jueves, 10 de noviembre de 2016

EL ACOMPAÑAMIENTO ESPIRITUAL EN LA RESPUESTA VOCACIONAL

El acompañamiento espiritual en la respuesta vocacional
Acompañamiento espiritual, guía, maternidad espiritual, orientación, son nombres que de alguna manera dejan entrever la relación que se establece entre quien recibe el llamado y quien ayuda a la joven que ha recibido el llamado. 


Por: Germán Sánchez | Fuente: Germán Sánchez 



El período que va desde que la chica toma conciencia de la llamada vocacional, hasta el momento en que decide dar un sí generoso y responder a la llamada, lo denominaremos respuesta vocacional. Esta respuesta vocacional comporta complejos y variados estados en la persona, contradictorios algunos de ellos, y difíciles de resolver.

La llamada de Dios forma parte de una nueva creación. No en vano el Caravaggio en su obra maestra "La vocación de Mateo", ha dibujado la mano de Cristo que llama a Mateo, como la mano de Dios de Miguel Ángel en la Capilla Sixtina, en el momento que va a infundir la vida a Adán. La vocación es una llamada a una nueva vida. Es Dios que toca a una joven y la quiere toda para sí, para darle gloria, recordando la definición antes mencionada. La llamada tiene acogida en el interior del hombre. "Los autores bizantinos llamaban a este lugar <> (ho topos tou Theou)"1. Ahí es donde la chica recibe esta llamada. Ser capaz de recibirla, de escucharla, de desarrollarla y de llevarla a la plenitud es una labor meramente personal. Es cierto el hecho de que la persona que recibe la llamada es, en última instancia, quien debe realizar esta labor de decantación, de escucha, de purificación y de puesta en marcha de los distintos mecanismos, que aseguran una respuesta adecuada a la llamada.

En la mayoría de los casos son muchos los factores que influyen para que pueda darse adecuadamente la respuesta vocacional. Por lo que conocemos de la psicología de la joven de nuestros días, la interioridad, la reflexión, la oración, el darse a la escucha de la palabra de Dios no son actividades que ordinariamente sean cultivadas por las jóvenes actuales. Ni tampoco es frecuente entre ellas que tengan como deseo ferviente en su vida el poner a Dios en primer lugar, "buscando sólo su gloria", insistiendo en nuestra definición sobre la vocación, antes que la propia gloria personal. Existen en la joven deseos, gustos que muchas veces pueden opacar o confundir esa voluntad de Dios. Será por lo tanto necesario una labor de acompañamiento espiritual si queremos llevar esa chica al don de la respuesta generosa por cumplir la voluntad de Dios en su vida.

No en vano el Papa Juan Pablo II en la Exhortación Post-sinodal Vita Consecrata ha establecido como un medio privilegiado de la postura vocacional el acompañamiento de esos jóvenes que muestran inquietudes por seguir más de cerca al Cristo pobre, casto y obediente, modelo de toda vida consagrada.

Acompañamiento espiritual, guía, maternidad espiritual, orientación, son nombres que de alguna manera dejan entrever la relación que se establece entre quien recibe el llamado y quien ayuda a esta joven que ha recibido el llamado. Los nombres pueden ser variados y depender de la tradición, las costumbres y los usos de cada congregación. Sin embargo, una cosa nos debe quedar clara: es un camino que recorren juntos directora-dirigida (léase también madre-hija espiritual, maestra-discípula, etc.) para llegar a la plenitud de la respuesta vocacional. No es la directora quien debe dar la respuesta a la llamada vocacional, debe acompañar, dar indicaciones, corregir e indicar a la dirigida la forma más adecuada en que debe responder a la llamada vocacional, dejándola siempre en plena libertad, ilustrándola sobre los pros y los contras, iluminando el camino que va recorriendo y aquel que deberá recorrer.

Es conveniente aclarar desde este momento que la dirección espiritual de la que estamos hablando no es una confesión ni una consulta psicológica. Veamos el por qué.

No es una confesión porque los pecados no son el objeto de la dirección espiritual. La confesión, como sacramento, nos da y aumenta la gracia, de acuerdo a las condiciones establecidas en el mismo sacramento. La dirección espiritual nos da los medios para aprovechar mejor las gracias recibidas de Dios para llegar a la plenitud vocacional. Por tanto la dirección espiritual se encuadra en los medios pedagógicos con los que cuenta la Iglesia para que cada uno de sus miembros pueda alcanzar la plenitud vocacional a la que le ha llamado Dios.

La dirección espiritual no es tampoco consulta psicológica, pues su objeto no es conocer los mecanismos de la mente, la voluntad o el entendimiento que explican el comportamiento humano. No cabe duda de que la directora espiritual podrá valerse de algunos medios que la psicología pone a su alcance para conocer mejor a la chica que está decidiendo su vocación. Y también la psicología podrá servir de ayuda a la chica para que ella se conozca mejor y así estar más preparada para responder con plenitud a la llamada vocacional. Conociendo mejor a la chica y la chica conociéndose mejor, la directora espiritual estará en grado de discernir sobre la idoneidad de la candidata a la vida consagrada. Habrá casos en que, gracias al conocimiento aportado por las ciencias psicológicas, unido siempre a un discernimiento espiritual, convendrá posponer, detener o aconsejar la no-admisión a la vida consagrada de ciertas candidatas. Sin embargo hay que dejar claro que la sola psicología no podrá suplantar la labor de la gracia y la libertad personal que permite trabajar en la adquisición de virtudes y hábitos propios de la vida religiosa. Y lo deberán tener muy en cuenta, directora espiritual y candidata para no confiar ciegamente en una psicología que niega la acción de la gracia o la libertad personal.

NOTAS
1 André Louf, Generati dallo Spirito, Edizioni Qiqajon Comunità di Bose,Magnano, 1994, p. 46

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