domingo, 15 de noviembre de 2015

¿ES OBLIGATORIO IR SIEMPRE A MISA LOS DÍAS FESTIVOS?

¿Es obligatorio ir siempre a misa los días festivos?
Liturgia

La Misa sigue siendo ese portentoso milagro en que el Señor baja cada día a las manos del sacerdote y se entrega a nosotros por amor y para enseñarnos a amar.


Por: P. Miguel A. Fuentes, IVE | Fuente: www.teologoresponde.org 



Pregunta:
Me gustaría saber si es obligatorio asistir a Misa cuando te hallas de viaje en un país cuya religión principal u oficial no es la católica y resulta muy difícil encontrar una iglesia católica para asistir. Y también si haría falta confesarse de ello.

Respuesta:
1. El precepto


El derecho positivo eclesiástico determina los días en que han de realizarse los actos de culto a Dios (que son de derecho natural y de derecho divino positivo). La Iglesia determina como precepto la asistencia a Misa los domingos y en otras cuatro solemnidades: el 1º de enero (Solemnidad de Santa María Madre de Dios), el 15 de agosto (Asunción), el 8 de diciembre (Inmaculada Concepción) y el 25 de diciembre (Navidad). El precepto de oír Misa obliga a todos los fieles que gozan de uso de razón y han cumplido 7 años. Para cumplir con el precepto, la Misa debe escucharse toda entera y prestando atención.
2. Causas excusantes
Excusa del precepto de oír Misa cualquier causa medianamente grave. Las principales causas que suelen aducirse son:
1) Imposibilidad moral: por enfermedad o convalescencia; ancianidad o debilidad física; la posibilidad de una ganancia extraordinaria e inesperada si trabajara ese día, muy especialmente cuando se trata de una persona de escasos recursos; una distancia considerable del templo.
2) La caridad que nos obliga a socorrer al prójimo; ya se trate de un acto de caridad corporal (asistir a los enfermos), o espiritual (cuando con la presencia de uno en un determinado lugar se podría impedir un pecado grave).
3) La obligación de ciertas tareas, como las madres o nodrizas encargadas de los niños, los guardias, los soldados, etc. Estos han de procurar oír Misa al menos algunas veces.
De todo esto se deduce que la dificultad de encontrar un lugar donde se celebre Misa de precepto en un país no católico, excusaría de pecado (y por tanto, de confesarse). De todos modos, salvo que fuera imprudente (por ejemplo, en un país donde el catolicismo estuviera perseguido), hay que poner algún medio para averiguarlo, por ejemplo, preguntando si hay alguna iglesia católica.
P. Miguel A. Fuentes, IVE

ARDE PARÍS

Arde París
Los valores no subsisten por sí mismos si no están anclados firmemente en algo más profundo y estructurado: un credo común


Por: Fray Nelson Medina | Fuente: fraynelson.com 



El título de la famosa obra de Collins & Lapierre, aunque esta vez sin el interrogante, es el resumen de una serie trágica de atentados que dejan un saldo de decenas de muertos. Escribo esto en medio de la consternación propia del 13 de noviembre de 2015.
El presidente Hollande ha ordenado cierre de fronteras y para todos los efectos el pueblo francés experimenta el dolor y angustia propios de una situación de guerra. Pero en la novela histórica de 1964 el enemigo era claro, visible y externo: los nazis. Ahora, en cambio, una sociedad pulverizada ha descubierto con un golpe de terror que no sabe bien ni quiénes son sus enemigos ni cuáles podrían ser sus amigos de fiar.
Resulta que los “valores” no subsisten por sí mismos, ni por la sola inercia cultural, si no están anclados firmemente en algo más profundo y estructurado: un credo común. Duélale a quien le duela, y llámenme fanático religioso si les place, el hecho es que los enemigos, bien infiltrados y presentes en las entrañas mismas de Europa, se reconocen entre sí al grito de “¡Alá es grande!” Frente a ellos, la mayor parte de los actuales europeos no tienen nada que gritar porque la única consigna posible sería “¡Viva Cristo Rey!” y ese es un grito malsonante para el laicismo que campea por la Europa otrora cristiana.
¿Te acuerdas de las marchas de jefes de estado por las calles de París, queriendo traer sensatez frente a los ataques terroristas contra la revista Charlie Hebdo? ¿Y te acuerdas que la gente creía que en una manifestación tan colosal quedaba claro que la sociedad estaba unida contra el mensaje fundamentalista? Lo que demuestran estos nuevos ataques es que el vigor para gritar un robusto “¡NO!” de nada vale si no esta apoyado en el vigor mayor de un poderoso “¡SÍ!” Decirle NO a un atentado nada garantiza sobre la coherencia de una sociedad para construir su futuro. El SÍ brota jubiloso de la fe; mientras que el NO sale, pero ya ronco, del miedo. Una sociedad sin alma, sin fe, sabe gritar el NO pero, cuando los ecos de la marcha se extinguen, nadie sabe qué paso sigue ni cuál es la ruta. Tristemente hay otros que sí creen saberlo: los mismos que nunca han renunciado a conquistar para su credo a esa Europa que en el fondo envidian tanto como rechazan.
Me pregunto qué tal noche están pasando los abanderados del diálogo sempiterno entre civilizaciones. Para que el diálogo exista se necesita que existan los interlocutores, y sólo habrá interlocutores cuando haya reciprocidad en el respeto y en las concesiones respectivas. Eso de estar levantando mezquitas en países cristianos y prohibiendo iglesias en países musulmanes no es exactamente reciprocidad, y ello, traducido al lenguaje de lo real significa: No hay interlocutor.


Años y años de hablar mal de las cruzadas nos hicieron pensar que ser cristiano era una vergüenza. Pero a la gente no se le habló de los millones y millones de personas masacradas por otros credos, incluyendo la religión de Alá y la religión del laicismo estilo Stalin. Años y años de hablar mal de la inquisición nos hicieron creer que nada peor se podía ser que católico. Pero a la gente no se le dan las cifras de la quema de brujas en países protestantes, o en lugares de religión animista o de otros credos. ¿Resultado? Cristianos avergonzados de su pasado, acomplejados de sus más egregios representantes, y por consiguiente, disminuidos y muy fáciles de doblegar. De qué poco sirve ese rezago de cristianismo los hechos lo muestran ahora con sangre y muerte de por medio.
Antes de que sea tarde, ¡de por Dios, escúchenme! O mejor: escuchen esto que tantos llevamos diciendo por tanto tiempo: ESTAMOS EN COMBATE ESPIRITUAL. Preparen a sus hijos para defender su fe y sus convicciones; prepárenlos para no ceder ante la presión de leyes inicuas contra la familia y contra la libertad religiosa; prepárenlos para no dejarse confundir por obispos o cardenales arrodillados ante las propuestas de este mundo; prepárenlos para ser minoría… pero no una minoría acomplejada y asustadiza sino bien consciente de ser fermento y sal de la tierra. Nuestras comunidades de fe muy pronto tendrán que adoptar la lógica y el lenguaje de los cuarteles de guerra: desde la oración, la formación sólida, el cultivo de la virtud firme... Date una vuelta por París esta noche, y me dices si estoy exagerando.

FRENTE AL ODIO, CONTRA EL MIEDO, EL MENSAJE DE LA MISERICORDIA

Frente al odio, contra el miedo, el mensaje de la misericordia
Reflexión del P. Federico Lombardi sobre cómo vivir la expectativa del Jubileo de la Misericordia de cara al terrorismo


Por: P. Federico Lombardi S.I. | Fuente: es.radiovaticana.va 



En estos días tristes por la tempestad de una violencia homicida, demencial y horrible, muchos se preguntan cómo reaccionar. Algunos se hacen ya la pregunta sobre cómo vivir la expectativa del Jubileo.
¡Atención! Estos homicidas poseídos de un odio insensato se llaman terroristas precisamente porque quieren difundir el terror. Si nosotros nos dejamos aterrorizar, han alcanzado ya su primer objetivo. Es una razón más para resistir con decisión y con coraje a la tentación del miedo. Naturalmente  es necesario ser prudentes y no irresponsables, tomar las precauciones que sean razonables. Pero debemos continuar viviendo, construyendo paz y confianza recíproca.
Por eso diría que el Jubileo de la Misericordia se manifiesta todavía más necesario. Un mensaje de misericordia, es decir de amor de Dios, que tiene como consecuencia también el amor recíproco y la reconciliación. Es exactamente la respuesta que necesitamos dar en tiempos de tentación y desconfianza. Juan Pablo II decía que el mensaje de la misericordia era la gran respuesta de Dios y de los creyentes, en el tiempo oscuro y horrible de la segunda guerra mundial, de masacres obradas por los totalitarismo, por la difusión del odio entre los pueblos y las personas.
Tambien hoy cuando el Papa Francisco habla de la tercera guerra mundial a pedazos, es necesario el mensaje de la misericordia para hacernos capaces de reconciliación, de construir puentes no obstante todo, de tener el coraje del amor. No es precisamente el tiempo de renunciar al Jubileo o de tener miedo. Tenemos más necesidad que antes.
(Traducción del original italiano: jesuita Guillermo Ortiz- Radio Vaticana)

EL CIELO Y LA TIERRA PASARÁN, PERO MIS PALABRAS NO


El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no
Signos de los tiempos



Marcos 13, 24-32. Domingo 33o. del Tiempo Ordinario B. Pongamos nuestra mirada y nuestro corazón en el cielo, viviendo llenos de alegría, de optimismo y de esperanza.


Por: P . Sergio Córdova LC | Fuente: Catholic.net 



Te adelantamos las Reflexiones del Evangelio de la Semana 33o. del Tiempo Ordinario, del domingo 15 al sábado 21 de noviembre 2015.
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Del santo Evangelio según san Marcos 13, 24-32
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Pasado el sufrimiento de aquellos días, el sol se oscurecerá y la luna no dará resplandor; las estrellas caerán del cielo y las fuerzas celestiales se tambalearán. Entonces verán venir al Hijo del hombre entre nubes con gran poder y gloria; él enviará entonces a los ángeles y reunirá de los cuatro vientos a sus elegidos, desde el extremo de la tierra al extremo del cielo. Fíjense en el ejemplo de la higuera: cuando sus ramas se ponen tiernas y brotan las hojas, saben que el verano está cerca. Pues lo mismo ustedes, cuando vean que suceden estas cosas, sepan que el Hijo del hombre ya está cerca, a la puerta. Les aseguro que no pasará esta generación sin que todo esto suceda. El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán. En cuanto al día aquel y a la hora, nadie sabe nada, ni los ángeles del cielo ni el Hijo, sino sólo el Padre».

Oración introductoria
Señor, me acerco hoy a Ti con fe, sabiendo que eres el Señor de la vida y de la historia. Consciente de mis debilidades y caídas, pongo mi confianza en Ti, porque Tú siempre cumples tus promesas. Mientras contemplo tu amor que se convierte en fidelidad, yo deseo también corresponder con mi fidelidad. Estoy ante Ti en esta oración para escucharte y, descubrir tu voluntad en este día.

Petición
Espíritu Santo, concédeme estar atento a tus inspiraciones y fortalece mi voluntad para poder seguirlas.

Meditación del Papa Francisco

El pueblo de Dios ha sufrido tanto, han sido perseguidos, asesinados, pero ha tenido la alegría de saludar de lejos las promesas de Dios. Esta es la paciencia, que debemos tener en las pruebas: la paciencia de una persona adulta, la paciencia de Dios que nos lleva sobre sus hombros.


¡Qué paciente es nuestro pueblo! ¡Incluso ahora! Cuando vamos a las parroquias y nos encontramos con esas personas que sufren, que tienen problemas, que tienen un hijo con discapacidad o que tienen una enfermedad, pero llevan la vida con paciencia. No piden signos, saben leer los signos de los tiempos: saben que cuando germina la higuera, viene la primavera; saben distinguir eso. Sin embargo, estos impacientes del Evangelio de hoy, que querían una señal, no sabían leer los signos de los tiempos, y es por eso que no han reconocido a Jesús.
La gente de nuestro pueblo, gente que sufre, que sufre de muchas, muchas cosas, pero que no pierde la sonrisa de la fe, que tiene la alegría de la fe. Y esta gente, nuestro pueblo, en nuestras parroquias, en nuestras instituciones - mucha gente - es la que lleva adelante a la Iglesia, con su santidad, de todos los días, de cada día. «Hermanos míos, tengan por sumo gozo cuando se hallen en diversas pruebas, sabiendo que la prueba de su fe produce paciencia. Mas tenga la paciencia su obra completa, para que sean perfectos y cabales, sin que les falte cosa alguna». Que el Señor nos dé a todos la paciencia, la paciencia alegre, la paciencia del trabajo, de la paz, nos dé la paciencia de Dios, la que Él tiene, y nos dé la paciencia de nuestro pueblo fiel, que es tan ejemplar. (Cf Homilía de S.S. Francisco, 17 de febrero de 2014, en Santa Marta).
Reflexión
Nos encontramos ya en el penúltimo domingo del tiempo ordinario. Y, como todos los años, el Evangelio de este día nos habla de las realidades escatológicas y de las señales apocalípticas que acompañarán el fin de los tiempos, cuando llegue el momento de la "segunda venida" del Mesías.

El fin del mundo ha sido una preocupación del hombre en todas las épocas. Tal vez por su curiosidad natural o por su temor ante un futuro desconocido, siempre se ha interesado en estos temas. Y esta conciencia colectiva se ha agudizado sobre todo en ciertos períodos críticos de la historia. Así, por ejemplo, en las primeras décadas de la Iglesia, cuando todavía estaban frescas en la mente y en el corazón de los cristianos las enseñanzas de Cristo sobre el juicio final, se creía próxima la "parusía".

También, en el cambio del primer milenio, en el año 1000, se dio una "crisis" universal ante el temor del fin del mundo. Pero eso no sólo sucedió en el medioevo. En pleno siglo XX, a pesar de los progresos tecnológicos y los avances de la ciencia, se dieron muchos movimientos en esta dirección. Incluso hasta surgieron varias sectas -como los testigos de Jehová, lo adventistas del séptimo día, los secuaces de la así llamada "iglesia universal de Dios" y otras más- para quienes la idea del fin del mundo es parte fundamental de su credo.

Por supuesto que nuestro Señor profetizó el fin del mundo. Y el Evangelio de hoy es una prueba clarísima de ello: "Después de una gran tribulación -nos dice Jesús- el sol se hará tinieblas, la luna no dará su resplandor, las estrellas del cielo se caerán y los ejércitos celestes temblarán. Entonces verán venir al Hijo del hombre sobre las nubes con gran poder y majestad". Todo esto es muy cierto. Y nuestro Señor no nos habló de ello sólo para aterrorizarnos, como si estuviera narrando un cuento de miedo a unos niños.

Sin embargo, también tenemos que interpretar correctamente estas palabras del Señor. La Biblia razona con categorías relativas e históricas, más que absolutas y metafísicas. El lenguaje oriental –y, por tanto, también el bíblico y el usado por Jesús en su predicación- no siempre se ha de entender en un sentido literal y absoluto, sobre todo en los temas apocalípticos. Por este mismo motivo, mucha gente no entiende las expresiones del Apocalipsis del apóstol san Juan e interpreta erróneamente muchos de sus pasajes.

Pero, volviendo al Evangelio, cuando Cristo habla del fin del mundo, no sólo se refiere al fin de los tiempos en absoluto, sino también al fin de "SU" mundo, al término de una época o a la vida de los oyentes. Por eso, nosotros, más que inquietarnos por "el" fin del mundo, tendríamos que preocuparnos de "nuestro" propio fin. Y las palabras que vienen a continuación: "Os aseguro que no pasará esta generación antes que todo esto suceda" se cumplieron perfectamente.

En efecto, el año 70 d.C. las legiones romanas, al mando del emperador Tito, sitiaban Jerusalén y prendían fuego a la ciudad, "sin dejar piedra sobre piedra". ¡Les llegó "su" fin del mundo, tal como Cristo lo había anunciado! Y podemos hablar, en términos análogos, del saqueo de Roma por los vándalos en el año 410; de la caída del Imperio romano en el 476; o de la caída de Constantinopla en el 1453. O, en épocas más recientes, el derrocamiento de las monarquías europeas durante la revolución francesa, la revolución bolchevique del 1917 y la caída del imperio zarista; las dos grandes guerras mundiales, la explosión del comunismo y su difusión por muchas partes del planeta, y todas esas formas de totalitarismo que azotaron al mundo -el nazismo, el fascismo, el marxismo, etc.- hasta llegar al derrumbamiento definitivo de esas mismas ideologías con la caída del muro de Berlín en 1989… Todos estos trágicos eventos han sido, en cierto modo, otras formas de "fin del mundo".

Pero, más que detenernos en la profecía escatológica de Cristo -por lo demás, totalmente desconocida para nosotros, como nos lo dice Él mismo: "El día y la hora nadie la sabe, ni los ángeles del cielo, ni el Hijo, sólo el Padre"- concentrémonos en el presente: en la necesidad de velar y de estar preparados para la venida de Cristo. Es decir, en la necesidad de vivir en gracia y de llevar una vida cristiana digna y santa.

Propósito
Pongamos nuestra mirada y nuestro corazón en el cielo, viviendo llenos de alegría, de optimismo y de esperanza: "Aprended de la higuera: cuando las ramas se ponen tiernas y brotan las yemas, sabéis que la primavera está cerca; pues cuando veáis suceder todo esto, sabed que Él está cerca, a la puerta". ¡Cristo está para llegar! Entonces, ¡qué dicha debe invadir nuestra alma! Está comenzando la primavera. Y el Señor nos invita hoy a descubrir esos signos de los tiempos, que nos descubren un nuevo amanecer. No se está acabando el mundo. En realidad, está naciendo uno nuevo; ¡está llegando otra primavera del espíritu!

Dialogo con Cristo
¿Qué signos de esperanza descubo Señor, en la Iglesia y el mundo de hoy? Meditaré en esta pregunta, contemplando la higuera, y encontraré muchísimos brotes de vida.
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