lunes, 3 de octubre de 2016

EL CAMINO HACIA LA SANTIDAD


El camino hacia la santidad


Muchos piensan que la vida cristiana es complicada, que hay que saber muchas cosas, hacer muchas cosas… pero no; la vida cristiana es sencilla; podrá ser difícil, pues implica una lucha constante, pero no complicada. El camino espiritual tiene tres elementos: 1º tener clara la meta, 2º caminar hacia esa meta y 3º comenzar cada día.

La meta hacia la cual nos dirigimos es la transformación en Cristo (cfr. Rm 8,29), la unión con Dios-Trinidad, la santidad. Una meta que nos atrae y orienta nuestros pasos. El caminar hacia la meta puede expresarse de diversas maneras: vivir en atención amorosa a Dios, ser dóciles al Espíritu Santo, amar y actuar como Jesucristo, hacer la voluntad del Padre, creer en el amor de Dios y dejar que Él realice su obra en nosotros, vivir la fidelidad simple de hoy… Todo esto, con María y como ella. Y, por último, “comenzar todos los días, como si fuera el primero”, sin preguntarnos qué tanto avanzamos el día anterior o si nos detuvimos, nos desviamos o retrocedimos. Y si caímos, pues levantarnos, pedir perdón y volver a caminar. Estrenar a diario nuestra vida espiritual; tomar cada día nuestra cruz y reemprender el seguimiento de Jesús y la construcción del Reino.

Hemos de aplicar estos elementos en todos los ámbitos de nuestra vida: en la relación con nosotros mismos, en la relación con los demás (en la casa, la escuela, el trabajo, los amigos, la comunidad cristiana…), en la relación con Dios, en nuestra vida de ciudadanos, en el trabajo, en nuestro apostolado, en el cuidado y cultivo de la creación… Esto vale para la vida cristiana de un niño, un joven, un adulto o un anciano. También se aplica en el proceso espiritual de un laico, una religiosa o un sacerdote.

La Santidad es obra de Jesús pero Él no la impone. Requiere la respuesta libre del hombre: quien ama a Dios desea responderle con todo el corazón, se esfuerza y persevera con la ayuda de la gracia para vencer la tendencia de la carne.
        
Para ser santos

A. Empieza con Jesucristo. Él es quien te puede santificar. Heb 10: 9-10 “He aquí vengo, Dios para hacer tu voluntad”… en esa voluntad somos santificados mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha una vez y para siempre.  La Biblia nos dice que la santidad es liberación completa del pecado. “La sangre de Jesucristo..., nos limpia de todo pecado” (1 Juan 1: 7).
Lv 19:2 “Sean santos porque Yo el Señor soy Santo”. En estas palabras podemos entender que para acercarse a Dios se le exige al pueblo santidad, debemos hacer una reflexión de ¿Quién es Dios? No esforzándonos en ser nuestro propio dios sino permitiendo que Dios nos moldee más y más a su imagen día a día, es decir, acercarse a Dios implica que seamos transformados por su presencia al estar delante de Él.

B. Ver siempre a Cristo para seguir la santidad.  Heb 12: 1-2 “Fijemos nuestra mirada en Jesús en quien la fe empieza y termina”. 

C. Habite en Cristo. Tenga  fruto. Jn. 15:4,5 “Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como la rama no puede llevar fruto por sí sola, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí. Yo soy la vid, vosotros las ramas. El que permanece en mí y yo en él, éste lleva mucho fruto. Pero separados de mí, nada podéis hacer”.

La santidad no es la perfección absoluta, que sólo pertenece a Dios; ni es la perfección angelical, ni la perfección adámica, —porque indudablemente Adán tendría un modo de pensar perfecto, tanto como un corazón perfecto, antes que pecara contra Dios— sino que es perfección cristiana: aquella perfección y obediencia del corazón que llega a serle posible a una criatura caída a la cual auxilian el poder supremo y la gracia sin límites.

Es ese estado del corazón y vida que consiste en ser y hacer, todo el tiempo, —y no de vez en cuando y a saltos, sino de manera permanente— exactamente aquello que Dios quiere que seamos y hagamos.

Isaías 35:8 “Y habrá allí calzada y camino el cual será llamado camino de santidad… él mismo estará con ellos”.

Jesús nos dijo que Él es el camino, la verdad y la vida. El camino de la santidad es seguir  las huellas que Jesús nos dio para poder llegar a estar  un día con Él.

* Fuentes: La familia cristiana y Cristiano joven.

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