lunes, 9 de noviembre de 2015

¿ES VÁLIDO CASARSE SIN FE?

¿Es válido casarse sin fe?
Fe y sacramentos

No se puede admitir al sacramento a los contrayentes que dan muestras de rechazar de manera explícita y formal lo que la Iglesia realiza cuando celebra el matrimonio de bautizados (Juan Pablo II)


Por: Miguel Ángel Ortiz, profesor de Derecho Matrimonial Canónico en la Universidad Pontificia de la Santa Cruz (Roma) | Fuente: Palabra 



En distintas partes del mundo, llegan a la iglesia muchos casos de novios que quieren casarse y muestran desconocer la doctrina católica o aun no creer en ella. ¿Pueden contraer matrimonio válido en esas condiciones?
Miguel Ángel Ortiz, profesor de Derecho Matrimonial Canónico en la Universidad Pontificia de la Santa Cruz (Roma), publicó en la revista Palabra (abril 2015) un análisis de la cuestión. Aquí un extracto.
La Relatio Synodi de la Asamblea extraordinaria de octubre de 2014 recogió una observación hecha por algunos Padres sinodales: “Dar relevancia al rol de la fe de los prometidos en orden a la validez del sacramento del matrimonio, teniendo presente que entre bautizados todos los matrimonios válidos son sacramento”.
La observación atañe a una de las cuestiones sobre las que frecuentemente se debate: si debe exigirse algún grado de fe en los contrayentes para poder celebrar el sacramento del matrimonio, con la consecuencia de que –en caso afirmativo– podrían declararse nulos los matrimonios celebrados por las personas que carecieran del mínimo grado de fe requerido.
El Magisterio se ha ocupado recientemente del tema. Voy a referirme aquí a las reflexiones vertidas por los tres últimos Pontífices.

Presunción de validez

En el último discurso a la Rota Romana (23-01-2015), el Papa Francisco se ha referido a la relación que existe entre la fe (o su carencia) y el matrimonio. Lo hizo subrayando las dificultades que pueden experimentar los novios, en un contexto secularizado, para dar su consentimiento: “El abandono de una perspectiva de fe desemboca inexorablemente en un falso conocimiento del matrimonio, que no deja de tener consecuencias para la maduración de la voluntad nupcial”.


“El abandono de una perspectiva de fe desemboca inexorablemente en un falso conocimiento del matrimonio, que no deja de tener consecuencias para la maduración de la voluntad nupcial” (Francisco)

En consecuencia, “el juez, al ponderar la validez del consentimiento expresado, debe tener en cuenta el contexto de valores y de fe –o de su carencia o ausencia– en el que se ha formado la intención matrimonial. De hecho, el desconocimiento de los contenidos de la fe podría llevar a lo que el Código define error que determina a la voluntad (cf. canon 1099)”.
Ese canon establece que un error acerca de las propiedades del matrimonio o la dignidad sacramental (…) lo hace nulo si “determina la voluntad”, es decir, si el sujeto no está en condiciones de elegir un verdadero matrimonio a causa de lo radicado de su error. El derecho presume, con un razonable realismo, que normalmente ese error no está tan radicado como para impedir un verdadero consentimiento, y en consecuencia entiende que ordinariamente comporta una deformación ideológica pero no necesariamente una elección “no matrimonial”. Esta presunción de validez del matrimonio empapa todo el sistema matrimonial de la Iglesia que entiende que, salvo prueba en contrario, las personas son capaces de hacer aquello a lo que inclina la misma naturaleza.
Ahora bien, continúa el Papa, en la actual situación de crisis que atraviesa la familia, esa presunción puede resultar muy debilitada, pues, como escribió en Evangelii gaudium n. 66, “el matrimonio tiende a ser visto como una mera forma de gratificación afectiva que puede constituirse de cualquier manera y modificarse de acuerdo con la sensibilidad de cada uno”. Una visión deformada del matrimonio causada por la falta de fe podría impulsar a los contrayentes “a la reserva mental sobre la duración misma de la unión, o su exclusividad, que decaería cuando la persona amada ya no realizara sus expectativas de bienestar afectivo”.

Cristianos no creyentes

También Benedicto XVI abordó el tema en diversas ocasiones. Cuando era prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, escribió: “Es preciso profundizar más acerca de la cuestión de si los cristianos no creyentes –bautizados, que nunca han creído o ya no creen en Dios– verdaderamente pueden contraer un matrimonio sacramental”.

“El pacto indisoluble entre hombre y mujer no requiere, para los fines de la sacramentalidad, la fe personal de los contrayentes; lo que se requiere, como condición mínima necesaria, es la intención de hacer lo que hace la Iglesia” (Benedicto XVI)

Años más tarde, siendo ya Papa, volvió sobre la cuestión en un encuentro con sacerdotes, en términos que muchos interpretaron como una especie de rectificación: “Es particularmente dolorosa la situación de los que se casaron por la Iglesia, pero no eran realmente creyentes y lo hicieron por tradición, y luego, hallándose en un nuevo matrimonio inválido se convierten, encuentran la fe y se sienten excluidos del sacramento. (…) Cuando era prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, invité a diversas Conferencias episcopales y a varios especialistas a estudiar este problema (…). No me atrevo a decir si realmente se puede encontrar aquí un momento de invalidez (…). Yo personalmente lo pensaba, pero los debates que tuvimos me hicieron comprender que el problema es muy difícil y que se debe profundizar aún más” (al clero del Valle de Aosta, 25-07-2005).
Y en un discurso a la Rota Romana en 2013, Benedicto XVI afrontó la cuestión de la relación entre fe y validez del matrimonio: “El pacto indisoluble entre hombre y mujer no requiere, para los fines de la sacramentalidad, la fe personal de los nubendi; lo que se requiere, como condición mínima necesaria, es la intención de hacer lo que hace la Iglesia”; y añadió: “Si es importante no confundir el problema de la intención con el de la fe personal de los contrayentes, sin embargo no es posible separarlos totalmente”.

El matrimonio, “sacramento primordial de la Creación”

En la doctrina de Juan Pablo II, tanto el matrimonio del principio como el de la redención son signos del amor de Cristo hacia los hombres: antes de Cristo, como anuncio y figura del sacramento; tras su venida, en cuanto realización de esa unión. Por ello, todo matrimonio participa necesariamente del plano creacional y salvífico querido por Dios: en cuanto matrimonial (no ya en cuanto sacramento de la Nueva Ley), la unión conyugal tiene una precisa significación sacramental; por ese motivo, Juan Pablo II se refería a la verdad originaria del matrimonio como “sacramento primordial de la creación”.
Con estas premisas, ¿qué debe responderse a la pregunta acerca de la validez del sacramento celebrado por quien no tiene una fe viva y pretende casarse como los demás?

No se puede admitir al sacramento a los contrayentes que “dan muestras de rechazar de manera explícita y formal lo que la Iglesia realiza cuando celebra el matrimonio de bautizados” (Juan Pablo II)

Juan Pablo II aportó una reflexión clave: “La decisión (…) de casarse según este proyecto divino, esto es, la decisión de comprometer en su respectivo consentimiento conyugal toda su vida en un amor indisoluble y en una fidelidad incondicional, implica realmente, aunque no sea de manera plenamente consciente, una actitud de obediencia profunda a la voluntad de Dios, que no puede darse sin su gracia. Ellos quedan ya por tanto insertados en un verdadero camino de salvación, que la celebración del sacramento y la inmediata preparación a la misma pueden completar y llevar a cabo, dada la rectitud de su intención”.
La “recta intención” (“que no puede darse sin su gracia”, “aunque no sea de manera plenamente consciente”) ha de ser vista en relación con la necesidad de que los sacramentos presupongan la fe. La carencia de recta intención, en cambio, invalida el matrimonio. Ello ocurre, añade, cuando “los contrayentes dan muestras de rechazar de manera explícita y formal lo que la Iglesia realiza cuando celebra el matrimonio de bautizados” (Familiaris consortio, n. 68).
Además, la unicidad de la realidad matrimonial (entre el matrimonio natural y el sacramental) comporta sobre todo que no existen en la realidad matrimonios “civiles” y “religiosos”, sino solamente regulaciones civiles y religiosas de una realidad preexistente, que o es matrimonial o no lo es.

La fe, elemento muy importante en el matrimonio

Según el magisterio de Juan Pablo II, una voluntad contraria a los aspectos sobrenaturales recluida en el ámbito ideológico o intelectual y que no impida realizar el signo sacramental (la donación esponsal natural), no acarreará la nulidad del matrimonio. Esto es, una voluntad “antisacramental” invalidaría el matrimonio solo si afecta a los aspectos naturales de la conyugalidad, que constituyen precisamente el mismo signo sacramental: en otras palabras, si se tradujese en un acto positivo de exclusión de su unidad y fidelidad, su indisolubilidad o su apertura a la vida, o del matrimonio mismo.
En mi opinión, la clave de lectura de la relación entre fe y matrimonio, y en consecuencia de la incidencia que puede tener sobre la validez del matrimonio, hay que verla en dos sentidos, como entiendo hizo Benedicto XVI en su discurso de 2013. Por un lado, “el rechazo de la propuesta divina (…) conduce a un desequilibrio profundo en todas las relaciones humanas, incluida la matrimonial, y facilita una comprensión errada de la libertad y de la autorrealización”.
Por otro, “la acogida de la fe hace al hombre capaz del don de sí (…) La fe en Dios, sostenida por la gracia divina, es por lo tanto un elemento muy importante para vivir la entrega mutua y la fidelidad conyugal”.
El Papa no pretendía afirmar que la fidelidad, como las demás propiedades, no sea posible en el matrimonio natural celebrado entre no bautizados. “Pero ciertamente, cerrarse a Dios o rechazar la dimensión sagrada de la unión conyugal (…) hace ardua la encarnación concreta del modelo altísimo de matrimonio concebido por la Iglesia según el plan de Dios, pudiendo llegar a minar la validez misma del pacto en caso de que (…) se traduzca en un rechazo de principio de la propia obligación conyugal de fidelidad o de los otros elementos o propiedades esenciales del matrimonio”.
Quien tiene una fe débil o prácticamente ausente es más difícil que perciba la verdad del matrimonio, y puede verse determinado hacia un “no matrimonio” (can. 1099) o bien excluir el matrimonio mismo o una propiedad esencial; pero no está necesariamente abocado a ello. Por otro lado, quien está alejado de la fe o de la práctica religiosa pero quiere realmente una unión según el proyecto divino, se encuentra indudablemente en un camino de conversión, está tocado por la gracia mucho más que quien pide el sacramento tibiamente. Su fidelitas está sostenida por la fides y está abierta a la fidelidad de la alianza divina.

DIEZ NORMAS ANTES DE PUBLICAR INFORMACIÓN DE SUS HIJOS EN REDES SOCIALES

10 Normas antes de publicar información de sus hijos en redes sociales 
Educación y tecnología

Debemos partir de la certeza que en las redes sociales, especialmente Facebook, no solamente están sus amigos y conocidos, también se encuentra gente mala...


Por: Juan Camilo Díaz | Fuente: El Tiempo.com 



Los padres de familia vivimos orgullosos de nuestros hijos. Como la familia es el único lugar en donde se ama realmente a la persona por lo que es, pues amamos a nuestros hijos de una manera increíble, a tal punto que nuestro Facebook está destinado y dedicado, en muchos casos, a exaltar la belleza, capacidades, destrezas y actividades de los menores (hijos, sobrinos).

Sin embargo, publicar información y/o fotos de los chiquitines puede ser muy peligroso ya que no podemos saber a ciencia cierta quienes las van a ver y para qué las pueden utilizar (pornografía por ejemplo…). Por ese motivo es necesario que tome atenta nota de estas 10 normas que debe tener en cuenta antes de publicar imágenes de sus hijos y/o sobrinos en las redes sociales:
1. Jamás se debe ver en la foto los lugares, como colegio o parques, que el menor de edad frecuenta. Esto le daría señales a los criminales de los lugares donde lo pueden encontrar.
2. Evite publicar imágenes en donde el menor aparezca al lado del automóvil y mucho menos que se vea claramente la placa.
3. Esta es de sentido común: evite publicar información, además de la imagen, en donde indique nombre, apellido y edad. Incluso sea cuidadoso para que el archivo original no contenga esa información.

4. Nunca publique información que contenga las actividades y los horarios del pequeño. Por ejemplo: “Hoy clase de arte a las 5 pm en La Calleja”.
5. Por favor evite comentarios sentimentales. Me explico: si está de viaje no publique una foto en donde el texto sea algo como “los extraño mucho, ya el sábado nos veremos”. Eso es decirle a los criminales: “sigan, adelante, están solos. ¡Y hasta el sábado!”.
6. Como está de moda geolocalizar las imágenes que tomamos con celulares y tabletas, es recomendable que desactive esa herramienta ya que le está dando información de más a los malandros.
7. Esta es muy lógica: por favor no publique imágenes en donde el niño o niña aparezca con el uniforme y el escudo del colegio en donde estudia. ¡Y mucho menos si el menor aparece en ropa interior o vestido de baño!
8. Advierta a familiares y amigos para que no comparta la información si usted de repente se pasó de comunicador…
9. Tenga en cuenta que una vez publicada la información ya es PÚBLICA, es decir que desde ese momento es IMPOSIBLE borrarla.
10. Una pregunta antes de publicar: ¿tengo el derecho, o por lo menos es responsable, publicar información de mis hijos o sobrinos sin su consentimiento? ¿Te gustaría que alguien publicara tu vida en la web?
Lamentablemente debemos tener en cuenta que en Internet abundan los malos, los criminales, que se aprovechan, en muchos casos, de nuestra inocencia e ingenuidad. Queremos exaltar a nuestros hijos y sobrinos, pero eso tiene sus riesgos. Por eso hay que ser cuidadosos.
Creo que se escapa una norma 11: así como cuidamos a nuestros niños en el mundo real, en la calle, así de precavidos debemos ser en el mundo virtual…
*Este artículo fue publicado incialmente en ElTiempo.com Con la autorización de su autor y, por su utilidad, lo reproducimos también en nuestro portal.

DROGA LEGAL, DROGA MORTAL

Droga legal, droga mortal
Miles, quizá millones de familias, sufren al ver cómo el alcohol y/o la droga entran y destruyen la vida de los seres queridos...


Por: P. Fernando Pascual L.C. | Fuente: Catholic net 



Miles, quizá millones de familias, sufren al ver cómo el alcohol y/o la droga entran y destruyen la vida de los seres queridos: del padre o de la madre, del esposo o de la esposa, de un hijo o de un amigo.

El hecho de que las bebidas alcohólicas sean legales, incluso sean aceptadas desde el punto de vista social, agrava la situación. Los adolescentes encuentran con facilidad la cerveza en cualquier bar, en cualquier casa, en cualquier fiesta. Se acostumbran a tomar, sienten la presión del ambiente para hacer lo que resulta plenamente normal entre los coetáneos.

Los consejos de los padres y educadores no sirven casi para nada. Se “goza” tanto con un poco más de vino, se disfruta tanto con algo que, si es legal, no debería ser tan malo...

Miles de familias saben que las drogas son algo mucho más serio que el alcohol. Por eso sufren cuando ven que alguno de sus hijos comienza a fumar las mal llamadas “drogas ligeras”, o cuando corren veloces tras las primeras dosis de drogas más peligrosas, sea inyectables, sea a través de pastillas no siempre “garantizadas” en cuanto a la “calidad” de las mezclas preparadas por traficantes sin escrúpulos.

Ante esta situación, sorprende el que existan iniciativas que harán más fácil encontrar la droga. Porque hay quienes piden que sea legalizado el uso y consumo de drogas, porque hay quienes dicen que tomarlas no es algo ni malo ni peligroso.

El esfuerzo de miles de padres para que sus hijos estuviesen lejos de las drogas ha contado, hasta ahora, con el apoyo de las leyes. Si la droga está prohibida, si es perseguido el traficante o el portador de drogas, se hace más difícil su consumo. Pero si la ley dice que no está mal tener droga “para uso personal”, ¿cómo decirle al hijo que algo está mal cuando incluso la misma ley permite tener droga para consumirla?

Sabemos que el número de muertos al año, por culpa del alcoholismo, es sumamente elevado. En algunos países se trata de miles de muertes al año. En realidad, son muchas las víctimas de “doña cerveza” que no entran en las estadísticas, porque no siempre consta como muerto por alcoholismo el que fallece a consecuencia de enfermedades contraídas por el uso excesivo de cerveza, vino y otras bebidas más peligrosas.

Hasta ahora el número de muertos al año por droga era normalmente bastante inferior a las víctimas del alcohol. En 2000, por ejemplo, se hablaba de unos 17000 muertos por consumo de drogas ilegales en los Estados Unidos, mientras que el número de muertos por culpa del alcohol se calculaba en 85000. Pero si la droga se convierte en algo legal, el número de muertes por droga se disparará, quizá incluso hasta llegar a niveles superiores a las muertes producidas por el abuso de bebidas alcohólicas.

La sociedad tiene que reaccionar ante la situación que se crearía allí donde llegue a permitirse tener droga “para uso personal”. Porque los traficantes gozarán de más libertad (aunque nos digan lo contrario), porque aumentará la demanda de droga, porque los consumidores verán más fácil la compra de algo que ya dejó de estar prohibido. Sobre todo, porque muchos adolescentes, nacidos en un mundo hedonista que no les ha enseñado a renunciar al capricho, quedarán “enganchados” por falsos amigos que les llevarán a iniciarse en el macabro mundo de la droga.

La reacción debe ser un mayor cuidado en las escuelas, para que nadie pueda dar dosis a los más pequeños o a los adolescentes. En las casas, para ver si realmente los padres ofrecen a los hijos una educación que les permita ser fuertes ante la marejada de vicio que se acerca. En las parroquias, para que los sacerdotes y catequistas enseñen a los niños y adolescentes a cuidar su salud, a decir no a placeres fáciles que destruyen neuronas y que provocan estados sumamente peligrosos de euforia o de falta de conciencia, en los que puede ocurrir prácticamente todo (violaciones, orgías, crímenes, suicidios, accidentes de tráfico).

La droga legal, digámoslo con franqueza, es droga mortal. Quizá, incluso, es una señal de alarma de que algo en la sociedad está sumamente enfermo.

Los jóvenes merecen mucho de la clase política y de los educadores. La lucha contra la droga nos afecta a todos. Porque la droga mata, también cuando deja en vida a cadáveres ambulantes carentes de voluntad e incapaces de un trato sano con sus familiares y amigos. Porque la droga legal va contra el drogadicto y su familia. Porque hay que volver a modelos educativos “fuertes” y definidos en los que sepamos descubrir virtudes como la templanza y el autocontrol, para frenar un hedonismo vacío de principios rectos que esclaviza a placeres asesinos.

Frente a las propuestas de droga legal podemos dar nuestro sí a la vida sana y llena de las virtudes más genuinas del ser humano: el trabajo, el estudio, la solidaridad, la justicia, el amor. Estamos a tiempo. Quizá incluso para detener leyes asesinas, para difundir valores de esperanza, para enseñar que la vida vale tanto que por ella podemos sacrificar cualquier placer efímero: porque así podremos invertirla en amores verdaderos que duran en el tiempo y en lo eterno.

NO CONVIERTAN EN MERCADO LA CASA DE MI PADRE


No conviertan en mercado la casa de mi Padre
Tiempo Ordinario



Juan 2, 13-22. Dedicación Basílica Letrán. Hoy sigue habiendo mercaderes en el Templo. ¿Qué está en mis manos hacer? 


Por: P. Juan Gralla | Fuente: Catholic.net 



Te adelantamos las Reflexiones del Evangelio de la Semana 32o. del Tiempo Ordinario, del domingo 8 al sábado 14 de noviembre 2015.
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Del santo Evangelio según san Juan 2, 13-22
Cuando se acercaba la Pascua de los judíos, Jesús llegó a Jerusalén y encontró en el templo a los vendedores de bueyes, ovejas, palomas, y a los cambistas con sus mesas. Entonces hizo un látigo de cordeles y los echó del templo, con todo y sus ovejas y bueyes; a los cambistas les volcó las mesas y les tiró al suelo las monedas; y a los que vendían palomas les dijo: "Quiten todo de aquí y no conviertan en un mercado la casa de mi Padre". En esos momentos, sus discípulos se acordaronde lo que estaba escrito: El celo de tu casa me devora. Después intervinieron los judíos para preguntarle: "¿Qué señal nos das de que tienes autoridad para actuar así?" Jesús les respondió: "Destruyan este templo y en tres días lo reconstruiré". Replicaron los judíos: "Cuarenta y seis años se ha llevado la construcción del templo, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?" Pero Él hablaba del templo de su cuerpo. Por eso, cuando resucitó Jesús de entre los muertos, se acordaron sus discípulos de que había dicho aquello y creyeron en la Escritura y en las palabras que Jesús había dicho.

Oración introductoria
Padre mío, te pido guíes mi oración para que aumente mi fe y mi celo por estar siempre dispuesto a defender la verdad que me has revelado en la Sagrada Escritura. Sé que siempre me escuchas, dame la capacidad de percibir tu voz, Señor y Dios mío.

Petición
Señor, concédeme corresponder a tu inmenso amor siendo siempre fiel a tu Palabra.

Meditación del Papa Francisco
El templo es un lugar donde la comunidad va a rezar, a alabar al Señor, a darle gracias, pero sobre todo a adorar: en el templo se adora al Señor. Y este es el punto importante. También, esto es válido para las ceremonias litúrgicas, ¿qué es más importante? Lo más importante es la adoración: toda la comunidad reunida mira al altar donde se celebra el sacrificio y adora. Pero, yo creo - humildemente lo digo - que nosotros cristianos quizá hemos perdido un poco el sentido de la adoración y pensamos: vamos al templo, nos reunimos como hermanos - ¡es bueno, es bonito! - pero el centro está donde está Dios. Y nosotros adoramos a Dios.
¿Nuestros templos, son lugares de adoración, favorecen la adoración? ¿Nuestras celebraciones favorecen la adoración? Jesús echa a los mercaderes que habían tomado el tempo por un lugar de comercio más que de adoración. (Cf. S.S. Francisco, 22 de noviembre de 2013, homilía en Santa Marta).
Reflexión

No deja de sorprendernos ver a Jesús enfurecido, sacando a los mercaderes del Templo a latigazos. Tenía que defender algo sagrado: la casa de su Padre. Es lógico que se enfade por una situación como esa. ¿Qué haríamos nosotros si entrásemos en la casa de nuestros padres y aquello se hubiera convertido en un mercado persa? Si no hiciéramos nada, ¡menudos hijos seríamos!
Lo más probable es que siguiéramos el ejemplo de Cristo. Porque Jesús amaba a su Padre infinitamente y no podía consentir aquel abuso. El amor apasionado le impulsaba a actuar de aquel modo.

Hoy sigue habiendo "mercaderes en el Templo". Sabemos que cada hombre es "templo del Espíritu Santo" y hay muchos hombres y mujeres cuyos templos están siendo profanados con todo tipo de abusos morales y físicos. Este panorama debería "quemarnos" las entrañas y suscitar en nosotros una pasión por lo que es sagrado: cada ser humano.

¡Cuántos atropellos a su dignidad! Cada aborto, cada violación, cada acto de esclavitud es una verdadera profanación.

Propósito
Nosotros, como cristianos, deberíamos salir en defensa de todos esos hermanos nuestros que sufren, pues ahí está también Cristo sufriendo. ¿Qué está en mis manos?

Diálogo con Cristo
Espíritu Santo, te pido la sabiduría y la fortaleza para saber defender a la Iglesia. Que nunca acepte la mediocridad o la indiferencia. Frecuentemente dejo que la apatía o la flojera disminuyan mis ganas de trabajar, por eso te pido que enciendas en mí el fuego de tu amor para ser un apóstol, empezando por mi propia familia.

HOY SE CELEBRA LA DEDICACIÓN DE LA BASÍLICA DE LETRÁN, 9 DE NOVIEMBRE


Hoy se celebra la “dedicación” de la Basílica más antigua de la Iglesia Católica





(ACI).- Cada 9 de noviembre, la Iglesia celebra la “dedicación de la Basílica de San Juan de Letrán”, la primera Basílica de la Iglesia en ser construida y donde una imagen de Cristo derramó sangre.

“Esta Basílica fue la primera en ser construida después del edicto del emperador Constantino, el cual, en el año 313, concedió a los cristianos la libertad de practicar su religión”, contó el Papa Emérito Benedicto XVI a los fieles, en noviembre del 2008.



“El mismo emperador donó al Papa Melquíades la antigua propiedad de la familia de los Laterani y allí hizo construir la Basílica, el baptisterio y patriarquio. Es decir, la residencia del Obispo de Roma, donde vivieron los Papas hasta el período aviñonés”, añadió.

Fue consagrada por el Papa San Silvestro un 9 de noviembre del 324. Se le llama Basílica de San Juan (de Letrán) porque tiene dos capillas, una en honor a San Juan Bautista y otra por San Juan Evangelista.

“Basílica del Divino Salvador” es otro nombre por el que se le conoce ya que en el 787, cuando fue nuevamente consagrada, una imagen del Divino Salvador derramó sangre al ser golpeada por un judío.

“Honrando el edificio sagrado, se quiere expresar amor y veneración a la Iglesia romana que, como afirma San Ignacio de Antioquía, “preside en la caridad” a toda la comunión católica”, expresó el Papa Benedicto XVI.
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