viernes, 11 de noviembre de 2016

PARA UN BUEN DISCERNIMIENTO

Para un buen discernimiento
También implica, en una visión completa de la vida, pensar no solo en lo temporal, sino en lo eterno. La fe en Dios abre un horizonte de verdades que ayudan mucho a evitar aquello que provoque daños o incluso implique pecados, y para escoger lo que permita vivir el amor a Dios y al prójimo.


Por: Fernando Pascual | Fuente: catholic.net 



Para un buen discernimiento
Hay muchas situaciones humanas difíciles. En ellas falta luz y claridad. Si eso ocurre, cuesta tomar decisiones.
Un ejemplo sencillo. Una persona tiene un trabajo. Gana algo, pero no lo suficiente para su familia. Llega la invitación a trasladarse de ciudad y probar fortuna.
Para ello, hace falta un préstamo. Lo cual implica arriesgarse. Si se pierde esta oportunidad, parece difícil encontrar otra. ¿Qué hacer?
Lo anterior se aplica a tantas situaciones, algunas que tienen consecuencias a largo plazo. ¿Casarse o no con esta persona? ¿Iniciar una causa legal en esta discusión sobre la herencia o aguantar para al menos tener menos tensiones en familia?


Para afrontar estos y otros temas hace falta un trabajo serio de discernimiento. Ello implica, en primer lugar, tener tiempo y serenidad para ver los pros y los contras, lo que está en juego, lo que uno piensa que puede pasar en cada una de las alternativas.
También implica, en una visión completa de la vida, pensar no solo en lo temporal, sino en lo eterno. La fe en Dios abre un horizonte de verdades que ayudan mucho a evitar aquello que provoque daños o incluso implique pecados, y para escoger lo que permita vivir el amor a Dios y al prójimo.
Por último, en la búsqueda de las respuestas hay que pedir consejo, leer, reflexionar, rezar, en vistas a encontrar claridad, a ver mejor, a distinguir entre lo bueno y lo malo, lo justo y lo injusto, lo que daña y lo que cura.
Cuando el discernimiento se hace en oración, con un deseo de escuchar lo que Dios indique y de seguirlo con confianza, permite alcanzar una claridad suficiente y la fuerza de voluntad para tomar decisiones, incluso heroicas.
Es parte del buen discernimiento llegar a ideas claras. Es posible porque, desde que Cristo vino al mundo, la luz disipa las tinieblas y la ayuda del Espíritu Santo guía los corazones humildes y generosos.
Desde esas ideas un ser humano deja de lado confusiones propias de corazones divididos y de sociedades desorientadas, y puede adquirir la seguridad sana y valiente de quien ve lo bueno y lo escoge con alegría y esperanza.

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