domingo, 24 de abril de 2016

LAS PARROQUIAS NECESITAN APOLOGÉTICA

Las parroquias necesitan apologética
Es muy raro encontrar parroquias en las que la Apologética forme parte de los ministerios parroquiales

  Fuente: VacunaDeFe.com 




Sin duda la apologética, es un tema que no podemos decir que ha caído en decadencia, lamentablemente en un porcentaje altísimo de cristianos la necesidad de defender a la Iglesia es algo que ni siquiera se estima imprescindible, me he topado con algunos católicos que afirman que la apologética “no es necesaria”, otros simplemente se muestran indiferentes.
Y estas posiciones son hasta cierto punto “válidas“ por parte de católicos que aunque no tienen una formación teológica-catequética  sólida sin embargo, mantienen un fuerte comunión  con Dios y gozan de una espiritualidad plena. A estos católicos aunque se vean objetados resulta casi imposible que lleguen a arrebatarles su credo o que siembren dudas en ellos. Creo que la mayoría de los católicos se hallan en este supuesto, cuando uno tiene la plena convicción espiritual de lo que cree y ha tenido un verdadero encuentro con el Señor, es complicado que tienda a dudar  o que sienta la curiosidad por participar en prácticas de otros cultos no católicos. Aunque no justifico esta situación para no profundizar en nuestra doctrina, creo que parcialmente podemos bajar la guardia.
El problema comienza con los otros católicos, con los que habitualmente no van a misa o que rara vez llegan a encontrarse con Dios, con los que se acercan a la parroquia sólo el 12 de Diciembre o durante la Semana Santa y el resto del año se olvidan por completo de la Iglesia. A este tenor me gustaría  resaltar que incluso los mismos evangélicos han hecho un “catálogo” de las especies de católicos que existen para luego aplicar una estrategia de particular “evangelización”. Así lo describe el autor evangélico Daniel R. Sánchez en su libro “CÓMO TESTIFICAR A SUS AMIGOS CATÓLICOS”:
«La Iglesia Católica Romana no es un grupo monolítico; está formada por numerosos grupos que tienen diferentes grados de devoción y con diferentes puntos de vista: El católico tradicional, el católico progresivo, el católico nominal, el católico cultural, el católico carismático…»
(R. Sánchez Daniel, Cómo testificar a sus amigos católicos, Casa Bautista de Publicaciones, pág.90)

Con este tipo de católicos es con los que nace aún más la necesidad de instruir en la fe, la experiencia nos dice que son esta clase de cristianos  los más proclives a ser presa de alguna secta. En la sagrada escritura se advierte: “Perece mi pueblo por falta de conocimiento” (Oseas 4: 6)
Hoy día existen distintos ministerios que se han aperturado hacia la enseñanza de la apologética en las comunidades parroquiales, en los sitios de la web encontramos ya muchísimas páginas que se dedican de lleno a la evangelización a través de la defensa la fe, sin embargo, el número de parroquias y comunidades en las que ésta se imparte es todavía paupérrimo, a decir verdad es muy raro encontrar iglesias en las que la Apologética forme parte de los ministerios parroquiales. Pero tal vez el problema de los escases enseñanza de la apologética no radique  esencialmente  en la falta de interés por parte del católico hacia la solidez de su credo, muchos apologistas afirman que han sido las mismas comunidades las que le han cerrado las puertas a esta rama de la teología.
Tristemente es ésta una realidad innegable, dialogando con hermanos apologistas testimonian que se han encontrado con muchos obstáculos al momento de pretender instruir a la comunidad. Entre los más sobresalientes se encuentra, como ya lo habíamos dicho antes, la falta de interés por parte de los católicos hacia un concreto conocimiento de su religión, la gente se muestra indiferente ante este tema, y no sólo la comunidad,  muchos sacerdotes  no consideran a ésta como necesaria. Esta clase de católicos estima que mientras no falten a misa y tengan una asidua espiritualidad no tienen nada más de qué preocuparse.
Quizá para muchos se estime complicado el estudio de las escrituras, ciertos católicos alegan que adentrarse en la doctrina es sinónimo de estudio intenso y que francamente no tienen el tiempo para hacerlo o creen que no tienen la capacidad como para afrontar un ministerio de esta categoría, ”eso le corresponde a los teólogos y a los curas” afirman. Otros sostienen que con leer continuamente la sagrada escritura están ya preparados para afrontar a los hermanos separados cuando toquen a sus puertas.
Afirman también que en algunos casos se arguye al hecho de que “de nada sirve saber mucho sobre Dios y la Iglesia si no se pone en práctica”. Analicemos este argumento, efectivamente de nada sirve ser casi casi un erudito de la Biblia si en nuestra vida cristiana no reflejamos el conocimiento que Dios nos ha dado a través de su Palabra y por demás si no lo compartimos con nuestros hermanos, una persona puede llegar a saber mucho sobre la historia de la Iglesia y sobre el plan de Dios para nuestras vidas pero si no practica las virtudes de un cristiano, eso y no saber nada es casi lo mismo. Sin embargo, la historia nos muestra que muchas personas que consagraron su vida a Dios o que tenían un encuentro muy cercano con el Señor llegaron a apostatar por completo de la iglesia. Tenemos para muestra un botón, el fundador del protestantismo, Martín Lutero era nada más y nada menos que un monje de la orden de los Agustinos y ¿qué pasó? ¡Hoy día es el responsable de que en el Mundo existan cerca de 33,000 denominaciones protestantes diferentes!, tenemos también a los autores intelectuales de la biblia herética por excelencia, Casidoro de Reyna y Cipriano de Valera (de ahí que se le denomine a esta versión de la biblia “reyna-valera”) fueron dos monjes católicos de España quienes fueron de los primeros que tradujeron la biblia a una lengua vernácula. El fundador de la secta La Luz del Mundo, Eusebio Joaquín González llegó a ser el sacristán de su parroquia durante su militancia en el catolicismo. De manera que también, uno puede tener una estrecha relación con el Señor, pero nadie está exento de caer en las trampas de la herejía.
Un problema enorme que representa esta realidad es que de alguna manera conduce al relativismo y peor aún, a un culposo sincretismo religioso, muchos católicos creen que mientras permanezcan dentro del catolicismo no tienen nada de qué preocuparse, pero precisamente por  no tener un conocimiento pleno de la doctrina católica tienden a mezclar o peor a importar errores doctrinales al interior de la Iglesia. He conocido a muchas personas que se ostentan orgullosamente como católicos pero que al mismo tiempo tienen en sus casas matas de sábila para ahuyentar las malas vibras o las envidas, que asisten continuamente a la oración pero que le atribuyen a un listón rojo o a un collar de ajos el poder que solo Dios tiene.
He escuchado cantar en misa muchos coros que de la misma manera entonan el Ave María que una canción de Jesús Adrián Romero o de Marcos White y muchas veces cuando uno intenta coregirles,lejos de tratar de enmendar el error se molestan. He conocido a más de un católico que entre su música de alabanzas tiene la discografía completa del grupo protestante “Rojo” o “Inspiración” y por si esto fuera poco hasta los he visto vender sus discos a la salida de los templos.
Existen bastantes católicos que tienen una ferviente devoción hacia nuestra Madre pero que en el mismo altar en donde le ofrecen flores o le prenden una veladora, tienen una imagen de la Muerte o de Buda, algunos hasta descaradamente llevan a bendecir a las iglesias sus imágenes.
Cuando nos acercamos a las fiestas navideñas es fácil notar como muchos católicos participan de las posadas y demás festividades decembrinas pero que también participan de “rituales para atraer el dinero o el amor en el año que viene”
De igual manera el descuido en  los conocimientos doctrinales puede desembocar en un verdadero sincretismo religioso constituyendo católicos que licuan las verdades católicas con prácticas ajenas al cristianismo como lo son el esoterismo  y otras pertenecientes de la Nueva Era. A propósito el Padre Daniel Gagnon opina:
“En nuestra experiencia hemos encontrado personas dedicadas de tiempo completo a la Nueva Era que incluso tienen infinidad de discípulos y que en conferencias públicas se presentan como católicos y en la misma conferencia enseñan cosas incompatibles con la fe católica como por ejemplo: que nuestro Señor Jesucristo no puede romper las leyes kármicas; o que sólo aprendiendo a leer el tarot se entiende el misterio de la Santísima Trinidad”.
(Gagnon Daniel, Introducción a la Nueva Era, Editorial Basilio Núñez, pág.22)
Existen tantos católicos activos que llevan una vida de piedad pero que leen a autores como Pablo Coello que es un promotor firme de la Nueva Era o que escuchan música anticlerical como “Mago de Oz”.
Este problema tiene una única explicación: la inmensa falta de información de los católicos. De manera que como hemos visto, la apologética no es un mero capricho de aquellos que se interesan en instruirse para defender a la Iglesia, en realidad la apologética tiene como principales objetivos contrarrestar precisamente los errores garrafales en los que pueden incurrir católicos aparentemente formados. Y no sólo eso, tenemos que entender además que la apologética constituye una obra de misericordia para con el prójimo, ¡y recordemos que son nuestras buenas obras las que nos van a juzgar!: “¿De qué me sirve, hermanos míos que alguien me diga <>, si no tiene obras?, ¿Acaso podrá salvarle la fe? “(Santiago 2:14)
Según el catecismo de la Iglesia Católica entre las obras de misericordia espirituales se encuentran:
  1. Corregir al que está en el error. Y precisamente un objetivo primordial de la Apologética es recomponer los errores doctrinales en los que muchos católicos pueden encontrarse, cuando un apologista reprende a un católico que está errando en su teología no lo está haciendo simplemente por reprenderlo está siendo por el contrario misericordioso con él. ¡En cuanta responsabilidad estaremos incurriendo al impedir a nuestros hermanos que nos instruyan o instruyan a otros!
     
  2. Enseñar al que no sabe: Consiste en enseñar al ignorante sobre temas religiosos o sobre cualquier otra cosa de utilidad. Esta enseñanza puede ser a través de escritos o de palabra, por cualquier medio de comunicación o directamente.
A lo mejor es preferible que te dejes enseñar. Esto también es obra de misericordia: saber escuchar y agradecer lo que has aprendido. Todos necesitamos aprender unos de otros, incluso el profesor del alumno, el padre del hijo, y el empresario del obrero.
“Quien instruye a muchos para que sean justos, brillarán como estrellas en el firmamento”.  (Dan. 12, 3b)
Como vemos, la necesidad de la apologética es realmente inmensa y va más allá de un simple conocimiento profundo sobre Dios y nuestra Iglesia, lamentablemente en muchas parroquias se ha rechazado la enseñanza de esta materia y por otro lado, el interés de los católicos por formarse en esta rama es también un tanto escaso. Ojalá que pronto hagamos consciencia sobre la importancia que debe tener la Apologética en nuestras comunidades, una importancia que también debe darse en nuestros hogares,podemos comenzar por nuestras propias familias instruyendo a los hijos y a nuestros hermanos para así mantenernos dentro de lo posible dentro del margen de la doctrina católica.
 “Estad siempre dispuestos a dar razón de nuestra esperanza” (1 Pedro 3:15)

Te invitamos a aprender a defenderr tu fe, inscríbete en el Diplomado de Apologéticaque estamos dando.

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