martes, 15 de septiembre de 2015

EL TRASFONDO DE LA PROTITUCIÓN

El trasfondo de la prostitución
Un estudio de los Jesuitas españoles para los migrantes (Sjm) constata que la trata es uno de los principales negocios en el mundo


Por: Forumlibertas.com | Fuente: actualidadyanalisis.blogspot.com 



Según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), cerca de 21 millones de personas son víctimas de la trata de seres humanos en el mundo, una lacra que no para de crecer y que supone uno de los principales negocios a nivel planetario.
Esto es lo que constata un reciente estudio, 'La trata de seres humanos, el negocio del comercio de las personas', que se puede consultar en el documento adjunto y que ha sido elaborado por el servicio de los Jesuitas españoles para los migrantes (Sjm).
Se trata de un negocio y fenómeno criminal global que golpea en particular a mujeres y niñas, que en la mayoría de los casos acaban siendo explotadas sexualmente. De hecho, cada año cerca de 500.000 mujeres provenientes de países pobres entran en Europa para ser explotadas en el ámbito de la economía criminal con un objetivo sexual, afirma el estudio.
De esta manera, en el trasfondo de la prostitución, sobre cuya despenalización hay un vivo debate en España y otros países europeos, está la constatación de que el 79% del tráfico de personas tiene que ver con la explotación sexual, señala el informe de los Sjm.
Se trata de una estadística que cabría recordar a organizaciones como Amnistía Internacional, que promueve la despenalización de la prostitución, argumentando que la venta de sexo "es un trabajo".
Diferentes cifras, todas preocupantes
Uno de los problemas de fondo al que nos enfrentamos, observa el estudio, es el de la falta de estadísticas sobre el fenómeno elaboradas por los diferentes Estados. Es decir, no existe todavía un monitoreo articulado a nivel local del problema y sin embargo al mismo tiempo son numerosas las investigaciones llevadas a cabo por agencias internacionales que describen en conjunto un cuadro alarmante.
Según las Naciones Unidas, el contrabando de seres humanos a través de las fronteras afecta al menos a cuatro millones de personas y factura entre siete y diez millones de dólares cada año.
Sin embargo, según la Interpol (Organización internacional de la policía criminal), sumando las ganancias provenientes de la trata verdadera a los intereses de las bandas criminales que controlan el tráfico de migrantes, los números son distintos: el negocio alcanzaría de hecho los 39 mil millones de dólares cada año, una cifra que compite con las derivadas del tráfico de droga y de armas.
"Crímenes muy graves"
No por casualidad la Santa Sede ha recordado en repetidas ocasiones durante los pasados meses la unión entre estos distintos fenómenos gestionados a menudo por las mismas organizaciones criminales o por grupos en contacto entre ellos.
El pasado mes de abril el Papa afirmó: “He declarado en repetidas ocasiones que estas nuevas formas de esclavitud –tráfico de seres humanos, trabajos forzados, prostitución, comercio de órganos– son crímenes muy graves, una plaga en el cuerpo de la humanidad contemporánea”.
Francisco invocó después a una legislación adecuada para contrarrestar el fenómeno, llevar a los traficantes ante la justicia y reinvertir las ganancias de un comercio criminal.
Feminización de la trata y menores
También el trabajo en negro y el trabajo en esclavitud son aspectos directamente relacionados tanto con las migraciones como con el comercio de seres humanos.
En este sentido, el estudio de los Jesuitas españoles habla de feminización de la trata: el 55% de todas las víctimas de la explotación del trabajo son mujeres o niñas.
Un cuadro general que se confirma con otros datos de carácter global: según las Naciones Unidas, la mayor parte de los mil millones y medio de personas que viven con un dólar al año está compuesta por mujeres.
En el documento se observa además que quienes gestionan el reclutamiento de mujeres jóvenes lo hacen a través de falsas promesas de trabajo como modelos, secretarias o dependientes en un país rico; sin embargo, subraya, algunas de ellas saben bien de estar destinadas a ejercer la prostitución, teniendo el consenso (exhorto con promesas económicas) de sus familias.
El informe cita algunos itinerarios seguidos por los modernos mercaderes de esclavos sexuales, como el que va desde Myanmar, China y Camboya hasta Tailandia; o el que va desde Rusia a los Emiratos del Golfo, o el camino que pasa desde Filipinas y Colombia hasta Japón, o desde Brasil, Paraguay, Colombia y Nigeria y llega hasta España.
El documento de los Jesuitas señala también que “desde el fin de la cortina de hierro, decenas de miles de mujeres y niñas han sido 'exportadas' desde Rusia, Ucrania, Moldavia y Rumania para ser explotadas en las ciudades de Europa occidental y Japón”.
Finalmente explica que la trata con fines de explotación sexual tiene como víctimas también otro grupo muy vulnerable: los menores.
Según Unicef, hasta dos millones de niños son obligados a prostituirse en el comercio sexual en todo el mundo. Pero la trata de menores presenta otras posibilidades igualmente graves: la adopción ilegal de menores extranjeros, el tráfico de órganos, el secuestro de menores para ser utilizados en los conflictos armados (niños soldado) o en la mendicidad, a menudo acompañado por actividades delictivas

GUÍA PARA LEER LAS SAGRADAS ESCRITURAS


Guía para leer las Sagradas Escrituras
Conocer la Biblia


Presentamos algunas claves para entender que no se trata de un escrito cualquiera puesto que estamos frente a un misterioso diálogo en donde Dios habla y cada uno de nosotros escuchamos y damos una respuesta.


Por: P. Alejo | Fuente: El ABC de las Sagradas Escrituras 




¿Cómo se lee la Biblia?

Se puede decir que la Biblia es uno de los libros más leídos. Hay muchos libros de autores antiguos que se leen, pero generalmente por especialistas o por iniciados en los temas correspondientes, pero la Biblia es leída por personas de todos los niveles intelectuales. ¿A qué se debe ese fenómeno?

Algunos leerán la Biblia por curiosidad -pocos-, la mayoría porque en la Biblia espera encontrar respuestas a los interrogantes que más afectan al hombre: ¿quién soy? ¿de dónde vengo? ¿cuál es el sentido de la vida? ¿cómo encontrar la felicidad? ¿en qué consiste el verdadero amor?

Para algunos las respuestas que da la Biblia son una opinión más, pero de mucho peso, ya que toda la cultura de occidente se ha edificado sobre la sabiduría en ella contenida. Para otros, las respuestas que da la Biblia son las respuestas, las únicas válidas para las aspiraciones más profundas del hombre.

En cualquier caso, quien quiere llegar a algún sitio ha de elegir el camino para conseguirlo. Si se ofrecen varios caminos, ha de ponderarlos cuidadosamente y más cuidadosamente si el punto de llegada tiene un interés capital, como lo es la cuestión de la felicidad. Si la Biblia es, al menos, un camino que muchos han seguido y siguiéndolo muchos han llegado, es de sentido común conocerla al menos para tomar las propias decisiones.

Antes de adentrarnos en la materia es necesario hacer unas consideraciones preliminares. Esas consideraciones están orientadas a conseguir la actitud mental adecuada para entender el mensaje y a configurar el marco en el que se sitúa la Biblia.

El primer punto se refiere a los distintos modos que los hombres tenemos para conocer la realidad. Salta a la vista que son diferentes las actitudes mentales del matemático, del botánico, del economista, del comerciante, del político, de la madre que conoce a su hijo. Y sin embargo en todos los casos se tienen conocimientos verdaderos. ¿Cuál es la actitud mental para conocer el mensaje de la Biblia?

El segundo pretende hacernos ver en qué se distingue la Biblia de cualquier otro libro que pretenda también dar respuestas a los interrogantes más profundos del hombre. La Biblia no es una exposición científica acerca del universo, no es un tratado de antropología ni siquiera un tratado de teología, en el sentido tradicional de la palabra.

La Biblia es un libro religioso que pretende recoger la intervención de Dios en la vida de los hombres, el diálogo de amor de Dios con los hombres. Y precisamente como se dirige a todos los hombres está escrita en un lenguaje que todos puedan entender, el lenguaje común de las gentes que convivieron con los autores de esos libros que componen la Biblia. Por supuesto que en ese diálogo, como en todo diálogo, se dan a conocer sus interlocutores, los fines e ideales de cada uno, los planes que tienen; en este diálogo, además, uno de ellos, Dios, arroja luz sobre lo que es el otro, el hombre.

Desde luego que existen otros libros que podemos encuadrar dentro del género de «Libros religiosos» como son el Corán, las Máximas de Confucio, el Zendavesta, incluso podríamos, si ampliamos mucho el concepto, incluir aquí todas las mitologías. Alguno de esos libros nos habla de Dios, otros de la constitución del mundo, del origen del mal, nos dan normas de comportamiento. Pero, a diferencia de la Biblia, nos hablan de un Dios imaginado por el hombre y de una constitución del mundo también imaginada por el hombre, no de realidades.

La Biblia tiene la pretensión de hablarnos de un Dios real, no construido por la imaginación del hombre, del origen del mundo como algo real, no como una mitología, de unas normas de conducta enunciadas por aquél que conoce al hombre. Pero no es esta la pretensión última de la Biblia. La Biblia quiere transmitirnos un diálogo de amor de Dios con los hombres, mejor aún, con el hombre, pero, aún más, quiere incorporarnos a cada uno a un diálogo, personal, de amor con Dios.

Cuando hablamos de diálogo debemos notar que, en cierto sentido, estamos hablando de la actividad más crucial para el hombre. Un hombre sin diálogo es un solitario, incompleto, sin amigos, sin amor. La única forma que tiene el hombre de comunicarse es abrirse al tú con el diálogo. Por supuesto que el diálogo tiene distintos grados de profundidad y, dependiendo de esos grados de profundidad, son los lazos de unión que establece. Desde la relación comercial que se establece en un diálogo superficial con el vendedor de la tienda, hasta la comunión de vida y amor que se establece en el diálogo entre marido y mujer. Por supuesto que en el diálogo entran en juego todos los medios de comunicarse que tienen los hombres.

Pues bien, ese diálogo al que pretende incorporarnos la Biblia es un diálogo de amor con Dios en el que se establecen vínculos tan estrechos y profundos que se puede hablar de amistad, filiación. Más aún, pretende incorporarnos a ese "diálogo" eterno entre el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo y que la unión establecida por ese diálogo se refleje en la Iglesia, es lo que pidió Jesucristo en su oración sacerdotal: "ut omnes unum sint sicut tu pater in me et ego in te, ut sint unum sicut et nos unum sumus" (Juan). Algunos místicos han llegado a decir que en la unión con Dios el diálogo llega a ser: Dios dice al alma: todo lo mío es tuyo y el alma dice a Dios: todo lo mío es tuyo.

¿Pero la Biblia no nos relata un diálogo que tuvo Dios con hombres que ya murieron? ¿Cómo es posible que yo me incorpore a ese diálogo? Efectivamente, la palabra del hombre es temporal, se pierde en la historia, pero la de Dios es eterna y permanece siempre actual. Más aún, la palabra del hombre, en la medida que es parte de ese diálogo con Dios, de alguna manera participa de esa eternidad y de esa actualidad. Por eso puedo yo incorporarme a ese diálogo que llamamos también revelación pública y convertirlo en un diálogo personal: yo y Dios.

Por todo lo anterior se ve claro cuál es la disposición que hemos de tener para leer la Biblia con fruto. Ha de ser una disposición de fe y amor. Esto implica la vida de la gracia y la vida de oración. Se trata en realidad no sólo de leer la Biblia sino de vivir dentro de esa historia de amor que son el Antiguo Testamento y el Nuevo Testamento.

II. La Biblia. Generalidades.

1 . Los nombres de la Biblia

Los autores humanos de la Biblia no le pusieron nombre a los libros que escribieron ni tampoco los firmaron. Tanto el nombre genérico de la obra como el de cada libro en particular les fueron dados posteriormente.
Los hebreos dividían la Biblia en tres grandes secciones, cada una de ellas comprendía varios libros.
La primera sección la llamaban TORAH, que significa LA LEY y comprendía los cinco primeros libros;
La segunda era LOS KETUBIM, que significa LOS ESCRITORES, y a la última le llamaban LOS URIM, que quiere decir LOS PROFETAS.

El conjunto de todos ellos se designaba como LAS SAGRADAS ESCRITURAS.

Al aparecer el cristianismo se sumaron a los antiguos libros hebreos los escritos de los Apóstoles y discípulos suyos que transmitieron la vida y doctrina de Jesús, y estos nuevos libros Sagrados fueron recibidos con igual veneración por los primeros Cristianos y juntados a los antiguos libros sagrados Hebreos. Fue entonces cuando este conjunto de Libros Sagrados escritos por inspiración de Dios en número total de 73, comenzó a recibir diversos nombres. Se le llama: PALABRA DE DIOS, SAGRADA ESCRITURA, ANTIGUO Y NUEVO TESTAMENTO y, finalmente, LA BIBLIA.

¿Por qué esos nombres tan diversos? Como veremos a continuación, cada uno de ellos expresa aspectos importantes de lo que es la Biblia.

Se llama SAGRADA ESCRITURA para expresar que no se trata un libro en el que se puedan buscar enseñanzas de tipo científico, y que tampoco es un tratado de filosofía o de teología. Ese nombre nos hace ver que se trata de un libro exclusivamente religioso que pretende unirnos a Dios, expresando de manera que entienda todo mundo lo que Dios nos dice para que le amemos y seamos felices.

La palabra griega diatheke, empleada para traducir el hebreo berith, alianza, es también susceptible de tener el sentido de testamento. El autor de la epístola a los Hebreos jugará deliberadamente sobre este doble sentido posible, para señalar cuán estrecho es el enlace entre la nueva alianza y la muerte de Cristo (indicada en las palabras de la consagración del cáliz en la cena), y de ahí la expresión de Nuevo Testamento que en todas las lenguas será tomada como sinónima de nueva alianza. Como la nueva alianza viene a sustituir la nueva de aquí surgen otras dos denominaciones de la Biblia.

Antiguo y Nuevo Testamento

La misma palabra testamento que nos trae a la mente la idea de la expresión de los últimos deseos de un padre antes de morir, que deja a sus hijos la herencia de bienes y buenos deseos. Así también nos dice que Dios nos deja una herencia para que seamos felices.

ANTIGUA Y NUEVA ALIANZA nos descubre que Dios ha hecho dos alianzas con los hombres y que en la Biblia están consignados los términos de ellas. Que ha habido esas alianzas significa que existe un compromiso mutuo entre Dios y la humanidad. La Antigua Alianza fue rota, como luego veremos, no por Dios sino por el pueblo de Israel, pero Dios promete una nueva y definitiva Alianza que tendrá lugar en Cristo.

Finalmente el nombre más común para designar los libros santos es el de BIBLIA, expresión que proviene del griego. Si se considera que procede de "Ta Biblia" significará "El libro", como si dijésemos que ese es el libro por excelencia, el libro de los libros. Si se toma como originado en "Ton Biblion", significará los libros, expresión que nos hace ver que se trata de una pequeña biblioteca, un conjunto de 73 libros muy distintos entre sí, escritos en diversas circunstancias, en géneros literarios muy diferentes y en un lapso de tiempo muy prolongado. Desde que se escribió el primer libro hasta que se escribió el último de ellos transcurrieron muy probablemente 1600 años.

2. Temas de la Biblia

Si bien es verdad que podemos leer aisladamente los libros de la Biblia y nos dejarán un mensaje bueno y útil para la vida, los 73 libros que la componen, a pesar de su diversidad, tienen un tema común. Todos giran alrededor de la PALABRA DE DIOS, del DABAR YAHWÉH. Como veremos más adelante, San Juan en el prólogo de su evangelio llama a Cristo Logos, que equivale a Verbo en latín y a Palabra en castellano.
Este único tema lo desarrolla la Biblia en 46 libros del Antiguo Testamento -antes de la venida de Cristo- y 27 del Nuevo Testamento -después de la venida de Cristo-. Pero no obstante el tema único la forma literaria y el contenido de todos esos libros es diverso. Atendiendo a estas últimas características se pueden clasificar en tres clases distintas perfectamente definidas.

LIBROS HISTÓRICOS. Tratan de narrar, a su manera, acontecimientos realmente sucedidos, aunque no pretendan ser una historia en el sentido técnico de la palabra.
La doctrina, un mensaje, valiéndose a veces de imágenes, alegorías, parábolas o recursos poéticos.
LIBROS PROFÉTICOS. Tienen como objetivo principal recordar la Alianza con Dios. A la luz de esa alianza explican sucesos presentes al profeta y también anuncian acontecimientos futuros, para exhortar, sostener la esperanza y la fidelidad, advertir, etc.

Por supuesto que historia, doctrina y profecía se pueden encontrar en todos los libros de la Biblia, aunque cada libro se dedique más a uno de esos aspectos. En el Antiguo Testamento encontramos 21 libros históricos, 7 doctrinales y 18 proféticos. En el Nuevo Testamento tenemos 5 históricos, 21 doctrinales y 1 profético.

NUESTRA SEÑORA DE LOS DOLORES, 15 DE SEPTIEMBRE



Nuestra Señora de los Dolores
Bajo el título de la Virgen de la Soledad o de los Dolores se venera a María en muchos lugares, 15 de septiembre


Por: Tere Fernández | Fuente: catholic.net 




Memoria

Memoria de Nuestra Señora de los Dolores, que de pie junto a la cruz de Jesús, su Hijo, estuvo íntima y fielmente asociada a su pasión salvadora. Fue la nueva Eva, que por su admirable obediencia contribuyó a la vida, al contrario de lo que hizo la primera mujer, que por su desobediencia trajo la muerte.

Los Evangelios muestran a la Virgen Santísima presente, con inmenso amor y dolor de Madre, junto a la cruz en el momento de la muerte redentora de su Hijo, uniéndose a sus padecimientos y mereciendo por ello el título de Corredentora.

La representación pictórica e iconográfica de la Virgen Dolorosa mueve el corazón de los creyentes a justipreciar el valor de la redención y a descubrir mejor la malicia del pecado.

Bajo el título de la Virgen de la Soledad o de los Dolores se venera a María en muchos lugares.


Un poco de historia

Bajo el título de la Virgen de la Soledad o de los Dolores se venera a María en muchos lugares. La fiesta de nuestra Señora de los Dolores se celebra el 15 de septiembre y recordamos en ella los sufrimientos por los que pasó María a lo largo de su vida, por haber aceptado ser la Madre del Salvador.

Este día se acompaña a María en su experiencia de un muy profundo dolor, el dolor de una madre que ve a su amado Hijo incomprendido, acusado, abandonado por los temerosos apóstoles, flagelado por los soldados romanos, coronado con espinas, escupido, abofeteado, caminando descalzo debajo de un madero astilloso y muy pesado hacia el monte Calvario, donde finalmente presenció la agonía de su muerte en una cruz, clavado de pies y manos.

María saca su fortaleza de la oración y de la confianza en que la Voluntad de Dios es lo mejor para nosotros, aunque nosotros no la comprendamos.

Es Ella quien, con su compañía, su fortaleza y su fe, nos da fuerza en los momentos de dolor, en los sufrimientos diarios. Pidámosle la gracia de sufrir unidos a Jesucristo, en nuestro corazón, para así unir los sacrificios de nuestra vida a los de Ella y comprender que, en el dolor, somos más parecidos a Cristo y somos capaces de amarlo con mayor intensidad.

¿Que nos enseña la Virgen de los Dolores?

La imagen de la Virgen Dolorosa nos enseña a tener fortaleza ante los sufrimientos de la vida. Encontremos en Ella una compañía y una fuerza para dar sentido a los propios sufri-mientos.

Cuida tu fe:

Algunos te dirán que Dios no es bueno porque permite el dolor y el sufrimiento en las personas. El sufrimiento humano es parte de la naturaleza del hombre, es algo inevitable en la vida, y Jesús nos ha enseñado, con su propio sufrimiento, que el dolor tiene valor de salvación. Lo importante es el sentido que nosotros le demos.

Debemos ser fuertes ante el dolor y ofrecerlo a Dios por la salvación de las almas. De este modo podremos convertir el sufrimiento en sacrificio (sacrum-facere = hacer algo sagrado). Esto nos ayudará a amar más a Dios y, además, llevaremos a muchas almas al Cielo, uniendo nuestro sacrificio al de Cristo.


Oración: 

María, tú que has pasado por un dolor tan grande y un sufrimiento tan profundo, ayúdanos a seguir tu ejemplo ante las dificultades de nuestra propia vida.

AHÍ TIENES A TU MADRE


Ahí tienes a tu madre
Solemnidades y Fiestas



Juan 19, 25-27. Tiempo Ordinario. María, Nuestra Señora de los Dolores, fiel como siempre, a los pies de la cruz. 


Por: P . Clemente González | Fuente: Catholic.net 



Te adelantamos las Reflexiones del Evangelio de la 24a. Semana del Tiempo Ordinario,  del domingo 13 al sábado 19 de septiembre 2015.
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Del santo Evangelio según san Juan 19, 25-27 
Junto a la cruz de Jesús estaban su madre y la hermana de su madre, María, mujer de Cleofás, y María Magdalena. Jesús, viendo a su madre y junto a ella al discípulo a quien amaba, dice a su madre: Mujer, ahí tienes a tu hijo. Luego dice al discípulo: Ahí tienes a tu madre. Y desde aquella hora el discípulo la acogió en su casa.

Oración
Dios mío, ¡qué gran misterio de amor me propones hoy para mi meditación! A pesar de que una espada atravesó el corazón de tu Madre Santísima, ella siempre se mantuvo firme en la fe y con gran amor hoy me acoge, me ama y me enseña las virtudes que me pueden llevar a la santidad.

Petición
María, intercede por mí para que pueda hacer una buena oración.

Meditación del Papa Francisco
Nuestro camino de fe está unido de manera indisoluble a María desde el momento en que Jesús, muriendo en la cruz, nos la ha dado como Madre diciendo: “He ahí a tu madre”. Estas palabras tienen un valor de testamento y dan al mundo una Madre. Desde ese momento, la Madre de Dios se ha convertido también en nuestra Madre. En aquella hora en la que la fe de los discípulos se agrietaba por tantas dificultades e incertidumbres, Jesús les confió a aquella que fue la primera en creer, y cuya fe no decaería jamás. Y la “mujer” se convierte en nuestra Madre en el momento en el que pierde al Hijo divino. Y su corazón herido se ensancha para acoger a todos los hombres, buenos y malos, y los ama como los amaba Jesús. La mujer que en las bodas de Caná de Galilea había cooperado con su fe a la manifestación de las maravillas de Dios en el mundo, en el Calvario mantiene encendida la llama de la fe en la resurrección de su Hijo, y la comunica con afecto materno a los demás. María se convierte así en fuente de esperanza y de verdadera alegría.
La Madre del Redentor nos precede y continuamente nos confirma en la fe, en la vocación y en la misión. Con su ejemplo de humildad y de disponibilidad a la voluntad de Dios nos ayuda a traducir nuestra fe en un anuncio del Evangelio alegre y sin fronteras. De este modo nuestra misión será fecunda, porque está modelada sobre la maternidad de María. A ella confiamos nuestro itinerario de fe, los deseos de nuestro corazón, nuestras necesidades, las del mundo entero, especialmente el hambre y la sed de justicia y de paz; y la invocamos todos juntos: ¡Santa Madre de Dios! (Homilía de S.S. Francisco, 1 de enero de 2014).
Reflexión
Cuando Dios había decidido venir a la tierra había pensado ya desde toda la eternidad en encarnarse por medio de la criatura más bella jamás creada. Su madre habría de ser la más hermosa de entre las hijas de esta tierra de dolor, embellecida con la altísima dignidad de su pureza inmaculada y virginal. Y así fue. Todos conocemos la grandeza de María.

Pero María no fue obligada a recibir al Hijo del Altísimo. Ella quiso libremente cooperar. Y sabía, además, que el precio del amor habría de ser muy caro. “Una espada de dolor atravesará tu alma” le profetizó el viejo Simeón. Pero, ¡cómo no dejar que el Verbo de Dios se entrañara en ella! Lo concibió, lo portó en su vientre, lo dio a luz en un pobre pesebre, lo cargó en sus brazos de huida a Egipto, lo educó con esmero en Nazaret, lo vio partir con lágrimas en los ojos a los 33 años, lo siguió silenciosa, como fue su vida, en su predicación apostólica...

Lo seguiría incondicionalmente. No se había arrepentido de haber dicho al ángel en la Anunciación: “Hágase”. A pesar de los sufrimientos que habría de padecer. ¡Pero si el amor es donación total al amado! Ahora allí, fiel como siempre, a los pies de la cruz, dejaba que la espada de dolor le desencarnara el corazón tan sensible, tan puro de ella, su madre. A Jesús debieron estremecérsele todas las entrañas de ver a su Purísima Madre, tan delicada como la más bella rosa, con sus ojos desencajados de dolor. Los dos más inocentes de esta tierra. Aquella única inocente, a la que no cargaba sus pecados. La Virgen de los Dolores. La Corredentora.

Ella nos enseña la gallardía con que el cristiano debe sobrellevar el dolor. El dolor no es ya un maldito hijo del pecado que nos atormenta tontamente; es el precio del amor a los demás. No es el castigo de un Dios que se regocija en hacer sufrir a sus criaturas, es el momento en que podemos ofrecer ese dolor por el bien espiritual de los demás, es la experiencia de la corredención, como María. Ella miró la cruz y a su Hijo y ofreció su dolor por todos nosotros.

¿No podríamos hacer también lo mismo cuando sufrimos? Mirar la cruz. Salvar almas. La diferencia con Nuestra Madre es que en esa cruz el sufrir de nuestra vida está cargado en las carnes del Hijo de Dios. Él sufrió por nuestros pecados. Él nos redimió sufriendo. Ella simplemente miró y ayudó a su Hijo a redimirnos.

Propósito
En este día rezar a la Virgen Dolorosa para que interceda por nosotros en los mometos de enfermedad y sufrimiento y encomendar a su cuidado a los enfermos o personas que sufren que están cerca de nosotros.

Diálogo con Cristo
Jesús, aunque experimente dificultades y problemas, situaciones de sufrimiento y dolor, momentos difíciles de comprender y de aceptar, siguiendo el ejemplo de María, tengo la seguridad que todo tendrá una razón y un sentido. Sin embargo soy débil para ofrecerte que quiero ser purificado en el dolor… simplemente sé y confío en que me darás lo que necesito para entrar un día en el cielo, ¡gracias Padre mío!
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