martes, 1 de septiembre de 2015

DIEZ FORMAS PARA PROFUNDIZAR NUESTRA RELACIÓN CON DIOS



Diez formas para profundizar nuestra relación con Dios
Aprander a orar


La oración es mucho más que solo esa parte del día en la que le recordamos a Dios lo que necesitamos y lo que debe hacer por nosotros.


Por: Arzobispo Charles J. Chaput, O.F.M. CAP. | Fuente: catholiceducation.org 





Aquí hay algunas sugerencias (sin ningún orden en particular) que nos pueden ayudar a acercarnos a Dios.

Con el transcurso de los años he escuchado de mucha gente buena que quiere una relación cercana con Dios, pero están bloqueados por lo que ellos perciben como el silencio de Dios.

Con frecuencia, a lo que se refieren es, sin saberlo, a que les gustaría que el Señor haga algo dramático en sus vidas, algo que recuerde al Monte Sinaí y que muestre sus credenciales. Pero, típicamente, Dios no obra de ese modo. No está en el negocio del teatro. Dios quiere ser amado e incluso, en ese sentido, "cortejado": que quiere decir que no podemos ser compañeros pasivos en la relación. Necesitamos buscar a Dios como lo harían los enamorados.

Entonces aquí tenemos algunas sugerencias (sin ningún orden en particular) que nos pueden ayudar a acercarnos a Dios.

1.- Primero: Comienza por escucharlo. 

La fe no es un programa de doce pasos. Tampoco es un problema de algebra que necesite ser "resuelto". Es un asunto de amor. Como con el esposo o la esposa, lo más importante que podemos hacer es estar presentes y escuchar. Esto requiere invertir tiempo y concentración. Si cierta disposición de impaciencia o de pretender escuchar no funciona con el cónyuge, ¿por qué habría de funcionar con Dios?

2.- En segundo lugar: Cultiva el silencio. 

No podemos escuchar cuando nuestro mundo está lleno de bulla y juguetes. C.S. Lewis decía con frecuencia que la bulla es la música del infierno. Nuestros juguetes (las cosas que elegimos para distraernos) nos mantienen alejados de concentrarnos en las principales cosas de la vida: ¿Por qué estamos aquí? ¿Cuál es el sentido de mi vida? ¿Existe Dios, y si es así, quién es Él y qué me pide?

3.- Tercero: busca la humildad. 

La humildad es al espíritu lo que la pobreza material es para los sentidos: el gran purificador. La humildad es el comienzo de la cordura. No podemos realmente ver (mucho menos amar) a cualquiera cuando uno mismo está en medio del camino. Cuando finalmente vemos y creemos en nuestra propia pecaminosidad y falta de importancia, muchas otras cosas se hacen posibles: el arrepentimiento, la misericordia, la paciencia y el perdón para otros. Estas virtudes son las piedras angulares de otra gran virtud cristiana: la justicia. Ninguna justicia es posible en una telaraña de ira mutua, recriminación y orgullo herido.

4.- Cuarto: Cultiva la honestidad. 

La honestidad completa solo es posible para el hombre humilde. La razón es simple. La honestidad más importante y dolorosa es decirnos la verdad a nosotros mismos sobre nuestros motivos y nuestras acciones. La razón por la que la honestidad es un magneto tan poderoso es porque es muy inusual ya que la vida moderna está tan construida sobre el marketing de las medias verdades y mentiras sobre quiénes somos y lo que merecemos.

Muchas de las mentiras están bien intencionadas y son incluso inocuas; pero no dejan de ser mentiras. La Escritura alaba a la mujer y al hombre honestos porque son como el aire limpio en un cuarto lleno de humo. La honestidad le permite a la mente respirar y pensar claramente.

5.- En quinto lugar: Busca ser santo. 

Ser santo no significa ser amable, ni quiera bueno, aunque la gente verdaderamente snta siempre es buena y, con frecuencia (aunque no siempre) amable. La santidad significa ser "algo más". Es lo que quiere decir la Escritura cuando nos dice que estemos "en el mundo sin ser del mundo". Y eso no sucede milagrosamente. Necesitamos optar por buscar la santidad.
Los caminos de Dios no son nuestros caminos. La santidad es el hábito de buscar conformar todos nuestros pensamientos y acciones a los caminos de Dios.

No hay un modelo preestablecido de santidad, así como la piedad no puede ser reducida a un tipo particular de oración o postura.Lo que es importante es amar al mundo porque Dios lo ama y envió a su Hijo a redimirlo, pero sin ser capturado por sus hábitos (del mundo) y valores, que no son santos.

6.- Sexto: Reza.

La oración es mucho más que solo esa parte del día en la que le recordamos a Dios lo que necesitamos y lo que debe hacer por nosotros. La oración verdadera está más en escuchar y está íntimamente ligada a la obediencia. Dios ciertamente quiere escuchar lo que necesitamos y amamos y tememos, porque estas cosas son parte de nuestra vida diaria, y Él nos ama, pero si hablamos no podremos escuchar. Fíjate, además, que no podemos rezar verdaderamente sin humildad. ¿Por qué? Porque la oración requiere que elevemos todo lo que somos y todo lo que experimentamos y poseemos hacia Dios; y el orgullo es muy pesado para ser elevado.

7.- Séptimo: Lee. 

La Escritura es la Palabra viva de Dios. Cuando leemos la Palabra de Dios, nos encontramos con Dios mismo. Pero hay más: J.R.R. Tolkien, C.S. Lewis, Georges Bernanos y muchos otros fueron escritores profundamente inteligentes y destacados, cuyas obras se nutrieron de la mente y el alma cristiana, además de su inspirada imaginación. Leer también sirve para otro propósito más sencillo: calla la bulla que nos distrae de la reflexión fecunda. No podemos leer Las cartas del Diablo a su sobrino y ver un programa de televisión en serio y al mismo tiempo. Y eso es algo muy bueno.

Por cierto, si no has decidido aún lo que vas a hacer extra en el 2014, lee la maravillosa historia corta de Tolkien titulada Hoja de Niggle. Te tomará menos de una hora pero se quedará contigo para siempre. Y luego lee la gran trilogía religiosa y de ciencia ficción de C.S. Lewis: Más allá del planeta silencioso, Perelandra: un viaje a Venus; y Esa horrible Fortaleza. Nunca más verás al mundo de la misma manera.

8.- Ocho: Cree y actúa. 

Nadie "gana" la fe. Es un don gratuito de Dios ante el que necesitamos estar dispuestos y listos para recibirlo. Podemos disciplinarnos para estar preparados.

Si buscamos sinceramente la verdad, si deseamos las cosas más grandes que las que esta vida tiene para ofrecer, y si dejamos abiertos nuestros corazones a la posibilidad de Dios: entonces un día creeremos, así como cuando escogemos amar a alguien más profundamente y volcamos nuestro corazón sinceramente a la tarea, entonces tarde o temprano podremos hacerlo.

Los sentimientos son volubles, con frecuencia engañosos. No son la sustancia de nuestra fe. Necesitamos ser agradecidos por nuestras emociones como dones de Dios, pero también necesitamos juzgarlos a la luz del sentido común. Enamorarse es solo el primer sabor del amor. El verdadero amor es más hermoso y más exigente que los primeros días del romance.

Del mismo modo, una conversión al estilo "del camino hacia Damasco" no le sucede a mucha gente y ni siquiera San Pablo estuvo en el camino mucho tiempo. ¿Por qué? Porque al revelarse a sí mismo ante Pablo, Jesús inmediatamente le dio algo para hacer. Conocemos y amamos más profundamente a Jesús al hacer lo que nos pide que hagamos.
En el mundo real, los sentimientos que perduran siguen a las acciones que tienen sustancia. Mientras más sinceros seamos en nuestro discipulado, más cerca estaremos de Jesucristo. Por eso los discípulos de Emaús solo reconocieron a Jesús "al partir el pan". Solo al actuar en y sobre nuestra fe, nuestra fe se hace plenamente real.

9.- Noveno: Nadie llega al cielo solo.

Todos necesitamos amigos y una comunidad. A un amigo mío que ha estado casado más de 40 años le gusta decir que el corazón de un buen matrimonio es la amistad. Cada matrimonio exitoso es, al final de cuentas, una profunda y particular forma de amistad que involucra honestidad, intimidad, fidelidad, sacrificio mutuo, esperanza y creencias compartidas.

Todo matrimonio exitoso es además una forma de comunidad. Incluso Jesús necesitó estas dos cosas: amistad y comunidad. Los Apóstoles no eran simplemente seguidores de Cristo; eran también sus hermanos y amigos, gente que lo conocía y lo apoyaba de modo muy cercano. Todos nosotros como cristianos necesitamos también esas dos cosas. No importa si somos religiosos, laicos, diáconos, sacerdotes, solteros o casados,los amigos son vitales. La comunidad es vital. Nuestros amigos expresan y modelan quienes somos. Los buenos amigos nos sostienen y los malos nos socavan; y por eso son tan decisivos para el éxito o el fracaso de la vida cristiana.

10.- Décimo y último: Nada es más poderoso que los sacramentos de la Penitencia y la Eucaristía para llevarnos al Dios que buscamos. 

Dios se hace disponible para todos cada semana en el confesionario y cada día en el sacrificio de la Misa. No tiene mucho sentido hablar del "silencio de Dios" cuando nuestras iglesias están silenciosas por nuestra ausencia e indiferencia. Somos nosotros los que tenemos el corazón frío, no Dios.

Dios nunca ha sido superado en generosidad. Él espera por nosotros en la tranquilidad del tabernáculo y nos ama y quiere también ser amado de todo corazón.

Si estamos dispuestos a dar ese amor, estos pasos nos llevarán a Él.

HOY ES LA JORNADA MUNDIAL DE ORACIÓN POR EL CUIDADO DE LA CREACIÓN

Jornada Mundial de Oración por el Cuidado de la Creación
Será celebrada el 1 de septiembre con la Iglesia Ortodoxa

Texto completo de la Carta del Papa Francisco, fechada el 6 de agosto de 2015, Fiesta de la Transfiguración del Señor


Por: Papa Francisco | Fuente: es.radiovaticana.va 




Con el telón de fondo de su Encíclica Laudato si’, el Papa Francisco - compartiendo con el Patriarca Ecuménico Bartolomé la preocupación por el futuro de la creación – ha decidido instituir también en la Iglesia Católica la «Jornada Mundial de Oración por el Cuidado de la Creación», que, a partir del año en curso, será celebrada el 1 de septiembre, como hace la Iglesia Ortodoxa.

Texto completo de la Carta del Papa Francisco:
«A los Venerables Hermanos
Cardenal Peter Kodwo Appiah TURKSON
Presidente del Pontificio Consejo Justicia y Paz
Cardenal Kurt KOCH
Presidente del Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos
Compartiendo con el amado hermano Bartolomé, Patriarca Ecuménico, la preocupación por el futuro de la creación (cf. Carta Enc. Laudato si’, 7-9) y, acogiendo la sugerencia de su representante, el Metropolita Ioannis de Pérgamo, que intervino en la presentación de la Encíclica Laudato si’ sobre el cuidado de la casa común, deseo comunicarles que he decidido instituir también en la Iglesia Católica la «Jornada Mundial de Oración por el Cuidado de la Creación», que, a partir del año en curso, será celebrada el 1 de septiembre, tal como acontece desde hace tiempo en la Iglesia Ortodoxa.
Como cristianos, queremos ofrecer nuestra contribución para superar la crisis ecológica que está viviendo la humanidad. Para ello debemos ante todo extraer de nuestro rico patrimonio espiritual las motivaciones que alimentan la pasión por el cuidado de la creación, recordando siempre que, para los creyentes en Jesucristo, Verbo de Dios hecho hombre por nosotros, «la espiritualidad no está desconectada del propio cuerpo, ni de la naturaleza o de las realidades de este mundo, sino que vive con ellas y en ellas, en comunión con todo lo que nos rodea» (ibíd., 216). La crisis ecológica nos llama por tanto a una profunda conversión espiritual: los cristianos están llamados a una «conversión ecológica, que implica dejar brotar todas las consecuencias de su encuentro con Jesucristo en las relaciones con el mundo que los rodea» (ibíd., 217). De hecho, «vivir la vocación de ser protectores de la obra de Dios es parte esencial de una existencia virtuosa, no consiste en algo opcional ni en un aspecto secundario de la experiencia cristiana» (ibíd.).
La Jornada Mundial de Oración por el Cuidado de la Creación, que se celebrará anualmente, ofrecerá a cada creyente y a las comunidades una valiosa oportunidad de renovar la adhesión personal a la propia vocación de custodios de la creación, elevando a Dios una acción de gracias por la maravillosa obra que Él ha confiado a nuestro cuidado, invocando su ayuda para la protección de la creación y su misericordia por los pecados cometidos contra el mundo en el que vivimos. La celebración de la Jornada en la misma fecha que la Iglesia Ortodoxa será una buena ocasión para testimoniar nuestra creciente comunión con los hermanos ortodoxos. Vivimos en un tiempo en el que todos los cristianos afrontamos idénticos e importantes desafíos, y a los que debemos dar respuestas comunes, si queremos ser más creíbles y eficaces. Por esto, espero que esta Jornada pueda contar con la participación de otras Iglesias y Comunidades eclesiales y se pueda celebrar en sintonía con las iniciativas que el Consejo Ecuménico de las Iglesias promueve sobre este tema.
Le pido a Usted, cardenal Turkson, Presidente del Pontificio Consejo de Justicia y Paz, que ponga en conocimiento de las Comisiones de Justicia y Paz de las Conferencias Episcopales, así como de los Organismos nacionales e internacionales que trabajan en el ámbito ecológico, la institución de la Jornada Mundial de Oración por el Cuidado de la Creación, para que, de acuerdo con las exigencias y las situaciones locales, la celebración se organice debidamente con la participación de todo el Pueblo de Dios: sacerdotes, religiosos, religiosas y fieles laicos. Para este propósito, y en colaboración con las Conferencias Episcopales, ese Dicasterio se esforzará por llevar a cabo iniciativas adecuadas de promoción y animación, para que esta celebración anual sea un momento intenso de oración, reflexión, conversión y asunción de estilos de vida coherentes.
Le pido a Usted, cardenal Koch, presidente del Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos, que se ponga en contacto con el Patriarcado Ecuménico y con las demás realidades ecuménicas, para que dicha Jornada Mundial sea signo de un camino que todos los creyentes en Cristo recorren juntos. Además, ese Dicasterio se ocupará de la coordinación con iniciativas similares organizadas por el Consejo Ecuménico de las Iglesias.
Esperando la más amplia colaboración para el buen comienzo y desarrollo de la Jornada Mundial de Oración por el Cuidado de la Creación, invoco la intercesión de la Madre de Dios María Santísima y de san Francisco de Asís, cuyo Cántico de las Criaturas mueve a tantos hombres y mujeres de buena voluntad a vivir alabando al Creador y respetando la creación. Como confirmación de estos deseos, le imparto a ustedes, Señores cardenales, y a cuantos colaboran en su ministerio, la Bendición Apostólica.
Vaticano, 6 de agosto de 2015
Fiesta de la Transfiguración del Señor»

IN PERSONA CHRISTI: LA EUCARISTÍA

In Persona Christi: La Eucaristía
La expresión de que el sacerdote actúa In Persona Christi significa que actúa como Cristo mismo.


Por: Mons. Carlos Briseño Arch | Fuente: vicariadepastoral.org 



Hoy día, en el mundo que nos toca vivir, se ha perdido mucho el sentido de lo sagrado. Entramos a un templo y nos cuesta mucho leer los signos religiosos en los que nos quiere envolver un templo.
Vemos una imagen o un cuadro y nos interesa más su antigüedad o quién lo pintó. Y, sobretodo, si es valiosa económicamente. Más que descubrir en la obra, el mensaje de fe de quien la hizo.
El incienso, las velas encendidas, el ornamento de los que celebran, poco nos dicen. Todo ello es muestra de que hemos perdido mucho el sentido de lo sagrado.
Antes se le besaba la mano al sacerdote, porque eran manos consagradas, hoy ese signo no se entiende.
En este contexto nos cuesta mucho entender, la expresión de que el sacerdote actúa In Persona Christi significa actúa como Cristo mismo, nuestro Señor y Sumo Sacerdote ante Dios Padre.
Muchos sinónimos se usan para expresar esta realidad que configura al sacerdote, por el carácter recibido en la ordenación, así: vicem Dei, vicem Christi, in persona Dei, gerit personam Christi, in nomini Christi, representando a Cristo, personificando a Cristo, representación sacramental de Cristo Cabeza, etc.
La actuación del sacerdote in persona Christi es muy singular. Específicamente la podemos ver en la consagración de la Misa.
Como las formas de los sacramentos deben ajustarse a la realidad, la forma de la Eucaristía difiere de los demás sacramentos en dos cosas:
1 Porque las formas de los demás sacramentos significan el uso de la materia, como en el bautismo, la confirmación, etc.; por el contrario, la forma de la Eucaristía significa la consagración de la materia que consiste en la transubstanciación, por eso se dice: "Esto es mi cuerpo" - "Este es el cáliz de mi sangre".
2 Las formas de los otros sacramentos se dicen en la persona del ministro ("ex persona ministri"), como quien realiza una acción: "Yo te bautizo…" - "Yo te absuelvo…"; o, en la Confirmación y en la Unción de los enfermos, en forma deprecativa: "N.N., recibe por esta señal el don del Espíritu Santo" - "Por esta Santa Unción y por su bondadosa misericordia…", etc.
                                                                                                                     
Por el contrario, la forma del sacramento de la Eucaristía se profiere en la persona de Cristo que habla, in persona Christi loquendi, dando a entender que el sacerdote ministerial no hace otra cosa más que decir las palabras de Cristo en la confección de la Eucaristía (Cf. S. Th., III, 78, 1.).
Por eso decía el gran San Ambrosio: "La consagración se hace con palabras y frases del Señor Jesús. Las restantes palabras que se profieren alaban a Dios, ruegan por el pueblo, por los reyes, por todos. Cuando el sacerdote se pone a consagrar el venerable sacramento, ya no usa sus palabras, sino las de Cristo. La palabra de Cristo, en consecuencia hace el sacramento" ( De Sacramentis, L.4, c.4.).
Hay que aclarar que como todos los sacramentos son acciones de Cristo, algunos dicen, que el sacerdote en todos ellos obra in persona Christi, pero, eso sólo se puede decir en sentido amplio. De hecho, el ministro del bautismo válido y lícito, puede ser un laico, una mujer, un no bautizado; y los ministros del sacramento del matrimonio, válido y lícito, son los mismos cónyuges; y ninguno de los ministros mencionados de estos sacramentos tiene el carácter que les da el poder de obrar in persona Christi. Por otra parte, la concelebración eucarística se justifica desde el actuar de los concelebrantes in persona Christi, dice al respecto Santo Tomás, respondiendo a la objeción de que sería superfluo que lo que puede hacer uno lo hicieran muchos: "Si cada sacerdote actuara con virtud propia, sobrarían los demás celebrantes; cada uno tendría virtud suficiente. Pero, como el sacerdote consagra en persona de Cristo y muchos son "uno en Cristo" (Gal 3, 28), de ahí que no importe si el sacramento es consagrado por uno o por muchos…" (S. Th., III, 82, 2, ad 2) Y no hay, propiamente, concelebración en los otros sacramentos. Es de hacer notar que en la concelebración "se manifiesta apropiadamente la unidad del sacerdocio" (Concilio Vaticano II, Sacrosanctum Concilium, n. 57) y, en otro documento se enseña: "se expresa adecuadamente la unidad del sacerdocio y del sacrificio, como también la de todo el pueblo de Dios" (Normas generales del Misal Romano, n. 153), por razón de que los sacerdotes, debido al carácter sacerdotal, obran in persona Christi.
Además, más adelante, agrega Santo Tomás refiriéndose al sacramento-sacrificio: " …éste sacramento es de tanta dignidad, que se hace en la persona de Cristo. Todo el que obra en persona de otro debe hacerlo por la potestad que le han conferido… Cristo, cuando se ordena al sacerdote, le da poder para consagrar este sacramento en persona de Cristo. Así pone a éste sacerdote en el grado de aquellos a quienes dijo: "Haced esto en conmemoración mía"". (En III, 82, 2 agrega: "El sacerdote entra a formar parte del grupo de aquellos que en la Cena recibieron del Señor el poder de consagrar"). "Es propio del sacerdote confeccionar este sacramento" (Cf. S. Th., III, 82, 1). Y obrar en persona de Cristo es absolutamente necesario para que el sacrificio de la Misa sea el mismo sacrificio de la cruz: no sólo es necesaria la misma Víctima, también es necesario el mismo Acto interior oblativo y el mismo Sacerdote. Sólo así se tiene, sustancialmente, el mismo y único sacrificio, sólo accidentalmente distinto.
El no valorar correctamente la realidad del carácter sacerdotal que habilita para actuar in persona Christi debilita el sentido de identidad sacerdotal, ni se ve cómo los ordenados que se vuelven herejes, cismáticos o excomulgados consagran válidamente -aunque ilícitamente- (Cf. I Concilio de Nicea, Dz. 55; San Atanasio II, Dz. 169; San Gregorio Magno, Dz. 249; ver Dz. 358. 1087), al igual que el porqué el sacerdote pecador consagra válidamente. El debilitar la importancia del obrar in persona Christi.
Todos los cristianos, los bautizados en el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, debemos ser otro Cristo, vivir y actuar como Cristo, pero el sacerdote actúa de manera especialísima In Persona Christi, Cristo mismo, cuando preside la Liturgia de la Sagrada Eucaristía. Esto tiene una consecuencia en nuestra relación con la Eucaristía y el sacerdote que la celebra. Vamos a la Eucaristía a encontrarnos con Cristo en la persona del sacerdote. Por lo tanto, Cristo debe ser el motivo principal. Cuando perdemos este aspecto, centramos la Eucaristía en la persona del sacerdote, desvinculándola de su carácter mistérico. Centrándonos en las cualidades físicas, de dicción o de elocuencia del que preside. De ahí la importancia de recobrar y ayudar a los fieles a recobrar esa visión sobrenatural de la Eucaristía. Es importante hacer un esfuerzo por descubrir, en el sacerdote anciano, enfermo, con limitaciones de todo tipo, a Cristo que se hace frecuente en él. Así como Cristo en el Evangelio nos invita a descubrirlo en el que tiene hambre, sed, está desnudo , enfermo o en la cárcel…
Es cierto que es necesario que el sacerdote al actuar In Persona Christi haga un esfuerzo en su vida personal para  ser un instrumento y mediación de amor y misericordia, convirtiéndose en misericordia y amor con su conducta, como dijo san Agustín de Hipona.
Por ello les invito a que oremos para que todo sacerdote vaya adelantando y perfeccionando su ser y, transparente a Cristo en su vida.

Oración por los Sacerdotes
Oración del Apóstol (s.XIV)

Cristo, no tiene manos,
tiene solamente nuestras manos
para hacer el trabajo de hoy.
Cristo no tiene pies,
tiene solamente nuestros pies
para guiar a los hombres en sus sendas.
Cristo, no tiene labios,
tiene solamente nuestros labios
para hablar a los hombres de sí.
Cristo no tiene medios,
tiene solamente nuestra ayuda
para llevar a los hombres a sí.
Nosotros somos la única Biblia,
que los pueblos leen aún;
somos el último mensaje de Dios
escrito en obras y palabras.

JESÚS EXPULSA A UN DEMONIO


Jesús expulsa a un demonio
Tiempo Ordinario



Lucas 4, 31-37. Tiempo Ordinario. También nosotros somos objeto del ataque del demonio, porque el espíritu del mal no quiere nuestra santidad. 


Por: P. Clemente González | Fuente: Catholic.net 



Del santo Evangelio según san Lucas 4, 31-37
En aquel tiempo, Jesús bajó a Cafarnaúm, ciudad de Galilea, y los sábados les enseñaba. Quedaban asombrados de su doctrina, porque hablaba con autoridad. Había en la sinagoga un hombre que tenía el espíritu de un demonio inmundo, y se puso a gritar a grandes voces: ¡Ah! ¿Qué tenemos nosotros contigo, Jesús de Nazaret? ¿Has venido a destruirnos? Sé quién eres tú: el Santo de Dios. Jesús entonces le conminó diciendo:Callate y sal de él, y arrojándole en medio, salió de él sin hacerle ningún daño. Quedaron todos pasmados, y se decían unos a otros:¡Qué palabra ésta! Manda con autoridad y poder a los espíritus inmundos y salen. Y su fama se extendió por todos los lugares de la región.

Oración introductoria
Señor Jesús, te quiero y te doy gracias por todo lo que haces por mí. A pesar de tus innumerables muestras de amor, no es extraño que convierta mi oración en un pliego de peticiones que nada tienen que ver con mi vida de gracia y de fe. Hoy tengo una actitud diferente: sin ataduras ni condiciones, me pongo a tu disposición confiando plenamente en tu voluntad.

Petición
Señor, dame la gracia de saber orar y que tu gracia purifique mi corazón para que desaparezca todo lo que me aparta de Ti.

Meditación del Papa Francisco
El diablo existe incluso en el siglo XXI. Hay que aprender cómo luchar contra él en el Evangelio, contra sus tentaciones. La vida de Jesús ha sido una lucha. Vino para vencer el mal, para vencer al príncipe de este mundo, para vencer al demonio.
Una lucha que debe afrontar todo cristiano. El demonio tentó a Jesús tantas veces, y Jesús sintió en su vida las tentaciones, así como también las persecuciones. Nosotros, los cristianos, que queremos seguir Jesús, debemos conocer bien esta verdad: También nosotros somos tentados, también nosotros somos objeto del ataque del demonio, porque el espíritu del mal no quiere nuestra santidad, no quiere el testimonio cristiano, no quiere que seamos discípulos de Jesús. ¿Y cómo hace el espíritu del mal para alejarnos del camino de Jesús con su tentación? La tentación del demonio tiene tres características y nosotros debemos conocerlas para no caer en las trampas. ¿Cómo hace el demonio para alejarnos del camino de Jesús? La tentación comienza levemente, pero crece: siempre crece. Segundo, crece y contagia a otro, se transmite a otro, trata de ser comunitaria. Y, al final, para tranquilizar el alma, se justifica. Crece, contagia y se justifica. (Homilia Santa Martha 11 abril 2014)
Reflexión
Un amigo mío llegó de Perú, donde había estado de misionero durante el verano. Me contó que esa experiencia le había enriquecido mucho, no tanto por lo que había dado -sus catequesis y actividades con los jóvenes de Huamachuco- sino por lo que había recibido.

Jesús se nos presenta también como catequista. Dice el evangelio que bajó a Cafarnaún donde enseñaba los sábados en la sinagoga. ¿Y cómo daba Jesús sus catequesis? Ante todo, con autoridad, es decir, con credibilidad, porque no llenaba sus predicaciones con palabrería, sino con verdad, con el Espíritu de Dios que es capaz de transformar los corazones.

Por tanto, dar catequesis es una actividad propia del cristiano. Consiste en enseñar la fe a los demás, explicar los principios de la religión enriqueciéndolos con la propia vida, iluminar las virtudes cristianas con ejemplos, acercar a otros a los sacramentos...

Mi amigo tenía veinte años. Y descubrió que al enseñar a otros estaba fortaleciendo su propia fe y aumentaba en él la pasión por Cristo y el Evangelio. Porque el que predica, se predica a sí mismo. El que habla del perdón queda más comprometido a perdonar, y el que exige debe hacerlo con el propio testimonio.

La experiencia de Perú hizo a mi amigo más cristiano, porque supo meterse en el papel de Cristo y llegó a quedar transformado por Él.

Propósito
Seguir el ejemplo de Cristo procurando que mi ayuda a los demás, trate de abarcar a la totalidad de la persona.

Diálogo con Cristo 
Señor, me conoces y sabes todo acerca de mí. No permitas que me ciegue la arrogancia de mis propias opiniones. Ayúdame a tenerte siempre como la meta de mi vida, quiero que tu gracia triunfe por encima de mi soberbia y de mi egoísmo. Quiero que tu voluntad impere sobre la mía, que tu vida divina resplandezca en mi conciencia.
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