejos:*

1) No perder la calma: estar seguros de que todas las tentaciones pueden vencerse con la gracia de Dios.
2) Acuérdate de que sólo la voluntad puede pecar y, por lo tanto, mantenla inflexible.
3) Encomiéndate a Dios y a la Virgen Inmaculada, que jamás abandonan a los que acuden a ellos.
4) Desembarázate de la ocasión, en cuanto puedas. Si hubo victoria, da gracias a Dios. Si caída, arrepiéntete y aprovecha la lección para otra vez.
5) Después de cada caída, haz un acto de contrición, confiésate enseguida y además ofrece en reparación una mortificación que te cueste.
6) No vuelvas a pensar más en la tentación; ocúpate de algo. 11 Para tu tranquilidad has de saber que dice San Pablo que Dios jamás permitirá que seamos tentados por encima de nuestras fuerzas.12

Dice San Agustín13 y el Concilio de Trento lo repite que «Dios no pide a nadie cosas imposibles, sino que hagas lo que puedas, y pidas lo que no puedas; que Él te ayudará para que puedas»14.
Después de una tentación pueden ocurrir tres cosas:
1) Victoria clara, porque la rechazaste totalmente en cuanto caíste en la cuenta de la tentación: dale gracias a Dios que te ha ayudado a vencer.
2) Derrota clara, porque te dejaste llevar conscientemente: arrepiéntete, humíllate ante Dios, y pídele que te ayude a vencer en otra ocasión; haz un acto de contrición y propón confesarte pronto.
3) Duda de si consentiste o no consentiste. No estás seguro si resististe completamente a la tentación. En este caso expón al confesor sencillamente tu duda, por ejemplo, diciéndole: «he tenido malos pensamientos y malos deseos contra la pureza, y no sé si los he rechazado suficientemente». No te contentes con dejar la confesión para después de la caída.
La confesión también tiene un valor preventivo, porque aumenta la gracia en virtud del sacramento y fortalece la voluntad. Cuando presientas una posible caída, confiésate aunque no tengas pecados graves. Y si, además, puedes comulgar, todavía mucho mejor.
Para dominar el cuerpo es muy conveniente la mortificación. Es una práctica común de todos los santos. Un cuerpo mortificado es mucho más dócil. El ser mortificado fortalece la voluntad y enriquece espiritualmente.
He aquí algunos modos de mortificarse:
- No hacer gastos inútiles.
- Ser puntual para no hacer esperar a los demás.
- Escoger los peores sitios en las reuniones.
- Dejar hablar a los demás cuando estás deseando intervenir. - No discutir aunque se tenga razón, si la cosa no es importante.
- No enfadarnos, si no es necesario.
- Sonreír amablemente aunque no se tengan ganas.
- Disponibilidad en los servicios comunes.
- Escoger para sí mismo lo peor, cuando esto sea posible.
- Evitar ruidos que molestan a los demás. - Cuidar el aseo personal evitando malos olores. - Terminar bien lo que se está haciendo aunque esté cansado. - Etc., etc., etc.
* Para Salvarte
Notas:
11. OTTO ZIMMERMANN, S.I.: Teología Ascética, nº 35. Seminario Metropolitano, Buenos Aires
12SAN PABLO: Primera Carta a los Corintios, 10:13.
13 SAN AGUSTÍN: De natura et gratia, XLIII, 50. ML.: 441, 271.
14DENZINGER: Magisterio de la Iglesia, nº 804. Ed. Herder. Barcelona.

LOS OTROS

Los otros
Ante los demás, ante la conciencia, ante Dios 


Por: P. Fernando Pascual | Fuente: Catholic.net 



Los “demás” ejercen sobre cada uno una presión muy particular. Nos miran, piensan y dicen muchas cosas sobre lo que somos, queremos y hacemos. Tal vez algunas de sus afirmaciones sean verdaderas. Otras, más o menos aproximadas. Otras, completamente fuera de lugar y sin el menor respeto hacia la justicia y la verdad. Pero el hecho de que se diga de mí una cosa u otra, de que me piensen listo o tonto, ingenuo o hipócrita, trabajador o perezoso, influye no poco en lo que yo mismo pueda llegar a creer sobre mi propia personalidad.

Desde luego, son muy distintos los ojos de unos familiares que nos quieren de verdad, de los ojos de unos extraños que nos ven por la calle, o de los compañeros de trabajo que nos aprecian o que nos desprecian desde lo íntimo de su corazón. Quizá lo que piensan los que están a nuestro lado y nos conocen mejor nos marca de un modo profundo, hasta el punto de que nos sentiríamos extraños si hiciésemos algo que “desentonase” con el cuadro majestuoso o la caricatura grotesca que han dibujado nuestros “amigos” cuando nos ven, cuando piensan en nosotros.

A la vez, hay una voz mucho más profunda que nos juzga desde la mañana hasta la noche: la voz de la conciencia. Esta voz no deja de mirarnos ni en los lugares más escondidos, ni en las vacaciones más lejanas del hogar, ni en los pensamientos más profundos. Allí está esa presencia, esa compañía de un juicio que no deja lugar a dudas y que nos dice, simplemente, que hemos hecho algo bueno, o que en esta ocasión, como en muchas otras, nos hemos comportado miserablemente.

Por último, algunas veces nos encontramos con los ojos de Dios, con el eco misterioso de los silencios de Dios. No le oímos, quizá porque nuestro corazón está ocupado en otras mil cosas, pero dice sin hablar lo que resulta más importante para nosotros: que vivimos según su amor y sus deseos, o que hemos optado por recorrer el camino de la vida acompañados sólo por nuestro egoísmo y nuestros planes personales.

Es cierto que los otros pueden condicionar enormemente nuestras acciones. Es cierto también que a veces nuestra propia psicología nos frena y nos ata, hasta el punto de que nos hacemos incapaces de mil cosas que, de por sí, podríamos llevar a cabo sin mayores complicaciones. Pero es mucho más cierto que con el juicio de Dios, con su amor y su presencia, hasta el hombre más mediocre, hasta un criminal despreciado por todos en las tinieblas de una cárcel, puede iniciar una vida nueva. Porque si hay miradas que condicionan, que encadenan, también Dios tiene unos ojos que son capaces de romper con todos los esquemas y de iniciar heroísmos que jamás habríamos imaginado.

Nuestra vida continúa. Los relojes nos recuerdan nuestros compromisos. Nuestros amigos nos vuelven a etiquetar con los adjetivos de siempre. Nuestra psicología nos persigue, quizá con complejos que nos empequeñecen. Dios, en lo más profundo de la noche o en lo más esplendoroso de un día soleado, nos mira con cariño, y nos conoce a fondo. Sabe lo que podemos hacer si nos dejamos amar. Sabe que en cada uno se esconde una Juana de Arco, un Tomás Moro o un Martín de Porres. Y ese santo, héroe y mártir saldrá a la luz sólo si le damos una oportunidad, si rompemos esquemas y nos dejamos sorprender por el cariño de Dios que puede sacar hijos de Abrahán incluso de debajo de las piedras...

LOS CATÓLICOS Y LA BIBLIA

Los católicos y la Biblia
Cuando es realmente importante decidir entre dos interpretaciones, los católicos contamos con el Magisterio de la Iglesia


Por: Pato Acevedo | Fuente: Infocatolica.com 



Una de las querellas clásicas del protestantismo es que, mientras pudo hacerlo, el clero católico ocultó la Biblia a los fieles cristianos porque, se dice, si la hubieran leído por sí mismos se habrían dado cuenta que las doctrinas de la Iglesia contradecían la Palabra de Dios. Se supone que con esto controlaba a las masas y acumulaba más poder. Así, se afirma que la Iglesia habría impuesto penas de excomunión y prisión a quien tradujera la Biblia, que solo se permitían versiones en griego y latín para que la masa de los creyentes permaneciese ajena a los textos bíblicos, y que Lutero habría arriesgado su libertad al traducir el Nuevo Testamento al alemán.
Lo que subyace a este tipo de afirmaciones infundadas, pues no se puede hablar de argumentos, es una forma de pensar notablemente anacrónica. Se superponen dos datos correctos pero que provienen de dos épocas diferentes, por ejemplo que en esa época la Biblia circulaba escrita en latín y que hoy en día muy poca gente conoce esa lengua, para llegar a conclusiones groseramente erradas e injustas.
Revisemos algunos de estos errores:
  • Griego y latín no eran lenguajes desconocidos para “la masa de los creyentes”, como en la actualidad. El griego era el idioma de las élites culturales de la antigüedad desde tiempos de Alejandro Magno; y el latín, el de la administración del imperio que controlaba el mediterráneo. Ambos servían de lengua internacional, como el inglés hoy en día.
  • Cuando la Iglesia tradujo La Biblia al latín, contribuyó de forma importante a su difusión. Hasta ese momento, la Biblia se conservaba en parte en hebreo, una lengua que hasta los judíos habían abandonado, y en griego. Gracias a la edición el latín, lengua común para los pueblos de la antigüedad, el universo de lectores aumentó explosivamente.
  • En el siglo IV, el Papa Dámaso I encargo a San Jerónimo [1], traducir los textos originales al latín de uso común o vulgar, precisamente para contar con una nueva traducción que pudieran entender los fieles. De ahí que esta “versión oficial” se conociera como vulgata editio, es decir, edición para el pueblo o edición divulgada.
  • Durante la Edad Media, la masa de los creyentes no sabían leer, así que poco habrían ganado con una traducción de la Biblia. Por su parte, los que sabían leer, aprendían usando textos en griego y latín, así que tampoco necesitaban más para conocer las Escrituras.
  • En esos años, cuando ni siquiera los reyes sabían leer, fueron los monjes católicos quienes copiaron los libros sagrados, una y otra vez, a mano, en una labor incansable. En 1450, cuando Johannes Gutenberg inventó la imprenta de tipos móviles, uno de los primeros libros en ser impreso fue una Biblia católica
  • Es falso que hubiera castigos canónicos por traducir la Biblia. Si hubo algunas ediciones prohibidas por la autoridad civil, fue por temor de que contuvieran un texto gravemente manipulado. Eso era percibido como un peligro por toda la comunidad, tal como hoy en día se sanciona la falsificación de dinero [2].
En respaldo a esta leyenda negra, se suele mencionar el Concilio de Toulouse, que en 1229 efectivamente ordenó que se prohibiera a los fieles mantener en su poder copias en idioma común de secciones de las Escrituras. Sin embargo,esa nunca fue una resolución general de la Iglesia, ni se pensó que se aplicara a todos los fieles. Fue la decisión de un grupo de obispos, hoy en día hablaríamos de un sínodo local o conferencia episcopal, para enfrentar el grave conflicto político religioso que esa región de Francia estaba atravesando. Estas mentiras se suelen sazonar además con afirmaciones claramente absurdas, como que este concilio de 1229 puso a la Biblia en el índice de libros prohibidos, peros es índice no existió sino hasta muchos siglos más tarde.
Igualmente transparente es la mentira de que Lutero fuera excomulgado por traducir la Biblia, o que arriesgara pena de muerte por hacerlo. Para descartar lo primero, basta notar que el Papa León X emitió la bula de excomunión, Decet Romanum Pontificem, en enero de 1521; y que Lutero público su traducción del Nuevo Testamento en 1522, y la del Antiguo Testamento, en colaboración, en 1534, es decir 13 años después. El texto de la bula, disponible en la red, en nada se refiere a una traducción de la Biblia, y no podría hacerlo, pues todavía no existía.
Respecto a lo segundo, que alguna vez se estableciera la pena de muerte por traducir la Biblia, es una de esas acusaciones que se repiten al pasar en medio de muchas otras, pero sin nunca entregar una referencia concreta. A lo largo de la historia, la Iglesia ha producido una cantidad enorme de documentos, de todo tipo, pastoral, jurídicos, doctrinarios y místicos, y de existir un canon o decreto en ese sentido, lo esperable sería que se pudiera demostrara con facilidad. No es así, sin embargo, pero se difunden sin fundamento estas mentiras.

¿Solo el Papa puede interpretar la Biblia?

Al hablar del supuesto temor que tendría la Iglesia a que los fieles leyeran y conocieran las escrituras, se dice que incluso en la actualidad a los católicos se les prohíbe interpretar la Biblia, y que solamente el Papa y los obispos podrían hacerlo. En este sentido, se cita el Catecismo de la Iglesia Católica, donde señala que “El oficio de interpretar auténticamente la Palabra de Dios ha sido confiado únicamente al Magisterio de la Iglesia, al Papa y a los obispos en comunión con él” [3]. Con esto, se concluye que, según Roma, solo el Papa y los obispos tendrían la habilidad de interpretar la Palabra de Dios.
Uno podría entender la confusión que provocan las palabras del Catecismo, porque su verdadero sentido radica en una sutileza, incluso podríamos hablar de un tecnicismo. La clave para entender lo que se nos quiere aquí, radica en distinguir entre la interpretación que podamos hacer cada uno de nosotros, y el llamado “oficio de interpretar auténticamente”.
Es claro que cualquiera de nosotros puede tomar la Biblia, leerla, reflexionar sobre lo que lee y, con la ayuda del Espíritu Santo, comprender lo que nos dice y de qué forma se aplica en nuestra vida. Eso hacían los israelitas primero, y luego los cristianos, y ha dado lugar a incontables obras de fieles y santos cristianos, que no eran obispos ni Papas, pero que tenían una estrecha familiaridad y conocimiento de la Palabra de Dios escrita, que han escudriñado y profundizado en sus sentido. De esta capacidad también dependen los numerosos libros de teología que se publican cada año, las investigaciones teológicas y las carreras de muchos académicos.
Cualquiera de nosotros puede tomar la Biblia e interpretarla, como decíamos, pero ¿qué ocurre si los cristianos comprenden un mismo texto de forma diferente? Por sí solos, ninguno de ellos puede decir que el otro está errado y que su opinión es más verdadera, y casi siempre se admite que ambas interpretaciones son posibilidades que admite un mismo texto. Con esto se reconoce que la Biblia, por haber sido inspirada por Dios, puede tener varios sentidos para resultar relevante para personas de diferentes lugares y épocas.
Sin embargo, hay veces en que no es posible decir eso, en que una interpretación es incompatible con otras, en un asunto de gran importancia. La historia es testigo de numerosas disputas entre cristianos, por motivos de diferencias en cuestiones de doctrina, donde ambas facciones decían sostener su opinión en el sentido claro de la Biblia ¿Qué hacer en ese caso? Una posibilidad sería dividir la Iglesia, y que cada cristiano decidiera cuál interpretación es la correcta, pero a lo largo del tiempo eso terminaría por reducir la cristiandad a un conjunto de grupitos en constante debate. Otra opción sería declarar que a fin de cuentas el asunto no era tan importante, pero incluso esa declaración tendría que hacerla un tercero imparcial a ambas interpretaciones.
La Iglesia plantea una tercera alternativa: el oficio de interpretar auténticamente, que ejerce el Magisterio a través del Papa y de los obispo en comunión con él. Esto significa que, donde hay interpretaciones incompatibles sobre un asunto de importancia, el Magisterio puede decirnos cuál es la opción correcta, en razón de que Jesús confió a esta Iglesia la Palabra de Dios, que se expresan en la Sagrada Tradición y la Sagrada Escritura [4]. Por eso, porque es una función que implica interpretar con la autoridad recibida del Maestro, se habla del “oficio de interpretar auténticamente”, que solo tienen el Papa y los obispos en comunión con él, y que no tenemos el resto de los católicos.
En resumen, no es que los católicos no podamos leer o interpretar la Biblia, de hecho lo hacemos diariamente, incluso dando lugar a opiniones que se alejan de una lectura tradicional, lo que puede ser legítimo hasta cierto punto. Aquí el Catecismo está hablando de algo diferente y es que, “cuando la sangre llega al río”, cuando es realmente importante decidir entre dos interpretaciones, los católicos tenemos una herramienta para determinar cuál es la verdadera: el Magisterio del Papa y los obispos, y su oficio de interpretar auténticamente [5].

___________________________________________________

NOTAS:

[1] San Jerónimo de Estridón (340-420) es uno de los padres de la Iglesia, y el mayor experto de su tiempo en griego, latín y hebreo.
[2] Sin ir más lejos, el propio Martín Lutero al traducir la Biblia al alemán se arrogó la potestad de agregar la palabra “solo” a Rm 3,28 (“Porque nosotros estimamos que le hombre es justificado [solo] por la fe, sin las obras de la Ley”) pues correspondía mejor a su doctrina. También decía que la Epístola de Santiago debía ser quitada de la Biblia, por enseñar que las obras eran importantes para la salvación.
[3] Catecismo de la Iglesia Católica, 100.
[4] Cf. Constitución Dogmática Dei Verbum, Concilio Vaticano II, 1965.
[5] En las disciplinas jurídicas se ha conservado esta forma de hablar. El diccionario de la Real Academia Española todavía define “interpretación auténtica” como “la que de una ley hace el mismo legislador”.

LO QUE DIOS UNIÓ NO LO SEPARE EL HOMBRE


Lo que Dios unió no lo separe el hombre
Tiempo Ordinario



Mateo 19, 3-12. Tiempo Ordinario. Dios siempre está presente para dar su ayuda y fortalecer el amor. 


Por: P Clemente González | Fuente: Catholic.net 



Del santo Evangelio según san Mateo 19, 3-12 
En aquel tiempo, se acercaron a Jesús unos fariseos y le preguntaron para ponerlo a prueba: ¿Es lícito a uno despedir a su mujer por cualquier motivo? Él les respondió: ¿No habéis leído que el Creador en el principio los creó hombre y mujer, y dijo: "Por eso abandonará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán los dos una sola carne"? De modo que ya no son dos, sino una sola carne. Pues lo que Dios ha unido que no lo separe el hombre. Ellos insistieron: ¿Y por qué mandó Moisés darle acta de repudio y divorciarse? Él le contestó: Por lo tercos que sois os permitió Moisés divorciaros de vuestras mujeres; pero al principio no era así. Ahora os digo yo que si uno se divorcia de su mujer –no hablo de prostitución- y se casa con otra, comete adulterio. Los discípulos le replicaron: Si ésa es la situación del hombre con la mujer, no trae cuenta casarse. Pero Él les dijo: No todos pueden con eso, sólo los que han recibido ese don. Hay eunucos que salieron así del vientre de su madre, a otros los hicieron los hombres, y hay quienes se hacen eunucos por el Reino de los Cielos. El que pueda con esto, que lo haga.

Oración introductoria
Señor, quiero encontrarme contigo en este momento de oración, esperando tener la docilidad de corazón para no convertir esta meditación en un interrogatorio, en exigencias, en quejas o para pedirte lo que creo necesitar. ¡Ven Espíritu Santo!

Petición
Jesús, ayúdame a nunca ser duro de corazón.

Meditación del Papa Francisco
Jesús responde, preguntándoles qué decía la ley y explicando porque Moisés ha hecho así esa ley. Pero no se para ahí: de la casuística va al centro del problema y aquí va precisamente a los días de la Creación. Es tan bonita esa referencia del Señor: ‘Desde el inicio de la Creación, Dios les hizo hombre y mujer, por esto el hombre dejará a su padre y a su madre y se unirá a su mujer y los dos se convertirán en una sola carne. Así ya no son dos, sino una sola carne’.
Y Dios no quería el hombre solo, lo quería con su compañera de camino. Es el inicio del amor: ir juntos como una sola carne. […] Esta es la historia de amor, ¡esta es la historia de la obra maestra de la Creación! Y delante de este recorrido de amor, de este icono, la casuística cae y se convierte en dolor. Pero cuando este deja al padre y a la madre para unirse a una mujer, hacerse una sola carne e ir adelante y este amor falla, porque muchas veces falla, debemos sentir el dolor del fracaso, acompañar a esas personas que han tenido este fracaso en el amor. ¡No condenar! ¡Caminar con ellos! Y no hacer casuística con su situación. (Cf Homilía de S.S. Francisco, 28 de febrero de 2014, en Santa Marta).
Reflexión
¿Qué pensaría Jesús de todos los que hoy aprueban el divorcio? Como en aquella ocasión, les ayudaría a entender qué es realmente el matrimonio y luego les enseñaría a defenderlo contra todos los ataques.

El matrimonio cristiano no es sólo una convivencia entre un hombre y una mujer que se quieren. Es mucho más. Es un sacramento, es decir, algo sagrado y querido por Dios. Luego es compartir un proyecto de vida para alcanzar la felicidad en esta vida. Pero si no hay proyecto, si no hay amor verdadero, si los hijos son un estorbo y no una alegría... ¿qué tipo de matrimonio es ese? Seguramente conocerás alguna pareja que haya dejado morir el amor, por pura rutina, por no saber que el matrimonio es una experiencia cargada de pequeños detalles, de gestos: un regalo, una sonrisa, una comida inesperada, una oración en familia... ¡Hay tantos medios para caldear el amor en el matrimonio!

Lo que Dios ha unido no debe separarse, porque un divorcio, en lugar de traer paz, trae mayor amargura y dolor, destrozando también la felicidad que merecen los hijos. Es siempre mejor intentar sacar adelante los problemas familiares que sucumbir ante ellos. Además contamos con la ayuda de Dios y de los consejeros que ha puesto a nuestra disposición (un sacerdote, una religiosa, un catequista, etc.)

Propósito
Concretar algunos medios para propiciar la oración familiar: bendecir los alimentos, reflexionar el Evangelio del domingo, rezar el rosario, ir a misa juntos, peregrinación a un santuario mariano, etc.

Diálogo con Cristo 
Jesús, concédeme vivir la auténtica caridad fraterna, especialmente con mi familia y amigos. Que nos ayudemos unos a otros a vivir santamente y a perseverar en nuestra vocación cristiana.
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...