sábado, 17 de octubre de 2015

10 CLAVES PARA ENTENDER EL SÍNODO

10 claves para entender el Sínodo
Francisco ha afirmado que el Sínodo no sirve para discutir ideas hermosas y originales, o para ver quién es más inteligente, sino para descubrir el proyecto amoroso de Dios sobre el hombre. En esto la familia es el centro


Por: Dr. Óscar Perdiz Figueroa | Fuente: Catholic.net 



Francisco ha afirmado que el Sínodo no sirve para discutir ideas hermosas y originales, o para ver quién es más inteligente, sino para descubrir el proyecto amoroso de Dios sobre el hombre. En esto la familia es el centro.
 
1.¿Qué es un sínodo?
Sínodo viene de syn-hodós, caminar juntos en griego, es un evento de todos los católicos, no sólo de unos cuantos obispos. Proviene también de syn-oudos, que se refiere más al hogar y a la familia. Lo esencial es abrir la Iglesia a todos. Los sínodos actuales fueron instituidos por Pablo VI en 1965 –dando continuidad al Concilio Vaticano II– para afrontar las condiciones de los católicos y buscar soluciones, a la luz de la revelación. Se trata de un evento de toda la Iglesia, porque la Iglesia somos todos. De allí la consulta previa a las comunidades católicas de todo el mundo. La primera etapa del Sínodo se ha celebrado en octubre de 2014.
2.¿Por qué un sínodo sobre la familia?
Porque los problemas más fuertes de la sociedad como la violencia, la corrupción y la prepotencia, provienen de las familias o de la falta de familia. La crisis actual de la sociedad es una crisis de familia, la crisis de la familia es crisis del matrimonio, la del matrimonio es sustancialmente una crisis de amor. Finalmente ésta es una crisis de educación sexual. Todo esto se debe en parte a haber excluido a Dios de la sociedad.
Son tan importantes estos temas que hacía muchos siglos que no se habían dado posturas y discusión tan encarnizada entre los obispos y cardenales sobre cuestiones que se derivan de la familia. El sínodo cambiará no la doctrina, el matrimonio sacramental es de por sí indisoluble. Se trata de escuchar los problemas y expectativas de tantas familias, en todos los continentes y mostrarse cerca de ellas y ofrecerles de forma creíble la misericordia de Dios y la belleza de la respuesta a su llamada.
3.Problemas urgentes
 
Hay problemas urgentes en occidente como la atención a los divorciados y a las personas homosexuales y la comunión a divorciados vueltos a unir, la fecundación in vitro, madres solteras y hogares rotos, relaciones prematrimoniales y cohabitación, el drama del aborto derivado de la cultura de la muerte, el antitestimonio de miembros de la iglesia en cuestiones sexuales. Mucho se evitaría con una buena preparación a amar.
 
La problemática no se agota en lo que diga la prensa occidental o lo que quieran imponer un grupo de cardenales alemanes. La Iglesia es universal y los problemas son diferentes en los diversos continentes. En Iberoamérica, donde vive la mitad de católicos en el mundo, un problema grave es la pobreza y la marginación que sufren las familias. “¿Cómo podemos recomendar a los jóvenes que se casen si no tienen casa, ni la posibilidad de tenerla? ¿Cómo podemos recomendarles tener hijos sin posibilidades? La calidad de vida es una condición para la dignidad. Hay que preocuparse de los pobres a propósito de la familia –decía el cardenal Madariaga.
4.Objetivo del Sínodo

El objetivo no es doctrinal (la doctrina sobre el matrimonio es muy sencilla y no puede cambiar sin traicionar el plan de Dios sobre él), sino el de acompañar a las familias y reconocer que son el corazón de la Iglesia, que no están en la periferia ni son objeto de una pastoral secundaria. Tampoco es moralista o moralizante, esa actitud que quiere decir a la gente lo que tiene que hacer, sin una previa preparación. Juan Pablo II en esto fue revolucionario con las catequesis sobre el amor humano.
 
5.¿Hacia dónde va Francisco?
Este papa quiere promover una auténtica renovación espiritual en la Iglesia, más evangélica, abandonar la religión timorata y suspicaz, acartonada y burocrática. La Iglesia no son los cardenales, obispos y sacerdotes, la Iglesia comienza en las familias. No es el papa “buena onda”, que dice a la gente lo que quiere escuchar. Su proyecto va mucho más allá que el de atraer y contentar a las masas. Quiere agarrar por los cuernos el problema fundamental de la sociedad: la familia. Quiere tender la mano amorosa de la Iglesia madre, a las personas que se sienten abandonadas, decepcionadas o traicionadas en sus legítimas aspiraciones.
6.Analfabetismo afectivo, el gran reto.
El principal problema que tenemos en la Iglesia no es el pequeño número de los divorciados recasados que desean acercarse a la comunión eucarística. El gran problema es la dificultad y hasta la incapacidad para amar. Por eso la mayoría de las historias amorosas están destinadas al fracaso, con las graves consecuencias para niños y adultos.
El gran reto es comprender la vocación humana al amor, tener la convicción de que el matrimonio es la desembocadura natural del amor, que es un sacramento y una vocación maravillosa, que es un proyecto y no se puede dejar al instinto o al tiempo. Que el otro es un jardín que cultivar.
El amor requiere de una gran preparación y no se puede confundir amar con ser amado. Hay que superar el fracaso estrepitoso de la educación sexual que se reduce a animalismo, a biología, posturas y aparatos, reduciendo a las personas desde niños a meros animales y máquinas, no es de extrañar la cantidad de problemas sociales pendientes como la violencia, el acoso y la prepotencia en la jungla social. No somos animales y en la sexualidad uno no puede limitarse a obedecer ciegamente las normas o los propios instintos.
Frente a esta situación ¿basta con que la Iglesia diga lo que está bien y lo prohibido en cuestiones sexuales? Más bien cada cristiano está llamado a descubrir el misterio cristiano y a hacerlo suyo.
Las cosas no son verdad porque las diga la Iglesia, sino que las dice la Iglesia porque son verdad. Es lamentable que la Iglesia sea prácticamente, la única institución que defiende conscientemente la familia, cuando deberían ser los gobiernos, las empresas, las organizaciones que buscan el bien de la sociedad, pero algunas parecen no  haberse enterado del sínodo de la familia.
7.¿Está dividida la Iglesia?
Algunos medios subrayan la división e incluso hablan de cisma y boicots. Como en todos los grupos humanos hay posturas y puntos de vista. El Papa mismo ha afirmado que el Sínodo es un espacio donde más que facciones hay una discusión entre las diferentes posturas en torno al matrimonio, como lo ha habido siempre en la historia de la Iglesia, para ello hay que conocerla.
No se trata de obedecer sino de disfrutar del amor de Dios, con convicción. Juan XXIII promovió una Iglesia más libre de las ataduras y acartonamientos de poder. Pablo VI, con gran finura espiritual e intelectual dejaba más espacio a la conciencia y a la convicción personal. Juan Pablo I fue un papa de la sonrisa y el diálogo directo con los fieles. Juan Pablo II, sobre todo en sus Teología del amor invitaba a descubrir el proyecto amoroso de Dios sobre cada uno, desde la propia conciencia, desde la escucha del cuerpo, a la luz de la revelación y de la propia experiencia. Benedicto XVI se caracteriza por una gran delicadeza y claridad para exponer la maravilla cristiana, mostrando la verdad, no imponiéndola. Francisco, ha ido en esa línea: más confianza en Dios y menos apego a los criterios mundanos.
8.¿Es el Evangelio un código penal? Lo que realmente interesa
Detrás del Sínodo está la concepción misma de la Iglesia, una visión más evangélica, más fresca, más formada, más convencida y atenta al amor de Dios, menos papista  y más sensible a las necesidades de los demás especialmente de los pobres, una verdadera familia.
Detrás está también en juego el futuro de la sociedad pues ésta depende de la familia El verdadero reto es personal. No se puede esperar el divorcio como solución a los problemas del matrimonio.
Hay que superar la llamada moral de “tercera persona” que se limita a decir e imponer los principios morales. En una sociedad que ha dejado de ser cristiana y que raramente lee los documentos pontificios, urge iluminar con frescura, la vocación que cada hombre tiene al amor.
9.Lo que debe cambiar: de la obediencia al amor
¿Ha cambiado la comprensión del matrimonio en la Iglesia? Sí y mucho. Se ha avanzado mucho en el misterio que implica y las consecuencias para la familia, la enseñanza de Juan Pablo II es el clímax de esta maduración.
Pero la disciplina puede cambiar y ya ha cambiado varias veces. Basta asomarse a la historia de la Iglesia. El papa quiere dar un giro y reconocer que las familias son las verdaderas constructoras de la sociedad, son el recurso más importante de la misma.
Por ello los matrimonios cristianos, aunque no sólo, realmente tienen que sentirse orgullosos porque son los que realmente cargan sobre sus espaldas la sociedad, con dificultades pero con un gran amor; con desafíos pero con grandes satisfacciones, cayendo y levantándose  Son ellos los que están construyendo el reino de Dios en la tierra y son los principales colaboradores de Dios en la edificación del mundo y de la Iglesia  Son los verdaderos buenos aunque no hagan tanto ruido como los cínicos.
 
10.Dos modos de ser católico
En el fondo hay dos modos de estar en la gran familia cristiana, dos grados de pertenecer al misterio. Una –la más común por desgracia– consiste en una actitud de masa, pasiva, satisfecha unas veces, fastidiada otras, dejándose llevar por la marcha del tiempo y pasando de noche por la aventura del misterio cristiano. En el fondo cree que la Iglesia son los curas y los obispos. En cuestiones del matrimonio se ve la indisolubilidad como una imposición externa, la fidelidad como una piedra insoportable. En este grupo entran también esa minoría que esperan que las “iglesia” les diga lo que tienen que hacer.
La otra es la actitud de crecimiento, de formarse, buscar espacios de reflexión, cuestionarse, meterse a la historia milenaria de la revelación y saber dónde está uno parado, saborear sus grandezas y aprender de los errores, saber de dónde realmente viene uno, dónde se está metido por el hecho de ser humano, en actitud de drama, ¿qué espera Dios de mí?, etc. En el Sínodo sobre la familia se ven claramente estas actitudes.
También en la jerarquía de la Iglesia hay al menos dos modos de estar. Unos pocos arrastran todavía lastres medievales y poco evangélicos, siguen hablando en clave de poder, hablan de gobierno, exigen obediencia y sumisión y dictan “lo que hay que hacer”, conciben la Iglesia como una compañía paraestatal y poco falta para que se crean sus dueños. Esta actitud concibe la Iglesia como una serie de círculos concéntricos en los que los obispos y los sacerdotes están al centro y los “fieles” en la periferia. Frente a esta actitud siempre ha estado una actitud apostólica, en clave de servicio, la del pastor que acompaña a los fieles, la del consejo, se concibe la Iglesia como una comunidad y una gran familia cristiana, que promueve la formación y la convicción personal y la fidelidad de la conciencia a Cristo en una relación de confianza y amor.
Creo que el Sínodo se mueve más en esta segunda actitud, y menos mal. En la segunda actitud cada uno se siente no sólo miembro de la Iglesia sino protagonista en primera persona y parte esencial de la presencia Dios en el mundo.

DOS NIVELES DE LA BELLEZA DEL ALMA

Los dos niveles de la belleza del alma
Existe una belleza distinta, más profunda, que no se ve a primera vista, un tesoro que brillan con claridad propia


Por: Bosco Aguirre | Fuente: Mujer Nueva 



A casi todos nos gusta tener un cuerpo sano, hacer deporte, trabajar y reír, descansar e ir de excursión con los amigos.

El bienestar físico es un valor casi universal. Algunos, además, persiguen ansiosamente una especie de “eterna juventud”. Realizan operaciones de cirugía estética, masajes, ejercicios especiales para adelgazar, inyecciones “rejuvenecedoras”, lociones y cremas de todo tipo...

Gracias a tantas intervenciones y progresos farmacéuticos, a veces es posible encontrarse con una señora de 50 años que parece tener 30, y con una de 40 que no tiene nada que envidiar a una chica de 18... Algunos hombres han entrado ya en este mercado de la “cosmética” a niveles de competividad respecto a lo conseguido, no sin grandes esfuerzos, por mujeres famosas por su “eterna juventud”.

Pero ese esfuerzo por conquistar un nivel de belleza corporal que dure el mayor tiempo posible tiene que detenerse al llegar a fronteras insuperables. La naturaleza no deja de pasar su factura (también la pasan los centros de belleza, no hay que olvidarlo) y uno tiene que rendirse ante la realidad: los años no perdonan; el proceso hacia la vejez no ha sido controlado, al menos hasta ahora, por la técnica.

Existe, sin embargo, una belleza distinta, más profunda, y no por ello menos importante. La gratitud, la alegría, el optimismo, ese gusto por vivir para un proyecto, la solidaridad, la fidelidad a unos amigos, la profundidad de un matrimonio abierto a las riquezas del otro y a la belleza de la paternidad y la maternidad... Son cosas que no se ven a primera vista, tesoros que brillan con una claridad propia, bellezas que pueden suscitar más envidia que un “color tropical” en el cutis o que una nariz especialmente estirada y tersa.

En el mundo de hoy nos vendría muy bien que el inquieto Sócrates se pasease por nuestras calles para reírse de la ropa, de los centros de embellecimiento, de las saunas para bajar unos kilos que se recuperan a través de esos pequeños pasteles que tomamos entre tarde y tarde...

El Sócrates de nariz aguileña y ojos saltones se reiría de la enorme cantidad de productos y esfuerzos dedicados por entero a cultivar un cuerpo que está sometido, lo queramos o no, a la gravitación universal y a la ley de la acción y reacción (del nacimiento y de la muerte), sin pensar más que de cuando en cuando en el espíritu (en el alma, como diría él). Se reiría de la importancia que damos a la belleza que sólo llega a los ojos, el tacto o el olfato, y de lo poco que nos preocupamos por la belleza del corazón, una belleza que provoca alegrías mucho más profundas y duraderas que las logradas por un perfume o un poco de crema de labios...

Se reiría ese viejo Sócrates... A la vez, muchos se reirían de él al verlo pobre, simplón, un poco desfasado. Cuesta cambiar de vida cuando ya es un hábito el dedicar tanto tiempo a nuestro espejo. Cuesta ver más allá del peinado, de los pantalones y de los anillos que buscan dar realce a lo que se desgasta poco a poco.

Sócrates dejaría de lado esas críticas. Desde su aplomo desconcertante, se pondría delante de nosotros y nos desnudaría internamente con su ironía y sus preguntas (preguntas profundas, perennes, ante las que no podríamos huir). Nos pediría encontrar un sentido a la vida y la muerte, averiguar qué es la justicia y la verdad, la amistad y el trabajo, el amor y la alegría.

No descansaría hasta saber si tenemos esa belleza que no se consigue con lociones ni baños solares. Esa belleza del espíritu que brilla con una luz peculiar en un mundo que habla sólo de apariencias y de sombras, pero que desea también, quizá sin decirlo abiertamente, valores que embellezcan profundamente a los hombres y mujeres con tesoros que no pasan como el brillo de un relámpago en la noche...

EL ESPÍRITU SANTO LES ENSEÑARÁ


El Espíritu Santo les enseñará
Tiempo Ordinario



Lucas 12, 8-12. Tiempo Ordinario. El sufrimiento, es pasajero, y el haberlo sufrido con amor es el sello más hermoso para el alma. 


Por: Catholic.net | Fuente: Catholic.net 



Del santo Evangelio según san Lucas 12, 8-12
«Yo os digo: Por todo el que se declare por mí ante los hombres, también el Hijo del hombre se declarará por él ante los ángeles de Dios. Pero el que me niegue delante de los hombres, será negado delante de los ángeles de Dios. «A todo el que diga una palabra contra el Hijo del hombre, se le perdonará; pero al que blasfeme contra el Espíritu Santo, no se le perdonará. Cuando os lleven a las sinagogas, ante los magistrados y las autoridades, no os preocupéis de cómo o con qué os defenderéis, o qué diréis, porque el Espíritu Santo os enseñará en aquel mismo momento lo que conviene decir».

Oración introductoria
Ven Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor.

Petición
Dame la gracia, Señor, de una entrega total de mi vida, sin cálculo ni interés humano, con una confianza sin reservas en Dios.

Meditación del Papa
Grande es el amor de Jesús por la Iglesia. Jesús se casó con la Iglesia por amor. Es su esposa: bella, santa, pecadora, pero la ama igual.
Es un amor fiel; es un amor perseverante, no se cansa nunca de amar a su Iglesia; es un amor fecundo. ¡Es un amor fiel! ¡Jesús es el fiel! San Pablo, en una de sus Cartas, dice: 'Si tú confiesas a Cristo, Él te confesará a ti, delante del Padre; si tú reniegas a Cristo, Él te renegará a ti; si tú no eres fiel a Cristo, Él permanece fiel, porque ¡no puede renegarse a sí mismo!' La fidelidad es precisamente el ser del amor de Jesús. Y el amor de Jesús en su Iglesia es fiel. Esta fidelidad es como una luz sobre el matrimonio. La fidelidad del amor. Siempre.
Fiel siempre, pero también incansable en su perseverancia. Precisamente como el amor de Jesús por su Esposa. Por ello la vida matrimonial debe ser perseverante. Porque al contrario el amor no puede ir adelante. La perseverancia en el amor, en los momentos bonitos y en los momentos difíciles, cuando hay problemas: los problemas con los hijos, los problemas económicos, los problemas aquí, los problemas allí. Pero el amor persevera, va adelante, siempre buscando resolver las cosas, para salvar la familia. Perseverantes: se alzan cada mañana, el hombre y la mujer, y llevan adelante la familia. (Cf Homilía de S.S. Francisco, 2 de junio de 2014, en Santa Marta).
Reflexión
Dar testimonio de Cristo es arriesgado y lleva muchas veces al martirio, como Cristo anuncia en el evangelio, pero no hay que olvidar la otra cara de la moneda; que si Cristo nos invita a dar testimonio de Él ante los hombres es porque sabe que el mundo está deseando que alguien le anuncie la palabra.

Cristo nos habla de dar testimonio de Él ante los hombres y luego habla del martirio. Está profetizando lo que será la vida de la Iglesia durante los veinte siglos de su existencia, desde la muerte de San Esteban, hasta la última monja asesinada en China por atreverse a predicar el Evangelio. En el mundo moderno, que tanto alardea de comprensión y tolerancia, la Iglesia sigue ofreciendo a Cristo la sangre caliente y enamorada de quienes no temen morir por él.

El siglo XX fue el de los millones -sí, sí, millones- de mártires, los del comunismo en Asia, Europa oriental y España; los del nazismo, o los del simple odio a Dios en la guerra cristera de México o del extremismo musulmán en África. Puede que a nosotros no se nos presente esta ocasión en nuestra vida, ni que el Señor nos pida esta muestra de amor. Pero sí nos pide el martirio que puede suponer día tras día levantarse a la primera y a la misma hora, sonreír cada jornada a esta persona que podemos llegar a no soportar, el callarnos por dentro cada vez que nos venga un juicio negativo sobre esa persona, el seguir poniendo nuestro cariño a pesar de no recibir nada a cambio, el no abandonar el trabajo estipulado por cansancio...y tantas cosas, que son pequeñas espinas que podemos ofrecer a Dios, pequeños martirios que hacen de nosotros «otros cristos» y que son manifestaciones de amor a Dios.

Conscientes de que el sufrimiento, por grande que sea es pasajero, y el haber sufrido no, el haber sufrido con amor es el sello más hermoso para el alma. No podemos olvidar, que el dolor siempre tiene que estar cargado de esperanza, la cruz por la cruz es inútil, y no lleva más que a la desesperación. Jesús sufrió como nadie, pero resucitó y su sufrimiento no fue inútil, ni estático. Se produjo en un periodo de tiempo limitado, y la respuesta a ese dolor fue la resurrección, el mayor milagro que se ha dado y se dará en toda la eternidad. Por eso, nuestro dolor es efectivo y a parte de producirnos la salvación podemos arrancar del Señor grandes gracias y milagros para nosotros y para nuestros hermanos los hombres.

Propósito
Contestar a llamamiento de Jesús con acciones concretas, a amarlo sobre todas las cosas y a servirle en los hermanos.

Diálogo con Cristo 
Frecuentemente resulta difícil manifestar o defender la propia fe frente a los demás. Un falso respeto humano paraliza y lleva al terrible pecado de la omisión. Reconozco, Señor, mis debilidades y suplico tu gracia pero saber ser fiel a las inspiraciones del Espíritu Santo.
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