domingo, 6 de septiembre de 2015

SEPTIEMBRE MES DE LA BIBLIA

Septiembre mes de la Biblia
Durante este mes, en todas las comunidades cristianas, se desarrollan actividades que nos permitan acercarnos mejor y con más provecho a la Palabra de Dios 


Por: Xavier Villalta | Fuente: Catholic.net 



Septiembre mes de la Biblia
La intención es que durante este mes, en todas las comunidades cristianas, se desarrollen algunas actividades que nos permitan acercarnos mejor y con más provecho a la Palabra de Dios.
Propuestas para escuchar la Palabra
1. La lectura diaria de los textos bíblicos litúrgicos es una excelente ayuda para profundizar en la Palabra de Dios. De esta manera nos unimos a toda la Iglesia que ora al Padre meditando los mismos textos. También nos acostumbramos a una lectura continuada de la Biblia, donde los textos están relacionados y lo que leemos hoy se continua con lo de mañana. La lectura diaria de los textos (para lo cual Liturgia Cotidiana es una excelente herramienta) constituye una "puerta segura" para escuchar a Dios que nos habla en la Biblia.
2. - ¿Has leído alguna vez un evangelio entero "de corrido"? Es muy interesante descubrir la trama de la vida de Jesús escrita por cada evangelista. Muchos detalles y relaciones entre los textos que cada evangelista utiliza quedan al descubierto cuando uno hace una lectura continuada. Este mes es propicio para ofrecerle a Dios este esfuerzo. Te recomendamos la lectura del evangelio de Marcos. No es muy largo, en unas horas se puede leer. Al ser el primero de los sinópticos, los otros (Mateo y Lucas) lo siguen en el esquema general. Por lo tanto es una muy buena "puerta de entrada" al mensaje de Jesús.
3. Otra posibilidad para poner en práctica este mes (y tal vez iniciar un hábito necesario y constructivo) es la oración con los salmos. Los mismos recogen la oración del pueblo de dios a lo largo de casi mil años de caminata del pueblo de Israel. Nos acercan la voz del pueblo que ora con fe, y la palabra de Dios, que nos señala esta manera de orar para acercarnos y escuchar sus enseñanzas. En los salmos podemos encontrar una inmensa fuente de inspiración para la oración. Hay salmos que nos hablan de la alegría, de las dificultades y conflictos, de la esperanza, del abatimiento, del dolor, de la liberación y la justicia, de la creación, de la misma Palabra de Dios (salmo 118, el más largo de todos). Aprender a rezar con los Salmos es una "puerta siempre abierta" para el encuentro con el Dios de la Vida.
4. La lectura orante de la Palabra, realizada en comunidad, nos pone en sintonía con la voluntad de Dios. Es un ejercicio clave para el crecimiento en la fe. La fuerza de la comunidad nos alienta para encontrar en los textos la fuerza del Espíritu. Todos aprendemos juntos y nos enriquecemos con el aporte de cada uno. Existen muchos métodos de lectura orante. Simplificando al máximo podemos decir que los siguientes cuatro pasos son los más comunes:
Lectura
Meditación
Oración
Compromiso
La lectura orante siempre desemboca en un desafío para vivir. La Palabra de Dios nos desafía a seguir los pasos de Jesús y cambiar nuestra vida.
La lectura orante, practicada en comunidad, es una "puerta-espejo" que nos interpela y nos ayuda a discernir cómo vivir y practicar su Palabra en nuestros días.
De la la Encíclica Fides et ratioCapítulo V. N´55 (parcial)
"Tampoco faltan rebrotes peligrosos de fideísmo, que no acepta la importancia del conocimiento racional y de la reflexión filosófica para la inteligencia de la fe y, más aún, para la posibilidad misma de creer en Dios. Una expresión de esta tendencia fideísta difundida hoy es el « biblicismo », que tiende a hacer de la lectura de la Sagrada Escritura o de su exégesis el único punto de referencia para la verdad. Sucede así que se identifica la palabra de Dios solamente con la Sagrada Escritura, vaciando así de sentido la doctrina de la Iglesia confirmada expresamente por el Concilio Ecuménico Vaticano II.
La Constitución Dei Verbum, después de recordar que la palabra de Dios está presente tanto en los textos sagrados como en la Tradición, afirma claramente: « La Tradición y la Escritura constituyen el depósito sagrado de la palabra de Dios, confiado a la Iglesia. Fiel a dicho depósito, el pueblo cristiano entero, unido a sus pastores, persevera siempre en la doctrina apostólica ». La Sagrada Escritura, por tanto, no es solamente punto de referencia para la Iglesia. En efecto, la « suprema norma de su fe » proviene de la unidad que el Espíritu ha puesto entre la Sagrada Tradición, la Sagrada Escritura y el Magisterio de la Iglesia en una reciprocidad tal que los tres no pueden subsistir de forma independiente.
No hay que infravalorar, además, el peligro de la aplicación de una sola metodología para llegar a la verdad de la Sagrada Escritura, olvidando la necesidad de una exégesis más amplia que permita comprender, junto con toda la Iglesia, el sentido pleno de los textos. Cuantos se dedican al estudio de las Sagradas Escrituras deben tener siempre presente que las diversas metodologías hermenéuticas se apoyan en una determinada concepción filosófica. Por ello, es preciso analizarla con discernimiento antes de aplicarla a los textos sagrados."
Juan Pablo II
Fides et ratio
14 de Setiembre de 1998
Para finalizar, los católicos durante el mes de septiembre debemos dedicarlo a iniciar el conocimiento y divulgación de los textos bíblicos, ya que quien se llame cristiano tendría que conocer la historia de la salvación y la Palabra de Dios, interpretadas auténtica y fielmente por el Magisterio de la Iglesia.
La Biblia, para todas las denominaciones cristianas, contiene la Revelación y es, como todo libro sagrado, la fuente del conocimiento y el compromiso de vida en lo referente a la fe.
Cada año, la Santa Iglesia Católica Apostólica Romana, la Iglesia Ortodoxa e Iglesias Evangélicas celebrarán el Mes de la Biblia.
Cada comunidad celebrará el mes con énfasis de acuerdo a su historia y tradición.
La Iglesia Católica Romana recordando a San Jerónimo, (a quien conmemoramos el 30 de septiembre), traductor de la Vulgata, la Biblia en lengua latina; la Ortodoxa haciendo memoria que fue en idioma griego que se escribieron los Santos Evangelios y los demás libros del Nuevo Testamento y las Iglesias Evangélicas conmemorando la publicación, el 26 de septiembre de 1569, de la primera traducción de los Textos Bíblicos a la lengua española, traducción realizada por Casiodoro de Reina y conocida como la “Biblia del Oso” ya que en su portada estaba representado dicho animal.
Muy pocos saben que esta Biblia, pese a ser fruto del trabajo de un activo protestante contenía todos los textos propios de la Biblia Vulgata latina de San Jerónimo, mencionada al inicio, que es el texto oficial de la Biblia para toda la iglesia católica romana.
Algo de historia
La palabra Biblia se origina, a través del latín, en la expresión griega τα βιβλία τα ἅγια (ta biblía ta haguia; los libros sagrados), acuñada por vez primera en I Macabeos 12:9, siendo βιβλία plural de βιβλίον (biblíon, ´papiro´ o ´rollo´, usado también para ´libro´). Se cree que este nombre nació como diminutivo del nombre de la ciudad de Biblos (Βύβλος), importante mercado de papiros de la antigüedad.
Esta frase fue empleada por los hebreos helenizados (aquellos que habitaban en ciudades de habla griega) mucho tiempo antes del nacimiento de Jesús de Nazaret para referirse al Tanaj o Antiguo Testamento. Muchos años después empezó a ser utilizada por los cristianos para referirse al conjunto de libros que forman el Antiguo Testamento así como los Evangelios y las cartas apostólicas, es decir, el Nuevo Testamento. Para ese entonces ya era común utilizar las dos primeras palabras de la frase, τα βιβλία, a manera de título.
Ya como título, y habiendo perdido el artículo τα, se empezó a utilizar en latín como biblia sacra (los libros sagrados) y de ahí fue transmitido a las demás lenguas.
La Biblia es una compilación de textos que en un principio eran documentos separados (llamados "libros"), escritos primero en hebreo, arameo y griego durante un dilatado periodo de tiempo y después reunidos para formar el Tanaj (Antiguo Testamento para los cristianos) y luego el Nuevo Testamento. Ambos testamentos forman la Biblia cristiana. En sí la Biblia fue escrita a lo largo de aproximadamente 1000 años (900 a. C. - 100 d. C.). Los textos más antiguos se encuentran en el Libro de los Jueces ("Canto de Débora") y en el Pentateuco, que son datadas en la época de los dos reinos (siglos X a VIII a. C.). El libro completo más antiguo, el de Oseas es también de la misma época.
El canon católico romano de la Biblia que conocemos hoy fue sancionado por primera vez en el Concilio de Hipona en el año 393 de nuestra era, por la Iglesia Católica. Dicho canon de 73 libros (46 pertenecientes al llamado Antiguo Testamento, incluyendo 7 libros llamados actualmente Deuterocanónicos -Tobías, Judit, I Macabeos, II Macabeos, Sabiduría, Eclesiástico y Baruc- y 27 al Nuevo Testamento) fue confirmado en el Sínodo de Roma en el año 380, y ratificado en el Concilio de Cartago en el año 397, y luego nuevamente confirmado por decreto en la cuarta sesión del Concilio de Trento del 8 de abril de 1546.
Versiones castellanas de la Biblia Católica
Vienen éstas de la traducción hecha por San Jerónimo (Dalmacia, Yugoeslavia, 342-420) al latín, versión oficial de la Iglesia por casi 15 siglos. El primer intento estuvo a cargo de la corte del Rey Alfonso X, El Sabio, en 1280, conocida como la Biblia Alfonsina; en 1430, el Gran Maestre de la orden de Calatrava, Don Luis de Guzmán, patrocina a Mosé Arragel para realizar otra traducción, conocida como la Biblia de Alba.
En 1944 se publica la llamada de Nácar-Colunga, publicada por la Biblioteca de Autores Cristianos que no usa la traducción de la Vulgata como fuente si no usa los originales.
La Biblia de Jerusalén aparece en 1967, también basada en los textos originales. La primera edición de la Biblia latinoamericana, con el lenguaje propio de la región, es editada por primera vez en 2001. En el año 2005 se presentó, tras 33 años de trabajo, la Biblia de Navarra, para hacerla se tomaron como fuente los textos originales en hebreo, arameo y griego.
A continuación podrán encontrar enlaces a sitios de interés bíblico y que cuentan con varios recursos útiles para la Animación Bíblica de la Pastoral:

Enlaces a Instituciones

Lecto Divina

Recursos Bíblicos Varios

Buenas Nuevas

Recursos Pastorales Varios
 

Consulta también el Especial del Mes de la Bibia de Iglesia.cl
Comentarios al autor: xaviervillalta@consultores.catholic.net

NUESTRA SORDERA ESPIRITUAL


NUESTRA SORDERA ESPIRITUAL
REFLEXIÓN DEL EVANGELIO DE HOY
DOMINGO 6 DE SEPTIEMBRE DEL 2015



El pasaje del Evangelio nos refiere una bella curación obrada por Jesús, que no hacía milagros como quien mueve una varita mágica o chasquea los dedos.  Los milagros de Cristo jamás son fines en sí mismos; son «signos». Lo que Jesús obró un día por una persona en el plano físico indica lo que Él quiere hacer cada día por cada persona en el plano espiritual. El hombre curado por Cristo era sordomudo; no podía comunicarse con los demás, oír su voz y expresar sus propios sentimientos y necesidades. 

Si la sordera y la mudez consisten en la incapacidad de comunicarse correctamente con el prójimo, de tener relaciones buenas y bellas, entonces debemos reconocer enseguida que todos somos, quien más quien menos, sordomudos, y es por ello que a todos dirige Jesús aquel grito suyo: “¡Effatá!” (ábrete). La diferencia es que la sordera física no depende del sujeto y es del todo inculpable, mientras que la moral lo es.

Jesús vino para «reconciliarnos con Dios» y así reconciliarnos los unos con los otros. Lo hace sobre todo a través de los sacramentos. La Iglesia siempre ha visto en los gestos aparentemente extraños que Jesús realiza en el sordomudo (le pone los dedos en los oídos y le toca la lengua) un símbolo de los sacramentos gracias a los cuales Él continúa «tocándonos» físicamente para curarnos espiritualmente. Por esto en el bautismo el ministro realiza sobre el bautizando los gestos que Jesús realizó sobre el sordomudo: le pone los dedos en los oídos y le toca la punta de la lengua, repitiendo la palabra de Jesús: “¡Effatá!” (ábrete).

En particular el sacramento de la Eucaristía nos ayuda a vencer la incomunicabilidad con el prójimo, haciéndonos experimentar la más maravillosa comunión con Dios.


P. Raniero Cantalamessa

¿PREOCUPARSE, O NO, DEL MAÑANA?


¿Preocuparse, o no, del mañana?
I Jornada mundial de oración por el Cuidado de la Creación. 1 septiembre 2015


Al origen de la crisis ecológica se encuentra el indiscriminado dominio del hombre sobre el resto de la naturaleza


Por: P. Raniero Cantalamessa | Fuente: www.news.va 




Homilía de la Liturgia de la Palabra del predicador de la Casa Pontificia, P. Raniero Cantalamessa, celebrada en la Basílica de San Pedro con ocasión de la I Jornada mundial de oración por el Cuidado de la Creación:


1.- Llenen la tierra y sométanla
Y los bendijo, diciéndoles:
«Sean fecundos, multiplíquense,
llenen la tierra y sométanla;
dominen a los peces del mar, a las aves del cielo
y a todos los vivientes que se mueven sobre la tierra» (Gen 1,28).
Estas palabras han suscitado en tiempos recientes una fuerte crítica. Estas -alguno ha escrito atribuyendo al hombre un dominio indiscriminado sobre el resto de la naturaleza-, están al origen de la actual crisis ecológica. Viene reversado a la relación del mundo antiguo, sobre todo de los griegos, que veían al hombre en función del cosmos, y no el cosmos en función del hombre.
Yo creo que esta crítica, como muchas similares hechas al texto bíblico, se origina por el hecho de que se interpretan las palabras de la Biblia a la luz de categorías seculares ajenas a ella. “Dominar” no tiene aquí el significado que la palabra tiene fuera de la Biblia. Para la Biblia, el modelo último del dominus del Señor, no es el soberano político que explota a sus súbditos, sino que es Dios mismo, Señor y padre.
El dominio de Dios sobre las creaturas no se finaliza al propio interés, sino a aquel de las creaturas que él crea y protege. Hay un paralelismo evidente: como Dios es el dominus del hombre, así el hombre debe ser el dominus del resto de lo creado, es decir responsable de ello y su protector. El hombre es creado para que sea “a imagen y semejanza de Dios” no de patrones humanos. El sentido del dominio del hombre es explicado por lo que sigue poco después en el texto: “El Señor Dios tomó al hombre y lo puso en el jardín de Edén, para que lo cultivara y lo cuidara” (Gen 2, 15).  Lo expresa muy bien la plegaria eucarística IV donde se dice a Dios:
“A imagen tuya creaste al hombre y le encomendaste el universo entero,
para que, sirviéndote sólo a ti, su Creador, dominara todo lo creado”.
La fe en un Dios creador y en hombre hecho a imagen de Dios, no es por lo tanto una amenaza, sino sobre todo una garantía para la creación, es la más fuerte de todas. Dice que el hombre no es patrón absoluto de las otras creaturas; debe rendir cuentas de aquello que ha recibido. La parábola de los talentos tiene aquí su aplicación primordial: la tierra es el talento que todos juntos hemos recibido y del cual debemos rendir cuentas.
La idea de una relación idílica entre el hombre y el cosmos, fuera de la Biblia, más allá de todo, es una invención literaria. La opinión dominante entre los filósofos paganos del tiempo tendía a hacer del mundo material, en la línea de Platón, el producto de un dios de segundo rango (el Deuteros theos o Demiurgo) o incluso, como dirá Marción, obra de un dios malo, diferente del Dios revelado por Jesucristo.  El anhelo era liberarse de la materia, no liberar la materia. Una visión, esta, que al tiempo de Francisco de Asís revivía la herejía de los cátaros.
Otra prueba de que no es la visión bíblica la que favorece la prevaricación del hombre sobre la creación, es que el mapa de la contaminación no coincide de hecho con el de la difusión de la religión bíblica o de otras religiones, sino que coincide sobre todo con aquella de una industrialización  salvaje, dirigida sólo a la ganancia, y con aquella de la corrupción que cierra la boca a todas las protestas y resiste a todos los poderes.
Junto a la gran afirmación que los hombres y las cosas provienen de un único principio, la narración bíblica muestra a la luz, esto sí, una jerarquía de importancia que es la jerarquía misma de la vida y que vemos inscrita en toda la naturaleza. El mineral sirve al vegetal que de él se nutre, el vegetal sirve al animal (es el buey quien come la hierba, ¡no al contrario!) y los tres sirven a la creatura racional que es el hombre.
Esta jerarquía es para la vida, no en contra de ella. Esta es violada, por ejemplo, cuando se realizan gastos locos para los animales (¡y no por aquellos en peligro de extinción!), mientras que se dejan morir de hambre y enfermedades millones de niños delante de los propios ojos. Alguno querría abolir del todo la jerarquía entre los seres, presente en la Biblia e inherente en la naturaleza. Se nos empuja incluso a hipotizar y auspiciar un universo futuro sin la presencia de la especie humana, retenida dañina para el resto del creado. Se llama “ecología profunda”. Pero esto claramente no tiene sentido. Sería como si una inmensa orquesta fuera reducida a tocar una espléndida sinfonía, pero en el vacío total, sin que haya nadie para escuchar y los mismos que tocan fueran sordos.
Como es tranquilizante, en este contexto, volver a escuchar las palabras del salmo 8 que queremos hacer nuestras en esta vigilia de oración:
Al ver el cielo, obra de tus manos,
la luna y la estrellas que has creado:
¿qué es el hombre para que pienses en él,
el ser humano para que lo cuides?
Lo hiciste poco inferior a los ángeles,
lo coronaste de gloria y esplendor;
le diste dominio sobre la obra de tus manos,
todo lo pusiste bajo sus pies:
todos los rebaños y ganados,
y hasta los animales salvajes;
las aves del cielo, los peces del mar
y cuanto surca los senderos de las aguas.
¡Señor, nuestro Dios,
qué admirable es tu Nombre en toda la tierra!

2.- ¿Preocuparse, o no, del mañana?
Pasamos ahora al pasaje evangélico que hemos escuchado:
“Por eso les digo: No se inquieten por su vida, pensando qué van a comer, ni por su cuerpo, pensando con qué se van a vestir. ¿No vale acaso más la vida que la comida y el cuerpo más que el vestido? Miren los pájaros del cielo… Miren los lirios del campo…  No se inquieten entonces, diciendo: «¿Qué comeremos, qué beberemos, o con qué nos vestiremos?»…  No se inquieten por el día de mañana; el mañana se inquietará por sí mismo. A cada día le basta su aflicción. (Mt 6, 25 – 34).
Aquí las objeciones humanas se transforman en un coro de protesta. ¿No preocuparse del mañana?, ¿Pero no es lo que se propone con la ecología y que Papa Francisco hace en toda su encíclica ‘Laudato Si’? Es saludable que a veces reaccionemos así a la palabra de Jesús; es siempre la ocasión para descubrir algo de nuevo en sus palabras.
Pero esas palabras de Jesús hoy nos hablan también a todos nosotros. Dicen: no te preocupes por el mañana, pero ¡preocúpate por el mañana de aquellos que vienen después de nosotros! No se pregunten ¿Qué comeremos? ¿Qué beberemos? ¿Qué vestiremos? Pregúntense más bien ¿Qué comerán? ¿Qué beberán? ¿Qué vestirán nuestros hijos, los futuros habitantes de este planeta?”
Un gran estudioso de la antigüedad cristiana, Adolph von Harchak, ha escrito que cuando se trata de nosotros mismos, el Evangelio nos quiere despegados de los bienes de la tierra, pero cuando se trata del prójimo no quiere ni siquiera escuchar hablar de desinterés o de vivir la jornada. “La máxima ilusión del ‘libre juego de las fuerzas’, del ‘vivir y dejar vivir’ -sería mejor decir: vivir y dejar morir-, está en abierta oposición con el Evangelio. Lamentablemente esta máxima del ‘vivir y dejar morir’ es aquella que ninguno pronuncia, pero que muchos practican en la realidad. Jesús, en más ocasiones, se preocupa por dar él mismo de comer a la gente, multiplicando los panes y los peces, y al final pide recoger lo que quedaba “para que no se pierda nada” (Jn 6,12). Una palabra que se debería adoptar como lema en contra del desperdicio, sobre todo en campo alimenticio.
En realidad, el texto evangélico pone el hacha en la raíz – la misma hacha a la misma raíz que pone el Papa Francisco en su encíclica. Lo hace cuando dice al inicio del pasaje: “no pueden servir a Dios y a la riqueza”. Ninguno puede servir seriamente la causa de la salvaguardia de la creación si no tiene la valentía de señalar con el dedo en contra de la acumulación de riquezas exageradas en las manos de pocos y en contra del dinero que es la medida.
Que sea claro: Jesús nunca ha condenado la riqueza en sí misma. A Zaqueo le permite tener la mitad de sus bienes que debían haber sido sustanciosos; entre sus amigos está José de Arimatea llamado “hombre rico” (Mt, 27, 57). La que Jesús condena es la “riqueza deshonesta” (Lc 16, 9), la riqueza acumulada a expensas del prójimo, fruto de la corrupción y de la especulación, la riqueza sorda a las necesidades del pobre: aquella, por ejemplo, del rico epulón de la palabra, que hoy, entre otro, no está más por un individuo, sino por un entero hemisferio.

3.- Qué nos enseña Francisco de Asís
Ahora podemos dedicar un poco de atención también a Francisco de Asís y a su Cántico de las Criaturas que Papa Francisco, con feliz intuición, escogió como marco espiritual para su encíclica. ¿Qué podemos aprender de él, nosotros los hombres de hoy?
Francisco es la prueba viviente de la contribución que la fe en Dios puede dar al esfuerzo común para la salvaguardia de la creación. Su amor por las criaturas es una consecuencia directa de su fe en la paternidad universal de Dios. Todavía no tiene las razones prácticas que tenemos nosotros hoy para preocuparnos por el futuro del planeta: la contaminación atmosférica, la escasez de agua limpia... El suyo es un ecologismo puro de los fines utilitarios, por cuan legítimos, que tenemos nosotros hoy. Las palabras de Jesús “’padre’, no tienen sino uno, el Padre celestial; y todos ustedes son hermanos (cf. Mt 23: 8-9), le son suficientes. No son para él un principio abstracto; es el horizonte constante en el que vive y piensa. Fuerte con esta certeza, él ha querido poner al mundo entero “en un estado de fraternidad y en un estado de alabanza”.
Las fuentes franciscanas nos dicen los sentimientos con que Francisco se dispone a escribir su cántico:
“Por eso, quiero componer para su gloria, para consuelo nuestro y edificación del prójimo una nueva alabanza del Señor por sus criaturas. Cada día ellas satisfacen nuestras necesidades; sin ellas no podemos vivir, y, sin embargo, por ellas el género humano ofende mucho al Creador. Cada día somos ingratos a tantos dones y no loamos como debiéramos a nuestro Creador y al Dispensador de todos estos bienes". Se sentó, se concentró un momento y empezó a decir: "Altísimo, omnipotente, buen Señor...".
Las palabras del santo que definen bello el sol, bello hermano fuego, luminosas y bellas estrellas, son el eco de aquel: “Dios vio que era muy bueno”,  de la historia de la creación.
El pecado de fondo contra la creación, que precede a todos los demás, es el de no escuchar su voz, condenarlo irremediablemente, diría San Pablo, a la vanidad, a la insignificancia (cf. Rom. 8: 18f). El mismo Apóstol habla de un pecado fundamental que llama impiedad, o “ahogar la verdad”. Dice que es el pecado de quienes “habiendo conocido a Dios, no lo glorificaron ni le dieron gracias” como corresponde a Dios. Este no es, pues, sólo el pecado de los ateos que niegan la existencia de Dios; también es el pecado de los creyentes de cuyo corazón nunca salió un entusiasta  “¡Gloria a Dios en las alturas!”, ni un emotivo “Gracias, Señor”. La Iglesia pone en nuestros labios las palabras para hacerlo cuando, en el Gloria de la Misa, nos hace decir: “Te alabamos, te bendecimos, te adoramos, te glorificamos, te damos gracias, Señor, por tu inmensa Gloria”.
“Los cielos y la tierra – dice a menudo la Escritura - están llenos de su gloria”. Están, por así decir, preñados,  pero no pueden, por sí mismos, “liberarse”. Como la mujer encinta, necesitan también las hábiles manos de una partera para dar a luz aquello de lo que están “preñados”. Y estas “parteras” de la gloria de Dios debemos ser nosotros. ¡Cuánto tuvo que esperar el universo, qué largo tuvo que tomar, para llegar a este punto! Millones y millones de años, durante el cual la materia prima, a través de su opacidad, caminó hacia la luz de la conciencia, como la savia desde la base hacia la parte superior del árbol para crecer en la flor y la fruta!. Esta conciencia fue finalmente llegó, cuando apareció en el universo ", el fenómeno humano." Pero ahora que el mundo ha llegado a su meta, requiere hombre para cumplir con su deber, que tiene, por así decirlo, la dirección del coro y canta para todo el "Gloria a Dios en las alturas!"
Francisco nos muestra el camino para un cambio radical en nuestra relación con la creación: consiste en sustituir a la posesión, la contemplación. Él ha descubierto una manera diferente de gozar de las cosas que es la de contemplar, en lugar de su dueño. Puede regocijarse en todas las cosas, porque ha renunciado a poseer alguna. Las fuentes franciscanas nos describen la situación de Francisco cuando compuso su Cántico de las criaturas:
“Sin poder soportar de día la luz del sol, ni de noche el resplandor del fuego. Permanecía constantemente a oscuras tanto en la casa como en aquella celdilla; tenía, además, grandes dolores en los ojos día y noche, de modo que casi no podía descansar ni dormir durante la noche; lo que dañaba mucho y perjudicaba a la enfermedad de sus ojos y sus demás enfermedades”.
Francisco canta la belleza de las criaturas cuando ya no puede ver a ninguna de ellas, y, es más, la simple luz del sol o del fuego ¡le procura un dolor terrible! La posesión excluye, la contemplación incluye; la posesión divide, la contemplación, multiplica. Uno solo puede poseer un lago, un parque, y así todos los demás quedan excluidos; miles pueden contemplar ese mismo lago o parque, y todos disfrutar de él sin sustraerlo a nadie. Es una posesión más verdadera y profunda, un poseer dentro, no fuera, con el alma, no sólo con el cuerpo. ¿Cuántos latifundistas se han detenido a admirar una flor de sus campos o a acariciar una espiga de su grano? La contemplación permite poseer las cosas sin acapararlas.
El ejemplo de Francisco de Asís demuestra que la actitud religiosa y doxológica ante la creación no es sin consecuencias prácticas y operativas; no es algo montado en el aire. También empuja a gestos concretos. Así es como el primer biógrafo del Santo refiere algunos de estos gestos concretos del pobrecillo:
«Abraza todas las cosas con indecible afectuosa devoción y les habla del Señor y las exhorta a alabarlo (…) A los hermanos que hacen leña prohíbe cortar del todo el árbol, para que le quede la posibilidad de echar brotes. Manda al hortelano que deje a la orilla del huerto franjas sin cultivar, para que a su tiempo el verdor de las hierbas y la belleza de las flores pregonen la hermosura del Padre de todas las cosas. Manda que se destine una porción del huerto para cultivar plantas que den fragancia y flores, para que evoquen a cuantos las ven la fragancia eterna. Recoge del camino los gusanillos para que no los pisoteen; y manda poner a las abejas miel y el mejor vino para que en los días helados de invierno no mueran de hambre”.
Algunas de sus recomendaciones parecen escritas hoy, bajo la presión de los ambientalistas. Una vez dijo: “Yo jamás fui ladrón de limosnas”, que quiere decir, recibir más de lo necesario, quitando a quien necesita más que yo. Hoy en día esta regla podría tener una aplicación muy útil para el futuro de la tierra. Deberíamos proponérnosla también nosotros: no quiero ser ladrón de recursos, usando más de lo necesario y sustrayendo así a quien vendrá después de mí.
Ciertamente, Francisco no tenía la visión global y planetaria del problema ecológico, sino una visión local, inmediata. Pensaba en aquello que él podía hacer y, eventualmente, sus frailes. También aquí él nos enseña algo. Un lema ahora muy de moda dice: “Piensa globalmente, actúa localmente” piensa globalmente, pero actúa localmente. ¿Qué sentido tiene, por ejemplo, culpar a quienes contaminan la atmósfera, los océanos y los bosques, si yo no dudo en lanzar a la orilla de un río o del mar, una bolsa de plástico que permanecerá allí durante siglos, si alguien la recupera, si tiro en cualquier lugar, en la carretera o en el bosque, aquello de lo que me quiero liberar, o si embadurno las paredes de mi ciudad?
El cuidado de la creación, como la paz, se hace, diría nuestro Santo Padre Francisco, “artesanalmente”, comenzando inmediatamente por sí mismos. La paz comienza por ti, se repite a menudo en los mensajes para la Jornada Mundial de la Paz; también el cuidado de la creación comienza por ti. Era lo que un representante ortodoxo afirmaba ya en la Asamblea Ecuménica de Basilea de 1989, sobre la justicia, la paz y el cuidado de la creación: “Sin un cambio en el corazón humano, la ecología no tiene ninguna esperanza de éxito”.
Concluyo mi reflexión. Unas semanas antes de su muerte, san Francisco agregó una estrofa a su Cántico, que comienza con las palabras: “Alabado seas, mi Señor, por aquellos que perdonan por tu amor”. Creo que si viviera hoy añadiría otra estrofa a su canción: “Alabado seas mi Señor por todos los que trabajan para proteger a nuestra hermana la madre tierra, los científicos, los políticos, los líderes de todas las religiones y personas de buena voluntad. Alabado seas, mi Señor, por aquel que,  junto con mi nombre, también tomó mi mensaje y lo está llevando hoy a todo el mundo.
(Traducción del italiano: Griselda Mutual, Mercedes de la Torre, RV)

¿MAGIA NEGRA O MAGIA BLANCA?


¿Magia negra o magia blanca?
Tiempo Ordinario



Marcos 7, 31-37. Domingo 23o. del Tiempo Ordinario B. Abramos nuestro corazón de par en par para escuchar a Dios y ver con la fe, los milagros de amor, que realiza cada día en nuestra vida. 


Por: P. Sergio A. Córdova LC | Fuente: Catholic.net 



Te adelantamos las Reflexiones del Evangelio de la 21a. Semana del Tiempo Ordinario,  del domingo 6 al sábado 12 de septiembre 2015.
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Del santo Evangelio según san Marcos 7, 31-37
En aquel tiempo, Jesús se marchó de la región de Tiro y vino de nuevo, por Sidón, al mar de Galilea, atravesando la Decápolis. Le presentan un sordo que, además, hablaba con dificultad, y le ruegan imponga la mano sobre él. El, apartándole de la gente, a solas, le metió sus dedos en los oídos y con su saliva le tocó la lengua. Y, levantando los ojos al cielo, dio un gemido, y le dijo: «Effatá», que quiere decir: «¡Ábrete!» Se abrieron sus oídos y, al instante, se soltó la atadura de su lengua y hablaba correctamente. Jesús les mandó que a nadie se lo contaran. Pero cuanto más se lo prohibía, tanto más ellos lo publicaban. Y se maravillaban sobremanera y decían «Todo lo ha hecho bien; hace oír a los sordos y hablar a los mudos.» 

Oración introductoria
Señor, así como apartaste al hombre del Evangelio a un lado de la gente, te pido hoy que me separes de las distracciones, de mis vanas preocupaciones, apártame de todo lo que no seas Tú. Toca mi alma con tus manos, mete tus dedos en los oídos de mi corazón para que me abra a tu gracia y a todo lo que me quieres decir en esta oración.

Petición
Señor, ayúdame a escuchar tu Palabra, a guardarla siempre en mi corazón y a ponerla en práctica.

Meditación del Papa Francisco
En el Evangelio, Jesús encuentra gente que tiene miedo de ponerse en camino y que se conforma con una caricatura de Dios. Es un documento de identidad falso. Estos no-inquietos han hecho callar la inquietud del corazón, pintan a Dios con mandamientos y se olvidan de Dios: Ustedes, descuidando el mandamiento de Dios, observan las tradiciones de los hombres, y así se alejan de Dios, no caminan hacia Dios, y cuando tienen una inseguridad, inventan o hacen otro mandamiento.
Quien se comporta de esta manera toma un camino entre comillas, un camino que no camina, un camino quieto.
Hoy la liturgia nos hace reflexionar sobre estos dos textos: dos documentos de identidad. La que todos nosotros tenemos, porque el Señor nos ha hecho así, y la que nos dice: ‘Ponte en camino y tendrás conocimiento de tu identidad, porque tú eres imagen de Dios, estás hecho a semejanza de Dios. Ponte en camino y busca a Dios’. Y la otra: ‘No, no te preocupes: cumple todos estos mandamientos y este es Dios. Este es el rostro de Dios’. Que el Señor nos dé a todos la gracia de la valentía de ponernos siempre en camino, para buscar el rostro del Señor, ese rostro que un día veremos pero que aquí, en la Tierra, debemos buscar. (Cf Homilía de S.S. Francisco, 10 de febrero de 201, en Santa Marta).
Reflexión
¿Magia negra o magia blanca?... Los evangelios nos narran muchos milagros realizados por nuestro Señor a lo largo de su vida. Y sólo de dos o tres de ellos se nos registra también una breve fórmula pronunciada por Jesús, en su lengua original, que acompaña el milagro. Uno fue cuando resucitó a la hija de Jairo: –"Thalita qumi" –le dijo–; palabras que, según nos explica el mismo evangelista, significan: –"¡Niña, levántate!". El otro caso es el Evangelio de hoy, cuando Jesús realiza la curación del sordomudo: –"¡Effetá!", es decir, "¡ábrete!".

A un ignorante en materia de religión o desconocedor de las Escrituras –cosa, por lo demás, no muy extraña entre los católicos– estas frases le podrían sonar a una fórmula mágica, algo así como el “ada-cadabra” de los cuentos de hadas y brujas. Pero, obviamente, no es así. No se trata de magia. Son expresiones cargadas no sólo de un rico significado teológico, sino también de un profundo simbolismo espiritual: son oraciones. Una especie de "sacramento".

Cuando el sacerdote administra un sacramento, pronuncia al mismo tiempo una breve oración que acompaña el gesto, exactamente igual a como hace Jesús en esta ocasión al obrar el milagro. Su palabra omnipotente es eficaz porque produce lo que dice: Le ordena levantarse a la niña, y ésta se levanta de su lecho de muerte. Y al sordomudo le ordena que se le abran los oídos y la lengua, y éstos le obedecen. Así son también los sacramentos. El sacerdote dice, en nombre de Cristo: "yo te absuelvo de tus pecados", y los pecados son perdonados; y afirma "esto es mi Cuerpo" y se realiza el milagro de la transubstanciación, o sea, la conversión real del pan y del vino en el Cuerpo y la Sangre del Señor. Y en el rito del bautismo, el sacerdote pronuncia al pie de la letra la palabra "Effetá" para simbolizar que el recién bautizado ha sido ya curado de su sordera y de su mudez espiritual. ¡Cada sacramento es un auténtico milagro de la gracia, que realiza un cambio profundo en el corazón del cristiano!

Pero aún hay algo más. Nuestro Señor tiene el poder de curar enfermos, de resucitar a los muertos, de devolver la vista a los ciegos, la capacidad de oír a los sordos y el habla a los mudos porque es Dios. Es Todopoderoso y lo que El quiere, lo hace con su poder. Pero, ¡atención! El es capaz de curar las enfermedades corporales sin nuestra intervención, pero NO puede curar las enfermedades de nuestra alma si nosotros no se lo permitimos; más aún, si no colaboramos con nuestra voluntad y si no accedemos con nuestra libertad a la acción de su gracia. Dios respeta nuestra libre elección y no violenta a nadie a escoger el bien a la fuerza. ¡Qué misterio!

Jesucristo, durante su vida pública, devolvió la vista a muchos ciegos. Pero no pudo librar de su ceguera espiritual a los escribas y a los fariseos. Devolvió la capacidad de oír a este sordo, pero no fue capaz de hacer oír su voz ni el mensaje del Evangelio a muchos judíos de su tiempo. Después de que el Señor curó al ciego de nacimiento –nos cuenta san Juan– pronunció estas tremendas palabras: "Yo he venido al mundo para un juicio: para que los que no ven, vean; y para que los que ven, se vuelvan ciegos. Si fuerais ciegos, no tendríais pecado: pero como decís: Vemos, vuestro pecado permanece" (Jn 9, 40-41). Obviamente, nuestro Señor se estaba refiriendo a los incrédulos fariseos y saduceos, enemigos encarnizados de Jesús. Esos nunca se abrieron a la fe ni quisieron aceptar jamás a nuestro Señor ni su mensaje porque iba en contra de sus inconfesados intereses egoístas y de su ambición de poder. ¡Qué tragedia!

Así pues, las palabras de nuestro Señor en el Evangelio de hoy no son una "fórmula mágica"; nos revelan todo un mensaje de salvación. Ojalá que nosotros no cerremos nunca a Dios los oídos de nuestra alma ni nos tapemos los ojos para no ver la luz del sol. Más bien, abramos nuestro corazón de par en par para escuchar su palabra y para ver con la fe los milagros de su amor, que realiza cada día en nuestra vida. "Ver", en lenguaje bíblico, significa creer; y "oír" es sinónimo de docilidad.

Propósito
Ojalá que ya no seamos ciegos ni sordomudos, sino que, viendo y escuchando, produzcamos frutos de buenas obras y de caridad verdadera. Son las obras y no sólo las palabras las que dan testimonio de nuestra fe, como nos recuerda el apóstol Santiago: "Muéstrame tu fe sin las obras, que yo por mis obras te mostraré mi fe".

Diálogo con Cristo 
Jesús, conducir a una persona a tu encuentro, invitar a los demás a tener una experiencia espiritual de tu amor, ¡qué inmerecida pero maravillosa misión! Concédeme tu gracia para ser un buen instrumento en tus manos.

 
Preguntas o comentarios al autor   P. Sergio Córdova LC

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