martes, 20 de octubre de 2015

LA PASIÓN DE VIVIR


La pasión de vivir
Virtudes y Valores


Solo la experiencia de Dios es capaz -y con claroscuros- de darnos la fuerza necesaria para transitar con entusiasmo por la vida, porque entonces sabemos que Dios nos ama como nunca seremos amados, y conocemos el anuncio de la Buena Nueva de nuestra vida final feliz y para siempre.


Por: Josep Miro i Ardevol | Fuente: forumlibertas.com 



Ha llegado un momento en nuestra sociedad desvinculada en el que el anuncio publicitario y el sentido de la vida en el que se educa son intercambiables. Los gurús de la motivación promueven la “pasión de vivir”, vive cada instante como si fuera único –y que en un determinado sentido lo es-. Esto constituye ya un lugar común de los estilos de vida mediáticos, en las relaciones interpersonales, que así se consumen en momentos fugaces a la búsqueda de una intensidad que conmueva, y es también un recurso generalizado de las grandes empresas para hacer trabajar sin medida y con entusiasmo a sus cuadros y directivos, en torno a una palabra clave: entusiasmo.
El problema es cuando esta forma de coaching emocional, que navega a favor del viento emotivista, penetra en el ámbito cristiano, y aún más cuando lo hace en la escuela. Se apela a la pasión y entusiasmo, a vivirlo en cada instante, solo y como una emoción, como un fin en sí mismo, que automáticamente es bueno para los demás, que no deja espacio para nada más que para el “yo” lanzado. Todo ello al servicio de los “valores”, esa figura indeterminada, multiforme, que mete en el mismo saco sin orden ni jerarquía cosas muy distintas, valores que sin las correspondientes virtudes, la practicas buenas que permiten realizarlos, conducen a la nada.
Enrique Rojas en el artículo “La Grandeza de la Voluntad” utilizaba una concepción clásica para diferenciar entre desear y querer. Lo primero corresponde a perseguir algo desde el punto de vista afectivo, y ahí encajaría el entusiasmo, la pasión y el vivir a tope (¿pero pasión con qué fin, vivir para qué?). Querer es otra cosa, dice Rojas: “es buscar algo con empeño y tesón poniendo la voluntad por delante”. “Voluntad es determinación, firmeza, solidez en las metas” (lo que exige disponer de ellas), que demanda saber lo que uno quiere,(el sentido de la vida) poner los medios adecuados para lograrlo (la virtud de la prudencia), la firmeza para conseguirlo (que se nutre de la fortaleza asistida por la necesaria templanza y el sentido de la justicia, para no pasar por encima de nadie), y la necesaria acción humana, la acción que permite realizar lo propuesto, y que es portadora de sentido.
La voluntad se hace, se forja, entrena, mediante la formación del carácter y combina la razón con el sentimiento, y el deber que niega validez a la pequeña y extendida filosofía de “lo que me apetece”. La voluntad requiere de la virtud, y esta necesita a su vez una comunidad, familia, escuela, empresa, país, que la reconozca como tal y sea capaz de trasmitirla. La virtud permite la jerarquía que ordena la vida; por ejemplo, la justicia es previa a la solidaridad, porque la solidaridad sin justicia es un engaño. Formar el carácter es la base de toda tarea educativa, guiada por el fin de lograr una vida realizada en el bien a lo largo de nuestra existencia.
El entusiasmo, la pasión como metodología de vida y solo por sí misma, solo sirve para no platearse el fin de la vida humana realizada. Es como considerar que la caña de pescar es el deporte de la pesca, que exige mucho más. Necesita un pescador, es decir un ser humano preparado para el fin de pescar, y de los peces.
¿Entonces no ha de existir entusiasmo? Claro que sí. Es una fantástica dimensión humana, pero no solo del sentimiento, es más, no se debe abusar de él, sino también de la razón, y de voluntad, que sirve para realizar lo que se debe, el deber, gracias a la virtudes, que empiezan por tres relacionadas con Dios, las teologales. Y si empiezan por Dios significa que necesitan de un espacio, un “vaciado” de nuestra vida para la experiencia de Dios. Un vivir a tope sin referencia a Dios solo conduce a la larga o a la corta al vacío existencial, sobre todo cuando uno por ley de vida va tropezando con la ingratitud, la maledicencia, el engaño, la negación del éxito a nuestro esfuerzo, la enfermedad y el dolor, la injusticia, el sufrimiento, la decrepitud y lo efímero de la existencia. Ser Persona significa haber recibido una educación para esta realidad, y esa no es la vía del entusiasmo, una caña de pescar entre otras, sino de la fe vivida, y de la formación en las virtudes que ayudan a realizarla, a ser coherentes con ellas en la difícil cotidianeidad. Solo la experiencia de Dios es capaz -y con claroscuros- de darnos la fuerza necesaria para transitar con entusiasmo por la vida, porque entonces sabemos que Dios nos ama como nunca seremos amados, y conocemos el anuncio de la Buena Nueva de nuestra vida final feliz y para siempre.

¿ES PECADO ACEPTAR ALGUNA DE LAS MAL LLAMADAS DEVOCIONES POPULARES O EN SUPERSTICIONES?

¿Es pecado aceptar alguna de las mal llamadas devociones populares o creer en supersticiones?
Hay católicos que dan culto a personajes populares -p. ej.: Gilda o Rodrigo- o creen en el tarot u otras supersticiones, ¿están cayendo en pecado?


Por: P. Miguel Ángel Fuentes, I.V.E. | Fuente: Ediciones del Verbo Encarnado 



Pregunta:
Estimado Padre, quisiera saber si para un católico es pecado aceptar alguna de las supersticiones que día a día se nos ofrecen (como consultar el tarot, encender sahumerios o rezar a Gilda). Estoy viendo estas y otras prácticas no sólo en personas no creyentes sino entre muchos católicos. ¿Cuál es el límite de toda esta credulidad? Gracias por su respuesta.
Respuesta:
Estimado:
Usted me da pie para tratar un tema que no sé si calificar sólo como delicado o abiertamente dramático. El motivo lo menciona Usted: la superstición no es ya práctica de no creyentes sino de personas que se consideran sinceramente católicas (en muchos casos bien intencionadas pero con poca o casi ninguna formación). Y digo dramático tanto por el número de católicos que mezclan en su religiosidad elementos supersticiosos, cuanto por la falta de reacción proporcionada a la gravedad problema por parte de la de la Iglesia.
Voy pues a dividir mi respuesta en tres puntos.

1. Una oferta que llega a la ridiculez
Leer las ofertas del supermercado de la superstición en cualquier página de avisos clasificados nos puede llevar del asombro al escándalo o a la carcajada. Allí no se roza la bufonada, sino que se puede nadar dentro de ella.
Para muestra cito algunos de los clasificados aparecidos hace un par de años en un periódico de mucha divulgación:
•Ahora M. Hechicero del amor. Único Chaman de los Andes experto en unión y retorno de parejas. Atraen al Ser amado por difícil que sea. Basta una foto, prenda o el nombre. El AMARRE es 100% efectivo.
•Amarres fuertes para el amor. Zulayna y el Curaca Blanco. Unión de parejas en 7 horas. Basta una foto, prenda o el nombre y el retorno es 100% garantizado. Únicos kallahuayas místicos de los Andes. Atraen al ser amado por lejos que se encuentre. Celebran liturgias afroandinas para terminar trabas, maleficios, fracasos y mala suerte. Si no cumplimos lo prometido devolvemos 3 veces lo pagado.
•Walter M. El Astrólogo más poderoso del mundo. Anticipá el futuro de tu semana en el Amor y en los Negocios. ¡Llama ya! Horóscopo las 24 horas.
•Videncia, Don de Nacimiento. Profesora Mary. Promoción especial: tarot y videncia. Vení a verme, no te arrepentirás. No me digas nada, yo te diré tu pasado, presente y futuro. Solución inmediata a lo que otros no pueden. Mis poderes garantizan efectividad en unir parejas. Curo depresión, angustias, timidez, daños. Problemas laborales y empresariales.
•Auténtica y Potente, visítenos: Macumba Africana. Unión pareja 7 días. Tarot todo tipo de trabajos. Buzios. Línea Negra con Vudú....
Abona al resultado. Trabajos alta magia negra. Solución inmediata a los conflictos que oscurecen tu vida. Parejas imposibles. Destrabes. Problemas laborales. Corto daño. Llevo paz a tu hogar. Tarot. Videncia.
Videncias perfectas. Percepción extrasensorial sin margen de error. Usted no hable: le diré su pasado, presente y futuro. Le diré sus problemas y soluciones. Luego Usted me hará sus preguntas. Trabajos perfectos y resultados inmediatos. Limpie su aura. Destrabe su vida. Sepa como proteger su Casa, su familia, su Pareja. Como alejar las Malas Juntas de los Hijos. Asegurar su Empleo o Destrabar y Proteger su Negocio. El vidente es uno de los mejores del país. Infalible en cortar toda clase de daños, brujerías, envidias, ataques psíquicos o malas ondas.
•Africano templo. Cortes, Magia negra, Ritos Vudú, Amor imposible, Ayuda a parejas, Buzios, Tarot. Abona al resultado. •Curso Runas, Numerología, Tarot, Magia, Gemas.
•El Rosa Cruz. Maria y Fernando. Parapsicólogos, Clarividentes, Espiritistas, Mediums, Exorcistas y Ocultistas Profesionales. Usted no hable...., le diremos su nombre y apellido, le mostramos la cara del enemigo, atraemos su pareja en 13 horas. Retiramos Maleficios, Trabas, Malas Ondas y Malos Vecinos. Tiene Juicios por reclamar, damos los números de la suerte, desligamos la frigidez y la impotencia sexual.
•Pae Africanista, Brujo, Hechicero. Llegó. ¿Tu pareja te engaña? ¿Tu pareja se te fue? ¿En tu trabajo te va mal? ¿No podés progresar? ¿Estás enfermo? ¿Te hicieron algún daño con magia negra? ¿En tu casa está todo mal? ¿En tu negocio las cosas van de mal en peor? ¿Tenés problemas de papeles o juicios? Si tu respuesta es sí... Ya no dudes más, vení a consultar al Pae Africanista, encontrarás la solución definitiva a tus problemas. También tirate las cartas, en una sesión especial, y descrubrí todo lo que deseas. Lo más fuerte en trabajos sobrenaturales, con resultados casi inmediatos. Más de 1000 personas de todo el país ya conocen los resultados. No se deje engañar más con falsos curanderos y hechiceros. Deje de sufrir y venga a visitarme. 1º premio Tarotista Brasil 1998. Diploma de Reconocimiento por trayectoria en Provincia de Chaco. Argentina 1999.
•Etc.
¡Parece una buena broma! Sin embargo esto se vende a los incautos y desesperados. Y tiene muchos compradores.
2. El drama actual
El drama consiste en que muchas personas creen lo que se ofrece en el hipermercado de las supersticiones. Y ¿qué es la superstición? La superstición es la corrupción de la fe verdadera y un peligroso juego en el que también puede tomar parte el diablo o detonar más de una alteración psicológica.
I) Pecado contra la fe[1]
La superstición es la desviación del sentimiento religioso y de las prácticas que impone[2]. Se puede definir como un vicio que ofrece culto divino a quien no se debe, o a quien se debe, pero de un modo indebido. Según esta definición se divide en dos especies: el culto indebido al Dios verdadero y el culto a dioses falsos.
a) El culto indebido consiste en ofrecer a Dios un culto falso o de un modo que no corresponde (culto superfluo). Se denomina culto falso cuando es ofrecido por quien no es verdadero ministro de Dios, o porque expresa falsedad (haciendo adorar falsas reliquias, falsificando milagros). Es de suyo pecado mortal[3]. En cambio, se denomina culto superfluo cuando se tributa culto a Dios pero de un modo no aprobado por la Iglesia, alterando las ceremonias de culto, introduciendo en el culto elementos supersticiosos. Por la ignorancia de los fieles generalmente no es más que pecado venial.

b) El culto a falsos dioses consiste, como su nombre lo indica, en el hecho de rendir adoración a cosas o seres que no son verdaderamente Dios. Bajo este concepto tradicionalmente se colocan tres especies:
a. La idolatría que es el culto divino rendido a creaturas representadas bajo formas sensibles llamadas ídolos; este culto consiste en sig­nos sensibles, sacrificios, juegos, ritos diversos. Se denomina idolatría interna cuando la persona somete la inteligencia y la voluntad a la adoración del falso dios; en cambio es externa cuando se manifiesta exteriormente por palabras, gestos o símbolos (esta es sólo material si falta el consentimiento interno o formal si además se consiente internamente). Se trata siempre de un pecado gravísimo, por la injuria que se hace a Dios; sin embargo, subjetivamente, la gravedad del pecado puede estar atenuada en muchos idólatras que obran por ignorancia (en este caso su falta denota menos perversidad que la de ciertos herejes que conscientemente desnaturalizan la fe).

b. Junto a la idolatría se enumera la adivinación idolátrica. Esta pretende usurpar indebidamente la predicción del porvenir. Es una forma de superstición, porque es un re­curso a los demonios, ya sea que se les invoque expresamente para pedirles la revelación del porvenir, ya sea que ellos mismos se insinúen en las vanas inquisiciones para enredar los espíritus de los hombres en la mentira.
La adivinación procede de maneras múltiples y variadas; desde la antigüedad son conocidas algunas formas de adivinación, como, por ejemplo el explícito recurso a los demonios (invocándolos para conocer el porvenir),la oniromancia (la adivinación recurriendo a los sueños); la nigromancia(pretendiendo hacer aparecer o hablar a los muertos), el pitonismo(contestando a través de brujos o adivinos), el aruspicio (adivinación del futuro consultando las entrañas de los ani­males inmolados), las falsas conjeturaciones (es decir, el conjeturar acontecimientos faustos o infaustos por medio de hechos fortuitos como el romperse un espejo, cruzar un gato negro; hay que incluir aquí a los que dicen la buenaventura, a los tarotistas, etc.). También se debe enumerar entre estas supersticiones algunas formas de espiritismo.
El Catecismo enseña al respecto: Dios puede revelar el porvenir a sus profetas o a otros santos. Sin embargo, la actitud cristiana justa consiste en entregarse con confianza en las manos de la providencia en lo que se refiere al futuro y en abandonar toda curiosidad malsana al respecto... Todas las formas de adivinación deben rechazarse: el recurso a Satán o a los demonios, la evocación de los muertos, y otras prácticas que equivocadamente se supone desvelan el porvenir (cf. Dt 18,10; Jr 29,8). La consulta de horóscopos, la astrología, la quiromancia, la interpretación de presagios y de suertes, los fenómenos de visión, el recurso a mediums encierran una voluntad de poder sobre el tiempo, la historia y, finalmente, los hombres, a la vez que un deseo de granjearse la protección de poderes ocultos. Están en contradicción con el honor y tal respeto, mezclados de temor amoroso, que debemos solamente a Dios[4].

c. Por último hay que señalar las llamadas vanas observancias. Se denomina así al uso de medios desproporcionados para obtener un efecto en sí mismo natural. Se divide en el arte notoria (tiene como objeto el adquirir repentinamente una ciencia sin trabajo, y por medios ineptos), el arte de la salud (que busca sanaciones, curaciones con remedios fútiles como falsos ungüentos, amuletos, encantamientos, etc.; tales prácticas si no tienen naturalmente ese poder, no son sino signos mágicos que algunas veces llegan a ocultar pactos con los demonios), la magia[5] (el arte de realizar cosas maravillosas por causas ocultas o por invocación o intervención diabólica). Hay que añadir el maleficio (que consiste en la expresa invocación del demonio con el fin de dañar o perjudicar a alguna persona en lo espiritual o corporal).
El Catecismo dice: "Todas las prácticas de magia o de hechicería mediante las que se pretende domesticar potencias ocultas para ponerlas a su servicio y obtener un poder sobrenatural sobre el prójimo -aunque sea para procurar la salud-, son gravemente contrarias a la virtud de la religión. Estas prácticas son más condenables aún cuando van acompañadas de una intención de dañar a otro, recurran o no a la intervención de los demonios. Llevar amuletos es también reprensible"[6].
A veces se enumera aquí al magnetismo. Esta es la influencia de cierto fluido magnético o eléctrico que brota de los minerales o del sistema nervioso de algunos hombres, y que sería apto para curar ciertas enfermedades por su propia virtud magnética o por sugestión sobre el magnetizado; de suyo, considerado objetivamente y en abstracto, nada malo hay en él; puede considerarse como uno de los tantos remedios físicos para curar las enfermedades, parecido a la electroterapia, psiquiatría, etc. Pero en concreto, o sea, tal como suele ejercerse, de modo irresponsable, está lleno de peligros contra la fe, por los fines preternaturales que se intentan, por sus procedimientos ocultos y adivinatorios, etc.[7].
El motivo formal de la fe, es decir, la razón por la que profesamos los misterios de nuestra fe, es la Revelación de Dios, Verdad Primera que no puede engañarse ni mentir, y que nos propone sus misterios por medio del Magisterio de la Iglesia. No se trata de conjeturas, ni de pálpitos, ni de fe humana, ni de tradiciones culturales. Al mezclar las verdades pertenecientes a la fe católica con elementos espurios como aguas sanadoras, runas, adivinaciones, santones, curanderismo, energía positiva, etc., no se elevan estas creencias al nivel de la fe (porque nadie ignora que la Iglesia jamás ha propuesto estas cosas para ser creídas con fe divina) sino que se rebajan las auténticas verdades de fe al nivel de la creencia humana. Se cree así en San Cayetano o San Antonio, en la Virgen Desatanudos, en el agua bendita y la señal de la cruz, o en cualquier santo o advocación mariana por los mismos motivos que se aceptan las falsas prácticas; pero esto no es fe sobrenatural. Signo de ello lo tenemos en el hecho de que algunas personas dicen no creer del todo en estas cosas, pero lo hacen por las dudas. Las dudas serias son realmente las que se meten como gusanos en el articulado de la fe católica.
El riesgo no es, pues, añadir creencias a la fe, sino perder la fe.
Por tanto, es un grueso error lo que declaró en un periódico uno de estos profesores ocultistas: una señora una vez me preguntó -dice él- si tenía que confesarse porque había venido a verme. Yo le dije que no, que éramos como médicos, que la ayudábamos a aliviar su salud del alma, a buscar energía positiva. No me parece que ir a un astrólogo, o hacerse tirar las cartas esté en contra de ninguna religión[8]. Esto no es así; la superstición es pecado grave.
II) El juego del diablo
Cuando Santo Tomás se pregunta por la causa de la idolatría él señala como predisposiciones en muchos hombres el desarreglo de sus afectos (razón por la cual terminan rindiendo honores divinos a quienes veneran de modo desordenado; pensemos en nuestros días el culto a cantantes como Gilda o Rodrigo); también elplacer natural que le causan las imágenes y, especialmente, la ignorancia del verdadero Dios, que los lleva a venerar como divinidades las creaturas que los asombran (fuego, océano, sol, etc.). Sin embargo, indica Santo Tomás que la causa determinante son los demonios, que para hacerse adorar de los hombres explotan su in­genuidad y utilizan los ídolos para dar oráculos y cumplir hechos sorprendentes. Y cita la frase de la Escritura: Todos los dioses de los paganos son demonios (Sal 115,5).
Para evitar relatos morbosos no doy aquí ningún testimonio de los muchos que han confesado haber quedado atrapados bajo la influencia diabólica por jugar con estas cosas. Basta mencionar el tan mentado tablero Ouija o juego de la copa. Muchos han tenido que aplicarse las palabras de Goethe: No puedo librarme de los espíritus que invoqué.
El libro de la Sabiduría (4,12), en la versión de la Vulgata, habla de la fascinatio nugacitatis y dice que ésta oscurece el bien: fascinatio enim nugacitatis obscurat bona. La nugacitas es la frivolidad, la estupidez, la necedad, el vacío. La nada ejerce una atracción misteriosa sobre los espíritus débiles en la fe; esto explica la seducción que ejerce el mal sobre los pecadores y desorientados. Pero a través de esa fascinación el mal actúa como un imán que chupa y traga a los que se inclinan neciamente sobre él.
Sobre estos temas hay que ser extremadamente cuidadosos. Alguien que durante mucho tiempo se dedicó a estudiar el tema del ocultismo y sus trasfondos satánicos dejó escrito unas palabras de gran prudencia: La investigación sobre estos temas, cuando es innecesaria y movida por la vana curiosidad, es siempre peligrosa. Nunca insistiremos de modo suficiente en la necesidad de no centrar nuestra atención en los fenómenos ruidosos y extraordinarios del accionar diabólico. Permanezcamos en cambio firmes en la vigilancia y la oración, para que el Adversario no esclavice nuestras almas por el error, la mentira y el pecado[9].
III) Cuidado con nuestro psiquismo débil
Finalmente, quien se mete en este campo también arriesga mucho desde el punto de vista psíquico. Es bien conocido el ambiente desequilibrado en que se mueve este tipo de tendencias. Muchos de quienes dirigen este tipo de fenómenos (fundadores de sectas, dirigentes, mediums espiritistas, pseudo-profetas, iluminados, etc.), cuando no son vividores y delincuentes se encuadran entre enfermos mitómanos, histéricos, paranoicos, esquizoides y obsesos psíquicos[10]. Similar suerte pueden correr quienes se dejan influenciar por ellos o por la atracción morbosa que suele caracterizar todo lo relacionado con lo oculto, la magia, los poderes de la mente, las fuerzas ocultas de la naturaleza, etc. Por eso afirma Martín Ebon, autor del libro La trampa de Satanás: Los autores que se ocu­pan de la telepatía, la clarividencia, la profecía, la acción de la men­te sobre la materia y otras prácticas psíquicas deben estar cons­tantemente alertas ante el peligro de presentar esos temas única­mente en términos brillantes y positivos. Hay en estos fenómenos otra cara, una cara oscura, y en nuestro tiempo esta oscuridad pa­rece difundirse con suma rapidez... sufrimos una virtual epide­mia de juego irresponsable con los poderes ocultos... los pode­res ocultos no son un juguete. Nos exponen a influencias que des­conocemos y que a veces no podemos controlar. Este mismo autor señala entre las con­secuencias más notables de estos juegos con los poderes ocultos: los estados neuróticos, el desdoblamiento de la personalidad, la obsesión y la posesión por entidades no determinadas, que para Ebon son tan sólo fuerzas liberadas del subconsciente, pero que pueden llegar a ser incluso seres demoníacos[11].
También un autor que se consideraba representante del esoterismo tradicional (opuesto, pues al moderno ocultismo) como René Guénon sostenía que todo intento de practicar cualquiera de las artes ocultas representa, para el hombre contemporáneo, un grave peligro mental e incluso físico[12].
Un autor no católico sino evangelista, Kurt Koch, de gran experiencia en el tema señala como efectos de este tipo de actividades:
•En el carácter producen: un aumento agudo y pertinaz de los afectos, e hipersensibilidad que se manifiesta en accesos de ira, sus­ceptibilidad explosiva y sexualidad aumentada, es decir, un desbor­de incontrolado de las pasiones.
•En el plano de la patología psíquica se producen: alucinacio­nes, estados melancólico‑depresivos, apatía, pérdida de ganas de vivir, tendencia compulsiva al suicidio; y síntomas como los pensamientos hipnóticos, las obsesiones, las disgregaciones y desdoblamientos de la personalidad que pueden llegar hasta la locura completa. Incluso puede llegar a la misma obsesión y posesión diabólica.
•En la vida espiritual y religiosa lle­van a la pérdida de la fe, y producen estados que se caracterizan por la animosidad contra Dios y contra Cristo, desgano hacia la Palabra de Dios y la oración, pensamientos blasfemos, piedad simulada y locura religiosa.
•El desarrollo de facultades mediales (emparentadas con el desdoblamiento de la personalidad) así como la producción de fenómenos paranormales pueden, según la experiencia de Koch, afectar a los descendien­tes del sujeto hasta la tercera y cuarta generación, así como a los lugares (casas, establecimientos) donde se realizan las prácticas ocultistas[13].
3. El gran desafío
Estamos ante una situación muy grave que exige remedios proporcionados. En algunas publicaciones se insiste, a mi parecer de modo erróneo, en las causas socioeconómicas del problema. Atormentado, el hombre recurre a la religión y las creencias para soportar las condiciones de vida y sus avatares, se lee[14]. No hay que confundir. Es cierto que gran parte de la gente recurre a tarotistas, brujos, sanadores y otros rubros, para pedir trabajo o salir de la desesperación económica que los aflige. Pero esta no es la explicación de la causa sino la descripción de las consecuencias. Épocas más duras ha conocido la historia; piénsese si no en las dos grandes guerras que afligieron el siglo XX; y en esta misma época que vivimos, personas hay que están en condiciones más ásperas que muchos de los que recurren a estos medios aternativos y sin embargo no lo hacen.
Corremos el riesgo de refugiarnos en explicaciones sociológicas y económicas. Pero la cuestión aquí es teológica. El problema afecta a la fe y tiene raíces en la fe. Manifiesta una crisis muy grave en el plano pastoral y evidencia una insuficiencia en la praxis pastoral por parte de los responsables de ésta. Probablemente estamos atrapados en una pastoral de escritorio, prejuiciada (pues es por prejuicios que se han abandonado métodos pastorales que han dado en el pasado felices resultados) y lejos de la altura que exigen las circunstancias.
Hay que ir a las raíces. Estamos ante una reviviscencia del paganismo o una paganización de la religión (no me animo a decir demonización). Entonces hay que atacar con una evangelización de profundidad y amplitud.
Por amplitud quiero decir: vasta, es decir, que llegue a las grandes masas. No basta la cátedra de la escuela ni el ambón de la Iglesia (y ojalá éstas fuesen más eficaces). Hace falta catequizar por medio de los grandes medios: televisión, radio, periódicos, revistas de todos los niveles. No podemos seguir lamentándonos de que las sectas o los movimientos ocultistas bombardean a los pobres incautos; hay que ganar espacio. Y hay que reconocerlo: los católicos no evangelizan a través de los medios como deberían; o, al menos, lo hacen con mucha tibieza. Es cierto que los grandes medios muchas veces no dan lugar a ello (por el contrario, se ponen al servicio de la confusión que reina en este campo); entonces no queda otra solución que crear grandes medios católicos; o aumentar los que ya existen.
Pero aún esto no basta. Es necesario que esta evangelización sea profunda y capaz de calar hondo. Y esto sólo es posible tomando en serio el espíritu misionero de la Iglesia. No sólo de la misión ad gentes, en tierras de paganos; sino de las misiones populares, como las concibieron San Pablo, San Alfonso, San Luis María Grignión de Montfort y todos los grandes predicadores populares, los cuales revirtieron situaciones como la nuestra.
Junto a la misión popular hace falta una predicación de la fe viva y vivificante, completa y pormenorizada. Incluso, aunque se escandalicen muchos, hay que decir que es necesaria una buena formación apologética. San Pedro insta a los cristianos a estar dispuestos a dar razón de nuestra esperanza (cf. 1Pe 3,15), es decir, de las cosas que creemos y esperamos. Lamentablemente la mayoría de los católicos no estamos hoy en condiciones de ejecutar el mandato del Primer Papa.
La confusión que reina en cuestiones elementales de nuestra fe (como las que analizamos en este artículo) lo demuestra. Si San Juan Bautista se presentase hoy nuevamente no dudaría en predicarnos como a los judíos: En medio de vosotros está uno a quien no conocéis (Jn 1,26). Porque a Jesucristo -ese Uno que vive en medio de los cristianos- poco lo conocemos. Si lo conociéramos más no lo rebajaríamos al nivel de los falsos mesías y tendríamos más en cuenta la exhortación de la carta a los Hebreos: Ayer como hoy, Jesucristo es el mismo, y lo será siempre. No os dejéis seducir por doctrinas varias y extrañas (Hb 13,8-9).
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NOTAS:
[1] La superstición es analizada por Santo Tomás en Suma Teológica, II-II, cuestión 93 y siguientes. Uso también aquí cuanto expone Antonio Royo Marín, Teología Moral para Seglares, tomo I, n. 365 y siguientes.
[2] La superstición es la desviación del sentimiento religioso y de las prácticas que impone. Puede afectar también al culto que damos al verdadero Dios, por ejemplo, cuando se atribuye una importancia, de algún modo, mágica a ciertas prácticas, por otra parte, legítimas o necesarias. Atribuir su eficacia a la sola materialidad de las oraciones o de los signos sacramentales, prescindiendo de las disposiciones interiores que exigen, es caer en la superstición (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2111).
[3] El culto viene a ser falso y pernicioso si los actos exteriores que lo expresan tienen un significado erróneo. Sería el caso, por ejemplo, de que se celebren todavía bajo la ley nueva las ceremonias de la ley antigua, porque éstas no eran sino figurativas de la futura pasión de Cristo, y su empleo actualmente parecería significar que los misterios de Cristo aún están por venir. Asimismo sería una falsedad el ofrecer a Dios un culto en oposición a las reglas establecidas por la Iglesia: esto equivaldría a substituir a la religión autén­tica establecida por la autoridad divina una iniciativa o una tradición completamente humana.
[4] Catecismo de la Iglesia Católica, nº 2115-2116.
[5] Cf. Royo Marín, I, nº 368. No me refiero, evidentemente, a la prestidigitación o ilusionismo.
[6] Catecismo de la Iglesia Católica, nº 2117.
[7] Cf. Declaración del Santo Oficio del 4 de agosto de 1856: Dz 1653-1654.
[8] Clarín, 12/11/00, sección Zona, p. 4.
[9] P. Alberto Ezcurra, en la recensión al libro de Malachi Martin, El rehén del diablo, en Revista Mikael 18 (1978), 146.
[10] Pensemos, por ejemplo, en Marsall Applewhite, fundador de la secta Puerta del Cielo que hizo suicidar a 39 de sus miembros en marzo del año pasado para poder engancharse en la nave espacial oculta en la cola del cometa Hale Bopp, en David Koresh quien se creía el Mesías y trajo la muerte de la mayoría de sus seguidores que termiranon calcinados en su fortaleza de Waco, Texas, en 1993, en Jim Jones que se suicidó en Guyana con mil de sus seguidores; en Shoko Asahara, lider de la secta Aum Shinrikyo (Verdad Suprema) que inundó de gas sarín los subterráneos de Tokio, etc.
[11] Ebon, Martín, y otros, La trampa de Satanás, Troquel, Buenos Aires 1978. Este libro tiene datos interesante, pero contiene también muchos errores.
[12] Lo dice Mircea Eliade hablando de la posición de Guénon en: Ocultismo, brujería y modas culturales, Marymar, Buenos Aires 1977, pp. 105-106.
[13] Citado por Alberto Ezcurra, La moda del ocultismo, Mikael 30 (1982), 23-25.
[14] Clarín, citado, p. 4.

OCHO CONSEJOS ANTE LA MUERTE DE UN SER QUERIDO


8 Consejos ante la Muerte de un Ser Querido




“Ven, siervo bueno y fiel; entra en el gozo de tu Señor” (Mt 25, 21)

1. La muerte es un momento de dolor donde sólo la fe puede iluminar de esperanza ese momento de tristeza. La muerte duele porque es un parto al cielo. Cuando muera un ser querido piensa si existía un “derecho” para retenerlo aquí y si era más tuyo que de Dios. Mira si no es egoísmo querer privarle de lo que ahora tiene: la felicidad eterna. ¿Estás seguro de que más tarde se iba a salvar…?

2. ¿Qué es la muerte? La muerte no tiene la última palabra: la vida no termina, se transforma. Los hombres que contemplan el sepulcro de Jesucristo viven en la esperanza de la Resurrección. La muerte nos revela lo que el hombre es: “polvo, ceniza, nada”. Quien muere deja una luz y alcanza otra. La muerte es el paso a la eternidad. La muerte es fin e inicio. Morir en gracia de Dios significa conquistar la cumbre, la meta, el abrazo eterno del Padre. San Francisco cantó: “Y por la hermana muerte, ¡loado mi Señor! Ningún viviente escapa de su persecución; ¡ay, si en pecado grave sorprende al pecador! ¡Dichosos los que cumplen la voluntad de Dios!”.

3. ¿Es mejor vivir o morir? “Para mí la vida es Cristo, y la muerte, una ganancia. Pero si el vivir en la carne significa para mí trabajo fecundo, no sé qué escoger... Me siento apremiado por las dos partes: por una parte, deseo partir y estar con Cristo, lo cual, ciertamente, es con mucho lo mejor...” (Flp 1, 21-23). La felicidad del hombre consiste en amar y ser amado. Cuando un alma parte a la casa del Padre ahí es amada por Dios y ama a Dios. Un día el hombre dejará de sonreír, de caminar y de cantar… pero nunca dejará de amar. En vez de recibir la muerte con lágrimas, deberíamos recibirla con una sonrisa porque nos conduce al encuentro, cara a cara, con nuestro Creador.

4. ¿Qué podemos aprender de la muerte? En la entrada de un cementerio español está escrito: “Hoy a mí, mañana a ti”. Lo capital para el hombre no es morir antes o después, sino bien o mal. San Agustín confesó: “Como es la vida, así es la muerte”. Ten presente que “Cuando un padre muere es como si no muriese, pues deja tras de sí –algunas veces- un hijo semejante a él”. (Si. 30, 4).

5. ¿Hay que temer la muerte? No, pero cuando se tiene miedo, por algo será… Opta por una muerte que te lleve al cielo. Que no te pase como aquel epitafio que decía: “Aquí yace un hombre que murió sin leer el libro que lo iba a salvar: la Biblia”. O aquel otro que decía: “He aquí un ateo que no tiene a dónde ir”. Hay que vivir de tal manera que si volviéramos a nacer elegiríamos seguir el mismo camino. Santa Teresa no temía la muerte, al contrario, ella decía: “Muero porque no muero”. Para desear la eternidad es necesario imaginar el abrazo del Padre.

6. ¿Por qué existe la muerte? Porque el hombre quiere ver a Dios y para verlo es necesario morir. El hombre surgido del polvo debe retornar al polvo y el alma surgida de Dios debe volver a Dios. Las dos verdades absolutamente ciertas de la vida son nuestra existencia y lo inevitable de nuestra muerte. Todos los hombres mueren, pero no todos viven. San Ambrosio predicó: “Es verdad que la muerte no formaba parte de nuestra naturaleza, sino que se introdujo en ella; Dios no instituyó la muerte desde el principio, sino que nos la dio como un remedio (...). En efecto, la vida del hombre, condenada por culpa del pecado a un duro trabajo y a un sufrimiento intolerable, comenzó a ser digna de lástima: era necesario dar un fin a estos males, de modo que la muerte restituyera lo que la vida había perdido. La inmortalidad, en efecto, es más una carga que un bien, si no entra en juego la gracia (…) No debemos deplorar la muerte, ya que es causa de salvación”.

7. ¿Por qué no sabemos el día que vamos a morir? Si supiéramos el día de nuestra muerte no viviríamos cada día con la misma intensidad. Nadie sabe ni cómo ni cuándo morirá. Nadie por más que se esfuerce puede añadir una hora al tiempo de su vida. La muerte es lo más cierto, pero el día es lo más incierto. No olvides que no es necesario ser viejo para morir. No vale la pena indagar el cómo, el cuándo ni el dónde moriré; pero sí vale estar preparado.

8. ¿Qué actitud debemos tomar ante la muerte de un ser amado? No rechazar a Dios porque nos lo ha quitado, sino agradecerle porque nos lo ha dado. “¿Conviene llorar a un muerto? Sí, pero no lamentarse cuando muere en aras de Dios”, como dijo un amigo. Dios es misericordioso y “la misericordia se siente superior al juicio” (St 2, 13) Porque “nuestra maldad es una gota que cae en el océano de la misericordia de Dios”. “Jesucristo crucificado está como un tapón entre la muerte y el infierno”. Dios es comprensivo porque sabe todo y saberlo todo es perdonarlo todo. Jesús nos enseñó: “Sed misericordiosos como vuestro Padre celestial es misericordioso”. Mientras que el apóstol Santiago escribió:

“Habrá un juicio sin misericordia para el que no tenga misericordia hacia los demás” (St 2, 13) Recuerda: para obtener misericordia para uno mismo, es necesario tener misericordia hacia los demás. “Al final de la vida sólo queda lo que hayamos hecho por Dios y los demás”.

¡Vence el mal con el bien!
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Fuente: Catholic.net 
Autor: Ricardo Ruvalcaba, L.C

CARTA DESDE EL CIELO

CARTA DESDE EL CIELO




No estés triste pensando en mí...
Éste es un lugar realmente maravilloso y yo me encuentro feliz y totalmente en paz... no me duele nada Te escribo para que quites la tristeza de tu corazón y la oscuridad de tus pensamientos.

Hay miles de ángeles aquí y son extraordinarios.
Me encanta verlos volar y sabes? Jesús no se parece a ninguna de las fotos que pintan de él .

Aún así tan pronto lo vi lo reconocí en seguida, sabía que era él!
Jesús me llevo con Dios y él hablo conmigo como si yo fuese importante...

Ahí fue cuando le dije que yo quería escribirte una carta para despedirme de ti y decirte cómo me siento ahora... Dios me dio papel y su pluma personal para que yo te escribiera esta carta y un ángel hizo que te llegara.

Es difícil explicarte como me siento, pero lo que puedo decirte es que se siente bien estar acá.. el sol brilla increíblemente y las nubes reflejan su luz provocando rayos de hermosos por todos lados.

Aquí hay mucha gente como yo, también está la gente que hace mucho se me adelantó. Dios me dijo que te contestara una de las preguntas que le hiciste: "Que dónde estaba El cuando yo lo necesitaba" Dios me dijo que estaba en el mismo lugar, conmigo como siempre!

El nunca me ha dejado ni antes ni ahora y eso me regocija el alma, hoy puedo estar con El por siempre y a cada instante! Cada que me necesites solo necesitas cerrar los ojos y vibrarme, estoy junto a ti, te escucho, platícame en el silencio de tu alma... mira al cielo y ahí en un lugarcito estoy feliz, con mi sonrisa, esa que tanto te gusta. Pero no estés triste por favor, YO ESTOY MUY BIEN!!

Tengo que devolverle la pluma a Dios, así que me voy despidiendo... Celebra que puedes verme en cada acto de amor...

Soy solo eso, sencillamente amor. Que tus lágrimas no te impidan ver las estrellas y cerrar tu alma, no te dejes apagar por favor, cuando mas te ríes mas brillo, cuando mas sufres mas te abrazo yo.

Se que me extrañas pero no pienses en cuando me fui, piensa en mí cuando estuve y en todo lo bello que pasamos, en todos esos sencillos momentos que nunca vamos a olvidar. Hoy te digo adiós y no me busques en todos lados, no es necesario porque yo estoy ahí.. en tu alma cerquita de tu corazón velando y orando por ti...

SIEMPRE!!! Yo nunca me iré de tu lado mientras me recuerdes TE AMO!!

QUE EL SEÑOR AL VENIR NOS ENCUENTRE DESPIERTOS


Que el Señor al venir los encuentre despiertos
Tiempo Ordinario



Lucas 12, 35-38. Tiempo Ordinario. La salvación no es cosa de un día. Requiere estar siempre en actitud vigilante. 


Por: P. Luis Gralla | Fuente: Catholic.net 



Del santo Evangelio según san Lucas 12, 35-38
Estén ceñidos vuestros lomos y las lámparas encendidas, y sed como hombres que esperan a que su señor vuelva de la boda, para que, en cuanto llegue y llame, al instante le abran. Dichosos los siervos, que el señor al venir encuentre despiertos: yo os aseguro que se ceñirá, los hará ponerse a la mesa y, yendo de uno a otro, les servirá. Que venga en la segunda vigilia o en la tercera, si los encuentra así, ¡dichosos de ellos!

Oración introductoria
Señor, creo, confío y te amo sobre todas las cosas. Me acerco a Ti en esta oración para reanimar la fe, para recibir la energía espiritual que mueva mi corazón y que me mantenga en vigilante espera.

Petición
Dios mío, concédeme vivir alerta, de cara a la eternidad, con mi alma limpia, lista para el encuentro definitivo contigo.

Meditación del Papa Francisco
El evangelista Lucas nos muestra Jesús que está caminando con sus discípulos hacia Jerusalén, hacia su Pascua de muerte y resurrección, y en este camino les educa confiándoles lo que Él mismo lleva en el corazón, las actitudes profundas de su alma.
Entre estas actitudes están el desapego de los bienes terrenos, la confianza en la providencia del Padre y, también, la vigilancia interior, la espera activa del Reino de Dios. Para Jesús es la espera de la vuelta a la casa del Padre. Para nosotros es la espera de Cristo mismo, que vendrá a cogernos para llevarnos a la fiesta sin fin, como ya ha hecho con su Madre María Santísima, que la ha llevado al Cielo con Él.
Este Evangelio quiere decirnos que el cristiano es uno que lleva dentro de sí un deseo grande, un deseo profundo: el de encontrarse con su Señor junto a los hermanos, a los compañeros de camino. Y todo esto que Jesús nos dice, se resume en un famoso dicho de Jesús: "Dónde está vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón". El corazón que desea, todos nosotros tenemos un deseo. La pobre gente que no tiene deseos, deseo de ir hacia adelante, hacia el horizonte. Para nosotros cristianos este horizonte es el encuentro con Jesús, el encuentro precisamente con Él, que es nuestra vida, nuestra alegría, lo que nos hace felices. (Homilía de S.S. Francisco, 11 de agosto de 2013).
Reflexión
¿Se salvan todos? ¿No será mejor vivir bien la vida y arrepentirse al final? Estos y otros interrogantes aparecen con frecuencia entre los jóvenes. Algunos piensan que Dios, como es Padre misericordioso, hará la vista gorda el día del Juicio y nos meterá a todos en el cielo. Otros dicen que, como lo importante es el último momento, basta con una buena confesión justo antes de la muerte. Estos han leído muy bien la historia del "buen ladrón" crucificado junto a Cristo.

Los más viejos del lugar ya no saben qué decir. Las cosas van tan deprisa que lo que antes era verdad ahora parece que ha cambiado. Eso de la "salvación de las almas" ya no les dice mucho.

¿Y nosotros qué pensamos?

La salvación no es cosa de un día. Requiere estar siempre en actitud vigilante. Puede ayudarnos el hacer un examen de conciencia al final del día. De hecho, quienes se examinan con frecuencia sobre el estado de su alma, difícilmente sucumben. Al examinarnos, estamos tomando la "temperatura" de nuestra alma y descubrimos si está fría o caliente. Sabemos si vamos por buen camino o hay algo que corregir. Nos damos cuenta si estamos o no preparados para abrir la puerta "al señor que vuelve de la boda".

Por eso, no hay que arriesgarlo todo para el último momento, porque es posible que nos sorprenda cuando menos lo esperemos. Es más prudente seguir el consejo que Jesús nos dio: "El que persevere hasta el final, ése se salvará".

Propósito
Vivir responsablemente este día, aprovechando mi tiempo, esforzándome por «ganar tiempo al tiempo», para comprometerme más en la nueva evangelización.

Diálogo con Cristo
Sean pocos o muchos los años que me quedan de vida, necesito estar listo para lo que la Providencia permita. Jesús, Tú conoces todas mis acciones, mis pensamientos y guías siempre mi camino, por eso te doy gracias; pero también conoces mis temores y mi fragilidad, por eso te pido la fortaleza y la sabiduría que necesito para sentir la urgencia de trabajar por tu Iglesia.
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