lunes, 5 de octubre de 2015

TÚ ESTÁS LLAMADO A LA SANTIDAD

Tú estás llamado a la santidad
Santidad

Sed santos en toda vuestra conducta como dice la Escritura: Seréis santos, porque santo soy yo (1 Pedro 1,15),


Por: Javier Lopéz | Fuente: webcatolicodejavier.org 



Dejarse cambiar es convertirse. Dejarse transformar es santidad.
¿Quién está llamado a la santidad?

Todo hombre, toda mujer y todo niño de toda época, en todo estado de vida, condición, grado de talento y profesión.
Tú estás llamado a la santidad.
Sed santos en toda vuestra conducta como dice la Escritura: "Seréis santos, porque santo soy yo" (1 Pedro 1,15),

¿Por qué?

¡Porque Dios te ama!
Tú eres precioso para Él.
Tú le perteneces a Él.
Él te amó antes de que existiera el tiempo.
Él es tu Padre.
Tú lo necesitas.
Él desea que tú seas como Él: Santo.
"En efecto, hechura suya somos: creados en Cristo Jesús, en orden a las buenas obras que de antemano dispuso Dios que practicáramos"
(Efesios 2,10)

¿Cuándo?

¡Ahora! Hoy, en este momento.
Su gracia te basta 
"En el tiempo favorable te escuché y en el día de salvación te ayudé. ¡Mirad!, ahora es el tiempo favorable; ahora el día de salvación "
(2 Corintios 6,2).

¿Dónde puedo practicar la Santidad?

En el hogar
En el trabajo
En el descanso
En la escuela
en una multitud
sólo
en tu familia
en la prisión
en el ghetto.
Tú puedes ser Santo en todas partes

"Por tanto, ya comáis, ya bebáis o hagáis cualquier otra cosa, hacedlo todo para gloria de Dios"
(1 Corintios 10,31)

¿Es esto posible? 

Sí, Jesús dará frutos en ti si tú cooperas con Su gracia. La gracia se recibe con el arrepentimiento, la Confesión, la Comunión, la oración, los sacramentos, la Escritura, las buenas obras—amor, fe y esperanza.

"Pero llevamos este tesoro en vasos de barro para que aparezca que la extraordinaria grandeza del poder es de Dios y que no viene de nosotros" (2 Corintios 4,7).

¿Es verdaderamente para mi? 

Sí, la santidad es para ti. No es para personas especialmente elegidas. La santidad es para la gente común y corriente que realizan, con gozo, la voluntad de Dios, en fe y en verdad. "El santuario de Dios es sagrado, y vosotros sois ese santuario" (1 Corintios 3,17).

¿Qué debo hacer? 

Sé fiel a tu estado de vida—casado, soltero, religioso o estudiante.
Sé fiel a la Santa Madre Iglesia—a los preceptos, los sacramentos, los mandamientos, la doctrina, la enseñanza.
Lee la palabra de Dios y otras lecturas espirituales.
Observa las bienaventuranzas—compendio de la santidad.
Ama e interésate. Permite que Jesús resplandezca a través de ti.
Ora.

"Todo cuanto hay de verdadero, de noble, de amable, de puro, todo esto tenedlo en cuenta" (Filipenses 4,8).

¿Cuáles son algunas de las sugerencias prácticas?

1. Mira a Cristo en el momento presente.
2. Cambia toda situación desagradable para bien de tu alma.
3. Adáptate al temperamento de tu prójimo.
4. Permanece unido a la voluntad de Dios.
5. Elige a Dios por encima de ti.
6. Imita a Jesús.
7. Visita a Jesús frecuentemente en el Santísimo Sacramento.
8. Practica la virtud.
9. Recibe los sacramentos con frecuencia.
10. Trata de estar consciente de Su presencia.

"Que cada uno de nosotros trate de agradar a su prójimo para el bien, buscando su edificación." (Romanos 15, 2).

¿Dónde está mi fortaleza? 

En la misericordia del Padre
En la Preciosa Sangre de Jesús
En el poder del Espíritu
En la intercesión de María, nuestra Madre
En la protección de los ángeles
En la Eucaristía
En Su cruz

"Que el mismo Señor nuestro Jesucristo y Dios, nuestro Padre, que nos ha amado y que nos ha dado gratuitamente una consolación eterna y una esperanza dichosa, consuele vuestros corazones y los afiance en toda obra y palabra buena" (2 Tesalonicenses 2,16).

¿Veré los resultados? 

Sí, verás más armonía en el hogar
Más paciencia con tu prójimo
Más fortaleza para vencer la debilidad
Más compasión con otros
Más misericordia
Más gozo
Paz en medio de la confusión
"El fruto del Espíritu es amor, alegría, paz, paciencia, afabilidad, bondad, fidelidad, mansedumbre, templanza" (Gálatas 5,22-24).

¿Dónde está la fuente constante de la Santidad? 

en
Su amor—Su gracia—Su Iglesia
Su palabra—Su Espíritu—Su poder
Sus sacramentos—Su presencia
Su cruz—Su resurrección
"Porque mi carne es verdadera comida y mi sangre verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí y yo en él" (Juan 6,55).

¿Cuánto tiempo tomará esto? 

De momento a momento, de oración en oración, de día en día. "No que lo tenga ya conseguido o que sea ya perfecto, sino que continúo mi carrera por si consigo alcanzarlo, habiendo sido yo mismo alcanzado por Cristo Jesús. Yo, hermanos, no creo haberlo alcanzado todavía. Pero una cosa hago. olvido lo que dejé atrás y me lanzo a lo que está por delante" (Filipenses 3,12-14).

Metas

Ser como prójimo
Amar a mi prójimo como Jesús lo ama
Ser fiel a Su Iglesia
Proclamar la Buena Nueva
Ser Santo
"Te he puesto como luz de los gentiles, para que lleves la salvación hasta el fin de la tierra" (Hechos 13,47).

MILAGROS QUE PARECEN LEYENDAS


Milagros que parecen leyendas
Los milagros del pobrecillo de Asís hacen que la iglesia católica, a finales de la época medieval, vuelva a recuperar la credibilidad 


Por: Rubén Gil | Fuente: elcampesino.co 



Los milagros del pobrecillo de Asís hacen que la iglesia católica, a finales de la época medieval, vuelva a recuperar la credibilidad que tenía en los primeros siglos. San Francisco fue un joven que creció en una familia acomodada y que poco a poco se fue entregando a los placeres del mundo. Quiso recibir honores y ganar reconocimiento haciendo parte de los soldados de Asís. Pero en alguna de las guerras cayó prisionero, y el tiempo que estuvo en cautiverio le ayudó a reconocer lo que Dios quería para su vida. Fue así como Francisco empezó una vida de cristianismo radical, haciéndose pobre para el servicio de los pobres, tanto así que dos años después de su muerte fue declarado santo por la iglesia católica. San Francisco es uno de los santos insignes de la iglesia; sus milagros tanto en vida como después de su muerte son de inmensa cuantía. En los milagros de San Francisco sucede algo muy curioso, y es que parece que fuesen sacados de un libro de cuentos imaginarios. A continuación algunos milagros en vida: “san Francisco lavó la piel de un hombre con lepra. También rezó para que el demonio que lo atormentaba se alejara y dejara libre su alma. Entonces la piel del leproso comenzó a sanar, y su alma también. Cuando el hombre se dio cuenta de que estaba sanando, se arrepintió de sus pecados y comenzó a llorar. El hombre se curó completamente, en cuerpo y alma y se reconcilió con Dios.”
“Tres ladrones robaron comida y bebida del monasterio de san Francisco. Entonces san Francisco comenzó a rezar por ellos y envió a uno de los monjes a disculparse por haberlos tratado mal. Los ladrones se conmovieron tanto que se unieron a la orden franciscana y pasaron el resto de sus vidas sirviendo a los demás”.
Y están también los milagros después de su muerte, entre ellos encontramos: “una mujer, particularmente devota de San Francisco, murió en la ciudad de Montemarano. En la vigilia fúnebre se reunieron muchas personas para rezar, improvisadamente el cadáver se levanta y solicita al sacerdote que estaba allí, el poder confesar. Terminada la confesión, le confía al sacerdote: “Estaba a la espera de ser condenada a una dura pena, pero San Francisco, ha pedido y obtenido para mí, la gracia de volver a la vida, para arrepentirme y confesar todas mis culpas”. Después la mujer se encomendó al Señor.”
“En Castello di Cori, situado en la diócesis de Ostia, un hombre estaba desesperado porque tenía un tumor en la pierna. Apeló al pobrecillo de Asís para obtener socorro y no quedó desilusionado. Le aparece Francisco en compañía de otro fraile y con un bastón le tocó la parte enferma de la pierna. Súbito, y de forma increíble, recuperó el uso del miembro, de manera tan perfecta que podía caminar libremente. En recuerdo del prodigio, quedó impresa, en la parte tocada por San Francisco, el símbolo del Tau.”
Estos y muchos otros milagros aparecen en los escritos de san Buenaventura y de otros frailes franciscanos que dan testimonio de la maravillosa vida de santidad del inolvidable poverello de Asís.

¿ERES HOMO O HETERO?

¿Eres homo o hetero?
Hemos pasado del «todos tenemos idéntica dignidad» al «todos somos normales», que desde luego no es lo mismo 


Por: Enrique Monasterio | Fuente: www.conoze.com 



Hace un par de meses escribí que no me parecía serio llamar "creyentes" a los cristianos, ya que, en el fondo, somos bastante más descreídos que los ateos; cree­mos en muy pocas cosas, y no militamos en la tropa de los que siguen a pie juntillas los incontables dogmas de la posmodernidad. Los fundamentalistas del relativismo, los idólatras de los fetiches laicistas, esos sí que son creyentes.

Hablé de este asunto porque uno se fía poco de los vocablos de moda. En cuanto uno se repite con demasiada frecuencia y salta a la tele, empiezo a cogerle manía o me da la risa.

En aquel artículo, sin embargo, no expliqué del todo por qué la tengo tomada con el sustantivo "creyente". La razón es que se trata de un invento de los que no tienen fe, igual que la pala­bra "payo" es una creación de los gitanos.

En tiempo de Cervantes, pongamos por caso, no había "creyentes". Todos lo eran salvo dos o tres, y por tanto no era preciso llamarlos de ningún modo. Lo normal no necesita calificativos. Sí lo precisaban en cambio los ateos, o sea, los que se apar­taban de esta norma general.

El problema surge cuando el ateísmo y el agnosticismo se convierten en epidémicos. Los incrédulos salen del armario, confie­san con orgullo su alejamiento de Dios, y reivindican su condición de "normales" tratando de que ocupen el armario vacío los que creen en Dios. Luego, cierran la puerta y cuelgan una etiqueta: "los creyentes".

Algo parecido está pasando con otro vocablo recién nacido, que crece, prolifera y se trivializa de un tiempo a esta parte. Me refiero al sustantivo "heterosexual".

-Oye, tío, ¿eres homo o hetero?

Cuando vi que un famosillo de la tele se dirigía en estos términos a otro famosillo, me dije a mí mismo: "muchacho, aquí hay tema". Y es que hasta hace poco los llamados "heteros" simplemente no existían. Ser hetero­sexual era como ser bípedo, es decir "normal". Por otra parte, era una verdad pacíficamente sostenida que la atracción de los sexos tenía bastante que ver con la reproducción. De ahí que si alguien se sentía atraído por personas del mismo género o por otro tipo de entes no aptos para la fecundación, se consideraba a todos los efectos que sufría una anomalía. Y las anomalías - aunque no afecten a la dignidad personal- sí que necesitan una palabra en el diccionario para distinguirlas de las situacio­nes normales.

El diccionario no se conformó con un vocablo; recoge doce­nas, casi todos despectivos, para identificar la homosexualidad y a los homosexuales. Ojalá -lo digo de todo corazón- esas palabras pasen muy pronto al depósito de cadáveres.

Ahora estamos en el polo opuesto. Era preciso luchar para que se reconociese a esas personas sus derechos. Y en eso estamos. Pero hemos pasado del "todos tenemos idéntica dignidad" al "todos somos normales", que desde luego no es lo mismo.

Ya no hay ciegos, sino invidentes. Y como los ciegos son "normales" habrá que buscar una palabra para "los otros" que también son norma­les; sólo así se restablecerá la igualdad. De ahí que a los "no ciegos" nos llamen "videntes", como a Rappel.

Otro ejemplo. Este verano fui desposeí­do de mi vesícula biliar en un quirófano. Os aseguro que no lamento la pérdida, al contrario. Sin embargo, desde entonces soy consciente de que me falta algo: algo no demasiado serio, de acuerdo, pero no me atrevería a decir que es "normal" no tener vesícula, ni que deba sentir el orgu­llo de carecer de tan curiosa glándula. Si lo pensara, habría que crear al menos dos términos nuevos para considerarme en situación de igualdad con los que no han sufrido una laparoscopia.

-Oye tío, ¿tú eres vesiculado o avesiculado?

Luego inventaríamos el "día del orgullo avesicular". Y que nadie se atreva a meterse con nosotros, porque lo llamaríamos avesiculófobo, que es vocablo la mar de aparente.

-Pero entonces, ¿eres homo o hetero?

-¿Yo? Payo, vidente, hetero y avesiculado.

-Caray...

 

SANTA FAUSTINA KOWALSKA, APÓSTOL DE LA DIVINA MISERICORDIA, 5 DE OCTUBRE


Faustina Kowalska, Santa
Apóstol de la Divina Misericordia, 5 de octubre


Por: Sinda Miranda | 




Apóstol de la Divina Misericordia

Martirologio Romano: En Cracovia, en Polonia, santa María Faustina (Elena) Kowalska, virgen de las Hermanas de la Bienaventurada Virgen María de la Misericordia, solícita de anunciar el misterio de la divina misericordia (1938).

Fecha de canonización: Fue beatificada el 18 de abril de 1993 y luego canonizada el 30 de abril de 2000, en sendas ceremonias presididas por el Papa Juan Pablo II.

Sor Faustina nació en el año 1905 en la aldea de Glogowiec, cerca de Lodz, como la tercera de diez hermanos en la familia de Kowalski. Desde pequeña se destacó por el amor a la oración, laboriosidad, obediencia y sensibilidad ante la pobreza humana. Su educación escolar duró apenas tres años. Al cumplir 16 años abandonó la casa familiar para trabajar de empleada doméstica en casas de familias acomodadas. A los 20 años entró en la Congregación de las Hermanas de la Madre de Dios de la Misericordia, donde ­ como Sor María Faustina ­ vivió 13 años cumpliendo los deberes de cocinera, jardinera y portera. Su vida, aparentemente ordinaria, monótona y gris, se caracterizó por la extraordinaria profundidad de su unión con Dios. Desde niña había deseado ser una gran santa y, en consecuencia, caminó hacia este fin colaborando con Jesús en la obra de salvar a las almas perdidas, hasta ofrecerse como sacrificio por los pecadores. Los años de su vida conventual estuvieron marcados, pues, por el estigma del sufrimiento y las extraordinarias gracias místicas.


La misión de sor Faustina consiste en 3 tareas:

Acercar y proclamar al mundo la verdad revelada en la Sagrada Escritura sobre el amor misericordioso de Dios a cada persona.

Alcanzar la misericordia de Dios para el mundo entero, y especialmente para los pecadores, por ejemplo a través de la práctica de las nuevas formas de culto a la Divina Misericordia, presentadas por el Señor Jesús: la imagen de la Divina Misericordia con la inscripción: Jesús, en ti confío, la fiesta de la Divina Misericordia, el primer domingo después de la Pascua de Resurrección, la coronilla a la Divina Misericordia y la oración a la hora de la Misericordia (las tres de la tarde). A estas formas de la devoción y a la propagación del culto a la Divina Misericordia el Señor Jesús vinculó grandes promesas bajo la condición de confiar en Dios y practicar el amor activo hacia el prójimo.

La tercera tarea es inspirar un movimiento apostólico de la Divina Misericordia que ha de proclamar y alcanzar la misericordia de Dios para el mundo y aspirar a la perfección cristiana siguiendo el camino trazado por la beata sor María Faustina. Este camino es la actitud de confianza de niño hacia Dios que se expresa en cumplir su voluntad y la postura de caridad hacia el prójimo. Actualmente este movimiento dentro de la Iglesia abarca a millones de personas en el mundo entero: congregaciones religiosas, institutos laicos, sacerdotes, hermandades, asociaciones, distintas comunidades de apóstoles de la Divina Misericordia y personas no congregadas que se comprometen a cumplir las tareas que el Señor Jesús transmitió por sor María Faustina.

Sor María Faustina manifestó su misión en el Diario que escribió por mandato del Señor Jesús y de los confesores. Registró en él con fidelidad todo lo que Jesús le pidió y describió todos los encuentros de su alma con Él. Secretaria de mi más profundo misterio ‹dijo el Señor Jesús a sor María Faustina‹ tu misión es la de escribir todo lo que te hago conocer sobre mi misericordia para el provecho de aquellos que leyendo estos escritos, encontrarán en sus almas consuelo y adquirirán valor para acercarse a mí (Diario 1693). Esta obra acerca de modo extraordinario el misterio de la misericordia Divina. Atrae no solamente a la gente sencilla sino también a científicos que descubren en ella un frente más para sus investigaciones. El Diario ha sido traducido a muchos idiomas,por citar algunos: inglés, alemán, italiano, español, francés, portugués, árabe, ruso, húngaro, checo y eslovaco.

El 18 de abril de 1993 el Papa Juan Pablo II beatificó a nuestra Sor Faustina Kowalska en la Basílica de San Pedro en Roma. Fue en el primer domingo de Pascua, en el cual, según el pedido expreso de Jesús a Sor Faustina, debía celebrarse la Fiesta de la Misericordia. Y la beatificó precisamente Juan Pablo II, quien siendo aún arzobispo de Cracovia, llevó adelante el proceso arquidiocesano como paso previo a los procesos romanos.

El 30 de abril de 2000, el Santo Padre Juan Pablo II, canonizó a Sor Faustina, en la Basílica de San Pedro, frente a 200.000 devotos de la Divina Misericordia.



EL BUEN SAMARITANO IBA DE CAMINO



El buen samaritano iba de camino
Parábolas



Lucas 10, 25-37. Tiempo Ordinario. Amar al prójimo no es muy fácil, porque requiere darse a los demás, sin ninguna distinción. 


Por: P Juan Pablo Menéndez | Fuente: Catholic.net 



Durante el mes de Octubre, Mes del Rosario, en esta sección, meditaremos cada día un misterio, y así poder "guardar y meditar en  nuestro corazón" la Vida de Jesús.¡Suscribete a la Meditación diaria!
Te adelantamos las Reflexiones del Evangelio de la Semana 27o. del Tiempo Ordinario, del domingo 4 al sábado 10 de octubre 2015.
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Del santo Evangelio según san Lucas 10, 25-37
Se levantó un legista, y dijo para ponerle a prueba: «Maestro, ¿que he de hacer para tener en herencia vida eterna?» El le dijo: «¿Qué está escrito en la Ley? ¿Cómo lees?» Respondió: «Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo». Díjole entonces: «Bien has respondido. Haz eso y vivirás». Pero él, queriendo justificarse, dijo a Jesús: «Y ¿quién es mi prójimo?» Jesús respondió: «Bajaba un hombre de Jerusalén a Jericó, y cayó en manos de salteadores, que, después de despojarle y golpearle, se fueron dejándole medio muerto. Casualmente, bajaba por aquel camino un sacerdote y, al verle, dio un rodeo. De igual modo, un levita que pasaba por aquel sitio le vio y dio un rodeo. Pero un samaritano que iba de camino llegó junto a él, y al verle tuvo compasión; y, cercándose, vendó sus heridas, echando en ellas aceite y vino; y montándole sobre su propia cabalgadura, le llevó a una posada y cuidó de él. Al día siguiente, sacando dos denarios, se los dio al posadero y dijo: "Cuida de él y, si gastas algo más, te lo pagaré cuando vuelva." ¿Quién de estos tres te parece que fue prójimo del que cayó en manos de los salteadores?» El dijo: «El que practicó la misericordia con él». Díjole Jesús: «Vete y haz tú lo mismo».

Oración introductoria
Señor, dame la sabiduría y el amor para descubrir y actuar, buscando el bien de los demás, en las diversas situaciones de mi vida cotidiana. No permitas que el ajetreo de mis pendientes me haga pasar de largo y no ver a esa persona que necesita que me detenga a platicar con ella para darle consuelo o simplemente una sonrisa.

Petición
Señor, concédeme un corazón grande para ayudar a todos, en todo momento.

Meditación del Papa Francisco
En cambio el samaritano, cuando vio a ese hombre, “sintió compasión” dice el Evangelio. Se acercó, le vendó las heridas, poniendo sobre ellas un poco de aceite y de vino; luego lo cargó sobre su cabalgadura, lo llevó a un albergue y pagó el hospedaje por él... En definitiva, se hizo cargo de él: es el ejemplo del amor al prójimo. Pero, ¿por qué Jesús elige a un samaritano como protagonista de la parábola? Porque los samaritanos eran despreciados por los judíos, por las diversas tradiciones religiosas. Sin embargo, Jesús muestra que el corazón de ese samaritano es bueno y generoso y que —a diferencia del sacerdote y del levita— él pone en práctica la voluntad de Dios, que quiere la misericordia más que los sacrificios. Dios siempre quiere la misericordia y no la condena hacia todos. Quiere la misericordia del corazón, porque Él es misericordioso y sabe comprender bien nuestras miserias, nuestras dificultades y también nuestros pecados. A todos nos da este corazón misericordioso. El samaritano hace precisamente esto: imita la misericordia de Dios, la misericordia hacia quien está necesitado. (S.S. Francisco, 14 de julio de 2013)

Reflexión
Muchas lecciones les ha dado Nuestro Señor a los fariseos, pero ninguna tan bella como ésta. Es de esas ocasiones en las que Cristo da a conocer su doctrina y su mandamiento a todos los hombres, y lo hace de manera muy velada.

Amar al prójimo no es muy fácil, porque requiere donarse a los demás, y ese donarse cuesta, porque no a todos los tratamos o queremos de la misma manera. Por ello tenemos que lograr amar a todos por igual, sin ninguna distinción. Quererlos a todos, sin preferir a nadie. Es difícil mas no imposible.

Dios nos ha dado el ejemplo al vivir su propia doctrina: "no hay amor más grande que el que da la vida por sus amigos", pero Él no la dio solo por sus amigos, sino también por sus enemigos, y muchos santos han hecho lo mismo.

Propósito
Imitemos a Cristo en su vida de donación a los demás, y vivamos con confianza y constancia su mandamiento: "vete y haz tú lo mismo".

Diálogo con Cristo 
Señor, Tú lo sabes todo: mi debilidad al amar a los demás, especialmente aquellos que están más cerca de mí, porque si hay impaciencia, si hay juicios temerarios, si hay indiferencia, no hay verdadero amor. Ayúdame a crecer en la convicción de que Tú me has creado para amar y servirte en esta vida y que sólo superando mi egoísmo mediante la vivencia del amor, podré gozar de Ti y alabarte eternamente en el cielo.
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