lunes, 17 de agosto de 2015

¿QUÉ ENSEÑA LA IGLESIA CATÓLICA SOBRE EL CAMBIO DE SEXO Y LOS TRANSEXUALES?


¿Qué enseña la Iglesia Católica sobre el cambio de sexo y los transexuales?
Sexualidad


La diferencia sexual que caracteriza el cuerpo del hombre y de la mujer no es un simple dato biológico, sino que reviste un significado mucho más profundo: expresa la forma del amor con la que el hombre y la mujer llegan a ser —como dice la sagrada Escritura— una sola carne, pueden realizar una auténtica comunión de personas abierta a la transmisión de la vida y cooperan de este modo con Dios en la procreación de nuevos seres humanos


Por: Redacción Catholic.net | Fuente: Varios 



La Iglesia Católica a través de los Papas y dicasterios vaticanos ha abordado este delicado tema en las últimas décadas.

Según la ideología de género, "el sexo ya no es un dato originario de la naturaleza, que el hombre debe aceptar y llenar personalmente de sentido (...). El hombre niega tener una naturaleza preconstituida por su corporeidad, que caracteriza al ser humano. Niega la propia naturaleza y decide que ésta no se le ha dado como hecho preestablecido, sino que es él mismo quien se la debe crear. Según el relato bíblico de la creación, el haber sido creada por Dios como varón y mujer pertenece a la esencia de la criatura humana. Esta dualidad es esencial para el ser humano, tal como Dios la ha dado. Precisamente esta dualidad como dato originario es lo que se impugna. Ya no es válido lo que leemos en el relato de la creación: «Hombre y mujer los creó» (Gn 1,27). No, lo que vale ahora es que no ha sido Él quien los creó varón o mujer, sino que hasta ahora ha sido la sociedad la que lo ha determinado, y ahora somos nosotros mismos quienes hemos de decidir sobre esto. Hombre y mujer como realidad de la creación, como naturaleza de la persona humana, ya no existen. El hombre niega su propia naturaleza. Ahora él es sólo espíritu y voluntad. La manipulación de la naturaleza, que hoy deploramos por lo que se refiere al medio ambiente, se convierte aquí en la opción de fondo del hombre respecto a sí mismo".

«La diferencia sexual que caracteriza el cuerpo del hombre y de la mujer no es un simple dato biológico, sino que reviste un significado mucho más profundo: expresa la forma del amor con la que el hombre y la mujer llegan a ser —como dice la sagrada Escritura— una sola carne, pueden realizar una auténtica comunión de personas abierta a la transmisión de la vida y cooperan de este modo con Dios en la procreación de nuevos seres humanos».

3. Resucitaremos como hombres y mujeres
"Las palabras pronunciadas por Cristo sobre la resurrección nos permiten deducir que la dimensión de masculinidad y feminidad —esto es, el ser en el cuerpo varón y mujer— quedará nuevamente constituida juntamente con la resurrección del cuerpo en el “otro siglo”. (...) En ese otro mundo, la patria definitiva del hombre, que llamamos reino de Dios o casa del Padre, entraremos en la dimensión eterna del ser humano mediante la resurrección. Será una dimensión y estado nuevo de vida, en el que el cuerpo del hombre y de la mujer, mantendrá sus peculiaridades propias, revestido de inmortalidad y con una espiritualización de la naturaleza humana, que lo hará semejante a los ángeles".

"No se puede violar la integridad física de una persona para el tratamiento de un mal de origen psíquico o espiritual. En estas circunstancias no se presentan órganos enfermos o funcionando mal; así que su manipulación medicoquirúrgica es una alteración arbitraria de la integridad física de la persona. No es lícito sacrificar al todo, mutilándolo, modificándolo o extirpándole una parte que no se relaciona patológicamente con el todo. Es por esto que no se puede correctamente asumir el principio de totalidad como criterio de legitimación de la esterilización antiprocreativa, del aborto terapéutico y la medicina y cirugía transexual". Pontificio Consejo para la Pastoral de los Agentes Sanitarios. Carta de los Agentes Sanitarios, 1995.

5. Los padres cumplen un papel clave
"Los padres, por su parte, cuando advierten en sus hijos, en edad infantil o en la adolescencia, alguna manifestación de dicha tendencia o de tales comportamientos,deben buscar la ayuda de personas expertas y cualificadas para proporcionarles todo el apoyo posible".

LAS ABEJAS ADORADAS DE JESÚS


Las abejas adoradas de Jesús
Un crimen terrible atribuló aquella simple y devota aldea. Toda la población estaba indignada con el robo sacrílego...


Por: Redacción | Fuente: salvadmereina.co.cr 



Un crimen terrible atribuló aquella simple y devota aldea. Toda la población estaba indignada con el robo sacrílego. Dos hombres encapuchados, de lenguaje grotesco y modos salvajes, invadieron la iglesia parroquial después de la última Misa del día, y robaron la Hostia grande, reservada para las Adoraciones solemnes que se realizaban todas las mañanas.
Y lo peor de todo es que, huyendo con increíble rapidez, consiguieron esconderse en un bosque próximo, en el que desaparecieron.
Durante días, todo el pueblo, desconsolado, además de hacer vigilias en desagravio por el gran sacrilegio, registró en vano el bosque, con la intención de recuperar la sagrada partícula.
Ni siquiera el señor Antonio, viejo apicultor, que conocía palmo a palmo aquellas tierras donde naciera y pasara toda su vida, consiguió encontrar ni una huella de los fugitivos.
El tiempo pasaba y el pueblo, enlutado, temía algún castigo para la aldea. Todos redoblaban las oraciones, la frecuencia en la Santa Misa y la participación en los otros actos de piedad de la parroquia. El diligente párroco llegó a pensar que tal vez la Divina Providencia hubiese permitido el terrible acontecimiento para enfervorizar a toda aquella gente.
También el señor Antonio estaba yendo todos los días a Misa, a pesar de las dificultades: vivía lejos, en los límites de la aldea, junto al bosque por donde huyeron los sacrílegos ladrones.
Además, tenía sus años y era delicado de salud.
De familia modesta, había heredado de su padre un pequeño lugar y vivía de vender la miel producida por las laboriosas abejas de su colmenar.
Era una miel deliciosa y muy apreciada en toda la región, sobre todo la de las flores del naranjo.
Viudo y sin hijos, cuidaba personalmente las colmenas, el manzanal y el jardín. Se entretenía observando el trabajo de las abejas. Se encantaba al verlas tan organizadas, disciplinadas y trabajadoras, buscando el néctar de las flores, sobre todo en el tiempo de la floración de los naranjos, para llevarlo a sus colmenas. De día ellas trabajaban arduamente, zumbando y volando por todos lados, entrando en las cajas con las patitas hinchadas de polen, y saliendo con ellas bien delgadas, para buscar más materia prima. Por la noche, dormían tranquilamente. No se oía entonces ni siquiera un zumbido. En las cercanías de las colmenas todo era oscuridad y silencio.
Sin embargo, pocas semanas después del robo sacrílego, el señor Antonio notó que algo extraño pasaba en el colmenar. En una de las cajas, las abejas entraban y salían con más frecuencia y todas las abejas de las otras colmenas parecían haber concentrado en ésta su trabajo.
El atento anciano decidió observar con más cuidado lo que ocurría. Se vistió su uniforme protector y entró en el colmenar. ¡Qué curioso! Parecía salir del interior de aquella caja un ruido muy suave y agradable, como si hubiese allí una cascada, cuya agua se deslizase suavemente hasta el suelo.
Un hecho todavía más impresionante se dio algún tiempo después.
Era ya de noche cuando paseando por el manzanal, un enjambre de abejas comenzó a volar en torno de su cabeza, como si quisiese comunicarle algo.
- ¡Qué extraño es esto! ¿Abejas, volando y trabajando a estas horas? -se dijo para sí mismo.
Se aproximó al colmenar y vio, con enorme asombro, que de una colmena salía una luz de gran intensidad, y las abejas entraban en ella como queriendo decirle que allí había alguna cosa.
A la mañana siguiente, se preparó rápidamente y, casi corriendo, como se lo permitían los años, se dirigió a la parroquia para asistir a Misa.
Una vez que el párroco expuso el Santísimo, lo buscó en la Sacristía para contarle los extraños hechos ocurridos en su colmena.
— Eso me parece algo sobrenatural. Iré hoy mismo a ver qué está sucediendo —dijo el sacerdote.
Al anochecer, acudió hasta el lugar del señor Antonio para ver la “colmena luminosa”… llevó consigo al sacristán y a otro padre que lo auxiliaba en la parroquia.
Se acercaron todos a la colmena especial del colmenar. Curiosamente, las abejas les dejaban pasar, no les hacían nada. El párroco no podía entender lo que veía: del interior de aquella caja salía una luz espléndida.
Sin titubear, mandó al señor Antonio que la abriera. Éste ni siquiera se protegió con el uniforme, pues las abejas estaban tan mansas que resultaban inofensivas.
Abierta la caja, ¡qué maravilla!
Vieron una bellísima custodia hecha de fina cera blanca, toda afiligranada, dentro de la cual estaba la Sagrada Hostia robada de la iglesia algunas semanas antes. Y alrededor de ella, las abejas tranquilas, ¡en actitud de adoración!
El párroco y sus acompañantes se arrodillaron para adorar también al Santísimo Sacramento, y dieron gracias a Dios por la manera prodigiosa con que aquellas criaturas irracionales hicieron un acto de reparación por el sacrilegio que tanto dolor había causado a los habitantes de la aldea. Sin demora, el párroco convocó a los fieles y organizó una procesión a la luz de antorchas —de la cual participaron, en enjambre, las abejas adoradoras del Santísimo Sacramento— para conducir a la parroquia la milagrosa custodia de cera conteniendo la Sagrada Hostia.
Algún tiempo después fue llevada a una capilla especialmente construida con el objetivo de hacer Adoración Perpetua a Jesús Sacramentado.
Se cuenta que todos cuantos iban a pedir una gracia o a implorar la misericordia de Dios salían consolados, y muchos enfermos volvían a casa completamente curados.
Pero el mayor milagro continuaba siendo la custodia de cera, colocada en un bello relicario. Y día tras día, los fieles podían ver muchas abejas entrando por una ventana y volando alrededor del altar, como para rendir un acto de culto a la Sagrada Eucaristía.

LA FELICIDAD ES ENSAMBLAR DOS FORMAS DE SER

La felicidad es ensamblar dos formas de ser
La pareja humana no consiste en dos medias naranjas, sino en dos personas diferentes creadas para complementarse en una relación de amor


Por: Salvador Casadevall | Fuente: Catholic.net 



Desde los primeros tiempos de la humanidad, las parejas que se casan han aprendido del ejemplo de sus padres y de otras familias la forma de comportarse como marido y mujer.

La forma de comportarse lo aprendieron viendo vivir las situaciones de la vida diaria de su casa, de la casa de sus amigos y parientes.
Aprendieron porque lo vieron vivir, el modo de organizarse socialmente, la forma de solucionar problemas y su manera de entender y vivir valores y tradiciones.
Lo vieron en su hogar y lo trasladan a su nuevo hogar.
Así ha funcionado la familia desde que el mundo es mundo.
O funcionó así.

Desde niños se aprende el cómo relacionarse y comportarse en su vida de casados. La mayor parte de esta enseñanza les llegó por ejemplo de otros.
Todos tendemos a repetir lo que vemos, en especial aquello que hemos visto vivir en nuestros padres.

Sin embargo, hay que tener muy en cuenta, que las circunstancias de hoy son muy diferentes de las que vivieron los padres.
El mundo moderno cambia rápida y profundamente a una velocidad nunca jamás vivida anteriormente.
En consecuencia hay que encontrar respuestas nuevas a situaciones también nuevas: los matrimonios actuales no pueden y con frecuencia tampoco quieren comportarse según el estilo de vida matrimonial de sus padres y menos al de los abuelos.

Este proceso de cambio del mundo moderno es más notable en las grandes ciudades y más lento en pueblos o zonas rurales, pero sucede en todas partes, porque el gran modificador de costumbres, que es la televisión, llega a todas partes.

Actualmente las parejas desde el inicio de su relación sucede en un plano de mayor igualdad.
La mujer moderna, estudia y trabaja a igual paridad que el hombre.
Como consecuencia de ello, la mujer ya no se entrega al hombre, sino que se une a él.
Ambos unen su vida no solamente para formar una familia, sino para compartir una vida que va mucho más allá de las paredes del hogar.

Una de las cosas que las mujeres de hoy no deben de cansarse de agradecer a la tecnología es el como se han simplificado las tareas del hogar.
Es de mi recuerdo --en aquel pequeño pueblito catalán de mi infancia-- que las mujeres iban al río a lavar la ropa. Hoy todas las casas tienen lavarropas. Lavan la ropa mirando televisión o haciendo otra tarea.

La vida del mundo de hoy le ha dado a la mujer una libertad que antes no tenía.
Puede trabajar fuera del hogar; otras estudian o participan en diversas actividades de la comunidad.
Dispone de más tiempo para dedicarse a aspectos de su persona.

La pareja moderna es mucho más igualitaria; su relación es de solidaridad y colaboración. Las decisiones se comentan y se comparten.
Los dos se sienten iguales responsables de su vida en común y de todo lo que gira alrededor de esta vida en común.

Hoy más que nunca los novios y los esposos están convencidos de que el amor es el verdadero fundamento de su matrimonio y su familia.
Como el matrimonio tiene hoy una relación de mucho más igualdad, su amor es más rico y busca el bien del otro, busca su felicidad, la de hoy y la eterna.

Siempre se ha dicho que la mujer es distinta al hombre.
Por suerte es distinta. Los hombres somos los primeros en estar agradecidos de esta diferencia. Contrariamente sería muy aburrido.
Ellas son capaces de ciertas cosas de las que es incapaz el hombre, e incapaces de otras de las que el varón es capaz.
La riqueza de la vida, la riqueza de la convivencia está en estas distintas capacidades.
La felicidad consiste en ensamblar las dos formas de ser.

Desde luego, existen diferencias entre ellos.
La más fácil de apreciar, pero no la única, es la diferencia física.
Sus cuerpos son distintos
Frecuentemente la mujer se interesa por determinados aspectos de la realidad que dejan indiferente al hombre, mientras él se apasiona por cuestiones que parecen no existir para ella.
Ante un mismo problema o ante un trabajo de la misma clase, la mujer reacciona de modo distinto al hombre; se interesa por otros aspectos.

Las diferencias entre varón y mujer son fuente de riqueza para su relación, pues lo que uno tiene complementa las necesidades del otro.
En realidad, la persona humana, tal como la creó Dios, está compuesta de un varón y una mujer.
Un varón y una mujer hacen el hombre bíblico.
La suma de los dos hacen la igualdad y semejanza del que los creó.
Y esta imagen y semejanza del momento creador se da cuando más hombre sea él y más mujer sea ella.

La pareja humana no consiste en dos medias naranjas, sino en dos personas diferentes creadas para complementarse en una relación de amor.
De la cual nacerá la construcción de una familia: la tarea más hermosa e importante de una vida en común.

Hacer nacer y crecer una familia es la aventura más hermosa del hombre.
Solamente se atreven los que se aman.

¿QUÉ TENGO QUE HACER PARA OBTENER LA VIDA ETERNA?


¿Qué tengo que hacer para obtener la vida eterna?
Tiempo Ordinario



Mateo 19, 16-22. Tiempo Ordinario. Seguir a Jesús exige esfuerzo, pero también alegría y realización humana. 


Por: P.Clemente González | Fuente: Catholic. net 



Te adelantamos las Reflexiones del Evangelio de la 20a. Semana del Tiempo Ordinario,  del domingo 16 al sábado 22 de agosto 2015.
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Del santo Evangelio según san Mateo 19, 16-22
En aquel tiempo, se acercó uno a Jesús y le preguntó: Maestro, ¿qué tengo que hacer de bueno para obtener la vida eterna? Jesús le contestó: ¿Por qué me preguntas qué es bueno? Uno solo es Bueno. Mira, si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos. Él le preguntó: ¿Cuáles? Jesús le contestó: "No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no darás falso testimonio, honra a tu padre y a tu madre, y ama al prójimo como a ti mismo". El muchacho le dijo: Todo eso lo he cumplido. ¿Qué me falta? Jesús le contestó: Si quieres llegar hasta el final, vende lo que tienes, da el dinero a los pobres -así tendrás un tesoro en el cielo- y luego vente conmigo. Al oír esto, el joven se fue triste, porque era rico.

Oración introductoria
Señor, me acercó a Ti como el ese joven que se creía muy bueno. Quiero confirmar qué he de hacer para ganar la vida eterna, qué tengo que cambiar, qué tengo que hacer… Dame la gracia de saber escucharte y tener el valor de ser desprendido de los bienes materiales, pero sobre todo, de mí mismo, para poder entregarme a tu amor y vivir la caridad.

Petición
Jesús, no permitas nunca que me convierta en otro triste «joven rico».

Meditación del Papa Francisco
El joven se queda triste cuando Jesús le pide que venda sus riquezas. De golpe, la alegría y la esperanza en ese joven rico desaparecen, porque no quiere renunciar a su riqueza. El apego a las riquezas está en el inicio de todo tipo de corrupción, por todas partes: corrupción personal, corrupción en los negocios, también en la pequeña corrupción comercial, de esa que quita 50 gramos al peso exacto, corrupción política, corrupción de la educación….Y ¿por qué? Porque los que viven apegados a los propios poderes, a las propias riquezas, se creen en el paraíso. Están cerrados, no tienen horizonte, no tienen esperanza. Al final tendrán que dejar todo.
Hay un misterio en la posesión de las riquezas. Las riquezas tienen la capacidad de seducir, de llevarnos a una seducción y hacernos creer que estamos en un paraíso terrestre. Sin embargo, ese paraíso terrestre es un lugar sin horizonte, vivir sin horizonte es una vida estéril, vivir sin esperanza es una vida triste. El apego a las riquezas nos entristece y nos hace estériles. Utilizo el término “apego” y no “administrar bien las riquezas”, porque las riquezas son para el bien común, para todos. Y si el Señor se lo da a una persona es para que esa persona lo haga para el bien de todos, no para sí mismo, no para que lo cierre en su corazón, que después con esto se hace corrupto y triste. (Cf Homilía de S.S. Francisco, 25 de mayo de 2015, en Santa Marta).
Reflexión
¿Qué debo hacer con mi vida? ¿Huir de ella o aprovecharla? El joven del evangelio sentía una inquietud en el fondo de su alma. Había decidido romper con el pecado. Seguramente tendría amigos refugiados en el egoísmo, los placeres, la violencia, la indiferencia ante el sufrimiento de los demás. Pero él no era así. Quería llegar a la vida eterna, y por eso se acercó a Jesús para preguntarle qué debía hacer.
¿Alguna vez te has hecho esa pregunta? ¿Y cuál ha sido la respuesta? ¿Ha sido una respuesta de amor? Porque este joven, aunque estaba bien dispuesto, no supo estar a la altura y se fue triste. ¡Qué contradicción! Poseía muchos bienes, y en lugar de estar alegre, se marchó con un rostro marcado por la tristeza y el desengaño. En el fondo, no estaba dispuesto a decir sí a Jesús y optó por seguirse a sí mismo.
Seguir a Jesús exige esfuerzo, desprenderse de lo que uno más ama. Significa sacrificio, pero también alegría y realización humana. No hay que tener miedo a lo que nos exija la vivencia auténtica de nuestro cristianismo, porque no estamos solos. ¿Acaso Cristo nos va a abandonar? ¿No nos acompaña con sus sacramentos? ¿No nos va a consolar cada vez que le hablemos en la oración? Seguir a Cristo es el camino para aprovechar bien la vida.

Propósito
Para estar hoy presente con las personas que me rodean, renunciar a tener mi teléfono celular conmigo todo el día. Y cuando vaya a hacer oración, siempre dejarlo donde no me interrumpa.

Diálogo con Cristo
Señor, ¿realmente quiero saber qué más puedo hacer? Tú me conoces, sabes que soy débil y que rehúyo o me excuso con facilidad del sacrificio, de la renuncia. Por eso te suplico, dame tu gracia para corresponderte, ayúdame a amarte sobre todas las cosas. Sé que estoy apegando a tantas cosas que fácilmente te olvido. Ayúdame a descubrir que de nada sirve tener o hacer muchas cosas, si no estás Tú, si no es tu voluntad.
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