miércoles, 4 de noviembre de 2015

EVANGELIZAR EN LAS REDES TAMBIÉN ES ACOMPAÑAR

Evangelizar en las redes también es acompañar
Acompañar conlleva ser dóciles herramientas en manos del Señor

Dios no sólo nos llama a lanzar la semilla del Reino. A veces nos encarga ayudar a que los primeros brotes salgan adelante


Por: Nestor Mora Núñez | Fuente: Blogueros con el Papa 



Hago un resumen de los cuatro pasos que suele tener la #Evangelización en las redes:
1. Lanzar la semilla. Compartir contenidos, dar testimonio y dialogar.
2. Recibir a una persona que necesita a Cristo
3. Acompañamiento espiritual.
4. Entroncamiento en una comunidad física.
Evangelizar en las redes es al mismo tiempo sencillo y muy complejo. Es sencillo porque no es necesario desplazarnos lejos de donde vivimos y lo podemos hacer en cualquier momento. Podemos utilizar frases, imágenes, textos, enlaces o videos que hayan sido creadas por otras personas, lo que nos permite relacionarnos con otros #Evangelizadores en las redes y trabajar juntos. Si nos animamos, podemos ser nosotros los que generemos algún contenido para que otros lo compartan. Todo esto entra dentro del espacio de lo sencillo.

¿Dónde empiezan a complicarse las cosas? Los problemas suelen aparecer cuando una persona contacta con nosotros y empezamos ser agentes activos en la evangelización. Acompañar a una persona no es sencillo, pero es tremendamente ilusionante. Ante nuestra incapacidad, nos vemos necesitamos de aceptar la Gracia de Dios para seamos herramientas dóciles en sus manos. Todos andamos el camino de la conversión. Si no nos sentimos capaces, es un momento estupendo para contactar con otros hermanos o con algún sacerdote y que nos ayuden a saber cómo ayudar. Este paso es parte de nuestra conversión persona. ¿No es maravilloso? Dios no pide que ayudemos a un hermano.
Las personas que contactan con nosotros, suelen necesitar mucha comprensión, que sepamos escuchar y una paciente espera para encontrar el momento donde podamos compartir la necesidad de dejarse curar por Cristo. Suelen ser personas desencantadas, alejadas y llenas de heridas. Cualquier cosa que les digamos, puede levantar una muralla o producir una respuesta violenta. Hay que tener cuidado, pero tampoco crear un drama de las dificultades que presenta todo proceso de conversión.
Les pongo un ejemplo real: Hace poco me comentaba una amiga de Facebook (a la que llevo más de un año acompañando por medio de frases de San Agustín) que “San Agustín es a veces más duro que Dios mismo”. Mi respuesta fue sencilla: le cité un versículo del nuevo testamento en el que Cristo deja claro que requiere nuestro compromiso. Dios no elige a los más capacitados. Dios capacita a quien El elige. Creí que esta amiga podía aceptar que cuando Cristo nos exige algo, espera nuestro compromiso y nos regala la Gracia necesaria para llevarlo a cabo. Por desgracia esta amiga se paró en seco. Simplemente, encontró que la maravillosa bondad de Cristo no es complicidad y esto le causó rechazo. Se pasó en seco. No pasa nada, hay que dejar que pasen días, semanas o meses y esta “sorpresa” madure en su interior.
Es normal encontrarnos con personas que detienen su proceso de conversión en un momento donde el compromiso les resulta inasumible. Cuando se trata de empezar la cura de sus heridas, es normal que aparezcan los recelos. Sucede igual que cuando un médico nos dice que nos pongamos una inyección. A todos se nos cambia la cara y nos repensamos la idea de seguir adelante. Es normal que haya muchas personas que nos digan: Stop, ya no quiero ir más adelante. Hay que ser respetuosos y dejar que la semilla a la que he hemos ayudado a sembrar, germine y esta persona pueda retomar su camino de su conversión.
Si quiere comentar algo o plantear alguna pregunta

VISITAR A LOS ENCARCELADOS, UNA OBRA DE MISERICORDIA

Visitar a los encarcelados. Una obra de misericordia
Una simple visita que haga sentir el amor de Dios a la persona que esta presa


Por: H. Jesus Talavera, L.C. | Fuente: Catholic.net 



Muchas veces al acercarme al Evangelio me he llevado muchas sorpresas. Hoy, al leer el relato del juicio final, ha sido un caso de ellos. En concreto, la parte que dice: "Venid benditos de mi Padre, recibid la herencia del Reino preparado para vosotros desde la creación del mundo […] porque estaba en la cárcel, y vinisteis a verme" (Mt 25,34-36). De ahí ha nacido esta pregunta: ¿Es posible que Jesús se encuentre en un preso?
La respuesta la da el mismo Evangelio: "En verdad os digo que cuanto hicisteis a unos de estos hermanos míos más pequeños a mí me lo hicisteis" (Mt 25,40). Si el preso es inocente, Cristo está de un modo muy especial en él. Pero si es culpable, ¿se encuentra también en una persona "mala" o "injusta"? Sí, también ahí esta Jesús.
Y está porque Él mismo está preso dentro de los culpables. De alguna manera, Cristo se identifica con cada uno de nosotros, independientemente de quiénes seamos, cuánto bien o cuánto mal hayamos hecho. Quiere hablarnos por medio de nuestra conciencia, despertar nuestros corazones y hacernos ver que Él habita en nosotros. Solo espera que le demos una oportunidad.
Quien vive encarcelado tras haber cometido un delito toca fondo sobre las verdades de la vida, reflexiona sobre su pasado y descubre que sus acciones y actitudes no fueron las más correctas, y desea muchas veces enmendarse o encontrar la esperanza de ser perdonado. Necesita de misericordia, quiere encontrarse con Jesús (aunque muchas veces no lo sepa).
Es aquí cuando entra la misión de todo católico según una de las obras de misericordia: visitar al encarcelado. Una simple visita que haga sentir el amor de Dios a la persona que esta presa. Una visita que puede saciar ese "tengo sed" (Jn 19,28) de Jesús Crucificado y puede tornarse en una "llave" para sacar a Jesús de la cárcel del olvido.
Jesucristo mismo nos da el ejemplo de acompañar y comprender a quien sufre el encarcelamiento no solo físico, sino también el espiritual: comía con los que eran prisioneros del pecado, con publicanos y prostitutas (Mt 9,11); ofrece el perdón al buen ladrón (Lc 23,42); y prepara un banquete a quien se había alejado de él para vivir preso del pecado (Lc 15,22).
Por eso, en este año del Jubileo de la Misericordia, convocado por el Papa Francisco, acerquémonos a nuestros hermanos que sufren en las cárceles, llevemos el testimonio del perdón y el amor del Señor a quienes no lo conocen, seamos ese vultus misericordiae (rostro de misericordia) que tanto necesitan las almas.
Demos la oportunidad de que Jesús actúe en ellos y en nosotros: en ellos para que comprendan la libertad de tener un corazón en el que Cristo vive; y en nosotros, para que no seamos ajenos al sufrimiento del Señor y podamos descubrirle en cada uno de nuestros hermanos. Y así, "seremos bienaventurados de ser misericordiosos, pues recibiremos misericordia" (cf. Mt 5,7).

¿CÓMO ENSEÑAR A AMAR DESDE UNA ESCUELA CATÓLICA?


¿Cómo enseñar a amar desde una escuela católica?
Educar el Corazón


el amor implica una decisión que tomamos con nuestra razón (nuestro entendimiento, nuestra inteligencia) y que, una vez tomada, mantenemos con nuestra voluntad. El amor implica compromiso, fidelidad. Para eso tenemos que enseñar a nuestros alumnos el valor de cumplir siempre con la palabra dada.


Por: Pedro Luis Llera | Fuente: Catholic.net 



Ante que nada, a amar se enseña amando. Una escuela católica tiene que ser un espacio donde el amor sea el cimiento de las relaciones entre profesores, alumnos y padres. Los maestros deben amar a sus alumnos de manera similar a como un padre o una madre quiere a sus hijos. Si un profesor no quiere a sus alumnos, podrá ser un buen o un mal instructor; pero no podrá ser verdaderamente un educador. 
El amor y la verdad tienen que ir necesariamente de la mano. “No aceptéis nada como verdad que esté privado de amor. Y no aceptéis nada como amor que esté privado de verdad. La una sin el otro se convierten en una mentira destructora”, decía Santa Teresa Benedicta de la Cruz. Una persona tiene que tener palabra y ser auténtica y coherente. Nada degrada más nuestra dignidad que la mentira. Y nada provoca más sufrimiento que el engaño.
Para enseñar a amar a nuestros alumnos es necesario partir del concepto de persona, porque sólo las personas tienen la capacidad de amar. Las personas tenemos instintos, sentimientos, inteligencia y voluntad. Y el amor integra todos esos aspectos. Se confunde a menudo el amor con una mera atracción o con un puro sentimentalismo (enamoramiento). Pero el amor auténtico implica conocer y aceptar al otro tal como es: con sus virtudes y también con sus defectos. Nadie puede amar aquello (o a aquel) que no conoce. Y el amor implica una decisión que tomamos con nuestra razón (nuestro entendimiento, nuestra inteligencia) y que, una vez tomada, mantenemos con nuestra voluntad. El amor implica compromiso, fidelidad. Para eso tenemos que enseñar a nuestros alumnos el valor de cumplir siempre con la palabra dada. El amor necesita ir acompañado de la confianza en el otro: si no puedo confiar en ti, tampoco puede haber realmente amor.
Tampoco hay verdadero amor si no hay libertad. Uno tiene que ser dueño de sí mismo y no dejarse arrastrar por las pasiones, por los instintos, por las emociones. Para que uno sea libre y dueño de sí, tenemos que ser inteligentes y tenaces. Una vez que tomo una decisión libremente, tengo que ser capaz de perseverar en esa decisión y poner toda mi fuerza de voluntad para mantenerme firme en aquello que he decidido. Si no, me convierto en una marioneta voluble que va por la vida sin rumbo.
Tenemos que recuperar para nuestros alumnos (y para nosotros) el concepto – hoy pasado de moda y olvidado – del honor. Dice el diccionario de la RAE que el honor es la “cualidad moral que lleva al cumplimiento de los propios deberes respecto del prójimo y de uno mismo”. Ser una persona honorable implica ser coherente con unos principios morales:
-       No mentir ni engañar: ser una persona de palabra. Ser honesto. No se copia en los exámenes, no se engaña a los padres ni a los profesores. Cuentos como Pedro y el lobo o Pinocho nos pueden servir para enseñar a los niños el valor de la verdad y de la confianza. Es importante que los demás se puedan fiar de ti. Pero si se tiene la mala costumbre de engañar, nunca confiarán en ti.

-       No robar: ser honrado. Una persona decente no roba sólo porque le tenga miedo a la policía o a ir a la cárcel. Una persona honrada no roba por principios. La corrupción se acabaría si hubiera más personas honradas y decentes.
-       Cumplir con la obligaciones de cada uno: una persona no puede dejarse llevar por “lo que me apetece” o por “lo que me gusta o no me gusta”. Tenemos que cumplir con nuestras obligaciones en cada momento, aunque no nos apetezca o no nos gusten esas obligaciones. Hay cosas que no me gustan y que son buenas. Y cosas que me gustan y pueden ser malas. La película de Pinocho de Disney trata muy bien tanto el tema de la mentira como este otro asunto de distinguir lo bueno de lo que me gusta. Sólo seremos verdaderamente libres cuando seamos dueños de nuestras apetencias y de nuestros sentimientos.
Vivimos en una sociedad profundamente hedonista que identifica la felicidad con hacer siempre aquello que me apetece o que me gusta. Y así nos va… Tenemos que pedir a nuestros alumnos que den el cien por cien de sus posibilidades: parábola de los talentos. Tenemos que exigir a nuestros alumnos responsabilidad: que lleven a cabo aquello que saben que tienen que hacer, venciendo el vicio de la pereza.
En el cuento de Pinocho, el muñeco prefiere ir al teatro antes que ir a la escuela. Y acaba preso y enjaulado. Nuestros alumnos seguro que prefieren estar enganchados al móvil, al ordenador o a los videojuegos antes que estudiar. Pero acaban siendo esclavos de las máquinas. Pinocho prefiere irse a jugar y a fumar y a pasarlo bien y acaba convirtiéndose en un burro.
-       No fiarse de las apariencias ni juzgar a los demás por esas apariencias. Tendemos a etiquetar a los demás por lo que aparentan ser: el empollón, el friki, el guay… Las apariencias engañan. En este aspecto, la película La Bella y la Bestia es muy recomendable.
Gastón es un chico atractivo que vuelve locas a todas las chicas, pero es malvado y un cretino. Bestia era un príncipe egoísta y consentido que se convirtió en una bestia por ello. Pero aprende a amar y a pesar de su apariencia, tiene buen corazón.
-       Respetar a los demás, siempre y en todo lugar. Es el principio básico de la buena educación: no insultar, no utilizar un lenguaje vulgar, obedecer a los padres, a los profesores. No dar malas contestaciones a nadie. No molestar con gritos, palabrotas… No ser un vándalo que va por la vida rompiendo farolas o pintando paredes. Tirar la basura a las papeleras… Es importante enseñar a los niños a ponerse en el lugar del otro y a cumplir la regla de oro: compórtate con los demás como quieras que los demás se porten contigo.
-       Defender la justicia y ser justos. Tenemos que enseñar a nuestros alumnos a defender y buscar siempre la justicia. Una persona con honor defiende a los más débiles, a los más pobres. No es justos reírse del compañero o machacar a los demás con insultos, motes o cualquier tipo de acoso. Hay que ponerse siempre del lado del más débil, del más necesitado de ayuda. No puede haber paz sin justicia.
-       Educar en la piedad. Volvamos al diccionario: la piedad es la virtud que inspira, por el amor a Dios, tierna devoción a las cosas santas, y, por el amor al prójimo, actos de amor y compasión. Amor al prójimo y amor a Dios. La Verdad que nos hace libres es Cristo. Él es la Verdad y el Amor.
Las personas somos libres, pero sólo la (buena) voluntad no basta. El ser humano tiene una tendencia al mal (el pecado original) que nos aboca, como decía el Apóstol San Pablo, a hacer el mal que no quiero y no hacer el bien que quiero. Por eso necesitamos la ayuda de la gracia de Dios para acabar con el mal que hay en el mundo y también con el que hay en cada uno de nosotros. Sin Él no podemos nada; con Él, lo podemos todo.
El amor es lo único que puede llenar nuestro corazón, lo único que puede hacernos felices. Y el Amor con mayúsculas es Dios. Sólo si buscamos cumplir la voluntad de Dios, viviremos conforme al Amor. ¿Y cuál es la voluntad de Dios? Pues cumplir sus mandamientos: quien ama no roba, no mata, no miente, no engaña a quien ama, no denigra la dignidad del otro ni la suya propia. 
El amor te lleva al Cielo y te permite volar hacia tus sueños: como al protagonista de Up (película muy recomendable para enseñar a amar, por cierto); y te convierte en un superhéroe, como en la película de los Increíbles (también muy adecuada para enseñar el valor del amor dentro de la familia). Ama y haz lo que quieras.

RENUNCIAR A TODO POR SEGUIR A CRISTO


Renunciar a todo por seguir a Cristo
Tiempo Ordinario



Lucas 14, 25-33. Tiempo Ordinario. Para seguir a Cristo, sólo hay que dar el sí generoso y Dios hará el resto en nuestra vida. 


Por: P. Clemente González | Fuente: Catholic.net 



Te adelantamos las Reflexiones del Evangelio de la Semana 31o. del Tiempo Ordinario, del domingo 1 al sábado 7 de octubre 2015.
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Del santo Evangelio según san Lucas 14, 25-33
En aquel tiempo, mucha gente acompañaba a Jesús; Él se volvió y les dijo: Si alguno viene donde mí y no pospone a su padre, a su madre, a su mujer, a sus hijos, a sus hermanos, a sus hermanas e incluso a sí mismo, no puede ser discípulo mío. El que no lleve su cruz y venga en pos de mí, no puede ser discípulo mío. Porque ¿quién de vosotros, que quiere edificar una torre, no se sienta primero a calcular los gastos, y ver si tiene para acabarla? No sea que, habiendo puesto los cimientos y no pudiendo terminar, todos los que lo vean se pongan a burlarse de él, diciendo: "Este comenzó a edificar y no pudo terminar." O ¿qué rey, que sale a enfrentarse contra otro rey, no se sienta antes y delibera si con 10 mil puede salir al paso del que viene contra él con 20 mil? Y si no, cuando está todavía lejos, envía una embajada para pedir condiciones de paz. Pes, de igual manera, cualquiera de vosotros que no renuncie a todos sus bienes, no puede ser discípulo mío. 

Oración introductoria
Ven, Espíritu Santo, dame tu gracia para saber renunciar a todo lo que pueda distraer mi oración, porque quiero seguirte y vivir centrado en Ti, trabajar por Ti, sufrir por Ti, gozar por Ti, amar por Ti y buscarte en todo y siempre.

Petición
Jesús, dame un amor ardiente y personal a tu Divino Corazón para que nada, ni nadie, sea más importante en mi vida.

Meditación del Papa Francisco
Jesús dice a sus discípulos: "El que quiera seguirme, que se niegue a sí mismo, cargue con su cruz cada día y venga conmigo". Este es el estilo cristiano porque Jesús ha recorrido antes este camino. Nosotros no podemos pensar la vida cristiana fuera de este camino. Siempre está este camino que Él ha hecho antes: el camino de la humildad, el camino también de la humillación, de negarse a uno mismo y después resurgir de nuevo. Este es el camino. El estilo cristiano, sin cruz no es cristiano, y si la cruz es una cruz sin Jesús, no es cristiana. El estilo cristiano toma la cruz con Jesús y va adelante. No sin cruz, no sin Jesús.
Jesús ha dado el ejemplo y aún siendo igual a Dios, se humilló a sí mismo, y se ha hecho siervo por nosotros. Este estilo nos salvará, nos dará alegría y nos hará fecundos, porque este camino de renegarse a sí mismo es para dar vida, es contra el camino del egoísmo, de estar apegado a todos los bienes solo para mí... Este camino está abierto a los otros, porque ese camino que ha hecho Jesús, de anulamiento, ese camino ha sido para dar vida. (Cf. S.S. Francisco, 6 de marzo de 2014, homilía en Santa Marta).
Reflexión
¿Puede decirse que hay verdadero amor cuando no hay entrega de uno mismo, cuando no se olvida uno a sí mismo para darse por completo a la persona amada? Si esto lo exigen dos personas que dicen amarse cuánto más lo exigirá Cristo de nosotros. Cristo pone el listón del amor muy alto, hasta el punto de tener que odiar a nuestros seres queridos para seguirle plenamente. Algunos hombres y mujeres dejan todas sus posesiones precisamente para seguirle más de cerca, pero seguir a Cristo no es sólo tarea de esos cuántos hombres y mujeres, sino tarea de todo bautizado. Todos los bautizados por el hecho de ser hijos de Dios están llamados a seguir las huellas de su maestro. Pero para esto necesitamos dejar todo lo que nos impida amar a Cristo. De aquí la importancia de la entrega en el amor hasta el punto de olvidarnos a nosotros mismos para seguir a Dios en nuestros compromisos de cristianos.

Alguien dijo que evangelio que no duele no es evangelio. Y a quien no le cuesta tener que renunciar a sus gustos para seguir a Jesús como lo hicieron sus discípulos. Dios elige para su servicio a los que Él quiere, pero también espera una respuesta generosa, decida y valiente. Y no hay duda de que aquellos a los que Dios ha elegido para su servicio más les ama y más espera de ellos una respuesta incondicional. Si se experimenta que no se tienen las fuerzas para dejar todos los atractivos del mundo para seguir a Cristo no hay de que preocuparse porque sólo hay que dar el sí generoso y Dios hará el resto en nuestra vida.

Propósito
Dejar «eso» que me está apartando de ser un auténtico discípulo y misionero de Cristo.
Diálogo con Cristo 
Jesús, gracias por este momento de oración. Aumenta mi fe para poder seguir el camino que me propones. Quiero ser tu discípulo, abrazar, por amor a Ti, los problemas y el sufrimiento que pueda encontrar el día de hoy, sabiendo que Tú estás conmigo y que todo tiene valor y recompensa, si es hecho por amor a Dios y a los demás.
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