martes, 22 de diciembre de 2015

LA HUMILDAD DE SU ESCLAVA



La humildad de su esclava
Adviento



Lucas 1, 46-56. Adviento. María sabía bien en quién había puesto su confianza y por eso no se derrumbó en su vida a pesar de las pruebas. 


Por: Héctor Bárcenas Gómez, LC | Fuente: Catholic.net 



Del santo Evangelio según san Lucas 1, 46-56
Y dijo María: "Engrandece mi alma al Señor y mi espíritu se alegra en Dios mi salvador, porque ha puesto los ojos en la humildad de su esclava; por eso, desde ahora todas las generaciones me llamarán bienaventurada, porque ha hecho en mi favor maravillas el Poderoso, Santo es su nombre y su misericordia alcanza de generación en generación a los que le temen. Desplegó la fuerza de su brazo, dispersó a los que son soberbios en su propio corazón. Derribó a los potentados de sus tronos y exaltó a los humildes. A los hambrientos colmó de bienes y despidió a los ricos sin nada. Acogió a Israel, su siervo, acordándose de su misericordia como había anunciado a nuestros padres en favor de Abraham y de su linaje por los siglos." María permaneció con ella unos tres meses, y se volvió a su casa. 

Oración introductoria
Jesús, tú conoces mi corazón mejor que nadie. Sabes cuan débil es mi fe, pero también conoces mis anhelos de creer y confiar más. Tú dijiste: «Todo es posible para el que cree» (Mc 9, 23), y por eso te pido como aquel padre cuando curaste a su hijo: «Creo, pero ayúdame porque tengo poca fe» (Mc 9, 24). Fe, Señor, eso te pido para iniciar esta oración. Pongo en tus manos mis más íntimas intenciones, tú las conoces y sabes qué es lo que necesito. María, ayúdame a creer confiadamente en Él para poder alegrarme en Dios mi Salvador como tú lo hacías.

Petición
Señor, que en este día sienta mayor necesidad de Ti.

Meditación del Papa Francisco
Lo que nos hace entender en la familia lo que es verdaderamente la comunicación como descubrimiento y construcción de proximidad es la capacidad de abrazarse, sostenerse, acompañarse, descifrar las miradas y los silencios, reír y llorar juntos, entre personas que no se han elegido y que, sin embargo, son tan importantes las unas para las otras.
Reducir las distancias, saliendo los unos al encuentro de los otros y acogiéndose, es motivo de gratitud y alegría: del saludo de María y del salto del niño brota la bendición de Isabel, a la que sigue el bellísimo canto del Magnificat, en el que María alaba el plan de amor de Dios sobre ella y su pueblo. De un “sí” pronunciado con fe, surgen consecuencias que van mucho más allá de nosotros mismos y se expanden por el mundo.


“Visitar” comporta abrir las puertas, no encerrarse en uno mismo, salir, ir hacia el otro. También la familia está viva si respira abriéndose más allá de sí misma, y las familias que hacen esto pueden comunicar su mensaje de vida y de comunión, pueden dar consuelo y esperanza a las familias más heridas, y hacer crecer la Iglesia misma, que es familia de familias.
La familia es, más que ningún otro, el lugar en el que, viviendo juntos la cotidianidad, se experimentan los límites propios y ajenos, los pequeños y grandes problemas de la convivencia, del ponerse de acuerdo. No existe la familia perfecta, pero no hay que tener miedo a la imperfección, a la fragilidad, ni siquiera a los conflictos; hay que aprender a afrontarlos de manera constructiva. (Mensaje del Papa Francisco para la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, 23 de enero de 2015).
Reflexión 
¡Qué difícil es tener hambre de Dios cuando estamos rodeados de tanto materialismo y satisfacciones inmediatas; cuando todo nos invita a ser más egoístas! Nos vamos cerrando a la gracia divina y nos volvemos orgullosos. Parece ridículo hoy en día tener que depender de un Ser Supremo. Sin embargo, el cristiano se da cuenta que esta mentalidad del mundo contemporáneo no tiene fundamentos y se derrumba con las dificultades de la vida. María sabía bien en quién había puesto su confianza y por eso no se derrumbó en su vida a pesar de las pruebas. Siempre supo mantener esa sencillez de corazón y reconocerse pobre, necesitada de Dios. Cómo resalta ver gente que vive así, como María, alegres, sencillos y puros de corazón. Ojalá que nuestros corazones no se ensoberbezcan ni se vuelvan unas murallas de egoísmo a la acción amorosa de Dios.

Propósito
Agradecerle durante el día a Dios que tenga necesidad de Él: "Gracias, Señor, porque me haces sentir necesidad de Ti"

Diálogo con Cristo
Jesús, es más fácil vivir con la mentalidad del mundo materialista, olvidado de ti, soberbio, y Tú sabes cuánto me atrae y me dejo llevar por él. Pero, Señor, no soy feliz así. Mi mayor dicha es estar contigo, es tener tu paz y tu amor en mi corazón. Ayúdame a ser humilde y necesitado de Ti, a reconocerme pobre y volverme rico con tu presencia. No me dejes solo, te necesito.



"Mi dicha es estar cerca de Dios: yo he puesto mi refugio en ti, Señor, para proclamar todas tus acciones" (Salmo 73, 28)
Preguntas o comentarios al autor  Héctor Bárcenas Gómez, LC

LA SERIEDAD DE LA NAVIDAD


La seriedad de la Navidad




En general, la Navidad toma la encarnación del Verbo de Dios en la parte más descomprometida e infantil. Es un niño quien ha nacido. Y un niño no dice cosas serias. Este Niño Dios no ha dicho todavía "Sed perfectos”, ni "sepulcros blanqueados”, ni "vende tus bienes y sígueme” ni "Yo soy la Verdad y la Luz”. Todavía está callado este niño. Y nos aprovechamos de su silencio para comprarle el Amor barato, a precio de villancicos y panderetas.

En esa Nochebuena no intuimos el tremendo compromiso que adquirimos los humanos. Como es un Niño el que nos ha nacido, no percibimos la Ley y el Compromiso serio, que nos trae debajo de su débil brazo. En torno a un niño todo parece ser cosa de juego y de algarabía. ¿También con el Niño Dios? ¿A qué nos compromete la Encarnación del Hijo de Dios? ¿Qué nos quiere decir a nosotros hoy la Encarnación?

A Belén se acercarán este año:
  - El Papa, llevándole a Jesús todas las luces y sombras, las alegrías y las tristezas de la Iglesia.
  - Los obispos y sacerdotes de todo el mundo, llevando a sus espaldas sus diócesis y parroquias, sus movimientos y grupos, para regalárselos a Jesús.
  - Religiosos y religiosas, con sus corazones consagrados y sus ansias de seguirle en pobreza, castidad y obediencia.
  - Misioneros y misioneras, dispuestas a aprender las lecciones de esa cátedra de Belén.
  - Laicos, admirados o indiferentes, despiertos y somnolientos, santos y pecadores, sanos y enfermos, jóvenes y adultos, niños y ancianos.

¿Entenderemos todos lo que allí, en Belén, se juega? ¿Nacerá en cada uno de nosotros, ese Niño Dios?

Navidad no son las luces de colores, ni las guirnaldas que adornan las puertas y ventanas de las casas, ni las avenidas engalanadas, ni los árboles decorados con cintas y bolas brillantes, ni la pólvora que ilumina y truena.

Navidad no son los almacenes en oferta. Navidad no son los regalos que demos y recibimos, ni las tarjetas que enviamos a los amigos, ni las fiestas que celebramos. Navidad no son Papá Noel, ni santa Claus, ni los Reyes Magos que traen regalos. Navidad no son las comidas especiales. Navidad no es ni siquiera el pesebre que construimos, ni la novena que rezamos, ni los villancicos que cantamos alegres.

Navidad es Dios que se hace hombre como nosotros porque nos ama y nos pide un rincón de nuestro corazón para nacer. Por eso, ser hombre es tremendamente importante, pues Dios quiso hacerse hombre. Y hay que llevar nuestra dignidad humana como la llevó el Hijo de Dios Encarnado. Por eso, Navidad es tremendamente exigente porque Dios pide a gritos un hueco limpio en nuestra alma para nacer un año más. ¿Se lo daremos?

Navidad es una joven virgen que da a luz al Hijo de Dios. Por eso, dar a luz es tremendamente importante a la luz de la Encarnación, porque Dios quiso que una mujer del género humano le diese a luz en una gruta de Belén. Tener un hijo es tremendamente comprometedor, pues Jesús fue dado a luz por María. No es lo mismo tener o tener un hijo; no es lo mismo querer tenerlo o no tenerlo. Navidad invita al don de la vida, no a impedir la vida.

Navidad es un niño pequeño recostado en un pesebre. Por eso es tan tremendamente importante ser niño, y niño inocente, al que debemos educar, cuidar, tener cariño, darle buen ejemplo, alimentarle en el cuerpo y en el alma… como hizo María. Y no explotar al niño, y no escandalizar a los niños, y no abofetear a los niños, y no insultar a los niños.

Navidad son ángeles que cantan y traen la paz de los cielos a la tierra. Por eso, es tremendamente importante hacer caso a los ángeles, no jugar con ellos a supersticiones y malabarismos mágicos, sino encomendarles nuestra vida para que nos ayuden en el camino hacia el cielo y hacerles caso a sus inspiraciones. Por eso es tremendamente importante ser constructores de paz y no fautores de guerras.

Navidad son pastores que se acercan desde su humildad, limpieza y sencillez. Por eso, es tremendamente importante que no hagamos discriminaciones a nadie, y que si tenemos que dar preferencia a alguien que sean a los pobres, humildes, ignorantes. Quien se toma en serio la Encarnación del Hijo de Dios tiene que dar cabida en su corazón a los más desvalidos de la sociedad, pues de ellos es el Reino de los cielos.

Navidad es esa estrella en mi camino que luce y me invita a seguirla, aunque tenga que caminar por desiertos polvorientos, por caminos de dudas cuando desaparece esa estrella. La Encarnación me compromete tremendamente a hacer caso a todos esos signos que Dios me envía para que me encamine hacia Belén, siguiendo el claroscuro de la fe.

Navidad es anticipo de la Eucaristía, porque allí, en Belén, hay sacrificio y ¡cuán costoso!, y banquete de luz y virtudes, y ¡cuán surtidas las virtudes de Jesús que nos sirve desde el pesebre: humildad, obediencia, pureza, silencio, pobreza…; y las de María: pureza, fe, generosidad… y las de José: fe, confianza y silencio!, y Belén es, finalmente, presencia que consuela, que anima y que sonríe. Belén es Eucaristía anticipada y en germen. Belén es tierra del pan… y ese pan tierno de Jesús necesitaba cocerse durante esos años de vida oculta y pública, hasta llegar al horno del Cenáculo y Calvario. Y hasta nosotros llega ese pan de Belén en cada misa. Y lo estamos celebrando en la Eucaristía.

Navidad es ternura, bondad, sencillez, humildad. Por eso, meterse en Belén es tremendamente comprometedor, pues Dios Encarnado sólo bendice y sonríe al humilde y sencillo de corazón.

Navidad es una luz en medio de la oscuridad. Por eso, la Encarnación es misterio tremendo que nos ciega por tanta luz y disipa todas nuestras zonas oscuras. Meterse en el portal de Belén es comprometerse a dejarse iluminar por esa luz tremenda y purificadora.

Navidad es esperanza para los que no tienen esperanza. Por eso, la Encarnación es misterio tremendo que nos lanza a la esperanza en ese Dios Encarnado que nos viene a dar el sentido último de nuestra vida humana.

Navidad es entrega, don, generosidad. Dios Padre nos da a su Hijo. María nos ofrece a su Hijo. Por eso, quien medita en la Encarnación no puede tener actitudes tacañas.

Navidad es alegría para los tristes, es fe para los que tienen miedo de creer, es solidaridad con los pobres y débiles, es reconciliación, es misericordia y perdón, es amor para todos. ¿Entendemos el tremendo compromiso, si entramos en Belén?

Ya desde el pesebre pende la cruz. Es más, el pesebre de Belén y la cruz del Calvario están íntimamente relacionados, profundamente unidos entre sí. El pesebre anuncia la cruz y la cruz es resultado y producto, fruto y consecuencia del pesebre. Jesús nace en el pesebre de Belén para morir en la cruz del Calvario. El niño débil e indefenso del pesebre de Belén, es el hombre débil e indefenso que muere clavado en la cruz.

El niño que nace en el pesebre de Belén, en medio de la más absoluta pobreza, en el silencio y la soledad del campo, en la humildad de un sitio destinado para los animales, es el hombre que muere crucificado como un blasfemo, como un criminal, en la cruz destinada para los esclavos, acompañado por dos malhechores. En su nacimiento, Jesús acepta de una vez y para siempre la voluntad de Dios, y en el Calvario consuma y realiza plenamente ese proyecto del Padre.

¡Qué unidos están Belén y Calvario! El pesebre es humildad; la cruz es humillación. El pesebre es pobreza; la cruz es desprendimiento de todo, vaciamiento de sí mismo. El pesebre es aceptación de la voluntad del Padre; la cruz es abandono en las manos del Padre. El pesebre es silencio y soledad; la cruz es silencio de Dios, soledad interior, abandono de los amigos. El pesebre es fragilidad, pequeñez, desamparo; la cruz es sacrificio, don de sí mismo, entrega, dolor y sufrimiento.

Ahora sí, hemos vislumbrado un poco más el misterio de Belén, el misterio de la Navidad, el misterio de este Dios Encarnado.

¿Castañuelas, panderetas y zambombas? ¡Bien! Pero no olvidemos el compromiso serio de este Dios Encarnado… pues en cuanto comience a hablar nos va a pedir: "Niégate a ti mismo, toma tu cruz y sígueme”. Entonces nos darán ganas de tirar a una esquina la pandereta, las castañuelas y comenzar a escuchar a ese Dios Encarnado que por amor a nosotros toma la iniciativa de venir a este mundo, para enseñarnos el camino del bien, del amor, de la paz y de la verdadera justicia.

Terminemos con una oración:
"Niño del pesebre, pequeño Niño Dios, hermano de los hombres. El alma se me llena de ternura y el corazón de dicha, cuando te veo así, pequeño, pobre y humilde, débil e indefenso, recostado en las pajas del pesebre. Enséñame, Jesús, a apreciar lo que vale tu dulce encarnación. Ayúdame a comprender el profundo sentido de tu presencia entre nosotros. Haz que mi corazón sienta la grandeza de tu generosidad, la profundidad de tu humildad, la maravilla de tu bondad y de tu amor salvador”.



Autor: P. Antonio Rivero, L.C. | Fuente: Catholic.net

¿QUÉ DIFERENCIAS HAY ENTRE UN SACERDOTE CATÓLICO Y UN PASTOR PROTESTANTE?

¿Qué diferencias hay entre un sacerdote católico y un pastor protestante?
Hay muchas diferencias; aquí enlistamos tan sólo algunas de ellas


Por: P. Lucas Prados | Fuente: adelantelafe.com / steresita.com 



Sacerdote Católico: Es elegido por Dios y entresacado de entre los hombres: “Porque todo sumo sacerdote, escogido entre los hombres, está constituido en favor de los hombres en lo que se refiere a Dios, para ofrecer dones y sacrificios por los pecados; y puede compadecerse de los ignorantes y extraviados, ya que él mismo está rodeado de debilidad, a causa de ella debe ofrecer expiación por los pecados, tanto por los del pueblo como por los suyos. Y nadie se atribuye este honor, sino el que es llamado por Dios, como Aarón.” (Heb 5:1-4)
Pastor Protestante: Es elegido por la comunidad. Tiene inclinación a las cosas de Dios, pero en ningún momento es Dios quien le llama. Es él mismo quien elige ese camino. Un pastor protestante no es una persona consagrada.
Sacerdote Católico: Es otro Cristo. Dotado por Dios a través del sacramento del Orden con el poder de perdonar los pecados¨: “…a quienes les perdonéis los pecados, les son perdonados; a quienes se los retengáis, les son retenidos.” (Jn 20:23) , consagrar la Sagrada Hostia: “Y tomando pan, dio gracias, lo partió y se lo dio diciendo: -Esto es mi cuerpo, que es entregado por vosotros. Haced esto en memoria mía”. (Lc 22:19) …
Pastor Protestante: Es un buen cristiano representante de la comunidad. No tiene ningún poder sobrenatural, pues no ha recibido el sacramento del Orden. Se orienta principalmente a la predicación y a los servicios de caridad.
Sacerdote Católico: Célibe. Entregado totalmente a Dios en cuerpo y alma a semejanza de Cristo: “Os quiero libres de preocupaciones. El que no está casado se preocupa de las cosas del Señor, de cómo agradar al Señor; el casado se preocupa de las cosas del mundo, de cómo agradar a su mujer, y está dividido.” (1 Cor 7: 32-34)


Pastor Protestante: Puede casarse. Su corazón y su tiempo están divididon entre Dios y su familia.
Sacerdote Católico: Vive en castidad perfecta, obediencia y pobreza a imitación de Cristo.
Pastor Protestante: Ha de vivir las virtudes cristianas en general como cualquier otro cristiano.

IDEAS PRÁCTICAS PARA EDUCAR A LOS HIJOS EN LA SOBRIEDAD

Ideas prácticas para educar a los hijos en la sobriedad
La falta de sobriedad y exceso de comodidades pueden ahogar a los hijos y hacer estéril la educación.


Por: Ignacio Gómara | Fuente: sontushijos.org 



Todos, al recibir los hijos que Dios nos da, deseamos para ellos lo mejor. Sembramos a manos llenas y nos sacrificamos gustosos para obtener los recursos necesarios para darles un buen hogar, una buena alimentación, una buena educación… Queremos que crezcan rodeados de afecto; que crezcan en sabiduría, en virtudes humanas y en vida cristiana. Les queremos felices ahora y en el futuro. Les queremos sanos y santos, como Dios les quiere. Para lograrlo, no dudamos en estar vigilantes: si podemos, nos adelantamos para que no enfermen (¡ponte el abrigo!); y, con frecuencia, ponemos límites y prohibiciones preventivas (¡no te subas ahí!, ¡no cruces la carretera!). Estamos atentos, activos y sin reparos para decir “no”.
Pero, la falta de sobriedad y el exceso de comodidades pueden ahogar a los hijos y hacer estériles todos nuestros esfuerzos. A veces, podemos caer en lasobreprotección de los hijos y otras veces en permanecer pasivos mientras no se plantean conflictos.
Los efectos de la falta de educación en la sobriedad no son inmediatos ni tan visibles como la falta de salud física, pero son igualmente graves. Como no se notan de inmediato podemos omitir la vigilancia, despreocuparnos de fomentar la generosidad, no poner límites claros, admitir por ósmosis o mimetismo conductas que no son adecuadas para los hijos…y, a veces, cuando se quiere corregir es más difícil.
Hay que tomar decisiones en el campo de la educación de la sobriedad para prevenir y evitar el desarrollo de los hijos y anulen la buena siembra que hacemos en otros aspectos de su educación. En un clima de apegamiento a cualquier tipo de comodidad, hay que estar vigilantes, reflexionar ante los nuevos retos y las nuevas modas, actuar y no tener reparos en marcar límites, decir que “no” y ser diferentes.
No se trata de tener clara la teoría sino de aplicarla a lo concreto, por eso, os sugiero algunas ideas:


1. Enseñarles a ser agradecidos y mantener la alegría.
Dar las gracias no es una cuestión solo de buena educación. Hay que enseñarles a valorar las numerosas cosas buenas que tienen sin haberlo trabajado (y que otros no tienen). Que conozcan otras situaciones de pobreza o enfermedad y valoren especialmente el cariño que encuentran en la familia por encima del tener cosas. Que experimenten la alegría de dar: facilitarles ocasiones concretas de ser generosos, dando de lo suyo, aunque sea poco.
Y mantener la alegría, desterrando la queja de nuestros hogares, aun cuando lo que falte sea necesario. Cuando falta algo necesario es una oportunidad educativa única, para demostrarles que la alegría está en el “ser” y no en el “tener”. Esta preparación es importante de cara a la adolescencia, época de las montañas rusas anímicas: “bajones y subidones” por cuestiones sin importancia. Enseñarles a sustentar la alegría en fundamentos sólidos y no en cuestiones pasajeras o en apetencias.
2. La sobriedad en la comida y en la bebida.
Caprichos, cantidades, buenas maneras en la mesa, etc. Por eso, entre otras razones y en la medida de las posibilidades, es muy interesante hacer las comidas/cenas en familia y que, a través del ejemplo e indicaciones que les damos, aprendan a ser puntuales (ni picar antes ni empezar después), a no elegir los primeros o lo mejor, a servir a los demás con encargos concretos (agua, pan), a escuchar y participar en las conversaciones con cierto orden. Sin rigidez: no estamos en Versalles.
Y al revés, del capricho y la falta de sobriedad en la comida y en la bebida puede venir la ruina personal. Como bien sabía el señor del Rubín de Ceballos que en su escudo señorial tiene el lema: es ardid del caballero, ceballos para vencellos.
3. Otro campo, a mi entender muy interesante y que a veces descuidamos: sobriedad en el tiempo dedicado a uno mismo.
Con frecuencia, según crecen les vamos exigiendo autonomía y responsabilidad en sus deberes: autonomía en el aseo, hacer su tarea-su estudio-su cama, limpiarse sus zapatos, ordenar su cuarto… No hay que hacer lo que puedan hacer ellos solos.
Eso está muy bien pero, ¿hacen algo por los demás sin ser ellos los directamente beneficiados? Por ejemplo, dedicar tiempo a jugar con un hermano más pequeño o a cuidar a un abuelo aunque no sea divertido… Hay que incitarles para que sean generosos con su tiempo y sus cualidades buenas. Sobre todo cuando van creciendo hay que hablar con ellos de los planes de ocio: no se trata de que no hagan nada malo sino de que hagan algo bueno. Al organizar sus actividades de fin de semana, ¿incluye algo de ayuda a los demás?, ¿actividades culturales?
Lógicamente esto interpela también nuestros planes de descanso, ¿qué actividades programamos los fines de semana y en vacaciones? Por el aburrimiento de los hijos llega la falta de sobriedad en muchos campos, como el consumo de TV, ordenador y otros vicios.
4. Otra idea que se puede concretar en muchos detalles: que tengan la mentalidad de administradores no de propietarios.
Podemos enseñarles cómo se usan bien las cosas, cómo se conservan o cómo se aprovechan del todo… y que nos den cuenta de cómo administran lo que ponemos en sus manos.
En el lenguaje de la cultura actual hablaríamos de consumo responsable. El ser conscientes de lo que cuestan las cosas, del proceso de elaboración, de la limitación de los recursos, como el agua o la energía, y el uso responsable de internet, móvil… es positivo y necesario.
Aprovechar su curiosidad (cuando son pequeños) para enseñarles el modo práctico de ahorrar gastos en casa, que nos ayuden a hacer pequeños arreglos, como cambiar bombillas, o encargos para mantener la casa limpia y en orden.
Pensar en cosas concretas: como usan y cuidan el material escolar, los juguetes, la ropa… Pensar también como será nuestra reacción cuando los usan mal.
5. Enseñarles a diferenciar lo necesario de lo superfluo.
La sociedad de consumo tiende a generar “necesidades” continuas. Hay que resistir y enseñarles a resistir la presión del ambiente. Por ejemplo, enseñarles a ser críticos con los mensajes publicitarios del estilo Yo no soy tontoMe lo llevoTu padre es el único que todavía no sabe…. Tomar la decisión de no participar en la carrera del tener más.
Para no pasar lo superfluo a necesario es importante no admitir comparaciones con lo que tienen otros. Lo que tengan los demás nunca debe ser considerado como “criterio de necesidad”. Por ejemplo, no hay que entrar en la guerra de “marcas” de ropa (y esto no afecta solo a las hijas…).
En este apartado de diferenciar lo necesario de lo superfluo entra la sobriedad “digital”: TV, cadena de música, móvil, ordenador, wii… Hay grupos empresariales  muy interesados en los jóvenes sin auto-control y con recursos económicos (de sus padres, claro).
Normalmente cuando hablamos de medios digitales, hablamos de uso responsable (horarios fijos, tener el ordenador en un lugar de paso y no en un cuarto personal, control de contenidos…) pero quizá en muchos casos uso responsable significa no-uso. Lo importante es hacerles reflexionar sobre su necesidad, ventajas y riesgos.
Valorar siempre si realmente es necesario. Con los hijos, poner los límites antes de que aparezca el problema. Que nuestra posición sea conocida y razonada. Así, ni siquiera lo piden. Tener claro que siempre vamos a tener peticiones insatisfechas (soy el único de la clase…), porque cuando cedemos en un sitio el límite se corre a la siguiente barrera. Si persisten es porque esperan vencernos, porque ya han tenido experiencia de nuestras cesiones. Por su bien, cuando no interesa, no ablandarse. Con más frecuencia de las que nos gusta reconocer podemos movemos por comodidad o para que nos dejen tranquilos.
6. Los dos últimos campos que quiero abordar son la disponibilidad de dinero y las celebraciones y regalos.
Disponibilidad de dinero: por norma, cortos de dinero. ¿Paga o no paga? Las dos cosas tienen aspectos positivos pero, personalmente, creo que es mejor que los hijos no tengan “derechos adquiridos” que van negociando con nosotros como si la economía familiar fuera los Presupuesto Generales del Estado. Si necesitan que pidan, así cada vez podremos orientarles sobre lo adecuado o no de ese gasto. No es razonable que nos quejemos de sus modos de diversión y a la vez seamos los que se los financiamos…
Sobre las celebraciones y regalos. Conviene adelantarse y hablar antes con los familiares o padres. Tener unos criterios claros y conocidos para Reyes, cumpleaños, comuniones... En todas las edades se presentan retos pero, como es lógico, cuanto antes empecemos la mejor. Se puede educar en la sobriedad desde muy temprano, desde el primer cumpleaños.
Educar en la sobriedad no consiste exclusivamente ni principalmente en controlar las influencias negativas y decir a todo que no, sino que se debe buscar fomentar las conductas positivas: ser agradecidos, actos de generosidad, aprovechar el tiempo, expectativas culturales…
Como en todas las virtudes, la clave en la educación es siempre el ejemplopersonal, porque las virtudes no son para predicarlas sino para vivirlas. Además de decir a los hijos cómo tienen que ser hay que mostrárselo con el ejemplo. Juan Pablo II en su autobiografía dice de su padre: entre nosotros no se hablaba de vocación al sacerdocio pero su ejemplo de oración y austeridad fueron para mí, en cierto modo, el primer seminario (Don y misterio, pag. 35-36).
         De nuestro ejemplo y de estar vigilantes para adelantarnos depende que la semilla que sembramos a manos llenas caiga en buena tierra y de mucho fruto.
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