domingo, 23 de agosto de 2015

ENTRE TU OPINIÓN Y LA DE CRISTO

Entre tu opinión y la de Cristo...
Claro que hay que distinguir entre los que se pronuncian con buena voluntad y los que lo hacen con ganas de discutir


Por: Los Tres Mosqueteros | Fuente: Religion en Libertad 



No es nada raro al hablar de Cristianismo, de religión o del Evangelio escuchar frases como: "Pues yo pienso que...";  "A mi me parece que...", "Pues eso debería ser así, o asao…"
Y, si no estamos advertidos, muchas veces "mordemos el anzuelo" y discutimos esas afirmaciones con argumentos y razones. Claro que en esto hay que distinguir entre los que se pronuncian con buena voluntad y los que lo hacen "pontificando" o con ganas de provocar o discutir. Pues bien, con estos últimos seguirles la discusión es un disparate, al igual que lo suelen ser sus afirmaciones. ¿Por qué?
Pues porque en lo que se refiere al Cristianismo, la única opinión que debería interesar es la de Cristo. Por ello, tenemos más que comprobado que la mejor contestación, después de dejarle soltar su perorata, es decirle con aplomo:
"Perdona, pero entre tu opinión y la de Cristo..."
Y si lo hacemos bien seguramente no haga falta ni siquiera terminar la frase con lo de  "… me quedo con la de Cristo."
El que tenga oídos…
Los Tres mosqueteros

¿POR QUÉ VOY A MISA TODOS LOS DOMINGOS?


¿Por qué voy a misa todos los domingos?
La Santa Misa es un memorial porque hace presente y eficaz sobre el altar, de modo incruento, el sacrifico que Cristo, en modo cruento, ha ofrecido al Padre en el Calvario por la salvación de todos los hombres. La Santa Misa no es, por tanto, solamente el recuerdo de los acontecimientos del pasado, sino que hace presente y actual aquel único sacrificio perfecto de Cristo sobre la Cruz.


Por: Mons. Rafaello Martinelli | Fuente: Catholic.net 


¿Qué es la misa? 

- La Santa Misa es: 
· La celebración del misterio-sacrificio Pascual (pasión, muerte, resurrección) de Jesucristo. Hecho presente y eficaz al interno de la comunidad cristiana: “Celebramos tu muerte, proclamamos tu resurrección, ¡Ven Señor Jesús!”; 

· La presencia verdadera, real, sustancial de Cristo con su Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad: verdadero Dios y verdadero Hombre; 

· El baquete-comunión con Cristo y, gracias a Él, con los hermanos: mediante su sacrificio, Cristo nos une maravillosamente a sí mismo y entre nosotros, a modo de constituir una “sola cosa”; 

- Cristo en la misa: 
· Alaba y da gracias a Dios Padre (eucaristía); 
· Actualiza su sacrificio Pascual (memorial); 

· Se hace presente realmente con su Cuerpo y con su Sangre en el pan y en el vino consagrados con el poder del Espíritu Santo (transustanciación); 

· Se convierte en comida y bebida para nuestra salvación eterna (banquete). 


 ¿Quién ha instituido la misa?
Cristo Señor ha instituido la Misa el jueves Santo, la noche en que fue entregado. 


¿Qué quiere decir que la misa es el memorial del sacrificio de Cristo?
La Santa Misa es un memorial porque hace presente y eficaz sobre el altar, de modo incruento, el sacrifico que Cristo, en modo cruento, ha ofrecido al Padre en el Calvario por la salvación de todos los hombres.
La Santa Misa no es, por tanto, solamente el recuerdo de los acontecimientos del pasado, sino que hace presente y actual aquel único sacrificio perfecto de Cristo sobre la Cruz.
Idénticos son la victima y el oferente: Cristo. Identica la finalidad: la salvación de todos. Diverso es el modo de ofrecerse: cruento sobre la Cruz del Calvario, incruento en la Santa Misa. 


¿Qué quiere decir 'transubstanciación'? 
Significa que en la Misa, gracias al poder del Espíritu Santo, el pan de grano y el vino de uva se convierten, sustancialmente, en el Cuerpo y la Sangre de Cristo. 


¿Qué relación existe entre la Misa y la Iglesia? 
- La Eucaristía expresa y constituye la Iglesia, como auténtica comunión del pueblo de Dios, en su rica pluralidad y en su íntima unidad. El mismo pan eucarístico, hecho a base de muchos granos, y el vino eucarístico, hecho de muchas uvas, significan la unidad y la pluralidad del pueblo cristianos que celebra la Eucaristía. 

- La Eucaristía hace la Iglesia, en el sentido que la Eucaristía la reúne, la manifiesta, la nutre, la fortalece, la hace crecer en calidad y la envía a toda la humanidad. 

- Y al mismo tiempo, la Iglesia hace la Eucaristía, la celebra, la ofrece al Padre, unida a Cristo en el Espíritu Santo. 

- La Eucaristía es el culmen de la liturgia. Es el compendio y la síntesis de nuestra fe. Contiene todo el tesoro espiritual de la Iglesia, es decir, a Cristo mismo, nuestra Pascua y nuestro pan vivo. Es el lugar privilegiado en el cual la Iglesia confiesa su fe y la confiesa en el modo más alto y más completo. 


¿Cuál es la relación entre la misa y la vida cotidiana?
- La Misa constituye el centro de toda la verdad cristiana para la comunidad cristina, universal y local, y para cada uno de los cristianos. 
De hecho la Misa: 

· Es el culmen de la acción con la cual Dios santifica al mundo en Cristo, y del culto que los hombres dan al Padre; 

· Es fuente y vértice de toda la vida cristiana. Se pone al centro de la vida eclesial. Ella une el cielo y la tierra. Abarca y penetra toda la creación;

· Es el punto de llegada y de partida de toda actividad de la comunidad cristiana y de cada fiel. De la Misa que se va al mundo, o sea, se va hacia la propia actividad cotidiana con el propósito de vivir lo que se ha celebrado (Misa – enviados – misión en el mundo). 
Y a la Misa que se regresa, o sea, todos llenos del propio trabajo (Eucaristía, ofrecimiento y alabanza por todo y de todo que se ha hecho por medio de Cristo);

· Es el centro, la norma, el modelo y el momento más sublime de toda oración de la Iglesia y de cada cristiano; 

· Es la cita de amor semanal, o cotidiana, con Aquel che se ha entregado totalmente por nosotros; 

· Es el sacramento en el cual se manifiesta y se actualiza el misterio de Cristo, el misterio de la Iglesia, el misterio de la persona humana, la cual se expresa y se realiza completamente en la celebración de la Misa; 

- Es la luz y la fuerza para nuestro peregrinar terreno y suscita y alimenta nuestro deseo de vida eterna: el paraíso. 

 ¿Existe una oración que sea igual o supere a la misa? 
Absolutamente no. La Santa Misa supera la cualquier oración, y más aún, ninguna otra acción de la Iglesia iguala su eficacia al mismo título y al mismo grado. La Misa es lo más hermoso que la Iglesia pueda tener en su camino por la historia. En ella se encierra todo el bien espiritual de la Iglesia. 

¿Es obligatorio participar en la misa? 
Los cristianos tienen la obligación de participar en la Misa todos los domingos y en las otras fiestas de precepto, a menos que haya graves motivos (enfermedad...). En el caso de que no haya motivo grave, el cristiano que no cumple con esta obligación comete un pecado mortal. 


 ¿Por qué es una obligación asistir los domingos? 
Porque Cristo Jesús resucitó el domingo. Y la resurrección de Cristo es el evento central de toda la vida de Cristo y de nuestra fe cristiana: “Si Cristo no ha resucitado, vana es nuestra fe” (1 Cor. 15,14). 


¿Cómo se santifica el domingo? 
- Participando en la Santa Misa. 

- Dedicándose a aquellas actividades que permiten: 

· Dar culto a Dios (mayor tiempo dedicado a las oraciones personales y familiares, a los encuentros y a las lecturas de profundización religiosa; visitando el cementerio...); 

· Atender la propia vida familiar, conyugal; 

· Asegurar el justo y necesario descanso del cuerpo y del espíritu; 

· Dedicarse a las obras de caridad, sobre todo en el servicio a los enfermos, a los ancianos, a los pobres... 


¿Cuál debe ser nuestra actitud en relación con la Santa Misa?
La Santa Misa, por lo que es en sí misma, requiere de nuestra parte: 

- Una fe grande (“misterio de la fe”) que lleva a acoger toda la riqueza del misterio; 

- Una disponibilidad continua para profundizar, mediante la catequesis, aquello que se celebra, de modo que pueda convertirse en Vida para nuestra vida. 

- Una formación adecuada, en favor de una participación plena, consciente y activa en la celebración eucarística. 

- Una participación festiva y comunitaria. Precisamente debido a este carácter comunitario de la Misa, son de gran importancia: 

· Los diálogos entre el celebrante y la asamblea; 

· El canto: signo de la alegría del corazón: “El que canta, ora dos veces”; 

· Los gestos y las actitudes (estar de pie, de rodillas, sentados...), que expresan y favorecen la intención y los sentimientos interiores de participación, y que son signo de la unidad de espíritu de todos los participantes; 

- Una pureza de conciencia: sólo quien está en paz con Dios y los los hermanos participa plena y eficazmente en la Misa; 

- Una participación completa. Lo cual exige: 

· Puntualidad para llegar al inicio de la Misa; 

· Participación atenta a la mesa de la Palabra de Dios; 

· Participar del banquete del Cuerpo de Cristo (Tomad y comed todos de él...”); 


¿Es necesario comulgar cuando vamos a la Misa?
Es una cosa muy buena que los católicos, cada vez que participan en la Santa Misa, se acerquen a tomar la Sagrada Comunión. Sin embargo, no se permite comulgar más de dos veces al día. 


¿Quién puede comulgar? 
Puede comulgar todo católico que esté en gracia de Dios, esto es, quien después de haber examinado atentamente su conciencia, sepa que no está en pecado mortal, ya que en tal caso cometería un sacrilegio: “Quien come de modo indigno el pan o bebe el caliz del Señor... come y bebe su propia condenación” (1 Cor 11,27-29). 


¿Cómo acercarse a la comunión?
- Con respeto: también con las actitudes del cuerpo (los gestos, vestiduras dignas...) se expresa el respeto, la solemnidad, la alegría de este encuentro con el Señor; 

- Con el ayuno por lo menos de una hora; 

- Después de haber participado, desde el inicio, de la celebración de la Misa, y comprometiéndose a agradecer a Dios per el gran don recibido, aún después de la Misa, a lo largo de todo el día y durante toda la semana. 


¿Por qué es importante respetar las normas litúrgicas en la Santa Misa? 

- Las normas litúrgicas: 

· Expresan y tutelan la Santa Misa, la cual, en cuanto obra de Cristo sacerdote y de su Cuerpo, que es la Iglesia, es la acción sagrada por excelencia; 

· Permiten respetar y actualizar el intrínseco vínculo entre profesión y celebración de la fe, entre la lex orandi y la lex credendi. La sagrada Liturgia, en efecto, está íntimamente unida con los principios de la doctrina, y el uso de textos y ritos no aprobados conlleva, por consecuencia, que se debilite o se pierda el nexo necesario entre la lex orandi y la lex credendi 

· Los fieles tienen el derecho de exigir de sus pastores que se celebre en modo íntegro el sacrificio de la Santa Misa, en plena conformidad con la doctrina del Magisterio de la Iglesia. 

· Son expresiones del auténtico sentido eclesial. A través de ellas pasa todo el flujo de la fe y de la tradición de la Iglesia
La misa no es propiedad privada de nadie, ni del celebrante, ni de la comunidad en la cual se celebran los Misterios. La obediencia a las normas litúrgicas de descubre y se valora como el reflejo y testimonio de la Iglesia una y universal, hecha presente en toda celebración eucarística. 

· Garantizan la validez, la dignidad, el decoro de la acción litúrgica, y con ello también el “hacerse presente” de Cristo. 

· Conducen a la conformidad de nuestros sentimientos con los sentimientos de Cristo, que se expresan en las palabras y en los ritos litúrgicos. 

· Exprimen y garantizan el “derecho” de los fieles a una celebración digna, y por tanto, también su derecho a exigirla. En caso de que haya incumplimientos y abusos, deben señalarse, en la verdad y con caridad, a la legítima autoridad (al Obispo o a la Santa Sede). 


¿Qué daños causan los abusos litúrgicos? 

- Los abusos litúrgicos no sólo deforman la celebración, sino que provocan inseguridad doctrinal, perplejidad y escándalo en el pueblo de Dios. No respetar las normas litúrgicas contribuye a oscurecer la recta fe y la doctrina católica en lo que respecta a este Sacramento admirable. Los abusos litúrgicos, más que una expresión de libertad, manifiestan un conocimiento superficial o bien una ignorancia de la gran tradición bíblica y eclesiástica relativa a la Eucaristía, que se expresa en tales normas. 

- El Misterio confiado a nuestras manos es demasiado grande para que alguien se permita tratarlo con tal arbitrio personal, que no respete su carácter sacro y su dimensión universal. 


¿Que han dicho algunos santos acerca de la Eucaristía?
- “Si vosotros sois el Cuerpo de Cristo y sus miembros, entonces vuestro mismo misterio se encuentra sobre la mesa eucarística. Debéis ser lo que veis y debéis recibir los que sois” (San Agustín).

- “Solamente la Iglesia puede ofrecer al Creador esta oblación pura (la Eucaristía), ofreciéndole con agradecimiento lo que proviene de su misma creación” (San Irineo). 

- “La Palabra de Cristo, que pudo crear de la nada lo que no existía, ¿no puede transformar en una sustancia diversa aquello que existe? (San Ambrosio). 

- “La Eucaristía es casi la coronación de toda la vida espiritual y el fin hacia el cual tienden todos los sacramentos” (Santo Tomás). 



El Primicerio
De la Basílica de San Carlos y San Ambrosio
Monsignor Raffaello Martinelli

¿UNA IGLESIA A LA CARTA?


¿Una Iglesia a la carta?
Hoy día se pretende un cristianismo sin Iglesia, una fe en Dios sin mediaciones 


Por: Mons. Juan del Río Martín | Fuente: www.diocesisdejerez.org 



Hoy estamos asistiendo al fenómeno de querer tener un cristianismo sin Iglesia. En otras palabras, se pretende una fe en Dios sin mediaciones, y un autodenominado seguimiento a Cristo, prescindiendo de la estructura ministerial de la que el Señor dotó a la comunidad de sus discípulos.

Para unos la Iglesia Católica aparece como la institución del “no”, como un reducto del pasado que no se acomoda a los postulados de la modernidad, como un gran colectivo que va contra el progreso. Para resaltar esta caricatura se sobredimensionarán los pecados de los miembros de la Iglesia, y se relegará a un segundo plano, desconocido por ocultado, la inmensa vida de santidad, caridad y heroísmo que se da cada día en el más absoluto anonimato. En cambio, otros tienen la impresión de que la Iglesia está a punto de traicionar su especificidad, de venderse a la moda del tiempo y, de este modo, sumirlos en la confusión: es la desilusión del amante traicionado.

Además, en amplios sectores de la sociedad se ha instalado la dicotomía maniquea entre la Iglesia de base y la oficial, entre la Iglesia de los pobres y la del Vaticano, entre la Iglesia carismática y la ministerial. Estas divisiones, repletas de ideologías extrañas a la fe, son utilizadas por los enemigos de la Iglesia para ir en contra de su estructura sacramental y jerárquica, la que le hace ser la verdadera Esposa de Cristo.

Lo curioso es que, en ocasiones, algunos católicos entran en ese juego para ir contra la propia “Madre”. Puede suceder que, al igual que los corintios, también nosotros corramos el riesgo de dividir la Iglesia en una disputa de partidos: conservadores y progresistas, evangélicos y jerárquicos. ¿Qué hemos de hacer para no entrar en estas batallas, que tanto daño causan, porque son esquemas puramente humanos, resultado de pasiones? Todo comienza por tener claro que no hay fe verdadera en Cristo si se prescinde de la Iglesia. Es más, el ser cristiano católico no consiste en la elección de un programa que satisfaga, o en la simpatía por un cenáculo de amigos. La fe es conversión, que me trasforma a mí y a mis gustos, mediante la adhesión a la persona de Cristo vivo en su Iglesia (cf. Lc 17,5-6; 1 Jn 3,23; Gál 1,7-9). Por eso, la Iglesia no es un club, ni un partido, ni tampoco una especie de estado paralelo religioso, sino el Cuerpo encarnado de Cristo en la historia. De ahí que, como dijo Benedicto XVI: “no necesitamos una Iglesia inventada por los hombres, producto de consensos y pactos. No es una Iglesia más humana la que nos salva, sino una Iglesia más divina, porque sólo entonces será también verdaderamente humana”.

La Iglesia será espacio de salvación para los pobres en la medida en que nuestra atención esté centrada en lo que viene de su Cabeza, Cristo. Él sólo nos da la vida, la “vida en abundancia”, que se nos comunica mediante la Palabra, los Sacramentos y el testimonio de amor de los cristianos. Los grandes testigos de la fe y de la caridad, como por ejemplo Teresa de Calcuta, no necesitaron de ningún sincretismo litúrgico, ni de faltar a la comunión con los sucesores de los apóstoles, para servir a los más menesterosos y excluidos. Y es claro que tocaron fondo en la desgracia humana. Todo lo contrario, sacaron su fuerza de la oración y de la liturgia.

Los santos se sintieron siempre “hijos de la Iglesia”, y la sirvieron como Ella “quiere ser servida” en cada momento. Eso fue posible porque tuvieron corazones humildes y aceptaron plenamente la cruz.

Por último, en la obediencia a la fe y en la comunión eclesial, está la garantía de nuestra libertad. A la vez, es el antídoto para que el mensaje global cristiano no corra el riesgo, ni caiga en el peligro, de un reduccionismo y aprisionamiento de lo particular. Así no se propondrá una especie de inculturación en la que se reduzca el cristianismo a unos contenidos de mínimos, cayendo en ideologías de todo tipo o en meras propuestas socio-político-culturales.

¿TAMBIÉN USTEDES QUIEREN MARCHARSE?


¿También ustedes quieren marcharse?

Tiempo Ordinario




Juan 6, 55. 60-69. Domingo 21o.Tiempo Ordinario B. Maestro, ¿a quién vamos a seguir si no te seguimos a ti? Tú tienes palabras de vida eterna. 



Por: P. Sergio A. Córdova LC | Fuente: Catholic.net 




Te adelantamos las Reflexiones del Evangelio de la 21a. Semana del Tiempo Ordinario,  del domingo 23 al sábado 29 de agosto 2015.
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Del santo Evangelio según san Juan 6, 55. 60-69
Porque mi carne es verdadera comida y mi sangre verdadera bebida. Muchos de sus discípulos, al oírle, dijeron: «Es duro este lenguaje. ¿Quién puede escucharlo?» Pero sabiendo Jesús en su interior que sus discípulos murmuraban por esto, les dijo: «¿Esto os escandaliza? ¿Y cuando veáis al Hijo del hombre subir adonde estaba antes?... «El espíritu es el que da vida; la carne no sirve para nada. Las palabras que os he dicho son espíritu y son vida. «Pero hay entre vosotros algunos que no creen.» Porque Jesús sabía desde el principio quiénes eran los que no creían y quién era el que lo iba a entregar. Y decía: «Por esto os he dicho que nadie puede venir a mí si no se lo concede el Padre.» Desde entonces muchos de sus discípulos se volvieron atrás y ya no andaban con él. Jesús dijo entonces a los Doce: «¿También vosotros queréis marcharos?» Le respondió Simón Pedro: «Señor, ¿donde quién vamos a ir? Tú tienes palabras de vida eterna, y nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo de Dios.» 

Oración introductoria

Espíritu Santo, dulce huésped del alma, muéstrame el sentido profundo de la oración, dispón mi espíritu para rezar con fe. Ayúdame a orar con la esperanza que nunca defrauda y en la caridad que no espera recompensa, porque quiero crecer en mi amor y ser fiel. No quiero dejar nunca a Jesús, que tiene la Palabra que me muestra el camino para la vida eterna.

Petición
Señor, que sea fiel a tu gracia. Lléname de tu amor.

Meditación del Papa Francisco
Las Bienaventuranzas de Jesús son portadoras de una novedad revolucionaria, de un modelo de felicidad opuesto al que habitualmente nos comunican los medios de comunicación, la opinión dominante. Para la mentalidad mundana, es un escándalo que Dios haya venido para hacerse uno de nosotros, que haya muerto en una cruz. En la lógica de este mundo, los que Jesús proclama bienaventurados son considerados “perdedores”, débiles. En cambio, son exaltados el éxito a toda costa, el bienestar, la arrogancia del poder, la afirmación de sí mismo en perjuicio de los demás.
Queridos jóvenes, Jesús nos pide que respondamos a su propuesta de vida, que decidamos cuál es el camino que queremos recorrer para llegar a la verdadera alegría. Se trata de un gran desafío para la fe. Jesús no tuvo miedo de preguntar a sus discípulos si querían seguirle de verdad o si preferían irse por otros caminos. Y Simón, llamado Pedro, tuvo el valor de contestar: “Señor, ¿a quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna”. Si sabéis decir “sí” a Jesús, entonces vuestra vida joven se llenará de significado y será fecunda. (S.S. Francisco, Mensaje para la XXIX Jornada Mundial de la Juventud, 2014).
Reflexión
El discurso eucarístico de Jesús llega a su fin. Pero, como hemos ido meditando en estas últimas semanas, cuando no se escuchan las palabras de nuestro Señor con fe, sino que se las interpreta de un modo humano, demasiado "carnal", "tierra-tierra", las cosas acaban mal. Querer interpretarlas al pie de la letra es un absurdo y una locura. Y es lo que les pasó a los judíos. Pero no por culpa de Jesús, sino por las malas disposiciones de sus oyentes. Ya El se lo había anunciado y les había insistido, más de una ocasión, en la necesidad ineludible de la fe. Pero fue inútil. Y ahí tenemos los resultados...: el escándalo, la deserción y el abandono del Señor: "Duras son estas palabras –concluyen escandalizados-. ¿Quién puede oírlas? Es inaceptable este discurso. ¿Cómo hacerle caso?".

Pero a nuestro Señor no le preocupa "la opinión pública", ese tirano que esclaviza a tantos hombres, incluso a aquellos que se consideran más inteligentes y libres. ¡Cuántos de nosotros somos víctimas de la opinión de los demás! Jesús no se retracta ni mitiga sus palabras para que sus discípulos no se le vayan. El quiere gente convencida, no admiradores fáciles, y menos aún aduladores engañosos y frívolos.

Se cuenta que cuando Cronwell hacía su entrada triunfal en Londres, alguien le hizo notar la enorme afluencia de pueblo que acudía de todas partes para verle. "La misma habría -respondió él fríamente- y mucha más aún para verme ahorcar". ¡Así de veleidosas son las multitudes! Jesús lo sabía muy bien y, por eso, no se dejaba impresionar por la respuesta de las masas: ni el aplauso de los hombres le hacía sentirse más "importante", ni se alteraba por la más o menos frecuente "impopularidad" de su mensaje. Por ello gozaba de tanta libertad de espíritu: porque no se peocupaba por lo que los demás pensasen de El.

Nuestro Señor sabía que mucha gente -incluso entre sus discípulos- no creía en El. Sabía que era piedra de escándalo para muchos y "signo de contradicción". Pero eso no lo amedrentaba ni le hacía echar marcha atrás: "¿Esto os hace dudar? ¿y si vierais al Hijo del hombre subir a donde estaba antes?". Y enseguida invita a sus oyentes a "subir" otra vez a la esfera de la fe: "El espíritu es el que da la vida; la carne no aprovecha para nada. Las palabras que os he dicho son espíritu y son vida. Pero algunos de vosotros no creéis". Volvemos otra vez a la primera condición, indispensable, para seguir a Jesús: tener FE en El, querer creer en El, tener el valor de jugarse el todo por el todo por El.

En la santa Misa, inmediatamente después de la consagración, el sacerdote dice: "Mysterium fidei, ¡Este es el sacramento de nuestra fe!". Y enseguida toda la asamblea aclama: "Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección, ¡ven, Señor Jesús!". La Eucaristía es, ante todo, un misterio y un sacramento de fe en la Pasión, muerte y resurrección del Señor. Juan Pablo II, en su última encíclica, dedicada al tema de la Eucaristía, nos dice que estas palabras se refieren a Cristo en el misterio de su Pasión, pero revelan también el misterio de la Iglesia. Ella, en efecto, tiene su fundamento y su fuente en el "Triduo pascual", pero éste está como incluido, anticipado y "concentrado" en el don de la Eucaristía.

Pero tener fe no es un mero sentimiento de la presencia de Dios, ni creer solamente en los dogmas y verdades que nos enseña la Iglesia Católica. Creer es confiar ciegamente en Jesús, entregarse a El, ponerse en sus manos, sabiendo que con El estamos seguros, en medio de todas las dificultades de la vida. Como la historia de aquel equilibrista de Nueva York. Para sus espectáculos solía atar un cable entre dos edificios, a gran altura, y luego caminaba por dicho cable con una barra de equilibrio. Al bajar, era ovacionado por todo el mundo. En una ocasión, durante uno de sus espectáculos, dice a los presentes: "Subiré nuevamente, pero ahora con una carretilla. Sólo necesito que crean que lo puedo hacer". Hay un silencio sepulcral entre la multitud. Al fin, uno grita: "Sí, adelante, yo creo que tú puedes". A lo cual el equilibrista responde: "Si en verdad crees que lo puedo hacer, ¡ven y súbete en la carretilla!"... Algo así es la fe.

¿Serías capaz de subirte tú a la carretilla con Jesús? Si de verdad creemos en Cristo, debemos ser capaces de hacerlo, sin pensarlo dos veces. El no falla. Sólo entonces podremos afirmar, como Pedro al final del discurso de Jesús: "Maestro, ¿a quién vamos a ir si no te seguimos a ti? Tú tienes palabras de vida eterna, y nosotros creemos que tú eres el Mesías, el Santo de Dios".

Propósito
Visitar al Santísimo sacramento para confirmar mi fe y mi fidelidad a Dios, además de agradecerle su amor.

Diálogo con Cristo 
Señor, tengo necesidad de ti, de tu gracia, de tu amor, de tu amistad, de tu protección y de tu perdón. No permitas que me separe de ti. Dame tu ayuda y tu gracia para vivir unido a ti en todo momento: que inicie mi día poniéndome humildemente ante tu presencia, que te recuerde y te visite durante la jornada y que no me duerma sin agradecerte tu amor.


Preguntas o comentarios al autor  P. Sergio Cordova LC
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