domingo, 25 de octubre de 2015

PADRE, ME ABANDONO EN TUS MANOS


Padre, me abandono en tus manos




Padre, me abandono en tus manos,
el abandonarse es un compromiso sólo con,
y en la madurez de Cristo Jesús.

Es un dejarme ir.
es una ruptura con las cuerdas por las cuales
manipulo, controlo, administro,
la fuerza de mi propia vida.
El abandonarse es no manejar nada,
no esperar nada,
el abandonarse es recibir todas las cosas
de manera en que uno recibe un regalo
con las manos abiertas,
y el corazón abierto.

El abandonarse es ser dirigido,
no por las necesidades humanas, sino por Vos,
el abandonarse es más que un compromiso,
es no hacer nada para Vos, sino dejar que
todo sea hecho por Vos.

El abandonarse se hace solamente en la
esperanza de que Tu vida rodee
todas mis y las cosas,
de que venga Tu Reino,
de que Tu voluntad sea cumplida.

¡Amén!

QUE SEA PRESENCIA (ORACIÓN)


Que sea presencia (Oración)


Señor, que sea presencia,
para que hable de Tí sin nombrarte;
que sepa callar cuando es preciso con el gesto que reemplace la palabra.

Que sea presencia con la luz que ilumina el lenguaje del silencio
y voz, que surgiendo de la vida, no habla.

Que sea presencia para decirle a los demás que estamos cerca,
aunque sea grande la distancia que separa.

Que sea presencia para intuir la esperanza de los otros y simplemente, llenarla.

Que sea presencia para sufrir con el que sufre y desde dentro, mostrarle que Dios
cura nuestras llagas.

Que sea presencia riendo con el que ríe y alegrándome con el gozo del hermano porque ama.

Que sea presencia para  gritar con la fuerza del Espíritu
la verdad que desde Dios siempre nos salva.

Que sea presencia para vivir expuesto y sin armas, confiando ciegamente en tu Palabra.

Que sea presencia para llevar el “desierto” a los hermanos,
que es compartir tu Misterio y decirles que los amas.

Que sea presencia para escuchar tu lenguaje en silencio,
y para“ver” por ellos cuando la fe pareciera que se apaga.

Que sepa ser presencia, Señor, para saber esperar tu tiempo
sin apresuramientos y con calma.

Ser presencia para dar serenidad con una paz muy honda,
y vivir la tensión del desconcierto
en una Iglesia que, porque crece, cambia.

Ser presencia para abrirme a los “signos de los tiempos”
manteniéndome fiel a tu Palabra.

En fin, ser presencia Señor, para continuar siendo peregrino
en el camino poblado de hermanos,
gritando en silencio que estás vivo
y que nos tienes tomados de la mano.



Cardenal Eduardo Pironio

Y AL INSTANTE, RECOBRÓ LA VISTA


Y al instante, recobró la vista
Milagros



Marcos 10, 46-52. Domingo 30o. del Tiempo Ordinario B. ¿Qué le pediríamos a Cristo? Pero no cosas pequeñas, ¡sino grandes! 


Por: P. Luis Gralla | Fuente: Catholic.net 



Te adelantamos las Reflexiones del Evangelio de la Semana 30o. del Tiempo Ordinario, del domingo 25 al sábado 31 de octubre 2015.
__________________________________
Del santo Evangelio según san Marcos 10, 46-52
En aquel tiempo, mientras Jesús salía de Jericó acompañado de sus discípulos y de una gran muchedumbre, el hijo de Bartimeo, un mendigo ciego, estaba sentado junto al camino. Al enterarse de que era Jesús de Nazaret, se puso a gritar: ¡Hijo de David, Jesús, ten compasión de mí! Muchos le increpaban para que se callara. Pero él gritaba mucho más: ¡Hijo de David, ten compasión de mí! Jesús se detuvo y dijo: Llamadle. Llaman al ciego, diciéndole: ¡Animo, levántate! Te llama. Y él, arrojando su manto, dio un brinco y vino donde Jesús. Jesús, dirigiéndose a él, le dijo: ¿Qué quieres que te haga? El ciego le dijo: Rabbuní, ¡que vea! Jesús le dijo: Vete, tu fe te ha salvado. Y al instante, recobró la vista y le seguía por el camino.

Oración introductoria
Señor, como Bartimeo soy un ciego, me falta la luz de la fe y por eso tropiezo con mi pecado. El egoísmo cierra mis ojos, me paraliza. Por eso yo también te grito fuertemente en esta oración: Señor, ¡ten compasión de mí! ¡Padre mío, haz que vea! ¡Haz que me aleje de mi indiferencia y comodidad movido por el amor, la esperanza y la fe!

Petición
Jesús, ayúdame a ver todo lo que me impide seguirte más generosamente.

Meditación del Papa Francisco
En el Evangelio el ciego Bartimeo grita a Jesús para ser sanado, mientras los discípulos le regañan para que no lo haga. Hay cristianos que se ocupan solo de su relación con Jesús, es una relación cerrada, egoísta. Ese grupo de gente, también hoy, no escucha el grito de muchos que necesitan a Jesús. Un grupo de indiferentes: no escuchan, creen que la vida sea su grupito; están contentos; están sordos al clamor de tanta gente que necesita salvación, que necesita la ayuda de Jesús, que necesita de la Iglesia. Esta gente es egoísta, vive para sí misma. Son incapaces de escuchar la voz de Jesús.
También está el grupo de los que escuchan este grito que pide ayuda, pero que lo quieren hacer callar. Como cuando los discípulos alejan a los niños para que no incomoden al Maestro. En este grupo están los empresarios, que están cerca de Jesús, están en el templo, parecen religiosos, pero Jesús les expulsa, porque hacían negocios allí, en la casa de Dios. Son esos que no quieren escuchar el grito de ayuda, sino que prefieren hacer sus negocios y usando al pueblo de Dios, usando a la Iglesia. Estosempresarios alejan a la gente de Jesús.
Son cristianos de nombre, cristianos de salón, cristianos de recepciones, pero su vida interior no es cristiana, es mundana. Uno que se dice cristiano y vive como un mundano, aleja a los que piden ayuda a gritos a Jesús. (Cf Homilía de S.S. Francisco, 28 de mayo de 2015, en Santa Marta).

Reflexión
Bartimeo quería algo y lo pidió con todas sus fuerzas, incluso gritando. Jesús no pudo seguir adelante, porque había alguien junto al camino que le necesitaba y que hacía lo posible para ser escuchado.

Entonces le llamó, y el ciego, arrojando todo lo que tenía, su manto, se puso en pie y acudió en seguida.

Nos encontramos ante una lección perfecta de cómo orar. Primero hay que pedir con insistencia, con fuerza, que Cristo venga a socorrernos. Y hacerlo con la actitud del mendigo ciego: con humildad.

A Jesús le llamó "Hijo de David", es decir, hijo del más grande rey de Israel. Y de sí mismo dijo que era alguien de quien debía compadecerse. Así es el encuentro de la criatura con Dios.

Entonces, cuando Dios encuentra un alma bien dispuesta, se rinde, le llama y le hace la gran pregunta: ¿Qué quieres que te haga?

Hoy podemos preguntarnos: ¿qué quiero que Dios me haga? ¿Cuál es el gran deseo que arde en mi corazón?

Pidamos, pero no cosas pequeñas, sino grandes. Pidamos aumentar nuestra fe hasta límites insospechados, pidamos ser grandes apóstoles, pidamos ser santos.

El ciego supo pedir lo que necesitaba. Y para acudir a ese encuentro salvador no le importó dejar su manto, su miserable manto, porque así, desprendido de todo, alcanzaría la gracia que más anhelaba en su corazón.

Propósito
Valorar la participación familiar en la Eucaristía dominical como el momento más importante del día.

Diálogo con Cristo 
Nada pudo apartar a Bartimeo de su deseo de acercarse al Señor. Ni el qué dirán ni el hecho de que lo que pedía era algo humanamente imposible de lograr. Señor, permite que pueda tener ese celo, esa seguridad. Dame la gracia de vivir con la inquietud, con la sed, con el ansia de participar en tu Eucaristía, porque la fe no es algo que yo pueda conseguir, por más empeño que ponga. La fe es un regalo, un don que debo pedir humilde y constantemente en mi oración.

¿POR QUÉ NOS SENTIMOS SIEMPRE CANSADOS?


¿Por qué nos sentimos siempre cansados?


"El problema no es siempre el exceso de actividades, sino sobre todo las actividades mal vividas, sin las motivaciones adecuadas, sin una espiritualidad que impregne la acción y la haga deseable. De ahí que las tareas cansen más de lo razonable, y a veces enfermen.

No se trata de un cansancio feliz, sino tenso, pesado, insatisfecho y, en definitiva, no aceptado. Esta acedia pastoral puede tener diversos orígenes. 

Algunos caen en ella por sostener proyectos irrealizables y no vivir con ganas lo que buenamente podrían hacer. Otros, por no aceptar la costosa evolución de los procesos y querer que todo caiga del cielo. Otros, por apegarse a algunos proyectos o a sueños de éxitos imaginados por su vanidad. Otros, por perder el contacto real con el pueblo, en una despersonalización de la pastoral que lleva a prestar más atención a la organización que a las personas, y entonces les entusiasma más la «hoja de ruta» que la ruta misma. Otros caen en la acedia por no saber esperar y querer dominar el ritmo de la vida. 
El inmediatismo ansioso de estos tiempos hace que los agentes pastorales no toleren fácilmente lo que signifique alguna contradicción, un aparente fracaso, una crítica, una cruz."

Evangelii Gaudium (II. No a la acedia egoísta)
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