viernes, 30 de octubre de 2015

¿QUÉ SON LAS INDULGENCIAS?

¿Qué son las indulgencias? 

Conoce tu fe


Nuestro Señor Jesucristo conquistó para nosotros, en la Cruz, la misericordia que no merecíamos.



Fuente: es.gaudiumpress.org / Catholic.net 





Imaginemos la siguiente escena, tan cotidiana en una casa de familia: uno de los hijos, aun conociendo una prohibición formal del padre, lo desobedece traviesamente. El padre, al saber de lo ocurrido, se ve en la contingencia de punir al infractor, aunque esto le sea más dilacerante que para el propio hijo. Mientras tanto, al ser informada, la madre pide clemencia por el pequeño travieso. ¿Dadas las instancias maternas, no es verdad que con frecuencia el padre cede, en atención al pedido de la esposa? En este caso, el padre de familia concede una indulgencia al hijo, por respeto a la intercesión maternal.
La Indulgencia de Dios
La misma situación podemos aplicarla al género humano, que, en la persona de Adán, desobedeció al Padre Celestial. Por causa de esta transgresión las puertas del Paraíso nos fueron cerradas y nos tornamos reos de muerte; inmediatamente se adelantó Nuestro Señor Jesucristo, Segunda Persona de la Santísima Trinidad, y conquistó para nosotros, en la Cruz, la misericordia que no merecíamos. Ante de tamaña intercesión, Dios Padre se inclina amorosamente a la voluntad del Hijo, y libra al género humano: Dios nos es indulgente, por el valor de la intersección de Cristo.
Con todo, como es propio a Dios todo hacerlo con la más eximia y amorosa excelencia, se inmoló Dios Hijo en un sacrificio perfectísimo, consumido en el altar de la Cruz, ofreciendo su sangre para rescatarnos. Incluso sabiendo que apenas una gota sería suficiente para redimir a toda la humanidad, Cristo bebió hasta el final el Cáliz amargo de la Pasión, y vertió toda su Sangre, "él la derramó -nos enseña el Papa Clemente VI- no como pequeña gota de sangre, que todavía en virtud de la unión al Verbo habría sido suficiente para la redención de todo el género humano, sino de modo copioso" [1], expiando así en súper abundancia los pecados de los hombres. Esta exuberancia en el sacrificio de la Cruz hizo transbordar el tesoro de los méritos de Cristo en favor de la humanidad.
Tal tesoro fue dado a la Iglesia para administrar, para consuelo de los pecadores, "y, por razones piadosas y razonables, para ser administrado misericordiosamente a los penitentes y confesados, para total o parcial remisión de la pena temporal debida por los pecados" [2].

Notamos, de este modo, que hay un tesoro inexorable comprado por Cristo para ser distribuido a los pecadores, y a este tesoro debemos todavía agregar los méritos de la Santísima Virgen María y de todos los justos. Precisamente, cuando nos es ofrecido, llamamos a este tesoro de indulgencia.
Indulgencias de la Iglesia

Como nos enseña el Catecismo de la Iglesia Católica (1471), por indulgencia se entiende la "remisión, delante de Dios, de la pena temporal debida a los pecados, cuya culpa ya fue borrada; remisión que el fiel debidamente dispuesto obtiene con determinadas condiciones por la acción de la Iglesia, la cual, como dispensadora de la redención, distribuye y aplica, por su autoridad, el tesoro de las satisfacciones de Cristo y de los santos" [3].
Notemos que es la Iglesia quien, en la persona de su pastor, el Papa, nos da este tesoro. Pues, en efecto, en el poder que Nuestro Señor confirió a San Pedro - y a sus sucesores - de abrir o de cerrar las puertas del Cielo a los hombres (Mt 16,19), está contenido el poder de retirar todos los obstáculos que impidan el ingreso de un alma al Cielo. Ahora, como sabemos, las penas temporales, que resta a un alma pagar después de ver sus pecados perdonados, son un obstáculo para su ingreso en la Morada Celestial.

  • A. Las indulgencias en general
  • B. Indulgencias plenarias.
  • C. Indulgencias parciales.
A. LAS INDULGENCIAS EN GENERAL
1. ¿Dónde situamos las indulgencias? Las indulgencias están relacionadas con la confesión, los pecados, la redención y la comunión de los santos.
2. ¿En qué estado queda un hombre al pecar? Una persona que comete un pecado adquiere obviamente la condición de pecador, se aleja del Señor y queda más inclinado al mal. Además, la justicia reclama una reparación, llamada también pena, expiación o penitencia.
3. ¿Cómo cambia la situación al confesarse? La confesión borra la culpa del pecado, -la condición actual de pecador-, y también perdona parte de la penitencia que debía realizarse, aunque queda en el alma una señal o cualidad de que ha sido pecador y debe repararlo. Esto que falta por expiar se purifica mediante los sufrimientos y buenas obras de esta vida, con las penas del purgatorio, y mediante las indulgencias.
4. ¿Qué son las indulgencias? Digamos dos definiciones:
  • Brevemente: indulgencia es la supresión de la pena debida por los pecados que la Iglesia otorga a quien realice determinadas acciones.
  • La indulgencia es la remisión ante Dios de la pena temporal por los pecados, ya perdonados en cuanto a la culpa, que un fiel dispuesto y cumpliendo determinadas condiciones consigue por mediación de la Iglesia, la cual, como administradora de la redención, distribuye y aplica con autoridad el tesoro de las satisfacciones de Cristo y de los santos. (cfr. Mt 16, 19).
5. ¿Las indulgencias pueden aplicarse a los difuntos? Las indulgencias siempre son aplicables o a sí mismos o a las almas de los difuntos, pero no son aplicables a otras personas vivas en la tierra. Algunas indulgencias sólo pueden aplicarse a los difuntos; por ejemplo, rezando por ellos en un cementerio se consigue una indulgencia parcial, que será plenaria si se hace los días 1 al 8 de noviembre (una cada día).
6. Tipos de indulgencias.- Las indulgencias se agrupan en dos clases:
  • Indulgencias plenarias: borran todo resto de pecado dejando el alma dispuesta para entrar inmediatamente en el cielo.
  • Indulgencias parciales: borran parte de la pena que los pecados cometidos reclaman.
B. INDULGENCIAS PLENARIAS
1. Condiciones para conseguir una indulgencia plenaria.- Esta indulgencia tiene un valor muy grande y requiere varias condiciones:
  • Los mismos requisitos que en las indulgencias parciales:
    . realizar la acción que la Iglesia premia con esta indulgencia.
    . estar en gracia de Dios antes de acabar la obra premiada.
    . tener intención al menos general de ganar la indulgencia.
  • Sólo se puede ganar una indulgencia plenaria cada día.
  • Tener la disposición interior de un desapego total del pecado, incluso venial.
  • Confesarse, al menos veinte días antes o después de realizar la acción premiada (sin olvidar que hay que estar en gracia de Dios antes de acabar la acción). Una misma confesión puede servir para ganar varias indulgencias plenarias.
  • Comulgar, en ese mismo periodo de tiempo. Se necesita una comunión para cada indulgencia plenaria.
  • Rezar por las intenciones del Papa un Padrenuestro y un Avemaría, u otras oraciones. Deben rezarse también en esos días. Se necesita una oración para cada indulgencia plenaria.
2. ¿Qué acciones están premiadas con indulgencia plenaria? Cualquier día se puede obtener una indulgencia plenaria en estos casos:
  • Adoración a la Eucaristía durante media hora.
  • Realización del Via Crucis recorriendo las catorce estaciones erigidas meditando la Pasión del Señor.
  • Rezo del santo rosario (5 misterios seguidos) en una iglesia, o en familia, o acompañado de otros.
  • Lectura o audición de la Sagrada escritura durante media hora.
3. Indulgencias plenarias en circunstancias especiales.- En determinadas ocasiones pueden ganarse indulgencias plenarias. Por ejemplo:
  • En el momento de la muerte a quien hubiere rezado algo durante su vida (es muy consolador). En este caso no se precisa la confesión, ni la comunión, ni la oración por el Papa; pero es necesario estar bien dispuesto: en gracia de Dios, rechazando cualquier pecado, y habiendo deseado alguna vez ganar esta indulgencia.
  • Rezar un padrenuestro y un credo en un santuario o basílica (se concede una vez al año por santuario; santuario es una iglesia con muchos peregrinos, aprobada como santuario por el Obispo correspondiente).
  • Recibir la bendición papal Urbi et Orbi (o escucharla por radio o televisión, en directo).
  • Realizar ejercicios espirituales de al menos tres días completos.
  • Asistir a una primera Comunión.
4. Indulgencias plenarias en fechas especiales.- Hay varios días al año donde se pueden conseguir indulgencias plenarias, con algunas condiciones. Por ejemplo:
  • 31 de diciembre: recitando solemnemente un "Te Deum" en una iglesia, dando gracias a Dios por los beneficios recibidos el último año.
  • 1 de enero: recitando solemnemente el "Veni Creator" en una iglesia.
  • Los viernes de Cuaresma: después de comulgar, rezando ante un crucifijo la oración "Miradme o mi amado y buen Jesús".
  • En los oficios de Semana Santa:
    . jueves santo: recitando el "Tantum ergo" durante la exposición que sigue a la Misa.
    . viernes santo: asistiendo a los oficios.
    . sábado santo: renovando las promesas bautismales en la Vigilia Pascual.
  • Pentecostés: recitando solemnemente el "Veni Creator" en una iglesia.
  • Corpus Christi: participando en la procesión eucarística (dentro o fuera de la iglesia).
  • 2 Agosto: rezando un padrenuestro y un credo en la catedral o parroquia.
5. Indulgencias plenarias particulares.- Muchas instituciones gozan de indulgencias en determinados días del año, coincidiendo normalmente con fechas o santos propios. Hay un caso especialmente interesante, pues quienes llevan el escapulario del Carmen se unen a la familia carmelita y pueden ganar indulgencia plenaria el día en que le imponen el escapulario y los siguientes días:
  • 16 de mayo (San Simón Stock).
  • 16 de julio (Virgen del Carmen).
    20 de julio (San Elías Profeta).
  • 1 de octubre (Santa Teresa de Lisieux).
    15 de octubre (Santa Teresa de Jesús).
  • 14 de noviembre (Todos los Santos Carmelitas).
  • 14 de diciembre (San Juan de la Cruz).
C. INDULGENCIAS PARCIALES
1. Condiciones para conseguir una indulgencia parcial.- Cada día pueden ganarse muchas indulgencias parciales, con cumplir sólo tres condiciones: estar en gracia de Dios, realizar las obras que la Iglesia premia con esa indulgencia, y tener intención al menos general de ganar la indulgencia.
2. ¿Qué premios aportan las indulgencias parciales? Las indulgencias parciales proporcionan una remisión de la pena del mismo valor que el otorgado por esa misma acción. Dicho de otro modo: en las indulgencias parciales, la Iglesia duplica el mérito de esas acciones.
3. Oraciones premiadas con indulgencia parcial.- Veamos unas cuantas (todas ellas deben rezarse piadosamente, como es lógico):
  • El Angelus, el Magnificat, la Salve, el Acordaos, las Letanías u otras oraciones marianas aprobadas. Lo mismo a san José o al propio ángel custodio. También con el Credo.
  • rezar con devoción filial por el Papa una oración aprobada.
  • rezar agradecido la oración por los benefactores.
  • rezar antes y después de comer una oración aprobada de súplica y de acción de gracias. Lo mismo al empezar y acabar el día o el trabajo.
  • visitar al Santísimo adorándolo; rezar una comunión espiritual; recitar una de las oraciones aprobadas de acción de gracias tras la Comunión (ej.: Alma de Cristo; Miradme o mi amado y buen Jesús).
  • hacer examen de conciencia con propósito de enmendarse; rezar el Yo Confieso u otro acto de contrición aprobado.
  • hacer la señal de la cruz diciendo En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
4. Otros ejemplos de indulgencias parciales.- Si falta algún requisito a una indulgencia plenaria, suele alcanzarse una indulgencia parcial. Además de esto, hay muchas acciones premiadas por la iglesia con indulgencia parcial. Veamos unas cuantas:
  • decir mentalmente una oración breve al trabajar o al soportar los sufrimientos de la vida.
  • dedicarse uno mismo o gastar bienes en servicio a los demás, por amor a Dios.
  • privarse libremente de algo grato y correcto, con espíritu de penitencia.
  • dar testimonio de la propia fe; trabajar en la enseñanza o trasmisión de la doctrina cristiana.
  • usar piadosamente un objeto de piedad bendecido (crucifijo, rosario, escapulario o medalla).
  • dedicar un tiempo a la oración.
  • asistir devotamente a cualquier predicación de la palabra de Dios.
  • asistir piadosamente a una novena pública (ej.: Inmaculada).
5.¿Es raro que no se haya mencionado la misa? Según la tradición, no se incluye la participación en la misa ni los sacramentos entre las indulgencias pues ya tienen en sí mismos una gran eficacia santificadora y de purificación.
6. ¿Dónde encontrar todas las indulgencias? Sobre las condiciones para ganar indulgencias hay un breve resumen en esta web del vaticano (en español). Las normas completas están en estos documentos, también del vaticano (un texto muy amplio en latín, con un resumen al final). También hay alguna información en el catecismo.

[1] DENZINGER, Heinrich. Compêndio dos símbolos, definições e declarações de fé e de moral. Trad. LUZ, José Marino; KONINGS, Johan. São Paulo: Paulinas, Loyola, 2007. Dz 1025.
[2] Idem, Dz 1026.
[3] Cf. Pablo VI, Constitución Apostólica Indulgentiarum Doctrina, norma nº 1. AAS 59 (1967) 21.

¿MI PSICOLOGÍA O MI PEREZA?

¿Mi psicología o mi pereza?
La pereza nos ha acostumbrado a albergar, incluso a fomentar, vicios y miserias como si fuesen parte irrenunciable de una psicología enfermiza. La realidad es muy distinta.


Por: Fernando Pascual, LC | Fuente: GAMA-Virtudes y valores 



Hemos convertido a la “psicología” en una excusa fácil, en una coartada para actuar según el capricho del momento.

Porque resulta muy fácil justificar la propia dejadez, o la avaricia, o la soberbia, o la envidia, o la crítica maldiciente, o tantas faltas graves, con la frase sencilla y confusa: “Es que mi psicología me lleva a esto”.

Nos hace falta valor para llamar a las cosas por su nombre. Porque si es verdad que existen fuerzas profundas que condicionan sentimientos e incluso algunos modos de actuar, también es verdad que muchas veces, con honradez y con un gesto de voluntad podríamos dar un cambio profundo en nuestras vidas.

El primer paso consiste precisamente en eso: reconocer que justificar nuestras malas acciones con la excusa de que “soy así” no nos lleva a nada bueno. Sobre todo cuando con esa justificación nos abandonamos a instintos bajos, a perezas egoístas o a hábitos mezquinos que nos impiden trabajar cada día por ser honestos, generosos y fieles a nuestros compromisos como seres humanos, como ciudadanos, como miembros de la Iglesia.

Una vez quitada la máscara fácil de la “psicología”, podremos dar el siguiente paso: identificar en qué aspectos necesitamos cambiar. Pensemos en lo pequeño. Podemos empezar por el orden en la propia habitación, la limpieza de la ropa, el aseo personal, la ayuda en las mil tareas de la casa. ¿No es hermoso dejar ese apego a la televisión o al periódico para ayudar a doblar calcetines y a limpiar platos? ¿No nos abrimos entonces a nuevas dimensiones de la vida que antes habíamos declarado “incompatibles” con la propia “psicología”?

Pensemos luego en lo grande. Hay situaciones de pecados profundos que uno arrastra durante meses y meses. En realidad, bastaría algo tan sencillo y tan enorme como abrirse a Dios, reconocer el pecado por su nombre y recurrir al sacramento de la confesión, desde un arrepentimiento profundo y sincero, para que inicie un cambio radical. Así ha ocurrido en tantos santos que vivían muy atados al pecado. Así sigue ocurriendo en tantas vidas “normales” que descubren que Dios ama al pecador y que repite sencillamente, profundamente, amorosamente: “Vete, y en adelante no peques más” (Jn 8,11).

Sepamos ser sinceros con nosotros mismos. La pereza nos ha acostumbrado a albergar, incluso a fomentar, vicios y miserias como si fuesen parte irrenunciable de una psicología enfermiza. La realidad es muy distinta. Porque mientras haya una pizca de libertad, mientras existan brasas de amor, siempre será posible en cambio.

Dios lo desea. Muchos familiares y amigos (los que me quieren de verdad) lo esperan. Incluso yo mismo, en el fondo, quisiera dar el paso... Quisiera, y hoy puedo empezar a darlo. Desde el amor extirparé la excusa fácil de “mi psicología”. Podré entonces iniciar el cambio, romper con el egoísmo, empezar a vivir según el Evangelio del amor y la esperanza.
 

IMÁGENES DE DÍA DE TODOS LOS SANTOS







¿QUÉ SIGNIFICA LA SOLEMNIDAD DE TODOS LOS SANTOS?

¿Qué significa la solemnidad de Todos los Santos?
Diez ideas breves, sencillas y claves sobre el sentido y necesidad de la solemnidad de Todos los Santos (1 de noviembre)


Por: Jesús de las Heras Muela | Fuente: revistaecclesia.com 




El 1 de noviembre es la solemnidad litúrgica de Todos los Santos, que prevalece sobre el domingo. Se trata de una popular y bien sentida fiesta cristiana, que al evocar a quienes nos han precedido en el camino de la fe y de la vida, gozan ya de la eterna bienaventuranza, son ya -por así decirlo- ciudadanos de pleno derecho del cielo, la patria común de toda la humanidad de todos los tiempos.

1.- El día de Todos los Santos cuenta un milenio de popular y sentida historia y tradición en la vida de la Iglesia. Fueron los monjes benedictinos de Cluny quienes expandieron esta festividad.

2.- En este día celebramos a todos aquellos cristianos que ya gozan de la visión de Dios, que ya están en el cielo, hayan sido o no declarados santos o beatos por la Iglesia. De ahí, su nombre: el día de Todos los Santos.

3.- Santo es aquel cristiano que, concluida su existencia terrena, está ya en la presencia de Dios, ha recibido –con palabras de San Pablo- “la corona de la gloria que no se marchita”.

4.- El santo, los santos son siempre reflejos de la gloria y de la santidad de Dios. Son modelos para la vida de los cristianos e intercesores de modo que a los santos se pide su ayuda y su intercesión. Son así dignos y merecedores de culto de veneración.

5.- El día de Todos los Santos incluye en su celebración y contenido a los santos populares y conocidos, extraordinarios cristianos a quienes la Iglesia dedica en especial un día al año.

6.- Pero el día de Todos los Santos es, sobre todo, el día de los santos anónimos, tantos de ellos miembros de nuestras familias, lugares y comunidades.

7.- El día de Todos los Santos es igualmente una oportunidad para recordar la llamada a la santidad presente en todos los cristianos desde el bautismo. Es ocasión para hacer realidad en nosotros la llamada del Señor a que seamos perfectos- santos- como Dios, nuestro Padre celestial, es perfecto, es santo.

Se trata de una llamada apremiante a que vivamos todos nuestra vocación a la santidad según nuestros propios estados de vida, de consagración y de servicio. En este tema insistió mucho el Concilio Vaticano II, de cuya clausura se celebran ahora los 40 años. El capítulo V de su Constitución dogmática "Lumen Gentium" lleva por título "Universal vocación a la santidad en la Iglesia".

Y es que la santidad no es patrimonio de algunos pocos privilegiados. Es el destino de todos, como fue, como lo ha sido para esa multitud de santos anónimos a quienes hoy celebramos.

8.- La santidad cristiana consiste en vivir y cumplir los mandamientos. “El santo no es un ángel, es hombre en carne y hueso que sabe levantarse y volver a caminar. El santo no se olvida del llanto de su hermano, ni piensa que es más bueno subiéndose a un altar. Santo es el que vive su fe con alegría y lucha cada día pues vive para amar”. (Canción de Cesáreo Gabaraín).

"El santo es aquel que está tan fascinado por la belleza de Dios y por su perfecta verdad que éstas lo irán progresivamente transformando. Por esta belleza y verdad está dispuesto a renunciar a todo, también a sí mismo. Le es suficiente el amor de Dios, que experimenta y transmite en el servicio humilde y desinteresado del prójimo". (Benedicto XVI)

9.- La santidad se gana, se logra, se consigue, con la ayuda de la gracia, en tierra, en el quehacer y el compromiso de cada día, en el amor, en el servicio y en el perdón cotidianos. “El afán de cada día labra y vislumbra el rostro de la eternidad”, escribió certera y hermosamente Karl Rhaner. El cielo, sí, no puede esperar. Pero el cielo –la santidad- solo se gana en la tierra.

10.- Por fin, el día de Todos los Santos nos habla de que la vida humana no termina con la muerte sino que abre a la luminosa vida de eternidad con Dios. El día de Todos los Santos es la catequesis y celebración de los misterios de nuestra fe relativos al final de la vida, los llamados “novísimos”: muerte, juicio, eternidad.

Y por ello, al día siguiente a la fiesta de Todos los Santos, el 2 de noviembre, celebramos, conmemoramos a los difuntos. Es día de oración y de recuerdo hacia ellos. Es día para saber vivir la vida según el plan de Dios. Es día, como el día, en el que la piedad de nuestro pueblo fiel visita los cementerios. Todo el mes de noviembre está dedicado especialmente a los difuntos y a las ánimas del Purgatorio.

¿ES LÍCITO CURAR EN SÁBADO, O NO?


¿Es lícito curar en sábado, o no?
Milagros de Jesús



Lucas 14, 1-6. Tiempo Ordinario. Cristo nos ha dejado un criterio muy claro: ante todo, la caridad. 


Por: P. Juan Gralla | Fuente: Catholic.net 



Del santo Evangelio según san Lucas 14, 1-6
Un sábado entró Jesús en casa de uno de los jefes de los fariseos para comer, y ellos le estaban observando. Había allí, delante de él, un hombre hidrópico. Entonces preguntó Jesús a los maestros de la ley y a los fariseos: ¿Es lícito curar en sábado, o no? Pero ellos se callaron. Entonces le tomó, le curó, y le despidió. Y a ellos les dijo: ¿A quién de vosotros se le cae un hijo o un buey a un pozo en día de sábado y no lo saca al momento? Y no pudieron replicar a esto.
 
Oración introductoria
¡Ven, Espíritu Santo! ¡Llena mi alma de tu presencia e infunde en ella el fuego de tu amor! Te ofrezco abrir mi mente y mi corazón; ser dócil a tus inspiraciones, soy tuyo.
 
Petición
 Jesús, concédeme confiar y crecer en la esperanza, porque sé que me amas. Quiero que la única gran aspiración de mi vida sea corresponder a tu amor amando a los demás, buscando hablar siempre bien de ellos.
 
Meditación del Papa Francisco
El camino para ser fieles a la ley, sin descuidar la justicia, sin descuidar el amor es el camino contrario: desde el amor a la integridad; desde el amor al discernimiento; desde el amor a la ley. Este es el camino que nos enseña Jesús, totalmente opuesto al de los doctores de la ley. Y este camino del amor a la justicia, lleva a Dios. En cambio, el otro camino, el de estar apegados únicamente a la ley, a la letra de la ley, lleva al cierre, lleva al egoísmo. El camino que va desde el amor al conocimiento y al discernimiento, al cumplimiento pleno, conduce a la santidad, a la salvación, al encuentro con Jesús. Mientras que, este otro camino lleva al egoísmo, a la soberbia de sentirse justos, a esta santidad entre comillas de las apariencias, ¿no?
Jesús le dice a esta gente que le gusta mostrarse a la gente como hombres de oración, de ayuno...: Pero, haced lo que dicen, pero no lo que hacen.
Estos son los dos caminos y hay pequeños gestos de Jesús que nos hacen entender este camino del amor al conocimiento pleno y al discernimiento. Jesús nos lleva de la mano y nos sana. (Cf Homilía de S.S. Francisco, 31 de octubre de 2014, en Santa Marta).
Reflexión
Jesús en este Evangelio nos enseña con su ejemplo que hay algo más fuerte que el legalismo, y es precisamente el mandato de la caridad. Entre los judíos, el día sábado era un día del todo consagrado al Señor. No era lícito hacer actividad alguna. De ningún tipo. Hasta estaban indicados los pasos que se les permitía caminar. Los fariseos se gloriaban de que cumplían la ley en toda su extensión. Y castigaban y denunciaban a las autoridades a todo aquel que violaba una de estas reglas más pequeñas. Eso no es malo. Incluso Cristo dice alguna vez a sus seguidores que hagan lo que los fariseos dicen. Sin embargo, es preferible la misericordia con los demás que el cumplimiento frío de un precepto.
Muchos se preguntan si deben hacer esto o aquello, porque ambas cosas están mandadas. ¿Debo estudiar en este tiempo o tengo que hacer lo que ahora me piden mis padres? ¿Cuál es mi obligación? No es fácil discernir, porque muchas veces entran en juego nuestros sentimientos y a veces nos inclinamos por la opción equivocada. Para evitar esta situación, Cristo nos ha dejado un criterio muy claro: ante todo, la caridad.
Bajo esta luz todo queda iluminado. Ya no hay conflicto entre curar o descansar en sábado, porque el bien del hombre está por delante del precepto.

Propósito
Ayunar, hoy, de las palabras duras, cortantes, negativas, que siembran discordia y tienden a juzgar o condenar a los demás.
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