jueves, 31 de diciembre de 2015

LAS VIRTUDES MORALES O CARDINALES

Las virtudes morales o cardinales
Son aquellas sobre las cuales gira toda la vida moral del hombre.


Por: P. Antonio Rivero LC | Fuente: Espiritualidad Renovada 



INTRODUCCIÓN

Se llaman cardinales porque son el gozne o quicio (cardo, en latín) sobre el cual gira toda la vida moral del hombre; es decir, sostienen la vida moral del hombre. No se trata de habilidades o buenas costumbres en un determinado aspecto, sino que requieren de muchas otras virtudes humanas. Estas virtudes hacen al hombre cabal. Y sobre estas virtudes Dios hará el santo, es decir, infundirá sus virtudes teologales y los dones del Espíritu Santo.

Mientras en las virtudes teologales Dios ponía todo su poder sin nuestra colaboración, aquí en las virtudes morales Dios las infundió el día del bautismo como una semilla, pero dejó al hombre el trabajo de desarrollarlas a base de hábitos y voluntad, siempre, lógicamente, movido por la gracia de Dios.

Estas cuatro virtudes son como remedio a las cuatro heridas producidas en la naturaleza humana por el pecado original: contra la ignorancia del entendimiento sale al paso la prudencia; contra la malicia de la voluntad, la justicia; contra la debilidad del apetito irascible, la fortaleza; contra el desorden de la concupiscencia, la templanza.


I. LA PRUDENCIA


1. Virtud infundida por Dios en el entendimiento para que sepamos escoger los medios más pertinentes y necesarios, aquí y ahora, en orden al fin último de nuestra vida, que es Dios. Virtud que juzga lo que en cada caso particular conviene hacer de cara a nuestro último fin. La prudencia se guía por la razón iluminada por la fe.

2. Abarca tres elementos: pensar con madurez, decidir con sabiduría y ejecutar bien.

3. La prudencia es necesaria para nuestro obrar personal de santificación y para nuestro obrar social y de apostolado.

4. Los medios que tenemos para perfeccionar esta virtud son: preguntarnos siempre si lo que vamos a hacer y escoger nos lleva al fin último; purificar nuestras intenciones más íntimas para no confundir prudencia con dolo, fraude, engaño; hábito de reflexión continua; docilidad al Espíritu Santo; consultar a un buen director espiritual.

5. El don de consejo perfecciona la virtud de la prudencia

6. Esta virtud la necesitan sobre todo los que tienen cargos de dirección de almas: sacerdotes, maestros, papás, catequistas, etc.


II. LA JUSTICIA

1. Virtud infundida por Dios en la voluntad para que demos a los demás lo que les pertenece y les es debido.

2. Abarca mis relaciones con Dios, con el prójimo y con la sociedad.

3. La justicia es necesaria para poner orden, paz, bienestar, veracidad en todo.

4. Los medios para perfeccionar la justicia son: respetar el derecho de propiedad en lo que concierne a los bienes temporales y respetar la fama y la honra del prójimo.

5. La virtud de la justicia regula y orienta otras virtudes: a) La virtud de la religión inclina nuestra voluntad a dar a Dios el culto que le es debido; b) La virtud de la obediencia que nos inclina a someter nuestra voluntad a la de los superiores legítimos en cuanto representantes de Dios. Estos superiores son: los papás respecto a sus hijos; los gobernantes respecto a sus súbditos; los patronos respecto a sus obreros; el Papa, los obispos y los sacerdotes respecto a sus fieles; los superiores de una Congregación religiosa respecto a sus súbditos religiosos.


III. LA FORTALEZA

1. Es la virtud que da fuerza al alma para correr tras el bien difícil, sin detenerse por miedo, ni siquiera por el temor de la muerte. También modera la audacia para que no desemboque en temeridad.

2. Tiene dos elementos: atacar y resistir. Atacar para conquistar metas altas en la vida, venciendo los obstáculos. Resistir el desaliento, la desesperanza y los halagos del enemigo, soportando la muerte y el martirio, si fuera necesario, antes que abandonar el bien.

3. El secreto de nuestra fortaleza se halla en la desconfianza de nosotros mismos y en la confianza absoluta en Dios. Los medios para crecer en la fortaleza son: profundo convencimiento de las grandes verdades eternas: cuál es mi origen, mi fin, mi felicidad en la vida, qué me impide llegar a Dios; el espíritu de sacrificio.

4. Virtudes compañeras de la fortaleza: magnanimidad (emprender cosas grandes en la virtud),magnificencia (emprender cosas grandes en obras materiales), paciencia (soportar dificultades y enfermedades), longanimidad (ánimo para tender al bien distante), perseverancia (persistir en el ejercicio del bien) y constancia (igual que la perseverancia, de la que se distingue por el grado de dificultad).


IV. LA TEMPLANZA

1. Virtud que modera la inclinación a los placeres sensibles de la comida, bebida, tacto, conteniéndola dentro de los límites de la razón iluminada por la fe.

2. Medios: para lo referente al placer desordenado del gusto, la templanza me dicta la abstinencia y la sobriedad; y para lo referente al placer desordenado del tacto: la castidad y la continencia.

3. Virtudes compañeras de la templanza: humildad, que modera mi apetito de excelencia y me pone en mi lugar justo; mansedumbre, que modera mi apetito de ira.


CONCLUSIÓN

Estas virtudes morales restauran poco a poco, dentro de nuestra alma, el orden primitivo querido por Dios, antes del pecado original, e infunden sumisión del cuerpo al alma, de las potencias inferiores a la voluntad. La prudencia es ya una participación de la sabiduría de Dios; la justicia, una participación de su justicia; la fortaleza proviene de Dios y nos une con Él; la templanza nos hace partícipes del equilibrio y de la armonía que en Él reside. Preparada de esta manera por las virtudes morales, la unión de Dios será perfecta por medio de las virtudes teologales.

11 CONSEJOS QUE TODOS LOS HIJOS DE PADRES DIVORCIADOS DEBEN TENER EN CUENTA

11 consejos que todos los hijos de padres divorciados deben tener en cuenta
No importa si tienes 1 año o si tienes 30, el impacto es grande


Por: Silvana Ramos | Fuente: Catholic.link 



Tus padres se divorciaron. No importa si tienes 1 año o si tienes 30, el impacto es grande. A pesar que el mundo te diga que ya estás adulto para que te afecte tanto, tu realidad cambia. El dolor es profundo e incluso puede que éste te acompañe durante toda la vida, no solo el dolor sino el temor y la inseguridad. Cuando eres católico y sabes lo que un divorcio significa, el dolor puede ser más profundo.
Consejos y pautas para los padres que se están divorciando hay muchos. Hay consejos para saber cómo tratar a los hijos, cómo conciliar mejor, cómo superar el divorcio, etc. Pero casi nunca encontramos consejos para los hijos de padres divorciados, en especial cuando los hijos son mayores. Parece que el único consejo que obtenemos es: “ya estás grande, tú entiendes esto.” Pero sucede, en muchos casos, que no sabemos qué hacer y nos da vergüenza decirlo.
Aquí les dejamos algunos consejos, desde la luz de la fe, que encontramos muy útiles y que pueden ser de mucha ayuda para los que viven esta experiencia. También para los que tienen que acompañar a alguien que está pasando por esta situación:
 1. Tú no tienes la culpa. No hay nada que hayas podido hacer, además esa no era tu responsabilidad
Sí, te lo han dicho mil veces,  pero cuando somos adultos, creemos que hay algo que hubiéramos podido hacer: “si hubiera conversado con mi papá antes”, “si me hubiera quedado al lado de mamá”, “si los hubiera confrontado”, “si hubiera reclamado que vayan a terapia”. Para comenzar, el “hubiera” no existe y tus padres se separaron por decisión propia no porque tu hiciste o dejaste de hacer algo. La relación de tus padres es de ellos, no tuya. Ellos la ejercieron en libertad.


 2. No temas decir no. Las diferencias de tus padres no son las tuyas
Al ver que somos adultos, los padres tratan de usarnos como nexos para intercambiar mensajes, para hacernos ver la posición de cada uno o incluso justificar su decisión. No te quedes ahí metido. Aprende a decir que no, por muy doloroso que te parezca. Ese no es tu lugar, es responsabilidad de ellos buscar un canal diferente a sus hijos para comunicarse. Como adulto eres capaz de hacerlo. No temas decir no. Esto también será de mucha ayuda para ellos.
 3. Mantén el respeto. Los dos siguen siendo tus padres, eso no cambia
Tus padres siempre serán tus padres. Al inicio, en especial, todo es muy confuso y doloroso, pero te aconsejamos: no pierdas el respeto. Tu eres ajeno a la situación por la cual se están separando y ellos no son peores personas por separarse. Respeto no significa actuar como siempre, o ser ser cariñoso si no lo sientes. Respeto significa no olvidar que siguen siendo tus padres. No los trates mal, esto solamente aumentará su dolor y el tuyo.
 4. Es una difícil situación, trata de no juzgar.
Tú no sabes exactamente cómo han sucedido las cosas entre tus padres. No juzgues. Tampoco trates de entender todo. Hay cosas que van más allá de la compresión de cualquiera.
5. Acepta que tus papás ya no están juntos
Si bien la esperanza que un matrimonio separado pueda volver a reunirse en cualquier momento es una realidad, el que vivas pendiente de esto solo te va a traer más dolor. Trata de aceptar que tus papás ya no están juntos y concéntrate en reinventar una forma de relacionarte con ellos.
 6. Si hay una nueva pareja, no es tu obligación conocerla y llevarte bien con ella
Es tan común el divorcio en nuestros días que es casi un hecho que un hijo adulto tenga que conocer a la nueva pareja, aceptarla y entablar una relación familiar con ella. Sin embargo esto está lejos de ser una obligación. Si no quieres hacerlo, explícaselo a tus padres, eres libre de hacerlo. Más aún si la nueva pareja fue uno de los motivos de la separación. Más adelante podrás intentarlo.
7. Si te duele, dilo
No porque seas adulto te tienes que guardar el dolor. Expresarlo te va a ayudar a ti y va a ayudar a tus padres a que se relacionen de una mejor manera contigo. Quedarnos callados además de aumentar la indiferencia frente a una ruptura tan grave, vuelve al mundo más insensible.
8. Busca ayuda. El que seas mayor no significa que puedes hacerte cargo de todo
Las separaciones pueden tener muchos motivos y estos pueden ser tan duros que no sepamos qué hacer como hijos. Una separación provoca en nosotros, y en la relación familiar muchos cambios. Busca ayuda, alguien que pueda ayudarte a ver mejor, a entender y a hacerte cargo de lo que está sucediendo.
9. No llenes tu corazón de rencor inútil. Perdona
Son tus padres, pero antes de eso son seres humanos. Puede ser que tengas la intención de no hacer lo mismo, pero no olvides que ninguno de nosotros puede decir, “de esta agua no beberé”. Trata de ver la situación objetivamente, ellos son seres humanos y cometen errores. Perdónalos en tu corazón por el dolor causado.
10. No te va a pasar lo mismo. Tú no eres tu padre (o tu madre)
Vivir con el fantasma de que a ti te puede pasar lo mismo es insoportable. Nos lleva a creer que es mejor nunca casarse, que el amor no dura para siempre, que no existe, que mejor me quedo soltero y así me evito tanto sufrimiento. Recuerda: eres diferente, único e irrepetible, y tienes la libertad de llevar a cabo tu propias elecciones. El divorcio de tus padres no determina tu futuro. Aprende, fórmate y trabaja por conseguir un matrimonio feliz.
11. Y lo más importante: busca a Dios, Él es el mayor consuelo, conoce tus dolores y tus anhelos. Descansa en Él
Así como a ti te duele que tus padres se hayan divorciado, a Él también. Confía en su misericordia y confíale el dolor de tu corazón. Poco a poco curarán tus heridas. Pídele por tus padres, para que Él les muestre el camino de regreso a casa, de regreso a su amor.

Y LA PALABRA SE HIZO CARNE


Y la Palabra se hizo carne
Adviento


Juan 1, 1-18. Dejar que la luz de la cueva de Belén entre en nuestro entendimiento y sobre todo en nuestro corazón. 


Por: Misael Cisneros | Fuente: Catholic.net 



Del santo Evangelio según san Juan 1, 1-18
En el principio existía la Palabra y la Palabra estaba con Dios, y la Palabra era Dios. Ella estaba en el principio con Dios. Todo se hizo por ella y sin ella no se hizo nada de cuanto existe. En ella estaba la vida y la vida era la luz de los hombres, y la luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no la vencieron. Hubo un hombre, enviado por Dios: se llamaba Juan. Este vino para un testimonio, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por él. No era él la luz, sino quien debía dar testimonio de la luz. La Palabra era la luz verdadera que ilumina a todo hombre que viene a este mundo. En el mundo estaba, y el mundo fue hecho por ella, y el mundo no la conoció. Vino a su casa, y los suyos no la recibieron. Pero a todos los que la recibieron les dio poder de hacerse hijos de Dios, a los que creen en su nombre; la cual no nació de sangre, ni de deseo de hombre, sino que nació de Dios. Y la Palabra se hizo carne, y puso su Morada entre nosotros, y hemos contemplado su gloria, gloria que recibe del Padre como Hijo único, lleno de gracia y de verdad. Juan da testimonio de él y clama: Este era del que yo dije: El que viene detrás de mí se ha puesto delante de mí, porque existía antes que yo. Pues de su plenitud hemos recibido todos, y gracia por gracia. Porque la Ley fue dada por medio de Moisés; la gracia y la verdad nos han llegado por Jesucristo. A Dios nadie le ha visto jamás: el Hijo único, que está en el seno del Padre, él lo ha contado. 

Oración introductoria
Señor Jesús, ante un año más que termina te suplico humildemente que me concedes vivir junto a Ti el nuevo año, que está por comenzar para que sea una nueva oportunidad de mejorar mi servicio a los demás. Ven, Espíritu Santo, y guía esta oración para que sepa encontrar en ella la luz que guíe mi propósito de crecer en el amor.

Petición
Jesús, no quiero pedirte nada, sino darte las gracias por todos tus beneficios, pues sé que todo lo que soy y todo lo que tengo es un don tuyo.

Meditación del Papa Francisco
Es urgente recuperar el carácter luminoso propio de la fe, pues cuando su llama se apaga, todas las otras luces acaban languideciendo. Y es que la característica propia de la luz de la fe es la capacidad de iluminar toda la existencia del hombre. Porque una luz tan potente no puede provenir de nosotros mismos; ha de venir de una fuente más primordial, tiene que venir, en definitiva, de Dios.
La fe nace del encuentro con el Dios vivo, que nos llama y nos revela su amor, un amor que nos precede y en el que nos podemos apoyar para estar seguros y construir la vida. Transformados por este amor, recibimos ojos nuevos, experimentamos que en él hay una gran promesa de plenitud y se nos abre la mirada al futuro. (Papa Francisco, encíclica Lumen fidei, n. 4)
Reflexión
Hoy nuestros ojos ven la luz para no andar en tinieblas. Cristo niño se nos presenta como la estrella que guiará nuestros pasos en la noche de la vida, pues cuando la noche es más negra es cuando más brillan las estrellas, es cuando más fuerte brilla Cristo en nuestro corazón.

El ambiente de la Navidad es uno de los períodos que más disfrutamos y que más deseamos. Tal vez si nos dieran a elegir por un estado permanente en nuestra vida escogeríamos la Navidad. No sólo por los regalos, fiestas, turrones y música, sino porque en el fondo resuenan palabras de amor, de esperanza, de perdón que nos gustaría escuchar más a menudo.

En este día nuestros ojos contemplan la imagen de un niño que como todo recién nacido, cautiva por su sencillez, por su hermosura, por su debilidad. Experimentamos la necesidad de prestarle nuestra ayuda y nuestra atención. Esto es lo que admiran nuestros ojos materiales: un niño que llora, duerme y sonríe. Pero nuestros ojos espirituales vislumbran por la fe al Verbo hecho carne por amor a nosotros los hombres.

Está de nuestra parte, por tanto, que nosotros aceptemos esa luz que viene a iluminar nuestro corazón, que viene a traernos la alegría y sobre todo la esperanza y el amor, a pesar de que muchos hombres se esfuercen por apretar los ojos para no ver la Luz que es Cristo. Podemos pensar la imagen de Cristo en el portal a través de un prisma en donde todos sus rayos son rayos que reflejan a un padre bueno, no tirano ni cruel, a un amigo con el que siempre podemos contar, a un hermano que nos prestará su apoyo incondicional para realizar nuestras pequeñas o grandes empresas. Así se nos presenta hoy el Verbo encarnado, como un destello de esperanza y de amor. Sólo necesitamos dejar que la luz de la cueva de Belén penetre en nuestro entendimiento y sobre todo en nuestro corazón.

Propósito
Como parte de la celebración del fin de año, leer un pasaje del Evangelio que hable sobre el amor de Dios.

Diálogo con Cristo
Señor, gracias por darme tu Palabra para conocer el camino que me puede llevar a la santidad. Gracias por tu amor y por todas las gracias que me has concedido. Me duele mucho el haberte fallado tantas veces, te pido perdón por esas ocasiones que no supe amar, confío en tu misericordia. Te suplico que mis actitudes y actos concretos estén siempre impregnados por el amor.
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