martes, 27 de octubre de 2015

SOPORTAR CON PACIENCIA LOS DEFECTOS DE LOS DEMÁS

Soportar con paciencia los defectos de los demás
«Soportar con paciencia los defectos del prójimo». Esta es una de las obras de misericordia espirituales propuestas por la Iglesia


Por: H. Rodrigo Fernández de Castro, L.C. | Fuente: Catholic.net 



Conforme se crece en la vida uno se ve a sí mismo con mayor realismo. Nos damos cuenta de nuestros defectos: somos impacientes, celosos, envidiosos… En algunos momentos parece que hemos superado estos vicios, pero la realidad es que siempre vuelven, convirtiéndose en la cruz que debemos cargar. Una cruz que hace sufrir no sólo a los demás, sino también a nosotros mismos.
En estas situaciones, cuánto agradece nuestro corazón el que una persona soporte con paciencia la manifestación de nuestros defectos. ¿Verdad que esto provoca un dulce consuelo para nuestra alma? Es con estas personas, las que saben soportarnos, con las que más queremos estar, porque nos quieren como de verdad somos.
 «Soportar con paciencia los defectos del prójimo». Esta es una de las obras de misericordia espirituales propuestas por la Iglesia.
Quien vive esto en grado máximo es Dios, que es un Padre que soporta con paciencia nuestros fallos, porque Él conoce nuestra condición, se acuerda de que somos polvo (cf. Sal 103).
Podemos pensar también en las muchas personas que a lo largo de nuestra vida nos han soportado: padres, hermanos, hijos, maestros, jefes, subalternos… Sería interminable la lista de personas que, soportando nuestros defectos, han dado consuelo a nuestro corazón, especialmente en los momentos de dificultad, cuando pareciera que nuestros defectos brotan naturalmente.
Estamos viviendo un año jubilar dedicado a la misericordia, en el que la Iglesia nos invita a vivir a fondo el Evangelio, haciéndolo carne con nuestras obras. «Sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso» (cf. Lc 6,36).
 ¿Cómo soportar con paciencia los defectos de los demás?
Lo primero que hay que decir es que ésta, como todas las demás obras de misericordia, nace de un corazón que ha hecho esa experiencia. «Estamos llamados a vivir de misericordia, porque a nosotros en primer lugar se nos ha aplicado misericordia» (cf. Papa Francisco, Misericordiae Vultus, n. 9). Por tanto, hay que empezar por cultivar en nuestro corazón una sincera gratitud a Dios y a las personas que en nuestra vida nos han soportado con paciencia.
Una vez hecho esto, en la práctica hay dos formas de vivir esta obra, una externa y otra interna. La externa consistirá en cosas como sonreír cuando alguno nos importuna, responder de buena forma cuando quisiéramos mostrar enojo, ser pacientes con los molestos… Esto será ya un gran paso, pero para vivir a fondo esta obra, deberemos dar el paso a una vivencia más perfecta, es decir, interna.

Se trata de formar un corazón compasivo y misericordioso, que sabe no sólo soportar, sino hacerlo con verdadera paciencia. Un corazón que no se indigna ante los defectos de los demás, sino que sabe soportar desde dentro y aguantar, porque es consciente de que todos somos débiles y de que nadie es perfecto. Un corazón así hace vida lo que San Pablo escribía en el himno a la caridad: «El amor es paciente, es bondadoso» (cf. 1 Co 13, 4).
Aprovechemos este tiempo en que Dios nos ofrece una gracia especial para vivir la misericordia. Confiemos en que su promesa se cumplirá: «Bienaventurados los misericordiosos, porque alcanzarán misericordia» (cf. Mt 5,7).

CÓMO TRANSMITIR LA FE A LOS HIJOS


Cómo transmitir la fe a los hijos
Educación moral y religiosa


Enseña a tu hijo a rezar: verá la necesidad de los demás, será fuerte en las dificultades, tendrán un corazón agradecido…


Por: Saioa Orueta y Ana Asteinza | Fuente: Catholic.net 



Durante los primeros años de la vida de un niño comienzan a desarrollarse todos los aprendizajes.
Es en el contexto familiar donde el niño pronuncia sus primeras palabras, da sus primeros pasos,  aprende a rezar y a ser amigo de Jesús.
El colegio, los amigos y el ambiente social en el que  se desenvuelva también van a influir  en este aprendizaje.
Los padres tenemos un papel fundamental como transmisores de la fe.  Nuestro ejemplo, el cariño,  la manera de relacionarnos con los demás y la forma de vivir nuestra relación con Dios son fundamentales en el aprendizaje de nuestros hijos.
La paciencia, el cariño y la comprensión no deben faltar nunca en nuestra labor de transmisores fe.
Tenemos que tener presente que  el  niño  va creciendo y pasando por diversas etapas: infancia, niñez, preadolescencia, adolescencia y juventud.

La manera que tendrán de relacionarse con Jesús también cambiará y aunque haya momentos de desánimo nunca debemos darnos por vencidos. Jesús siempre tiene que estar presente en nuestra familia y en nuestro día a día.
El aprendizaje comienza por pequeños gestos, oraciones y detalles con la Virgen y el Niño Jesús.
Los padres podemos:
  • Rezar con los niños por la noche oraciones sencillas: Jesusito de mi vida, Ángel de la guarda.
  • Bendecir la mesa y rezar en el coche al comenzar un viaje.
  • Enseñarle a hablar con Jesús dirigiéndonos a Él con naturalidad: “Gracias Jesús por el día tan bueno que hemos pasado hoy”, “quiero pedirte por el abuelo que está enfermo”, “ayúdame a portarme un poquito mejor”…
  • Tener presente a la Virgen, poner un cuadro en su habitación, un Rosario, una estampa…
  • Llevarle a Misa y animarle a participar en los cantos, en la oración del Padre Nuestro, a dar la paz …
  • Vivir las fiestas desde el punto de vista cristiano:
En Navidad poner el Nacimiento, cantar villancicos, leer la Biblia  en familia.
En Semana Santa llevarle a las procesiones.
  • Explicarles porqué celebramos la festividad de Todos los Santos, el día de la Inmaculada…
  • Transmitirles el cariño hacia objetos religiosos presentes en nuestra casa: Una medalla con la Virgen, la Biblia familiar, el Rosario…
De este modo los niños crecerán viviendo la presencia de Jesús  con naturalidad.
Como padres debemos ser coherentes, rezar con ellos todos los días y siempre dar ejemplo.
Ánimo, somos sembradores de fe, todo lo que sembremos de pequeños SIEMPRE dará su fruto!!! 

EL REINO DE DIOS COMO LA LEVADURA



El Reino de Dios como la levadura
Parábolas



Lucas 13, 18-21. Tiempo Ordinario. Sembremos semillas de perdón, alegría, unión y fortaleza entre nuestros familiares y amigos. 


Por: Misael Cisneros | Fuente: Catholic.net 



Te adelantamos las Reflexiones del Evangelio de la Semana 30o. del Tiempo Ordinario, del domingo 25 al sábado 31 de octubre 2015.
__________________________________
Del santo Evangelio según san Lucas 13, 18-21
En aquel tiempo dijo Jesús: «¿A qué es semejante el Reino de Dios? ¿A qué lo compararé? Es semejante a un grano de mostaza, que tomó un hombre y lo puso en su jardín, y creció hasta hacerse árbol, y las aves del cielo anidaron en sus ramas». Dijo también: «¿A qué compararé el Reino de Dios? Es semejante a la levadura que tomó una mujer y la metió en tres medidas de harina, hasta que fermentó todo». 

Oración introductoria
Señor, quiero iniciar esta oración haciendo un acto profundo de humildad. Tú eres grande, yo soy muy pequeño, pero Tú puedes hacer que mi amor crezca de modo que pueda llegar a ser parte de tu Reino.

Petición
Jesús, ayúdame a nunca apoyarme en mi propio sentir para que todo sea para la gloria de tu Reino.

Meditación del Papa Francisco
La imagen del grano de mostaza. Si bien es el más pequeño de todas las semillas está lleno de vida y crece hasta volverse 'más grande que todas las plantas de huerto'.
Así es el reino de Dios: una realidad humanamente pequeña y aparentemente irrelevante. Para entrar a ser parte es necesario ser pobres en el corazón; no confiarse en las propias capacidades sino en la potencia del amor de Dios; no actuar para ser importantes a los ojos de mundo, sino preciosos a los ojos de Dios, que tiene predilección por simples y los humildes.
Cuando vivimos así, a través de nosotros irrumpe la fuerza de Cristo y transforma lo que es pequeño y modesto en una realidad que hace fermentar a toda la masa del mundo y de la historia.

De estas dos parábolas nos viene una enseñanza importante: el Reino de Dios pide nuestra colaboración, si bien es sobretodo iniciativa y un don del Señor. Nuestra débil obra aparentemente pequeña delante de los problemas del mundo, si se inserta en la de Dios y no tiene miedo de las dificultades.
La victoria del Señor es segura, su amor hará crecer cada semilla de bien presente en la tierra. Esto nos abre a la confianza y al optimismo a pesar de los dramas, las injusticias, y los sufrimientos que encontramos. La semilla del bien y de la paz germina y se desarrolla, porque lo hace madurar el amor misericordioso de Dios. (Ángelus de S.S. Francisco, 14 de junio de 2015).
Reflexión
Hay que apostar por ideales nobles en esta vida. Decidirnos a cambiar la venganza por el perdón, el egoísmo por la generosidad, el odio por el amor, la debilidad ante las dificultades por la fortaleza ante ellas. Los muchos avatares en esta vida nos impiden ver el bien que Dios tiene preparado en nuestro futuro. Cristo nos lo enseña comparando el Reino de los cielos con un grano de mostaza.

Una semilla tan insignificante por su pequeñez que seguramente un no entendido de semillas la hubiese tirado a la basura. Sin embargo, en su pequeñez se encierra su grandeza. Podríamos pensar que una minucia de ese tamaño no sirve para nada. Pero si conociésemos lo que viene después, pagaríamos lo que fuese por conseguirla. De la misma forma son los ideales por los que hay que apostar y pagar lo que sea. Al inicio no vemos el provecho personal que hay en perdonar a quien nos ofendió o prestar ayuda a quien lo necesita porque no vemos más que “una insignificante semilla de mostaza”, y lo es. Pero pensemos también que el fruto que viene después será inmensamente superior al que nosotros esperábamos.

Propósito

Sembremos estas semillas del perdón, de la alegría, de la unión, de la fortaleza entre nuestros familiares y amigos pero sobre todo en nuestro propio corazón. Son semillas que en su pequeñez se encierra su grandeza y provecho para nuestra vida.

Diálogo con Cristo 
No deja de ser asombroso cómo una porción de harina duplica o triplica su tamaño por el hecho de poner una mínima porción de levadura… Señor, gracias por ser la levadura que hace mi vida bella, abundante y emocionante, porque me das la posibilidad de colaborar en la extensión de tu Reino. Pido la intercesión de María, para ser como la levadura: discreto, sencillo, pero capaz de llenarlo todo de tu presencia y de tu amor.
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...